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Con voz propia

El derecho a cambiar de opinión

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López obrador sostuvo que con la guardia nacional cambió de opinión

 

TRAS BAMBALINAS  

Por Jorge Octavio Ochoa

El pasado 9 de septiembre apareció en Twitter un panfleto, presuntamente de la Guardia Nacional, que mueve a preocupación. Advierte que “La ciudadanía digital es tarea de todas y todos”; que los comentarios o publicaciones pueden afectar a alguien.

“Convive y comunícate sin faltar el respeto a los demás”, dice el folleto, que concluye con algo más que una advertencia:

“Recuerda que tus acciones en el mundo virtual pueden tener consecuencias en la vida real”.

De esta forma se inaugura la entrada en vigor de las reformas que transfieren el control de la Guardia Nacional (GN) al fuero del Ejército. Es un mensaje funesto, que pronto tendrá que aclarar en su mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

De por sí ha crecido el descontento de los 30 millones de mexicanos que votamos por él, con la esperanza de un cambio y el fin de la corrupción del PRI.

Este libelo, llena de preocupación a los que no estamos de acuerdo con el régimen y que también tenemos derecho a “cambiar de opinión”.

Para leer más del autor: ¿Qué hay detrás de la revocación de mandato? 

Aquel que en 2017 decía “¡No a la militarización!”, hoy nos deja con un palmo de narices, abriendo las puertas de regreso de los militares al poder.  

Técnicamente, las policías municipales desaparecerán. Será la Guardia Nacional, desde el centro de la Federación, la que coordine el contraataque.

El PRI se quedó corto con su pretendida Ley de Seguridad Interior. López Obrador ha entregado a la SEDENA más poder, recursos económicos y control financiero.

El pueblo, que hoy reprocha los “Abrazos, no balazos”, dentro de poco podría temblar por los excesos en pueblos y comunidades.

El tridente del diablo: Prisión Preventiva Oficiosa, Criterio de Oportunidad y Militarización está en ristre. La guerra de Felipe Calderón tendrá su 2ª temporada.

Será la Guardia Nacional, “con disciplina, con profesionalismo, honestidad y mando militar”, la que se hará cargo de la seguridad pública, en coordinación con los gobiernos estatales y municipales”, palabra de AMLO.

El lunes 5 de septiembre del 2022, pasará a los anales como la fecha en que López Obrador traicionó su palabra. “Cambiar de opinión” no fue de sabios. Fue una farsa, una mentira perversa, urdida para ganar votos y nada más.

No te pierdas: La distopía que viene o nada que festejar en septiembre, la columna de Jorge Octavio Ochoa

Por eso, ¿por qué la amenaza si la opinión de los mexicanos cambia? Es muy probable que venga ahora la manipulación, la censura y la reacción.

Está en todo su derecho a cambiar de opinión pero ¿en serio tardó 5 años para darse cuenta de la gravedad del problema?

AMLO ha pasado por encima de la Constitución y de las leyes. Ése será su legado. La ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y diversos organismos de carácter mundial ya hoy le reprochan.

Por toda respuesta, él declara: «Estoy sintiendo, percibiendo, de que estamos domando el problema de la inseguridad y de la violencia”, como si se tratara simplemente de un acto de fe.

La Mentira

López Obrador mintió todo el tiempo. En 2017, Peña Nieto suspendió la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Interior hasta que la SCJN calificara su constitucionalidad, en medio de una ola de opiniones negativas.

Un año más tarde, en el 2018, fue derogada tras la campaña de las huestes de López Obrador que, apoyados por colectivos ciudadanos, organizaciones de derechos humanos, y por la propia ONU, la consideró peligrosa para el país.

Con pancartas guindas, salieron a las calles para decir que esa Ley pretendía la militarización del país y conculcaba los derechos de:

  • Acceso a la información,
  • Libertad de expresión,
  • Libertad de reunión
  • Libertad de asociación
  • Privacidad
  • Protección de datos personales.

Concluyeron que la presencia permanente de estas fuerzas militares podría generar un efecto amedrentador en la ciudadanía y la echaron abajo.

Hoy, el discurso es exactamente al revés y los morenistas hacen malabares y pirotecnias verbales para acoplarse a las órdenes de un líder que ha traicionado su palabra.

Pero resulta que hoy, sólo él tiene derecho a cambiar de opinión y los demás tenemos que aceptarlo ciegamente.

El agua tibia

Como el perro que persigue su cola, López Obrador vino a dar vueltas en círculos para llegar al mismo diagnóstico: sólo el Ejército puede enfrentar a los criminales.

El problema es que habrá daños colaterales. La ciudadanía, los civiles, son quienes pagarán los costos y los excesos que puedan cometer los militares.

El diagnóstico es el mismo, pero no es la forma que se deseaba para el combate al crimen organizado. Dar tanto poder a las fuerzas castrenses, sólo abre apetitos y espacios que se creían clausurados.

Lo cierto es que, insistimos, desde hace más de 30 años, la penetración del narco y crimen organizado en las estructuras de poder es ya escandalosa.

Los gobiernos municipales en amplias regiones del país han sido controlados por cárteles de la droga que aplican el terror para asentarse.

No existe institución alguna, salvo las Fuerzas Armadas, que pueda enfrentarse en igualdad de condiciones a las bandas criminales, que además mueven enormes cantidades de dinero para sobornar, comprar a todo el que se cruce en su paso.

Sin embargo, el problema de fondo sigue siendo el mismo: corrupción. Y el gobierno de López Obrador está lejos, muy lejos de haberlo combatido.

Las tranzas de Segalmex, el hilo de la madeja 

Entrado al cuarto año de gobierno, el círculo cercano del presidente de México está plagado de versiones de corrupción. Los casos más sonados en estos momentos son: Segalmex y Bimex, sobre los que la 4T no ha podido responder.

El primero es emblemático, porque involucra a un funcionario que hace años estuvo indiciado por actos de corrupción similares en la desaparecida Conasupo, hoy Segalmex. Se trata de Ignacio Ovalle, exjefe de López Obrador.

Lo más delicado es que en las investigaciones se habla de triangulación de recursos y lavado de dinero vinculados a la empresa Libre Abordo, en favor de un altísimo personaje de Venezuela.

En las carpetas se habla de la carencia de reglas de operación en Segalmex, lo que permitió un manejo discrecional de recursos y la creación de una red de proveedores que mediante adjudicaciones directas obtuvo contratos multimillonarios sin supervisión.

Se menciona insistentemente a un personaje: René Gavira Segreste, como el cerebro de las transacciones en Segalmex a través de Liconsa.

Lee más: Militarización, terrorismo y el uso politiquero de la desgracia

La secretaria de Energía, Rocío Nahle, es mencionada también en presuntas relaciones con empresas como Gravas del Sureste o Diza Soluciones de Oficina, en las que aparecen algunos de sus familiares como beneficiarios de contratos.

También hay un cúmulo de versiones no aclaradas, ni desmentidas, sobre nexos de altos miembros del gabinete con el narcotráfico, en operaciones de lavado de dinero a través de una notaría en Tabasco.

Igualmente se dice que Emma Coronel, esposa de El Chapo, confirmó durante su proceso en los Estados Unidos, que su marido financió tres campañas políticas de MORENA a través de un alto funcionario de gobierno que es perseguido en aquel país.

Quizá por ello la preocupación del presidente mexicano, quien ha solicitado reunirse con Antony Blinken, durante la próxima visita que realizará éste a nuestro país. Los temas del narcotráfico y seguridad estarán en la mesa, anticipó el gobierno de Estados Unidos.

En resumen, así como el presidente decidió cambiar de opinión con respecto a la militarización en México, ahora viene a caer en la cuenta de que sus proyectos estelares no funcionarán en el corto plazo.

Necesita medidas extraordinarias para mantener el control y la sumisión de propios y extraños. Por eso la mayor presencia de las Fuerzas Armadas en todo el país. México lindo y querido ¿por quién doblarán mañana las campanas?

 

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Con voz propia

Claudia Sheinbaum, entre la demagogia electoral y la violación a derechos laborales

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claudia sheinbaum en campaña

Por Alberto Farfán

En agosto pasado cuando la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, acudió a Tabasco por sus actividades proselitistas para posicionarse como representante de su partido para las elecciones presidenciales del 2024, lo cual debe ser cuestionado. fue recibida por algunos grupúsculos y unos cuantos funcionarios con el grito de ¡presidenta, presidenta!

Días después, seis de esos servidores públicos fueron cesados de sus funciones. Ante ello, la gobernante indicó a la prensa: “No creo que esté bien, la verdad, yo creo que no está bien dentro del movimiento”. Pues según ella, se deben respetar los derechos políticos y de libertad de expresión de todos, porque la mandataria, además, actúa bajo esos principios.

En este contexto, el gobernador interino, Carlos Manuel Merino, explicó que “los despidos fueron simultáneos por coincidencia y pidió no hacer una novela por este caso”. Tal y como hubiera querido la viajera capitalina. Para ocultar lo que en realidad lleva a cabo con los empleados bajo su cargo en el gobierno de la capital, cuando no le son afines.

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Ficción o no, para el último día del mes en cuestión, una funcionaria del gobierno de la ciudad en su cuenta de Twitter acusa que ha sido despedida por su apoyo y aprecio a Marcelo Ebrard, otro de los posibles candidatos de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) a la Presidencia. Luz María Rodríguez, adscrita a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (Sectei), prácticamente dijo lo mismo que Sheinbaum, indica: “Nuestras preferencias no deberían ser motivo de división, al contrario, son tiempos de unidad…”

Y al igual que Merino, la Sectei se deslinda de asuntos político-electoreros en sus acciones, respondiendo que fue una confusión, un error. Pero para fortuna de esta mujer influyente le indicaron que el cargo quedaba a su disposición si así lo decidía. Y no cabe duda de que el poder de Ebrard logró que se echara abajo el despido de la funcionaria Rodríguez. Y si esto no forma parte del amiguismo de las mejores épocas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no sé qué pueda ser.

Lamentablemente, decenas de servidores públicos que carecen de influencias han perdido sus empleos por los operadores de Sheinbaum en beneficio de su precampaña política.

La editora recomienda: Martha Robles en un monólogo catártico revelador, la columna de Alberto Farfán

Ha habido decenas de despidos injustificados, acoso laboral, acoso sexual, casos de nepotismo, intimidación, amenazas directas, uso de la fuerza pública, tanto en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de esta ciudad con la imposición de Rebeca Olivia Sánchez Sandín, como en la Procuraduría Social de esta capital (Prosoc), con la hoy procuradora Claudia Ivonne Galaviz Sánchez, por citar sólo algunas dependencias, argumentando las déspotas nuevas titulares que tienen bastantes compromisos con mucha gente que deben incluir en las vacantes que exigen queden libres.

Y aunque todos estos exempleados de ambos sexos han acudido a las instancias correspondientes no han recibido respuesta favorable alguna, debido en definitiva a que ningún funcionario desea quedar mal con la jefa de Gobierno, no obstante que sus obligaciones radiquen en defender a los trabajadores frente al patrón o a los servidores públicos frente a su jefe, que en este caso su máximo patrón o jefe es una política a quien le deben pleitesía y su lugar de labores.

¿Y las nuevas ofertas de trabajo, el apoyo a la mujer y a las personas de la tercera edad, la cero tolerancia a acciones de acoso sexual o laboral, el rechazo al nepotismo y al amiguismo, y un largo etcétera con que nos bombardea diariamente? Todo esto se va al bote de la basura con las decenas y decenas de personas que han quedado literalmente en la calle gracias a la mayor responsable de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

 

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Con voz propia

Foro Público: Caso Ayotzinapa, la imborrable huella del Estado homicida

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Lo único real del caso Ayotzinapa es que el ejército y Guerreros Unidos se coludieron para cometer el crimen

Foro Público

Este día se cumplen ocho años de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y lo único real es que el Estado fue el ejecutor de este crimen en colusión con el cártel de “Guerreros Unidos” y la impunidad permanece como resultado de los uno de los episodios más trágicos en la historia reciente del país.

Hace unos días, el presidente de la comisión de la Verdad, Alejandro Encinas, dio a conocer los resultados de la nueva investigación que desarrollan por el caso Ayotzinapa, misma que evidenció que la versión oficial de la “verdad histórica” impuesta por el ex titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, fue fabricada para tratar de silenciar los reclamos de la opinión pública.

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Las nuevas investigaciones mostraron que hubo participación del Ejército mexicano, pues los integrantes de la 27 Zona Militar de Iguala colaboraron para desaparecer a los estudiantes, situación que confirma lo que los padres de las víctimas y diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos habían señalado, los militares sí sabían sobre la operación delictiva e incluso colaboraron en la misma.

No sólo eso, sino que también se confirmó que seis de los estudiantes desaparecidos estuvieron en algún momento en el cuartel militar de Iguala, por lo cual participaron los agentes del Estado para beneficiar a un grupo del crimen organizado que supuestamente había actuado bajo las órdenes del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien era al mismo tiempo líder de “Guerreros Unidos”.

Las nuevas investigaciones indican que Abarca habría ordenado la detención de los normalistas que presuntamente intentaban boicotear un evento público en donde participaba su esposa, María de los Ángeles Pineda, quien era presunta integrante del crimen organizado, pero en el proceso de captura, los narcotraficantes habrían considerado que entre los estudiantes se encontraban miembros de la banda rival “Los Rojos”, por lo cual fueron asesinados y desaparecidos.

A través del nuevo informe de la comisión de la verdad se constató que uno de los 43 estudiantes era un soldado infiltrado que tenía la misión de conocer el comportamiento de los normalistas, y una vez que el gobierno federal se enteró de los hechos habría ordenado la salida de Abarca del gobierno municipal y comenzar a fabricar la denominada “verdad histórica”.

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Aunque diferentes columnistas cercanos al gobierno de Enrique Peña Nieto negaron que hubiera responsabilidad del Ejército mexicano, las nuevas pruebas confirman que hubo presencia significativa del personal castrense, lo que daña la imagen de la institución por su colusión tan evidente con el crimen organizado.

Ayotzinapa indudablemente es un crimen de Estado, en el que la policía municipal de Iguala, el Ejército y el gobierno federal participaron tanto en la desaparición de los estudiantes normalistas como en la presentación de la versión oficial para tratar de cerrar el caso que a ocho años sigue abierto y sigue doliendo a la sociedad.

Los estudiantes normalistas de Ayotzinapa fueron desaparecidos por la sinergia entre el crimen organizado y el Estado, por lo cual las autoridades federales trataron de encubrir la verdad con diferentes mensajes divulgados en medios de comunicación sobre documentales, reportajes, libros y hasta series que trataron de reforzar esa visión.

Ayotzinapa se ubica en la misma dimensión de tragedia que lo fue la matanza del 2 de octubre de 1968, donde los agentes del Estado también causaron la muerte de jóvenes en Tlatelolco.

Nota aparte: Aunque se han evidenciado los elementos que participaron en la desaparición de los estudiantes normalistas, no significa que habrá justicia, pues es algo que no vivido México.

 

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Con voz propia

¿Quiénes fabricaron los delitos? Desde la prisión Santa Martha Acatitla, la columna del periodista Héctor Valdez

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hector valdez periodista en santa martha

Por Héctor Valdez

A todos mis amigos y a cualquiera que pudiera importar leer y compartir este texto, si le es posible.

Me acerco a la Ciudad de México a los dos años de estar recluido en prisión por un delito que jamás cometí y que fue ordenado en su fabricación, según abundantes evidencias, por personajes del poder del estado de Quintana Roo.

Como casi todos ustedes amigos y conocidos saben, salí de Tulum desde mayo del 2019, en medio de amenazas de todo tipo y luego del asesinato a balazos de dos amigos periodistas. Primero, José “El Güero”, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto; y luego, el de Rubén Pardo, en Playa del Carmen, municipio de Solidaridad. Ambos vecinos de Tulum. En esos años de violencia y sangre sin freno, denuncié periodísticamente la coalición de mafias y bandas criminales con los más altos niveles del poder político.

Entre las muchas amenazas que recibí, una incluso fue muy cordial, pues mientras un dirigente político me invitaba un café, me dejó saber que el jefe de ese político estaba harto de mí y me aconsejaba que aprendiera de aquellos amigos periodistas muertos, porque de hecho los que acabaron con ellos, me aseguró, se habían «saltado a Tulum donde estaba el que seguía», refiriéndose por supuesto a mí. Y agregó con desparpajo que precisamente por ser mi amigo, era que transmitía el peligro de no ser dócil con el gobernador y su gente, y que podían ser muy generosos conmigo si yo fuera su amigo.

Para saber más del tema: Periodista preso Héctor Valdez, trasladado con tratos crueles y aislado en Santa Martha Acatitla por revelar corrupción

También me dijo que el entonces presidente municipal de Tulum, Víctor Mas Tah, era uno de los más cercanos al gobernador, «era su gente». Después de esa amenaza -y por no suspender mi trabajo periodístico de denuncia sustentada y sin esbozo-, recibí un atentado a mi vida y otros más a mi patrimonio. Entre algunas bombas incendiarias a mi casa y a mis vehículos e incluso mi más cercano círculo familiar se vio afectado.

Por supuesto, en todos los casos interpuse denuncias formales tanto en la fiscalía de Quintana Roo, donde varias veces intentaron negarme su recepción, incluso cerrando las puertas de la fiscalía. Como después las interpuse ante la Procuraduría General de la República, que así era entonces, a través de la Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión, denuncias que sumaron en esos tiempos, quizá una docena, y en las que, por supuesto, no hubo avance ni esclarecimiento de ningún tipo.

De todos es sabido el clima de terror que invadió a Quintana Roo, en el gobierno de Carlos Joaquín González, que está por terminar; y a Tulum, sobre todo durante la presidencia del jefe de criminales Víctor Mas Tah, quien comandó por esos años a su banda familiar llamada “Los Cebúes”, también con otros grupos delincuenciales asociados a su banda.

No me arrepiento ni de los riesgos a los que me expuse entonces ni a los de ahora. Ni de las consecuencias a mis denuncias periodísticas que siempre han sido frontales, pero también siempre han sido responsables y fundamentadas y además firmadas con mi nombre.

No me arrepentiré nunca porque con ese trabajo y con el de otros libres periodistas, algunos acallados triste e impunemente a balazos, una gran parte de la sociedad de Tulum y de Quintana Roo abrió los ojos y en las elecciones pasadas pudo sacudirse parcialmente de esos personajes.

Aunque el posible retorno de ese nefasto poder continuar vigente, ya que la próxima gobernadora mantiene una cercanía muy estrecha con el todavía gobernador, que en la realidad siempre la impulsó. Y políticos como Víctor Mas Tah saltaron del partido que se hunde en su descrédito, al Partido Acción Nacional donde militaban a las nuevas banderas políticas de la llamada 4T.

Nada de qué sorprenderse, ya que antes el gobernador Carlos Joaquín González, como el presidente municipal Víctor Mas Tah, habían saltado del PRI donde militaron casi toda su vida al PRD, y luego de ahí rápidamente al PAN, donde Carlos Joaquín González fue incluso presidente nacional de la convención de gobernadores.

Para leer más sobre el autor: Una voz que no se silencia, la del periodista preso Héctor Valdez Hernández en CDMX

Ahora como el símil de las ratas que, para no ahogarse abandonan el barco que se hunde y se suben al que flota, esos y muchos otros políticos han de inocular su miseria a los partidos de la llamada ‘Cuarta transformación’, que por eso no llegará a hacerlo, no llegará a ser transformación. Pues con esas nuevas militancias a revista empezará demasiado pronto su descomposición, para desgracia de quienes creímos y votamos siempre por esas opciones políticas con la esperanza de que el país pudiera cambiar.

El teatro de la humanidad y su pretensión de poder es la historia del hombre y quizás sobre todo en lo que al género se refiere.

En estos casi 22 meses en prisión, he podido confirmar que la mayor reserva de humanidad que tiene el hombre está depositada en las mujeres, cuyo aprecio y respaldo he recibido en abundancia.

No me detendré en los detalles del delito que me imputaron falsamente y por el que me condenaron sin pruebas verdaderas, excluyendo además prácticamente todas las pruebas presentadas por mi defensa, entre ellas testimonios de los vigilantes de mi departamento, señores de la tercera edad, un hombre y una mujer que afirmaron nunca haber percibido ningún disturbio en ese departamento.

Y durante más de dos semanas, en referencia al supuesto delito que me imputaron, aseguraron haber visto todos los días entrar y salir a la supuesta víctima sin ninguna asomo de aflicción, e incluso dieron testimonio que en dos ocasiones esta supuesta víctima les ofreció dinero por ser sus testigos en un ataque que les aseguró había ocurrido semanas atrás de cuando les pidió que fueran sus testigos. Ellos se negaron, por supuesto, y en cambio declararon posteriormente ese intento de cohecho ante la Fiscalía de la Ciudad de México y en referencia a mi acusación y a mi caso.

En el proceso que duró casi un año para condenarme, la juez del caso no tomó en cuenta esos testimonios, pero además excluyó dos peritajes uno médico y otro criminalístico que concluían varias incongruencias entre las declaraciones de la supuesta víctima y las evidencias que más bien apuntaban a falsedad de declaraciones.

En el colmo de la evidente juez de consigna para declararme culpable, ésta permitió que la parte acusadora jamás se presentara las audiencias del caso y no sólo eso, sino que validó el argumento de esa falsa víctima y del Ministerio Público de que yo era “muy poderoso política y económicamente” y que por eso podía mantener agentes en Tulum -donde afirmó- se refugiaba a escondida, pues por mis órdenes amenazaban su vida.

La aceptación de tan burdo como falso argumento por parte de la juzgadora me dejó en absoluta vulnerabilidad legal, al no poder rebatir ni contrastar en nada mi defensa ante una juez que decidió por supuesta perspectiva de género, condenarme sin prácticamente atender a ninguna prueba, más que a la fe ciega de una falsa acusación que decidió hacer verdadera para ella.

La fe, la creencia ciega, la fe sin pruebas y dogmáticas alumbró hace siglos el nacimiento de la inquisición que condenaba igual y sin defensa posible a muchos acusados. Hoy, algunos jueces y juezas aprovechan la coyuntura necesaria de la justa lucha del feminismo y la perspectiva de género para cumplir consignas, para castigar inocentes, para subir índices de castigo y los acusados son pobres en su mayoría o personas que tenían consigna en contra de ellos, porque una defensa adecuada cuesta demasiado dinero, y a veces ni con eso es suficiente para lograr justicia donde debía imponerse al menos la duda razonable.

La muerte me ha rondado mucho en estos últimos años, pues además de los dos amigos periodistas que mencioné, habían matado antes de salir de Quintana Roo un tercer periodista también amigo mío. Fue muerto a balazos en Playa del Carmen, apenas unos días después de que yo abandonara el estado para salvar mi vida. Más de un año después de esto y ya prisionero con la ominosa figura de prisión preventiva que tanto daño hace a miles de gentes.

Apenas al comenzar mi proceso, mataron también a balazos a mi abogado defensor titular. Lo mataron el 1 de julio del 2021, por supuesto no hay ningún avance en su investigación. Es terrible y debilita mucho el alma un clima tan sangriento.

Apenas en marzo pasado, ya en medio de otros peligros en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, donde positivamente terco sigo siendo periodista y lo seguiré siendo así, una trifulca campal dio inicio con la versión circulada entre algunos reclusos de que mi persona supuestamente protegida -desde hace poco antes por las autoridades penitenciarias, pero en realidad duramente segregada por la autoridad penal-, había regresado a mi antiguo dormitorio y con facilidades de elementos policíacos fungiendo como custodios penitenciarios, un grupo de internos que forman parte de la mafia local de “Los Duques”, del dormitorio anexo 7, intentó tomar por asalto al dormitorio 3, donde antes yo estuve y donde el rumor era que yo había regresado.

Por eso empezó ese caos que se sofocó horas después y que en medios de comunicación se calificó como ‘intento de motín’ con un saldo, un triste saldo, de dos fallecidos.

Queridos amigos, estoy seguro de que muchos pueden aterrorizarse, no desgraciadamente para quienes idearon y operaron mi entrada a la cárcel. Quizá tenían previsto que mucho antes de finalizar mi proceso, yo habría muerto en prisión donde muere tanta gente, tanta gente, incluso por constantes y extraños suicidios en los que quien supuestamente se quita la vida parece amordazado y maniatado, tal vez ésa podría ser su previsión que muriera en esas condiciones u otras completando así el asesinato civil que me impusieron abundantemente en decenas de medios de comunicación, tanto nacionales como estatales, y voy a citar algunos ejemplos: “Resultó un violador el reportero que intentó desacreditar en la mañanera de AMLO al tolerante y respetuoso buen gobierno de Carlos Joaquín en Quintana Roo”, eso podía leerse en un medio digital de Guerrero. Otro ejemplo: “Periodismo criminal: el caso del reportero Héctor Valdés”, eso pudo leerse en el periódico Excélsior, de circulación nacional, uno de los más antiguos del país, pero también de los más desprestigiados y reconocidos como conservadores.

Hace unos momentos decía que la mayor reserva de la humanidad son las mujeres, y tengo sobrados motivos para confirmarlo. Ni el aberrante delito que me causaron con falsedad y por el que ahora estoy prisionero, incluso siendo inocente, ha hecho dudar a tantas mujeres amigas a quienes ahora debo tanto y a quienes no quiero dejar de mencionar.

Nunca tendré con qué compensar el aprecio, la calidez, la ayuda emocional, las charlas larguísimas por teléfono y la ayuda de todo tipo incluso económica que muchas veces recibí en estos casi dos años de parte de tantas mujeres valiosas.

Gracias a Nancy mi admirada y brillante, intelectual y profesional amiga que me ha regalado tanto tiempo y tanto cariño; gracias a Laura, que como Nancy, me mostró un inacabable afecto y que -incluso sabiendo mi imposibilidad de devolver-, me ayudó económicamente por muchos meses en los que benefició a otros ocho reos que vieron cambiar completamente sus condiciones de reclusión, pues la celda comunal en la que entonces el Reclusorio Oriente, estaba terrible, ruinosa, ominosa y opresiva, pudo renovarse y equiparse por esas posibilidades. Uno de los compañeros internos siempre me decía “tu amiga es una santa, dile que Dios la bendiga”… en realidad mi querida Laura es una empresaria exitosa y una política íntegra y de verdadera convicción social.

Gracias a otra amiga Laura que también, como Neus y como Karina, no dudaron ni un poco en enviar cartas de buena referencia y de confianza dirigidas a un juez de encauzamiento en el caso inicial, en el que narraban una constante convivencia conmigo, competencia que siempre fue de respeto hacia ellas, y a muchas mujeres. Y la seguridad -decían ellos- de que lo que se me trataba un día con mi persona.

Gracias a Gaby, a mi amiga y ex jefa que tanto me ha animado y también tanto me ha rogado que evite los riesgos de seguir siendo periodista en la prisión.

Gracias a Liliana, una corresponsal extranjera, por el ánimo. Gracias a América por sus palabras, gracias a Gabriel las mayores muestras de aprecio que tanto le costaron y que nunca podría pagar con nada, también gracias a su madre de quien recibí por su intermedio muchas oraciones que, seguro estoy pudo con varios males y demonios. Gracias a varios amigos que, pese al señalamiento del que fui objeto, del que soy víctima, pese a eso, durante los meses previos a mi detención y todavía en libertad, me visitaron para hacerme sentir su afecto y su confianza me visitaron directamente al departamento.

Gracias incluso a dos amigas que pude conocer en esos días, los últimos meses en que estuve libre y que igual conociendo la infamia que se me achacó profusamente en medios de comunicación, decidieron regalarme su amistad y su confianza durante varios meses.

Gracias a quienes más dulcemente quiero y a quienes por las dudas callo. Gracias finalmente a muchas mujeres y hombres de la CNDH, específicamente del Mecanismo contra la Tortura, que hace meses ya se enfrascan en conservar intacta mi vida de prisionero.

Pero sobre todo gracias a una de las mejores periodistas y luchadoras de derechos humanos de México que trabaja desde los Estados Unidos. A quien ahora le debo varias veces la vida, a Guadalupe Lizárraga, quien no sólo en los primeros días de mi encierro y sin que yo lo esperara, me hizo llegar hasta aquella celda de 12 metros cuadrados que estuvimos más de 20 días 22 prisioneros, hasta allí me hizo llegar un milagroso paquete de sobrevivencia que consistió en ropa, en libros, en artículos de higiene, en dinero, en una tarjeta telefónica.

Y aquí de verdad quiero hacer mención esto porque es necesario, sin eso no hubiera yo podido sobrevivir, porque es necesario decir que las cárceles de México son no sólo de las más corruptas en el mundo, sino también de las más salvajes, de las más sorpresivas, y créanlo en esas cárceles mucho menos las de la Ciudad de México, no mejoran en nada; tristemente empeoran en estos tiempos de supuesta transformación del país.

A Lupita, (Guadalupe Lizárraga) pues que desde aquellos días asumió una defensa mediática al contemplar la injusticia terrible de la que soy objeto, defensa que hasta ahora continúa, junto con la de otros inocentes cuya causa enarbola.

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A mis amigos hombres, la fortuna es que son muy pocos por mencionar y en el infortunio he aprendido que los hombres somos poco empáticos y pocos solidarios. Gracias Carlos B., ese catalán formidable que además de brillante académico es un comprometido con sus amigos. Gracias a él por sus muchos libros, por la ropa, los insumos en sus visitas. Gracias también en su memoria a dos grandes amigos fallecidos, víctimas del Covid, que tanto me mostraron aprecio fuera y luego en prisión. Al doctor Juan Mena Ramos, de Tulum, Quintana Roo, que en vida trató de interceder por mí con algún otro amigo que pudo ayudar en aquel momento.

Gracias también a la memoria de Luis, un amigo a quien conocía en la Ciudad de México y que en pocos meses se convirtió en leal amigo, falleciendo el año pasado en Playa del Carmen. Gracias a Francisco Canul, periodista y antiguo colaborador de mi portal de noticias “Tulum en Red”. Gracias por recibirme algunas llamadas y también gracias por aconsejarme, buscar y rogar por mi libertad al gobernador Carlos Joaquín y al nefasto Víctor Mas Tah. Gracias por ese consejo que tuvo sus fundamentos, tristemente, porque él mismo también estuvo en prisión en Playa del Carmen, acusado falsamente también de esos delitos que les gusta fabricar el gobierno de Quintana Roo, de un delito incluso más ominoso que el que se me fabricó.

Francisco tuvo rogar por su libertad a esos terribles señores del poder y fabricantes de delitos, a quienes tuvo que prometer sometimiento y servicio. No me lo contó nadie, lo sé por él mismo, pues solo así logró -con la intervención de estos señores- que un juez lo exonerara después de seis meses de prisión.

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¿Quién puede criticar? ¿Quién busca salvar su vida, conseguir su libertad y reparar su honra lastimada? ¿Quién puede criticar a esas personas? Yo no podría. Pero espero que tampoco se me critique por ejemplificar fehacientemente lo que pueden hacer y el grado de daño que pueden lograr impunemente los hombres del poder en México.

Después de todo ya lo dijo Don Quijote de la Mancha: “solo hay dos cosas por las que sin dudar deben exponerse la vida, una es la libertad y la otra la honra, no lo olvides nunca Sancho”, decía Don Quijote. Creo que todos debemos ser Sanchos. Sigo luchando por salvar al menos mi honra, que es mi dignidad, sobre todo ante ustedes queridos amigos a quienes va dirigido este mensaje de la penitenciaría de la Ciudad de México en Santa Martha Acatitla, en los días de septiembre.

***

Gracias a la periodista Joselaine Gutiérrez por la asistencia en edición.

 

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