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Con voz propia

Venezuela: “Aguacero de dólares”

En Venezuela las agencias financiadoras y organismos civiles aportan millonarios recursos en contra del gobierno de Chávez

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Aníbal Ortizpozo*

Cuando un ciudadano común, como nosotros, tiene la oportunidad de ver en la TV un video “clandestino”, donde un empresario transnacional está entregando dinero a un político, para una campaña presidencial, este acto no es casual, ni único, es parte de viejas prácticas recurrentes, de financiamiento de la derecha oligárquica empresarial nacional y transnacional. Cuando ese aguacero de billetes o bienes materiales ocurre en las concentraciones, actos de campaña, entregados por asistir a ellos, estamos en presencia del más tradicional acto de corrupción electoral, la compra de adhesión, de conciencias y de votos futuros.

En nuestra memoria histórica, sobre injerencia y compra de conciencias, naturalmente están las que ejecutó el “Congreso por la libertad de la Cultura”. Eran tiempos de la guerra fría y el anticomunismo persecutorio, o “Macarthismo”, que operó dentro del propio EEUU. Su acción intimidatoria logró una extensa colección de intelectuales financiados por la CIA, que además de su parcialidad política, predicaban “su pretensión de que eran desinteresados buscadores de la verdad, humanistas iconoclastas, intelectuales libre pensadores o creadores del arte por el arte, que se interponían contra los corruptos “escritorzuelos comprometidos”…(1) Por otra parte, se produjo el apoyo “desinteresado” a intelectuales y artistas en forma de bolsas de trabajo, becas, premios y dinero en efectivo, políticas que continúan hasta hoy, pero que deben ser objeto de otro ensayo.

En nuestro siglo XXI, especialmente cuando de desestabilizar se trata y hay en perspectiva elecciones presidenciales, el aguacero de dólares se orienta principalmente sobre los medios de comunicación, periodistas, agencias encuestadoras, dirigentes políticos y sociedad civil organizada en ONGs.

A los tradicionales agencias financieras del exterior, se han sumado nuevas organizaciones, para suministrar recursos económicos a la oposición venezolana en sobre-marcha contra la administración del Presidente Chávez, incluyendo el golpe militar del 2002.

Un dibujo político a modo de caricatura de mi autoría, publicado en junio 2007 por la Revista Koeyu Latinoamericano Nº94, titulado “Fichas del Imperio” refleja esta situación. Ahí reiteré la denuncia de la política injerencista norteamericana y el suministro de dólares para desestabilizar otros países. Fue, muy difundido porque en la imagen se podía leer los nombres de las organizaciones financieras desde Estados Unidos:

  • Center for Applied NonViolent Action and Strategies – CANVAS
  • Freedom House
  • Albert Einstein Institute AEI
  • International Republican Institute IRI
  • Department of State
  • Defense Intelligence Agency DIA
  • U.S. Agency for International Development USAID
  • National Endowment for Democracy NED

Y las organizaciones receptoras en Venezuela:

  • Coordinadora Democrática hoy Mesa de la Unidad
  • Súmate
  • Oficina de Transición
  • Resistencia Civil
  • Oposición Política Generalizada
  • Organización de Venezolanos en el Exilio ORVEX

Entre otros, periodistas de los medios impresos, digitales, radio y televisión, opositores (2), consciente que no están todos los que son, se nos ocurre incluir y preguntar por el rol que juega en el financiamiento de campañas electorales la Cámara Venezolano Americana de Comercio e Industria, VENAMCHAM y la Asociación Venezolano Americana de la Amistad AVAA, ambas organizaciones profundamente vinculadas a la Embajada de EEUU y sus intereses políticos en Venezuela.

La política económica injerencista, es conocida y ha sido denunciada hasta la saciedad en Venezuela y el mundo, por la abogada Eva Golinger, quien con su equipo jurídico desde las entrañas del imperio, analiza variados documentos especialmente los “desclasificados” de la CIA, suministrados, por ley, por del propio Gobierno norteamericano, donde se establece fehacientemente la compra y el financiamiento de campañas ejecutadas por de periodistas, dueños de medios, dirigentes de grupos políticos. También se ha financiado a sociedades civiles que se escudan bajo sospechosas ONGs, que terminan siendo descubiertas como “contratistas sembrados” en los países que se quiere desestabilizar.

“Los millones de dólares siguen fluyendo –escribe Eva Golinger– desde las agencias de Washington a los grupos políticos de la oposición, una gran parte de la cual se ha invertido en su campaña electoral. El presidente Barack Obama había solicitado un fondo especial en su presupuesto nacional este año de 5 millones de dólares para la campaña opositora en Venezuela. Ese dinero fue adicional a los más de 15 millones ya apartados para financiar grupos opositores en Venezuela a través de la USAID y sus múltiples contratistas.

El Fondo Nacional para la Democracia (NED) ha canalizado más de 1.5 millones a grupos antichavistas este año, enfocando su “ayuda” especialmente en sectores jóvenes y periodistas y medios privados. Según su último informe, una parte significativa de esos dólares fue entregada a grupos como Voto Joven, que se dedican a promover la campaña contra el Presidente Hugo Chávez dentro de la juventud. Otra gran parte de ese pote de oro fue a organizaciones como Espacio Público, dedicadas a denunciar supuestas violaciones contra la libertad de expresión en el país”.

En reciente tuit de Eva Golinger, podemos leer: “Lo que medio millón de dólares de agencias USA compra: Un joven opositor amargo y violento: Yon Goicoechea” (4) “Asimismo, –Golinger– recordó que “Duddy” (Ex embajador de EEUU en Venezuela) fue expulsado en el 2008 de Venezuela, debido a sus actividades de injerencia, este es un personaje que ha solicitado millones de dólares para financiar grupos de la oposición en Venezuela, para contrarrestar al gobierno bolivariano antes los medios de comunicación y obtener una injerencia plena, lo peor de todo esto es que la oposición venezolana es cómplice buscando acciones violentas contra su propio país y su propia soberanía”. (3)

Tropas estadounidenses en haití durante 2010 Foto: radiotrinchera.com

Haití, Honduras y Paraguay fueron las víctimas más recientes de la injerencia de USA en Latinoamérica. En la actualidad la mano peluda del IRI Instituto Republicano Internacional –información revelada por del Secretario de Estado Mark Feierstein– afirma que Colombia, México, Centro América y Perú están en la lista de prioridades. Además reveló abiertamente que se dedicará “cinco millones” para la “democracia en Venezuela”. Por su parte, Evo Morales denunció que su país estaba siendo espiado a través de USAID y declaró “estoy convencido que algunas ONGs, especialmente aquellas financiadas por USAID son la quinta instancia de espionaje, no solo en Bolivia, sino en toda Latinoamérica”.

Cuba ha sido el laboratorio por excelencia donde el IRI ha gastado millones de dólares para destruir la revolución cubana desde Washington. Las informaciones filtradas hablan que, de nueve millones que recibió para regalar a nueve contratistas, el IRI recibió 693.069 para enseñar su versión capitalista de “democracia” a los cubanos. Como es sabido, el gobierno norteamericano, paga el trabajo de la contrarrevolución, enmascarándolo como premios a los más destacados disidentes cubanos, encargados de enlodar a Cuba en los medios de comunicación transnacionales en manos de la derecha anticomunista del exterior. No olvidemos que el IRI es el sustento diario de organizaciones tristemente célebres como, Reporteros Sin Fronteras y People in Need, en sus acciones de propaganda anticubana.

En resumen, Estados Unidos invierte mil millones de dólares en las operaciones “humanitarias” en Latinoamérica y el Caribe de su llamada Agencia para el Desarrollo Internacional USAID. “Cada año, el Departamento de Estado reparte millones de dólares de los fondos públicos estadounidenses a la USAID, la NED, el IRI, la NDI, Freedom House, y otras organizaciones con nombres benignos y caras ocultas, para promover su agenda a nivel mundial, encubierta en la fachada de una ONG que trabaja en pro de los derechos humanos. En realidad, estas organizaciones promueven solo los intereses de la élite estadounidense y su sed insaciable para dominar al mundo.

Son decenas de millones de dólares, provenientes en gran parte del contribuyente norteamericano –sofocado por la crisis– que el IRI riega anualmente entre las organizaciones subversivas que genera, alentándolas a desestabilizar gobiernos legítimos. En nombre del desarrollo económico, de la ayuda humanitaria y de los derechos humanos.

Además de los fondos del Departamento de Estado, de la USAID, de la NED, el IRI recibe generosas contribuciones de grandes corporaciones, entre las cuales multinacionales tan famosas como las petroleras Chevron, ExxonMobil y BP, las transnacionales de las comunicaciones AT&T y Bell-South, el holding de cervecerías Anheuser-Busch (vinculado con la esposa de McCain), el gigante de la aeronáutica Lockheed Martin. Y de la proveedora de mercenarios Blackwater, alias “Xe Services LLC”, por cierto mejor conocida por sus crímenes que por la “promoción de la democracia”. (5)

Como chileno, no olvido, que el financiamiento del sangriento Golpe Militar en Chile, lo llamamos la gran “conspiración del imperialismo del dólar”. EEUU puso fin al gobierno de la Unidad Popular que era insoportable para los poderosos del gran capital. Para asegurar su lucro no se detuvieron ante nada. Se trataba de ganancias y privilegios. Por eso, quien busque los culpables de los crímenes horrorosos perpetrados en Chile, los encontrará, ante todo, en las oficinas de las grandes transnacionales y bancos de los EEUU y otros países imperialistas, especialmente en sus embajadas, donde efectivamente funcionó, “la confesa CIA”, sus servicios de inteligencia militar, los centros de propaganda y taquillas para la entrega de dólares. En estrecha alianza con la oligarquía nacional y los generales traidores que conspiraron para degollar al pueblo de la Unidad Popular (6)

Por eso siempre he dicho, que es correcto preocuparse por las bases militares norteamericanas, pero que hay que hacerlo mucho más, “con ojo vigilante” por sus embajadas, porque son el cerebro de la injerencia y desestabilización y la que entrega los recursos económicos para los golpes suaves y las invasiones.

En el próximo año se cumplirán 40 años del cruento golpe militar chileno financiado por el imperialismo, las empresas transnacionales y civiles de la derecha oligárquica, acciones como éstas, que cuentan con el repudio mundial, siguen produciéndose en el planeta, sin que las naciones y sus organismos tengan la capacidad y voluntad política para impedirlas. Me pregunto, ¿quién le pondrá finalmente el cascabel al gato?

ortizpozo@gmail.com

Referencias bibliográficas y de redes

1. James Petras, La CIA y la guerra fría cultural, Centro de Estudios Miguel Enrique CEME, Archivo Chile.

2. Aníbal Ortizpozo, Fichas del Imperio, Dibujo Político, publicado en Revista Koeyu Latinoamericano Nº 94, Venezuela.

3. Eva Golinger, Radio del Sur, 18 setp 2012/ Aporrea – 03/09/2012

4. Eva Golinger, Perfil de Twiter de fecha 29 sept 2012

5. Jean Guy-Allard, “EEUU gasta mil millones anuales en operaciones de injerencia”/USAID-CIA, publicado en www.contrainjerencia.com

 6. Aníbal Ortizpozo, Salvador Allende. Cien años, Todos los sueños, Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información MINCI, Junio 2008, Venezuela.

*El autor es escritor y analista de Venezuela.

 

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Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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