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Con voz propia

Una voz tóxica en el grupo ‘Jornada para la libertad de los presos políticos de la OCSS’

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Por Guadalupe Lizárraga

En el grupo de WhatsApp Jornada para la Libertad de los presos políticos, administrado por la activista Norma Mesino Mesino para promover la libertad de cuatro personas inocentes, miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), existe una voz tóxica que juega con doble agenda y amenaza con campañas de “desprestigio” a quien le muestra una opinión contraria a la suya porque dice “saber mucho”.

Los falsos culpables de la OCSS son Antonio Barragán Carrasco, Gilberto Aguirre Bahena, Orlando Ávila Mesino y Gerónimo Hernández Refugio. Y la voz tóxica es la de Patricia Barba Ávila, que los llama “compañeros” y se dice “comunista”, asumiendo el control de la información que circula en el grupo.

En la lucha por la libertad de los falsos culpables y presos políticos, sin duda, hay un cúmulo de emociones negativas que arrastramos quienes levantamos el puño y la voz contra la enorme injusticia de este gobierno, y del de hace veinte años, por mantener privados de la libertad, de la salud y del derecho a una vida digna, a quienes no cometieron ningún delito, y más aún por haber sido brutalmente torturados para que se declararan culpables y justificar el encierro. Pero el respeto a las diferencias ideológicas es parte implícita de esta lucha, de estas emociones, porque no se trata de aborregarnos y aplaudir todo del gobierno en turno con la esperanza de que quite los candados de las celdas que fueron puestos contra derecho.

La dignidad y la crítica ética han sido prácticas que los propios presos políticos nos han enseñado en el camino de esta lucha, y hablo especialmente por Antonio Barragán Carrasco, sobreviviente de tortura a manos de Eduardo Gallo y Tello, en 2001. Con 108 pruebas a su favor, Antonio sigue entrampado en un proceso con graves irregularidades, por la consigna de quien ha sido uno de los donadores económicos de la asociación En Vero, dirigida por David Bertet, con la que convive Patricia Barba, al lado del ex CISEN Ricardo Raphael, todos, parte del club de calumniadores intentando sacar ventaja del caso Wallace.

En un grupo que trabaja para promover la libertad de los presos políticos, se asume que sus integrantes tienen derecho a expresar sus opiniones sobre el gobierno o sobre cualquier otro tema de interés sin ser reprendidos por los demás miembros. Éste es el ejercicio de orden liberal, es decir, de las libertades individuales que ejercemos en las redes sociales y que implica el respeto a las diferencias ideológicas. Los miembros de la OCSS no pudieron ejercer este derecho en 1995, y fueron masacrados. Entre éstos, dos sobrevivientes que han estado presos con falsos delitos –Antonio Barragán y Gilberto Aguirre Bahena– durante cuatro gobiernos y, que el actual, el de López Obrador, tan solo por congruencia con sus promesas públicas, debería de haberlos puesto ya en libertad y reparar el daño que les ha hecho el Estado mexicano.

Sin embargo, no sólo no han liberado a los falsos culpables, sino que además se siguen cometiendo graves violaciones de derechos humanos cada día, como las recientes ejecuciones extrajudiciales en la comunidad indígena de Coyomeapan, bajo el membrete Morena y con la manipulación de los hechos, llamando “enfrentamiento” cuando los indígenas no traían armas.

Pero señalar éstas y otras violaciones del actual gobierno mexicano es suficiente para despertar la ira de Patricia Barba Ávila, integrante de este grupo Jornada para la Libertad, que con incontinencia verbal descalifica e insulta. Esta vez lo hizo con los miembros de la Red Solidaria Década contra la Impunidad. Organización que ha liderado el litigio ante la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) para que el Ejército rinda cuentas sobre la masacre de El Charco, perpetrada en 1998.

Recientemente, la organización Red Solidaria pidió a Los Ángeles Press apoyo en la difusión de un comunicado ahora sobre la integración y presentación del caso de detenciones arbitrarias e ilegales del Ejército contra indígenas nahuas en 2006, como fue el caso de Tzompaxtle Tecpile, ante la CIDH. Información que Antonio Barragán amablemente compartió en el grupo Jornada por la Libertad de los presos políticos.

 

Los comentarios de Patricia Barba sobre la organización Red Solidaria Década contra la Impunidad redundaron en calificaciones de “tramposos”, “facciosos”, y dudó de la legitimidad de la defensa por parte de los miembros de la Red usando el adverbio “dizque”, además de ubicarlos como “seguidores de la línea USA Corporation, elite criminal…”.

Tras estos comentarios de Barba, la abogada María Elena Hernández, de AMAP-Guerrero, hizo un respetuoso llamado de atención por el tono descalificador, que en mi caso la secundé porque claramente Barba ignora la trayectoria de la organización al insistir en que las críticas deben ser a los otros gobiernos del pasado y no a éste. Pero la reacción de Barba fue dirigir su odio hacia mi persona y lanzarme amenazas con “desprestigiarme porque sabe mucho de mí”, dice, además me ordena que me calle. La compañera comunista de los presos políticos no tolera la crítica a este gobierno, pero además se adjudica el derecho a callar a los demás y de amenazarlos. Lo cual es una grave falta de respeto no sólo para la receptora de las amenazas, sino para todo el grupo.

No dudo que Barba sepa mucho de mí, incluso sabe mi domicilio en California, porque vivió en él, aún en mi ausencia. Se dijo perseguida por sus comentarios sobre Isabel Miranda de Wallace, y salió huyendo de Tijuana pidiendo mi ayuda. Mi familia le abrió las puertas de mi casa, mientras yo trabajaba de maestra bilingüe en Nuevo México, en 2015. Después de un tiempo en California, la llevé en mi auto a Nuevo México para que trabajara y siguiera protegida. Sin embargo, nunca buscó trabajo, y los gastos de su existencia durante ese tiempo corrieron por mi cuenta, hasta que decidió regresar a México. En un par de ocasiones, me pidió prestado para sobrevivir, así me lo dijo, y para comprar un uniforme para el trabajo. Y sin dudar le volví a dar la mano.

Mi trabajo periodístico sobre el falso caso Wallace que ha generado tantas discordias, también impactó los ánimos de Barba, sobre todo tras mis denuncias contra Ricardo Raphael por su plagio, y quien ahora simula verse amenazado también por Isabel Miranda, aunque se dirige a ella todavía como “activista” a sabiendas de sus torturas. En otro momento de 2019, Barba intentó entrar a la conferencia matutina del presidente en mi nombre, sin estar acreditada para ello, y sin haberme informado previamente. Situaciones que han intensificado su encono hacia mi persona y mi trabajo por haber denunciado ese abuso de confianza.

Hoy, su amenaza de desprestigiarme, es algo que ya hizo el mismo gobierno de López Obrador desde que denuncié en la mañanera a Isabel Miranda y a la exdiputada federal María de los Ángeles Huerta del Río en 2019. Y quien se encargó de hacer ese primer trabajo de calumnias y mentiras fue Sanjuana Martínez, con dinero público y la estructura de la agencia Notimex. Una campaña de odio en mi contra, y en contra de otras siete periodistas, que aún no han termina. Lo mismo ha hecho el coordinador de comunicación de presidencia Jesús Ramírez Cuevas, quien censuró mis denuncias en la misma mañanera.

Y hasta el presidente López Obrador cuando le informé las agresiones de Sanjuana Martínez, su respuesta fue que no lo creía, porque ella era muy profesional. Luego ante mi insistencia por las víctimas de fabricación de culpables, el presidente dijo haciendo aspavientos con las manos: “ya no quiero escuchar esto, quiero que se resuelva”. Sin embargo, la forma de resolverlo para sus subordinados no es poner en libertad a las víctimas, pese a haber demostrado su inocencia, sino la disposición de recursos para implementar ataques a mi persona, campañas de desprestigio, espionaje de sus empresarios allegados y manipulación de la información que he dado a conocer sobre el falso caso Wallace y otros casos sensibles. Hasta narcomantas y amenazas a mi familia. Todo esto, insisto, con el sello Morena.

De tal suerte que, las amenazas de desprestigio de la compañera Patricia Barba Ávila me resultan pueriles, como sus calumnias. En su afán, alude a un pago no hecho de una traducción del libro de Brenda Quevedo Cruz, una contribución que hizo por su propia voluntad. Pero por mero sentido común pregunto: ¿por qué yo tendría que pagar la traducción del libro de Brenda? ¿Qué responsabilidad tengo yo en ello? En carta pública, promovida por Ricardo Raphael, la misma madre me pidió que dejara el caso de su hija. Y eso hice.

Esta historia es contada, porque para defender la libertad, nuestra o la de los demás, se necesitan ciertos principios éticos y valores, como bien lo saben los defensores de derechos humanos. La congruencia, por un lado, y la valentía para mirar de frente después de un error, por otro, son bastones para cualquier camino borrascoso en nuestras luchas; pero la dignidad y el respeto, indispensables. Porque la violencia en todas sus expresiones, incluso en las más sutiles formas de los diferentes rostros del gobierno, cansa, y es inaceptable para la experiencia que hemos acumulado en tantos años de estar defendiéndonos que una voz tóxica todavía nos dé la orden de callarnos.

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Hablemos de la mentira en el periodismo, la columna de Alberto Villa

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Hablemos de la mentira en el periodismo, la columna de Alberto Villa

Por ejemplo, el 30 de octubre de 1938, mientras en Europa Hitler invadía territorios, miles de estadounidenses encendieron su aparato de radio como era costumbre en los hogares. Pasadas las ocho de la noche, como sucedía desde julio de dicho año, el programa Mercury Theater on Air, creado por el prodigioso Orson Welles, que tenía 23 años, iniciaba su transmisión en la que dramatizaba obras literarias. Al principio de la emisión, Welles leyó su mensaje introductorio acostumbrado, anunciando la obra a representar. En este caso lo hizo de manera veloz y, dado que ocupó unos pocos segundos, hubo quien no alcanzó a escucharlo y no se informó que los siguientes minutos de transmisión serían ficción. Puro entretenimiento. Una simulación. Aunque, al parecer, no fue así para todas las personas radioescuchas.

Lee más sobre el autor: Sin datos no hay historia

El tono de la narración y producción, con supuestas conexiones con el exterior de la emisora, tuvieron como efecto acelerar el drama de unos supuestos extraños episodios en el cielo. Al filo de la media hora de transmisión, se reportó que un meteorito con apariencia cilíndrica había hecho contacto con el pueblo real de Grover’s Mill, en Nueva Jersey. No cabía duda, según lo que se decía en los micrófonos, los marcianos invadían la Tierra.

La historia de los efectos del programa, mitificada a lo largo de los años, dice que la transmisión de La guerra de los mundos, que de esa obra se trató, generó un pánico nunca antes visto en las audiencias. Sin embargo, no hubo datos fiables que certificaran dicha afirmación de manifestaciones en reacción al programa radial. De aquí, ¿mintió Orson Welles?, obviamente no. Él informó de que esa transmisión era una ficción. ¿Qué ocurrió entonces?

Debemos describir el contexto social y político que se vivía entonces. Aires de guerra cruzaban los continentes. Los temores sociales se multiplicaban. Desde ese contexto se produjo la creencia por encima del sentido crítico de las audiencias. Para los no informados era posible. Algo estaba ocurriendo. Las personas tienden a buscar indicios que consoliden sus creencias previas. Aunque erróneas. Posibles.

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Ya lo dijo en 1978 Milan Kundera, en El libro de la risa y el olvido:

“Para liquidar a las naciones, lo primero que se hace es quitarles la memoria. se destruyen sus libros, su cultura, su historia. y luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces la nación comienza otra vez a olvidar lo que es y lo que ha sido”.

Es lo que el franquismo llevó a cabo en España luego de tomar el poder. Borró la memoria histórica y construyó una nueva historia basada en la mentira.

Cuando esa acción de alterar la realidad es deliberada, no fruto de un error, o de creencias insólitas e infundadas, entonces se está mintiendo. De aquí que sigan ocultándola tras los desproporcionados plazos de la norma propuesta para los llamados secretos oficiales.

“En su determinación clásica, la mentira no es el error. Se puede estar en el error, engañarse sin tratar de engañar y, por consiguiente, sin mentir”… “pero la mentira es un acto intencional»: mentir será dirigir a otro u otros un enunciado o más de un enunciado, que el mentiroso sabe, en conciencia explícita, que constituyen aserciones total o parcialmente falsas…”. De Jacques Derrida, en Historia de la Mentira. Prolegómenos.

 

Cuando el periodista emite mensajes de este tipo, no ejerce el periodismo.  A lo sumo el de publicista o propagandista, pero no el de periodista. El periodista tiene un compromiso con la búsqueda de la verdad, desde sus creencias genuinas. Máxime cuando en el mundo de la política se considera a la mentira como una herramienta más de la gestión.

Repitamos lo definido por Kapuscinski:

“Creo que, para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas.”

Quién miente a sus lectores, o audiencias, no es una buena persona. No lo olvidemos.

***

El autor Alberto Vila es economista y consultor en Marketing político. Columnista en medios de Madrid y Barcelona. 

Fotografía: CordonPress

Fuente: luhnoticias.es

 

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Foro Público: La narco violencia sepulta la política de seguridad de López Obrador

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Foro Público: La narco violencia sepulta la política de seguridad de López Obrador

Foro Público

La semana pasada la violencia se volvió a desatar de la forma más visible posible, pues se suscitaron narcobloqueos y quemas de vehículos y establecimientos comerciales en Jalisco, Guanajuato, Chihuahua y Baja California, lo que evidenció que la política de seguridad implementada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para la pacificación del país.

El mandatario federal que ha reiterado que implementará una política “abrazos no balazos” contra el crimen organizado ha sido cuestionado por la falta de resultados en materia de reducción de la violencia, pues en octubre de 2019, unos meses después de rendir protesta se presentó el primer gran desafío de su gobierno en materia de inseguridad en Culiacán, Sinaloa, donde los integrantes del Cártel de Sinaloa mostraron el músculo armado con el que cuentan para dejar en jaque al Estado mexicano con la detención de Ovidio Guzmán Loera, el hijo del líder de esa agrupación criminal, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

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En esa ocasión el gobierno federal decidió replegar las fuerzas armadas para liberar al hijo del capo, bajo la justificación de garantizar la integridad de la población civil, ya que se habían presentado distintos hechos violentos que provocaron el pánico entre los habitantes de esa ciudad por la organización y coordinación de este grupo criminal.

López Obrador refirió que se priorizó la seguridad de las personas sobre la detención del hijo del narcotraficante, sin embargo, en términos generales se mostró la debilidad del Estado al ceder a los chantajes de una organización criminal, lo que también derivó en la inconformidad del gobierno de Estados Unidos que amagó con enviar militares al territorio mexicano ante la ineficacia de las autoridades locales.

Sin embargo, ese episodio no fue el único que ha generado caos y pánico social, pues organizaciones como la DEA han advertido sobre el enfrentamiento por el control territorial del Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), siendo este último el que mayor crecimiento tuvo durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Con los hechos ocurridos en esta semana se mostró nuevamente la capacidad de organización de los grupos criminales que han retado abiertamente al Estado mexicano, luego de que el presidente anunció que la Guardia Nacional se incluiría al modelo administrativo de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Los bloqueos en Jalisco y Guanajuato que se desarrollaron casi de forma simultánea evidenciaron que los cárteles de la droga son capaces de atentar contra la población civil, por lo que desmitifica la versión de falsa protección que brindan a los habitantes y se reflejan como delincuentes sin escrúpulos.

Esta situación de violencia que se ha profundizado en diferentes regiones del país han provocado que exista un malestar general sobre las acciones de combate a la inseguridad y violencia que ha emprendido el gobierno federal y cuyo discurso cada vez parece más obsoleto y rebasado ante agrupaciones armadas que no están dispuestas a seguir una política pacífica, sino que por el contrario han tratado de armarse mejor.

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Si bien es cierto que la responsabilidad total de la violencia no recae exclusivamente en López Obrador, pues es la herencia de una estrategia fallida de seguridad que emprendió Felipe Calderón en 2006 y que ha dejado cientos de miles de muertos, situación que continuó con Enrique Peña Nieto y que se ha mantenido en el actual sexenio, es la responsabilidad del gobierno actual tratar de reducir los niveles de violencia en el país y demostrar que el Estado mexicano puede garantizar la gobernabilidad.

Nota aparte: El gobierno federal debe dejar a un lado delegar responsabilidades a sus antecesores o acusar a la oposición, pues lo cierto es que el problema de la inseguridad será uno de los grandes pendientes que también heredará a la siguiente administración.

 

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Militarización, terrorismo y el uso politiquero de la desgracia

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Militarización, terrorismo y el uso politiquero de la desgracia

 

TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

Politiquería. Es la palabra que resume la actitud de López Obrador ante la grave crisis que vive ya, en todos los órdenes, el país.

Su anuncio de dejar al Ejército y la Marina en las calles, más que una bofetada, es una traición al “pueblo bueno”, a sus principios ideológicos, a su palabra, a la Constitución y, por ende, a la patria.

El pretexto de la militarización, será este ambiente de terror que viven varios estados de la república.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) pisotea la Constitución, pulveriza la división de Poderes y se brinca grotescamente al Congreso, para apuntalar una decisión que ni siquiera llega a decreto.

Para leer más del autor: ¡Menos días, presidente AMLO!

 

A partir del 15 de septiembre, anunciará el traslado de todas las responsabilidades de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma:

¿Por cuál fuero va a ser regulada la actuación de la Guardia Nacional, el civil o el militar? Esos uniformados de gris, que usted ve pasar por las calles ahora con tanta profusión, serán los encargados de resguardar el orden y la paz pública.

¿Qué pasará si hay un abuso o un exceso en el uso de la fuerza contra civiles? ¿El caso será ventilado en una corte militar, ya muy lejos de los juzgados del fuero común, o cómo va a ser el asunto?

Pueden darse violaciones a los derechos humanos. La pregunta viene al caso porque, aunque no nos guste a la mayoría, la militarización es casi un hecho ante una Suprema Corte convertida en un muro de lamentos.

AMLO no ha aclarado este punto. Evadió la pregunta el pasado miércoles y hasta la fecha guarda silencio al respecto. ¿Bajo qué fuero serán regidas las acciones de la Guardia Nacional?

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Una cosa es la popularidad y otra la eficacia. Las encuestas no corresponden, ni de lejos, a la calificación que tiene la 4T en materias como: Seguridad Pública, Seguridad Nacional, Salud, Educación, Economía, Comunicaciones, etc, etc, etc.

El país ya se encuentra en la mira de los principales organismos internacionales no sólo por el caos interno que se vive, sino por las políticas que pretende aplicar el gobierno federal, como es el caso de la militarización.

¿Un traidor en Palacio? 

Lo más grave aquí, insistimos, es que el mandatario ha abjurado y literalmente nos ha traicionado. Su primer acto jurídico al asumir la Presidencia fue: jurar “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen”. Hoy, abiertamente ha violado ese juramento.

Como aspirante presidencial nos dijo: “Si por mí fuera, yo desaparecería al Ejército y lo convertía en Guardia Nacional. Declararía que México es un país pacifista…”. Incluso declaró que “el Ejército y la Marina se convertirían en Guardia Nacional para garantizar a los mexicanos su seguridad”.

 

En entrevistas expresó: “No se resuelve nada con el uso del Ejército, de la Marina”; “no necesitamos un Ejército para la defensa”; “nosotros no vamos a apagar el fuego con el fuego”.

Fue más allá. Al principio de su sexenio prometió: “Vamos a enfrentar el problema de la inseguridad y la violencia atendiendo las causas”.

Hace 12 años, con rostro de buen hombre, ante reporteros o en mítines públicos gritoneaba: “No podemos nosotros aceptar un gobierno militarista. Que no se utilice el Ejército para suplir las incapacidades de los gobiernos civiles”. “Que regresen los soldados a los cuarteles. Se tiene que profesionalizar a las policías”.

Hace 10 años lo reiteró: “tenemos que ir sacando al Ejército de las calles”. Pero en 2020, dos años después de asumir el poder, su discurso cambió radicalmente: “Aunque me critiquen de que quiero militarizar al país, voy a seguir insistiendo en que nos deben de ayudar (sic) las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública”.

No me vengan con que la constitución  

Este año, sin haberse discutido en el Congreso la reforma constitucional respectiva, anuncia el decretazo: “Les adelanto que la Guardia Nacional pasa, completa, a la Secretaría de la Defensa”. Esto lo confirmará el 16 de septiembre, durante el desfile militar.

Es una abierta amenaza, para lucir los tanques y aviones, e intimidar a todo aquel que se quiera oponer. De hacerlo, López Obrador habrá consumado la traición a la patria. No sólo habrá cometido perjurio. Habrá traicionado el legado juarista al que él se había sometido cuando decía:

“El presidente Juárez sabía que no podíamos apostar a una república militar, sino a una república civilista…”

Como opositor, cuando Peña Nieto intentaba promulgar una Ley de Seguridad Interior, decía que cuando se habla del gabinete de seguridad, los gobiernos “de antes” sólo pensaban en que estuvieran ahí el secretario de la Defensa, el de Marina, de Gobernación, Seguridad Pública, el Procurador”.

Daba lecciones de política, moral y buen gobierno, al precisar que en el gabinete de Seguridad deberían estar los secretarios de Desarrollo Económico, Educación, Salud… Pero ya en el poder, nada de esto se cumplió. López Obrador mintió y están las evidencias a flor de piel.

En plena pandemia, como señalamos la semana pasada, hubo un subejercicio de 25 mil millones de pesos en materia de Educación y también un criminal subejercicio en materia de salud. Sólo ha gastado el 27% de los recursos presupuestados en este rubro.

Se desplomaron dramáticamente los programas de vacunación a menores durante este régimen. No ha gastado, por ejemplo, en prevención y control de enfermedades, vigilancia epidemiológica, obesidad, salud materna, salud sexual. Todo el dinero se ha ido al AIFA, Tren Maya, Dos Bocas.

Los programas de política social, traducidos en becas y pensiones, tampoco han dado resultado. El empleo para 32 millones de jóvenes cada día es más precario y mal pagado. De los 15.5 millones de jóvenes que trabajan en México, 10.8 millones no tienen ingresos suficientes y 9.4 millones carecen de acceso a la salud y seguridad social.

Desastroso pues, el mandato del hombre que buscó tres veces la presidencia de la república y que ahora, en medio de la guerra entre cárteles del crimen organizado, admite púbicamente su patética gestión, su fracaso como estadista y su traición a los mexicanos.

Existen sospechas de que los hechos de violencia y terror fueron armados desde el propio gobierno. De lo contrario, los capos se burlaron nuevamente de él y de la Defensa.

Si te lo perdiste: T-MEC y seguridad nacional: ¿Confusión mental o esquizofrenia?

 

Otro operativo para intervenir en una reunión de narcos y detenerlos, terminó en fracaso. El “doble RR” y el “Apá”, se les fueron, se les pelaron, como dicen en el barrio. Ése es el resumen de su sexenio: armisticio para Ovidio Guzmán, e impunidad a los demás.

López Obrador arrastra hoy a sus ideólogos a un discurso dialéctico fallido; a tragarse sus palabras y enderezar alocuciones inentendibles y nada creíbles. La autoridad moral que presumían se desfondó: El camino de la 4T está lleno de abrojos. Sólo los fanáticos no lo pueden ver.

El odio del pueblo: Gracias por tomarse la foto con mi dolor 

AMLO empieza a probar, a fuego lento, el sinsabor, la amargura y el odio de un pueblo que se siente engañado, que le reprocha aquello que él mismo reprochó cuando fue candidato. Le darán la espalda tarde o temprano, tal y como ahora él lo hace.

“Gracias por tomarse la foto con nuestro dolor…” Una frase que resulta simbólica y que resume los resultados de un sexenio perdido, no sólo por las desgracias naturales e imponderables externos, sino por mentir, manipular y traicionar.

Demagogia, blasfemia, es lo que se ve en el pequeño discurso que sobre Juárez alguna vez enderezó cuando aspiraba a gobernar. Ese gabinete “social” que tanto preconizaba, hoy solo transpira soberbia e incapacidad, con una Luisa María Alcalde Luján, que dice no ser la encargada del rescate de mineros.

La misma desfachatez con que la señora Beatriz Gutiérrez Muller contestó, cuando un ciudadano le preguntó: ¿Cuándo atenderá personalmente a los padres de niños con cáncer?, a lo que la escritora contestó: «yo no soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos».

Sólo falta la risotada, luego de aquella frase: “Ahí están las masacres”; y una leyenda final en la lápida: “tengan, para que aprendan”, pero no en la de los tecnócratas, sino en la de sus fans.

 

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