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Con voz propia

Trump amenaza, pero China me tranquiliza

Un análisis de L. Alberto Rodríguez sobre el encuentro de los mandatarios de China y EEUU, y su importancia para el mundo.

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Donald Trump y Xi Jinping posan para la prensa en su encuentro en el complejo vacacional de Mar-a-Lago, Florida. FOTO: Agencia Xinhua

L. Alberto Rodriguez

Aún si la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump realizada en la primera semana se abril en el resort de Mar-a-Lago, Florida, quedó en los mejores términos posibles, con una cena llena de risas y los nietos del mandatario estadounidense cantando en chino para el matrimonio Xi, el futuro de la relación entre China y Estados Unidos sigue siendo incierto, fundamentalmente por la belicosidad del Pentágono sobre el mar de Corea, a cuya península  arribó un buque de guerra estadounidense casi al mismo tiempo que el presidente chino salía del aeropuerto de Palm Beach.

Hay que recordar, además, que Estados Unidos lanzó 59 misiles Tomahawk contra la base militar siria de Al Shairat, en la provincia central de Homs, justo cuando Xi aterrizaba en suelo estadounidense para su encuentro con Trump. El hecho constituyó, sin duda, un acto de hostilidad diplomática que puede ser entendido a la luz de las históricas estrategias de bravuconería de los gobiernos estadounidenses frente a naciones que le resultan amenazantes como lo es China, por supuesto, cuya economía está a punto de desbancar a EE.UU. como la primera potencia del mundo.

De tal manera, uno de los propósitos del arribo del portaviones USS Carl Vinson –con capacidad de 85 jets de combate de propulsión nuclear y que se hizo famoso por ser la nave en la cual se portó el presunto cuerpo de Osama Bin Laden antes de ser supuestamente tirado al mar en mayo de 2011 tras su aparente captura en Pakistán–, es hostigar a la República Popular Democrática de Corea cuando ésta realiza ejercicios armamentísticos para, precisamente, defenderse de posibles ataques en su contra por parte de EE.UU. y su territorio anexado de Corea del Sur, desde el mar amarillo. La maniobra pretende presionar a China para calmar, por así decirlo, a su aliado comunista coreano y hacerlo desestimar de sus ejercicios nucleares que amenazan a Washington, según su visión. De esto habrían hablado Xi Jinping y Donald Trump, acordando cooperación para “resolver pacíficamente” el tema.

Estados Unidos logró con ello dar al mundo un fin de semana de tensión bélica, al bombardear Siria y atentar contra posiciones de Rusia; hostigar a la RPDC y pretender chantajear a China. Sin embargo, hace falta mucho más para que la Casa Blanca logre siquiera inquietar a Moscú y Beijing. De hecho, ha sido la República Popular China la que ha logrado hacer retroceder a la diplomacia hostil de EE.UU., primero, orillándolo reconocer su error con relación a su trato con el territorio separatista de Taiwán, y segundo, teniendo para el matrimonio Xi lo mejor que el mundo de Trump puede ofrecer. Nada casual, si se considera que China es dueño del diez por ciento de la deuda pública estadounidense y ha ganado al país norteamericano la sociedad comercial en más de la mitad de las naciones del mundo. El gigante asiático es, pues, dueño del juego de la globalización.

Donald Trump es un tipo imprevisible. Hoy llama amigo a Xi Jinping y mañana estaría volviendo a amenazar a China con elevar aranceles y soltando sus buques en el océano Pacífico. Pero eso lo sabe muy bien el líder chino. Sabe, como pocos extranjeros, cómo es vivir bajo la política volátil del régimen estadounidense, habiendo vivido el joven estudiante de ingeniería Xi entre agricultores de Iowa que miraban Star Trek y leían novelas conservadoras de Pearl S. Buck, en 1985. Por eso es claro advertir que, si bien nada puede darse por sentado con EE.UU., la obstinación de Washington llegará hasta donde Beijing quiera, pues supera en número a su par norteamericano en cualquier área: política, económica, científica o militar, y no se diga cultural. En ese sentido el mundo puede estar tranquilo. Yo lo estoy. 

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Con voz propia

Las travesías y vicisitudes de una persona con condiciones psiquiátricas en el México de hoy

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Por Alberto Farfán

Conversando en mi calidad de periodista con varias personas desde la madrugada en una de las largas filas para solicitar atención en la Clínica de Medicina Familiar (CMF) “Guadalupe” del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ubicada en la zona norte de la Ciudad de México, se me acercó un hombre de mediana edad entre tímido y curioso, a quien llamaremos Mario “N”. Pero al percatarse de mi interés por conocer particularmente acerca de los hombres y mujeres con afecciones psiquiátricas me llamó a parte para contarme un poco de su historia.

Esta persona derechohabiente del ISSSTE por parte de su esposa de quien se encuentra separado desde hace más de diez años, que vive solo, que tiene una hija menor de edad viviendo con la aún esposa, que tiene estudios universitarios, un coeficiente intelectual arriba del promedio, pero sin empleo fijo, “he hecho de todo”, me comenta. Inicia al principio con cierta suspicacia con respecto a hablar sobre la serie de condiciones psiquiátricas que padece, afortunadamente conforme avanza la conversación empieza a explayarse a detalle sobre esto y más.

Para empezar, le comento acerca de la depresión y la ansiedad que llevan al suicidio, pero también de la eliminación de los psiquiátricos ordenada por el presidente de la República para conocer su opinión (temas que he abordado en mis últimas dos entregas más recientes en Los Ángeles Press). Sonríe de manera peculiar. Pues dice que la serie de medicamentos que él necesita mensualmente para la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, el insomnio y las ideas delirantes, entre otros males que le aquejan, nunca se los entregan completos, y en ocasiones él debe hacer un gran esfuerzo para comprarlos con sus exiguos ingresos, pues como no es del todo funcional por falta de una profesional atención psiquiátrica y por la falta de medicamentos suele ser despedido y debe optar por tomar cualquier tipo de trabajo.

Y me platica que por protocolo él sólo una vez al año puede acudir con pase autorizado de su CMF a la Clínica de Especialidades de Neuropsiquiatría del ISSSTE, en Tlatelolco, que carece de área de urgencias, para ser revalorado. Aclarando que pueden pasar meses para que ese pase surta efecto y le otorguen atención. Y el psiquiatra por regla general sólo le pregunta cómo se siente, y ya, lo regresan a su clínica familiar. Y aunque en la “contrarreferencia” de Neuropsiquiatría, que no alta, indica que si se siente mal puede volver a acudir, en realidad es letra muerta, por los pretextos burocráticos de la CMF como por el tiempo para obtener cita.

Ya en una ocasión experimentó una fuerte crisis derivada de sus ideas delirantes al no haber ingerido sus medicamentos porque no se los proporcionó su clínica, y le suplicó al psiquiatra en su cita anual que lo canalizara de urgencias a algún nosocomio, éste le dijo que fuera al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez. Como pudo acudió a dicho hospital al día siguiente pero para que le dijeran que como era derechohabiente del ISSSTE no lo iban a ingresar, por más que fue de madrugada para alcanzar ficha y ser atendido.

En otra ocasión, también por falta de sus medicamentos tuvo una crisis con alto grado de paranoia afectándolo gravemente. Ya no fue al Fray Bernardino por la pésima experiencia anterior, sino que decidió ir al Hospital Regional 1° de Octubre del lSSSTE, que tiene área de urgencias y que es el que le corresponde, por la colonia Lindavista. Fue peor. El médico de urgencias ─no psiquiatra─ se centró en las altas cantidades de todos los medicamentos que toma (antidepresivos, antipsicóticos, benzodiazepinas, anticonvulsivantes), concluyendo que eso debía ser la razón de su malestar. Y como aceptó que él no era especialista en la materia que fuera al día siguiente para ser auscultado por el área de psiquiatría. Se presentó en muy mal estado, y todo para que le dijeran que sólo lo aceptarían si traía un pase de su CMF. Explicó lo del día anterior y ni así lo recibieron. Fue a su clínica y ahí le dijeron que acudiera al 1° de Octubre, pero les explicó con documento en mano que de ahí venía y que no lo ayudaron. Entonces le dijeron que fuera al Fray Bernardino y volvió a explicar lo de tiempo atrás, que no lo iban a tratar. Así, tanto en el caso anterior como en éste tuvo que confinarse solo en el cuarto de azotea en que vive, cerrando puertas y ventanas por el miedo irracional que lo torturaba, sin poder acudir a trabajar, sin comer ni dormir y con sensaciones e ideas compulsivas horribles que dominaban su mente.

Por su formación universitaria Mario “N” estaba al tanto de la información relativa a los temas con los que lo abordé. Y comprendí su inicial sonrisa peculiar. Para él todo consiste en un fracasado proyecto desde su origen. “Los programas de actualización y sensibilización del personal psiquiátrico y general si no han funcionado a la fecha, ¿por qué debían hacerlo ahora? Por decreto nada se modifica. Por decreto la corrupción es un delito y aún continúa”, subraya. “¿La familia debe atendernos? Si muchas veces nosotros sin quererlo la enfermamos, ¿entonces? Transformar los hospitales asilares por ambulatorios, o eliminarlos, llamábanse psiquiátricos o no, es cambiar todo para que nada cambie”. Y ya lo dijo Guiseppe Tomasi en El gato pardo, concluye: “si queremos que todo siga igual como está, es preciso que todo cambie”. ¿O no, señor periodista?, me dijo al despedirse.

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Con voz propia

México, baño de sangre 

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TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

La guerra fratricida que viven actualmente los principales partidos políticos en México, son la punta del iceberg de la descomposición política y social que vive el país.

Las crisis intestinas del PRI, PAN, MORENA y PRD reflejan la avaricia que siempre ha movido a los líderes políticos, que todo lo reducen a la disyuntiva de estar “con, o contra el partido”; “con, o contra el movimiento”.

La palabra “Pueblo” ha sido, motor del discurso de todos ellos, y pretexto para consolidar élites que después se han transformado en burocracias políticas difíciles de desterrar y que se han alimentado de diversas formas de corrupción.

Hoy asistimos a los últimos días del imperio PRIISTA, y su dirigente, Alejandro Moreno, se aferra a la presidencia, como última tablita de salvación para no ser encarcelado por desvío de recursos y posible lavado de dinero.

Escuela de cuadros en México durante más de 60 años, el PRI enfrenta así sus últimos días, en una agonía lacerante, porque muchos de sus líderes saben que su destino podría ser el mismo: la cárcel por enriquecimiento ilícito.

Sin embargo, MORENA, PAN y PRD, no son mejores. Menos PVEM y PT, cuyas dirigencias han estado ancladas a dos familias que se han beneficiado también del tráfico de influencias, venta de voluntades, acarreo de votantes, para enriquecerse.

Tiene razón López Obrador cuando dice que la violencia no es de ahora, deviene del momento mismo en que esos partidos, sobre todo los de la mal llamada izquierda, optaron por torcer consuetudinariamente la ley.

Poco a poco, se empezó a enfrentar la pobreza con medidas paliativas, lejos de los marcos institucionales y se permitió así el crecimiento desordenado de la vivienda, del comercio, del subempleo, del tráfico de enseres y personas.

Así México se montó en el populismo. Permitió, por ejemplo, los asentamientos irregulares, el comercio ilegal, la subcontratación sin garantías. Todo, presuntamente para tratar de dar salida a las exigencias de la población.

Sin embargo, las instituciones se han visto superadas, el Estado empezó a perder capacidad de respuesta en muchas materias como seguridad, educación, salud, comercio, transporte, trabajo, convivencia social.

Además, estos partidos descubrieron que esa permisividad, esa laxitud, también generaba grandes ganancias, y les permitía financiar proyectos personales antes que satisfactores sociales.

Los grupos políticos han obtenido así inmensas bolsas de dinero, con el cobro de permisos ilegales para vender, comerciar, sin enterar nada al fisco. Dentro de la sociedad, se formaron también grupos de control y corrupción.

Ese es el verdadero origen del crimen organizado, que creció a la sombra del narcotráfico; y ambos, al cobijo de los partidos políticos en México, principalmente PRI, PAN, PRD, MORENA, PT y PVEM. Los otros, por jóvenes, son inexpertos.

La lupa de los EEUU sobre MORENA

La escuela priista permeó en los demás partidos. Hoy, ninguno de los arriba mencionados ha estado libre de presuntos nexos con bandas del narcotráfico y del crimen organizado.

En Sinaloa, por ejemplo, es un secreto a voces, que importantes narcotraficantes se reunían con políticos de diversos partidos, en fiestas familiares en las que departían sin ningún pudor.

El caso de “El cejagüera” es uno de los más esparcidos con respecto a las relaciones prohibidas que mantuvo el PAN con distribuidores de droga. De ello puede hablar Manuel Espino, hoy miembro de Morena.

Así, en estos días ha pasado inadvertida la información sobre investigaciones que realiza el departamento del Tesoro de los Estados Unidos, en torno al partido en el poder en México: MORENA.

Se dice que el gobierno y el Congreso del vecino país dan seguimiento a las revelaciones de Julio Carmona Angulo, hermano de Sergio Carmona Angulo, famoso huachicolero asesinado a fines del año pasado en Nuevo León.

Julio solicitó protección del gobierno estadounidense como “informante y testigo protegido”, un día después del asesinato de su hermano. Se dice que ha revelado presunto financiamiento a campañas políticas.

Revisan en particular, las campañas en Tamaulipas, Sinaloa, Nayarit y Michoacán, Baja California y Baja California Sur. Al menos tres organismos gubernamentales investigan las transferencias en efectivo que hizo Carmona Angulo.

Sergio tenía ingresos diarios hasta por 1.5 millones de dólares. El departamento de Estado solicitó al Homeland Security y a la FinCen (Finantial Crimes Enforcement Network), que investiguen al menos a cinco políticos de Morena en Tamaulipas.

Según la investigación, “Sergio se había convertido en una especie de bróker para los principales cárteles” y ofrecía sus servicios como mediador y pacificador entre los capos del narcotráfico…”

A través de él se buscaba “evitar disputas y guerras en los estados y plazas, con el apoyo de gobernadores, alcaldes y políticos clave. Algo parecido a lo que hoy López Obrador acusa al PAN con Genaro García Luna.

LIBERAR A OVIDIO, EL PUNTO DE QUIEBRE DE AMLO 

Todo esto viene a cuento, porque desde el inicio de su mandato, AMLO aseguró que de inmediato los narcotraficantes se convertirían en hombres de bien; depondrían las armas por el arado. Como si existiera ya un acuerdo.

Un pacto, como desde su origen armó el PRI con los productores de la droga y que se formalizó en 1945, cuando Estados Unidos enfrentaba una guerra mundial y necesitaba droga para dopar a sus soldados y paliar sus dolores y mutilaciones.

A la vuelta de tres años de gobierno, López Obrador no ha logrado apaciguar a los diversos cárteles, y la violencia en México se ha convertido en “un río de sangre”, como dijo el Episcopado Mexicano tras el asesinato de dos sacerdotes jesuitas.

“México salpica sangre por tanta violencia, muertos y desaparecidos, los índices del crimen se desbordaron”, dijo Monseñor Ramón Castro Castro, al parafrasear al Papa Francisco: “Cuántos asesinatos en México”.

La “estrategia” de López Obrador reventó. El presidente está rebasado y ya es un hecho, para el mundo, que México es un Estado fallido, debido a su descomposición a todos los niveles.

El punto de quiebre fue el “Culiacanazo”, cuando el propio presidente ordenó la liberación de Ovidio Guzmán, pactando un armisticio entre las Fuerzas Armadas y el Cártel de Sinaloa, para evitar un mayor derramamiento de sangre.

Esa fue la asonada, fue el punto de arranque con el que los capos supieron que le tenían tomada la medida. El argumento: evitar el derramamiento de sangre tuvo como resultado: más violencia y ejecuciones.

Andrés Manuel López Obrador soltó a Ovidio y después ya nunca lo persiguió. De hecho, no hay ni orden de aprehensión en su contra. Sin embargo, el mandatario hoy acusa de “hipócritas” y “ruines” a sus detractores.

Responde algo parecido al “y yo por qué” de Vicente Fox. Dice que no es culpable de los dos asesinatos. Sin embargo, de la guerra desatada por Felipe Calderón, hoy pasamos al baño de sangre de López Obrador.

¿Por qué hipócritas, señor Presidente? Usted fue quien lo prometió, como un sinfín de cosas que no ha cumplido: reapertura de la Línea 12 del metro en un año; conversión del sistema de salud a primer mundo, reforma energética, educativa…

Y ahora dice que “viene lo mejor”, cuando ha desatado otra guerra intestina en su propio partido, por adelantar la sucesión presidencial y convertir a sus militantes en marionetas o “corcholatas” desechables, sin vergüenza ni dignidad.

Hoy, muchos dicen que Morena tiene ganada la presidencia, pero hacen mal sus cálculos. También insisten en la presunta alianza del PRI, PAN y PRD como única posibilidad para vencer al nuevo aparato electoral que usted ha creado.

Pero se equivoca: ni sus “corcholatas” le garantizan todo, ni la única alianza puede ser con esos tres de oposición. Quizá, en la ruta crítica, PRI, PAN y PRD tengan que plegarse con otro partido y un solo candidato.

Incluso, podría ser uno de los defenestrados en Morena. Puede perder la presidencia, y de nuevo quedar debilitado en el Congreso de la Unión. No, no haga cuentas alegres señor presidente, la suerte no está echada.

Usted tiene casi 9 meses… para hacer las cosas peor.

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Con voz propia

Lo populista se revierte

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

Parece consecuencia inexorable, que algún líder político que inicia con altos puntos de populismo, termine siendo muy impopular. Sin que se pueda llegar a lo genérico, ése parece ser el destino de quienes, a fuerza de retórica, llegan al poder con altísimos márgenes de aceptación –tal cual ocurrió con Nerón en la antigua Roma, Hitler o Franco en Europa- siendo su final el rechazo popular casi siempre por su imposibilidad de reconocer con cierto grado de humildad sus imperfecciones.

En América podemos escoger de entre varios gobernantes populistas, que terminaron agredidos o quizá odiados por el mismo pueblo que en un principio les aduló; y el cuestionamiento es simple ¿Qué es lo que espera la gente que ellos realicen? ¿Por qué en Colombia es casi seguro el triunfo de un guerrillero amigo de narcotraficantes, autodefinido como de izquierda?

En nuestro país, son muchos los enunciados de campaña que emocionaron a los votantes en diversas etapas de “cambio” –en el caso del actual primer mandatario no solo los pobres- aunque la mayoría de ellos suponen un cierto grado de inclusión en términos laborales o económicos ¿En el ámbito emocional tiene algún peso la posibilidad de “cobrársela” a quien recientemente nos excluyó o dejó de considerarnos en sus planes? ¿Por ello es relativamente fácil allegarnos la voluntad de los desempleados, resentidos, temerosos o empobrecidos? No hay que tropezarse con la misma piedra, decían las abuelas, pero si alguien tiene propensión de hacerlo son justamente los seres humanos.

En esta fase de desarrollo gubernamental más que análisis cuasi académico, es pertinente pensar en cosas especiales que nos llevan al punto de justificar en la mitad de actual gobierno las bondades del PRI y hasta del PAN ¿Conoces gente que teniendo hasta maestrías no han sido convocadas a ser parte en gobiernos del cambio? ¿Sabes de personas convocadas que a la hora de la verdad son “corridas” sin que se les liquide o cuando menos se les den las gracias por el trabajo prestado?

En el ambiente impuesto por la pandemia y reforzado por el temor producido por el relato continuo de muertos, secuestrados, extorsionados, asaltados y hasta quemados, salvo el uso de la herramienta electrónica que sustituye la emoción de tener enfrente a un ser vivo que nos abrace y converse, la realidad universal se denomina soledad. A quienes están en el sexto piso y más de la vida, la televisión sirve de murmullo para imaginar que alguien les acompaña, los más jóvenes ponen su música estridente –con audífonos o al natural- y casi todos esperan con ansia el zumbido del celular, a fin de comprobar que estamos en la mente de alguien que nos ha enviado un mensaje. Los que tienen un gran espacio físico ocupado por casetes o diskettes, no encuentran como hacer funcionar su viejo y anticuado reproductor de tales materiales viviendo entonces la ironía de una opulencia que ni siquiera pueden escuchar menos disfrutar. Y así es como mucha riqueza se arroja a la basura.

A finales de los ochenta, con el acompañamiento de mexicanos sobresalientes[1][1], logramos llamar la atención acerca de un problema de salud que por sus números parecía no importar al sector ¡hasta construimos un hospital en Querétaro! A escasos metros de donde se terminó atendiendo un niño al que compañeros de la tele-secundaria, quemaron al parecer de forma intencional. ¿Saben cómo influyó un ex jefe de gobierno para atacar a esta OSC en favor de los niños quemados en la ciudad de México? ¿Qué hicieron los diversos gobiernos del cambio para defender esa obra de la sociedad civil en el bajío? ¿Cómo es posible que todavía hoy después de tanto esfuerzo por difundir medidas de prevención haya una maestra que recomiende ponerle cebolla en las heridas al infante víctima?

Quemar –bosques, coches, locales, ciudades o personas- como una forma de presión y hasta venganza, debiera ser entendida por los populistas como un aviso de que se está llegando al límite de la tolerancia. Ocurre por la impotencia de ser verdaderos agentes de cambio sobre todo a imprudentes votantes que lo hicieron con las vísceras y no con la cabeza ¿quiénes facilitaron la llegada de personas notables en algunos casos que a la hora de gobernar no la hacen, sienten culpa? ¿De que sirvió a los ciudadanos guiados por Nerón su poesía y gusto por la música? ¿Qué suponen elecciones de una minoría movida por la compra del voto? ¿El abstencionismo es solo un aviso o una verdadera tragedia democrática? Han escrito los entendidos que en el declive populista la abstención es hoy rey de reyes, que domina procesos electorales derrotando la democracia misma al permitir que déspotas y dictadores triunfen mediante la corrupción de los ciudadanos.

El desempleo, el hambre, el miedo al castigo y sobre todo el mal ejemplo –como pedir diezmos a trabajadores, no pagar a empleados o proveedores, mentir, proteger a los infractores o delincuentes- son aspectos que toman en cuenta los que tienen la inteligencia, y la humildad para reconocer que se equivocan al encumbrar a alguien que no lo merecía. Una vez reconocido el error “democrático” lo pertinente es actuar, dejando de promover, aun con críticas, al populista y sobre todo acercándose a la gente capaz, ¡que si la hay y México está pletórico de buenos mexicanos!

____________

[1][1] El paido-psiquiatra Eduardo Dallal y su alumna Patricia Romano, el epidemiólogo José Carrillo Coromina, el maestro en salud pública Rodolfo Gracia Robles, el Dr. Andrés de Witt Green, Fernando Ortiz Monasterio, entre muchos otros que son extraños para los actuales funcionarios.

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