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Con voz propia

Proceso irregular basado en falsedad de declaraciones contra el periodista Héctor Valdez lo lleva a prisión

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Carlos Barrachina Lisón

El pasado 27 de noviembre el fiscal general de Justicia de la Ciudad de México resolvió que, de acuerdo con la carpeta de investigación CK-FDS/FD5-6/UI-FDS-5-02/01115/09-2019, el periodista radicado en Tulum, pero desplazado por amenazas de muerte a la ciudad de México por el mecanismo de protección de periodistas; era probable responsable por un delito de violación que implica la introducción de cualquier instrumento o parte del cuerpo humano distinto al pene. Por esa razón ordenó la búsqueda, localización y captura del imputado Héctor Valdez, poniéndolo a la disposición del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente de la Ciudad de México. Suscrito el acuerdo por el juez de control Agustín Moreno Gaspar, se libró la orden de aprehensión y el día 30 de noviembre éste ingresó al centro penitenciario.

El asunto agarró por sorpresa a los que tenían alguna noción del proceso, porque las diferentes encargadas del ministerio público, que han llevado el caso desde que Thalía Pompa Mendoza lo impulsó, habían ido viendo como las contradicciones y faltas de pruebas de la acusadora se iban cayendo, y el caso no tenía lógica, ni sustento. Ello ha hecho sospechar que detrás del acoso y de la detención de Héctor Valdés se encuentran los mismos intereses políticos que le llevaron a tener que salir corriendo del Estado de Quintana Roo, apoyados en este caso por activistas desacreditadas como Fabiola Cortés, que tuvo la oportunidad de llamar a Héctor Valdés, el mismo día que finalmente recibió la primera notificación de que estaba siendo acusado por Pompa Mendoza.

Vamos por partes, explicando los diferentes puntos de vista de este tema tan espinoso.

Thalía Pompa Mendoza, una joven de 29 años, que se ha dedicado desde muy joven a ganarse la vida de mil formas, se desplazó a la Ciudad de México a principios del mes de junio del 2019, para tramitar el cobro del seguro de vida de su madre fallecida. Según sus declaraciones, al no conocer a nadie en la CDMX, en primer lugar cayó en la cuenta, que su amigo Guillermo Román Millán (William), un británico al que había conocido en Tulum, se encontraba en la ciudad. Le pidió hospedaje, porque viajaba con su hijo de cuatro años de edad, y éste aceptó. En las declaraciones de Thalía, señala que William tuvo que viajar a Chiapas, tres semanas antes del 10 de septiembre, que es la supuesta fecha de la violación; y cómo conocía a Héctor, por tomar café con él en Tulum, hablar de política y “salvar al mundo” desde la perspectiva revolucionaria de ambos; pues se atrevió a pedirle posada. William, por su parte, en su declaración de 25 de septiembre del 2019, le afirma a la Unidad de Investigación de la Fiscalía Central de Investigación de Delitos Sexuales, que la verdadera razón de que Thalía se fuera a vivir con Héctor es la siguiente: “como no había encontrado escuela cerca del domicilio donde estábamos para su hijo, es que se fue con Héctor, en donde encontró cerca una escuela”.

Según las diferentes declaraciones de Pompa Mendoza, la vida con Héctor fue poco más que un infierno. En las tres semanas, que según ella convivieron, él se le acercó en numerosas ocasiones, con intenciones sexuales, sin mostrar ella ningún interés por su parte, hasta que finalmente el 10 de septiembre Héctor la acorraló y la violentó metiendo sus dedos tanto en el ano como en la vagina (así dice el expediente -o la carpeta de investigación como acertadamente Fabiola Cortés me señala que debo señalar-). En sus palabras, ante el hecho traumático, salió llorando del departamento, después de levantar la voz de forma ostensible, y buscó la protección de una señora de nombre Yesenia que encontró en el parque, y de la que únicamente recuerda el nombre, y posteriormente nunca se presentó como testigo. Esa noche y la siguiente regresó a dormir en casa de Héctor (aunque se encerró en la habitación).

Al día siguiente se presentó en la Fiscalía Central de Investigación de Delitos Sexuales e inició su denuncia. A las 11.45 se abría la carpeta de investigación, a las 16.40 ya tenía a la licenciada Adriana Meneses como asesora jurídica, enviada por la Dirección General de Víctimas y presentaba su declaración detallada. Entre las 18.00 y las 18.40, le hicieron un análisis médico, que afortunadamente para ella salió muy bien, y a las 19.00 ya le tenían programado en peritaje psicológico. Sin embargo, se disculpó por tener que ir a buscar a su hijo y quedaron de realizarlo al día siguiente.

Ese mismo día 11 de septiembre, se elaboró un apercibimiento en calidad de imputado que debía ser entregado al periodista Héctor Valdés, pero Thalia se “equivocó” de dirección, y no fue hasta el 24 de septiembre que pudieron señalarle a Héctor que se debía de “abstener de realizar conductas intimidantes o de molestia a la denunciante”.

El 12 de septiembre entre las 14.00 horas y las 15.48, la perito Estrella Rosario Ramos le hizo su perfil psicológico. Son muchas cosas las que se comentaron y reflejaron en el informe, pero no es el caso publicar todo. Si creo sin embargo relevante, copiar los siguientes párrafos: “La denunciante T.P.M, se observa como una persona que se relaciona de manera superficial, quien carece de formas o medios asertivos de expresar sus sentimientos y emociones, llegando a realizar actividades que no son deseadas por ella ya que no responde asertivamente a su contexto, Incluso situándose en contextos de riesgo, pero al carecer de juicio crítico, no alcanza a ponderar los riesgos a los que se expone. Se deja llevar de acuerdo a sus necesidades y deseos, por lo que se torna impulsiva, inmadura, con necesidad de reconocimiento y protección, por lo que establece relaciones rápidamente y de forma superficial, esto con la finalidad de desarrollar sentido de pertenencia. Utiliza la fantasía como mecanismo de defensa para enfrentarse a su realidad, se descontrola ante situaciones de estrés y disfuncionalidad, de su entorno actual en el que se encuentra inmersa, mismos que no le ha permitido tener el nivel de comprensión y juicio crítico que son necesarios para ponderar las situaciones dentro de un contexto de realidad, como para poder ser más asertiva el escoger sus afectos y amistades. Refleja poca tolerancia a la frustración, a enojarse con facilidad o a rebelarse a las figuras de autoridad, pero solo ocasionalmente cuando siente que el trato que recibe no es justo o ve amenazada su integridad física o emocional trata de evitar los conflictos, tiende a ser muy confiada, rasgos de personalidad, que la hacen tomar decisiones de manera impulsiva, debido a que actúa en relación a lo que siente, sin llegar a medir la consecuencia de sus actos o los riesgos que puede llegar a tener con esa actitud” (sic).

A pesar de la petición de la Coordinación de la policía de investigación, volvió a señalar que no recordaba la dirección en donde vivió con Héctor, y afirmó que estaba viviendo en Tláhuac, lo que a todas luces era falso, porque siguió en el departamento de su “agresor”. Abandonó las instalaciones de la fiscalía para ir a buscar su hijo y desapareció. Esos días la policía de investigación la trató de localizarla para hacer un recorrido y poder entregar el oficio, pero no tuvieron suerte; e incluso, como señalan en la misma carpeta, le llamaron a su número telefónico y tras una respuesta positiva, en la que se comprometió a regresar, no volvió a responder al teléfono.

No fue hasta el 23 de septiembre, en el que la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México solicitó que se entregarán las medidas precautorias al periodista quintanarroense, señalando ya la dirección correcta, que finalmente la fiscalía tuvo la oportunidad de entregar al día siguiente el apercibimiento en calidad de imputado. Casualmente ese mismo día Fabiola Cortés llamó a su “amigo” Héctor Valdés, y luego publicó el primer artículo sobre la supuesta violación. Un día después la Fiscalía Central de Investigación de Delitos Sexuales acompañó a la agraviada a buscar sus pertenencias personales.

La versión de Héctor Valdés en mucho más concreta. Thalía, le buscó desde le día 1 de junio y tuvo desde esa fecha llave para entrar y salir de su casa, en donde entraba y salía según su conveniencia. En su opinión, el llevar a la escuela al niño le animó a extender la estancia de la muchacha; y fue cuando empezó a ver que había situaciones que no funcionaban bien (relacionadas con el consumo de alcohol). En cuanto le solicitó a Thalía que abandonara el apartamento. La reacción de ésta fue amenazarle de demandarle de violación y de organizar un gran escándalo.

Esta historia la contaré con detalle en otra columna. Sí quiero señalarles en estas líneas que coincidentemente con la negativa de Thalia de entregar la dirección de Héctor, ella siguió viviendo en su departamento, e incluso se molestó, porque una pareja de amigos de Héctor, que han declarado en el proceso; Georgina Bragado y Juan Matías Velázquez, estuvieron viviendo en el departamento desde el 14 al 25 de septiembre del 2019. Otros testigos que han defendido al periodista son los encargados del edificio Raúl Santoyo Ramírez y su esposa Ildefonsa Valdez Miranda, que se dedican de los cuidados del predio, y que no sólo escucharon ruidos, ni gritos, sino que han afirmado que la relación entre Héctor y Thalía era muy correcta.

Este tipo de situaciones son terriblemente tristes. Una cosa es la denuncia justificada frente a violaciones o maltratos de mujeres o de hombres; y otra muy diferente es utilizar con intereses personales este tipo de políticas necesarias para la convivencia saludable de todos y todas. Cuando está en juego no sólo la honorabilidad, sino la libertad física o la vida de una persona, sobre el que además existen pruebas de persecución política; no existen medias tintas. Se ha de desenmascarar a los corruptos, a los convenencieros y los que tienen intereses económicos y viven de los convenios oscuros, y de hacer el trabajo sucio, muy sucio de los políticos. Y ello lo debemos hacer sin contemplaciones y sin piedad.

https://fb.watch/2ax_32EUhO/

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Lo populista se revierte

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

Parece consecuencia inexorable, que algún líder político que inicia con altos puntos de populismo, termine siendo muy impopular. Sin que se pueda llegar a lo genérico, ése parece ser el destino de quienes, a fuerza de retórica, llegan al poder con altísimos márgenes de aceptación –tal cual ocurrió con Nerón en la antigua Roma, Hitler o Franco en Europa- siendo su final el rechazo popular casi siempre por su imposibilidad de reconocer con cierto grado de humildad sus imperfecciones.

En América podemos escoger de entre varios gobernantes populistas, que terminaron agredidos o quizá odiados por el mismo pueblo que en un principio les aduló; y el cuestionamiento es simple ¿Qué es lo que espera la gente que ellos realicen? ¿Por qué en Colombia es casi seguro el triunfo de un guerrillero amigo de narcotraficantes, autodefinido como de izquierda?

En nuestro país, son muchos los enunciados de campaña que emocionaron a los votantes en diversas etapas de “cambio” –en el caso del actual primer mandatario no solo los pobres- aunque la mayoría de ellos suponen un cierto grado de inclusión en términos laborales o económicos ¿En el ámbito emocional tiene algún peso la posibilidad de “cobrársela” a quien recientemente nos excluyó o dejó de considerarnos en sus planes? ¿Por ello es relativamente fácil allegarnos la voluntad de los desempleados, resentidos, temerosos o empobrecidos? No hay que tropezarse con la misma piedra, decían las abuelas, pero si alguien tiene propensión de hacerlo son justamente los seres humanos.

En esta fase de desarrollo gubernamental más que análisis cuasi académico, es pertinente pensar en cosas especiales que nos llevan al punto de justificar en la mitad de actual gobierno las bondades del PRI y hasta del PAN ¿Conoces gente que teniendo hasta maestrías no han sido convocadas a ser parte en gobiernos del cambio? ¿Sabes de personas convocadas que a la hora de la verdad son “corridas” sin que se les liquide o cuando menos se les den las gracias por el trabajo prestado?

En el ambiente impuesto por la pandemia y reforzado por el temor producido por el relato continuo de muertos, secuestrados, extorsionados, asaltados y hasta quemados, salvo el uso de la herramienta electrónica que sustituye la emoción de tener enfrente a un ser vivo que nos abrace y converse, la realidad universal se denomina soledad. A quienes están en el sexto piso y más de la vida, la televisión sirve de murmullo para imaginar que alguien les acompaña, los más jóvenes ponen su música estridente –con audífonos o al natural- y casi todos esperan con ansia el zumbido del celular, a fin de comprobar que estamos en la mente de alguien que nos ha enviado un mensaje. Los que tienen un gran espacio físico ocupado por casetes o diskettes, no encuentran como hacer funcionar su viejo y anticuado reproductor de tales materiales viviendo entonces la ironía de una opulencia que ni siquiera pueden escuchar menos disfrutar. Y así es como mucha riqueza se arroja a la basura.

A finales de los ochenta, con el acompañamiento de mexicanos sobresalientes[1][1], logramos llamar la atención acerca de un problema de salud que por sus números parecía no importar al sector ¡hasta construimos un hospital en Querétaro! A escasos metros de donde se terminó atendiendo un niño al que compañeros de la tele-secundaria, quemaron al parecer de forma intencional. ¿Saben cómo influyó un ex jefe de gobierno para atacar a esta OSC en favor de los niños quemados en la ciudad de México? ¿Qué hicieron los diversos gobiernos del cambio para defender esa obra de la sociedad civil en el bajío? ¿Cómo es posible que todavía hoy después de tanto esfuerzo por difundir medidas de prevención haya una maestra que recomiende ponerle cebolla en las heridas al infante víctima?

Quemar –bosques, coches, locales, ciudades o personas- como una forma de presión y hasta venganza, debiera ser entendida por los populistas como un aviso de que se está llegando al límite de la tolerancia. Ocurre por la impotencia de ser verdaderos agentes de cambio sobre todo a imprudentes votantes que lo hicieron con las vísceras y no con la cabeza ¿quiénes facilitaron la llegada de personas notables en algunos casos que a la hora de gobernar no la hacen, sienten culpa? ¿De que sirvió a los ciudadanos guiados por Nerón su poesía y gusto por la música? ¿Qué suponen elecciones de una minoría movida por la compra del voto? ¿El abstencionismo es solo un aviso o una verdadera tragedia democrática? Han escrito los entendidos que en el declive populista la abstención es hoy rey de reyes, que domina procesos electorales derrotando la democracia misma al permitir que déspotas y dictadores triunfen mediante la corrupción de los ciudadanos.

El desempleo, el hambre, el miedo al castigo y sobre todo el mal ejemplo –como pedir diezmos a trabajadores, no pagar a empleados o proveedores, mentir, proteger a los infractores o delincuentes- son aspectos que toman en cuenta los que tienen la inteligencia, y la humildad para reconocer que se equivocan al encumbrar a alguien que no lo merecía. Una vez reconocido el error “democrático” lo pertinente es actuar, dejando de promover, aun con críticas, al populista y sobre todo acercándose a la gente capaz, ¡que si la hay y México está pletórico de buenos mexicanos!

____________

[1][1] El paido-psiquiatra Eduardo Dallal y su alumna Patricia Romano, el epidemiólogo José Carrillo Coromina, el maestro en salud pública Rodolfo Gracia Robles, el Dr. Andrés de Witt Green, Fernando Ortiz Monasterio, entre muchos otros que son extraños para los actuales funcionarios.

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Con voz propia

Verdad, justicia, reparación de daño y no repetición, un largo y tortuoso camino en México

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Cuando los mexicanos lleguemos a la verdad, la justicia, la reparación del daño y la no repetición, habrá paz en cada corazón de las familias mexicanas, mientras eso no ocurra seguiremos caminando al lado de las víctimas para buscar a los desaparecidos

Twitter: @kausirenio 

La Guerra Sucia empezó en Guerrero por miembros del Ejército mexicano en contra de la población civil en la década de los años 50, 60 y 70. En esa época hubo desaparecidos y pueblos arrasados para restarle la base social a la guerrilla de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. Investigar los excesos por militares para llegar a la verdad y justicia.

Si bien es cierto que el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), reconoció que los militares participaron directamente en contra de la población, y eso es un avance, hay que esperar la apertura del archivo militar en poder de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Además de investigar a los autores intelectuales de estos crímenes: Caballero Aburto, Alarcón, Figueroa… así como rastrear fosas y cárceles clandestinas donde fueron torturados y asesinados estudiantes, campesinos y colonos.

La participación directa de tropas del Ejército mexicano en la masacre de 17 personas en Chilpancingo, Guerrero, el 31 de diciembre de 1960.  El 18 de Mayo de 1967, en un mitin que convocó la Sociedad de Padres de Familia de la escuela primaria “Juan N. Álvarez, la Policía judicial del estado de Guerrero incursiona en el plantel y abre fuego en contra de la multitud, asesinando a 11 personas. Ese día Lucio Cabañas se refugió en la Sierra.

Las masacres fueron las formas de hacer política en Guerrero. En Acapulco, durante la asamblea de cada domingo, en las oficinas de la Copra, fueron asesinados 38 copreros a manos de pistoleros, El Chante Luna, El Zanatón, Pay Radilla y El Animal, el 20 de agosto;  años después, los asesinos fueron homenajeados con corridos por el valor prestado a la tiranía. Ellos no actuaron por sí solos, sino por órdenes de personajes oscuros del PRI-gobierno de entonces, que pronto escalaron como espuma en lo más altos niveles políticos. Rigoberto Pano Arciniega fue premiado como magistrado y después procurador de Justicia del estado; otro que premiado fue Orbelín Soberanis Núñez, quien llegó a ser diputado local.

Cuando se creía que el talante represor había desaparecido en Guerrero, el 28 de junio de 1995, en el Vado de Aguas Blancas, fueron asesinados 17 campesinos e hirieron a 23 más. Los responsables: policías judiciales, antimotines y la Policía Motorizada, al mando del mayor Manuel Moreno González.

La madrugada del 7 de junio de 1998, un operativo contrainsurgente cercó la Escuela Primaria Caritino Maldonado Pérez, ubicada en las faldas de los cerros antes de llegar a la  comunidad Ñuu Savi de El Charco, municipio de Ayutla. Al mando iba el comandante de la 27 Zona Militar, el general Alfredo Oropeza Garnica. La balacera duró una hora y media. Ahí fueron asesinados 11 personas y cinco resultaron heridas –un niño de 13 años de edad, entre las víctimas–  pero en el comunicado oficial solo se supo de la detención de 22 personas.

Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, fueron asesinados por policías federales,  estatales y agentes ministeriales, durante el violento desalojo en la Autopista del Sol México-Acapulco, el 12 de diciembre de 2011, en Chilpancingo.

En Iguala, el viernes 26 de septiembre de 2014, policías municipales, estatales y federales desaparecieron a 43 normalistas de Ayotzinapa con la complacencia del Ejército mexicano, y el saldo de ese día fue de seis personas asesinadas.

En todos estos hechos de violencia sistemática en contra de la población civil, el Ejército mexicano, la Marina, la Policía Federal y Estatal de Guerrero, actúan como escuadrón de la muerte, con total impunidad. Las autoridades civiles, lejos de investigar y sancionar, se han encargado de opacar y ocultar la información.

Cuando los mexicanos lleguemos a la verdad, justicia, reparación de daño y la no repetición, ese día habrá paz en cada el corazón de la familia mexicana, mientras esto no ocurra seguiremos caminando a lado de las víctimas para buscar a los desaparecidos.

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Eliminación de hospitales psiquiátricos, una orden del presidente López Obrador

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Por Alberto Farfán

La ansiedad y la depresión como algunos de los factores desencadenantes del suicidio, y asimismo, la imperativa necesidad de que los hombres y mujeres con algunas de estas condiciones mentales deben ser tratados de inmediato en hospitales psiquiátricos para preservar su vida, fue parte de lo que apuntamos en El suicidio en México con índices de gravedad. Ahora es importante resaltar lo que ha ocurrido desde el Gobierno federal con relación a la orden del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de eliminar dichos nosocomios.

Y sin dejar de lado el galimatías  seudolegal u oficioso ─lo digo como lingüista─, del decreto en el que hubo cambios a la Ley General de Salud en materia de Salud Mental y Adicciones, texto que provoca ambigüedad, confusión, contradicciones, aspiraciones vanas y hasta demagogia, tratemos de entender qué es lo que en realidad nos intentan decir en lo medular.

De entrada, en el Diario Oficial de la Federación (DOF) del 16 de mayo del año en curso se pontifica lo siguiente en el artículo 74 de la Ley General de Salud: “Asimismo, para eliminar el modelo psiquiátrico asilar, no se deberán construir más hospitales monoespecializados en psiquiatría; y los actuales hospitales psiquiátricos deberán, progresivamente, convertirse en centros ambulatorios o en hospitales generales dentro de la red integrada de servicios de salud”.

Esto quiere decir que los centros de internamiento psiquiátrico ─o sea, los monoespecializados, en los cuales el paciente es atendido por el tiempo que sea necesario bajo el modelo asilar; cuyo significado es dar asilo o albergar─ deben ser eliminados para dar paso a lugares en donde sólo se otorgue atención momentánea y transitoria ─los propiamente psiquiátricos que a partir de ahora serán ambulatorios u hospitales generales─, sin considerar en modo alguno a los sujetos afectados psicoemocionalmente, que requieren de ser ingresados por la gravedad que puedan presentar, como en los casos de intentos de suicidio, por ejemplo. Y en suma, no sólo se habla de ya no construir más nosocomios, cuando los actuales no se dan abasto para todos los solicitantes, sino de eliminar los ya existentes.

Más claro aún, el subordinado del presidente AMLO, el secretario de Salud, Dr. Jorge Alcocer, semanas previas al decreto, fue quien justificó en la conferencia matutina del jefe del Ejecutivo, del 24 de abril de este año, la desaparición de los hospitales psiquiátricos por la sencilla razón de que no era una situación propia de nuestro país, sino que era una tendencia en otras latitudes, la cual tiene a su favor que el aquejado con problemas de salud mental al no encontrarse internado podrá recibir toda la atención por parte de su familia y amigos. Y esto es francamente una estupidez, por más que en dicho decreto se diga que a los familiares se les va a informar y capacitar para la pertinente atención del allegado. Si médicos especializados suelen cometer errores, ¿qué va a ocurrir con aquéllos que son ajenos a conocimientos de esta índole? Nada bueno.

No vamos a negar que históricamente en los hospitales psiquiátricos de nuestro país por la irresponsabilidad de las autoridades competentes se suele abusar, agredir y hasta torturar a los pacientes que se encuentran ingresados indefinidamente. Pero eliminar per se a dichas instituciones no resuelve el problema y menos si nos prometen que con cursos de capacitación y sensibilización a médicos generales, auxiliares y familias la situación va a cambiar. En este sentido, los resultados positivos si es que se dan se podrán palpar en décadas. Por lo tanto, la demagogia es la que habla por sí sola.

Además del término asilar hay otro que repiten hasta el cansancio, el de voluntad anticipada. El cual significa en sentido llano que el individuo será quien determinará cómo, cuándo y dónde recibirá tratamiento médico, o negarse a él. ¿Ahora el afectado diagnosticará al especialista? Pero nótese lo que indica el artículo 75 Bis: “La persona con trastornos mentales… es quien ostenta el derecho a consentir o denegar el permiso para cualquier tratamiento o internamiento, por lo que deberá presumirse que todos los pacientes tienen capacidad de discernir y deberán agotarse los esfuerzos para permitir que una persona acepte voluntariamente el tratamiento o el internamiento”.

Por fin, es el indispuesto quien decide o no arguyendo su voluntad anticipada, cuando al final lo van a internar, pero además, ¿en dónde? Si ya no va a haber hospitales monoespecializados. Aunado a ello, un afectado con trastorno bipolar, esquizofrenia, con trastorno depresivo mayor o trastorno de ansiedad generalizada en plena crisis, ¿podrá tomar la decisión más adecuada? Me temo que no. Lo interesante del caso es que en el artículo 51 Bis 2, leemos: “No se entenderá que la persona no puede dar su consentimiento cuando se estime que está en un error o que no tiene conciencia de lo que hace”. ¿Si no tiene conciencia de lo que hace es prudente que él decida su tratamiento?

En conclusión, debo añadir que aún me pregunto cuál es el objetivo de todo esto. Pues la población que mayoritariamente requiere de estos servicios es de escasos recursos, y si mal no recuerdo AMLO ha dicho que “primero los pobres”, ¿entonces?

Contexto

En México existen 51 centros integrales de salud mental; 32 hospitales psiquiátricos para la atención asilar de 4 mil pacientes, y 54 villas de transición hospitalaria.

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