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Con voz propia

La corrupta sociedad civil de García Luna y Felipe Calderón

La historia de una sociedad civil macabra que sirvió a Felipe Calderón y Genaro García Luna

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Por Guadalupe Lizárraga

El año 2005 fue clave para Genaro García Luna en la promoción de su carrera política y brincar al lado de Felipe Calderón. Para ello, se volvía el eje propulsor de tres temas que posicionaba en la agenda pública desde el CISEN y la AFI: secuestro, narcotráfico y trata de personas. Temas que al ser magnificados por la prensa bajo paga, generaban miedo y manipulaban a las audiencias.

La medida política de García Luna, implementada con dinero del erario, era la construcción alterada de los problemas de seguridad pública, la réplica en los medios corruptos para promover el terror y fortalecer el ambiente de inseguridad, el simular resolverlos metiendo a prisión a gente inocente de manera masiva con la complicidad de procuradores, ministerios públicos, agentes y jueces, incluso con falsos testigos protegidos. Pero para darle ese toque de legitimidad, se requería el acompañamiento macabro de una sociedad civil manipulable y corrupta que, con recursos ilimitados y poder mediático, ayudaría a ser la máquina destructora de vidas y dignidades a través de la sola acusación inmoral. Pero también esta sociedad civil sería la llave del lucro político de Felipe Calderón para su candidatura a la presidencia de México.

La fabricación del secuestro como problema

En el tema de secuestro, en noviembre de 2005, García Luna se otorgó así mismo el premio de Administración Pública INNOVA por “resolver secuestros en tiempo real”. Esto fue apenas cuatro meses después de la fabricación del secuestro Wallace, y un mes antes de incriminar falsamente por el mismo delito a la ciudadana francesa Florence Cassez y a Israel Vallarta, con el montaje de Televisa y su empleado Carlos Loret de Mola, quien actuaba como reportero.

La imagen de García Luna como “super policía”, no obstante, desde el 2001, era parte de las tareas cotidianas del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, dirigido por Eduardo Medina Mora, y las volvía agenda prioritaria. Las cifras de secuestros aumentaban a la par que el presupuesto federal para combatirlos, al margen de si eran reales o fabricadas y, con información manipulada, exhibían a diario a personas inocentes en los medios, presentándolos como “poderosas” bandas de delincuentes. Incluso, personas que cometían delitos menores u opositores políticos eran carne de cañón para cubrir la cuota que el Ministerio Público se imponía para simular eficiencia. La Agencia Federal de Investigaciones, su creación, se vio involucrada en varios secuestros mediáticos y sucios operativos con los que buscaba distraer la atención de la ciudadanía y mantenerla aterrorizada, mientras los acuerdos con el Cártel de Sinaloa y otros grupos narcotraficantes iban avante.

Entre los secuestros perpetrados en 2001, que operaron como experimento para la AFI, destacó el de las hermanas de la cantante de pop Talía, Ernestina Sodi y Laura Zapata. En la entonces Procuraduría General de la República (PGR), Ricardo Martínez Chávez, abogado de Isabel Miranda de Wallace, dirigía la investigación en conjunto con la Policía federal, y el acompañamiento de la misma Miranda.

En ese año, García Luna, también trabajaba con Eduardo Gallo y Tello, a quien le proveía recursos ilimitados para ejercer venganza por su hija asesinada. Incluso Gallo llegó a presentarse como funcionario de la PGR, y a usar a discreción un comando armado para ejecutar a los secuestradores de su hija y a sus familiares. Después de ser el responsable de seis homicidios, incluyendo a un menor de 4 años, hijo de uno de los secuestradores, y de violar a la madre de uno de ellos, se presentó como “héroe” y activista de derechos humanos en los medios, y se dedicó a disfrazar sus crímenes. Fabricó culpables y torturó por varios días a Antonio Barragán Carrasco, un jornalero agrícola que lleva 19 años en prisión acusado por el secuestro de la hija de Gallo y por el asesinato de los secuestradores.

Cuando Isabel Miranda dio a conocer el caso Wallace, el 13 de julio de 2005, ante la procuraduría del Distrito Federal, ya llevaba al menos cuatro años relacionándose de manera injustificada y sin transparencia con funcionarios de la PGR, tenía una credencial de la Secretaría de Seguridad Pública (federal) y su abogado particular Ricardo Martínez Chávez era encargado del Área de Secuestros, en la SIEDO. Al mismo tiempo, se aliaba con Samuel González Ruiz, alias El Gordo, quien fue exsubprocurador de la UEDO a mediados de los noventa, despedido en 1999 por proteger a los cárteles de Juárez y del Golfo, y liberar a Humberto García Ábrego, hermano del prominente narcotraficante Juan García Ábrego.

Para cuando se declaró el supuesto secuestro del hijo de Isabel Miranda, Hugo Alberto Wallace ya había sido fichado por el delito de contrabando, estaba relacionado con las drogas como consumidor y traficante, y específicamente con el cártel de los Beltrán Leyva. Había cometido incluso abuso sexual contra familiares, a quienes había amenazado de muerte si denunciaban. En tanto, García Luna, desde su posición de poder, daba protección a Hugo Alberto y poder económico y político a Isabel Miranda, quien se convirtía en su principal megáfono mediático para simular “los golpes” al narcotráfico y a las “bandas” de secuestradores.

El problema de trata

Para el tema de la trata sexual, García Luna seguía la instrucción de poner sus fichas en la mesa política con Rosa María de la Garza Ramírez, alias Rosi Orozco. 

Surgida de la derecha privilegiada desde los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, con supuesto activismo de derechos humanos, Rosi Orozco cobró relevancia con la administración de Fox, y con el mismo apoyo de García Luna. Al igual que Isabel Miranda, quien recibió recursos para crear, de la noche a la mañana, su empresa de Showcase Publicidad, en 1994, y pagar a su hijo 200 mil pesos mensuales, Rosi Orozco, en 1995, recibía dinero para fundar la Casa sobre la Roca, donde empezó a predicar Felipe Calderón como líder la secta religiosa que sería su pilar electoral años más tarde.

Después de sus eventos evangélicos, en 2005, Rosi Orozco fue lanzada internacionalmente como defensora de los derechos de víctimas de trata, acercándola a asociaciones civiles estadounidenses con sede en Washington. Un par de años después, Felipe Calderón le asignaba varias propiedades millonarias y movía sus asociaciones civiles con recursos del erario; entre éstas, Camino a casa, con el tema de la trata, y la protección fiscal del gobierno federal. En 2009, ya era diputada federal y en 2010 presidenta de la comisión legislativa con el mismo tema, que daba absoluto apoyo a Calderón. Mientras, a la par, se destacaba a Isabel Miranda con el premio nacional de derechos humanos, después de la detención ilegal y arbitraria, tortura y encarcelamiento injusto de sus ocho víctimas inculpadas por el falso secuestro Wallace.

Para 2015, la periodista Lydia Cacho revelaba la falsedad de Rosi Orozco como activista, y la acusaba públicamente, junto a Jorge Hank Rhon, de participar directamente en la trata de mujeres latinoamericanas, y de trabajar para Eruviel Ávila. Además, al igual que Miranda, con el mismo patrón de extorsión a gobernadores y fiscales con el tema de combate al secuestro, Orozco premiaba a los gobernadores que supuestamente combatían la trata bajo sus mandatos.

Incluso colaboradores de la DEA, en el estado de California, han mencionado en varias reuniones privadas el nombre de Rosi Orozco junto al de Juan Manuel Estrada, activista y director de la fundación FIND, de Jalisco. Ambos, parte de la “sociedad civil” de Felipe Calderón, han sido señalados de simular el rescate de supuestas víctimas de trata, de acuerdo con la evidencia videográfica que presentaron a este medio sobre un operativo realizado hace un par de años en Puerto Vallarta.

El posicionamiento del tema de la delincuencia organizada

Otra de las organizaciones al servicio de Calderón que posicionaba el tema de la delincuencia organizada, vinculada además al tema de secuestro y trata, era México Unido contra la Delincuencia, impulsada con la imagen de María Elena Morera, desde 2003. Igualmente entrenada por García Luna y lanzada como “activista” y “líder moral” para denunciar al crimen organizado, Morera subió al escenario de la política mexicana como la “rescatadora” de su esposo, quien, de acuerdo con las denuncias y noticias de la época, fue secuestrado en septiembre de 2001, y como prueba de veracidad, le amputaron cuatro dedos de sus manos. Fue el tiempo de Morera para convertirse en activista y, de acuerdo con sus propias palabras, amiga de Genaro García Luna. Así, emprendió sus primeras campañas contra el entonces jefe de gobierno, y hoy actual presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, por el tema de la inseguridad en la Ciudad de México.

Después de Morera, siguió Ana Franco de Wattnem, alguien prácticamente inexistente en la red, quien fue sustituida por Eduardo Gallo y Tello, acusada por él mismo de falta de transparencia de los estados financieros de la asociación, pero sin embargo en vez de ser despedida, se le asignó otra responsabilidad.

Gallo, desde su nueva posición, jugó el papel de crítico de Calderón, se relacionó rápidamente con la asociación canadiense En Vero, y se sumó a la defensa de Florence Cassez, haciendo pública su distancia con Isabel Miranda y María Elena Morera. La infiltración al activismo por Cassez, le ayudó a Gallo a enterrar sus propios crímenes de aquellos años.

El método

García Luna formaba una sociedad civil favorable al Partido de Acción Nacional, y de lealtad a Felipe Calderón, con el mismo método. Personas sin escrúpulos, simpatizantes de la derecha ideológica, que sufrían una tragedia o la fabricaban, los convertía en “héroes”, les ponía caretas de líderes morales, y se volvían activistas fundadores de asociaciones civiles que recibían por una parte recursos del erario, y por otra, triangulaban millonarios recursos por servicios inexistentes o simulados como el dar conferencias y leer estadísticas en los medios, además de ser portavoces para promover los temas de los que García era el propulsor, y Felipe Calderón el favorecido con los votos políticos.

Una vez que los volvían personajes mediáticos, accedían a cargos de elección popular, como Isabel Miranda a la Jefatura del Gobierno de la Ciudad de México, Rosi Orozco a la diputación federal, o se entrenaban como contrapeso político, como María Elena Morera o Javier Sicilia y sus marchas, entre otros. La prensa era movida a su antojo, a favor con “Los Chayoteros” como se le conoce al grupo formado con conductores como Adela Micha, Denise Maercker, López Dóriga, Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Sarmiento, entre varios más; y en la simulada crítica con nombres destacados como el de Anabel Hernández, quien en sus libros incriminaba a las víctimas de Isabel Miranda, dándole credibilidad al secuestro Wallace, y en las redes sociales ponía en duda el mismo secuestro.

Los activistas de esta corrupta sociedad civil tuvieron en común, a Calderón y García Luna. Pero sobre todo, Isabel Miranda y Rosi Orozco, además, coincidieron en que sus fortunas económicas iniciaron por las mismas fechas, y de un día para otro. La primera en 1994, la segunda, un año después. Para 2001, ambas ya estaban metidas en los temas claves de seguridad nacional, y en 2005 eran posicionadas como activistas, con asociaciones y empresas que recibían dinero público por publicidad gubernamental o por determinados servicios, mientras la red de corrupción con funcionarios públicos les permitía expropiar bienes, incrementar su fortuna y su imagen política. Para 2010, ambas con sus ACs se volvían personajes de la vida pública empapeladas de liderazgo moral, que subcontrataban intermediarios y servicios de empresas mediáticas y de periodistas para legitimar su activismo inexistente.

Este remedo de activismo social, causó mucho dolor a México, y lo sigue causando, porque las verdaderas víctimas que cargaron con delitos fabricados siguen en prisión padeciendo las secuelas de las torturas.

Una historia macabra de la sociedad civil de García Luna y Calderón a la que el presidente López Obrador le quitó los recursos del erario, y algunas propiedades, pero siguen en impunidad, caminando por las calles y haciendo negocios a beneficio de terceros, muy al estilo de la Estafa maestra.

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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