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Con voz propia

La corrupta sociedad civil de García Luna y Felipe Calderón

La historia de una sociedad civil macabra que sirvió a Felipe Calderón y Genaro García Luna

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Por Guadalupe Lizárraga

El año 2005 fue clave para Genaro García Luna en la promoción de su carrera política y brincar al lado de Felipe Calderón. Para ello, se volvía el eje propulsor de tres temas que posicionaba en la agenda pública desde el CISEN y la AFI: secuestro, narcotráfico y trata de personas. Temas que al ser magnificados por la prensa bajo paga, generaban miedo y manipulaban a las audiencias.

La medida política de García Luna, implementada con dinero del erario, era la construcción alterada de los problemas de seguridad pública, la réplica en los medios corruptos para promover el terror y fortalecer el ambiente de inseguridad, el simular resolverlos metiendo a prisión a gente inocente de manera masiva con la complicidad de procuradores, ministerios públicos, agentes y jueces, incluso con falsos testigos protegidos. Pero para darle ese toque de legitimidad, se requería el acompañamiento macabro de una sociedad civil manipulable y corrupta que, con recursos ilimitados y poder mediático, ayudaría a ser la máquina destructora de vidas y dignidades a través de la sola acusación inmoral. Pero también esta sociedad civil sería la llave del lucro político de Felipe Calderón para su candidatura a la presidencia de México.

La fabricación del secuestro como problema

En el tema de secuestro, en noviembre de 2005, García Luna se otorgó así mismo el premio de Administración Pública INNOVA por “resolver secuestros en tiempo real”. Esto fue apenas cuatro meses después de la fabricación del secuestro Wallace, y un mes antes de incriminar falsamente por el mismo delito a la ciudadana francesa Florence Cassez y a Israel Vallarta, con el montaje de Televisa y su empleado Carlos Loret de Mola, quien actuaba como reportero.

La imagen de García Luna como “super policía”, no obstante, desde el 2001, era parte de las tareas cotidianas del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, dirigido por Eduardo Medina Mora, y las volvía agenda prioritaria. Las cifras de secuestros aumentaban a la par que el presupuesto federal para combatirlos, al margen de si eran reales o fabricadas y, con información manipulada, exhibían a diario a personas inocentes en los medios, presentándolos como “poderosas” bandas de delincuentes. Incluso, personas que cometían delitos menores u opositores políticos eran carne de cañón para cubrir la cuota que el Ministerio Público se imponía para simular eficiencia. La Agencia Federal de Investigaciones, su creación, se vio involucrada en varios secuestros mediáticos y sucios operativos con los que buscaba distraer la atención de la ciudadanía y mantenerla aterrorizada, mientras los acuerdos con el Cártel de Sinaloa y otros grupos narcotraficantes iban avante.

Entre los secuestros perpetrados en 2001, que operaron como experimento para la AFI, destacó el de las hermanas de la cantante de pop Talía, Ernestina Sodi y Laura Zapata. En la entonces Procuraduría General de la República (PGR), Ricardo Martínez Chávez, abogado de Isabel Miranda de Wallace, dirigía la investigación en conjunto con la Policía federal, y el acompañamiento de la misma Miranda.

En ese año, García Luna, también trabajaba con Eduardo Gallo y Tello, a quien le proveía recursos ilimitados para ejercer venganza por su hija asesinada. Incluso Gallo llegó a presentarse como funcionario de la PGR, y a usar a discreción un comando armado para ejecutar a los secuestradores de su hija y a sus familiares. Después de ser el responsable de seis homicidios, incluyendo a un menor de 4 años, hijo de uno de los secuestradores, y de violar a la madre de uno de ellos, se presentó como “héroe” y activista de derechos humanos en los medios, y se dedicó a disfrazar sus crímenes. Fabricó culpables y torturó por varios días a Antonio Barragán Carrasco, un jornalero agrícola que lleva 19 años en prisión acusado por el secuestro de la hija de Gallo y por el asesinato de los secuestradores.

Cuando Isabel Miranda dio a conocer el caso Wallace, el 13 de julio de 2005, ante la procuraduría del Distrito Federal, ya llevaba al menos cuatro años relacionándose de manera injustificada y sin transparencia con funcionarios de la PGR, tenía una credencial de la Secretaría de Seguridad Pública (federal) y su abogado particular Ricardo Martínez Chávez era encargado del Área de Secuestros, en la SIEDO. Al mismo tiempo, se aliaba con Samuel González Ruiz, alias El Gordo, quien fue exsubprocurador de la UEDO a mediados de los noventa, despedido en 1999 por proteger a los cárteles de Juárez y del Golfo, y liberar a Humberto García Ábrego, hermano del prominente narcotraficante Juan García Ábrego.

Para cuando se declaró el supuesto secuestro del hijo de Isabel Miranda, Hugo Alberto Wallace ya había sido fichado por el delito de contrabando, estaba relacionado con las drogas como consumidor y traficante, y específicamente con el cártel de los Beltrán Leyva. Había cometido incluso abuso sexual contra familiares, a quienes había amenazado de muerte si denunciaban. En tanto, García Luna, desde su posición de poder, daba protección a Hugo Alberto y poder económico y político a Isabel Miranda, quien se convirtía en su principal megáfono mediático para simular “los golpes” al narcotráfico y a las “bandas” de secuestradores.

El problema de trata

Para el tema de la trata sexual, García Luna seguía la instrucción de poner sus fichas en la mesa política con Rosa María de la Garza Ramírez, alias Rosi Orozco. 

Surgida de la derecha privilegiada desde los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, con supuesto activismo de derechos humanos, Rosi Orozco cobró relevancia con la administración de Fox, y con el mismo apoyo de García Luna. Al igual que Isabel Miranda, quien recibió recursos para crear, de la noche a la mañana, su empresa de Showcase Publicidad, en 1994, y pagar a su hijo 200 mil pesos mensuales, Rosi Orozco, en 1995, recibía dinero para fundar la Casa sobre la Roca, donde empezó a predicar Felipe Calderón como líder la secta religiosa que sería su pilar electoral años más tarde.

Después de sus eventos evangélicos, en 2005, Rosi Orozco fue lanzada internacionalmente como defensora de los derechos de víctimas de trata, acercándola a asociaciones civiles estadounidenses con sede en Washington. Un par de años después, Felipe Calderón le asignaba varias propiedades millonarias y movía sus asociaciones civiles con recursos del erario; entre éstas, Camino a casa, con el tema de la trata, y la protección fiscal del gobierno federal. En 2009, ya era diputada federal y en 2010 presidenta de la comisión legislativa con el mismo tema, que daba absoluto apoyo a Calderón. Mientras, a la par, se destacaba a Isabel Miranda con el premio nacional de derechos humanos, después de la detención ilegal y arbitraria, tortura y encarcelamiento injusto de sus ocho víctimas inculpadas por el falso secuestro Wallace.

Para 2015, la periodista Lydia Cacho revelaba la falsedad de Rosi Orozco como activista, y la acusaba públicamente, junto a Jorge Hank Rhon, de participar directamente en la trata de mujeres latinoamericanas, y de trabajar para Eruviel Ávila. Además, al igual que Miranda, con el mismo patrón de extorsión a gobernadores y fiscales con el tema de combate al secuestro, Orozco premiaba a los gobernadores que supuestamente combatían la trata bajo sus mandatos.

Incluso colaboradores de la DEA, en el estado de California, han mencionado en varias reuniones privadas el nombre de Rosi Orozco junto al de Juan Manuel Estrada, activista y director de la fundación FIND, de Jalisco. Ambos, parte de la “sociedad civil” de Felipe Calderón, han sido señalados de simular el rescate de supuestas víctimas de trata, de acuerdo con la evidencia videográfica que presentaron a este medio sobre un operativo realizado hace un par de años en Puerto Vallarta.

El posicionamiento del tema de la delincuencia organizada

Otra de las organizaciones al servicio de Calderón que posicionaba el tema de la delincuencia organizada, vinculada además al tema de secuestro y trata, era México Unido contra la Delincuencia, impulsada con la imagen de María Elena Morera, desde 2003. Igualmente entrenada por García Luna y lanzada como “activista” y “líder moral” para denunciar al crimen organizado, Morera subió al escenario de la política mexicana como la “rescatadora” de su esposo, quien, de acuerdo con las denuncias y noticias de la época, fue secuestrado en septiembre de 2001, y como prueba de veracidad, le amputaron cuatro dedos de sus manos. Fue el tiempo de Morera para convertirse en activista y, de acuerdo con sus propias palabras, amiga de Genaro García Luna. Así, emprendió sus primeras campañas contra el entonces jefe de gobierno, y hoy actual presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, por el tema de la inseguridad en la Ciudad de México.

Después de Morera, siguió Ana Franco de Wattnem, alguien prácticamente inexistente en la red, quien fue sustituida por Eduardo Gallo y Tello, acusada por él mismo de falta de transparencia de los estados financieros de la asociación, pero sin embargo en vez de ser despedida, se le asignó otra responsabilidad.

Gallo, desde su nueva posición, jugó el papel de crítico de Calderón, se relacionó rápidamente con la asociación canadiense En Vero, y se sumó a la defensa de Florence Cassez, haciendo pública su distancia con Isabel Miranda y María Elena Morera. La infiltración al activismo por Cassez, le ayudó a Gallo a enterrar sus propios crímenes de aquellos años.

El método

García Luna formaba una sociedad civil favorable al Partido de Acción Nacional, y de lealtad a Felipe Calderón, con el mismo método. Personas sin escrúpulos, simpatizantes de la derecha ideológica, que sufrían una tragedia o la fabricaban, los convertía en “héroes”, les ponía caretas de líderes morales, y se volvían activistas fundadores de asociaciones civiles que recibían por una parte recursos del erario, y por otra, triangulaban millonarios recursos por servicios inexistentes o simulados como el dar conferencias y leer estadísticas en los medios, además de ser portavoces para promover los temas de los que García era el propulsor, y Felipe Calderón el favorecido con los votos políticos.

Una vez que los volvían personajes mediáticos, accedían a cargos de elección popular, como Isabel Miranda a la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México, Rosi Orozco a la diputación federal, o se entrenaban como contrapeso político, como María Elena Morera o Javier Sicilia y sus marchas, entre otros. La prensa era movida a su antojo, a favor con “Los Chayoteros” como se le conoce al grupo formado con conductores como Adela Micha, Denise Maercker, López Dóriga, Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Sarmiento, entre varios más; y en la simulada crítica con nombres destacados como el de Anabel Hernández, quien en sus libros incriminaba a las víctimas de Isabel Miranda, dándole credibilidad al secuestro Wallace, y en las redes sociales ponía en duda el mismo secuestro.

Los activistas de esta corrupta sociedad civil tuvieron en común, a Calderón y García Luna. Pero sobre todo, Isabel Miranda y Rosi Orozco, además, coincidieron en que sus fortunas económicas iniciaron por las mismas fechas, y de un día para otro. La primera en 1994, la segunda, un año después. Para 2001, ambas ya estaban metidas en los temas claves de seguridad nacional, y en 2005 eran posicionadas como activistas, con asociaciones y empresas que recibían dinero público por publicidad gubernamental o por determinados servicios, mientras la red de corrupción con funcionarios públicos les permitía expropiar bienes, incrementar su fortuna y su imagen política. Para 2010, ambas con sus ACs se volvían personajes de la vida pública empapeladas de liderazgo moral, que subcontrataban intermediarios y servicios de empresas mediáticas y de periodistas para legitimar su activismo inexistente.

Este remedo de activismo social, causó mucho dolor a México, y lo sigue causando, porque las verdaderas víctimas que cargaron con delitos fabricados siguen en prisión padeciendo las secuelas de las torturas.

Una historia macabra de la sociedad civil de García Luna y Calderón a la que el presidente López Obrador le quitó los recursos del erario, y algunas propiedades, pero siguen en impunidad, caminando por las calles y haciendo negocios a beneficio de terceros, muy al estilo de la Estafa maestra.

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Con voz propia

Las coincidencias de dos casos en paralelo en las manos del fiscal de México: Isabel Miranda y el General Cienfuegos

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Guadalupe Lizárraga

La Fiscalía General de la República, bajo la administración de Alejandro Gertz Manero, ha llevado los casos judiciales del general Salvador Cienfuegos, acusado por la DEA en Estados Unidos de narcotráfico en octubre de 2020, y el de Isabel Miranda Torres, señalada por la investigación periodística El falso caso Wallace, desde diciembre de 2018.

Dos casos en paralelo en las manos del fiscal, que presentan ciertas coincidencias.

  1. Con el proceso de Cienfuegos, el fiscal se sintió “linchado” por la prensa, mientras que con el de Isabel Miranda ni asomó la cabeza. En ambos, la FGR determinó el no ejercicio de la acción penal. La supuesta investigación judicial sobre el General duró dos meses. La de Miranda, dos años.
  2. En el primero, la DEA entregó parte de conversaciones que involucraban al General con el narcotraficante H2, del Cártel de los Beltrán Leyva, en un seguimiento de hace diez años; con la segunda le entregué una investigación que me ha llevado seis años de mi vida bajo riesgo, y una serie de hallazgos.
  3. Por una parte, en el caso Wallace, estos hallazgos revelaban que las personas privadas de su libertad eran inocentes; y por otra, las relaciones de Miranda y su hijo con el mismo cártel. En ningún de los dos casos, hubo un seguimiento riguroso a manera de investigación por parte de la FGR.
  4. Dos hechos relevantes a mi mirada: En febrero de 2017, el general Dauahare, asesor de Cienfuegos, visitó el Reclusorio Oriente para visitar a un miembro del Cártel de los Beltrán, en el dormitorio VIP, testigos de por medio. A la semana extraditaron al interno, y ejecutan en Nayarit al H2.El otro suceso, ocurrió en julio de 2019, cuando informé al fiscal Gertz Manero que el narcotraficante Héctor Huerta Ríos, alias “La Burra”, líder de una facción del mismo cártel, había confesado en su celda que él personalmente había asesinado a Hugo Alberto Wallace Miranda.
  1. Esto habría pasado tiempo después de que Hugo Wallace se negara a entregar cargamento de droga al mismo cártel, con el que se relacionaba en términos de tráfico y consumo. El día que yo hablé con Gertz fue el 4 julio 2019, por las 2 pm. Seis horas más tarde, Huerta Ríos era acribillado.
  1. Al día siguiente, a las 7hrs, me enviaron fotos a mi celular de Huerta acribillado en su auto. Fue cuando decidí regresar a California ese mismo día sin concluir mi trabajo en CDMX.
  1. Ahora, el Gral. Dauahare está en la Segob, el narcotraficante que podía aclarar lo de la supuesta muerte de Hugo Wallace está muerto, y Cienfuegos y Miranda, protegidos por la fiscalía. Todos con vínculos al mismo cártel.
  1. De acuerdo con el testimonio del narcotraficante Huerta Ríos, el cuerpo de Hugo Wallace habría sido enterrado en Nayarit. Y quien habría operado como intermediario del cártel de los Beltrán Leyva para que se lo entregaran a Isabel Miranda era el exfiscal Edgar Veytia, alias “El Diablo”.
  1. El exfiscal Veytia, actualmente en prisión estadounidense por narcotráfico, mantenía una relación muy cercana con Isabel Miranda, quien lo reconoció públicamente cuando estaba en funciones por su supuesta eficiencia en la disminución del secuestro en Nayarit.
  1. En entrevista para Aristegui, el fiscal Gertz Manero dijo con respecto a Cienfuegos, “que argumenten lo que les dé la gana, es una primera acción del proceso y es absolutamente combatible”. Refiriéndose a que podía ser impugnado.
  1. Lo que no dijo el fiscal es que el lapso de impugnación es de 10 días, si no dan por cerrado el caso. Con Miranda lo hice, pero entre Navidad y la pandemia, el proceso está detenido, igual que los amparos de las víctimas en busca de que se hagan valer sus derechos, mientras siguen sufriendo el maltrato, amenazas y extorsiones de los directores de penales.
  1. También señaló el fiscal que deben de impugnar con pruebas legales. De las pruebas de Isabel Miranda ninguna era legal, todas fueron fabricadas. En mayo de 2019, Gertz habló delante de mí con el padre biológico de Hugo, y yo le entregué el peritaje original de ADN femenino coincidente con José Enrique Wallace Díaz.
  2. También entregué los videos y documentos apócrifos que me presentaron agentes de la SEIDO cuando me quisieron secuestrar en noviembre 2016 y febrero 2018, bajo órdenes de Miranda por difundir una versión del caso “diferente a la oficial”.
  3. De la recopilación de evidencias por la DEA sobre Cienfuegos, entre otros diez generales, la FGR determinó que no había responsabilidad del General. De Miranda se determinó lo mismo. Lo curioso son las aparentes coincidencias: torturadores, con vínculos al mismo cártel.
  4. Gertz dijo que recurriría a instancias internacionales para que analicen la legitimidad, juridicidad, y el respeto a los derechos humanos con el caso de Cienfuegos, porque se cree que la fiscalía actuó de manera parcial. Y ese linchamiento no lo va a permitir, así lo advirtió.
  5. Sin embargo, en el caso de las víctimas de Isabel Miranda, Gertz no reparó en los factores que hoy menciona, mucho menos en la legalidad de las pruebas. Ni aludió a La Haya ni a CIDH, pese a 8 personas sobrevivientes de tortura, violencia sexual y encarcelamiento injusto.
  6. Concluye Gertz: “Todos somos inocentes hasta que se nos demuestre que somos culpables”. Frase elocuente, cuando las víctimas de Miranda no han tenido la misma suerte que el general Cienfuegos, traducido en un debido proceso y en el respeto a sus garantías constitucionales.
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Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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