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Con voz propia

¿Un violador de derechos humanos a la Suprema Corte de Justicia?

La Suprema Corte de Justicia de la Nación en México podría ser contaminada con la trayectoria violatoria de derechos humanos de Eduardo Medina Mora

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Embajador Eduardo Medina Mora. Foto: red

Embajador Eduardo Medina Mora. Foto: red

Amador Rodríguez Lozano

La Suprema Corte de Justicia de la Nación es el máximo tribunal del país. Es la institución que dice la última palabra respecto a lo que estipula la Constitución, resuelve los conflictos entre la federación y los municipios del país. Es también quien evita los excesos del poder y obliga a las autoridades a respetar sus derechos humanos de los habitantes de México. No hay un solo acto jurídico, salvo lo electoral, que no esté sujeto a su revisión, de ahí la importancia de que sus miembros, no solo sean juristas distinguidos, sino hombres y mujeres de Estado con gran calidad moral, honestidad acrisolada, independencia e imparcialidad, conscientes de su alta responsabilidad ante la nación.

De ahí que Eduardo Medina Mora no deba ser electo ministro de la Suprema Corte de la Nación. Éstas son mis razones: Primero, no reúne todos los requisitos que exige la Constitución, no importa que la Comisión de Justicia del Senado, sin mayor estudio, lo haya considerado elegible. Ciertamente los requisitos formales señalados en la fracción I, II y III del artículo 95 de la Constitución, sí los cumple: es ciudadano mexicano con plenos derechos, tiene título de abogado con más de 10 años de antigüedad y tiene más de 35 años de edad. Los problemas empiezan con el párrafo IV “gozar de buena reputación” ¿Tiene Eduardo Medina Mora buena reputación? No, y lo voy a demostrar. El diccionario jurídico mexicano se refiere a la buena reputación cuando trata del requisito para ser ministerio público, este requisito debe tener mayor relevancia para la elección de un ministro de nuestra Corte Constitucional, “la reputación, señala el diccionario del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, tiene que ver con la fama y el prestigio de una persona que le reconocen los demás, por los comportamientos que ha demostrado a lo largo de su vida, la cual siendo honrada y decente es reconocida como tal. Comportamientos que se traducen en un compromiso real, no aparente, con la excelencia personal, comprendida ésta, como aquella práctica reiterada de las virtudes cívicas, en las que se identifica principalmente el humanismo, es decir el reconocimiento de que toda persona humana esta investida de una alta dignidad y como tal debe ser tratada”, hasta aquí la cita del diccionario jurídico.

Me pregunto si Medina, como director del CISEN, institución que realiza labores de espionaje, responsable, entre otras tareas, de la vigilancia telefónica ilegal de los políticos, grupos sociales y en general de los opositores al gobierno, ¿respetó la Constitución? ¿Medina Mora respetó las garantías de las personas? ¿Las trató con dignidad y respeto? Claro que no, Medina Mora fue un instrumento del gobierno de Vicente Fox para espiar ilegalmente a todos los opositores de su gobierno, violando flagrantemente sus garantías de seguridad y privacidad. Como Secretario de Seguridad Pública Federal y procurador general del país, tuvo acciones similares, de reiterada violación de los derechos humanos y de las garantías jurídicas en general.

Describo algunos casos. En el ejemplo de Atenco, pueblo del Estado de México, cuyos pobladores se opusieron a que le quitaran sus tierras para construir un aeropuerto, Medina Mora como secretario de Seguridad pública federal, permitió primero las atrocidades cometidas contra este pueblo, siendo Peña gobernador, lo que tal vez le esté valiendo estar en la terna del Presidente. Más tarde como procurador, les negó la posibilidad de investigar tales hechos y les dio carpetazo. Rechazó la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Durante este operativo 26 mujeres denunciaron violaciones sexuales. Este caso sigue en investigación en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En 2008, no aceptó una recomendación de la CNDH, sobre la violación de derechos humanos en el caso de la explosión de la mina Pasta de Conchos, lo que motivó que fuera finalmente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la que obligara al gobierno mexicano a reconocer dicha violación. Violó los derechos humanos de Jacinta, Teresa y Alberta, tres indígenas otomíes a las que acusó falsamente de haber secuestrado a seis agentes de la ya desaparecida Agencia Federal de Investigación. Amnistía internacional las consideró presas de conciencia y la Suprema Corte les otorgó amparo, revocó la sentencia y las declaró inocentes.

Permitió la violación del territorio nacional, al hacerse de la vista gorda, de la famosa operación “Rápido y furioso” que introdujo armas ilegalmente desde Estados Unidos de América como parte de una operación encubierta fallida. Además mintió a México como procurador y, ahora, al Senado, diciendo que no sabía de tal operación. Hay documentos públicos estadounidenses, que demuestran que sí estaba informado (documentación comprobatoria #230, al informe del Congreso de USA, titulado: R&F, la anatomía de una operación fallida, hecha pública el 31 de Julio del 2012).

Como procurador llevó el proceso tan famoso de Florence Cassez, el cual al final, la Corte declaró ilegal, con todas las repercusiones internacionales, que nos llevaron casi a la ruptura de relaciones diplomáticas con Francia. Medina Mora también fue acusado en España de violar los derechos de una ciudadana española Cristina Valls, por actos de tortura, acusación que si bien fue desechada, seguramente por una gran actividad diplomática del gobierno de Calderón, fue una querella que al final fue analizado por el Tribunal constitucional de aquel país. Todos los anteriores hechos nos demuestran fehacientemente que Eduardo Medina Mora, no tiene buena reputación, sino todo lo contrario. Por lo que no reúne el requisito de la fracción IV Del artículo 95.

En la fracción V, la Constitución establece que debe haber residido en el territorio nacional los últimos dos años antes de su designación. A todas luces no reúne este requisito, pues ha estado residiendo en la ciudad de Washington, D.C., como le corresponde como embajador de México ante el gobierno de USA. Antes de eso, fue embajador en Londres. Querer realizar una interpretación política de la Constitución es inaceptable, en el sentido de que la embajada mexicana en Washington es territorio nacional. Esto es una total falacia, primero, pues el derecho internacional no reconoce a los lugares de las embajadas como territorio de los países que establecen tal sede diplomática en su capital, es tan sólo un hecho de reciprocidad internacional, donde se respetan las los territorios donde se asientan las embajadas extranjeras, para que se respeten en dichos países las propias. Así lo considera la Convención de Viena sobre Derecho diplomático vigente, pero además, independientemente de lo anterior una cosa es el status de la embajada y otra la residencia del embajador.

Ahora bien, ¿cuál es el bien jurídicamente tutelado de esta disposición respecto a la residencia en territorio nacional? Que el que vaya a ser ministro de la Suprema Corte de Justicia tenga arraigo y esté totalmente familiarizado con los asuntos cotidianos del país, sobre el particular, los de carácter jurídico. El Tribunal Electoral Federal, al referirse a la residencia en materia electoral, ha señalado que: la vecindad y la residencia no se prueban sólo con la existencia de domicilio, ya que también se deben acreditar el tiempo y la efectividad de las mismas, ya que el concepto de vecindad implica elementos de fijeza y permanencia que consiste en mantener casa, familia e intereses en una comunidad social determinada… Tampoco cabe excepción alguna; porque si la hubiera, la tendría que expresar la propia Constitución y no lo hace.

En sentido contrario, en 1994, como senador me tocó eliminar una excepción a tal disposición, en el sentido que se podía conservar hasta seis meses la residencia cuando se estaba en un servicio público. Tampoco le son aplicables los conceptos que pretende en el documento, en el cual el presidente Peña lo postula, alegando que la ley del Servicio exterior y el Código civil les permite mantener a los diplomáticos su domicilio. Erran terriblemente los asesores que le hicieron este documento a presidente Peña, pues primero, domicilio es algo totalmente distinto a residencia, una persona puede tener varios domicilios: el de trabajo, el fiscal, el conyugal, etcétera, pero sólo una residencia. Y, segundo, no es válida jurídicamente tal argumentación, porque aun siendo cierta, la jerarquía de la norma constitucional sobre las leyes secundarias, hace inaplicables estas últimas. Por lo tanto, el actual embajador no llena tampoco el espíritu ni la letra de la norma. Medina Mora tampoco cumple el requisito de residencia que establece la Constitución.

Los requisitos de la fracción VI son meramente formales y se refieren a no tener ciertos cargos en la administración pública federal o ser diputado federal, senador, gobernador de algún estado o Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Aparentemente, el embajador los reúne, porque no ha tenido recientemente ninguno de estos cargos, pero el interés jurídicamente tutelado es la imparcialidad frente al poder ejecutivo y estos requisitos no los llena Medina Mora, primero porque el propio presidente Peña lo evidenció al expresar que mandó una terna con Eduardo Medina Mora.

No, señor presidente, la terna es de tres y no de uno. Además se corre el rumor en el Senado, que personal del Ejecutivo está tratando de comprar votos en su favor. No sé si sea cierto, pero cuando el río suena es que agua lleva; además, tal como lo señala el senador Javier Corral, el expresidente de la Corte Mariano Azuela, íntimo amigo del ex presidente Salinas, principal impulsor de Medina Mora, estuvo en el Senado, tratando de convencer a los senadores que aprobaran a Medina Mora. ¿Por qué tanto interés?

Pero, además, no hay tal imparcialidad en el actual embajador en Washington, sirve a los intereses del Ejecutivo en turno. En Atenco, ayudó a Fox y al entonces gobernador Peña; en Michoacán, detuvo ilegalmente –en una acción sin precedentes– en la historia política reciente, espectacular y televisada, a 38 presidentes municipales de Michoacán, sin cumplir el requisito de desafuero que la Ley establece, los detuvo sin pruebas, para intentar que el PAN de Calderón ganara las elecciones michoacanas. Todos los presidentes municipales salieron libres por falta de pruebas. Lo mismo se puede decir del caso de la mina Pasta de Conchos, privilegió las instrucciones presidenciales de proteger a los intereses de los propietarios de las minas. Finalmente, sirvió a los intereses presidenciales al solicitar la acción de inconstitucionalidad en contra de la legislación del aborto en el Distrito Federal, acción que por cierto perdió. Entonces, ¿dónde está la imparcialidad e independencia frente al Poder que debe caracterizar al titular del Ministerio Público Federal? Los ejemplos nos demuestran que de aprobarse su nombramiento como ministro sería un lacayo jurídico del presidente en turno y de los intereses más regresivos del país.

Por último, el párrafo final del articulo 95 mandata que se debe preferir a personas que se hayan destacado por su eficacia, capacidad y probidad en la procuración de justicia, cualidades que con lo arriba expresado se demuestra que Eduardo Medina Mora ni es eficaz, ni tiene capacidad ni eficiencia, pues según datos de México, el índice delictivo en 2007 fue del 97%, y la impunidad en ese mismo año fue del 98.76%.

En febrero del 2008, México Único en contra de la Delincuencia y consulta Mitofsky encontraron, en una encuesta nacional, que el 41% de los mexicanos sostenía que era mucha la corrupción en el Ministerio público. Según el CIDE, del 2005 al 2008, (Medina fue procurador del 2006 al 2009), de acuerdo con las víctimas, calificaron con un 4,1 de escala de uno al 10, la eficacia del Ministerio público. Podríamos seguir dando cifras, pero el resultado es el mismo, como secretario de Seguridad pública federal y como procurador general de la República, ni fue eficaz ni tuvo la capacidad para combatir con éxito la delincuencia. Si se tuviera más tiempo y los senadores fueran más responsables, y además analizaran las consignaciones bajo su encargo, se demostraría que la mayoría de los procesados salieron libres.

Una última reflexión: el fortalecimiento del Poder Judicial Federal y de la Corte Constitucional no puede quedar en entredicho con la aprobación de un sujeto como Medina Mora. ¿Por qué poner en riesgo el poco pero bien ganado prestigio que goza actualmente la Suprema Corte de Justicia? ¿Que no habrá argumentos jurídicos suficientes y adecuados para que el Ejecutivo federal defienda sus casos que se lleguen a ventilar en la Corte sin tener un incondicional? ¿Es necesario un personaje tan desprestigiado como el actual embajador para garantizar la presencia de una persona cercana al Ejecutivo en el debate de los asuntos jurídico- constitucionales más relevantes de la Nación? Yo no lo creo, ojalá que coincidan conmigo los senadores. Me preocupa que haya 12 suplentes en el Senado sin experiencia legislativa, que serán, espero que no, fácilmente influenciables por la seductora voz presidencial.

Fuente: Blog del autor

Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Arteleaks

Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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