“De parte del inge Loya”, el intento de homicidio al periodista Alfredo Griz Cruz

Guadalupe Lizárraga

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Por Guadalupe Lizárraga

Cuando el periodista Alfredo Griz Cruz, de Mérida Yucatán tuvo acceso a información reservada de contratos ficticios, sobreprecios en adjudicaciones directas para cobro de comisiones, incluso el testimonio de escorts que por sus servicios sexuales les pagaban con recibos de viáticos para funcionarios de la residencia regional de la Comisión Federal de Electricidad nunca imaginó el terror que viviría.

El 24 de julio sufrió un intento de homicidio. Un hombre se le acercó y lo agredió con un cuchillo, al tiempo que le decía que era “de parte del inge Loya”. El agresor alcanzó a herirlo, pero el periodista logró defenderse. Incluso se quedó con el arma en el forcejeo. El 2 de julio, fue privado de la libertad y agredido sexualmente. Antes, le pusieron una narco manta en el lugar donde vive para amenazarlo. Y todo este tiempo no ha dejado de recibir mensajes hostiles por diferentes números de teléfono y redes sociales.

Tras una serie de reportajes en los que reveló la corrupción que incluso ha impactado las obras del Tren Maya de los servidores públicos Marco Antonio Loya Izaguirre, Marco Antonio Flores Núñez, y Víctor Manuel Tziu Sosa, quienes han fungido como residentes de obra, el periodista Alfredo Griz empezó a ser hostigado y amenazado como represalia.

Con cada reportaje, la violencia ha ido escalando, desde el abuso sexual hasta el intento de homicidio. Y con cada agresión ha denunciado a la Fiscalía General de la República, en un prolongado trámite, sin que los funcionarios públicos en cuestión sean llamados a cuenta, pese a la evidencia documental que aportó el periodista.

Al principio Alfredo Griz, dudaba de salir del estado de Yucatán y refugiarse en otra ciudad, según la solución del Mecanismo Nacional de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, al que pertenece desde que inició estas investigaciones. Sin embargo, decidió quedarse a terminar su trabajo.

“Los periodistas no somos delincuentes, no tenemos por qué huir de nuestro lugar sólo porque las autoridades no hacen su trabajo”, dice en un momento de catarsis.

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