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Con voz propia

Sobre la actualización del Protocolo de Estambul en México

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Por Ramsés Ancira

Dice el presidente Andrés Manuel López Obrador que la burocracia en México y en el mundo, avanza como paquidermo reumático. Éste es el caso del acuerdo para la liberación de presos víctimas de tortura; con más de dos años en prisión sin recibir sentencia; o que por su edad avanzada corren el riesgo de morir sin volver a conocer la libertad.

Los más optimistas soñábamos que el 15 de septiembre, fecha para la cual ya debían haberse conocido las reglas de operación para el acuerdo;  y  al que prontamente se había sumado el gobierno de la Ciudad de México que encabeza Claudia Sheinbaum, tendríamos a cientos de hombres y mujeres libres, ya sea completamente absueltos o con la posibilidad de esperar su sentencia en arraigo domiciliario o en el mejor de los casos, solo con el compromiso de no salir de la Ciudad, como  es el caso de Emilio Lozoya.

A nivel nacional debió ser la Defensoría Pública Federal, que encabeza el recomendado de López Obrador, Netzaí Sandoval, quien debía elaborar la lista de personas que cumplían con cualquiera de los requisitos para obtener la libertad. No presentó ni un solo caso, a pesar de que, según ex abogados de la misma defensoría, de cada 100 mil personas que se encuentran en cárceles mexicanas, 60 mil son inocentes materiales, ya que están ahí porque confesaron bajo tortura, o no existe ninguna prueba documental contra ellos. Sólo la palabra de los fiscales que los acusan. Ya sabemos lo poco que vale la palabra de estos fiscales en México, en su mayoría sobornados por los acusadores, y delincuentes fabricantes de pruebas y expedientes. ¿Hay excepciones? Pues seguramente serán verdaderamente excepcionales.

Vale aclarar que el único mérito de Netzaí Sandoval para ocupar este cargo por el que recibe más de 300 mil pesos cuatrimestrales, es haberle cargado el portafolio a López Obrador en sus viajes al extranjero. Su especialidad es en derecho electoral, lo cual no lo ayuda en nada a la defensa de presos.

Por otra parte, de esos mismos 100 mil, 80 mil podrían esperar la sentencia fuera de las cárceles, estudiando o trabajando. Esto no sucede porque al igual que en los gobiernos federales del PRI o del PAN, y tal como sucedió con Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México, los presos son un excelente negocio. Si cada uno de ellos le cuesta al Estado un promedio de 3 mil pesos por mantenerlos en la cárcel (no valen más los bolillos duros, las tortillas remojadas o los caldos insípidos y los atoles con agua con los que los alimentan) un preso paga en promedio, muchas veces más, entre 3 mil y 50 mil pesos mensuales por el derecho a dormir acostado en el suelo, lejos del excusado de la celda; una cobija para sentarse en el patio de la prisión cuando recibe a sus familiares, la renta de sillas y una mesa para comer con sus visitantes, si es que los tiene, una vez por semana.

El precio aumenta si está consciente, pero pide una revisión del médico de la prisión o necesita una aspirina, que le venderán al mismo precio que en los hospitales Ángeles, cuyo dueño Olegario Vázque Aldirr, por cierto, es también propietario de cárceles federal concesionadas en el gobierno de Salinas de Gortari. Ya en el tema vale mencionar que los propietarios de periódicos como El Financiero, cuyos trabajadores reclaman el cumplimiento de pagos caídos, o de Televisión Azteca, que tiene contratados por outsourcing, con domicilio fiscal en Monterrey, a varios trabajadores que realizan sus tareas en la Ciudad de México, , también son propietarios de reclusorios federales, donde por cada preso, el gobierno federal les paga más que si los hospedara en hoteles de cinco estrellas.

Si por claustrofobia o cualquier razón no puede permanecer en las celdas hacinadas, debe pagar por un sello, que en el argot carcelario se llama “bala” para poder deambular en el patio y usar los aparatos de ejercicio que donó Deportes Martí.

Como no hay espacio para la visita conyugal se hacen acuerdos, claro mediante un pago, el preso que tiene el privilegio de tener una celda para él solo o para un máximo de cuatro personas, puede salir al patio, mientras un custodio renta en mil pesos o más el rato que puede pasar un prisionero, con muy relativa intimidad, cubriendo las rejas con cobijas, en compañía de su pareja.

La cortesía carcelaria, por cierto, obliga a todos los internos a bajar la mirada si saben que una mujer va a ingresar a una celda no acondicionada, si se va a usar para visita conyugal.

En la Ciudad de México, la responsabilidad de obtener la lista de personas que deben obtener su libertad, recae en el Secretario de Gobernación local, Martí Batres, quien ocupa ese puesto pese a que nunca se aclaró la distribución de leche con huevos de parásitos, que se realizó cuando él ocupaba un puesto similar en el gabinete de López Obrador, en el entonces Distrito Federal. Los archivos periodísticos tienen esta información, ubicable con el nombre de “Leche Betty”

Pero mientras el “paquidermo reumático” no recibe ni un poco de “Bengué” para aliviar sus dolores;  en el mundo si avanzan los esfuerzos de la sociedad civil para perfeccionar el Protocolo de Estambul y evadir todas las  trampas que ponen los golpeadores para que no quede huell, como la aplicación de corrientes eléctricas que no dejan cicatriz, los ahogamientos en excusados o botes con agua apestosa;  o con bolsas de plástico, torturas que se siguen aplicando en todo el territorio mexicano, (que no es territorio Telcel) porque al  apando no entran las señales que permiten geolocalizar a una persona que está siendo víctima de tortura.

El Protocolo de Estambul tiene nuevas reglas y esto sería una herramienta fabulosa para que un gobierno como el nuestro, que anhela una Cuarta Transformación, siquiera ponga primera en el sistema de reclusorios, mismo que está incluso peor que en 1968, porque por lo menos entonces, los presos políticos de Lecumberri, podían preparar sus propios chilaquiles y estudiar con otros presos políticos como José Revueltas o Eli de Gortari.

Ahora, pobre del preso que quiera leer, pero no tenga lentes, porque le cobraran por ingresarlos hasta “la comodidad” de su jaula.

Existe espacio reservado para 15 periodistas que deseen acudir personalmente a esta conferencia de prensa organizada por el comité médico del Colectivo contra la Tortura y la Impunidad, en el Hotel Benidorm, ubicado en la cuchilla que forma la calle de Frontera al converger con la Avenida Cuauhtémoc, en la Colonia Roma de la Ciudad de México. Tras la conferencia será posible hacer entrevistas particulares de hasta 15 minutos con el doctor en siquiatría Fernando Valadés, sobreviviente del Halconazo del 10 de junio de 1971 y fundador del Colectivo contra la Tortura y la Impunidad. Solo tienen que programarla mediante un correo electrónico a editorialparadigma@gmail.com

Desde otras entidades de la República podrán seguir la transmisión y hacer preguntas a través de la página de Facebook del Colectivo contra la Tortura y la Impunidad.

 

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Con voz propia

De escándalo en escándalo y AMLO nos manda al carajo

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TRAS BAMBALINAS  

Por Jorge Octavio Ochoa

De escándalo en escándalo, el régimen 4teísta va dando tumbos, pero esta vez se enfrentará a sus demonios internos.

Del nuevo hallazgo de otra mansión en Houston, que López Obrador ve como “modesta”, al descubrimiento de medicinas echadas a perder en Tabasco y Veracruz, no hay “a cuál irle”, como dicen en el barrio.

Ambos casos son, más que debate, motivo de demandas penales y llamados a cuentas por el Congreso de la Unión. Pero, como ya sabemos, al menos en la Cámara de Diputados no hay nada que hacer.

El agrónomo director de Pemex, Octavio Romero Oropeza tendrá que explicar, en primer lugar, porque una muchacha sin experiencia en el sector petrolero es directora de una filial de la paraestatal.

Pero, peor aún. El Senado de la República debe llamar a cuentas a los gobernadores de Veracruz y Tabasco por el criminal desperdicio de medicinas y vacunas, al margen de las demandas penales que les inicie la población.

Moralmente, ambas investigaciones profundizan el debilitamiento que la imagen del presidente de la república sufrió desde que se reveló el caso de su hijo José Ramón López Beltrán, del que no ha podido salir el mandatario.

En medio de todo este drama, los grupos al interior de MORENA empiezan a lanzarse obuses mortales y tarde o temprano echaran mano a estos temas, así como a la disputa entre el fiscal Gertz Manero y el ex consejero presidencial Julio Scherer.

Es muy factible que, por lo pronto, Cuitláhuac García y Carlos Merino, gobernadores de Veracruz y Tabasco, sea citados a comparecer en el Senado, luego de confirmarse el quebranto por miles de fármacos que caducaron embodegados.

Los radicales de MORENA, encabezados por John Ackerman, dirán que esto es culpa de Mario Delgado, por permitir el ingreso de advenedizos y pecadores. Los otros dirán que es resultado del avasallamiento, soberbia y autoritarismo de los Ayatolas.

López Obrador podrá decir que Cuitláhuac y Merino son “gente de primera”, pero al margen de su humilde opinión, ambos tienen que explicar cómo fue que se echaron a perder 100 mil 100 cajas en Tabasco y 884 mil 822 en Veracruz, de piezas de medicina contra el cáncer.

El escándalo adquiere otros niveles cuando el primer mandatario de la nación acaba de mandar “al carajo” a todos sus conciudadanos de la oposición, a quienes también gobierna, por criticar su decisión de traer médicos cubanos “especialistas”, para enviarlos a zonas apartadas porque los mexicanos no quieren ir.

Hasta la fecha López Obrador no ha precisado en qué se gastaron 285 millones 873 mil 177 pesos para el pago a 585 presuntos especialistas de la isla que vinieron a “asesorar” a los mexicanos, y cuántas vidas salvaron los galenos durante la pandemia.

El presidente descalifica, insulta y todo le parece modesto. Pero seguimos sin saber cómo se justifica el gasto por sólo tres meses de servicio de cada uno de los médicos cubanos, que ganaron en ese lapso 437 mil 390 pesos por cabeza. Aunque en realidad el dinero fue a parar a las arcas del gobierno de Cuba.

Es un insulto para miles de médicos mexicanos, que sólo ganan 17 mil pesos mensuales en muchos casos. Pero a él le parece poca cosa gastar por ejemplo, tan sólo en 2020, alrededor de 14 millones 884 mil pesos por gastos de “hospedaje, alimentación y servicios generales”.

Es ofensivo y fuera de todo orden, que el presidente nos mande “al carajo” por estar inconformes, luego de dos años de pandemia, en que su régimen nunca tuvo un gramo de empatía para condonar impuestos, diferir pagos de algunos servicios públicos o hacer descuentos. Nada, no hubo ningún apoyo.

Un insulto a la inteligencia del pueblo 

Enfurecido, por este último escándalo de la casona, López Obrador también trata de aplastar, sepultar, evadir el escándalo de la hija de su secretario particular, Alejandro Esquer, y cree que con su sola palabra lo libra a él y al director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, de todo pecado.

No sólo se trata de la casa de 8 millones de pesos, adquirida en Houston por Carmelina Esquer, a tan sólo 15 minutos de la que ocupaba el hijo mayor del presidente, José Ramón López Beltrán, quien pagó la renta con su sueldo de una empresa radicada en Estados Unidos, propiedad “del hijo de un amigo”.

Hay toda una cadena de irregularidades, como el hecho de que Carmelina fue designada directora de Pemex Procurement Internacional (PPI) en julio de 2019, con tan sólo cinco meses de experiencia en el sector petrolero, luego de ser solo “coordinadora de área”.

Éste es un asunto grave, que por sí solo amerita explicación de Romero Oropeza. Ella tiene un sueldo mensual de 270 mil pesos, superior a lo que gana el presidente, y contraviene la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, promovida por el propio López Obrador.

En 2019, tras el triunfo de AMLO, ella fue nombrada delegada de la Secretaría del Bienestar y un mes después, en febrero de 2019 llegó a Pemex como coordinadora de área, para después ascender a la dirección de PPI. Ahí se confirma aquello de que «90% de lealtad y 10% de capacidad».

Es aberrante, un insulto a la inteligencia del pueblo, porque además la filial de Pemex fue creada por el “odiado Peña Nieto y los conservadores de antes”; ha mantenido contratos con Baker Hughes, la empresa de donde salió un funcionario que le rentó su “casita” a José Ramón López Beltrán.

También tuvo contratos con la empresa holandesa Vitol, vinculada a sobornos comerciales. Aun así, la filial de Pemex en Houston firmó convenios con ellas.

Pero no es todo. La filial de Pemex mantiene prácticas de opacidad, heredadas de los de antes, como el conservar en secreto su nómina y los contratos multimillonarios que ha suscrito. Todo, bajo el pretexto de que se rige por leyes extranjeras y por tanto, “no es un ente obligado”.

El blindaje de opacidad creado por el gobierno de Peña Nieto bajo la dirección del actual indiciado Emilio Lozoya, es el mismo que mantiene el impoluto régimen de López Obrador. Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), tuvo que obtener la información a través de una fuente que ha colaborado para PPI.

Pero López Obrador justificó la contratación de Carmelina, el sueldo, el cargo y la propiedad de una residencia en Estados Unidos. “Ella estudió y tiene un trabajo en Houston y compró una casa, un departamento, pero modesto…”

Sin más argumentos, se fue de boca contra el diario Reforma y otros diarios estadounidenses, así como contra el periodista Jorge Ramos, menciona a Carlos Loret. Pero no aclara ninguno de los puntos legales. El presidente de México otra vez falta a la verdad, a la ética y a la legalidad.

¿No pasa nada? ¿Qué es lo que ya cambió, señor presidente? Me gustaría rematar esta entrega y aplicarle la misma que usted nos recetó por criticar la contratación de médicos cubanos.

Pero ¿sabe algo? Entre las pocas cosas en que estamos de acuerdo, debo decirle que, efectivamente, “no somos iguales”. Nosotros sí tenemos todavía autoridad moral y educación. No puedo mandarlo ni a su rancho.

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Con voz propia

Fiesta familiar de gobernador de Hidalgo se hizo con la Sonora Dinamita y Mariana Seoane

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Para la celebración anual de la familia Meneses, el gobernador del Estado habría gastado junto con su familia alrededor de 1.7 millones de pesos en una fiesta privada

Por Emmanuel Ameth

Omar Fayad Meneses, gobernador de Hidalgo (Méx), se puede dar lujos desde el poder que para el resto de los mortales sería imposible. Y es que según se observa en un video en propiedad de este medio, el mandatario contrató a la Sonora Dinamita así como a Mariana Seoane para amenizar la reunión familiar anual de la familia Meneses, misma que tuvo una asistencia de al menos 2 mil 100 invitados.

La reunión, que es llevada cada año, sufrió un salto exponencial en cuanto a los artistas contratados con Omar Fayad en el poder y con su primo, el entonces alcalde de Zempoala Héctor Meneses Arrieta, toda vez que invitaron a artistas de talla internacional.

Durante el video que fue compartido a este medio, se observa al gobernador de la entidad dirigiendo unas palabras a los asistentes:

“Hoy tengo el orgullo y el agrado de presentar un espectáculo maravilloso con dos grandes artistas. Por una parte una sonora muy caliente ¡La Sonora Dinamita! van a pasar para deleitarnos con muchas de sus canciones. También quiero presentarles a una amiga muy querida, una mujer guapísima, actriz… (pausa) ese chiflido se quedó corto… va a estar aquí esta tarde animando a nuestra familia y ella es ¡Mariana Seoane!”, dice Omar Fayad en el video que corresponde a su reunión familiar anual 2019.

Fayad Meneses agradeció también el prestar el recinto (municipal) a su primo el entonces presidente municipal Héctor Meneses Arrieta.

El costo del evento

Si bien el costo de los artistas depende de la agencia que los contrate, el personal que lleve, la producción, la distancia de la Ciudad de México, si el evento es público o privado y sobre todo la fecha en que son contratados, este medio hizo una aproximación del valor pagado a los artistas para su presentación.

De acuerdo con blogs especializados en redes, hace una década, contratar a la cantante y actriz Mariana Seoane costaba unos 350 mil pesos por presentación, cifra que habría subido a por lo menos medio millón de pesos en 2019.

En el caso de la Sonora Dinamita, la revista Proceso reveló que la suma de todos los costos asociados a su presentación, en un día cotidiano -el evento e Fayad fue en fin de año-, supera el millón de pesos.

Es así que entre ambos personajes, independientemente del costo del recinto, la cifra erogada asciende a por lo menos millón y medio de pesos solamente de la presentación, pues también se departió una cena para los más de 2 mil asistentes, lo que añadiría por lo menos otros 200 mil pesos al total.

Y es que aunque en el caso de Fayad Meneses así como el de su esposa Victoria Ruffo, podría existir un precio especial -o incluso ninguno- por parte de los artistas, los costos asociados a su traslado y equipo de producción siguen siendo millonarios.

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Arteleaks

Un amigo de Dios

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JUEGO DE OJOS

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

En esta entrega comenzamos con un acertijo. ¿Podrá el lector adivinar de quién hablo?

Un escritor, nacido alrededor de 1890, es famoso por tres novelas. La primera es corta, elegante, un clásico inmediato. La segunda, su obra maestra, presenta a los mismos personajes, aunque es más larga y compleja, e incorpora en forma creciente elementos míticos y lingüísticos. La tercera es enorme, casi una locura exuberante de la imaginación.

Una pista: no se trata de Joyce.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, denunció la producción masiva, el estruendo del tráfico y el descarno y fealdad de la vida moderna europea, y amó los árboles y la verdura de la campiña inglesa en donde vivió de niño, así como a las pequeñas y delicadas criaturas con las que se topó en las leyendas nórdicas.

Una pista: no se trata de D. H. Lawrence.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, mezcló porciones de literatura antigua con su propia obra maestra, aderezándolas magistralmente conforme avanzaba.

Una pista: no se trata de Ezra Pound.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, se declaró monárquico y católico.

Una pista: no se trata de T.S. Eliot.

Los más antiguos de mis lectores –antiguos en el sentido clásico- quizá hayan adivinado ya de quién hablo.

Y si son mis contemporáneos y fueron como yo vagamundos y en su camino a Damasco se toparon en un callejón con el grafiti “¡Frodo vive!”, entonces ya lo saben de cierto.

Para los más jóvenes, quizá un cuento les ayude:

“Había una vez un cuarentón, profesor de lingüística y filología, que sabía más que nadie en el mundo sobre las antiguas lenguas nórdicas y el Beowulf. El maestro había quedado huérfano muy joven, y el ejército de su país lo mandó a una guerra terrible en donde estuvo a punto de perder la vida.

“Anegado en el lodo sanguinolento de las trincheras y apabullado por el estruendo del cañón y la metralla y los lamentos de amigos y enemigos, quizá haya imaginado el mundo que creó cuando muchos años después interrumpiera por un momento la calificación de un examen para escribir al reverso de la hoja: “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”.

Es claro que el escritor de quien hablo, nacido alrededor de 1890 en África del Sur, es John Ronald Reuel Tolkien, hoy una referencia doméstica gracias a Hollywood, pero en mi adolescencia y primera juventud, vicario de un rito arcano cuyos miembros nos reconocíamos por señas secretas y conjuras pronunciadas en voz baja como la de “¡Frodo vive!”

Me asombra que haya sido hasta fines de los ochenta que encontré en mi propio país con quien hablar sobre la tetralogía de Tolkien y sus asonancias y disonancias con, entre otros, Joyce, Lawrence, Pound y Eliot, de la manera juguetona que se consigna al inicio de este texto y que ojalá fuera mía, pero lo es de Jenny Turner, la espléndida periodista autora de Razones para amar a Tolkien.

He aquí un personaje deslumbrante y paradójico. De él se dice que era aburrido en una sociedad y un siglo de tiesuras, y que su devoción por la filología se percibía anticuada incluso entonces.

Pero la obra de este flemático inglés nacido en Sudáfrica, quien nunca alzaba la voz, vestía siempre en tweed y chaleco y fumaba pipa, despertó una corriente pasional pocas veces vista en la literatura.

Jenny Turner confiesa que le asusta haber pasado “demasiado tiempo” de su adolescencia en compañía del demiurgo de El señor de los anillos y que ya adulta si bien encuentra los libros repetitivos y “ruidosos”, éstos siguen conectándose a su espíritu de manera inquietante.

“Hay una succión, un algo primigenio que se transmite entre ambos, como cuando una nave espacial se enchufa a la nave madre. Es como el seno materno, es un alivio infantil… que también es como un hoyo negro”.

Escalofriante memoria, pero humana y generosa si la comparamos con otros juicios, como el de mi admirado Edmund Wilson: “Hipertrofiado… Un libro infantil que de alguna manera se salió de madre… Una pobreza creativa casi patética…”.

John Heath-Stubbs estima que la obra es “Una mezcla de Wagner y el osito Winnie Pooh, mientras Germaine Greer exclama que fue “su pesadilla”.

Vaya, pues. Supongo que el viejo profesor, tan enemigo de las pasiones terrenas, nunca imaginó que la obra iniciada con la frase, “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”, fuera a despertar tantas y tan opuestas durante tantas generaciones, pues a estas alturas del siglo y mal que me pese gracias al cine, la cofradía tolkiense es ya una muchedumbre.

No escapa a la aguda e inteligente mirada de Jenny Turner la paradoja: si los libros son tan criticables, ¿por qué a tantos millones les han apasionado?

No es una pregunta fácil, pero tengo mi propia experiencia. El Hobbit (1937) me encontró, aún adolescente, en el aeropuerto de Londres, olvidado o escondido por alguien entre el Time, el Newsweek y el Life.

Lo compré por no dejar, por tener algo que leer en el vuelo de interminables horas que me esperaba. ¿Por no dejar? ¿O fue que se cumplió el adagio de Edmundo Valadés sobre los libros que nos están destinados en la vida?

En la sala de espera comencé la lectura y a la mitad del vuelo maldije no haber adquirido los tres tomos de la secuencia, conocida como El Señor de los Anillos (1954).

Caí en la red del viejo profesor, atrapado, de nuevo, en el vicio solitario que nos libra para siempre de la soledad. No descansé hasta que pude fatigar la trilogía con pasión talmúdica y transité los caminos de toda la obra del viejo profesor y de lo que su hijo Christopher editó amorosamente en memoria del demiurgo de la Tierra Media.

Y como dicen los angloparlantes, al final del día lo que me quedó fue una profunda identificación con la obra, una suerte de simbiosis que, ahora lo pienso, tiene en verdad algo de misterio sobrecogedor.

Leo y releo los libros. Sé de memoria pasajes enteros. Y cada vez que los visito descubro algo novedoso. Quizá ahí esté la explicación. Tolkien fue capaz de comunicarse con otros espíritus en un nivel anímico primario que escapa a toda explicación y que tiene como hilo conductor las emociones y sensaciones más humanas.

Desde luego que una mirada crítica, como apunto arriba, descubre inconsistencias en el texto, en los diálogos, en los personajes y en la narrativa.

Yo daría cristiana sepultura a Tom Bombadil, un personaje arbóreo que transcurre cantando tonadillas hueras y que no tiene mayor consecuencia en el resto de la historia, y trabajaría la estructura interna de algunos protagonistas así como la lógica de varios episodios.

Y ya que de utopías hablamos, también sacaría del mercado la horrenda traducción al español de Taurus, con su majadera “castellanización” de nombres que en vez de un Bilbo Baggins nos sirve un “Bilbo Bolsón” amén de otras aberraciones asestadas a la obra del viejo profesor. No ha nacido el argentino que se deje intimidar por los versos aliterativos del Beowulf. ¡No señor!,

Y a todo esto, ¿quién fue este personaje, esa suerte de hobbit mayor?

John Ronald Reuel Tolkien nació el domingo 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, África del Sur, después de un parto difícil y prolongado. Apunto este detalle íntimo porque lo encuentro en la biografía de muchos escritores.

Sus padres fueron Arthur Tolkien y Mabel Suffield. A ese país habían emigrado en busca de fortuna y ahí creció, un niño débil y enfermizo. A la muerte de Arthur en 1896, Mabel regresó a Inglaterra, en 1900 se convirtió al catolicismo y en 1904 murió de diabetes, enfermedad incurable en la época.

La madre es un personaje fascinante por derecho propio y creo que su personalidad impregna a los espíritus etéreos y fuertes de las pocas mujeres en la obra de J.R.R.

Antes de casarse con Arthur a los 21 años, había sido misionera de la Iglesia Unitaria en África y, créalo o no el lector, ¡impartió catecismo en el harén del sultán de Zanzíbar!

Ahora bien, imaginémonos a esta familia de la clase media pobre en la Inglaterra anglicana y victoriana de entonces y las consecuencias que sin duda estos hechos tuvieron sobre la sensible personalidad del niño J.R.R.

¿Recuerda el lector a Shelob, el mefistofélico ser que en forma de tarántula gigante custodia el paso de Cirith Ungol a Mordor por donde deben transitar Bilbo y Samwise merced a las intrigas de Gólum?

Pues en Sudáfrica el niño John tuvo experiencias que aparecerán reflejadas en su obra: un encuentro con una tarántula peluda que lo picó, y con una serpiente.

Y un mozo de la familia “lo tomó prestado” durante varios días para llevarlo a su aldea y presumirlo a su extensa parentela, con las consecuencias que el lector podrá imaginar.

Creo que su niñez africana, su adolescencia en la campiña inglesa, su estancia en las trincheras en la primera guerra mundial -donde el gas mostaza daño su salud para siempre y en donde perdió a la mayoría de sus amigos- , su vida enclaustrada como profesor de filología y sajón antiguo… toda su existencia, pues, está reflejada en la saga de los Baggins, desde la fiesta a la que asisten los enanos sin invitación, hasta la última escena en que Bilbo, Frodo y otros personajes abandonan para siempre la inolvidable Tierra Media.

Pero me estoy saliendo de cauce. Si el viejo profesor pudiera leer estas cuartillas y en particular el anterior párrafo, sin duda las haría confeti, ya que detestaba a los críticos y a los exégetas… ¡y a fe mía que tenía razón! Así que en resumen diré que los cuatro libros de la saga (El Hobbit,  El Señor de los Anillos, Las dos torres y El regreso del rey) con El Silmarilion, integran una república abierta a quien desee pedir la ciudadanía del país mayor del gozo, que es la tierra de la imaginación.

Reuel, el tercer nombre de Tolkien (John Ronald), es un apelativo heredado de padres a hijos en esa familia, y quiere decir, literalmente, “Amigo de Dios”. Sin duda el viejo profesor lo fue.

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Fuente: juegodeojos.mx

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