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Oriente Medio

Siria, ¿sólo la guerra civil?

El gobierno de Siria ha apostado a convertir la guerra civil en un exterminio a los opositores al precio que sea.

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Siria, sin ayuda internacional Foto: diarioprogresista.es

Antonio Hermosa Andújar*

¿A quién le importa Siria? Fuera ya su actual órbita de todo vínculo con la Primavera árabe, aunque al principio lo tuvo; perdido el eje democrático, si alguna vez lo hubo, el planeta sirio parece navegar sólo por los espacios siderales del éter político arrastrando consigo a su solitario satélite, Líbano, hacia el mismo trágico destino común: la guerra civil.

Mientras la sociedad internacional deshoja la margarita de la intervención humanitaria en refuerzo del bloqueo económico; mientras algunos de sus líderes se rasgan las vestiduras morales por cuanto acontece en el país árabe (en tanto otros dicen que tal como están las cosas así son y así deben ir); mientras se duda entre armar o no a los rebeldes; mientras se urden más planes de alto el fuego y se idealiza el acuerdo entre las partes, etc.; mientras todo eso tiene lugar, Bachar el Assad, digno émulo de su padre aunque heredero por defecto, se consagra a mantener viva la leyenda familiar: asesina, acuerda y vuelve a asesinar.

Cuando alguien culpa exclusivamente de las masacres de las que es responsable directo a las víctimas que masacra, a las que tilda de terroristas, o a quienes desean acudir en su ayuda; cuando un gobernante actúa como inspirado por la muerte y gasta la imaginación principalmente en las modalidades de crueldad que la generan; cuando lleva a cabo acciones contra el derecho de guerra, como si no fuera a haber paz ya nunca más, que diría Kant, ¿cómo entender, sino como un ejercicio de cínica simpatía con el tirano, someter a su firma un nuevo plan de paz?

La única incógnita respecto de su violación es si acaecerá antes de que los mediadores internacionales hayan abandonado suelo sirio o éstos llegarán a tiempo de brindar en el avión. Lo que en cambio sí podemos afirmar con casi total garantía es que cuando se adquieren tan buenas costumbres –el crimen y el modelo rococó de crueldad que mata-, éstas ya no nos abandonan, y resisten toda voluntad de hacerles frente en el futuro. Son ellas las que nos transforman en ahijados suyos y nos dictan la huida hacia adelante como único camino a seguir.

Por eso, y con permiso de Tocqueville, resulta factible vaticinar dos hechos: uno, que si hay negociación entre las partes, una de ellas no estará encabezada por el tirano, aunque sí pueda haber algún gerifalte de su cohorte al frente; el otro, que el dolor y el odio gestado por la crueldad han llegado tan lejos –como en el caso de las recientes ejecuciones sumarias de Hula, en las que se pretende asesinar el futuro de la contraparte, dado que la mitad eran niños- que ya no estamos ante un simple cambio de élites y ni siquiera de régimen: estamos ante una cuestión de supervivencia de algunos sectores de la sociedad siria, entre ellos, harto probablemente, el alauita en el gobierno. A partir de ahora, para los alauitas sirios o la fracción suní que les apoya, y no serán los únicos, la inocencia tendrá el precio de la sangre.

Así pues, en tanto Assad dirija el gobierno no habrá vuelta atrás, y su tiranía será un modelo de Ilustración sui generis: demostrará que el mal puede progresar hacia peor indefinidamente. Por otro lado, no lo tiene muy difícil, dado que da pruebas de astucia suficiente al jugar sus cartas. En tiempos antiguos, según muestra el caso de Deyoces sobre el que se demora Herodoto, el futuro tirano partía de una ejemplaridad en sus costumbres y su sentido de la justicia que elevaban naturalmente su prestigio dentro de su ciudad; y de eso supo servirse al punto no sólo de acceder al poder, sino de instaurar una dinastía.

Assad no requiere salvar tanto obstáculo para mantenerse; en primer lugar, desde el momento en que asesina a parte de la población que se le opone casi por deporte, ya tiene a su lado a dos poderosos aliados que defenderán a capa y espada su heroísmo, antioccidental o no en función de las circunstancias: Rusia y China. Gracias a ellas, el bloqueo a toda intervención decidida desde el Consejo de Seguridad de la ONU está garantizada por principio, y cualquier resolución de condena adoptada por la Asamblea General quedará en papel mojado.

Y por mucho que se quieran justificar en razones estratégicas la defensa que ambas potencias hacen de Siria, nunca será fácil convencer a la opinión pública de que un país de unos 20 millones de habitantes sea tan necesario para ellas, en especial para la primera, de la que se profesa amante (por lo demás, ¿cesarían por fuerza las relaciones bilaterales con cada una de ellas, e incluso el carácter privilegiado de las rusas, con otro régimen?). Sin el antioccidentalismo visceral que las impulsa, y quizá aún más el que no cunda el ejemplo, cabría dudar de si su actitud no sería diferente, mas no de que el mundo sería un lugar mejor.

En segundo lugar, Assad se ha valido exitosamente de la herencia de fragmentación social dejada por su padre, que creó todo un sistema de organizaciones únicas, de las que se valía para repartir prebendas y privilegios –al tiempo que abría feudos en cada grupo social- entre obreros, campesinos, estudiantes, militares, sectores profesionales, mujeres, jóvenes, etc., agrupadas en torno al partido único con el que había monopolizado el poder y dominado la sociedad.

Esa subdivisión, aún hoy existente, explica en gran medida el por qué de la adhesión a la figura del dictador todavía presente en lugares clave de la sociedad siria, es decir, la impunidad con la que ha podido cometer sus crímenes sin que le salpique la sangre en la conciencia: un ejército de cómplices le ha servido de escudo e inmunizado su moralidad.

No se ignora lo que sucede en Siria, y sin embargo se deja que suceda. Foto: red

Y, en tercer lugar, Assad dispone de un gran arsenal armamentista en el que abundan los misiles de tierra y las armas de destrucción masiva, químicas y biológicas. Vale decir, dispone de un fuerte poder de disuasión para quien se aventure a la ligera a atacar Siria. Frente a poder semejante, y al objeto de neutralizarlo, cabe hipotizar algunos escenarios, como el de un numeroso ejército internacional fuertemente armado y en el que participaran las superpotencias actualmente aliadas, pero hoy por hoy no pasa de ser un espejismo.

Ante un tal potencial disuasorio se comprende por sí solo que Occidente se retraiga, o al menos se piense detenidamente si inmiscuirse en los asuntos internos de otro país, o quedarse con las manos cruzadas mientras entona su salmodia moral; la legítima intervención humanitaria quedaría en estado de flotante posibilidad, pero para mejor ocasión. Entre tanto, el fantasma de la guerra civil, caso de que cuanto ocurre no lo sea ya, domina el horizonte político y social de Siria.

La oposición, aun desunida, no ceja en su esfuerzo por echarle, ni éste en el suyo por mantenerse, lo que vista la obstinación de los rebeldes, constatada la crueldad del gobierno por antiguos partidarios que han perdido el miedo, y sellada la fractura definitiva de la sociedad, que afecta también a los oasis de privilegiados afectos al régimen, raramente puede significar otra cosa que la aniquilación del opositor, es decir, el exterminio de los rebeldes al precio que sea: y si con ello se bate el récord de papá matando gente de una tacada, ¡pues a celebrarlo en el Guinness!

¿No será esto lo que se busca con la renuncia a la intervención? ¿No será que el desinterés por Siria es la fachada, no de un interés en su autodestrucción, sino de la desidia que provoca su posible consumación? Un país que no cuenta en el mundo salvo para hacer daño al Líbano no merece ningún esfuerzo por él, menos aún sacrificios, y menos todavía en los tiempos que corren, con Occidente cayéndose a pedazos y EEUU degustando el sabor desconocido de la pobreza en las carnes de su clase media. Y qué decir de las demás potencias, tan activas cuando sus intereses entran en juego y tan estoicas cuando no. De ser ése el modo de pensar, el tiro nos podría salir por la culata.

Los tiranos, en efecto, no leen a Tácito, pero nacen con él aprendido. ¿Y quién nos dice que ante la perspectiva del exterminio de su pueblo Assad no decida cambiar de rumbo y querer congraciarse con buena parte de él… provocando una guerra con algún país del vecindario, o incluso suscitando un conflicto en el conjunto de la zona? Ahí están, sin ir muy lejos, Jordania, Iraq, Arabia Saudí, Turquía, y mucho más cerca todavía, incrustado en su pecho, ahí está el odio sirio a Israel. Y sus armas llegan a ciudades de todos esos países: él, que no pone ningún reparo a asesinar compatriotas, ¿por qué debería ponerlos a asesinar extranjeros, máxime sabiendo que en su labor homicida contaría ciertamente con la alianza de Irán, bajo cuyo protectorado político-militar vive?

Hasta podría incluir en su ejército a los rebeldes, que una guerra convierte misteriosamente en patriotas gubernamentales, y mandarlos a que los asesinaran otros en lugar de tener que hacerlo él. ¡Una buena guerra y todo listo y en su sitio! También es cierto que una guerra según con quién podría dar al traste con su trono y con él casi de inmediato, pero ante el placer de los estragos producidos ¡que le quiten lo bailao! ¡Hasta podrá vivir o morir como héroe y sus sucesores emplazar una estatua suya en la memoria de sus futuros súbditos!

Actuar o no actuar, ésa es la cuestión. Asesinada la inocencia por nuestro comportamiento caníbal …uns ist gegeben, / auf keiner stätte zu ruhn (“…no nos es dado / reposar en lugar alguno”), que dijera Hölderlin, y nos resulta imposible rehuir sus consecuencias, razón por la cual tenemos prohibido dejar que un problema internacional –y todas las cuestiones nacionales graves son problemas internacionales- se solucione por sí solo, sin la intervención de la comunidad internacional, que en su situación actual deja casi todo que desear. Dar solución a este problema primario es la condición para que la civilización se proteja de la intemperie jurídica en la que vive, y la Humanidad un día logre abandonar el estado de naturaleza. De lo contrario, un don nadie político como Assad seguirá siendo tirano no sólo en Siria, sino asimismo a lo largo y ancho del mundo.

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África

Marruecos: Pacto Mundial sobre Migración

Marruecos es la sede donde se reúnen más de 150 países para firmar el Pacto Mundial para una Migración segura, ordenada y regular, para dar salida a crisis humanitarias

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Raúl Ramírez Baena

Hace 70 años, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU aprobó en París la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, documento magno que dio origen al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

La Declaración se propone como ideal común de la humanidad, la consecución de la libertad, la justicia y la paz, el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana, e inscribe dos principios fundamentales: la UNIVERSALIDAD y la PROGRESIVIDAD de los derechos humanos.

En este marco, la ONU ha convocado en Marruecos a los países miembros a debatir el acuerdo global sobre migración, llamado “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular” (cuyo acuerdo inicial, a excepción de los Estados Unidos de América, fue aceptado en julio para su discusión los días 10 y 11 de diciembre), teniendo como objetivo “ayudar a aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los inmigrantes indocumentados.”

Como una manifestación de “aporofobia” (rechazo al pobre), países industrializados de Europa occidental y de Norteamérica no simpatizan con este Pacto Mundial, países de destino de la migración, que han girado sus políticas económicas hacia corrientes nacionalistas, conservadoras y proteccionistas de su planta laboral y mano de obra nativa, en contraste con la Globalización y el liberalismo del mercado, hoy en declive.

Son destacables las posiciones de Donald Trump, del Brexit en Inglaterra, de la Ley de Extranjería en España y de los duros controles migratorios en Sudamérica, en Alemania y en los países de Europa del Este, que bloquean y criminalizan la migración masiva de los países en crisis.

Recientemente, se calcula que 68 millones de personas desplazadas han salido de sus países, provenientes del Medio Oriente y de América Latina y el Caribe, huyendo de la pobreza y de los fenómenos naturales, pero más, de la guerra y de la violencia que los asola.

Este Pacto constituye el primer intento para gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional; “refleja el entendimiento común de los Gobiernos de que la migración que cruza fronteras es, por definición, un fenómeno internacional y que para gestionar con efectividad esta realidad global es necesaria la cooperación para ampliar el impacto positivo para todos”, apuntó el Secretario General de la ONU, António Guterres.

Se busca cambiar las políticas de rechazo y criminalización de la migración hacia una visión más positiva y propositiva donde todos los países ganen, los de origen, los de tránsito y los de destino de la migración.

Hay algunas metas genéricas del Pacto como la cooperación para abordar las casusas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes como última opción y reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación.

Los Estados se comprometen también a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, con misiones de búsqueda y rescate, garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter exclusivamente humanitario.

Además, los Estados que suscriban el Pacto prometen garantizar un regreso seguro y digno a los inmigrantes deportados y no expulsar a quienes enfrenten un riesgo real y previsible de muerte, tortura u otros tratos inhumanos, como es el caso de los hondureños hoy refugiados en México en espera de la resolución de asilo en los Estados Unidos de América

Destaco dos cosas en lo que se refiere a México: primero, en razón de su campaña de reelección, la no adopción por Donald Trump de este mecanismo mundial, impidiendo entre otras cosas ayudar a resolver la crisis de los migrantes centroamericanos en la frontera con Tijuana (crisis que, por el contrario, ha exacerbado), éxodo cuya responsabilidad recae en las políticas económicas, sociales y de seguridad impuestas por los EUA en América Latina y el Caribe.

Por otro lado, la muy lamentable posición intolerante, xenófoba y racista (no les gusta que les digan así) que sin el menor recato y análisis de contexto ha asumido buena parte de la población tijuanense, que denota una deficiente cultura de los derechos humanos y una falta de sentimientos de empatía y solidaridad para con los migrantes hondureños, a quienes se ha rechazado, discriminándolos y estigmatizándolos negativamente.

Según Juan José Gómez Camacho, embajador de México en la ONU, “los migrantes hacen una contribución económica extraordinaria en los países donde están trabajando. Las remesas representan un 15% de los ingresos del migrante; el otro 85% se queda en el país de destino”. Además, existen hoy 250 millones de migrantes que representan un 3,4% de la población mundial, que contribuyen con un 9% del PIB mundial con casi 7 trillones de dólares al año.

Por lo pronto, el Canciller Marcelo Ebrard se encuentra ya en Marruecos asistiendo al Pacto Mundial sobre Migración. Doy por seguro que México suscribirá este importante acuerdo y que se traducirá en una política migratoria humanitaria, no criminalizante.

Fotografía:  El presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez Castrejón, saliendo de la conferencia. (Tomada de su perfl de Twitter).

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Oriente Medio

Séptimo aniversario de la guerra en Siria: sexo por ayuda humanitaria

La guerra en Siria se ha cobrado cientos de miles de vidas y ha obligado a 5,6 millones de refugiados a huir a países de la región como Turquía, que alberga a algo más de 3 millones de desplazados.

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Albert Naya

ANKARA, Turquía.- La guerra en Siria ya suma siete años, los mismos que Fatma acumula sin Aziz, su marido. “Teníamos una vida cómoda en Alepo y mi marido trabajaba en una fábrica de zapatos”, recuerda la mujer, ahora refugiada junto a sus dos hijos en Turquía.

En junio de 2011, cuatro meses después de las primeras protestas contra el Gobierno, Aziz cerró los ojos por última vez. “El pequeño no se acuerda de él”, afirma Fatma mirando fijamente a su hijo menor.

Recuerda como si fuera ayer ese caluroso día de junio. “No me dijo que se iba a una manifestación, dijo que tenía trabajo por hacer”. Según relata, él se encontraba en la primera línea de manifestantes y la violencia ya había alcanzado niveles insospechados. “Fue apuñalado por los hombres de Assad”, asegura. Una estampida le dejó solo y herido en el suelo, donde falleció poco después.

Este jueves se cumplen siete años desde el inicio de la guerra en Siria, que se ha cobrado cientos de miles de vidas y ha obligado a 5,6 millones de refugiados a huir a los países de la región como Turquía, que alberga a algo más de 3 millones de desplazados sirios. Estas cifras contrastan con los 180.000 refugiados que la UE acordó acoger en 2015, un compromiso que los Estados europeos han incumplido.

La guerra en el país árabe ha provocado, denuncia la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), “una colosal tragedia humana”, recrudecida en las últimas semanas con la ofensiva del Gobierno sirio sobre Guta Oriental (Damasco), que ha dejado centenares de muertos.

La contienda iniciada en 2011 derivó en un conflicto internacional en el que intervienen Rusia, Estados Unidos, Francia y Turquía. ONG como Amnistía Internacional llevan años alertando de que las fuerzas gubernamentales, y también grupos insurgentes, están  perpetrando crímenes de guerra como bombardeos indiscriminados contra la población civil.

Las trabas para iniciar una nueva vida lejos de Siria

El día de la muerte de  Aziz fue un punto de inflexión en la complicada vida de la joven de 30 años, que dejó los estudios hace 15 para sumergirse en un matrimonio concertado. “A los 19 ya tenía dos hijos”, explica con una sonrisa, la misma que se apagó cuando Aziz murió y emergieron las consecuencias del abandono de los estudios tras su boda prematura. “Mi vida se vino abajo. Todos mis hermanos tenían que cuidar de su propia familia y yo me quedé sola con dos niños”.

Sus raíces turcomanas y el conocimiento de la lengua la empujaron a tomar la decisión de alcanzar Turquía en busca de un futuro mejor para sus hijos. La negativa de sus progenitores a emprender el largo viaje hacia zona turca no evitó que cruzara, de la mano de un grupo de traficantes, la frontera con destino a Gaziantep, una ciudad del sur de Anatolia que hoy acoge a 400.000 refugiados con el recelo de parte de la población local.

Una mujer mayor siria pasa al lado turco de la frontera ayudada por dos hombres. Cientos de personas se amontonaban en la alambrada pidiendo auxilio a los soldados turcos que tenían la orden de frenar su entrada, aunque finalmente abrieron el paso, según informa EFE / Foto: Lefteris Pitarakis

Allí vivió en un espacio minúsculo con diez sirios más, entre los que se encontraba su hermana, pero optó por trasladarse a la capital poco después. En Ankara, trabaja actualmente para sacar adelante a sus hijos. Su bilingüismo árabe-turco le permite trabajar como intérprete en un hospital atendiendo a otros refugiados. “A veces también voy a los juzgados u otros lugares para ayudarlos”, destaca.

Fatma puede desenvolverse en turco, pero otros muchos refugiados se encuentran con un problema lingüístico que les impide desenvolverse con normalidad. Como consecuencia, reconstruir su vida en una nueva sociedad resulta aun más difícil, a lo que se une la escasez de programas y servicios en su idioma que algunas voces han denunciado.

“Muchas ONG de mujeres carecen de los recursos financieros necesarios para contratar intérpretes. Las instituciones públicas importantes tampoco emplean traductores y esto se usa generalmente como una excusa para no proporcionar servicios a las mujeres refugiadas sirias”, señala Yelda Şahin Akıllı, activista turca de la Foundation for Women’s Solidarity, en una entrevista a ONU Mujeres.

El idioma es una barrera para Hanan, cuyo esposo falleció hace cuatro años en un bombardeo. “¿Cómo voy a aprender turco? No sé leer ni escribir, dejé el colegio a los 14 años” se pregunta esta refugiada siria. A esa edad, al igual que Fatma y miles de mujeres sirias, se casó y comenzó a tener hijos.

Cuenta que, tras la muerte de su marido, su primogénito se enroló en el Ejército Libre Sirio y ella cocinó para sus combatientes. Con ese dinero, explica, pudo mantener a sus otras tres hijas y aguantó en Alepo hasta hace tres meses, momento en que la familia puso rumbo a Ankara.

Hanan explica que, además de tener pocas opciones de trabajar, sufre las presiones del machismo en el seno de su conservadora familia: “Él es el hombre de la familia y me impide tener un empleo”.

Para esta familia, la capital turca es solamente una parada en este largo viaje de ida y vuelta: “No nos planteamos llegar a Europa ni quedarnos en Turquía, cuando acabe la guerra volveremos a Siria”.

Un camino minado para las mujeres

Las mujeres refugiadas sirias están expuestas a mayores riesgos por el hecho de ser mujeres durante todas las etapas de su viaje, también en suelo europeo. El duro camino hasta zona denominada “segura” conlleva episodios de violencia sexual y de género que también se producen en el destino.

El informe  Voces de Siria, editado por el Fondo de Población de la ONU, recoge testimonios de chicas que denuncian haber sido forzadas a realizar “servicios” sexuales a trabajadores de organizaciones humanitarias a cambio de pan en campos de refugiados sirios. El alto índice de violencia sexual en estos espacios es una amenaza para mujeres y niños que huyen de las zonas devastadas.

efugiadas sirias trasladan bolsas de alimentos en el paso fronterizo de Öncüpinar, en Kilis, Turquía / Foto: Agencia EFE

Cuando salen de ellos, Turquía no es el mejor destino para las mujeres. En 2017, fueron asesinadas 409 mujeres en el país, 81 más que en 2016. Es decir, más de un asesinato machista al día, según la plataforma turca ‘We Will Stop Feminicide’.

Fatma niega haber vivido episodios de violencia machista, pero denuncia su existencia en Ankara. “Les dicen a las refugiadas que las ayudarán con comida. Luego las violan”, dice. Pero el silencio se impone y pocas mujeres denuncian al agresor, un dato que también recoge el informe Voces de Siria. “Es raro que hablen de ello abiertamente por razones culturales, religiosas y zona geográfica”. El Gobierno turco instruye a policías especializados en situaciones donde hay refugiados y, según defiende, pone especial énfasis en el conocimiento de la lengua árabe.

Mientras, en Turquía, Hanan vive gracias a la caridad de una ONG local y el trabajo de su hijo mayor. Fatma reconoce sentir una mayor libertad: “En Siria las familias no permiten que te puedas mover sola”. Aquí no tiene a nadie más con quien hacerlo, solamente a sus hijos preadolescentes.

Afronta el día a día mirando de reojo las últimas noticias de su desmembrado país. Pero no quiere volver. Los últimos ataques sobre Ghuta y Afrin alimentan una guerra que creen sin horizonte, al igual que la vida de Fatma: “Trabajo para dar un futuro a mis hijos. Yo no lo tengo, mi vida finalizó hace siete años”.

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La red en lucha

Juez militar aplaza decisión de liberar a activista palestina Ahed Tamimi

Corte militar de Israel retrasa liberación de la activista palestina Ahed Tamimi, de 16 años, encarcelada por “humillar” al ejército

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OFER, Cisjordania.- La activista palestina Ahed Tamimi, detenida tras aparecer en un vídeo haciendo frente a dos soldados israelíes, seguirá en prisión al menos dos días más, hasta que la corte militar decida si la deja en libertad hasta la celebración del juicio.

“Hasta el momento la corte ha decidido que las cosas que ha hecho son peligrosas. Esperamos que hayamos podido ser capaces de exponer evidencias de que las pruebas por las que se la acusa fueron creadas después del arresto”, declaró su abogada, Gaby Lasky, al finalizar la vista celebrada este lunes en la corte de Ofer, en territorio ocupado de Cisjordania.

La letrada argumentó que la detención de Ahed, de 16 años, se produjo “después de que la gente pensara que ella había humillado a la nación (Israel)”, al aparecer en la puerta de su casa de Nabi Saleh empujando y golpeando a soldados israelíes, que no respondieron a la provocación.

El vídeo se grabó hace un mes, durante unos altercados en protestas por la declaración estadounidense de reconocer Jerusalén como capital de Israel, y aquel día su primo Mohamed de 14 años había sido herido en el rostro por una bala recubierta de caucho, secuencia que ha recordado su abogada este lunes para justificar la reacción de Ahed.

La menor fue detenida cuatro días después, el 19 de diciembre, durante una redada nocturna en su casa, y al día siguiente su madre Nariman, que también compareció en la corte, y su prima Nour, liberada bajo fianza hace dos semanas, también fueron arrestadas al aparecer junto a Ahed en el vídeo.

“Lo que se ha dicho en el juicio es que Ahed es peligrosa porque ha estado resistiéndose a la ocupación durante varios años y por eso deberían mantenerla detenida”, asegura Lasky, al estar acusada de doce cargos, incluido el asalto agravado y otros que pertenecen a hechos anteriores.

La defensa puso sobre la mesa la Convención de los Derechos del Niño al considerar que ha sido infringida con la actual detención y dijo que “no se juzga igual a la población palestina de Cisjordania que a los israelíes que residen en colonias judías en esta zona“.

Ahed apareció escoltada por policías israelíes y con esposas en los pies e intentó comunicarse con su padre mediante susurros en la sala donde escuchó los doce cargos que se le imputan.

En la sala, repleta de medios de comunicación y representantes diplomáticos, entre ellos del consulado de España en Jerusalén, estaba su padre, Basem Tamimi, que aseguró a Efe no creer en el “sistema de la ocupación que la está juzgando”.

Parte del grupo de diputados españoles, que visita esta semana Palestina, se ha reunido con la familia de la adolescente palestina. “Es un espanto todo”, valoró la diputada socialista, Soraya Rodríguez, tras escuchar las explicaciones de Basem Tamimi.

Los parlamentarios del PSOE, Unidos Podemos y Compromís acudieron a la casa familiar en la villa cisjordana de Nabi Saleh, donde fue detenida Ahed. “Hemos visitado a su familia en Nabi Saleh para expresarle nuestro apoyo. Su padre nos ha dicho: “No somos víctimas, somos luchadores, y resistiremos hasta el fin de la ocupación“, declaró el diputado de Podemos, Pablo Bustinduy, en un mensaje que difundió en sus redes sociales.

Los diputados -a excepción del PP y Ciudadanos que, aunque forman parte de la delegación, no participaron en el encuentro extraoficial- han posado con carteles de la campaña de Avaaz que pide la liberación de la adolescente.

Foto: La adolescente palestina Ahed Tamimi, es escoltada por agentes de la policía israelí hacia un juzgado en la localidad de Betunia (Palestina). EFE/ Abir Sultan

Foto: palestinalibre.org

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