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Con voz propia

Respuesta a Isabel Miranda sobre falsedad del caso Wallace

Misiva a La Jornada de Baja California de Guadalupe Lizárraga a Isabel Miranda Torres sobre el falso caso Wallace

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Mireya Cuéllar,
Directora de La Jornada de Baja California
A la Opinión Pública

Estimada colega,

Me dirijo a ti con el respeto y admiración que merece tu trabajo en calidad de directora general de La Jornada de Baja California, para solicitarte de la manera más atenta puedas considerar la publicación de esta misiva en tu prestigiado espacio. Apelo a la confianza y honestidad que brinda tu trabajo periodístico, ya que el pasado 11 de noviembre de 2016 fuiste testigo de calidad, en la violación de mi libertad de expresión y prensa cuando dos agentes ministeriales de la PGR allanaron un recinto de la UABC e intentaron llevarme a declarar sobre mi trabajo periodístico porque “no coincidía con la versión oficial” proveída por Isabel Miranda Torres, mientras desarrollábamos un evento de derechos humanos para crear la Comisión Internacional de Justicia y Verdad en México impulsada por el Frente Refundación.

El propósito de este comunicado es responder puntualmente a la versión inverosímil y contra toda lógica de Miranda Torres, la cual te hace llegar a través de una misiva con la misma táctica manipuladora sobre el caso Wallace. Pero ya es tiempo que México apueste por la verdad y la justicia y cerremos filas a la impunidad de quienes han secuestrado las instituciones en nuestro país, y exijamos el debido proceso para las verdaderas víctimas.

Me aboco al contenido de su misiva. Isabel Miranda Torres, quien ya no es “de Wallace” ni el apellido responde a su identidad oficial, después de saludarte te dice que te pondrá “en conocimiento de la realidad sobre el secuestro y muerte de su hijo” y menciona “los once largos años indignantes porque no han recibido sentencia sus inculpados”.

En este primer punto, sólo quiero destacar que la señora Miranda en efecto ha tenido once largos años pero gozando los privilegios gubernamentales que obtuvo por la fabricación del caso, y no sólo ha sido escuchada, acompañada, premiada, y compensada por mentir a México, sino también ha abusado del poder político cometiendo graves crímenes, incluso de lesa humanidad como es la tortura y el encarcelamiento injusto de siete personas, de acuerdo a lo suscrito por México en el Estatuto de Roma, en su artículo 7º.

Llama la atención que después de tantos años todavía quiera informar de su realidad a un medio como La Jornada, que ha registrado sistemáticamente la historia de violaciones de derechos humanos en nuestro país, y específicamente te quiera informar sobre el presunto secuestro, con detalles grotescos y desordenados lingüísticamente con respecto a los hechos reales ampliamente argumentados y denunciados por las defensas de las víctimas.

Durante todos estos años, Miranda ha desplegado todo tipo de recursos por mantener la mentira del hijo muerto, ha comprado espacios en los medios de comunicación, ha pagado entrevistas a modo, ha usado los espectaculares de su empresa Showcase Publicidad para incriminar a los inocentes en violación flagrante al derecho de presunción de inocencia y ha usurpado facultades exclusivamente judiciales. ¿Quién no sabe la versión de Isabel Miranda Torres, alias “la señora Wallace”, si Televisa era su sede? Si precisamente es lo que le ha permitido escalar en las elites del poder, pese a su nula formación profesional y capacidad política para los asuntos públicos.

El 31 de mayo de 2014, publiqué en Los Ángeles Press una serie de ocho reportajes sobre evidencias de rastros de vida de Hugo Alberto Wallace Miranda / Hugo Alberto Miranda Torres. En dicha investigación presenté conjuntamente con la Asociación Canadiense por el Derecho y la Verdad, dirigida por David Bertet, documentos oficiales tramitados a nombre de Hugo Alberto Miranda Torres años después de su supuesta muerte, evidencias de gastos realizados con su tarjeta de crédito, declaraciones ante el Ministerio Público en el que cuatro personas cercanas sentimentalmente a Hugo Alberto reconocieron su voz en una conversación telefónica grabada el 1 de noviembre de 2005, posterior a su supuesta muerte; recogí también siete testimonios de personas que lo vieron en años recientes en el estado de Guerrero, y la increíble acta de defunción que obtuvo Miranda y en la que se indicaban causas y hora de muerte pese a que nunca tuvieron un cuerpo. Describí también las inconsistencias periciales de la muestra de ADN que presentó Miranda como única evidencia pericial del supuesto crimen, descalificada incluso por forenses internacionales, porque resultó ser una muestra de sangre de su hija concebida con Enrique Wallace Díaz, padrastro de Hugo Alberto. Incluso, mucho menos pudo sostener Miranda Torres la versión –un tanto psicópata, por cierto– del desmembramiento del cuerpo con una sierra eléctrica en el minúsculo baño del apartamento de la acusada Juana Hilda González Lomelí. De ese nivel fueron las inconsistencias y falacias en la fabricación de caso Wallace.

Así mismo, publiqué entrevistas que hice a los familiares de las víctimas y testimonios directos de éstas de haber sido torturadas para su autoincriminación, en los que afirmaron además que en algunas sesiones de tortura fueron presenciadas directamente por Miranda, como fue en el caso de César Freyre y los hermanos Castillo. Más aún, obtuve el testimonio de un custodio de penal que tuvo que huir para salvar su vida, después de confirmar lo que decían los inculpados.

No obstante, la Procuraduría General de la República ignoró por completo mi investigación y siguió favoreciendo a Miranda en un claro sesgo de parcialidad en la investigación del caso. Más aún, abrió una investigación previa en mi contra, por órdenes de Miranda, porque mi trabajo periodístico no coincidía con su “versión oficial”. En tanto los familiares de las víctimas pusieron una denuncia en su contra por todos hechos ya mencionados y también fueron hostigados, e ignorados.

Continuando con su misiva, Miranda Torres te recuerda el papel que debe jugar un medio según su entendimiento, y menciona “informar de forma fidedigna, objetiva y con pruebas”. Un punto de vista corto de miras y precario de conocimiento sobre todo para la experiencia mexicana, pero por demás opinión sin fundamento porque tú misma como periodista produjiste la evidencia videográfica más contundente de la violación a la libertad de prensa y a la autonomía universitaria el pasado viernes.

Además, un medio de información, bien lo sabes tú por tu destacada experiencia editorial, puede contribuir a reconstruir el Estado de derecho en una nación fracturada por la corrupción y la impunidad del poder y sus cómplices. Puede incluso ayudar a salvar vidas y liberar las que se encuentran en cautiverio por investigar y denunciar faltas al debido proceso. La calidad de un medio de comunicación se construye con el ejercicio diario de los derechos y libertades de la ciudadanía, entre estos el derecho a informar y ejercer un periodismo independiente sin riesgos. Sin embargo, el reciente acoso del que fui objeto por parte de la PGR evidencia la negación de estas libertades por la fractura del Estado de derecho y sus instituciones.

Posteriormente, Miranda brinca al tema de Brenda Quevedo Cruz quien fue torturada dos veces dentro de los penales, y reitera la relevancia de que sepas que huyó del país después de que fue acusada del secuestro de su hijo, como si eso fuera lo más relevante del caso. ¿Quién no huye de las instituciones judiciales en México conducidas por la corrupción? ¿Quién no quiere salvar su vida? Miranda violó el derecho de presunción de inocencia de los inculpados y utilizó sus propios medios para legitimar la fabricación del secuestro a través de los espectaculares donde exhibió como secuestradores a seis jóvenes, quienes fueron detenidos, torturados y sentenciados a más de cien años de cárcel por un crimen que nunca sucedió.

En cambio, su hijo Hugo Alberto huyó por conflictos con los cárteles de la droga, de acuerdo al testimonio dado al Ministerio Público de dos mujeres que habían sido sus novias y que ambas además reconocieron la voz grabada de él en un celular el 1 de noviembre de 2005, cuando su supuesto secuestro y muerte se habían perpetrado el 11 de julio de ese año. Estas mujeres son Geazul Ponce Juliá y Vanesa Bárcenas, quienes declararon el 14 y 15 de noviembre ante el Ministerio Público que Hugo Alberto traía problemas con Ricardo Escoto, el zar de la publicidad exterior, y con grupos narcotraficantes. Aparte de ellas, la empleada doméstica Isabel Neri Lujano y el chofer de Hugo Alberto, Luis Antonio Sánchez, identificaron también su voz en la conversación grabada en el celular y así lo declararon ante el MP ese mismo 14 de noviembre.

Miranda ahora se pregunta, “si Brenda no es culpable, ¿por qué huir?” Nosotros nos preguntamos, si Isabel Miranda ama a su hijo como dice, ¿por qué lo quiere muerto, si le estamos dando evidencias de que está vivo? Si ella denunció el secuestro y homicidio en 2005, ¿por qué el acoso y la represión para acallar la verdad sobre un crimen que no sucedió? ¿No debería estar feliz como madre ante la posibilidad de volver a ver a su hijo?

Respecto al juicio de extradición de Brenda Quevedo Cruz en Estados Unidos, Isabel Miranda Torres cometió perjurio contra la Corte de Chicago, al presentar documentos apócrifos para negar que su hijo tuviera antecedentes penales, cuando había sido consignado en 2001 por contrabando, y ella en 1998 por intento de homicidio. Historias bastante difundidas por las redes sociales y algunos medios de comunicación. Al respecto, incluso, yo misma puse la denuncia ante las autoridades migratorias de Estados Unidos por ese delito de Miranda y presenté las pruebas, mismas que te adjunto con la presente misiva.

Miranda miente de nuevo con respecto a la abogada Ámbar Treviño. Ella no “terminó en la cárcel”, Miranda la acusó de falsificación de documentos, acostumbrada a lo que ella misma hace, y se libró una orden de aprehensión contra la abogada, quien estuvo presa del 9 de marzo al 10 de mayo de 2010. El Juzgado Tercero de Distrito del Estado de Durango resolvió la exoneración de cargos y le dictó el auto de libertad –el 6 de mayo– bajo el Exhorto Número 67/2010 del Juez Decimoquinto de Procesos penales “por falta de elementos para procesar en favor a Ámbar Treviño por los antijurídicos de falsificación de documentos”. Te adjunto enlace.

La siguiente mentira de Miranda Torres es que le aplicaron dos protocolos de Estambul a Brenda para determinar si había sido torturada y que el resultado fue negativo. Miente. Lo que se le aplicó a Brenda fue una valoración psiquiátrica por parte de la CNDH en la que se determinó en su primera fase que sí había sido torturada:

“La agraviada estuvo expuesta a un evento traumático en donde experimentó eventos que implicaban amenazas de muerte, o un amenaza hacia la integridad física de ella o de otros… Refirió que sintió que iba a morir cuando le pusieron la bolsa de plástico en la cabeza y le echaron agua en la cara. Así mismo, sintió que su familia estaba en grave peligro. Manifestó que su respuesta fue de terror, así como de desolación y desamparo absolutos”. Termina la cita.

Sin embargo, no se concluyó el examen por interferencia de la misma Miranda. Por gestión de los familiares de la inculpada Brenda Quevedo se le aplicó un segundo examen, ya propiamente el Protocolo de Estambul, pero estuvo a cargo de la PGR (institución a modo de Miranda) y concluyó que era negativo.

La última mentira en esa misiva de Miranda es respecto a la computadora de Brenda donde dice que encontraron fotografías de “Hugo Alberto vendado”. La realidad es que en febrero de 2006, varios agentes ministeriales allanaron la casa de Enriqueta Cruz Gómez, madre de Brenda, llevándose la computadora de su hija pese a que ésta ya no vivía con ella. Un año y siete meses después, en 2008, la PGR presentó las fotografías atribuyéndoselas al disco duro de la computadora de Brenda, y argumentando que era una evidencia contundente del secuestro de Hugo Alberto.

Respecto a mi persona, Isabel Miranda se refiere como “una señora de nombre tal …” y que digo una “sarta de tonterías”. Tengo más de veinte años ejerciendo el periodismo independiente, con estudios de doctorado en Humanidades y una maestría en Periodismo en España, fui entrenada en el Mental Research Institute de Palo Alto, California, para trabajar con las víctimas de violencia institucional y doméstica a través de la narrativa periodística. Actualmente estudio el segundo año de maestría en Psicología en Sofia University de California. No soy ninguna improvisada, ni en periodismo de investigación ni en el trato con las verdaderas víctimas. Y mi trabajo lo hago con absoluta responsabilidad y compromiso con la verdad.

Lo que no alcanza a entender Isabel Miranda es que la defensa de mi libertad de prensa y mi derecho a informar no es “miedo a declarar” a las instituciones judiciales que ella manipula. La Corte de California es un espacio neutral para dilucidar si mi trabajo periodístico falta a la verdad y profesionalismo, ya que mi residencia y mi medio están basado en este estado. Porque La única forma de reconstruir el Estado de derecho que personas como Miranda han fracturado es ejerciendo estas libertades, dentro y fuera de México.

Las pruebas de la falsedad del caso se han presentado ante la PGR y ante el juez que lleva la causa penal. Son ellos los que tienen que hacer ahora su trabajo conforme a Derecho; yo ya cumplí el mío al hacer la investigación de manera independiente.

Agradezco la atención a la presente, y celebro esta libertad de expresión que brinda La Jornada de Baja California en medio de tanta oscuridad en nuestro país.

Guadalupe Lizárraga

Escritora y periodista independiente

Los Ángeles Press

Fuente original: La Jornada de Baja California

Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Arteleaks

Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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