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Con voz propia

Venezuela: El significado político de las elecciones

La victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela con nuevas repercusiones y signficados políticos en el escenario internacional

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Chavistas celebrando al victoria Foto: Reuters

Niko Schvarz*

Las elecciones presidenciales del 7 de octubre en Venezuela se sellaron con una victoria contundente de Hugo Chávez y del PSUV y sus aliados. Ha sido proclamado hasta 2019, en un ciclo iniciado el 6 de diciembre de 1998, cuando fue electo con 3:673.685 votos, el 56,2% del total. Se ha generado una situación radicalmente diferente a la imperante en todo el período anterior del siglo pasado. También ha ocurrido algo totalmente distinto a lo pronosticado por las encuestas y en particular por una desaforada campaña mediática, tanto en el plano interno como a través de las agencias y cadenas internacionales.

La contundencia de la victoria

Comencemos por esto último. En el tramo final de la campaña electoral, se difundieron profusamente múltiples encuestas que mostraban un empate técnico entre ambos contendores, e incluso algunas colocaban a Henrique Capriles a la delantera. Pero a la hora de la verdad, la ventaja para Chávez fue de 11,11% y de más de un millón y medio de votos: 8:133.952 y 55,25% para Chávez frente a 6:498.527 y 44,14% para Capriles, con una diferencia de 1:635.425 votos. La votación por Chávez fue por lejos la mayor que obtuvo en estos 14 años.

Se dijo asimismo que en comparación con las anteriores elecciones legislativas del año 2010, la oposición había crecido más que las fuerzas del gobierno. También es falso. Entre una y otra, el oficialismo ganó casi 3 millones de votos (había alcanzado 5,2 millones dos años atrás) y la oposición avanzó poco más de 1 millón (había logrado 5,3 millones de votos).

En referencia exclusivamente a las elecciones presidenciales, Chávez acaba de obtener un porcentaje similar al de su primera elección victoriosa: 55,25% ahora y 56,2% al comienzo del ciclo. Es cierto que en las dos elecciones presidenciales intermedias logró porcentajes superiores: 59,76% en el año 2000 frente a 37,52% de Francisco Arias Cárdenas; y 62,85% en 2006 frente a 36,91% de Manuel Rosales. Pero también es cierto que subió en flecha el número absoluto de votos obtenidos por Chávez: 3:673.685 en 1998; 3:757.773 en 2000, con un salto a 7:309.080 en 2006, y 8:133.952 ahora, en 2012.

Sin duda influyó en esta progresión constante el aumento del número de inscriptos y el porcentaje de participación ciudadana. En esta elección alcanzó el 80,94% (y quizá aumente en el recuento definitivo), lo que una de las cifras record en el mundo, máxime con un sistema de voto no obligatorio. Este porcentaje de participación duplica con creces los del período anterior, y representa otro cambio muy significativo.

En dicho período, Acción Democrática y el COPEI, adecos y copeyanos, se repartían milimétricamente todas las cuotas de poder, de acuerdo con el Pacto de Punto Fijo fraguado en 1958 al derribarse la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Era la época de los gobiernos corruptos y del caracazo del 27-28 de febrero de 1989, la represión sangrienta ordenada por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, contra el cual se alzó Chávez. Ahora todo cambió radicalmente.

El sistema digital para votar en Venezuela Foto: radiorebelde.ve

La reafirmación de la participación democrática

En este sentido, y en todos los aspectos, la elección venezolana significó una reafirmación rotunda de la democracia. A ello contribuyó de modo muy acentuado el sistema electoral electrónico puesto en práctica, que el ex presidente Carter, después de observar decenas de procesos electorales por el Centro que preside, calificó como el mejor sistema electoral del mundo. Esto fue confirmado sin excepción por los cientos de observadores internacionales y el millar y medio de periodistas que cubrieron la elección. Carlos Chacho Álvarez, titular de ALADI y que en esta circunstancia se desempeñó como jefe de la Misión de Acompañamiento Electoral de la UNASUR en Venezuela, publicó una página titulada “UNASUR en Venezuela: transparencia electoral” que confirma el concepto hasta el mínimo detalle.

Escribe que la misión se reunió con las autoridades electorales, los principales dirigentes políticos de ambos bloques, sectores empresariales, medios de comunicación, iglesias, organizaciones nacionales de observación, académicos, intelectuales y figuras públicas relevantes. Comprobaron que el sistema atravesó exitosamente 16 auditorías tecnológicas, las que fueron avaladas por los técnicos informáticos de la oposición. Agrega que “la jornada del 7 de octubre fue impactante por la cantidad de gente en los centros de votación y en las colas”, transcurrió en paz y tranquilidad, y “el Plan República, implementado y conducido por las Fuerzas Armadas Bolivarianas en coordinación con el Consejo Nacional Electoral, garantizó exitosamente el orden y el normal desenvolvimiento de los comicios”. Su conclusión es que “fue una jornada histórica. La democracia en la región salió fortalecida”. Señala también que la misión de Unasur dio un paso importante en la construcción de su Consejo Electoral.

Otros observadores y testigos directos han descrito con minuciosidad el funcionamiento óptimo del sistema electoral electrónico, desde que el votante se identifica mediante su huella dactilar hasta que se le marca el meñique con tinta indeleble, y en el medio elige su papeleta mediante una pantalla táctil y la introduce en la urna, para luego firmar el acta. Todos coinciden en que el sistema de controles múltiples hace que el fraude sea prácticamente imposible. Limpidez y transparencia absoluta son sus características. Y extrema rapidez en proclamar los resultados, a pesar de que se extendió el horario de votación debido al crecido número de electores. Vale la pena compararlo con el sistema que se practicó en Estados Unidos, cuando había que observar con lupa dónde estaba marcado el voto en la Florida, y luego mediante el fraude se proclamó vencedor a Bush contra Gore.

En 2002 se pretendió torcer el rumbo democrático en Venezuela con el golpe de estado de Carmona el Breve (que debe andar por EEUU) y el posterior paro petrolero. Ahora también, durante la campaña electoral, se lanzaron amenazas de todo tipo, y algún caracterizado vocero opositor proclamó que iban a sacar a Chávez “con los votos o con el plomo”. Esos peligros se sortearon con la masiva movilización del pueblo. Se consagró el método de decisión por la vía democrática y acatando la voluntad del soberano.

El pueblo venezolano se expresó sin cortapisas ni restricciones, y ello incluye a sus ciudadanos residentes en el exterior, que en todos los países votaron sin trabas y en número apreciable (Uruguay incluido). Es una buena enseñanza para nuestro país, para que se decida de una buena vez a consagrar el voto consular para todos nuestros compatriotas residentes en el extranjero.

A lo largo de la campaña electoral, en su mensaje de celebración en la noche del domingo desde el balcón de Miraflores, y en su discurso al ser proclamado por el Consejo Nacional Electoral, Chávez hizo frecuentes alusiones a su lema de: Socialismo del siglo XXI. Por el contexto de sus declaraciones, está claro que concibe el socialismo como una extensión y profundización de la democracia. En la síntesis final expresó que el pueblo venezolano había dado al mundo una lección de democracia.

Electores venezolanos en España Foto: radiorebelde.ve

Las realizaciones del gobierno y la mimetización opositora

Si tras 14 años de ejercicio el gobierno no sintió el desgaste, es sin duda porque acumuló una masa considerable de realizaciones a favor de los más amplios sectores populares, sobre todo de los más pobres. Digamos desde ya que el nivel de pobreza, que era superior al 70% antes de los gobiernos de Chávez, se redujo considerablemente en estos años. Al extremo de que según la CEPAL la reducción de la pobreza en Venezuela entre 1996 y 2010 fue la mayor de América Latina.

En este período se registró también un cambio de enorme entidad en la utilización de la renta petrolera, en un país que posee una de las mayores riquezas petroleras del planeta, con posibilidades confirmadas de una expansión todavía mayor y del ulterior fortalecimiento de PDVSA, una de las mayores empresas del mundo y totalmente en manos del Estado. En los viejos tiempos esa inmensa riqueza era desbaratada. El país importaba todos los bienes de consumo, alimentos, etc., principalmente desde Estados Unidos.

Bajo los gobiernos de Chávez esto cambió radicalmente. Buena parte del presupuesto, el 43,2%, sostenido en gran medida por la renta petrolera, está destinada a las políticas sociales: construcción de viviendas, planes de salud y en grado mayúsculo de educación y multiplicación del número de docentes, contando para ello con la eficaz labor de distintas misiones que operan en el país, con colaboración de especialistas cubanos. También están en ejecución grandes obras de infraestructura (carreteras, vías férreas, puertos, oleoductos, represas), algunas en combinación con Brasil, lo que constituye un elemento fundamental para el proceso de integración de América Latina.

Las cosas llegaron al extremo de que el candidato opositor se mimetizó, como el camaleón. No dio a conocer en la campaña su verdadero programa, que consistía en poner patas arriba las realizaciones del gobierno, que éste se propone prolongar y diversificar en el próximo período. Carriles dijo, por el contrario, que él iba a continuar esos planes, e incluso a mejorarlos y ampliarlos. Éste es sin duda un índice revelador.

Repercusión internacional, desafíos y perspectivas

Por todo ello se explica la inmensa repercusión internacional de la decisión del pueblo venezolano. Fue saludada con entusiasmo por los pueblos y por los gobiernos de América Latina y el Caribe, incluidos los de signo distinto, como el de Colombia. Las notas disonantes fueron pocas, y a la vez muy características, como la de la representante de la mafia de Miami, la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen, a la vez presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, que calificó de “desafortunado” el hecho de que el mandatario haya retenido el gobierno y tuvo el atrevimiento de acusar a Chávez de haber manipulado las elecciones.

Desde luego, los desafíos son considerables. No es soplar y hacer botellas. La oposición tiene una fuerza apreciable y representa los intereses de un sector de la población. En primera instancia va a entrar de lleno a la disputa por las gobernaciones de los estados, y en primer lugar el de Miranda, el 16 de diciembre. En la noche de la elección, se verificó un diálogo de buen tono entre Chávez y Capriles. El presidente llama a proseguir ese diálogo para una obra en común en beneficio del pueblo. Esa parte de la historia está por escribirse.

Lo que sí está claro es que el gobierno proseguirá el camino trazado, con la aspiración de profundizar sus logros a favor de las grandes mayorías. En sus últimas exposiciones, Chávez insistió en forma autocrítica en superar defectos y falencias, combatir los focos de corrupción, las rémoras burocráticas y las fallas de control y sobre todo en operar, a través de una remodelación ministerial, el seguimiento día a día de la marcha de los planes trazados para cada uno de los lugares, en contacto directo con la población.

Dijo que “se hará la transformación del Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia para convertirlo en una institución que se dedique al control y seguimiento de los proyectos del Gobierno, y de esta forma garantizar mayor eficiencia y eficacia dentro del período presidencial 2013-2019”. Adelantó algunos de esos planes, ya elaborados, para el próximo período, desde el inicio del 2013. Un capítulo especial estuvo dedicado (en todas partes se cuecen habas) al agudo problema de la seguridad.

La conclusión general de las elecciones venezolanas es que se ha retomado el giro hacia la izquierda en América Latina., que se pretendió cortar por el golpe de estado en Honduras contra Manuel Zelaya y el golpe que destituyó de la presidencia de Paraguay a Fernando Lugo (el cual anuncia que presentará su candidatura a las elecciones del 21 de abril de 2013). Del mismo modo, la incorporación de Venezuela al MERCOSUR tendrá consecuencias benéficas para sus integrantes, incluido nuestro país, unido a Venezuela por varios proyectos de mutuo beneficio. En conjunto, para el continente se afirma una perspectiva esperanzadora.

nikomar@adinet.com.uy

*El autor es analista de Barómetro Internacional en Venezuela

 

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Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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