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¡Qué mal está Guerrero!

Guerrero, la tierra de Genaro Vázquez, mientras siga secuestrada por los grupos del poder político y narcotraficante, seguirá estancado su desarrollo

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Preparando el documental sobre Genaro Vázquez Rojas. Foto: red

Preparando el documental sobre Genaro Vázquez Rojas. Foto: red

Ramsés Ancira

La maestra Consuelo Solís, viuda del profesor Genaro Vázquez Rojas, a quien el gobierno de Luis Echeverría Álvarez consideraba guerrillero porque rentaba películas para exhibirlas gratis en San Luis Acatlán, tiene un sueño: refundar al país con el modelo de organización cívica que se ha dado en la entidad desde que don Juan N Álvarez armó un ejército ciudadano para hacer la Independencia y, décadas más tarde, expulsar a Maximiliano.

Para llegar a tan altos ideales, quizá lo primero sería destituir a todos los responsables de caminos y puentes federales que tienen hechos un asco los baños de varias casetas de pago; a los que permiten que Costa Line tenga un servicio tan irregular y a los delegados de PROFECO que no clausuran las máquinas roba monedas que en la terminal camionera del Sur cobran 10 pesos para quitarle la poca energía que les queda, a los teléfonos de los incautos que quieren recargar sus celulares.

La noche del último viernes de enero me preparo para un intempestivo viaje a la Costa Chica de Guerrero, donde se reunirán las condiciones para la filmación del documental Genaro en el 43 aniversario de su asesinato, a manos de un grupo de soldados que le hicieron estallar las vísceras a golpes, después de un accidente automovilístico, cuando huía por carreteras michoacanas.

Genaro Vázquez Rojas fue el ocupante más afectado por el choque, sus compañeros abandonaron el vehículo y fueron a pedir ayuda, cuando regresaron el auto estaba rodeado de soldados. Una semana después, cuando recuperaron el cadáver, tenía sólo un golpe mortal, el de la culata de un rifle que le hundió el cráneo.

A diferencia de Lucio Cabañas, quien sí era egresado de Ayotzinapa, Genaro Vázquez Rojas, quien estudió en San Cosme, en la Normal de maestros,  no mataba soldados porque “son hijos de nuestros parientes”.  El secuestro más importante que realizó, el de un rector que quería ser gobernador de Guerrero, patrocinándose con los recursos de la Universidad, terminó no sólo con su liberación, ileso,  sino con el canje  de varios presos políticos, muchos de los cuales se refugiaron en La Habana.

Blanca, una de las mujeres que fue liberada por las fuerzas federales que comandaba un tal Nassar Haro, relata que cuando la torturaban con la amenaza de una violación tumultuaria, siguió el consejo de Genaro: Háganme lo que quieran, yo ya estoy muerta, y los muertos no hablan. Luego se desmayaba. En una de las ocasiones en que despertó se enteró que Vázquez Rojas ya había secuestrado a alguien más para negociar su liberación.

Pero antes de escuchar estos testimonios me encuentro aún en los pasillos de la terminal camionera del Sur, con frío, intoxicándome con los vapores del combustible de los camiones de Costa Line que tienen salidas marcadas para las 10 de la noche del viernes, cuando ya son casi los primeros minutos del sábado. En el ínterin camino hacia los andenes donde se encuentran los autobuses de 3 Estrellas de Oro que salen puntuales, con personal limpio y amable, en un ambiente de cordialidad para los pasajeros. Me maldigo por mi inexperiencia como viajero.

Debí haberlo adivinado cuando me tardé 15 minutos en la fila de Costa Line para comprar mi boleto porque estaban dándole prioridad a llenar los camiones que iban a Chilpancingo. Ahora sé porque los de Ayotzinapa podían tomar camiones de esta línea, operan con horarios irregulares y con estaciones intermedias.

Del viaje no tengo queja, un operador gentil, una película camionera… al llegar a la estación de Acapulco si hay motivo para disgusto. Pago de cinco pesos para entrar a un baño saturado e insuficiente ¿el costo de mi boleto no debería incluir este servicio?

La taquilla de los camiones a Costa Chica no abre sino hasta las 7, y el camión saldrá hasta las 9 y media. Me dirijo a la sala de espera, donde más tarde descubro que los baños son amplios y gratuitos, pero la policía no me deja pasar porque no tengo boleto comprado ¿y cómo lo voy a comprar si no hay taquilla?

Tampoco hay asientos para quienes esperan que algún familiar los recoja, algunos usan sus maletas como tales. Me lanzo a caminar por una avenida paralela a la costera. Compro un original atole de piña y me lo voy tomando. Afortunadamente no llevo una maleta pesada El Acabus, como se llamará a un transporte que cruzará el puerto, sigue en obras. De la estación Presidencia Municipal hasta “Cine Río”, pasando por “Michoacán” y llegar al Centro no encuentro un lugar abierto para sentarme a esperar.

De regreso, a las 7 veo un Toks. “Siéntese donde quiera” me dicen, soy el primer cliente y lo hago sin pensar, pero luego más como reclamo que con hospitalidad “No gusta una mesa más chica para que esté cómodo” Me niego a moverme. Intento ubicar unos datos en el Blackberry. Fracaso, el sistema sólo funciona pagándole un sobreprecio por navegación a Telcel.

Cuando regreso me entero por una placa que la estación de Costa Line en el parque Papagayo la estrenó el gobernador Ángel Aguirre… hijo de su ¿cuánto se habrá llevado de comisión? pienso al considerar el mal servicio que he recibido en la terminal. Claudia Ruiz Massieu, la Secretaria de Turismo, debería viajar en camiones e ir al baño de todas las casetas de cuota. Quizá así…

La tumba de Genaro Vázquez Rojas. Foto: Ramsés Ancira

La tumba de Genaro Vázquez Rojas. Foto: Ramsés Ancira

La tierra de Genaro

En México cuando uno se acerca a una comunidad de más de 10 mil habitantes hay que pasar por varias villas con miseria. En los 35 minutos de recorrido desde Marquelia hasta San Luis Acatlán no encuentro ninguna, pero lo mejor, realmente me enferman las mantas del Partido Verde con imágenes pirata de circos extranjeros donde se maltratan animales. En la tierra de Genaro Vázquez no hay ninguna, tampoco del PRI, del PAN, del PRD o de ningún otro. Mi alma glorifica…

Pero nada es casual. SEMARNAT y otras dependencias habían autorizado a varias empresas a extraer arena del río. La comunidad se les opuso, encabezada por una sobrina nieta de Genaro Vázquez; por eso es uno de los pocos lugares del país donde no hay ráfagas de arena y corrientes pestilentes. En Michoacán, por ejemplo, este es el paisaje antes de llegar al bosque de las mariposas monarca. La descomposición del país, creo, empieza donde hay minas de arena, donde antes había bosques. Así ocurre también en Acahuacan, Estado de México, al final de la mancha urbana que no se detiene desde Naucalpan hasta Villa Nicolás Romero.

Días más tarde devuelvo a Pilcaya a Armando Salgado, el fotoperiodista mexicano que documentó como los halcones disparaban a mansalva a las estudiantes de la Escuela Normal de Maestros, quienes no participaron en la marcha del 10 de junio de 1971.

Traigo una nueva hipótesis, años antes Genaro Vázquez cambió a la mesa directiva de la Normal, haciendo que fueran los alumnos de varios estados quienes se encargaran de vigilar los alimentos, los dormitorios y la administración. A los normalistas del Distrito Federal se les comisionó solo la actividad física y deportiva.

Hace varios días tengo la certeza de que Luis Echeverría no necesitaba ser agente de la CIA. Su megalomanía no sólo está documentada por sus largas jornadas de trabajo. Genaro Vázquez, igual que el ex presidente Lázaro Cárdenas del Río, compartía la filosofía de los movimientos cívicos. El presidente que organizó a los halcones no iba a dejar que subsistiera la autogestión de los normalistas, por eso, también, organizó la matanza que llegó hasta el hospital de urgencia.

Cuauhtémoc Cárdenas del Río fue el único político de alto nivel que llegó a presentar su solidaridad hace 43 años tras el asesinato de Genaro Vázquez, no sólo eso, sino que llevó dinero para los gastos del sepelio.

Hace años está detenida una carretera que va desde las grutas de Cacahuamilpa a Pilcaya, de ahí podría hacerse un corredor ecoturístico hasta Taxco. También se podría descubrir una pirámide oculta por la vegetación y con ello estallar el crecimiento económico de la región. Ninguna colaboración del gobierno federal con el estatal hace prever que esto ocurra por los próximos 20 años, así que el narco seguirá siendo la mejor opción para los pilcayenses que quieran una vida digna, aunque sea corta.

Guerrero puede ser la cuna del cambio que necesita el país, con más organización social y menos partidos, ha dicho la viuda de Genaro poco antes de que la policía comunitaria lanzara su grito de batalla que habla de “Una Patria Nueva… o morir por ella”.

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  1. Pingback: Guerrero, México. El asesinato de Genaro Vazquez | Partido Obrero Socialista

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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