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Rapera indígena clama por la libertad de presos políticos en México

La rapera indígena de origen zapoteco Mare Adevertencia Lirika hace composiciones por los presos políticos y contra el sistema que invisibiliza a indígenas

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Algunos integrantes de la banda Amate Amarillo, comunidad na savi de Tlapa y Mare Advertencia Lirika, rapera oaxaqueña de origen zapoteco en la radiodifusora Voz de la Montaña. Foto: Sergio Ferrer

Por Sergio Ferrer

TLAPA, Guerrero.- Mare Advertencia Lirika es una mujer oaxaqueña que canta rap de conciencia para contrarestar lo negativo del sistema, recordando la historia del Hip-hop como movimiento reivindicante de la unidad, identidad y mayor comunidad entre los barrios y pueblos.

La joven se presentó invitada por el programa de radio Sonido La Montaña en el auditorio al aire libre de la radiodifusora indigenista La Voz de la Montaña durante los festejos por los 35 años de la estación.

En sus letras, Mare recita conciencia de género y un mensaje de crítica social. En entrevista, contó cuestionada sobre el caso de presas y presos políticos como Nestora Salgado, a quien citó como un ejemplo de injusticia durante su presentación, y destacó la situación de cuando al Estado no le conviene que la gente se reúna, fabrican delitos para encarcelar a los dirigentes sociales.

Agregó que el tener presas o presos políticas es una forma que utiliza el gobierno para tratar de mantener controlado al pueblo. Para ellos, dice, es más fácil encerrar que dialogar, antes de que se vuelvan una cara visible de la lucha y la resistencia que tiene cualquier movimiento. “El símbolo del preso político es demostrar el poder del Estado ante cualquier grupo, algo que lamentablemente se ha utilizado y se sigue utilizando como herramienta de miedo”, criticó.

Agregó que son mensajes de que te pueda pasar lo mismo o “éstas son las consecuencias de organizarte”, y algunas veces les ha funcionado pero en otros casos ha dado mayor fuerza a los movimientos, depende el momento en que se dé, quién sea la persona, hay grupos que no están bien organizados y de pronto sirve para desarticular, pero también hay otros que se logran coordinar y caminan juntos a la dignidad, dijo.

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Mare Advertencia Lirika, rapera zapoteca, durante su participación, en el Día Internacional de la Mujer, durante el aniversario 35 de la radio XEZV La Voz de la Montaña. Foto: Sergio Ferrer

En cuanto a la atención a los pueblos indígenas aseguró que le parece una moda, después de que fue una población negada e invisible, ahora cobra importancia en el discurso. Los gobernantes utilizan a los indígenas como parte de su discurso y se toman fotos con ellos con sus trajes autóctonos y hablan de lo bonito para reproducir el sistema capitalista.

Ratificó que encuentran a los indígenas como un producto vendible al igual que su cultura, trayendo gente extranjera para que conozca a los indígenas como un sujeto turístico lo cual es una contradicción cuando se les excluye de las políticas públicas y siguen siendo los más pobres dentro de la sociedad mexicana, así como las más violentadas por lo que le parece un doble discurso y una actitud hipócrita.

Mare inició en el proyecto OCG hace aproximadamente 10 años y le tocó abrir espacios en Oaxaca, después trabajó en el proyecto de mujeres Advertencia Lirika, actualmente como solista lleva dos discos.

Las letras de sus canciones son vivenciales, para reflexionar mover las ideas y “posicionarte para saber dónde estas parada, qué momento histórico estás creando, contienen crítica social porque te das cuenta de todas las fallas que existen dentro del sistema, de todo lo que falta trabajar, de todo lo que estamos careciendo”, relató.

Cuestionada sobre los lugares que ha visitado, y acotó que en el caso de Oaxaca ha visitado sus ocho regiones y ha encontrado pobreza, carencia de espacios, falta de políticas públicas para los jóvenes, pero también en otros estados a partir del mismo sistema que rige el país de sur a norte.

Para Mare, la cultura Hiphop es una reacción ante las fallas que tiene el sistema con la población, y aseguró que representa una propuesta cultural que tiene raíz, incluso desde su surgimiento teórico con África Bambaataa, Zulu Nation y más que han escrito sobre lo que significa para contrarrestar el impacto negativo de los tiempos de la segregación racial, pobreza, migración, para aglutinarse no como propuesta política sino para combatirlo.

Remarcó que es una forma de organización siguiendo principios de respeto, identidad y mayor comunidad dentro de los barrios. Destacó que en México es importante hacer visible una historia que amenaza con perderse ante lo cual crean talleres, contenido crítico, trabajo grupal, no violencia, ni discriminación.

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Reina Ortíz Montealegre, locutora na savi de la radio XEZV La Voz de la Montaña que transmite en el 800AM y por Internet. Foto: Sergio Ferrer

 

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Rosario Ferré, un cuento de venganza sobrenatural

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Por Alberto Farfán 

Odio, venganza y un halo sobrenatural se conjugan de manera magistral en esta breve pieza literaria de altos vuelos, que necesariamente nos llevan a pensar en la inolvidable arista de carácter clave de la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco (1980) y de ciertas piezas de Edgar Allan Poe y William Faulkner.

Rosario Ferré Ramírez de Arellano (1938-2016) fue una mujer que nació en Ponce, Puerto Rico, que a una edad temprana, trece años, se trasladó a Wellesley, Massachusetts, para estudiar su Educación media básica en la Dana Hall School y posteriormente ingresó en el Manhattanville College en donde obtuvo el Bachelor of Arts en inglés y francés. Todo ello ─hay que decirlo─ gracias a pertenecer a una de las familias más adineradas de su país, pues incluso su progenitor fue gobernador entre 1968 y 1972 de este territorio usurpado por el imperio yanqui.

Ferré retorna a su país en 1970, obteniendo una maestría en Español y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Puerto Rico y un doctorado en la Universidad de Maryland. Fue profesora invitada en diversas universidades norteamericanas de alto prestigio y además empezó a obtener importantes galardones nacionales e internacionales por su obra escrita, la cual iniciara desde el año en que regresara a su tierra natal, desarrollándose en diversos géneros, algunos de los cuales serían: narrativa, poesía, ensayo, crítica literaria, crónica periodística y literatura infantil.

Autora realmente prolífica nos legó más de una docena de obras de gran relevancia y el carácter trascendental de éstas se podría constatar en el hecho de haber sido traducida en idiomas como el inglés, el italiano, el alemán y el checo. De entre las que destacarían las novelas Maldito amor y La batalla de las vírgenes, el poemario Fábulas de la garza desangrada, el libro de cuentos Papeles de Pandora y los volúmenes de ensayo Sitio a Eros, El coloquio de las perras y El árbol y sus sombras. Y por supuesto su indiscutible libro sobre cuento y poesía Las dos venecias (1992) del cual comentaremos uno de sus textos.

Acaso su mejor pieza corta, “El cuento envenenado” se constituiría en su más idónea y plausible carta de presentación, por ser un texto representativo de su obra que no hace más que confirmando su indiscutible oficio literario. Una sola prueba, es cierto; pero que ha sido una de sus historias más antologadas y reconocidas.

“El cuento envenenado” es una historia en que Ferré utiliza el paralelismo narrativo. Por un lado, un narrador omnisciente refiere con detalle los diversos sucesos, conflictos y agresiones que viven la joven protagonista y su padre con la nueva esposa de éste. Y por el otro, aparecerá la voz que cuestiona la veracidad de los hechos relatados, la parcialidad que afecta a la hoy madrastra; será ésta quien intervenga acotando, negando la verdad.

El objetivo fundamental a que obedece esta estructura se localiza en el interés de nuestra autora por crear una atmósfera de misterio de índole sobrenatural. En el velorio del marido, la ya viuda dará inicio a la  lectura de un cuento que perteneció al libro que éste le obsequiara a su hija. Relato que poderosamente la subyuga porque en él se habla de su vida con su esposo e hijastra, cual imágenes cinematográficas se develará la genuina realidad de víctimas que padecieran ambos consanguíneos, pero a su vez inevitablemente se observará el odio de la madrastra y sus acciones en contra de ellos.

Así, conforme la mujer lee nos enteramos paulatinamente de los agrios acontecimientos que giraron en torno a la muerte del marido. Al mismo tiempo que de la serie de notas al margen que ella apunta increpando al anónimo autor, pues no admite ser puesta en tela de juicio. Pero al ir avanzando empezará a experimentar tenues malestares y desfallecimientos. Toda vez que cambia de página debe ensalivar sus dedos y un extraño sabor la invade.

No obstante sigue leyendo, continúa pasando página a página, y acaso por ello la intransigente e insensible mujer jamás culmina su lectura. Nunca se entera del final, de cómo se explica y describe su propia muerte. Su avaricia, prepotencia y ofuscación le impidieron advertir sobre la posible venganza ultraterrena que fraguaba la fallecida esposa, insinuada en el mortal cuento que leía.

Conseguir la tensión necesaria y el efecto sorpresivo con recursos narrativos como los empleados, nos demostrarían la calidad literaria del oficio de la puertorriqueña Rosario Ferré en “El cuento envenenado”, validando de manera incuestionable la atmósfera sobrenatural que lo nutre y lo circunda, sobrecogiendo al lector, intimidándolo.

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La banalización del lenguaje neofeminista sobre asesinos seriales en México: el caso de Atizapán

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Por Alberto Farfán

Siempre ha sido tema de discusión la forma en que algunos medios de comunicación, sobre todo impresos, tratan las noticias relativas a asesinatos. Y son los medios amarillistas los que en general resaltan por el uso de palabras viciadas para adjetivar o describir dichos crímenes, con el objetivo de generar mayor morbosidad entre sus lectores y con ello obtener un mayor número de ventas.

En la actualidad, se dice que no se debe estigmatizar a un posible delincuente con adjetivos que vulneren su integridad y derechos humanos. Además de que en todo momento se incluirá la grafía “presunto”, pues sólo existe la suposición de que cometió algún delito que le ha sido imputado, pero que aún no se le ha comprobado jurídicamente.

Curiosamente, a nuestro juicio, dicha visión no guarda relación con el discurso de las neofeministas, aquellas que predican la doctrina de género de forma radical e intransigente, cuyo soporte apela siempre al lenguaje, tanto en la esfera morfológica, así como en el plano semántico.

A este respecto (siguiendo a Reporte Índigo en su web), consideremos el caso del presunto asesino serial de mujeres de Atizapán de Zaragoza del Estado de México, Andrés “N”, de 72 años, originario de Oaxaca y miembro activo del equipo de campaña del candidato a la presidencia municipal de la entidad por parte de la coalición Vamos por el Estado de México (PRI, PAN y PRD), quien fue detenido en días pasados por el presumible asesinato de Reyna, cuyo cadáver fue encontrado en su domicilio al momento de la intervención de la policía, sujeto que al parecer al ser asegurado por la autoridad ministerial confesó haber acabado con la vida de más de 30 mujeres durante los últimos 20 años.

Denominado por los medios como el “Monstruo de Atizapán”, las neofeministas de un grupo de Twitter han puesto de manifiesto que no se debe utilizar el concepto de “monstruo” para designar a Andrés “N”, pues según ellas: “Andrés Mendoza no es un monstruo, dicho por quienes lo conocen, es un hombre ‘bastante normal’, y en un país con 12 feminicidios diarios sí lo es. No es un monstruo, es un hombre que odia a las mujeres y que por 20 años las estuvo asesinando en completa impunidad”.

Así las cosas, añade Marisol Calva, secretaria de la Comisión de Redes Sociales de Movimiento Ciudadano (adversario de Vamos por el Estado de México), quien afirma a los medios: “No son los monstruos deshumanizados. Son hombres con vidas normales que son vecinos, colaboradores, amigos y hasta militantes de partidos. Es lo más peligroso de todo, están entre nosotros, asesinando mujeres como deporte. Aquí un feminicida serial”.

En síntesis, para estas neofeministas si a los asesinos seriales se les cataloga como “monstruos”, no se les estigmatiza, sino más bien se les deshumaniza, restándoles responsabilidad en sus crímenes, pues no son personajes de ficción o algo parecido; al contrario, son hombres que odian a las mujeres y las asesinan por deporte: feminicidas seriales y punto.

Como bien se observa, la trivialización del hecho que comentamos se inicia cuando estas neofeministas se aferran a su esgrima verbal ideológica de que hablábamos, para ponerla, en última instancia, al nivel de la gravedad de los feminicidios en sí. Pues debido a su intransigencia se les olvidó revisar en principio cuál es el significado de “monstruo” para la Real Academia de la Lengua Española. Y aunque de las siete acepciones sólo una habla de un ser fantástico, todas las demás se sintetizan en la siguiente: “Persona muy cruel y perversa”.

En conclusión, partir de una cuestión semántica retorcida, hablar de “deporte” sin decoro alguno y evitar el vocablo “presunto” a la aseveración “feminicida serial”, no es más que banalizar los supuestos crímenes de Andrés “N”, degradando la importancia de las muertes aún no comprobadas jurídicamente de las mujeres víctimas de este sujeto. Tanto es así, que este texto ─como otros más ya publicados─ también se centró en el lenguaje que invisibiliza los feminicidios. Pero conscientemente lo he redactado de esta forma para poner en evidencia al neofeminismo que nada aporta en nuestros días.

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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