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Vargas Llosa, la pluma neoliberal

El escritor Mario Vargas Llosa, azote de la Europa social y de la “tiranía” cubana, pieza del Bestiario del escritor español Rafael Narbona

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En una plaza de toros en Lima, con el Rey Juan Carlos. Foto: rafaelnarbona.es

Rafael Narbona*

Mario Vargas Llosa soñó con ser Heathcliff, un galán atormentado que mantiene un apasionado romance con una mujer inaccesible. Sin embargo, sólo ha conseguido ser el palafrenero de Esperanza Aguirre, esa “Juana de Arco liberal” que alberga la ilusión de un futuro donde los pobres, los parias y los desahuciados desaparecerán por el desagüe de la historia, liberando al fin a los ricos y a los poderosos de sus insidiosas e incomprensibles protestas. Vargas Llosa es el azote de socialistas, comunistas, sindicalistas, chavistas, castristas, guevaristas, altermundistas, animalistas, solidarios, abertzales, ecologistas y antitaurinos. Si su pluma pudiera transformarse en espada, sería un Gengis Kan neoliberal, que reduciría a escombros la Europa social, con sus absurdas pretensiones de igualdad y solidaridad.

No me cuesta trabajo imaginarle con unos bigotes a lo Fu Man Chu, restregándose las manos ante las oficinas del INEM, feliz de contemplar la inmolación de los trabajadores en el altar del capitalismo, un sangriento dios fenicio que nunca logra aplacar su hambre de sacrificios humanos. Vargas Llosa es el perfecto cortesano que ha sido recompensado con un título nobiliario, gracias a su campaña contra rojos, “perroflautas”, “guarros”, antimonárquicos, ateos y degenerados. Su agnosticismo es un simple disfraz, pues es un devoto del Mercado, una menospreciada deidad que dividió el mundo en ricos y pobres, explotadores y explotados, amos y esclavos, imperios y pueblos colonizados. A fin de cuentas, es el orden natural de las cosas, la inevitable consecuencia de la lucha por la vida. La igualdad y la solidaridad conspiran contra la necesaria hegemonía del hombre superior, un logro de la civilización cristiana, blanca y occidental que se reconoce por los trajes a medida, las corbatas de seda, las numerosas amantes, las cacerías de especies en extinción, los viajes en yate y las cuentas secretas en Suiza. Vargas Llosa considera que Su Majestad Juan Carlos I de Borbón encarna ese hermoso ideal y por eso se ufana de contemplar en su compañía el martirio de un inofensivo herbívoro desde el palco de autoridades de Las Ventas. Observar la agonía del toro de lidia es algo “mágico y hechizante”. La abolición de la fiesta “sería un atropello contra la libertad” y contra la esencia de la literatura, la pintura o la música, que se inspiran indudablemente en los pases de pecho, las verónicas, las banderillas, la suerte de varas y la agonía del animal sobre el albero. Los antitaurinos son leninistas que han lazado “la última ofensiva autoritaria” y, “como es habitual”, han maquillado su vocación totalitaria de “progresismo”.

Vargas Llosa siempre ha buscado la compañía de los grandes intelectos de nuestro tiempo: José María Aznar, Fernando Savater o Rosa Díez, esa “mujer menudita y de ojos efervescentes”, con la que intercambia sonrisas y convicciones, pues ambos opinan que la unidad de España es sagrada y su imperial esencia se cristaliza en el toro de Osborne. De hecho, los dos sueñan con una bandera roja y gualda con la silueta ancestral del astado y no con el bobo escudo constitucional, que ha restado vigor a nuestro temple celtíbero y numantino. Vargas Llosa y Rosa Díez son enemigos acérrimos de “la tiranía cubana” y deploran “el celestinazgo” del memo Rodríguez Zapatero, que lanzó guiños de complicidad a la “satrapía caribeña”. No detestan menos a los “indignados”, que en sus inicios fueron “una inyección de energía para la democracia española”, pero que en el momento actual se han convertido en unos peligrosos bolcheviques que pretenden sustituir “la legalidad parlamentaria por la legalidad de la calle y la acampada”. Afortunadamente, la Unidad de Intervención Policial es “ese pelotón de soldados” del que habló Splenger como providenciales salvadores de la civilización. Sin su heroico sacrificio, los “perroflautas” venderían la patria a caudillos tan abyectos como Hugo Chávez, “cruce de superhombre y bufón” o Julian Assange, “oscuro ladronzuelo de la intimidad ajena”, “un vivillo oportunista” que se ha permitido mancillar a los Estados Unidos, sacando a la luz su comprensible tendencia a disparar primero y preguntar después. Estados Unidos es el campeón de la democracia y nadie debería escarbar en sus tuberías, pues el waterboarding, los asesinatos selectivos con aviones no tripulados y los golpes de estado contra gobiernos filomarxistas, como el de Salvador Allende en Chile, son medidas necesarias y ejemplarizantes sin las cuales el mundo se hundiría en “la parálisis y la anarquía. Y la libertad no es ni puede ser anarquía”.

VARGAS LLOSA (1)

Vargas Llosa y la excalde Esperanza Aguirre. Foto: rafaelnarbona.es

Vargas Llosa no siente ningún aprecio por “la demagogia, la retórica y los espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa”, que caracterizan a las perversas dictaduras del finado Chávez o el vetusto Fidel Castro. Sin embargo, su racionalidad cartesiana se enciende ante Esperanza Aguirre, gracias a la cual Madrid es “una verdadera potencia industrial, con la vida cultural más rica y diversificada de todo el país”. Yo vivo en Madrid y puedo certificar que la lideresa ha transformado la capital con la ayuda del “hijoputa” de Ruiz Gallardón y la perspicaz Ana Botella en un oasis de libertades, hostigando a los mendigos, asegurando la ejecución de los desahucios, apaleando a los maestros, metiendo en cintura al personal sanitario y acosando a los sindicalistas. Su lenguaje refinado (“¿qué es esa puta mierda?”, refiriéndose al Ayuntamiento de Valdequemada) y su exquisita sensibilidad estética y jurídica (“¡Habría que matarlos! ¿Tú sabes por qué habría que poner la pena de muerte? Me caen mal los arquitectos porque sus crímenes perduran más allá de su propia vida”) son la evidencia de su gran talla humana e intelectual. Vargas Llosa se suma a los que hubieran deseado asistir a su coronación como Presidenta de España. Esperanza Aguirre se hizo famosa por “responder a los insultos con ideas y no perder nunca las buenas formas”. No se podía esperar menos de una condesa que sueña con ser la Dama de Hierro española. No importa que los republicanos de Irlanda del Norte se refirieran a la inmunda Margaret Thatcher como “la peor bastarda que hemos padecido”. Aguirre era la gran esperanza de la España que combate a “una izquierda dura, dogmática y vanidosa”, reacia a las privatizaciones y el recorte de las paupérrimas ayudas sociales que fomentan la pereza y la estulticia. Aunque Esperanza no ha leído a Max Weber ni a Saramago, es la viva imagen del “político de la convicción”. Sus principios son inamovibles y con el poder del Estado en sus manos, “España nunca se habría hundido en la actual crisis económica”. Su legado siempre será recordado por ese temple indomeñable que sólo puede proceder del linaje de Isabel la Católica, Carmen Polo de Franco, señora de Meirás, e Isabel II, la reina castiza que inspiró a Valle-Inclán, príncipe de los ingenios, una notable pieza teatral con la estética del esperpento. Yo siempre asociaré a Esperanza Aguirre a la nueva Ley de Protección Animal de la Comunidad de Madrid, que redujo de quince a tres días el período de espera para sacrificar a perros y gatos en los centros de acogida. La lideresa estimó que los quince días establecidos con anterioridad constituían un despilfarro y si algún animal doméstico nacía sin hogar o sufría la desgracia de extraviarse, no merecía dos semanas de alimentos y cuidados. Esperanza, una mujer de gran coraje y sensibilidad, también prohibió alimentar a perros y gatos en la calle o pagar la esterilización de estas desdichadas criaturas para evitar su reproducción incontrolada. La muerte del más débil siempre es la mejor solución, lo más liberal y racional. Entiendo que Mario se afligiera con su retirada de la política, pues sólo un ser tan despiadado y liberal podía impulsar unas políticas tan inhumanas.

A Vargas Llosa no le quita el sueño la lucha de clases, pues eso sólo es un invento del marxismo. No le importa que le llamen facha, pues sus ideas le han situado en la cúspide y el Premio Nobel le garantiza un lugar en la historia, cerca de figuras como Camilo José Cela, delator y plagiario; Knut Hamsun, fascinado por el mito de la raza aria; Kissinger, promotor del napalm en Vietnam y los golpes de Estado en el Cono Sur; y Obama, pacificador de Oriente Medio con sus drones, sospechosamente parecidos al segundo avión que impactó contra las Torres Gemelas. Nunca se le pasó por la cabeza la idea de renunciar al Nobel, como hizo Sartre. Ese gesto sólo podía brotar de la mente de un protervo comunista. Vargas Llosa es un hombre feliz, con la sonrisa de Jafar, la malicia de Scar y la astucia de Frollo. De joven, se parecía a Gaston, el bobo galán de La Bella y la Bestia, pero un colombiano bajito, bolchevique y deicida casi le levanta a la novia. El incidente se resolvió con un contundente puñetazo y la fugaz conversión al neoliberalismo. Desde entonces, Mario se siente como Heathcliff y pasea su mirada por Wall Street y la City londinense, confundiendo sus rascacielos con las altas rocas de un páramo. De noche, escucha una voz llena de ternura y poesía. Es la voz de Esperanza Aguirre, invitándole a “hacer guardia sobre los luceros, impasible el ademán”. En esos momentos, Mario se emociona y ensaya un tango, temblando de pasión. “No hay que perder la esperanza”, susurra con mirada de ciervo enamorado. Esperanza regresará “con cinco rosas rojas” y “banderas victoriosas”, que ondearán “al paso alegre de la paz”.

Mario ha admitido públicamente que la poesía no es su fuerte, pero mi admiración hacia su inigualable talento me obliga a revelar que ha comenzado una oda, prescindiendo de la métrica. Os dejo los primeros versos: “Esperanza, eres la primavera que por cielo, tierra y mar se espera. / Siento que en España empieza a amanecer…”. No ignoro que algunos canallas le acusarán de plagio, pero yo sé que Vargas Llosa, al igual que Ana Rosa Quintana y Lucía Etxebarría, a veces se enreda con las nuevas tecnologías y sucumbe a la intertextualidad, como le sucedió con La guerra del fin del mundo, novela injustamente acusada de plagiar los diarios de Canudos de Euclides da Cunha. Esas acusaciones nacen de la envidia, pues los arrebatos líricos del conspicuo escribidor brotan del fervor lírico más puro y sincero. Os dejo otro fragmento de su poesía inédita, que apenas salga a la luz se grabará en la memoria de las generaciones venideras: “Mudo y absorto y de rodillas, / como se adora a Dios ante su altar, / como yo te he querido, Esperanza, desengáñate: / ¡así no te querrán!”.

*El autor es periodista cultural y escritor español. Esta pieza forma parte de su creación Bestiario, en rafaelnarbona.es

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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Stephen King y el escapismo literario

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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