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Justicia pendiente

Una voz que no se silencia, la del periodista preso Héctor Valdez Hernández en CDMX

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  • Nuevas intimidaciones del subsecretario Enrique Serrano Flores, porque «no le gustaron» los reportajes del periodista desde el Reclusorio Oriente CDMX

Por Guadalupe Lizárraga

El periodista Héctor Valdez Hernández sigue preso en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México. Pese a las torturas sufridas por ejercer su libertad de expresión y prensa desde el penal, tiene buen aspecto y no se descuida. Perfectamente afeitado todos los días, su cama tendida, su aseo personal, impecable, y tiene todas sus cosas ordenadas. No hay polvo en su espacio.

Ahora se encuentra en una celda aislado. Recibe la comida que provee el sistema penitenciario, y algo más cuando tiene la posibilidad de comprar, aunque sea a precios elevados, latas de atún, leche, jugos y otros alimentos básicos. No recuerda cuándo degustó la última comida caliente, en su celda no hay forma de calentar los alimentos. A veces se le corta la energía eléctrica, o como dicen los vecinos «se va la luz» o el agua, hasta por tres o cuatro días. Pero Héctor sigue su rutina, limpia su espacio, lee mucho y deja pasar los días con relativa tranquilidad.

Al principio no daba crédito que pudiera ser encarcelado como represalia solo por lo que escribía. Primero, las amenazas y la persecución desde Tulum, Quintana Roo. Después, la fabricación de delitos y las trampas jurídicas en la Ciudad de México. Luego, el encarcelamiento y las torturas con nuevas amenazas dentro de prisión por parte de servidores públicos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Pese a ello, Héctor todavía creía que en la existencia de un estado de derecho. Pero cuando lo sentenciaron a una condena de seis años, en un caso en el que la persona que lo acusó nunca se presentó al juicio, Héctor cambió su opinión. La persecución es de una persona influyente, con muchos recursos económicos y poder político. La juez le ofreció declararse culpable y reducir su sentencia a cuatro años, lo que hubiera implicado salir de prisión, pero Héctor no lo aceptó. No podría verse al espejo después de declararse culpable de un crimen que no cometió y aceptar la corrupción judicial para acortar la pesadilla en la que fue sumergido.

Cuando estaba en «población», como le llaman al área donde se encuentran los internos ya sentenciados, en una celda compartida, Héctor se sentía más confortable, dice. Había chinches, causadas por las maderas que ponen los internos en sus catres para tener un poco de intimidad. Él quitó las tablas, adquirió nuevas maderas, las pintó y arregló el espacio común; y así las chinches desaparecieron. En prisión puede comprarse de todo, sí, a precios muy elevados, pero se puede conseguir todo, tal como lo contó en su reportaje sobre el reclusorio. En la zona 2 incluso hay tres restaurantes de lujo, «en el que se come un mejor salmón que en Polanco».

Como respuesta a este trabajo publicado por Los Ángeles Press, Héctor Valdez tuvo la visita inesperada del subsecretario del sistema penitenciario de la Ciudad de México, Enrique Serrano Flores. Éste llegó acompañado del director de la prisión y de varios guardaespaldas a señalarle a Héctor que mentía en sus reportajes. Fue grosero y prepotente. Acusó a Héctor de amenazarlo y lo grabó en video con su celular a través de la puerta de rejas que cerró para el efecto. Ante la indiferencia de Héctor a la intimidación, el subsecretario le dijo que quería ser su amigo, y le ofreció comodidades como una televisión. Héctor respondió que no quería amigos, pero que sí quería de regreso las cosas que le habían incautado, que le costaron unos 20,000 pesos adquirirlas en los 14 meses que lleva preso injustamente. Serrano se molestó de nuevo, le espetó que su salero era sospechoso y le preguntó que por qué sus medicinas tenían colores diferentes, en referencia a sus medicamentos para la presión sanguínea, entregadas por el servicio médico de la institución.

El abogado de Héctor fue asesinado hace un año. No se sabe por qué ni por quién, pero las preguntas siguen rondando en su mente. Teme que le puedan «sembrar» cualquier cosa o inventarle un nuevo delito para aumentar la condena, como sucede con los casos bajo consigna. De hecho, con mucha tranquilidad señala que cree que no va a salir vivo de prisión, por lo cual quiere que se cuente su historia. Es cierto que se sabe que el sistema penitenciario mexicano es muy corrupto, pero él quiere explicar su verdad; lo que sus ojos ven, porque eso es lo que le da sentido a la vida que está pasando en prisión, seguir ejerciendo su libertad de expresión.

Ya no se pregunta por qué le construyeron el caso. Sabe que el exalcalde de Tulum, Víctor Mas, está muy ofendido con lo que él escribió, y ahora observa con estupor como éste se va acercando al presidente Andrés Manuel López Obrador. También sabe que el fiscal general de Quintana Roo, Óscar Montes de Oca Rosales, tuvo cargos de relevancia en el sistema de justicia de la Ciudad de México, y que el actual secretario de Seguridad Pública de Quintana Roo, Lucio Hernández Gutiérrez, ocupó una responsabilidad de peso político en el Reclusorio Oriente en el que hoy él se encuentra preso. Todavía recuerdan los internos el poder que tuvo Lucio Hernández y la compañía irregular que creó y dirigió para obtener ganancias extras.

Héctor está atento de las noticias, lee La Jornada todos los días y tiene un radio que sintoniza para analizar lo que pasa afuera. Sigue apoyando al presidente López Obrador, pero se retuerce al enterarse de los políticos que se están alineando con su Cuarta Transformación en Quintana Roo. Los mismos que van tejiendo la telaraña de la corrupción que lo mantiene a él atrapado.

El apoyo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y del Mecanismo de Prevención de Tortura le ha dado un poco de tranquilidad para proteger su vida, contra la que han atentado en un par de ocasiones dentro del penal. La investigación por tortura sigue su curso, y se siente satisfecho en el sentido de que está relativamente protegido. Queda claro que si le pasara algo no sería suicidio ni ajuste de cuentas entre internos.

Héctor Valdez quiere aprovechar este espacio para mandar un mensaje a sus amigos, especialmente a sus amigas. Dice que él sigue siendo el mismo de siempre. No tiene nada de que avergonzarse, porque no violentó a nadie. El periodismo ha sido su gran pasión y el compromiso de vida que adquirió, y seguirá ejerciéndolo desde la reclusión. Le importa que llegue este mensaje alto y claro a quienes lo aprecian y se preocupan por él.

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Especialistas piden que arraigo y prisión preventiva desaparezcan por violar derechos humanos como en caso Tzompaxtle

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La Red Solidaria señaló que la prisión preventiva oficiosa condena a personas que no han tenido una sentencia

 

Especialistas de Red Solidaria Década Contra la Impunidad pidieron que desaparezca la figura del arraigo y de la prisión preventiva oficiosa en México, debido a que representan una violación de derechos humanos, pues se priva de la libertad a personas que aún no han sido sentenciadas por la presunta comisión de un delito, como sucedió con la detención ilegal de Jorge Marcial Tzompaxtle Tecpile, Gerardo Tzompaxtle Tecpile y Gustavo Robles López en enero de 2006.

Ernesto Rodríguez Cabrera, integrante de la Red Solidaria Década contra la Impunidad, dijo en entrevista con Los Ángeles Press que tanto el arraigo y la prisión preventiva oficiosa deben desaparecer en México, debido a que contraviene la convención internacional y fomenta la violación de derechos humanos.

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Carlos Zazueta, especialista en derechos humanos, mencionó que la figura del arraigo está establecida en el artículo 16 constitucional y se trata de aprehensión de una persona por un periodo de entre 40 y 80 días sin la presentación de pruebas, en la cual se pueden presentar otros actos de tortura para que las fiscalías incriminen a los detenidos.

El defensor de derechos humanos expuso que la prisión preventiva oficiosa sólo se aplica a nivel internacional en algunos contextos como son el riesgo real de fuga o la obstaculización del acceso a la justicia, pero en México se aplica de forma general para ciertos delitos, en los que una persona es privada de su libertad en tanto se presentan pruebas en su contra sin recibir sentencia.

Por su parte, Armando Vanegas, representante de Red Solidaria Década contra la Impunidad, recordó que en el caso Tzompaxtle se trató de un caso en el que los jóvenes fueron detenidos por policías federales cuando transitaban en la carretera Ciudad de México-Veracruz sin que se comprobara que hubiesen cometido algún delito.

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Los tres especialistas que defenderán el caso Tzompaxtle contra el Estado mexicano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para evidenciar que las figuras de arraigo y de prisión preventiva oficiosa fomentan las violaciones graves a los derechos humanos, pese a que el gobierno federal se ha opuesto a la desaparición de las mismas.

Refirieron que el caso Tzompaxtle evidenció la detención arbitraria de los jóvenes en 2006, por lo cual el Estado mexicano violó el derecho a la notificación previa y detallada de los cargos a la defensa técnica en los primeros días posteriores a la detención y estuvieron arraigados.

Asimismo, enfatizaron que con estas acciones las cárceles se llenaron durante las administraciones de Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y en la actualidad con Andrés Manuel López Obrador.

 

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Colectivos piden seguridad para ex fiscal del caso Ayotzinapa

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Omar Gómez Trejo renunció como fiscal a cargo del caso Ayotzinapa esta semana

Integrantes de diferentes colectivos defensores de derechos humanos pidieron al gobierno federal para que brinde seguridad al ex fiscal especializado en la investigación del caso Ayotzinapa, Omar Gómez Trejo, luego de presentar su renuncia a su cargo tras inconformarse por el desistimiento de 21 órdenes de aprehensión contra presuntos responsables de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas.

Los colectivos Seguridad sin guerra y Colectivo contra la Impunidad señalaron que existen riesgos de represalias en contra del ex funcionario federal, debido a que Omar Gómez Trejo se enfrentó a la impunidad que pretende impulsar la Fiscalía General de la República (FGR) a cargo de Alejandro Gertz Manero.

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De acuerdo con las organizaciones defensoras de derechos humanos, hay preocupación por las investigaciones relacionadas a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, debido a que están sujetas a presiones externas.

Recordaron que Omar Gómez realizaba una labor independiente en las investigaciones en colaboración con el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), por lo cual ahora no hay certidumbre sobre el proceso de las indagatorias.

Añadieron que hay un retroceso por parte de la FGR para garantizar el acceso a la justicia sobre el tema de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, debido a que se trata de una problemática vigente en el territorio nacional.

Lee más: Padres de normalistas de Ayotzinapa descartan justicia con nuevas investigaciones

 

Acusaron que la FGR busca encubrir a los elementos del Ejército mexicano para que no sean procesados penalmente por su presunta responsabilidad en la detención de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Padres de normalistas de Ayotzinapa descartan justicia con nuevas investigaciones

A ocho años de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, los padres de los jóvenes descartaron que exista justicia sobre el caso con las nuevas investigaciones, después de que la Fiscalía General de la República (FGR) desistió en órdenes de aprehensión contra los presuntos responsables del crimen.

Los padres de los estudiantes desaparecidos dijeron que están lejos de la justicia por el caso en el que estuvieron involucrados agentes del Estado mexicano, por lo que reprocharon que la FGR sucumba ante las presiones de las instituciones militares para evitar el encarcelamiento de los efectivos que participaron en los hechos delictivos.

 

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Ayotzinapa: otra historia negra del ejército mexicano

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ayotzinapa manifestación campo militar 1

CIUDAD DE MÉXICO.- «No tenemos solución de nada. Sabemos que en este campo militar hay muchas cosas que pasan, hay mucha información, ¿por qué no la dan? ¿Qué esconden o a quién están defendiendo?», cuestionó doña Joaquina en las protestas del campo número uno por la historia negra que tiene el ejército mexicano.

Más de 2 mil elementos del ejército y policías antimotines mantuvieron formación desde que llegaron las madres y padres de los 43 estudiantes desaparecidos al campo militar número uno. Ahí exigieron a los militares que brinden toda la información sobre el paradero de los 43 normalistas.

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A ocho años de la desaparición forzada, las madres y padres siguen con el dolor a flor de piel. En estas fechas les llega el recuerdo de la agresión contra sus hijos. Son incontenibles las lágrimas de tanto tormento, pues la espera se convirtió en una tortura. Sin embargo, lejos de que los militares sean sensibles al sufrimiento de las familias, las intimidan con los tambores de guerra del ejército.

A los militares no les importa la angustia de las familias, al contrario, ocultan información importante para dar con el paradero de los estudiantes. Lo peor es que integrantes del ejército participaron directamente en la desaparición de los jóvenes normalistas.

Las protestas que las madres y padres realizaron en el campo militar número uno es inédito. Es un lugar lúgubre de dolor, de desesperanza, desapariciones y torturas.

En el corazón de las infames violaciones a los derechos humanos en México, la voz de doña Joaquina hizo eco en la puerta enrejada de las instalaciones militares. «Nos encontramos en este campo militar ante tanto policía. Nosotros no venimos armados ni a pelear. Por eso les pedimos que si ellos tienen muchas pruebas que las demuestren. Nosotros nada más venimos para saber dónde están nuestros hijos y qué pasó con ellos. Lo que les pedimos a los militares es que den toda la información que tienen y que se cumplan las órdenes de aprehensión contra militares».

Por su parte, el padre Mario González relató que el ejército es una institución que admiran y respetan muchos, pero “fueron los militares quienes desaparecieron a nuestros 43 hijos. Los del 27 batallón de infantería son los asesinos” que se cubren con el manto de la impunidad. Sabían que los estudiantes estaban siendo atacados, pero no hicieron nada. Además, “tenían un infiltrado en la escuela que les iba pasando el reporte a sus jefes y tenían el control del C-4 en Iguala. Son unos criminales, dejaron al elemento que podría haber salvado a nuestros hijos”.

Para saber más del tema: José Luis Abarca y esposa en el foco de atención de CIDH por caso Arturo Hernández Cardona

El ejército mexicano tiene un historial negro en Guerrero que tiene que ver con asesinatos y desapariciones. Algunos padres se sentían orgullosos de tener al ejército, pero a través de la lucha se dieron cuenta que son unos “asesinos”. “Mi hijo y sus 43 compañeros qué culpa tenían de que unos soldados asesinos con delirio de persecución piensen que los muchachitos son guerrilleros. Ahí están las líneas de investigación, donde 25 normalistas fueron llevados al 27 batallón”, dijo don Mario.

Las madres y padres se dirigieron a Andrés Manuel López Obrador para recordarle que dio su palabra para encontrar a sus hijos. “Señor presidente, se lo dicen los padres con su dolor que los queremos de regreso. Empeñó su palabra para dar con nuestros hijos”. Fueron las palabras de las familias que como un grito desesperado buscan más que voluntad, hechos de verdad y justicia.

Desaparición forzada: militares en la lupa

Las madres y padres de los 43 estudiantes han innovado formas de luchas para exigir el regreso de sus hijos. Con osadía han increpado al poder caciquil y a una clase política en el poder sin escrúpulos. Las protestas son legítimas y «ningún gobierno tiene derecho para decirnos cómo protestar». Esto viola los lineamientos del derecho a la libre expresión.

Este 23 de septiembre, las madres, padres y estudiantes realizaron pegas de carteles y pintas sobre la responsabilidad del ejército en la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

En la opinión de Vidulfo Rosales Sierra, abogado de las madres y padres, el ejército no es emanado del pueblo, más bien es un ejército de élites que sostiene a las oligarquías en el país. Fueron educados en las Escuelas de la Américas, en los años 60, para enfrentar la ola de protesta e inconformidad social que surgieron en aquellos años. Las innumerables violaciones a los derechos humanos, desapariciones forzadas, asesinatos extrajudiciales y tortura en contra de líderes sociales que reclamaban por un cambio en este país.

 

El ejército con una visión contrainsurgente infiltró soldados en la normal rural de Ayotzinapa para controlar y vigilar a los estudiantes porque saben que ahí se forjaron luchadores sociales como Lucio Cabañas Barrientos, Othón Salazar Ramírez o Carmelo Cortés Castro y otros profesores que impulsaron grandes movimientos de inconformidad en 1960. A partir de ahí ven a un guerrillero en cada estudiante normalista.

Por las filtraciones se podría investigar a Cienfuegos y jerarquías militares. Hay responsabilidades penales del ejército mexicano, iniciando porque desarrollaron operaciones encubiertas ilegales. Estuvieron enterados de principio a fin de lo que ocurrió en Ayotzinapa.

Vidulfo Rosales dijo que el ejército acumuló “acervo probatorio, videos, fotografías, audios, testimonios de lo que pasó de principio a fin. Eso también es ilegal. Están obstruyendo una investigación que se despliega por una grave violación a los derechos humanos. Por ejemplo, la intervención telefónica que hicieron a las 10 de la noche del día 26 de septiembre, supuestamente a un miembro de la delincuencia organizada y a un miembro policiaco de Iguala.

El GIEI encontró una hoja transcrita de esa intervención telefónica, pero el ejército se ha negado a corroborar esta información”. También se sabe que hay prueba objetiva que 25 jóvenes fueron ingresados al 27 batallón de infantería en Iguala. En el informe de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia investigó que seis estudiantes habrían sido asesinados cuatro días después por el coronel José Rodríguez Pérez.

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No hay disposición del ejército para una investigación exhaustiva donde se deslinde responsabilidades. Las fuerzas armadas es un poder aparte que no tiene controles y no rinde cuentas a las autoridades civiles. No reconocen que participaron en la desaparición de los estudiantes, ni siquiera en el ocultamiento de la información. Nadie dice nada.

Es increíble que un juez federal librara órdenes de aprehensión contra militares, sin embargo, este 24 de septiembre en la revista Proceso fue filtrada información sobre la cancelación de 21 órdenes de aprehensión de las 83, 16 corresponden a integrantes del ejército mexicano. Es preocupante lo que está pasando con el caso Ayotzinapa.

El dolor, la angustia y la incertidumbre de las madres y padres va más allá de las posturas políticas-ideológicas, más bien, su protesta o sus movilizaciones es porque tienen la esperanza  de acariciar el rostro de sus hijos.

***

Fuente: tlachinollan.org

 

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