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Con voz propia

Un sacerdocio de riesgo, la trayectoria del padre Solalinde

El padre Solalinde narra las agresiones de grupos delictivos y políticos al recibir el premio Geuzenpenning 2019, por su labor de defensa de los derechos humanos a migrantes

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Por Dianeth Pérez Arreola

José Alejandro Solalinde Guerra es el padre Solalinde. Un defensor de los derechos humanos de migrantes que atraviesan México con la esperanza de llegar a los Estados Unidos y tener un trabajo digno para mantener a su familia o porque van huyendo de la violencia de sus países de origen. La mayoría, centroamericanos montados en La Bestia, el tren de carga que cruza de Chiapas a Baja California Norte. El padre Solalinde ha sido el que les abre las puertas del albergue que dirige y ofrece la cena para que al día siguiente continúen su viaje.

El sacerdote católico mexicano viajó a Holanda, para recibir el reconocimiento “Geuzenpenning 2019” por esta labor en favor de los migrantes, y concedió una entrevista exclusiva para Los Ángeles Press

Sobre el caso Ayotzinapa, en el que 43 estudiantes fueron víctimas de desaparición forzada, el 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero, el padre Solalinde dijo tener confianza en el nuevo gobierno para elegir a una persona idónea como investigador, y confía además en que pronto se dará con el paradero de las víctimas, que será este mismo año.

“La verdad va a servir para enjuiciar a Peña Nieto, porque finalmente él es el principal responsable. Él siempre supo lo que había pasado. No puede negar que sabía lo que pasó con los estudiantes. En este sistema presidencialista, el primero que sabe, es el presidente. Posiblemente, vaya a ser enjuiciado y condenado por crímenes de lesa humanidad por el caso Ayotzinapa”.

Sobre la impunidad del Ejército…

No. Tampoco se va a escapar el ejército. Los que fueron culpables de eso tendrán que pagar y tendremos el primer expresidente en la cárcel. La Haya lo va a juzgar. Este caso está aquí, y ya fue admitido por la institución. México es un desastre en derechos humanos. Más descompuesto de lo que te imaginas. Más corrupto de lo que se pueda ver. Lo que recibió el presidente Andrés Manuel López Obrador es una papa caliente. He acompañado a las madres que buscan desaparecidos; las acompaño y las seguiré acompañando. El dolor, la incertidumbre, de no saber dónde están sus hijos; ni siquiera poder descansar con unos restos, pero yo creo que es tan enorme la magnitud de los desaparecidos y de todas las personas que incineraron, que el gobierno no puede, no tiene capacidad para poder investigar todo. Sí va a poder hacerlo con casos emblemáticos como Ayotzinapa, y lo va a tratar de hacer para saber el paradero de los muchachos. Yo, al menos, creo saber qué pasó, y les ha ofendido mucho a los padres de los muchachos que yo diga esto, pero creo que a todos los mataron y además a todos los incineraron, no en el basurero de Cocula, sino en los hornos crematorios del ejército.

Los que están implicados, los responsables últimos son militares y de la Policía federal, y creo que el presidente ahora sí va a ordenar que se investigue a esos militares.

Sobre el papel del ejército en la Guardia Nacional…

La Guardia Nacional es necesaria, es indispensable. México está tan descompuesto que necesitamos una fuerza que no esté tan infiltrada. A todas las instituciones la infiltró el crimen organizado, pero quizá la Marina y el Ejército son los menos infiltrados; son los que pueden dar un poco más de confianza. Como punto de partida, como mal menor, no hay más que partir de aquí. Ya después iremos preparando policías éticas, capacitadas, bien equipadas.

En la visita que hizo a Europa en 2017, se dijo decepcionado del encuentro con Aldo dell’Ariccia comisionado de la Unión Europea para América Central, México y el Caribe por la pobre labor de la Unión Europea a favor de los derechos humanos. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

Te voy a contar algo que he visto y que hoy comprobamos. A nivel oficial las cosas han empeorado más; es decir, la política de los gobiernos se ha cerrado todavía más. Han aumentado las barreras, los muros, las fronteras, como que hay oficialmente más prevención contra los migrantes. Pero abajo, el pueblo está trabajando; las iglesias están trabajando; las personas mayores están trabajando. Especialmente, las mujeres están haciendo un trabajo increíble, los voluntarios y voluntarias, porque ellos no pueden cambiar las leyes, pero en todos los países que yo he recorrido están enseñando el idioma local, están enseñando a los migrantes cómo adaptarse a Europa, están facilitando las condiciones para que puedan sobrevivir, para que trabajen, para que entiendan y, amén, se hagan responsables de Europa. Lo veo clarísimo, sobre todo en Italia. Yo puedo percibir dos movimientos: uno que es el oficial y otro el del pueblo, sobre todo de las mujeres, de las jubiladas, quienes están haciendo un puente con los venidos de África, de Asia y ahora de América. Los venezolanos no están yendo más a los Estados Unidos, están viniendo a Europa.

¿Cómo puede ser que mientras la sociedad civil se moviliza para ayudar a los migrantes, en la política los gobiernos ultraderechistas adquieren más poder?

Esto es muy interesante, porque por una parte los gobiernos se han cerrado porque tienen mucho miedo; los gobiernos son los responsables de Europa y ahora tienen mucho miedo de los extranjeros; sobre todo tienen pánico de los musulmanes. ¿Por qué? Porque muchos han demostrado intolerancia contra el cristianismo, no aceptan el cristianismo en sus lugares de origen y también porque son diferentes. Mucha gente participa de esa psicología masiva del miedo contra los migrantes y por eso están votando por gobiernos de derecha. Pero otros, a lo mejor son menos, son los que están apostando para hacer un puente, una transición con la migración de cualquier lado donde vengan, hacia Europa, y lo digo de esta manera, como si fuera un instinto de conservación. De hecho, si no fuera por estas mujeres, por estos voluntarios y voluntarias que están dando la vida por los migrantes entonces habría en el futuro una ruptura.

Estuve en Asís. Ahí me invitaron a participar con 400 personas, todas mayores. Son gente jubilada, bien preparadas, profesionistas. Les pregunté si creían que ya habían dado lo mejor de su vida: Levanten la mano quienes crean que ya dieron lo mejor de su vida, y la mayoría la levantaron. Levanten la mano los que crean que lo mejor está por venir, y como tres o cuatro personas la levantaron. Lo mejor está por venir, les dije, ¿ustedes creen que ya hicieron mucho por Europa y por Italia? ¿Creen que todo lo que pudieron haber hecho ya lo hicieron? No sabían qué decir, y al final dijeron que no. ¿Por qué no piensan en hacer algo maravilloso para ayudar a Europa? porque Europa es un legado, tienen cosas muy importantes qué cuidar, cada país, cada rincón, cada pueblo. ¿Cómo? Haciendo que los migrantes que llegan, si toman un migrante por familia, y no para que vivan en su casa, le pueden traducir Europa, le pueden hacer que ame Europa y que se vaya responsabilizando de las personas mayores. Pregunté que cuántas personas podrían hacer eso, y que yo volvería para comenzar. Se juntaron 16 mujeres, ningún hombre.

 

 

Foto: AFP

¿Ha notado alguna diferencia desde la entrada de Trump, en el trabajo que usted hace con los migrantes?

Trump no significa casi nada. Quiero ser franco; los migrantes tienen su vida propia, son autónomos y no le tienen que pedir permiso a nadie para hacer lo que tienen que hacer. Ellos fueron provocados para salir forzadamente de sus lugares de origen. Cuando ellos empiezan a salir, inician un movimiento que no ha parado y que no va a parar. Este movimiento fue provocado por el sistema neoliberal capitalista, que rompió reglas mínimas, reglas humanas, reglas de la vida y entonces al romper ese orden también provocó movimientos involuntarios dentro de la misma sociedad. Por ejemplo, los migrantes no salen por gusto, salen forzadamente, pero al mismo tiempo es como un búmeran, porque Estados Unidos destruye sus lugares de origen: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, y ahora toda esa gente viene a Estados Unidos, porque no hay otro destino. Ni siquiera quieren quedarse en México. Ahora que Estados Unidos cierra sus fronteras, ahí están esperando; pero estar esperando no quiere decir que renuncien a entrar a Estados Unidos. Cuando puedan pagar al coyote van a pasar, porque se pasan de muchas maneras. Hay corrupción de este lado y corrupción del otro lado. Se pasan por la garita de Migración, por los aeropuertos, por lanchas de motor, por túneles… Cuando están pensando en poner muros, ahí, abajo hay túneles. Les cierran uno y abren tres más. El crimen organizado pone a trabajar a los mismos migrantes haciendo túneles. Ellos dicen, a ver, Donald Trump va a meter un muro con nueve metros de profundidad, entonces haremos un túnel con diez o doce metros de profundidad. No hay manera de parar la migración.

Donald Trump es un factor que hace visible algo que antes no se reconocía. Los supremacistas blancos tienen un odio ancestral, una discriminación contra la gente de fuera, son racistas, y entonces Donald Trump lo que hace es aceptar que eso existe, que se haga visible y que físicamente también materialicen su rechazo y su odio a los migrantes mediante ese muro. Nos estamos dando cuenta de la realidad que vive Estados Unidos. El muro no va a servir de nada, Donald Trump va a pasar en unos años más y los migrantes van a seguir muchos presidentes más porque ellos no tienen prisa. Se van a quedar muchos en el camino, en el desierto, en México, pero otros ya están adentro y se están multiplicando. Desde 2012, los anglosajones ya no crecen, los que están creciendo muchísimo son los latinos. Los supremacistas blancos son los menos preparados, son los que consumen más drogas, en ellos hay más estrés y hay más suicidios, y son los que menos hijos tienen. Se están quedando solos. Son fanáticos, fundamentalistas, no tienen fe. Los migrantes en general, no sólo latinos, están resistiendo contra esos supremacistas blancos, y al mismo tiempo hay mujeres blancas que siempre han sido solidarias con los movimientos libertarios.

Sobre los cárteles de la droga y la trata de personas…

Cuando empecé a acompañar a los migrantes me empecé a dar cuenta de quién los perseguía, y tuve el momento para decidir si salvaba el pellejo y me iba, o me quedaba y asumía las consecuencias. Dije, yo soy hombre de fe, me quedo y como pastor que soy voy a defender a mis ovejas. Yo no sabía qué iba a pasar ni cómo le iba a hacer. No sabía nada de derechos humanos ni sabía contra quien estaba luchando, no sabía si tras cada amenaza, cada agresión, iba a ser el último día de mi vida. Al ir sobreviviendo aprendí a perder el miedo, perdí el miedo hasta de morir, porque me fueron haciendo de todo.

Me la juego, el que no arriesga no gana. Somos más de 500 defensores y defensoras de derechos humanos pero reconozco que fui pionero en arriesgarlo todo. En 2007, fue la primera vez que me golpearon, me metieron a la cárcel y resistí, no me fui y me quedé. Un señor que quería hacer algo por los migrantes me dijo: “padre yo voy atrás de ti, si tú das un paso, yo doy un paso también, pero si te regresas, yo también me regreso”; se me quedó muy grabado, yo no me quiero hacer el valiente ni quiero ser mártir, es que se necesita ser eso. Voy a dar ese paso.

Orgullo migrante. Foto: José Pedro Martínez/2018

El peor día de su vida…

Nunca voy a olvidar el 24 de junio de 2008. Las autoridades del PRI estaban empeñadas en cerrar el albergue porque yo no los dejaba hacer su trabajo con el crimen organizado para el tráfico de personas, para los secuestros masivos, para la trata, para el tráfico de órganos, el único estorbo era yo. Ellos ya me habían golpeado y encarcelado en 2007, pero no les dio resultado. Así que planearon otra cosa. Inventaron la violación de una niña del pueblo por parte de un migrante. La idea inventada era que el migrante había salido del albergue, fue a violar a la niña y se regresó al albergue. Todos estuvieron de acuerdo, incluyendo periodistas corruptos de ahí, que repitieron esa historia. Cuando fui a investigar, me di cuenta de que no era posible. Todo estaba planeado por el principal narcomenudista de esa ciudad, “Caloto”, que ya murió, para echarle la culpa al migrante nicaragüense, a quien lo torturaron para que dijera que había salido del albergue. Se van todos contra mí. Por la mañana de ese día, va el presidente municipal con treinta hombres y otros noventa ya estaban frente al albergue, armados con piedras, palos y gasolina para quemarlo. Si yo me iba y cerraba el albergue, los migrantes quedaban sin protección y, en ese momento, estaban llegando cientos cada día. Un día llegaron mil 200 personas. Si yo cerraba, podía pasar algo horrible, iba a haber una matazón de gente. El presidente municipal trató de engañarme diciéndome que era para protegerme, cuando él estaba azuzando a la gente, del partido del PRI en contra mía. Las noventa personas entraron al albergue para quemarlo, pero no había nada que quemar. ¡No teníamos nada! Las patrullas estuvieron del otro lado para que no corrieran los migrantes, pero había nueve solamente: dos menores de edad y siete jóvenes adultos. Cuando ven esto, dos de los jóvenes se asustan y se echaron a correr, pero los demás ya no pudieron porque cerraron con patrullas. Del otro lado, estaba el presidente municipal con la multitud. Yo todavía fui y lo saludé sin saber lo que se proponía, mientras su gente salía del albergue enojada porque no había nada que quemar. Los líderes hicieron un círculo a mi alrededor, no quiero mencionar sus nombres. Con groserías, me dijeron que protegía a un violador y a los migrantes que eran una bola de delincuentes, que llegaban, robaban, violaban y regresaban al albergue donde yo los protegía. Entonces, empezaron a gritar:

–¡Vamos a darle en la madre!

–¡Muerto el perro se acaba la rabia! ¡Sí!

–¡Vamos a quemarlo! ¡Vamos!

Yo pensé que no me iba a escapar. Lo que hice fue ponerme con los brazos abiertos y decirles:

–Si me van a quemar, ¡quémenme! –Me dicen que así no, que bajara los brazos. No soportaban verme como Jesús. Di tres pasos hacia ellos y pude oler la gasolina y ver cómo destapaban las garrafas. Se hizo un silencio increíble, me di la media vuelta y me fui caminando muy despacio. Nadie gritó, nadie me insultó, no me tiraron una sola piedra, pero cuando entré al albergue sentí que si hubiera corrido, nos mataban a todos.

Más tarde el presidente municipal inventó una reunión para que el pueblo decidiera si se cerraba el albergue o no. Yo dije que iba a hablar con la gente, que no tenía miedo. Pero cuando voy, el pueblo no estaba convocado, solamente estaban los regidores. Me encerraron y estaban las personas que había estado en la mañana y habían querido quemarme. Allí estaban, eran seis personas insultándome, diciendo que yo era pollero. Casi seis horas me tuvieron encerrado y decían que no me iban a dejar salir hasta que yo no firmara que iba a cerrar el albergue.

–Hagan lo que quieran, mátenme, si quieren, pero no voy a firmar. El albergue no se cierra porque ése es un establecimiento de la Iglesia Católica.

Ya para terminar dijo el presidente municipal:

–¡Afuera está la prensa esperando! Están de acuerdo en que yo sea el vocero de todos para que yo diga lo que pasó aquí. –Yo dije que no–.

–Yo tengo mi propia versión y usted no tiene por qué ser vocero mío. –Cuando salí toda la prensa se vino conmigo, y a él ni caso le hicieron. Hablé directo:

–Lo que acaba de pasar es un secuestro. ¡Me secuestraron!

Empecé a decir toda la verdad. Eso fue en la tarde. En la noche vino otro capítulo. Los migrantes llegaban a las seis de la tarde, y los maquinistas –por miedo a la gente– no quisieron que llegaran en tren hasta la ciudad. Los dejaron del otro lado del puente, y yo tuve que ir por ellos. Eran como 90 migrantes, y venían unos niños, vestidos de amarillo. Un sacerdote y una religiosa venían conmigo. De repente, una narcomenudista me dijo que por qué iba manejando, que me bajara a caminar con los migrantes, sabiendo que adelante nos esperaban dos grupos violentos que querían golpearme. Sin embargo, lo hice. Me fui caminando con los migrantes, los instruí a no responder a las provocaciones. Ahí estaba la policía municipal y la estatal que jamás intervinieron para defendernos. Al pasar frente a un templo evangélico, me detuvieron y me aventaron con un grupo que traía piedras, palos y gasolina. En ese momento les dije:

–Miren, yo no sé si ustedes tengan fe, pero estos migrantes son Jesús. Vean cómo vienen: con hambre, con sed, hay menores de edad. ¿En quién creen ustedes? –No dijeron nada y seguimos avanzando.

Había un segundo grupo. También me detuvieron, me aventaron y, aquí, ya perdí la paciencia.

–Si me van a quemar, ¡quémenme! –los reté con firmeza. Pero ellos tampoco hicieron nada, y pudimos continuar. Al llegar al albergue, ya me estaban esperando el padre y la religiosa. Cuando me pusieron sus manos en mis hombros, me quebré y empecé a llorar.

En el albergue, unos pastores protestantes habían llegado antes para apoyarnos y observaron todo. Los párrocos católicos, en cambio, nunca estuvieron. Los padres Jesuitas estaban ahí, nos habían ido a visitar y empezaron a decir chistes para relajar el ambiente. Todos empezaron a reír, y yo, con la angustia. Luego, ya iba a pasar el tren que iba a Veracruz, donde se iban a subir los migrantes que ya habían cenado, pero el problema era que la gente estaba esperándolos con piedras. Cogí el teléfono y hablé con el presidente municipal.

–La gente está amenazando de lastimar a los migrantes. Si les pasa algo, o a mi equipo o a mí, a usted lo voy a denunciar. –Se puso enojadísimo, pero continué– Usted es la autoridad y tiene que poner orden aquí, porque si pasa algo, contra usted me voy a ir.

–Voy a ver qué puedo hacer –masculló.

–Pues haga lo que le toca. Nada más.

Llegó el tren y la gente seguía con las piedras en las manos. Se subieron los migrantes y no les aventaron las piedras a ellos, sino a los maquinistas. A uno de ellos le dieron una pedrada tan fuerte que lo tuvieron que llevar al hospital. Ese día nunca lo voy a olvidar. Nunca.

Migrantes sobre el cerco que divide México y Estados Unidos. Foto: Gaba Cortés/2017

El padre Solalinde iba narrando de un episodio a otro de su vida de riesgo. Las amenazas constantes por su defensa de los derechos humanos a migrantes provenían principalmente de políticos coludidos con los cárteles, para quienes los migrantes eran oportunidad de hacer crecer el sicariato.

Sobre las amenazas…

En 2012, recibo seis amenazas seguidas, hasta me dijeron qué sicario me iba a matar. Ahí, en Juchitán, hay familias completas de sicarios, los Terán, por ejemplo. Uno de ellos me fue a amenazar al albergue. Fueron seis amenazas de muerte, le dije a mis superiores, me dijeron tienes que salir dos meses para que las condiciones se mejoren. Salí dos meses y las condiciones no mejoraron. Poco a poco sobreviví. Llegaron los escoltas que tengo ahora y, con ellos, sufrí tres atentados. El último, hace tres años.

Iba a recibir a los migrantes, que esa vez llegaron a las doce de la noche. Les di la bienvenida, y al subirme a la camioneta llegaron dos camionetas y se bajó gente con armas largas. El comandante de mi escolta me aventó al piso y el oficial que iba conduciendo se cruzó la vía y va en sentido contrario. Llegamos al albergue, finalmente. Yo le pregunto por las consecuencias de ir tan rápido y en sentido contrario. Me dice:

–Mire, padre, qué tal si esas camionetas eran un señuelo y había una tercera camioneta esperándonos para matarnos. Si atropellamos o chocamos a alguien eso lo arreglamos, pero a mi me pagan por cuidar su vida.

Las amenazas han seguido. A cada rato me matan en internet. Yo sólo contesto, yo estoy bien, no tengo miedo y voy a seguirle.

Las amenazas vienen más de políticos que del crimen organizado. El PRI jamás acepta los errores que ha cometido, no ofrecen disculpas de nada. A mí nunca me han ofrecido disculpas y son los únicos que sí me han ofendido y me han agraviado físicamente.

La ley del hielo

El único reconocimiento que he recibido de la Iglesia Católica ha sido de los padres escolapios en Veracruz, de la Universidad de Cristóbal Colón. Es más, en este momento, los obispos de México me están aplicando la ley del hielo. Donde quiera que me invitan, busco al obispo. Me acaban de dar el premio Tatic Samuel Ruiz en Irapuato, busqué al obispo Enrique Díaz para saludarlo. Lo invitaron al evento y no fue, y así como ése en todos lados donde voy, se esconden, no quieren ir o de plano me dicen que no me quieren recibir.

El obispo de Veracruz, Luis Felipe Gallado le prohibió oficiar una misa.

Sí, él decía que si yo estaba dispuesto a callar y a no volver a hacer críticas contra la Iglesia, me daba permiso para celebrar la misa. Yo le dije que yo no venía aquí para celebrar misas, para eso están los padres, que celebren las misas y les paguen bien. Yo vengo a defender los derechos humanos, vengo a otra cosa. A mí no me preocupa que usted no me dé permiso para celebrar la misa.

¿Y el arzobispo no lo ha tratado de silenciar?

El anterior, Norberto Rivera Carrera, nunca me quiso recibir. La única vez que lo vi fue en una misa de las Madres Carmelitas. Me le puse a un lado, ya estábamos por salir, era en la sacristía y le dije “Cardenal, yo soy el Padre Soalinde” y me hace “Mjú”, volteándome la cara. En la hora de la paz, no me dio la paz. Con el actual, Carlos Aguiar Retes, no se cuántas veces le he mandado decir con personas que se reúnen con él que quiero saludarlo, que si me permite verlo… no me contesta. Yo personalmente fui a llevar a su oficina de Durango 90, de la colonia Roma, una carta escrita diciéndole que quiero reunirme con él, porque tengo el compromiso de la Cruz de Lampedusa de Italia, y me nombraron a mí como organizador. Quiero tomar en cuenta su autoridad. Jamás me ha contestado, de eso hace semanas. Es la ley del hielo.

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Con voz propia

De escándalo en escándalo y AMLO nos manda al carajo

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TRAS BAMBALINAS  

Por Jorge Octavio Ochoa

De escándalo en escándalo, el régimen 4teísta va dando tumbos, pero esta vez se enfrentará a sus demonios internos.

Del nuevo hallazgo de otra mansión en Houston, que López Obrador ve como “modesta”, al descubrimiento de medicinas echadas a perder en Tabasco y Veracruz, no hay “a cuál irle”, como dicen en el barrio.

Ambos casos son, más que debate, motivo de demandas penales y llamados a cuentas por el Congreso de la Unión. Pero, como ya sabemos, al menos en la Cámara de Diputados no hay nada que hacer.

El agrónomo director de Pemex, Octavio Romero Oropeza tendrá que explicar, en primer lugar, porque una muchacha sin experiencia en el sector petrolero es directora de una filial de la paraestatal.

Pero, peor aún. El Senado de la República debe llamar a cuentas a los gobernadores de Veracruz y Tabasco por el criminal desperdicio de medicinas y vacunas, al margen de las demandas penales que les inicie la población.

Moralmente, ambas investigaciones profundizan el debilitamiento que la imagen del presidente de la república sufrió desde que se reveló el caso de su hijo José Ramón López Beltrán, del que no ha podido salir el mandatario.

En medio de todo este drama, los grupos al interior de MORENA empiezan a lanzarse obuses mortales y tarde o temprano echaran mano a estos temas, así como a la disputa entre el fiscal Gertz Manero y el ex consejero presidencial Julio Scherer.

Es muy factible que, por lo pronto, Cuitláhuac García y Carlos Merino, gobernadores de Veracruz y Tabasco, sea citados a comparecer en el Senado, luego de confirmarse el quebranto por miles de fármacos que caducaron embodegados.

Los radicales de MORENA, encabezados por John Ackerman, dirán que esto es culpa de Mario Delgado, por permitir el ingreso de advenedizos y pecadores. Los otros dirán que es resultado del avasallamiento, soberbia y autoritarismo de los Ayatolas.

López Obrador podrá decir que Cuitláhuac y Merino son “gente de primera”, pero al margen de su humilde opinión, ambos tienen que explicar cómo fue que se echaron a perder 100 mil 100 cajas en Tabasco y 884 mil 822 en Veracruz, de piezas de medicina contra el cáncer.

El escándalo adquiere otros niveles cuando el primer mandatario de la nación acaba de mandar “al carajo” a todos sus conciudadanos de la oposición, a quienes también gobierna, por criticar su decisión de traer médicos cubanos “especialistas”, para enviarlos a zonas apartadas porque los mexicanos no quieren ir.

Hasta la fecha López Obrador no ha precisado en qué se gastaron 285 millones 873 mil 177 pesos para el pago a 585 presuntos especialistas de la isla que vinieron a “asesorar” a los mexicanos, y cuántas vidas salvaron los galenos durante la pandemia.

El presidente descalifica, insulta y todo le parece modesto. Pero seguimos sin saber cómo se justifica el gasto por sólo tres meses de servicio de cada uno de los médicos cubanos, que ganaron en ese lapso 437 mil 390 pesos por cabeza. Aunque en realidad el dinero fue a parar a las arcas del gobierno de Cuba.

Es un insulto para miles de médicos mexicanos, que sólo ganan 17 mil pesos mensuales en muchos casos. Pero a él le parece poca cosa gastar por ejemplo, tan sólo en 2020, alrededor de 14 millones 884 mil pesos por gastos de “hospedaje, alimentación y servicios generales”.

Es ofensivo y fuera de todo orden, que el presidente nos mande “al carajo” por estar inconformes, luego de dos años de pandemia, en que su régimen nunca tuvo un gramo de empatía para condonar impuestos, diferir pagos de algunos servicios públicos o hacer descuentos. Nada, no hubo ningún apoyo.

Un insulto a la inteligencia del pueblo 

Enfurecido, por este último escándalo de la casona, López Obrador también trata de aplastar, sepultar, evadir el escándalo de la hija de su secretario particular, Alejandro Esquer, y cree que con su sola palabra lo libra a él y al director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, de todo pecado.

No sólo se trata de la casa de 8 millones de pesos, adquirida en Houston por Carmelina Esquer, a tan sólo 15 minutos de la que ocupaba el hijo mayor del presidente, José Ramón López Beltrán, quien pagó la renta con su sueldo de una empresa radicada en Estados Unidos, propiedad “del hijo de un amigo”.

Hay toda una cadena de irregularidades, como el hecho de que Carmelina fue designada directora de Pemex Procurement Internacional (PPI) en julio de 2019, con tan sólo cinco meses de experiencia en el sector petrolero, luego de ser solo “coordinadora de área”.

Éste es un asunto grave, que por sí solo amerita explicación de Romero Oropeza. Ella tiene un sueldo mensual de 270 mil pesos, superior a lo que gana el presidente, y contraviene la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, promovida por el propio López Obrador.

En 2019, tras el triunfo de AMLO, ella fue nombrada delegada de la Secretaría del Bienestar y un mes después, en febrero de 2019 llegó a Pemex como coordinadora de área, para después ascender a la dirección de PPI. Ahí se confirma aquello de que «90% de lealtad y 10% de capacidad».

Es aberrante, un insulto a la inteligencia del pueblo, porque además la filial de Pemex fue creada por el “odiado Peña Nieto y los conservadores de antes”; ha mantenido contratos con Baker Hughes, la empresa de donde salió un funcionario que le rentó su “casita” a José Ramón López Beltrán.

También tuvo contratos con la empresa holandesa Vitol, vinculada a sobornos comerciales. Aun así, la filial de Pemex en Houston firmó convenios con ellas.

Pero no es todo. La filial de Pemex mantiene prácticas de opacidad, heredadas de los de antes, como el conservar en secreto su nómina y los contratos multimillonarios que ha suscrito. Todo, bajo el pretexto de que se rige por leyes extranjeras y por tanto, “no es un ente obligado”.

El blindaje de opacidad creado por el gobierno de Peña Nieto bajo la dirección del actual indiciado Emilio Lozoya, es el mismo que mantiene el impoluto régimen de López Obrador. Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), tuvo que obtener la información a través de una fuente que ha colaborado para PPI.

Pero López Obrador justificó la contratación de Carmelina, el sueldo, el cargo y la propiedad de una residencia en Estados Unidos. “Ella estudió y tiene un trabajo en Houston y compró una casa, un departamento, pero modesto…”

Sin más argumentos, se fue de boca contra el diario Reforma y otros diarios estadounidenses, así como contra el periodista Jorge Ramos, menciona a Carlos Loret. Pero no aclara ninguno de los puntos legales. El presidente de México otra vez falta a la verdad, a la ética y a la legalidad.

¿No pasa nada? ¿Qué es lo que ya cambió, señor presidente? Me gustaría rematar esta entrega y aplicarle la misma que usted nos recetó por criticar la contratación de médicos cubanos.

Pero ¿sabe algo? Entre las pocas cosas en que estamos de acuerdo, debo decirle que, efectivamente, “no somos iguales”. Nosotros sí tenemos todavía autoridad moral y educación. No puedo mandarlo ni a su rancho.

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Con voz propia

Fiesta familiar de gobernador de Hidalgo se hizo con la Sonora Dinamita y Mariana Seoane

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Para la celebración anual de la familia Meneses, el gobernador del Estado habría gastado junto con su familia alrededor de 1.7 millones de pesos en una fiesta privada

Por Emmanuel Ameth

Omar Fayad Meneses, gobernador de Hidalgo (Méx), se puede dar lujos desde el poder que para el resto de los mortales sería imposible. Y es que según se observa en un video en propiedad de este medio, el mandatario contrató a la Sonora Dinamita así como a Mariana Seoane para amenizar la reunión familiar anual de la familia Meneses, misma que tuvo una asistencia de al menos 2 mil 100 invitados.

La reunión, que es llevada cada año, sufrió un salto exponencial en cuanto a los artistas contratados con Omar Fayad en el poder y con su primo, el entonces alcalde de Zempoala Héctor Meneses Arrieta, toda vez que invitaron a artistas de talla internacional.

Durante el video que fue compartido a este medio, se observa al gobernador de la entidad dirigiendo unas palabras a los asistentes:

“Hoy tengo el orgullo y el agrado de presentar un espectáculo maravilloso con dos grandes artistas. Por una parte una sonora muy caliente ¡La Sonora Dinamita! van a pasar para deleitarnos con muchas de sus canciones. También quiero presentarles a una amiga muy querida, una mujer guapísima, actriz… (pausa) ese chiflido se quedó corto… va a estar aquí esta tarde animando a nuestra familia y ella es ¡Mariana Seoane!”, dice Omar Fayad en el video que corresponde a su reunión familiar anual 2019.

Fayad Meneses agradeció también el prestar el recinto (municipal) a su primo el entonces presidente municipal Héctor Meneses Arrieta.

El costo del evento

Si bien el costo de los artistas depende de la agencia que los contrate, el personal que lleve, la producción, la distancia de la Ciudad de México, si el evento es público o privado y sobre todo la fecha en que son contratados, este medio hizo una aproximación del valor pagado a los artistas para su presentación.

De acuerdo con blogs especializados en redes, hace una década, contratar a la cantante y actriz Mariana Seoane costaba unos 350 mil pesos por presentación, cifra que habría subido a por lo menos medio millón de pesos en 2019.

En el caso de la Sonora Dinamita, la revista Proceso reveló que la suma de todos los costos asociados a su presentación, en un día cotidiano -el evento e Fayad fue en fin de año-, supera el millón de pesos.

Es así que entre ambos personajes, independientemente del costo del recinto, la cifra erogada asciende a por lo menos millón y medio de pesos solamente de la presentación, pues también se departió una cena para los más de 2 mil asistentes, lo que añadiría por lo menos otros 200 mil pesos al total.

Y es que aunque en el caso de Fayad Meneses así como el de su esposa Victoria Ruffo, podría existir un precio especial -o incluso ninguno- por parte de los artistas, los costos asociados a su traslado y equipo de producción siguen siendo millonarios.

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Arteleaks

Un amigo de Dios

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JUEGO DE OJOS

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

En esta entrega comenzamos con un acertijo. ¿Podrá el lector adivinar de quién hablo?

Un escritor, nacido alrededor de 1890, es famoso por tres novelas. La primera es corta, elegante, un clásico inmediato. La segunda, su obra maestra, presenta a los mismos personajes, aunque es más larga y compleja, e incorpora en forma creciente elementos míticos y lingüísticos. La tercera es enorme, casi una locura exuberante de la imaginación.

Una pista: no se trata de Joyce.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, denunció la producción masiva, el estruendo del tráfico y el descarno y fealdad de la vida moderna europea, y amó los árboles y la verdura de la campiña inglesa en donde vivió de niño, así como a las pequeñas y delicadas criaturas con las que se topó en las leyendas nórdicas.

Una pista: no se trata de D. H. Lawrence.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, mezcló porciones de literatura antigua con su propia obra maestra, aderezándolas magistralmente conforme avanzaba.

Una pista: no se trata de Ezra Pound.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, se declaró monárquico y católico.

Una pista: no se trata de T.S. Eliot.

Los más antiguos de mis lectores –antiguos en el sentido clásico- quizá hayan adivinado ya de quién hablo.

Y si son mis contemporáneos y fueron como yo vagamundos y en su camino a Damasco se toparon en un callejón con el grafiti “¡Frodo vive!”, entonces ya lo saben de cierto.

Para los más jóvenes, quizá un cuento les ayude:

“Había una vez un cuarentón, profesor de lingüística y filología, que sabía más que nadie en el mundo sobre las antiguas lenguas nórdicas y el Beowulf. El maestro había quedado huérfano muy joven, y el ejército de su país lo mandó a una guerra terrible en donde estuvo a punto de perder la vida.

“Anegado en el lodo sanguinolento de las trincheras y apabullado por el estruendo del cañón y la metralla y los lamentos de amigos y enemigos, quizá haya imaginado el mundo que creó cuando muchos años después interrumpiera por un momento la calificación de un examen para escribir al reverso de la hoja: “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”.

Es claro que el escritor de quien hablo, nacido alrededor de 1890 en África del Sur, es John Ronald Reuel Tolkien, hoy una referencia doméstica gracias a Hollywood, pero en mi adolescencia y primera juventud, vicario de un rito arcano cuyos miembros nos reconocíamos por señas secretas y conjuras pronunciadas en voz baja como la de “¡Frodo vive!”

Me asombra que haya sido hasta fines de los ochenta que encontré en mi propio país con quien hablar sobre la tetralogía de Tolkien y sus asonancias y disonancias con, entre otros, Joyce, Lawrence, Pound y Eliot, de la manera juguetona que se consigna al inicio de este texto y que ojalá fuera mía, pero lo es de Jenny Turner, la espléndida periodista autora de Razones para amar a Tolkien.

He aquí un personaje deslumbrante y paradójico. De él se dice que era aburrido en una sociedad y un siglo de tiesuras, y que su devoción por la filología se percibía anticuada incluso entonces.

Pero la obra de este flemático inglés nacido en Sudáfrica, quien nunca alzaba la voz, vestía siempre en tweed y chaleco y fumaba pipa, despertó una corriente pasional pocas veces vista en la literatura.

Jenny Turner confiesa que le asusta haber pasado “demasiado tiempo” de su adolescencia en compañía del demiurgo de El señor de los anillos y que ya adulta si bien encuentra los libros repetitivos y “ruidosos”, éstos siguen conectándose a su espíritu de manera inquietante.

“Hay una succión, un algo primigenio que se transmite entre ambos, como cuando una nave espacial se enchufa a la nave madre. Es como el seno materno, es un alivio infantil… que también es como un hoyo negro”.

Escalofriante memoria, pero humana y generosa si la comparamos con otros juicios, como el de mi admirado Edmund Wilson: “Hipertrofiado… Un libro infantil que de alguna manera se salió de madre… Una pobreza creativa casi patética…”.

John Heath-Stubbs estima que la obra es “Una mezcla de Wagner y el osito Winnie Pooh, mientras Germaine Greer exclama que fue “su pesadilla”.

Vaya, pues. Supongo que el viejo profesor, tan enemigo de las pasiones terrenas, nunca imaginó que la obra iniciada con la frase, “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”, fuera a despertar tantas y tan opuestas durante tantas generaciones, pues a estas alturas del siglo y mal que me pese gracias al cine, la cofradía tolkiense es ya una muchedumbre.

No escapa a la aguda e inteligente mirada de Jenny Turner la paradoja: si los libros son tan criticables, ¿por qué a tantos millones les han apasionado?

No es una pregunta fácil, pero tengo mi propia experiencia. El Hobbit (1937) me encontró, aún adolescente, en el aeropuerto de Londres, olvidado o escondido por alguien entre el Time, el Newsweek y el Life.

Lo compré por no dejar, por tener algo que leer en el vuelo de interminables horas que me esperaba. ¿Por no dejar? ¿O fue que se cumplió el adagio de Edmundo Valadés sobre los libros que nos están destinados en la vida?

En la sala de espera comencé la lectura y a la mitad del vuelo maldije no haber adquirido los tres tomos de la secuencia, conocida como El Señor de los Anillos (1954).

Caí en la red del viejo profesor, atrapado, de nuevo, en el vicio solitario que nos libra para siempre de la soledad. No descansé hasta que pude fatigar la trilogía con pasión talmúdica y transité los caminos de toda la obra del viejo profesor y de lo que su hijo Christopher editó amorosamente en memoria del demiurgo de la Tierra Media.

Y como dicen los angloparlantes, al final del día lo que me quedó fue una profunda identificación con la obra, una suerte de simbiosis que, ahora lo pienso, tiene en verdad algo de misterio sobrecogedor.

Leo y releo los libros. Sé de memoria pasajes enteros. Y cada vez que los visito descubro algo novedoso. Quizá ahí esté la explicación. Tolkien fue capaz de comunicarse con otros espíritus en un nivel anímico primario que escapa a toda explicación y que tiene como hilo conductor las emociones y sensaciones más humanas.

Desde luego que una mirada crítica, como apunto arriba, descubre inconsistencias en el texto, en los diálogos, en los personajes y en la narrativa.

Yo daría cristiana sepultura a Tom Bombadil, un personaje arbóreo que transcurre cantando tonadillas hueras y que no tiene mayor consecuencia en el resto de la historia, y trabajaría la estructura interna de algunos protagonistas así como la lógica de varios episodios.

Y ya que de utopías hablamos, también sacaría del mercado la horrenda traducción al español de Taurus, con su majadera “castellanización” de nombres que en vez de un Bilbo Baggins nos sirve un “Bilbo Bolsón” amén de otras aberraciones asestadas a la obra del viejo profesor. No ha nacido el argentino que se deje intimidar por los versos aliterativos del Beowulf. ¡No señor!,

Y a todo esto, ¿quién fue este personaje, esa suerte de hobbit mayor?

John Ronald Reuel Tolkien nació el domingo 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, África del Sur, después de un parto difícil y prolongado. Apunto este detalle íntimo porque lo encuentro en la biografía de muchos escritores.

Sus padres fueron Arthur Tolkien y Mabel Suffield. A ese país habían emigrado en busca de fortuna y ahí creció, un niño débil y enfermizo. A la muerte de Arthur en 1896, Mabel regresó a Inglaterra, en 1900 se convirtió al catolicismo y en 1904 murió de diabetes, enfermedad incurable en la época.

La madre es un personaje fascinante por derecho propio y creo que su personalidad impregna a los espíritus etéreos y fuertes de las pocas mujeres en la obra de J.R.R.

Antes de casarse con Arthur a los 21 años, había sido misionera de la Iglesia Unitaria en África y, créalo o no el lector, ¡impartió catecismo en el harén del sultán de Zanzíbar!

Ahora bien, imaginémonos a esta familia de la clase media pobre en la Inglaterra anglicana y victoriana de entonces y las consecuencias que sin duda estos hechos tuvieron sobre la sensible personalidad del niño J.R.R.

¿Recuerda el lector a Shelob, el mefistofélico ser que en forma de tarántula gigante custodia el paso de Cirith Ungol a Mordor por donde deben transitar Bilbo y Samwise merced a las intrigas de Gólum?

Pues en Sudáfrica el niño John tuvo experiencias que aparecerán reflejadas en su obra: un encuentro con una tarántula peluda que lo picó, y con una serpiente.

Y un mozo de la familia “lo tomó prestado” durante varios días para llevarlo a su aldea y presumirlo a su extensa parentela, con las consecuencias que el lector podrá imaginar.

Creo que su niñez africana, su adolescencia en la campiña inglesa, su estancia en las trincheras en la primera guerra mundial -donde el gas mostaza daño su salud para siempre y en donde perdió a la mayoría de sus amigos- , su vida enclaustrada como profesor de filología y sajón antiguo… toda su existencia, pues, está reflejada en la saga de los Baggins, desde la fiesta a la que asisten los enanos sin invitación, hasta la última escena en que Bilbo, Frodo y otros personajes abandonan para siempre la inolvidable Tierra Media.

Pero me estoy saliendo de cauce. Si el viejo profesor pudiera leer estas cuartillas y en particular el anterior párrafo, sin duda las haría confeti, ya que detestaba a los críticos y a los exégetas… ¡y a fe mía que tenía razón! Así que en resumen diré que los cuatro libros de la saga (El Hobbit,  El Señor de los Anillos, Las dos torres y El regreso del rey) con El Silmarilion, integran una república abierta a quien desee pedir la ciudadanía del país mayor del gozo, que es la tierra de la imaginación.

Reuel, el tercer nombre de Tolkien (John Ronald), es un apelativo heredado de padres a hijos en esa familia, y quiere decir, literalmente, “Amigo de Dios”. Sin duda el viejo profesor lo fue.

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Fuente: juegodeojos.mx

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