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Investigaciones

Alfredo Jalife, acusado en demanda judicial por su ex-esposa de lavar de dinero en El Líbano

La exesposa de Alfredo Jalife, en juicio por demanda de pensión alimenticia, lo señaló de lavar dinero con inversiones en El Líbano

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jalife y esposa

ADVERTENCIA: Para esta información seguimos los principios éticos del Manual de Estilo de El País, con el que nos formamos. En éstos, se define que la calumnia consiste en acusar a alguien falsamente de un delito. Sin embargo, con la reproducción de evidencia como documentos judiciales para sustentar la información, con fuentes y origen identificados, acreditamos su veracidad al tratarse de información que responde al interés público*.

Por Guadalupe Lizárraga

Alfredo Jalife Rahme Barrios, propietario de la Inmobiliaria Okonomía y de diez cuentas bancarias, cinco de éstas en entidades extranjeras, ha sido señalado reiteradamente de lavado de dinero, incluso por su exesposa. Ello a raíz de diversas transferencias internacionales de cantidades considerables de dólares, que periódicamente ha realizado a partir de 2012, sin declarar impuestos, mientras afirmó en varios juicios que enfrentaba que sus “ingresos azarosos” eran derivados de sus actividades profesionales en la UNAM, en el Instituto Político Nacional, así como en la Universidad Metropolitana y por la impartición de conferencias en partidos políticos.

Sin embargo, por medio del Portal de Transparencia de la Ciudad de México, estas entidades políticas y educativas negaron haber pagado por los servicios de Jalife Rahme durante los años de 2012 a 2017, y la UNAM desde 2006, la cual acreditó bajo el folio 6440000081517, que en once años le ha pagado por salarios quincenales el total de $476,373.78 pesos mexicanos.

El señalamiento de su exesposa Ivonne Galván Duque Bellato, fue hecho en las controversias del juicio promovido por pensión alimenticia en octubre de 2015, con el expediente 1924/2015. Galván Duque declaró:

(Alfredo Jalife) “omite proporcionarme los más elementales medios para subsistir, situación que ha generado la necesidad de recurrir a préstamos para sobrevivir, no siendo óbice de lo narrado, el temor con el que vivo, debido a las constantes amenazas del demandado, las cuales, crean el temor fundado de que aquél, me despojará de todo bien, excluyéndome así del hogar que sirviera como domicilio conyugal”.

 

En el mismo expediente, Galván Duque Bellato confirmó que Jalife Rahme “cuenta con una amplia capacidad económica, no obstante de que no ejerce profesión o empleo remunerado, derivado de que este último, se dedica al manejo de inversiones con las que cuenta en Beirut Líbano”, y acreditó cinco cuentas bancarias internacionales a nombre Alfredo Jalife Rahme Barrios y/o Alfredo Farid Khalife:

  1. Cuenta Número 1089600001403013 y cuenta número 8409600001403012, ambas de la institución bancaria FRANSA INVEST BANK SAL.
  2. Cuenta número 1140267372200 de la institución bancaria BANK OF BEIRUT.
  3. Cuenta Número 111002421706943011 de la institución bancaria FIDUS, WEALTH MANAGMENT, SGBL GROUP.
  4. Cuenta No.002-223667-130 de la institución bancaria HSBC BANK MIDDLE EAST LIMITED.

Adicionalmente, por otras fuentes, se acreditaron cinco cuentas más de entidades bancarias mexicanas:

  1. Cuenta de American Express No. 3766-658590-32001.
  2. Cuenta de BBVA BANCOMER del préstamo 9830325848.
  3. SANTANDER SELECT CUENTA 4941 3310 0325 4599.
  4. HSBC No. 4028426302.
  5. Cuenta del banco CIBanco S.A. Institución de Banca Múltiple de fecha 12 de Marzo de 2014, de la operación bancaria DC15154885.

La respuesta de Alfredo Jalife a su esposa Ivonne Galván Duque Bellato fue evadir el pago de su pensión alimenticia y promover el juicio de divorcio incausado, también llamado divorcio exprés, con el expediente 772/2016, con fecha del 12 de mayo de 2016.

La información publicada por Arreola

Parte de la información financiera de Alfredo Jalife, que denunció su esposa como «lavado de dinero» ya había sido publicada por el periodista Federico Arreola Castillo, director de SDP Noticias. Arreola divulgó algunas de las cuentas bancarias y conversaciones grabadas con banqueros libaneses. Posterior a ello, vivió un intenso acoso judicial y calumnias en redes sociales por años. Arreola sostuvo en enero de 2017 que eran cuentas de El Líbano “con millones de dólares”, y que esa información le había llegado y lo que llamaba su atención era que un personaje tan conocido como Jalife no pagara impuestos:

“En México no paga ni un cinco de impuestos y su residencia está en México y seguramente su domicilio fiscal en México. A mí me pareció que ahí había una irregularidad grande, denunciable, al tratarse de un personaje público”.

Uno de los documentos que divulgó Arreola fue una declaración de impuestos en la que Alfredo Jalife se acredita como dueño de la empresa Inmobiliaria Okonomía. En el juicio de divorcio, sin embargo, Jalife sostuvo que esta empresa era la propietaria de la casa-habitación en la que actualmente comparte con su exesposa, y es el mismo domicilio donde acreditaron la empresa de pasteles “Chez Ma Poule”. No obstante, declara sus impuestos en ceros, pese a sus actividades de alto impacto económico, como cambio de divisas por hasta cien mil dólares en una sola exhibición.

 

 

 

 

Para el juicio contra Arreola, Alfredo Jalife basó sus afirmaciones en una supuesta conspiración en su contra, en la que habría participado el entonces secretario de Estado Luis Videgaray Caso, como forma de acoso por su defensa a Pemex. El argumento de Jalife ante los jueces, que no pudo demostrar, era la supuesta confesión de Arreola.

De acuerdo con la información del periodista, Jalife Rahme pedía 500 millones de pesos por daño moral al haber publicado información que contenía sus declaraciones de impuestos. Sin embargo, perdió el juicio en primera instancia, y la apelación, ya que los jueces consideraron que no había daño moral porque Alfredo Jalife Rahme Barrios era una figura pública, y que además aspiraba a cargos públicos para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con el argumento de que las figuras públicas estaban sujetas a tolerar ciertas intromisiones en su vida, como parte de la vida democrática.

En un segundo juicio, Jalife pedía 550 millones de pesos, que también perdió, y lo abandonó, sin pagar las costas que ascendía al 8 por ciento de lo solicitado por él. Jalife interpuso un amparo, pero lo perdió y fue condenado por el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal a pagar 40 millones de pesos, sin que hasta la fecha lo haya cumplido.

Estados de cuenta

Entre los movimientos financieros de Jalife, en 2015, el año de su divorcio, destacaron pagos en una sola exhibición por 112 mil pesos a su tarjeta de crédito, entre otros montos menores, mientras en el juicio de divorcio señaló que había tenido que endeudarse por sus “exagerados gastos clínicos” y que su esposa Ivonne Galván Duque Bellato despilfarraba su crédito. Afirmó, también, que recibía 45 mil pesos mensuales, a los que se refiere como “ingresos azarosos” –que no pudo comprobar–, y se quejó de violación a sus derechos humanos como persona de la tercera edad, al ser demandado para que diera pensión a su exesposa.

La demanda de pensión alimenticia fue abandonada finalmente, y llegó a un acuerdo con Galván Duque. Sin embargo, no cubrió los gastos de los abogados contratados para defenderse de la demanda.

 

Inmobiliaria Okonomía

De acuerdo con información a la que ha tenido acceso Los Ángeles Press, la Inmobiliaria Okonomía, de la que Alfredo Jalife, según su testimonio en juicio, es propietario del 51 por ciento y su exesposa del 49 por ciento, adquirió un departamento habitacional en San Jerónimo, de Álvaro Obregón, desde 1999, y que según el título de propiedad 20234, Ivonne Galván Duque es administradora del bien inmueble. Domicilio donde está registrada la inmobiliaria y la empresa de pasteles. No obstante, Alfredo Jalife, pagaba 13 mil pesos mensuales de renta por un departamento en la Colonia Insurgentes Mixcoac al excomisionado Nacional de Seguridad Manuel Mondragón y Kalb, pero después de promover el juicio de divorcio incausado contra Ivonne Galván Duque, regresó al domicilio conyugal, mismo de la inmobiliaria.

Hasta ahora, Alfredo Jalife Rahme Barrios no ha sido investigado por las autoridades por sus actividades y transacciones financieras, que se intensificaron durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, pese a las denuncias reiteradas de periodistas y de su propia esposa. 

 

* * *

Nota del editor:

Principios éticos del Manual de Estilo de El País

LAS FUENTES 1.5. Las informaciones de que dispone un periodista sólo pueden ser obtenidas por tres vías: su presencia en el lugar de los hechos, la narración por una tercera persona o el manejo de un documento. El lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo.

INJURIAS Y CALUMNIAS 1.18. La calumnia consiste en acusar a alguien falsamente de un delito. La injuria es un agravio o ultraje de obra o de palabra, así como la imputación de hechos que desacrediten la fama o la estimación de alguien. La atribución de la noticia a una fuente o fuentes no exime al periodista de la responsabilidad de haberla escrito, sobre todo si se trata de fuentes anónimas que transmiten informaciones calumniosas o injuriosas. Sin embargo, la reproducción de documentos judiciales o policiales para sustentar esas acusaciones puede exonerar al redactor, que, no obstante, está obligado a ofrecer todos los ángulos posibles sobre los hechos. El periodista queda protegido, pues, si las informaciones injuriosas o calumniosas están atribuidas a fuentes identificadas con claridad y puede demostrar ese origen. Las informaciones que afecten al honor y la intimidad de las personas sólo se publicarán si se puede acreditar su veracidad, están contrastadas y responden al interés público (no confundir con la curiosidad del público).

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Fabricación de culpables

Genaro García Luna y la señora Wallace: Historia y contexto de una pareja siniestra

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Isabel Miranda y García Luna

 

PRIMERA PARTE

 El mal (…) puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie.
Hannah Arendt

 Por Juan Carlos Pérez Ruiz

En las últimas semanas, el caso Genaro García Luna en Estados Unidos ha acaparado la atención de los medios de comunicación y usuarios de redes sociales. El juicio del ex secretario de Seguridad Pública de México, que dio inicio el 17 de enero, ha desencadenado una cascada de análisis, comentarios, columnas, notas, reportajes, artículos, editoriales y entrevistas de diferentes académicos, periodistas, influencers e intelectuales respecto al oscuro proceder de este personaje, sobre el que pesan cargos judiciales por falsedad de declaraciones, delincuencia organizada, y conspiración contra Estados Unidos para poseer y distribuir cocaína a este país.

La línea editorial de la mayoría de los medios de comunicación mexicanos se ha centrado en los detalles de usos, costumbres y abusos del también ex servidor del CISEN: Su corrupción galopante, su multimillonario saqueo al erario, su ilegal e inexplicable enriquecimiento notable, su cercanísima relación de publicidad y complicidad con medios como Televisa y TV Azteca, la participación de periodistas como Carlos Loret de Mola y Ciro Gómez Leyva en los montajes judiciales del “Super Policía”, su tendencia a fabricar casos y culpables al por mayor, el uso y abuso del espionaje y la tortura, su relación con bandas de secuestradores, según ha señalado el periodista Francisco Cruz Jiménez, la posible caída de expresidentes como Vicente Fox Quezada y Felipe Calderón Hinojosa, en caso de llegar a ser mencionados; sus vínculos con narcotraficantes como los del Cártel de Sinaloa, tal como se rumoraba desde hace más de una década y tal como lo acusan las autoridades estadounidenses.

Sin embargo, en los últimos días parece haber quedado en el olvido la colaboración de Genaro García Luna con María Isabel Miranda Torres, mejor conocida como Isabel Miranda de Wallace, la dueña de escuelas privadas al sur de la Ciudad de México (como el Colegio Aztlán o City College, ubicado en la alcaldía Tlalpan junto al tristemente célebre Colegio Enrique Rébsamen, destruido con el terremoto del 19 de septiembre de 2017) y de las empresas de anuncios espectaculares Showcase Publicidad, Outlook y Showposter; la misma que, con cargos fabricados, mantuvo en prisión a la senadora de MORENA y ex policía comunitaria de Olinalá, Guerrero, Nestora Salgado.

La misma Isabel Miranda que participó en, y respaldó la fabricación y el montaje del caso Cassez Vallarta y la supuesta banda de “Los Zodiaco”, la misma que criminalizó a los estudiantes víctimas de desaparición forzada del caso Ayotzinapa y que intentó desviar las investigaciones del caso, y la misma que hasta hoy, a casi un año de finalizar el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se mantiene completamente tranquila, libre e impune, pese a mantener en cautiverio a Brenda Quevedo Cruz, César Freyre Morales, Jacobo Tagle Dobin, Juana Hilda González Lomelí, Albert Castillo Cruz, Tony Castillo Cruz, Jael Malagón Uscanga y George Khoury Layón.

Todos ellos han sido brutalmente torturados en diferentes ocasiones y culpados, directa o indirectamente, por la interferencia de «la señora Wallace«, y las autoridades que la respaldaron, a través de martirios, amenazas, intimidación y persecución a familiares y abogados, como en los casos de Omar Quevedo Cruz, Salomón Tagle, Julieta Freyre Morales y Rosa Morales, el arresto de la abogada Ámbar Treviño Pérez y las amenazas al abogado Alejandro Garduño del Real, que lo orillaron al exilio. Además del espionaje, fabricación y siembra de pruebas, falsificación de documentos, detenciones arbitrarias y tráfico de influencias. Una larga trayectoria de impunidad para una quien se ha presentado sólo como una madre dolida por la desaparición de su hijo.

Leer más: Tortura, secuestro y espionaje, vínculo Margolis con casos Israel Vallarta, George Khoury y Wallace – Los Ángeles Press (losangelespress.org)

García Luna e Isabel Miranda: Dos árboles que nacieron torcidos…

No es difícil establecer un paralelismo entre las vidas y carreras criminales del ex director de la AFI, Genaro García Luna, y la presidenta de la asociación civil Alto al secuestro, María Isabel Miranda Torres. El sadismo, la saña, la tortura, la mentira, el espionaje, la extorsión, el chantaje, el robo, la corrupción, el tráfico de influencias, los nexos con el crimen organizado (con personajes como Edgar Veytia, hoy pagando condena en una prisión de Estados Unidos por narcotráfico y próximo testigo en el juicio de Genaro García Luna. La crueldad, la perversidad y las decenas (posiblemente centenas) de víctimas que han dejado Isabel Miranda y García Luna a su paso, parece sólo el trayecto lógico de dos seres infames que desde hace décadas han dado muestras de su inclinación a la maldad y a la falta de escrúpulos.

Sus biografías y el contexto histórico que conformó la vida de estos personajes macabros explican en parte los altos alcances de sus malignas acciones desde el Estado con vocación criminal. En el caso de Genaro García Luna, su sevicia parece haber iniciado desde la adolescencia. De acuerdo con las minuciosas investigaciones del periodista y escritor Francisco Cruz Jiménez, contenidas en su libro García Luna, el señor de la muerte (Planeta, 2020), Genaro García Luna era lo que hoy llamaríamos “un bully”, que causaba gran miedo en su escuela y barrio, pese a sus inseguridades y tartamudez, al grado de que los abusos suyos y de sus amigos, no tenían castigo gracias a que desde la pubertad ya era gran amigo de agentes policiacos. Testimonios recopilados por Cruz Jiménez señalan que muchos de quienes lo conocieron en su infancia y adolescencia, aún le tienen terror, y que lo señalaron como “un gandalla, un maldito”.

Nacido en 1968, el posteriormente agente del CISEN vivía por la colonia Romero Rubio en Ciudad de México, era apodado “El Chango” y habría sido cercano a elementos de la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), heredera de lo que en otros tiempos fue el Servicio Secreto y misma corporación cuyos archivos actualmente se encuentran, en su mayoría, desaparecidos. “Este grupo se encargaba de torturar, desaparecer, extorsionar, ejecutar extrajudicialmente y reprimir”, señala Cruz en su libro. De acuerdo con el investigador Carlos A. Pérez Ricart, uno de los centros de tortura de este grupo, Tlaxcoaque, ubicado en la zona centro de la Ciudad de México, tuvo como víctimas no sólo a involucrados en los movimientos guerrilleros contrainsurgentes, reprimidos durante la Guerra Sucia, sino también a personas de diferentes movimientos estudiantiles, laborales, sindicales; defensores de territorios y tierras comunales; periodistas, activistas, migrantes y minorías religiosas. No es difícil deducir la “escuela” temprana que resultó para García Luna su cercanía con esos cuerpos policiacos represores, que oscilaban entre lo policial y lo delincuencial cual si fuesen sinónimos.

Según el texto de Francisco Cruz, existe la posibilidad de que García Luna se haya iniciado como “recadero, mandadero” de dichos agentes policiacos, así como también cumplió las funciones de “oreja, soplón, dedo, halcón, madrina”, informante y delator estrella de la zona para ganarse los favores e irse infiltrando en las instituciones de seguridad.

El hoy preso en Nueva York no se habría limitado al servilismo, la delación y amistad con policías corruptos; pronto ejercería como criminal también. De acuerdo con Cruz, Genaro formó su propia banda de asaltantes de casa habitación, entre cuyos integrantes destacaba su cuñado Antonio Chávez, alias “El Soldado” o “El Moco”. La banda habría dado su gran golpe el 25 de diciembre de 1987, cuando atracaron una casa ubicada en la calle Emiliano Zapata, de la que sustrajeron 250 millones de pesos, 10 mil dólares en efectivo, centenarios y joyería fina. Tras esconderse durante semanas en la vivienda de los García Luna, Antonio Chávez habría huido a Michoacán, donde montó un rancho con lo robado. En tanto dos agentes de la extinta Policía Secreta habrían amenazado de muerte al Ministerio Público para eliminar el nombre de Genaro García Luna de la averiguación. Un testimonio que recoge el libro señala que los policías que lo protegieron también recibieron parte del botín y que la madre de Genaro García Luna, Consuelo Luna, estaba dispuesta a declarar contra su hijo, pero el padre, Juan Nicolás García, y un abogado, la convencieron de no echar a perder el “futuro” del hijo.

Años después, encontraría su gemelo en andanzas criminales, su par de tendencias psicópatas, en Luis Cárdenas Palomino, hoy también en prisión, aunque este último se encuentra recluido en el Cefereso #1 en Almoloya de Juárez, México, por tortura a Israel Vallarta Cisneros y a sus familiares.

Más información: Quiénes torturaron a Israel Vallarta Cisneros – Los Ángeles Press (losangelespress.org)

 

Según las averiguaciones 13A/4413/987 y 13A/4419/987 de la Procuraduría General de Justicia del entonces Distrito Federal, reveladas por medios como Reporte Índigo y Zócalo, el 12 de agosto de 1987, a los 18 años, Luis Cárdenas Palomino asesinó en la colonia Lindavista a un taxista, junto con dos amigos (René Alavez Rosas, de 18 años, y Octavio Navarro Medellín, de 21) simplemente porque “querían saber que se sentía matar”. Después del suceso, fueron a festejar y emborracharse a un bar de la Zona Rosa. Los amigos fueron detenidos, fichados e incluso acusados de haber cometido otros dos asesinatos, pero Cárdenas Palomino libró la cárcel gracias a la intervención y protección de Jesús Miyazawa Álvarez, entonces jefe de la Policía Judicial de la capital del país y exintegrante de la Brigada Blanca, cuerpo policíaco/paramilitar de la Dirección Federal de Seguridad del gobierno mexicano, que existió de 1972 a 1985.

La Brigada Blanca a la que perteneció el gran protector de Palomino, Miyazawa, operaba en el sótano de la Dirección Federal de Seguridad y estaba a cargo de Fernando Gutiérrez Barrios, Luis de la Barreda, Javier García Paniagua (hijo del militar Marcelino García Barragán, involucrado en la represión contra estudiantes en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968; y también padre de Omar García Harfuch, actual secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México en el gobierno de Claudia Sheinbaum), Arturo Acosta Chaparro, Jesús Miyazawa, Francisco Quiroz Hermosillo, Miguel Nazar Haro, Salomón Tanuz y Francisco Sahagún Vaca. La agrupación se encargaba de investigar, perseguir, reprimir, detener y torturar ferozmente a grupos disidentes, especialmente a integrantes o sospechosos de pertenecer a la Liga Comunista 23 de septiembre.

Las detenciones arbitrarias y torturas incluían toques eléctricos, asfixia, ahogamiento, amenazas, violaciones, abusos sexuales, golpes, intimidación a familiares, aislamiento; métodos despiadados e inhumanos que no parecen diferenciarse mucho de las torturas que años después, ya como funcionarios y policías, aplicarían los mismos Luis Cárdenas Palomino y Genaro García Luna en centenares de detenidos, y torturas también, que la empresaria María Isabel Miranda Torres, la señora Wallace, parece haber imitado casi al pie de la letra, ya sea ordenándolas, presenciándolas y/o dirigiéndolas, contra los detenidos del caso Wallace (Brenda Quevedo, Jacobo Tagle, César Freyre, Juana Hilda González Lomelí, Albert Castillo, Tony Castillo, Jael Malagón y George Khoury); algunos de los cuales ya cuentan con evaluaciones psiquiátricas y Protocolos de Estambul que confirman las torturas: Jacobo Tagle Dobin, César Freyre, Brenda Quevedo y George Khoury Layón.

De acuerdo con declaraciones periodísticas de Israel Vallarta y a fragmentos de declaraciones judiciales del mismo David Orozco, existe la posibilidad de que Isabel Miranda también haya participado en la tortura del comerciante ambulante David Orozco Hernández, detenido en 2009 e igualmente torturado e inculpado en el caso Cassez-Vallarta, y muerto en enero de 2015, por secuelas en su salud que dejaron las torturas. Una mujer de nombre “Isabel” habría dirigido y presenciado el interrogatorio-tortura, según estas declaraciones. Asimismo, en una entrevista para el programa televisivo de Carmen Aristegui en CNN México, Isabel Miranda Torres declaró:

«Yo estuve presente, Carmen, cuando Ezequiel (Elizalde, falsa víctima de “Los Zodiaco”) me pide que lo acompañe a reconocer al “Géminis” (apodo ficticio que la policía creó y le impuso a David Orozco, simplemente por su fecha de nacimiento) en la AFI, yo estuve ahí presente, nadie me lo platicó. Y me consta como este hombre (David Orozco) empieza a platicar acerca de Florence Cassez; aquí traigo incluso su declaración…«.

Las declaraciones autoincriminatorias de David Orozco, realizadas tras ser torturado y amenazado, fueron videograbadas y difundidas por la Policía Federal en medios de comunicación nacionales e internacionales, como una presunta “prueba irrefutable” de la supuesta culpabilidad de Florence Cassez, en el contexto previo a su liberación en 2013.

Posterior a esas declaraciones forzadas, David Orozco narró en declaración judicial como fue su detención: «Fui secuestrado por desconocidos enmascarados que se hicieron pasar por narcotraficantes. Más tarde comprendí que eran policías«. David fue golpeado y amenazado con que desaparecerían a sus hijos y violarían a su esposa, y obligado a declarar contra Florence Cassez e Israel Vallarta, presionado a señalarse también como su cómplice. En diferentes entrevistas, su esposa, Silvia Velázquez, ha señalado que, tras la detención de su marido, perdieron su casa y sus ingresos y fueron marginados por la mayor parte de su familia y sus conocidos. En sus últimos años de vida, David Orozco empezó a orinar sangre, caminaba cojeando de la pierna izquierda y perdió un oído tras las torturas. Antes de morir, David pidió a su esposa que buscara limpiar su nombre, para que la sociedad mexicana supiera que él nunca había sido un secuestrador.

Si bien no ha podido confirmarse si Isabel Miranda participó en la tortura a David Orozco, diferentes investigaciones periodísticas -principalmente la de la periodista belga Emmanuelle Steels, en su libro El teatro del engaño (Grijalbo, 2015)- han documentado que Isabel Miranda si presionó fuertemente a las supuestas víctimas de la ficticia banda de “Los Zodiaco” para inculpar a Florence Cassez, Israel Vallarta y David Orozco, así como también presionó -en privado pero también pública y mediáticamente- a jueces, para mantenerlos en prisión. De igual manera Isabel Miranda influyó en los medios de comunicación para criminalizarlos, constantemente y de manera pública.

***

La historia de la niñez y adolescencia de María Isabel Miranda Torres aparentemente inicia menos turbia, pero se fue llenando de lodo, moral y éticamente hablando, a medida que transcurrió el tiempo, especialmente en su edad madura y en su vejez. Existen pocos datos de sus primeros años.

Nacida en 1951, Isabel Miranda creció en la pobreza de Tejupilco, Hidalgo, siendo la mayor de sus hermanas mujeres. Sus padres fueron Fausto Miranda Romero, arriero, y Elfega Torres, ama de casa. Sus hermanos son Alfredo Miranda Torres, Heriberto Miranda Torres (Inspector General de la Policía Federal de Caminos-Policía Preventiva), Fausto Miranda Torres, Asunción Miranda Torres, Martha Miranda Torres, Guadalupe Miranda Torres (trabajaba en la empresa Showcase Publicidad de su hermana y fue asesinada en 2006 en circunstancias muy sospechosas, presuntamente por su esposo Gabriel Bobadilla, aún en prisión), Roberto Miranda Torres (ex ministerio Público, fiel acompañante y cómplice de Isabel Miranda en la farsa del secuestro Wallace), Víctor Miranda Torres y María Magdalena Miranda Torres; esta última fue encargada de Recursos Humanos en la Procuraduría General de la República y es esposa de Abraham Pedraza Rodríguez, abogado y primer denunciante falso del caso Wallace que se hizo pasar como “primo” de Hugo Alberto Wallace Miranda, cuando en realidad es su tío, y secretario particular de la actual ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Norma Lucía Piña Hernández.

Isabel Miranda creció ambicionando la posición económica de sus familiares, los León. Cuando su tía paterna, Guadalupe Miranda Romero, esposa de Carlos León Sánchez, y madre del primo de Isabel, Carlos León Miranda, decide cobijarla y llevarla a vivir con ella, Isabel vio la oportunidad de mejorar su vida.

A los 16 años, cuando cursaba estudios de secretaria, Isabel Miranda se enamoró, se casó y se embarazó de su primo hermano, Carlos León Miranda, verdadero padre de su hijo Hugo Alberto. Isabel Miranda registró a su hijo tres veces: Primero en enero de 1970 como Hugo Alberto Miranda Torres, utilizando nombres incompletos de sus familiares; después, en octubre de 1970, como Hugo Alberto León Miranda, con la identidad de su verdadero padre y años después, en 1975, como Hugo Alberto Wallace Miranda, falsamente como hijo del nicaragüense nacionalizado en México, José Enrique del Socorro Wallace Díaz, segundo marido de Isabel Miranda y del que antes había sido su secretaria, cuando éste tenía un primer matrimonio.

Entérate: Caso Wallace: Hugo Alberto Wallace, con rastros de vida en México pese a su madre (losangelespress.org)

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Dos elementos por señalar. El primero, una diferencia, pero a la vez en un elemento en común: El manejo de su imagen pública. Décadas después, mientras Genaro García Luna se valió de dinero y de su amistad con periodistas como Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Carlos Marín, Jorge Fernández Menéndez, Pablo Hiriart, Martín Moreno, el reportero policiaco Carlos Jiménez y Raymundo Rivapalacio, para ocultar su pasado criminal y crearle una imagen de policía honesto, heroico y eficiente, Isabel Miranda utilizó su dinero y amistad con periodistas para difundir una historia color de rosa sobre su vida, y mostrarla como una madre amorosa, «dama respetable» y una “activista valiente» y con credibilidad. Curiosamente, el mismo grupo de periodistas respaldó -y algunos, lo siguen haciendo- a ambos personajes.

El segundo elemento que podría subrayarse en este paralelismo es la tendencia de ambos al nepotismo. En el caso de García Luna, una de las mayores beneficiarias de su carrera criminal, fue su hermana Esperanza García Luna. De acuerdo con el libro de Francisco Cruz, Esperanza fue pieza clave en el ascenso social y económico de su hermano. Según el periodista, la cercanía de Esperanza con Wilfrido Robledo (entonces director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, CISEN) fue fundamental en el ascenso de su hermano y el favoritismo de Robledo por Genaro. Robledo estuvo encargado de operativos como la entrada de la Policía Federal para terminar con la huelga de la UNAM, en el año 2000, y del operativo en 2006 contra pobladores y activistas en San Salvador Atenco, Estado de México, que se oponían a la construcción del aeropuerto cerca de su territorio. El descomunal operativo en Atenco dejó como saldo decenas de detenidos arbitrariamente, torturados y decenas de mujeres (tanto pobladoras de Atenco, como activistas, fotógrafas y periodistas extranjeras que se encontraban en la zona) violadas por elementos policiacos.

Los hermanos Esperanza y Genaro García Luna permanecieron muy unidos, y ella fue ascendiendo junto con él en la espiral del enriquecimiento y la ilegalidad, a grado tal que ella aparece como una de los dueños y representantes legales de la empresa de seguridad Glac Security Consulting Technology Risk Managment, que montó su hermano en Estados Unidos. Según un texto de Miguel Badillo en la revista Contralínea, en la empresa también figuraron como dueños y representantes Linda Cristina Pereyra Gálvez (esposa de García Luna); el excomisario general de la Policía Federal, Facundo Rosas Rosas; su exjefe de escoltas, Jesús Alejandro Barajas Rodríguez, Mónica Cervantes González y desde luego, el propio ex secretario de Seguridad Pública. Badillo señala que dicha empresa recibió 11 millones de pesos del medio de comunicación El Financiero, 13.5 millones de pesos del medio El Heraldo y 50 millones de pesos por parte del gobierno de la Ciudad de México, durante la administración del perredista Miguel Ángel Mancera Espinosa.

Infórmate: Isabel Miranda, la falsa heroína de la ultraderecha, ante los feminicidios – Los Ángeles Press (losangelespress.org)

 

Tras la detención de García Luna en Dallas, Texas (EUA), en diciembre de 2019, en México las cuentas bancarias de Esperanza García Luna fueron congeladas por la Unidad de Inteligencia Financiera, en ese entonces encabezada por Santiago Nieto. Esperanza presentó un amparo, pero éste le fue negado, al menos hasta lo que se publicó al respecto en 2021.

En el caso de Isabel Miranda, su nepotismo ha beneficiado no solamente a su hermana Magdalena Miranda Torres, sino también a otros familiares y amigos varios, como fue el caso de Raúl Plascencia Villanueva.

En octubre de 2009, Raúl Plascencia Villanueva fue registrado personalmente ante el Senado de la República, como candidato a presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), por María Isabel Miranda Torres, ya entonces presidenta de Alto al secuestro y ya posicionada política y mediáticamente desde la farsa del secuestro y homicidio de su hijo Hugo Alberto en 2005. Ya al frente de la CNDH, Raúl Plascencia Villanueva y el entonces presidente Felipe Calderón le entregaron a Isabel Miranda de Wallace el Premio Nacional de Derechos Humanos, en diciembre de 2010, tan sólo unos días después de la detención, torturas y violación de Jacobo Tagle Dobin, cuya aprehensión utilizaron como la joya de la corona para terminar de encumbrar la artificial imagen de “gran heroína y valiente ciudadana” de Isabel Miranda. Surrealista contraste entre la mujer.

La gestión de Raúl Plascencia Villanueva estuvo marcada por la corrupción, la ineficiencia, el dispendio y la ineptitud, a tal extremo que en septiembre de 2014 un grupo de 85 ciudadanos y Organizaciones No Gubernamentales presentaron ante la Cámara de Diputados una denuncia para que se le hiciera un juicio político, por “las gravísimas omisiones de la CNDH frente a innumerables violaciones de los derechos humanos en México y la utilización de la institución a “modo” y  para fines distintos a la defensa de los derechos humanos”. Asimismo, el diario Reforma y el semanario Proceso dieron cuenta de una mansión ubicada en Jardines del Pedregal (al sur de la Ciudad de México) de más de veinte millones de pesos que se construía Plascencia; residencia a la que Isabel Miranda fue invitada el 6 de noviembre de 2009, para celebrar el nombramiento de su recomendado.

Entre las omisiones como ombudsman, Plascencia dejó informes incompletos y deficientes y la falta de reconocimiento como víctimas en el caso de la masacre de migrantes en San Fernando, Tamaulipas (2010), las omisiones en el caso del asesinato -perpetrado por policías- del activista José Francisco Kuykendall (en diciembre de 2012) y la titubeante y cambiante postura en el caso de la matanza de Tlatlaya, Estado de México, ocurrida el 30 de junio de 2014, perpetrada por elementos del ejército. En un inicio, Plascencia minimizó la gravedad de los hechos como “un enfrentamiento”, en respaldo velado a las Fuerzas Armadas y a los gobiernos federal y estatal, que impulsaban la misma versión. Sin embargo, casi un mes después Plascencia Villanueva cambió de postura, reconociendo la masacre y a las víctimas mortales. Este cambio de postura no se debió a un flashazo de ética, ni a una verdadera preocupación por los Derechos Humanos, sino a que Plascencia Villanueva estaba negociando el apoyo de las Fuerzas Armadas para reelegirse como titular de la CNDH en 2014. Al no conseguir su apoyo, su postura cambió, de acuerdo con lo revelado por los correos de la SEDENA, que se filtraron hace unos meses por #GuacamayaLeaks.

Isabel Miranda buscó sostener a su aliado y protegido, respaldando su candidatura para un segundo mandato, defendiéndolo ante medios de comunicación y el Poder Legislativo. Pero no logró su continuidad, siendo sucedido por Luis Raúl González Pérez. De cualquier manera, los sucesores de Plascencia, González Pérez y Rosario Piedra Ibarra (actual titular) no han representado ningún avance, ni cambio significativo y hasta la fecha, siguen sin retirarle el Premio Nacional de Derechos Humanos a Isabel Miranda, a pesar de su participación en fabricación de culpables y torturas.

El nepotismo de Isabel Miranda también alcanzó a su sobrina Verónica Miranda Mondragón, que trabajó en la CNDH como Visitadora, y a su sobrino, Andrés Sánchez Miranda, a quién impuso como diputado local plurinominal por el Partido Acción Nacional en 2012, para la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal. Actualmente los tentáculos de Isabel se extienden a través de su sobrino Andrés Sánchez Miranda, quién es el representante del PAN ante el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) y su hermano, otro sobrino de Isabel Miranda, Víctor Manuel Sánchez Miranda, tiene a su cargo una subdirección en el Instituto Electoral de la Ciudad de México.

 

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El Caso Wallace

‘La vida impune. Biografía criminal de Isabel Miranda de Wallace’, el nuevo libro de la periodista Guadalupe Lizárraga

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La vida impune. Biografía criminal de Isabel Miranda de Wallace1, es el nuevo libro de la periodista Guadalupe Lizárraga

Cómo surge el poder de impunidad de quien fabricó culpables y los torturó en prisión reiteradas veces, con sentencias de hasta de 131 años de cárcel

Los Ángeles Press

La vida impune: Biografía criminal de Isabel Miranda de Wallace es el nuevo libro de no ficción de la periodista Guadalupe Lizárraga, con el que cierra la Trilogía Wallace, sobre el falso secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace Miranda, que ha mantenido por más de quince años en prisión a ocho personas inocentes, víctimas de torturas.

La biografía de Isabel Miranda aborda desde las condiciones de pobreza en las que nació y cómo fue escalando con estudios en una academia comercial para ayudar a su familia hasta llegar al poder político y económico para influir en las políticas de Seguridad pública del país. Este camino fue labrado con el apoyo del Estado, escribe Guadalupe Lizárraga, desde 1994.

Con el apoyo de seis presidentes, “a lo largo de más de dos décadas, Isabel Miranda no sólo mantuvo la atención mediática en torno a su persona, sino que adoptó otros papeles de la vida pública: a veces como acusadora, otras como jueza, ministerio público, policía, custodia, en ningún caso con facultad jurídica”, dice la periodista en el prólogo del libro.

Para saber más del tema: Isabel Miranda de Wallace admite responsabilidad en las torturas de sus inculpados

 

La periodista hace énfasis en dos personajes púbicos que han sido clave para la red Wallace, Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol, empresario de Tecnología en Inteligencia, y Genaro García Luna, que materializaron el poder de Isabel para aterrorizar a las familias de sus inculpados.

Un prólogo, 39 capítulos, un epílogo, las referencias bibliográficas y documentos oficiales es el cuerpo que da a La vida impune. Biografía criminal de Isabel Miranda de Wallace, libro con el que cierra la trilogía: El falso caso Wallace y La lucha por la verdad.

Prólogo:

Escribir sobre los 70 años de la vida de una persona supone un amplio grado de conocimiento de ella o de sus acciones. Podría pensarse una tarea complicada cuando se está a la distancia, especialmente si ha sido flanqueada por el poder en las dos terceras partes de esos años. Este libro, sin embargo, pretende ser evidencia de que esta tarea no es imposible, porque desde el Estado no hay crímenes privados. El impacto público de éstos es inocultable. Sólo los calla, quien quiere callarlos.

Lee también: PGR ayudó a fabricar pruebas a Isabel Miranda de Wallace

 

La vida de María Isabel Miranda Torres, a quien por su propia insistencia le decían ‘La señora Wallace’, nos da la oportunidad de conocer cómo un Estado con vocación criminal es capaz de construir el mal a nivel de lesa humanidad a través de la simbólica sencillez de una madre ordinaria, convertida en icono de justicia con el supuesto secuestro y homicidio de su hijo, para el consumo mediático de las masas. El caso Wallace, desde el periodismo independiente, lo reportamos como emblema de la corrupción judicial en México, y la observación prolongada y minuciosa nos llevó a revelar el patrón de hostilidad diseñado como política de gobierno durante los mandatos de Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Así, la oscura entelequia del Estado –con su doble cara de Jano– distorsionaba macabramente los hechos con los que se incriminaba de manera sistemática a personas inocentes para simular eficiencia policial y justificar estratosféricos presupuestos para una seguridad pública a modo con la que verdaderos responsables de los crímenes eran protegidos. Mientras, miles de personas sufrían torturas y agresiones sexuales dentro de las cárceles obligándolos a aceptar crímenes que no habían cometido. A lo largo de más de dos décadas, Isabel Miranda no sólo mantuvo la atención mediática en torno a su persona, sino que adoptó otros papeles de la vida pública: a veces como acusadora, otras como jueza, ministerio público, policía o custodia, en ningún caso con facultad jurídica.

Sin escrúpulos y ambiciosa, Isabel Miranda era incapaz de sentir compasión por el dolor ajeno. Ante el poder de los demás se mostraba arrogante, y con su propio poder se volvía impulsiva; una fiel representante de la ignominia política, se empeñó en construir el espejismo de amor maternal, la mentira jaspeada de madre dolida. De la apariencia de sufrimiento insoportable por la supuesta tragedia del hijo brincó rápidamente a la imagen de empresaria y política exitosa, fuerte y extravagante. La escala de su popularidad fue inflada por la voracidad de los medios, y de la crueldad de las torturas a sus víctimas nadie daba cobertura.

Intencionalmente se mostraba “perseguida” por supuestos delincuentes y armaba montajes de atentados que seguían los medios amansados desde el erario. Exhortaba a las autoridades judiciales a responder con violencia contra la amenaza magnificada del crimen organizado, y compensaba jueces por dar condenas a perpetuidad con delitos fabricados de secuestro, tema en el que la vistieron de experta, desde los servicios de Inteligencia del Estado para el desvío de recursos públicos bajo el membrete de su asociación Alto al secuestro.

De la niñez de Isabel Miranda, poco se sabe, excepto las historias que ella misma contaba con gran imaginación a los medios y los datos personales que quedaron registrados en documentos oficiales y que también llegó a alterar. La realidad se ha ido develando poco a poco. Se supo que sus padres eran Elfega Mónica Torres y Fausto Miranda Romero, y su fecha de nacimiento, el 27 de mayo de 1951. Pero cuando los medios se mostraron interesados en su historia, dijo a TV Azteca y a la Revista Quién que su padre se llamaba Heriberto Miranda Romero, y que ella había nacido en 1955. En su libro El caso Wallace (Aguilar, 2010), afirmó que el año de su nacimiento había sido 1949 y que se había casado siendo todavía adolescente con José Enrique del Socorro Wallace Díaz. Para el diario El Universal manejó como fecha de nacimiento el 17 de enero de 1951. Un día dijo que tenía cinco hermanos; otro, nueve. Así iba dejando falsas pistas tras de sí, a través de los años, tratando de difuminar el pasado y de soltarse de la cadena familiar imposible de desatar.

También manejaba diferentes domicilios, incluso en un mismo documento. En 1969, dejaba en los registros oficiales que sus padres vivían en la avenida Jalisco 66, sin especificar la colonia, en la Ciudad de México. Para 1975, indicaba que vivían en Villa Coapa, en el Andador 67, de la avenida El riego. Y para 1978, cuando registraba su segunda acta de matrimonio, declaraba vivir en la Avenida Miguel Ángel de Quevedo, en Coyoacán; ella, junto con sus padres, en el número 1042; y dos de sus hermanos, que fueron testigos de la boda, en el número 1083. Nada de esto sería relevante, sino fuera por las múltiples identidades con las que jugaba, las de su hijo, las de sus esposos y la de sus padres, con las que pudo fabricar las pruebas que aún, al momento de escribir estas líneas, mantienen en prisión a ocho personas inocentes que sufren enfermedades y estrés postraumático por las torturas ordenadas por ella.

Isabel Miranda se inventaba vidas como familiares, se aumentaba o disminuía la edad en documentos oficiales, cambiaba los nombres de sus padres, y a sus hermanos los desaparecía o los crecía según la necesidad literaria del momento. Brincaba de una clase social a otra, obsesionada por la exageración, mientras cubría los delitos de su hijo, quien, a los 25 años, en 1994, según sus propias palabras, ganaba 200 mil pesos mensuales en su empresa recién creada. Pero quienes crecieron cerca de ella, recuerdan a una familia integrada por sus padres, varios hermanos bravucones, y mujeres sometidas por la violencia doméstica. Una familia ordinaria de Texcoco, decían, que quería sobrevivir a la pobreza, como todas.

La editora recomienda: Caso Wallace: Isabel Miranda participó en la tortura de Jacobo Tagle, según protocolo de Estambul

Podemos volver la vista atrás y –con la reconstrucción de los eventos más significativos políticamente en esos años– entender, sin que se justifique, la crueldad de un Estado autoritario y corrupto con el irisado anuncio de “democracia emergente” como terreno fértil para conseguir el dominio sobre las masas y reducirlas a su condición manipulable. Pero lo que nunca entenderemos, es el enigma de una madre que decidió desaparecer a su hijo por el macabro gozo del poder.

 

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Estados Unidos

Tirso Martínez, ‘El Futbolista’, confiesa sus actividades con el Cártel de Sinaloa en juicio a García Luna

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Tirso Martínez "El Futbolista" señaló que sabía de los sobornos que hacía el Cártel de Sinaloa a Genaro García Luna

Testimonio busca ligar decomisos con las operaciones de Genaro García Luna

Por Juan Alberto Vázquez / Nueva York

«El futbolista», Tirso Martínez, dio su testimonio hoy en la corte de Brooklyn, en el que asumió la responsabilidad de tres decomisos celebrados entre el 2002 y el 2003 que presuntamente pertenecían a los narcotraficantes Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, Ismael ‘El Mayo’ Zambada y Vicente Carrillo Fuentes.

Martínez hace una referencia a la reacción que tuvo Carrillo Fuentes en ese entonces: “A ver si no se enoja el Patas Cortas y el Corajudo”. La alusión era a ‘El Chapo’ y ‘El Mayo’, al momento de que se enteraran de las incautaciones. Los eventos habrían ocurrido en una bodega ubicada en Brooklyn y otra en el barrio de Queens, las cuales ya habían sido utilizados como pruebas en el 2018 en el juicio en contra de Joaquín Guzmán.

Para saber más del caso: Genaro García Luna: avanza la selección del jurado para el juicio del exsecretario de seguridad pública

El testimonio del futbolista incluyó haber aceptado el dinero que ganó por sus actividades con el narcotráfico, y dijo haberlo gastado en comprar equipos de futbol, en peleas de gallos, en mujeres, autos, y propiedades, “hasta compré un avión”, remató.

– ¿Qué son las peleas de gallos?- Le preguntó el fiscal.

– Es cuando dos gallos con navajas en las patas los echan a pelear hasta que uno muere.

Lee también: Genaro García Luna: ¿quién es el exfuncionario juzgado en EEUU por operar con el Cártel de Sinaloa?

Tirso Martínez profundizó en su historia personal como miembro del Cártel de Sinaloa, y dijo haberse encargado de una ruta de tren entre 2000 y 2003. Llevaba la cocaína de la Ciudad de México a Los Ángeles, Chicago y Nueva York, “donde la droga se vende más cara y el cártel gana más”.

También declaró que pagaba sobornos a militares para que le permitieran hacer su trabajo, entre éstos, a un militar en Chiapas, un comandante en Guadalajara y un oficial en León. A pregunta del fiscal sobre si alguna vez había dado un soborno a García Luna, aceptó que no, pero si sabía “que otros miembros del cártel” lo hacían.

Soltó que cuando lo arrestaron en el 2014 intentó sobornar al comandante que estaba a cargo de la operación, pero que este le respondió “¡cabrón, sé que no tienes dinero!”. Dijo que aunque ya obtuvo su libertad en el 2001 aun debía pagar al gobierno de Estados Unidos dos millones de dólares de multas para lo cual “ya estoy trabajando en eso”.

Ahora de nueva cuenta la defensa deberá hacerle un contrainterrogatorio para intentar hacerlo caer en contradicciones aunque, al igual, que Sergio Villarreal Barragán, ‘El Grande‘, pero se nota que Tirso Martínez ha sido bien entrenado por la fiscalía para responder sin salirse de la estrategia.

 

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