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Con voz propia

Presión política y contradicciones en declaraciones judiciales: el caso del periodista Héctor Valdez

Carlos Barrachina

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Carlos Barrachina Lisón

Héctor Valdez, el periodista de Tulum, que se presentó en la mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador el 17 de mayo de 2019, señalando que temía por su vida; fue vinculado a proceso el pasado viernes 4 de diciembre acusado de violación.

Las presiones políticas, a pesar de las constantes contradicciones en declaraciones judiciales presentadas por Thalia Pompa Mendoza llevaron a que finalmente el día 30 de noviembre, el periodista fuera detenido e ingresara en prisión, en donde tendrá que esperar la evolución de su proceso judicial. Son muchas las preguntas que llevan a sostener la hipótesis de una intervención política en un caso que no se sostiene se mire por donde se mire.

¿A qué se debe que el día 21 de octubre su caso cambiara de fiscalía? Ese día la Fiscalía de Investigación de Delitos Sexuales, Coordinación Territorial FDS-3. Unidad FDS-301; tuvo que remitir el expediente 000460-PGJDF-FDS-FDS-6-43-2019; y la carpeta de investigación CI-FD/FDS-6/UI-FDS-6-02/01115/09-2019; a la fiscalía dedicada a los mismos temas FDS-5. Unidad FDS-5-04. Curiosamente todo se aceleró y el 27 de noviembre se liberaba la orden de aprensión por parte de Agustín Moreno Gaspar, Juez de Control del Sistema Penal Acusatorio de la Ciudad de México en contra del periodista, y el 30 de noviembre a las seis de la tarde la policía de investigación lo detenía en su domicilio.

¿Por qué Thalía dio una dirección incorrecta en la fiscalía en sus declaraciones del 11 y 12 de septiembre del 2019, no pudiendo los agentes remitir un documento de apercibimiento al periodista, ni comentarle que había sido denunciado? Tanto Héctor Valdez, como los empleados del edificio señalaron que la denunciante siguió durmiendo, entrando y saliendo del domicilio hasta el 24 de septiembre ¿Por qué trató Thalía que la señora de la limpieza del edificio Idelfonsa Valdez Miranda hiciese una declaración falsa? ¿Cómo se justifica el que se afirmara que la llegada al domicilio de Héctor había sido tres semanas antes del 11 de septiembre, en razón de que “William”, el amigo que le daba hospedaje en un domicilio indeterminado del Ajusco, se había ido a Inglaterra? Según Valdez, y los porteros del edificio desde el día de la mudanza al departamento a principios de junio, ésta tenía llaves del domicilio, y entraba y salía a su criterio; y según, cuando tenía problemas con su amigo iba y venía. Además “William”, no se fue a Inglaterra, sino a Chiapas, y su fecha de partida, según él mismo declaró, fue el 8 de septiembre. En su declaración presentada el 25 de septiembre, afirmó que Thalía se fue a vivir de forma definitiva con Héctor por haber encontrado una escuela para su hijo. ¿Por qué declara Thalía que no tiene problemas de adicciones y sin embargo el abogado del periodista, Néstor Troncoso, solicita que se realice una “prueba antidoping de orina, sangre y saliva; a fin de que se determine si la denunciante hace uso de sustancias químicas, ya sean drogas ilegales o medicamentos contralados”; y concluye que todo se trata de “una mentira mal estructurada” en su escrito inicial de defensa del día 15 de octubre del 2019?

¿A qué se debe el hecho de que a pesar de que la fiscalía hubiera tratado de localizar en diferentes ocasiones a Thalía,  ésta hubiera dado una dirección incorrecta y que no respondiera su celular para comunicar la dirección real en la que supuestamente ocurrió la violación? o que de repente el 23 de septiembre la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, a través de la Dirección General de Quejas y Orientación, demandara las medidas precautorias en contra de Valdez, ofreciéndose por primera vez la dirección correcta en donde se debía encontrar al periodista. ¿Por qué señala Thalía, a través de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que no se le brindó ninguna medida de protección por parte del personal de la agencia especializada de investigación de Delitos Sexuales FDS-6?

El día 24 de septiembre, Héctor Valdez fue comunicado y apercibido en calidad de imputado para que “se abstenga de realizar conductas intimidantes o de molestia al ofendido”, y el día 26, Thalía regresa al departamento, acompañada por la autoridad para recoger sus pertenencias (en ese momento se le regresaron las llaves del domicilio a Héctor). 

La sorpresa que manifiesta Héctor Valdez en su declaración de 15 de octubre, que refuerza la idea de una conspiración política, es que apenas diez minutos después de recibir el apercibimiento, el 24 de septiembre, recibió un mensaje de Fabiola Cortez, una conocida periodista quintanarroense, preguntándole por la denuncia penal por violación. A partir de ese momento señala Valdez que empezaron a publicarse notas en medios de comunicación, que continuaron, señala a petición del gobierno de Quintana Roo. 

Efectivamente, al día siguiente Fabiola Cortez publicaba en el portal del “oficialista” Pedro Canché la columna: “Denuncian por violación a Héctor Valdez, el reportero de Tulum que se hizo famoso en la “mañanera”. En ese escrito, la abogada, activista y periodista, afín al gobierno de Carlos Joaquín González, no tuvo el cuidado de corroborar su información y filtró información interesada y falsa. 

De acuerdo con el oficio de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, señaló que Thalía había sido maltratada en la fiscalía. Por una parte, afirma, “La víctima, decidió hacer público el caso ocurrido el 10 de septiembre luego de que la Fiscalía de la Ciudad de México ha minimizado su denuncia y ha recibido un trato vejatorio y denigrante por las propias autoridades ministeriales, además de que ha recibido amenazas del reportero Héctor Valdez”. Por otra, afirma, “durante 12 horas estuvo sometida a exámenes médicos y psicológicos, así como a diversas entrevistas, todo en presencia de su hijo de cuatro años, a quien llevó consigo por no tener quién lo cuidara, y en la Fiscalía tampoco le proveyeron la ayuda para evitar que el pequeño viera y escuchara lo que estaba sucediendo”.

Ya se ha explicado cómo Thalía, se desapareció, no facilitó información correcta, y regresó de la mano de la Comisión de Derechos Humanos, lo que explica la supuesta falta de “seguimiento”. 

Lo hay que concretar para no incurrir en errores e injusticias son los tiempos. 

La agente del ministerio público Sandra Flores Carrasco inició sus acciones, a las 15.57 minutos. A las 16.10 horas se solicitó una asesora jurídica en la Dirección General de Víctimas, presentándose a las 16.20 Adriana Meneses. En ese momento inició la primera declaración, que concluyó a las 17.15. A las 18.00 horas en el consultorio médico se le realizó el examen sanitario completo, concluyendo el mismo a las 18.40. A continuación se solicitó continuar con la valoración psicológica  Sin embargo, a las 19.31 la demandante manifestó, según Vanessa Poleth Carreño Martínez “que no deseaba realizarla en ese momento por tener a su hijo pequeño en la sala de espera y ser el horario para dormir de éste, por lo que se le brindó el formato de no aceptación de la evaluación psicológica, donde de puño y letra plasmó falta de tiempo, mi hijo debe ir a dormir, me comprometo rotundamente a presentar mi valoración psicológica a las 9.30 am (SIC)”. 

Al día siguiente por la mañana el policía de investigación encargado señaló que no había podido entregar el apercibimiento porque la dirección no existía. Entre las 14.00 y las 15.40 horas de ese 12 de septiembre Thalía atendió su evaluación psicológica, y ante los cuestionamientos sobre la certeza del domicilio, señaló el jefe del grupo de policía: “al encontrarse en el interior de esta fiscalía de delitos sexuales no fue su deseo quedarse en dicha fiscalía, toda vez que manifestó que había dejado a su hijo encargado y que tenía que ir a recogerlo, por tal motivo no tenía el tiempo de realizar el recorrido para ubicar el lugar de los hechos”. 

Fabiola Cortez no corroboró la información y se limitó a alimentar las falsedades vertidas. Thalía nunca estuvo 12 horas seguidas en las instalaciones de la fiscalía, y su hijo no estuvo presente en ninguno de los ejercicios que conlleva el procedimiento, ya que el primer día quedó en la sala de espera, atendido por personal de la fiscalía y el segundo lo dejó al cuidado de otra persona.

Curiosamente Fabiola Cortez ha lanzado una acusación en estos días en contra del gobernador de Quintana Roo, y su esposa; que sorpresivamente ha sido respondida el 7 de diciembre en un tweet por el mismo mandatario exigiendo pruebas y reservándose las acciones legales que pudieran proceder. ¿Está tratando la periodista y activista mostrar un alejamiento del gobernador, justo en este momento? ¿Está apoyándole el gobernador con esta respuesta tan poco habitual en su persona?

¿Cuál es la versión de los hechos de Héctor Valdez? En su opinión, manifestada en su declaración del 15 de octubre del 2019, desde el 7 de junio Thalia ya se había acercado a él y tras acompañarle en la mudanza de hotel que el mecanismo de protección le había facilitado, al departamento en el que le ubicaron, ésta tenía llaves del departamento y entraba y salía libremente: “para mediados de junio la señora entraba y salía de mi domicilio, quedándose la mayor parte del tiempo junto a su menor hijo de 4 años, justamente este niño fue el motivo principal de que yo había decidido permitirle una estancia temporal dado que me dijo que su novio permanecía drogado y no se preocupaba por su falta de alimentos o por su situación económica y que constituía un riesgo para su menor hijo”. Según Valdez, Thalía tomaba mucho y ello le incomodaba por lo que “el pasado 10 de septiembre de 2019, de manera por completo inesperada luego de pedirle una vez más que regresara con su novio o que viera la manera de desalojar el departamento en el que resido, la señora Thalía Pompa Mendoza tomó una actitud desconcertante pues me dijo que no se iba a salir en los próximos dos o tres meses pues tenía la intención de regresar a Tulum pero que eso sería hasta noviembre o diciembre” (según un informe de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, de 20 de febrero del 2020, el 20 de noviembre del 2019 se recibió una llamada de Pompa Mendoza, por la que señalaba que había decidido regresar a Tulum).

Concluyendo, Valdez afirmó que “de pronto, sin más, me dijo que podría armarme un escándalo y acusarme de hostigamiento o incluso violación sexual”.  Thalía siguió en el departamento, incluso cuando dos amigos de Héctor llegaron al mismo entre el sábado 14 y el 25 de septiembre: “El 16 de septiembre pasadas las 2 de la tarde cuando la señora luego de llegar con su niño después de la escuela se acercó a la recámara a platicar conmigo en lo que dijo era “su último intento de negociación” y me dijo que ella no haría ningún escándalo si yo le permitiera quedarse al menos hasta noviembre y también me dijo que si ella tuviera lo necesario para los pasajes de avión, unos 10.000 pesos para poner un pequeño negocio y otros 6 para gastos ella podría regresarse a Tulum sin hacer ya ningún problema”.

En relación a este caso, la conocida activista Irinea Buendía, ha tenido que desmarcarse de un intento de manipulación política al firmar en su página de Facebook: “Por medio de este comunicado, quiero aclarar que yo no estoy apoyando a ninguna persona de Tulum, Quintana Roo, porque ninguna víctima de violencia, se ha puesto en contacto conmigo y no quiero que utilicen mi nombre, cuando no es verdad”.

 

Fuente: Encuadre Político

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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