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¿Y si los Tarahumaras gobernaran Chihuahua?: Mind Games

Imaginar un gobierno diferente es difícil. El periodista Vinicio Chaparro lanza este texto literario para invitarlos a estos “Mind Games”

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Crónica sarcastrónica de…
Un viaje al epicentro de la tierra
(Un estudio profundo del inconmensurable fenómeno del zapatismo)

 Por Vinicio Chaparro*

Mural zapatista "Sembrando dignidad" Foto: www.anarkismo.net

Capítulo Siete

Mind Games

Ya me imagino el alud de críticas que recibiré por usar un título en inglés para una entrega sobre el zapatismo. ¡Reportero chafa!, ya lo oigo. No me la voy a acabar. ¡Uuuh!, de seguro que Proyecto Nedni, La División del Norte y Los Ángeles Press perderán un gran número de lectores nacionalistas y sus bonos descenderán peligrosamente en La Bolsa de Valores de Niu York. Cuando regrese no se si tendré empleo. Y, a la mejor, ni oficina. Creo que nos va a ir pior con el rating que cuando la confusión de los norvietnamitas.

Pero deben de saber que el título no es nada espontáneamente anglo, es en honor a aquella vieja canción del maese Lennon, Mind Games, que significa juegos mentales (para los que no espik inglich, y también para no decir un disparate muy feo), y esto se hace porque vamos a hacer unos pequeños ejercicios mentales. Y les pondremos música de fondo. Y con ello, con ese ambiente musical y espiritual, se podrán percatar que este artículo está diseñado para los yoguis. No, no, no. No para el Oso Yogui, sino para los que hacen un nudo con sus piernas, juntan las puntitas del dedo índice y pulgar de cada mano, cierran sus ojitos y dicen, Ooooooooommmmmmm. A ésos.

Y aprovecharemos la ocasión para alinear un poco los chakras, en lo que se refiere a la conceptualización sobre el poder indígena. Y nada mejor que los yoguis y los monjes del Tíbet para esta difícil dinámica espiritual.

¡Ah!, y no van a poder cerrar sus ojitos, porque entonces ¿cómo van a leer el texto?, esperemos que esta omisión no altere el proceso de la alineación de los chakras.

Así que, ¡Posición de Loto!…¡¡¡Yá!!!

Pero primero, perdón por la interrupción, antes de empezar a decir Ommmmm, permítanles decirles de dónde surgió la idea de estos juegos mentales.

En total creo que durante todo el Viaje al epicentro de la tierra estuve en tres o cuatro ocasiones en alguna reunión con alguna Junta de Buen Gobierno, fueron reuniones cortas y concisas, pero me permitieron ahondar más el presente estudio y a apreciar mejor como se gobiernan los zapatistas. Unos días es poco tiempo para ver todo pero, a ojo de buen cubero, esas cortas reuniones arrojaron algo a mi desvalida vida de reportero. A mis conocimientos sobre el zapatismo real. Sobre la cuestión del poder indígena, claro.

Zapatistas en la lucha por la dignidad. Foto: aztecanoticias.com.mx

No es conveniente ofrecer muchos detalles sobre estas apreciaciones porque la CIA y el Departamento de (des)Inteligencia del gobierno de Calderas, ya están esperando con desesperación cada capítulo de esta crónica sarcastrónica para ver qué aprenden de los zapatistas. ¿Ya vieron que el hipótrica de Calderón dijo la frase de “la satisfacción del deber cumplido”? Qué descaro, ahora hasta los pobres panistas se empiezan a fusilar las frases más famosas del Sup Marcos, pareciera. Al rato van a decir que “mandan obedeciendo”. Hubo un presidente municipal panista en Chihuahuita La Bella (la nostalgia empieza a hacer estragos con mis reportes y mis recursos literarios), que al terminar su mandato también dijo sentirse con “la satisfacción del deber cumplido”. Después caería en la cárcel por un fraude millonario. Juanito Blanco, creo que se llamaba. No lo olviden, porque quiere ser senador.

Esos panistas, ya no saben de dónde sacar frases chidas y pegadoras para impresionar al Populus tremulodies, que es el nombre científico de los mexicanos, (porque siempre estamos trémulos). Pos por eso creo que no es conveniente darles frases gratis a esos ilustres caballeros. Así que con todo cuidado y discreción les contaré lo que se puede contar. E imaginen lo demás. Entre líneas.

Lo que vi, con estos ojos que se han de comer los gusanos, es que estos jóvenes jefes integrantes efímeros de las juntas de buen gobierno, tienen una conducta muy diferente a todos los miles de burócratas que he tratado en mi larga vida de renegado e hijo de Gengis Kan. Por eso defiendo la tesis de que hay otro México. Sin tanta burocracia. Ésa que nos hace rechinar los dientes y emitir malas palabras. Y éso, ya es mucho decir.

Es difícil de creer pero lo primero que noté es, que estos jóvenes del gobierno zapatista tienen otra conducta diferente a cualquier que hayamos visto en los funcionarios actuales del resto de México. Para empezar, rápido atienden tu solicitud de audiencia, te reciben en cuanto tienen la primera oportunidad, te escuchan atentamente (aunque lo que les propongas sea una verdadera barrabasada), te tratan como igual, se consultan entre sí en tzotzil (o tzeltal) y anotan todo. Son astutos. Toman todo con seriedad. Y te dan respuestas concretas a tus propuestas. Y cumplen. Y, en una observación muy cercana, parece que sólo piensan en la revolución, en su eterna lucha contra el capitalismo. En que los indios sean igual que los demás. En un mundo imposible que les parece posible.

“Seguiremos luchando” decían repetidamente. No eran muy expresivos pero no dejaban de decirlo. En Oventik y en La Garrucha se repitió esta advertencia. Dos palabras. Sólo dos.

Neozapatista Foto: UNAM / Gualberto Díaz

Horas y horas atienden a la gente que va a verlos. Al final, van y revisan el funcionamiento del Caracol, sobre todo de la pequeña tiendita zapatista. Hacen sumas, preguntan cosas y se alejan a otro quehacer. No los vi parar durante todo el día.

Y ya noche, cuando sonaba las cuerdas de una guitarra en unos troncos enfrente de nuestro comedor, tocando “Cartas marcadas”, hasta se daban tiempo para ir a convivir un rato con nosotros antes de hacer la mimi. Tempranito en la mañana ya estaban de pie, atendiendo más gente. Fácil, fácil, trabajan más de doce horas diarias. Ah, y no cobran ni un cinco partido por la mitad. Ah, y mantienen su energía a base de tres elementos fundamentales de la tabla periódica zapatoza: frijoles negros, café negro y tortilla dura.

De ahí sacan todo su vigor. No los vi comer otra cosa, aunque por su complexión física parecía que ni siquiera sabían de la existencia del caviar.

Durante mi larga lucha contra la opresión del individuo y la devastación de los recursos naturales he visitado muchos, muchos funcionarios, y lo visto aquí me sorprendió y me impactó tanto como el mismo relato de Rosa López.

Pareciera que estos jóvenes luchan contra el burocratismo igual que lo hacía El Che.

El zapatismo ha superado en la práctica el grave cáncer que ha destruido imperios enteros. El fucken burocratismo (perdón por el exabrupto gabacho) que nos convierte en limosneros de la justicia. Sabemos que el burocratismo soviético (y el güey de Stalin, güey es poco, junto con su espantoso culto a la personalidad), fue la clave del derrumbe de la comunidad socialista de tiempos de la URSS. Y ni modo que digan que no.

Y esto que vi es alentador, como propuesta para una nueva sociedad.

A pesar de lo lunático de mis propuestas, de hacer clubs de ecología, talleres de barro, de inglés y todas las loqueras que fluyen en mi mente, estos chavos zapatistas me escucharon con atención, para al final decirme, “lo someteremos a la asamblea, nosotros no decidimos”.

Y pues también tuve varias pláticas con otros zapatistas, funcionarios del Caracol, ya lo había mencionado en otra ocasión, y empecé a alucinar un extraño sueño mortal.

Pues resulta que no podía deshacerme de mi nostalgia chihuahueña-manzanera y, como en una película de blanco y negro, borrosa como en una bola de cristal, mi mente viajó a mi tierra tarahumara de inmediato. Pensaba, y me preguntaba, con todos aquellos ejemplos, ¿y si los tarahumaras (raramuris, debemos decir) gobernaran mi estado?

Pueblo Rarámuri Foto: www.adnpolitico.com

¡Uta!, sería un duro ejercicio mental, muchos no lo soportarían y tronaría su cerebro como palomita de maíz. ¿Se imaginan que los Raramuris gobernaran Chihuahua? Ora sí, digan Ooooooommm. Concentración. Empiezan los juegos mentales.

Juguemos. Pongan la rola de Lennon.

¿Cómo se vería un tarahumara guarachudo y zapetón como gerente de un banco, firme y firme papeles y dando órdenes para todos lados? Imagínense que el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua es un raramuri científico egresado de Harvard. Imaginen que el mismísimo gobernador del estado fuera un “compadre”, (así se dicen ellos), ¿difícil? A ver, vuelvan a decir Oooommm. ¿No se puede?

Bueno ahora traten de imaginar que los diputados fueran raramuris. O que los grandes ganaderos o industriales del estado fueran raramuris. O traten de imaginar que los huaraches y las patas rajadas llenaran la universidad. Que los vestidos coloridos se llenaran de polvo de gis.

O que los compadres se pudieran echar un T-Bon de chorrocientos pesos y unos alicapucez en La Calesa (el restaurant de mayor tradición burguesa de Chihuahuita La Bella), sería difícil de imaginar. ¿Verdad que son puras…puros juegos mentales?

Eso vino a mi imaginación cuando conocí el gobierno del Caracol. Y la única droga que había en todo el Caracol era la cafeína. Así que Oooooommmmm…sigan intentándolo. ¿No pueden? Joy, joy. Sólo en La Garrucha se puede hacer esto.

* Enviado especial de Proyecto Nedni

 

 

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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