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Con voz propia

¿El problema de México es la candidatura de Enrique Peña?

Los problemas de México ¿es la clase política? ¿es el PRI? ¿es la corrupción y represión de Peña Nieto? Una reflexión de Rodolfo Soriano Núnez

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Enrique Peña Nieto, ¿un problema para el PRI? o el PRI ¿un problema para EPN?

Por Rodolfo Soriano-Núñez*

¿El problema de México es la candidatura de Enrique Peña?

¿El problema de México es la ventaja que aparentemente tiene el PRI en la contienda presidencial?

Estas dos preguntas describen mucho del ánimo de la opinión pública mexicana de cara a las elecciones de 2012. Si uno observa el más reciente spot de la campaña de la señora Josefina Vázquez Mota, uno advierte claramente que, más allá de alguna crítica al señor Andrés Manuel López Obrador, la candidata presidencial del PAN insiste en criticar al Partido Revolucionario Institucional y su candidato por las razones ya conocidas: el manejo de la economía en los 1970, 1980 y 1990; los excesos del priísmo; la corrupción y los alegados vínculos del PRI con el crimen organizado.

Hay algunas cosas que son ciertas, como los excesos. «El orgullo de mi nepotismo«, «defenderé el peso como un perro», «ni los veo ni los oigo», «no se hagan bolas», son algunas de las frases de José López Portillo y Carlos Salinas que mejor describen esos excesos.

Y ni qué decir de la corrupción. Basta recordar los más de 100 millones de dólares que la justicia suiza retuvo durante algunos años a Raúl Salinas de Gortari en el marco de las investigaciones sobre el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu y la desaparición del diputado tamaulipeco Manuel Muñoz Rocha.

No sólo eso. Ahí están las fortunas de líderes sindicales que se formaron y consolidaron su poder durante el régimen priísta, como la de la familia de Napoleón Gómez Sada y su heredero Napoleón Gómez Urrutia, la de la familia de Joaquín Gamboa Pascoe y la de la señora Elba Esther Gordillo, por hablar sólo de los más conocidos y repugnantes.

El PRI, ni duda cabe, es la suma de todos los excesos y todos los males. Y no es sólo en la narrativa de los spots del Partido Acción Nacional que durante doce años ha ordeñado esa vaca a más no poder. Si uno revisa los discursos y declaraciones, especialmente las de las conferencias de prensa mañaneras del señor Andrés Manuel López Obrador, uno encontrará argumentos similares. En el caso del López Obrador, incluso, se agrega el elemento de que, como él lo recuerda con alguna frecuencia, él conoció a la bestia por dentro en sus años de juventud transcurridos entre su natal Tabasco y el Distrito Federal.

Don Andrés Manuel superó descripciones previas de la maldad que el PRI encarna cuando, hace hace unos días, al referirse al caso del exgobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington, definió al PRI como «una red de complicidades«.

En resumen, el PRI es tantas y tan malas cosas que, seguramente sin planearlo, tanto doña Josefina como don Andrés Manuel coincidieron hace tres días al llamar al PRI «viejo y corrupto».

Portada de 2006, de un diario local

Y no hay manera de defenderlos. El señor Peña Nieto y sus allegados hablan de que él representa a una nueva generación de políticos de su partido, como si efectivamente los relevos generacionales garantizaran el final de modos de ejercer el poder y relacionarse con otros actores, con las instituciones, con el país en su conjunto.

Basta ver a algunos juniors de esa ficción al servicio de las televisoras mexicanas llamada «Partido Verde Ecologista de México» para que uno se dé cuenta, con un sabor a decepción, que la juventud (o la vejez), como tal no es garantía de cosa alguna.

Los mismos priístas nos confirman el hecho que representan mucho de lo peor que es México al elevar a la altura de un deporte, de un arte, la infinita conjugación del verbo deslindar, el verbo favorito de la política mexicana. Basta ver la manera en que la supuesta investigación del gobierno de Estados Unidos contra Tomás Yarrington (su abogado, Joel Androphy, dice que no hay causa judicial contra su cliente) abrió la compuerta de una catarata de deslindes que iniciaron con el candidato presidencial priísta y rápidamente llegaron a las estructuras del Partido Revolucionario Institucional que, sin dudarlo o esperar alguna confirmación del gobierno de Estados Unidos, suspendió sus derechos como militante del exgobernador de Tamaulipas.

No le demos más vueltas. Don Octavio Paz se equivocó cuando nos regaló El Ogro Filantrópico, esa joya del ensayo político mexicano. El PRI no es un ogro filantrópico. Ni siquiera la más severa metáfora de Carlos Castillo Peraza, la de El Ogro Antropófago, logra describir la profunda perversión de la política que encarna el PRI. Habría que hurgar, quizás, en las mitologías antiguas alguna figura, acaso la Gorgona griega o el Baal de Asia menor para encontrar algo que verdaderamente capture toda la maldad que el PRI encarna.

El PRI, pues, es–como dice la rola de George Thorogood–«malo hasta el tuétano». (Bad to the bone).

El problema es, si existe este consenso acerca de la maldad del PRI, ¿por qué los partidos que dicen encarnar todo lo bueno y lo bello de la nación mexicana, son incapaces de derrotarlo?

Por qué si Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota tienen tan claro que el PRI es el principal problema de México, tanto que ambos han centrado buena parte de sus campañas en la crítica del PRI, por qué no son capaces de derrotarlo.

¿Será que los mexicanos somos tontos y por eso la señora Vázquez Mota, por ejemplo, repite con un rigor aterrador los pasos de la fracasada campaña de su correligionario Luis Felipe Bravo Mena en la lucha por la gubernatura del Estado de México en 2011? Pero si es así, ¿cómo es que 21 estados de la República han votado en algún momento por el PAN o por el PRD y diez de ellos han regresado al redil de la Gorgona, del Baal, tricolor?


Si a finales de los noventa se pensaba que el país se teñiría de azul o amarillo mientras sepultaba su pasado tricolor, la realidad es que un análisis sereno del comportamiento electoral habla, en un sentido, de la incapacidad de PAN y PRD para darle el valor que merecía a los procesos de cambio y, por otra parte, habla también de la capacidad de adaptación y cambio a las nuevas realidades de la Gorgona priísta.

Pero dejo de lado ese análisis y me concentro en la gran pregunta, por qué si el PRI es la Gorgona, por qué si es la suma de todos los males, ¿por qué el PAN y el PRD, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, son incapaces de lograr un acuerdo que acabe con la que supuestamente es la pesadilla de todos los mexicanos?

En unas horas, minutos, más acaba el plazo para que se sustituyan a los candidatos presidenciales, eso implica también que se estrecha el abanico de posibilidades para que los candidatos presidenciales y/o los partidos pudieran llegar a un acuerdo, que ni siquiera se planteó en la segunda mitad de 2011, para contender con un candidato presidencial único que, entonces sí pudiera enfrentarse, como Jasón lo hizo, a los monstruos y ogros que los dioses perversos le arrojaron, y nos condujera–felizmente–al encuentro con el vellocinio dorado de la democracia post-PRI.

La razón, me parece, es que en realidad el PRI no es todo lo que nos dicen los políticos del PAN y del PRD que es. Podría ofrecer muchos otros argumentos y pruebas, pero la más importante de todas es que–confrontados ante la posibilidad de que Peña Nieto gane y los derrote–tanto la señora Vázquez Mota como el señor López Obrador prefieren la amarga derrota por separado que arriesgarse a conseguir la victoria en tándem.

Creo que buena parte del problema está tanto en los recuerdos, terribles, de la elección de 2006, con todas las calumnias que los asesores españoles del PAN tiraron contra AMLO, pero también en el hecho que para que fuera creíble, como mejora, la declinación de uno de los dos, sería la señora Vázquez Mota quien tendría que declinar a favor del señor López Obrador.

La otra opción, que el señor López Obrador declinara y la señora Vázquez Mora fuera la candidata de un frente amplio es impensable porque implicaría la continuidad del actual gobierno y validar la pesadilla de los 60 mil muertos por la guerra contra el narcotráfico, los más de 100 mil desplazados (véase también aquí) y la desinversión en ciudades y regiones enteras como Ciudad Juárez, Chihuahua, la Frontera Chica de Tamaulipas o Acapulco, Guerrero, entre otras muchas, además de escándalos de corrupción como la Estela de Luz. Una dimensión insoslayable de la ventaja que el PRI reporta en la totalidad de las encuestas avaladas por el IFE disponibles en la actualidad, es la del voto de castigo contra un gobierno insensible y que está lejos de haber cumplido sus promesas de campaña.

Si la señora Vázquez Mota declina, incluso podría presentarse como un verdadero sacrificio por el mayor bien de la nación y el hecho podría presentarse en spots como una especie de Abrazo de Acatempan, que catapultara a la nación a la tierra prometida de la democracia.

Y esto inevitablemente obliga a preguntar, una vez más,  ¿El problema de México es la candidatura de Enrique Peña? ¿El problema de México es la ventaja que aparentemente tiene el PRI en la contienda presidencial?

Y la respuesta a ambas preguntas es no. Los problemas fueron, por una parte, los malos gobiernos estatales de los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática que sentaron las bases para la posible restauración priísta. Lo es también la guerra contra el narcotráfico de la actual administración, que sólo ha servido para sembrar miedo y ha aplanado el camino para esa restauración y lo es, sobre todo, la mezquindad con la que las burocracias de los partidos políticos operan y toman decisiones especialmente en momentos–según ellos–tan delicados como los de estas vísperas de la restauración priísta.

Y los electores, a pesar de las desconfianzas alentadas incluso desde algunos cubículos académicos contra instrumentos de conocimiento como las encuestas, no son tontos. Se dan cuenta que lo que prevalece es la mezquindad y la veleidad. En 2000, los electores estuvieron dispuestos a considerar el argumento del «voto útil» y hubo quienes lo apoyaron.

Pero también se han impuesto realidades como el nepotismo de las familias Monreal y García en Zacatecas, o la incapacidad del PAN de Sinaloa, por ejemplo, para hacer de Manuel Clouthier Jr., un candidato viable y preferir–en cambio–hacer candidato al senador priísta con licencia Mario López, historia similar a la del PRD en Guerrero que a pesar de los excesos del PRI guerrerense, optó por hacer su candidato a gobernador a –Angel Aguirre Rivero, senador priísta con licencia y exgobernador priísta responsable de encubrir la matanza de Aguasblancas.

Y los problemas no acaban. En Jalisco, el triunfo del PRI en la gubernatura se da por descontado, del mismo modo que podría ocurrir una restauración priísta en Morelos y algo muy parecido a una restauración priísta en Chiapas, gracias a los excesos y abusos de Juan Sabines, un expriísta, hijo de priísta, que el PRD prefirió hacer candidato a gobernador en 2006, del mismo modo que en 2012 no recurrió a un militante de izquierda, sino a María Elena La Nena Orantes, una priísta como su candidata a gobernadora.

Ver a tantos expriístas como candidatos de los partidos que consideran al PRI la Gorgona de la vida pública nacional, hace inevitable preguntarse si tiene sentido votar por expriístas o si, en todo caso, es preferible votar directamente por el PRI.

Como sea, don Andrés Manuel y doña Josefina, podrían tratar de convencernos. Les quedan tres semanas para demostrarnos que efectivamente el principal problema de México es el PRI y no los egos y mezquindades de los partidos y grupos detrás de sus respectivas candidaturas.

*El autor es PhD en Sociología por la Universidad de Fordham, Nueva York.

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La crisis nos une

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

En el sector turístico hay la emoción de pensar que los nubarrones de poca productividad, aumento de inseguridad, disminución de beneficios –trabajo, vivienda, liquidez, salud, vida- a los cuales nos habíamos acostumbrado, serán remontados debido a que se inicia “la temporada alta”. Debido a la desaparición de procesos de evaluación poco se dice del abandono escolar, del bajísimo rendimiento en el campo -por los escases de agua, el alto costo de los fertilizantes, la migración de los agricultores jóvenes- el temor colectivo como resultado de muertes derivadas de una salud sin atención adecuada y la desbordada maldad de los criminales; este periodo de vacaciones no parece ser el espacio que todos necesitamos para alcanzar la felicidad. Los peligros de una juventud que tiene derecho a divertirse ¿son culpa de los padres, los maestros, o la propaganda desbordada? ¿Se logrará que los jóvenes regresen sanos y salvos a sus hogares después de una fiesta?

Aun sin la infraestructura para realizar estudios que permitan establecer metas con sustento, el pueblo sabio -no el safio- se da cuenta que aumentan los riesgos para adultos jóvenes que acuden a una “cita de trabajo” Las instituciones educativas públicas están quedando sin espacio para aumentar la preparación de quienes serían los promotores de un México más competitivo ¿De verdad la juventud ha perdido el ánimo de vencer obstáculos pues se le ha convencido que solo con dinero para asistir a una universidad costosa podrá triunfar? ¿Quién promueve la participación esencial en politiquería de los estudiantes de Facultades públicas? ¿Por qué se ve a estos alumnos únicamente como consumidores de becas, limosneros del “bienestar” en suma fracasados en camino al suicidio?

A los pequeños en sus clase de catecismo, la escuela dominical o la escuelita bíblica de vacaciones, se les motivaba a ser como ese hombre chaparrito, dedicado a trabajar con los gobernantes de la época quien se trepó en un árbol para aprovechar la única ocasión que vislumbró Zaqueo de ver pasar a Jesús de Nazaret, rumbo a Jerusalén ¿tienen hoy alguna motivación para trascender las personas que se ufanan de no creer en Dios, pero vencen su voluntad ante el dictado irracional de un líder que usa las estructuras religiosas para manipular y causar daños a los feligreses? ¿Quiénes han abundado más al crecimiento de los ateos, los pederastas de las iglesias católicas o los defraudadores y abusadores de las pseudo evangélicas[1][1]? ¿En qué parte ocultan la sabiduría expresada en la biblia que, en nuestro país, dio como resultado la educación laica o los límites de participación en política a los dirigentes religiosos? El Dalái Lama –cuya divinidad parece ir en declive- ¿recibe algún beneficio de los miles de negocio de moda que enseñan la práctica del yoga y la meditación como único camino para la reencarnación? ¿De verdad este octogenario religioso budista se ha desempeñado como agente de la CIA contra China?

Los misioneros que llegaron a México con la aprobación de Lázaro Cárdenas, para enseñar el nuevo testamento en las lenguas originales de 62 grupos autóctonas de este maravilloso país, dejaron como beneficio no solo el interés por tales grupos sino la traducción del himno nacional y la constitución de entonces ¿De verdad había espías extranjeros, entre los misioneros del inglés que se convirtió en amigo de la familia entonces presidencial? ¿Por qué Echeverría empezó a caminar por la senda de desconocer los convenios firmados a 100 años antes de que el plazo se cumpliera? ¿Cómo es que aquel “maestro de políticos” -algunos de ellos muy jóvenes- siendo abogado privilegió una justicia casi arrabalera sobre el cumplimiento de la ley? ¿Cuántos alumnos de entonces siguen medrando en los círculos de poder explotando a la población rural? La suma de todas estas no respuestas es lo que en realidad nos mantiene en la actual crisis.

Así como aquel personaje bíblico mencionado en el evangelio de Lucas se esforzó y buscó la manera de vencer obstáculos, la humanidad de hoy debiera encontrar la forma para no caer en la manipulación que confronta a miembros de distintos partidos o diversas religiones. Debiéramos, por ejemplo, aplicar el ecumenismo para alzar unidos la voz ante el reciente homicidio de dos sacerdotes jesuitas en el estado de Chihuahua ¿Alguien se preocupa por la lamentable definición con que nos califica el jefe del estado vaticano?

Desde siempre los indígenas del norponiente del país han sido explotados. Porfirio Díaz los persiguió y asesinó; los presidentes del priísmo tenían en sus actos de campaña y gobierno el recibirlos, reconocer su autonomía; pero a la hora de la verdad, así como hoy se hace, simplemente les mienten y ellos usan el único camino que ese les ha enseñado para ser escuchados; la protesta, la marcha, el cierre de carreteras y hasta la amenaza o el chisme mediático que no va más allá de la manipulación en todo su apogeo. ¿Quiénes sabían de la humilde pero efectiva labor misionera de los jesuitas asesinados y la impunidad de un conocido delincuente?

Conciliar de manera universal, procurando beneficios generales que trasciendan al plano internacional, es el único camino para iniciar la salida de la crisis que nos abruma. Seamos ecuménicos en todos los planos, en todos los territorios, en todo México.

+++++

[1][1] Los de la llamada Luz del mundo, cuyo líder se encuentra encarcelado en los Estados Unidos o los miembros de La casa sobre la roca, AC –de origen colombiano- que consideran la participación política como único camino de ir por el mundo a predicar el evangelio aun cuando con sabiduría el salvador cristiano señaló la importancia de dar a César lo del César y a Dios lo que es de Dios.

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Con voz propia

Las travesías y vicisitudes de una persona con condiciones psiquiátricas en el México de hoy

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Por Alberto Farfán

Conversando en mi calidad de periodista con varias personas desde la madrugada en una de las largas filas para solicitar atención en la Clínica de Medicina Familiar (CMF) “Guadalupe” del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ubicada en la zona norte de la Ciudad de México, se me acercó un hombre de mediana edad entre tímido y curioso, a quien llamaremos Mario “N”. Pero al percatarse de mi interés por conocer particularmente acerca de los hombres y mujeres con afecciones psiquiátricas me llamó a parte para contarme un poco de su historia.

Esta persona derechohabiente del ISSSTE por parte de su esposa de quien se encuentra separado desde hace más de diez años, que vive solo, que tiene una hija menor de edad viviendo con la aún esposa, que tiene estudios universitarios, un coeficiente intelectual arriba del promedio, pero sin empleo fijo, “he hecho de todo”, me comenta. Inicia al principio con cierta suspicacia con respecto a hablar sobre la serie de condiciones psiquiátricas que padece, afortunadamente conforme avanza la conversación empieza a explayarse a detalle sobre esto y más.

Para empezar, le comento acerca de la depresión y la ansiedad que llevan al suicidio, pero también de la eliminación de los psiquiátricos ordenada por el presidente de la República para conocer su opinión (temas que he abordado en mis últimas dos entregas más recientes en Los Ángeles Press). Sonríe de manera peculiar. Pues dice que la serie de medicamentos que él necesita mensualmente para la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, el insomnio y las ideas delirantes, entre otros males que le aquejan, nunca se los entregan completos, y en ocasiones él debe hacer un gran esfuerzo para comprarlos con sus exiguos ingresos, pues como no es del todo funcional por falta de una profesional atención psiquiátrica y por la falta de medicamentos suele ser despedido y debe optar por tomar cualquier tipo de trabajo.

Y me platica que por protocolo él sólo una vez al año puede acudir con pase autorizado de su CMF a la Clínica de Especialidades de Neuropsiquiatría del ISSSTE, en Tlatelolco, que carece de área de urgencias, para ser revalorado. Aclarando que pueden pasar meses para que ese pase surta efecto y le otorguen atención. Y el psiquiatra por regla general sólo le pregunta cómo se siente, y ya, lo regresan a su clínica familiar. Y aunque en la “contrarreferencia” de Neuropsiquiatría, que no alta, indica que si se siente mal puede volver a acudir, en realidad es letra muerta, por los pretextos burocráticos de la CMF como por el tiempo para obtener cita.

Ya en una ocasión experimentó una fuerte crisis derivada de sus ideas delirantes al no haber ingerido sus medicamentos porque no se los proporcionó su clínica, y le suplicó al psiquiatra en su cita anual que lo canalizara de urgencias a algún nosocomio, éste le dijo que fuera al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez. Como pudo acudió a dicho hospital al día siguiente pero para que le dijeran que como era derechohabiente del ISSSTE no lo iban a ingresar, por más que fue de madrugada para alcanzar ficha y ser atendido.

En otra ocasión, también por falta de sus medicamentos tuvo una crisis con alto grado de paranoia afectándolo gravemente. Ya no fue al Fray Bernardino por la pésima experiencia anterior, sino que decidió ir al Hospital Regional 1° de Octubre del lSSSTE, que tiene área de urgencias y que es el que le corresponde, por la colonia Lindavista. Fue peor. El médico de urgencias ─no psiquiatra─ se centró en las altas cantidades de todos los medicamentos que toma (antidepresivos, antipsicóticos, benzodiazepinas, anticonvulsivantes), concluyendo que eso debía ser la razón de su malestar. Y como aceptó que él no era especialista en la materia que fuera al día siguiente para ser auscultado por el área de psiquiatría. Se presentó en muy mal estado, y todo para que le dijeran que sólo lo aceptarían si traía un pase de su CMF. Explicó lo del día anterior y ni así lo recibieron. Fue a su clínica y ahí le dijeron que acudiera al 1° de Octubre, pero les explicó con documento en mano que de ahí venía y que no lo ayudaron. Entonces le dijeron que fuera al Fray Bernardino y volvió a explicar lo de tiempo atrás, que no lo iban a tratar. Así, tanto en el caso anterior como en éste tuvo que confinarse solo en el cuarto de azotea en que vive, cerrando puertas y ventanas por el miedo irracional que lo torturaba, sin poder acudir a trabajar, sin comer ni dormir y con sensaciones e ideas compulsivas horribles que dominaban su mente.

Por su formación universitaria Mario “N” estaba al tanto de la información relativa a los temas con los que lo abordé. Y comprendí su inicial sonrisa peculiar. Para él todo consiste en un fracasado proyecto desde su origen. “Los programas de actualización y sensibilización del personal psiquiátrico y general si no han funcionado a la fecha, ¿por qué debían hacerlo ahora? Por decreto nada se modifica. Por decreto la corrupción es un delito y aún continúa”, subraya. “¿La familia debe atendernos? Si muchas veces nosotros sin quererlo la enfermamos, ¿entonces? Transformar los hospitales asilares por ambulatorios, o eliminarlos, llamábanse psiquiátricos o no, es cambiar todo para que nada cambie”. Y ya lo dijo Guiseppe Tomasi en El gato pardo, concluye: “si queremos que todo siga igual como está, es preciso que todo cambie”. ¿O no, señor periodista?, me dijo al despedirse.

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México, baño de sangre 

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TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

La guerra fratricida que viven actualmente los principales partidos políticos en México, son la punta del iceberg de la descomposición política y social que vive el país.

Las crisis intestinas del PRI, PAN, MORENA y PRD reflejan la avaricia que siempre ha movido a los líderes políticos, que todo lo reducen a la disyuntiva de estar “con, o contra el partido”; “con, o contra el movimiento”.

La palabra “Pueblo” ha sido, motor del discurso de todos ellos, y pretexto para consolidar élites que después se han transformado en burocracias políticas difíciles de desterrar y que se han alimentado de diversas formas de corrupción.

Hoy asistimos a los últimos días del imperio PRIISTA, y su dirigente, Alejandro Moreno, se aferra a la presidencia, como última tablita de salvación para no ser encarcelado por desvío de recursos y posible lavado de dinero.

Escuela de cuadros en México durante más de 60 años, el PRI enfrenta así sus últimos días, en una agonía lacerante, porque muchos de sus líderes saben que su destino podría ser el mismo: la cárcel por enriquecimiento ilícito.

Sin embargo, MORENA, PAN y PRD, no son mejores. Menos PVEM y PT, cuyas dirigencias han estado ancladas a dos familias que se han beneficiado también del tráfico de influencias, venta de voluntades, acarreo de votantes, para enriquecerse.

Tiene razón López Obrador cuando dice que la violencia no es de ahora, deviene del momento mismo en que esos partidos, sobre todo los de la mal llamada izquierda, optaron por torcer consuetudinariamente la ley.

Poco a poco, se empezó a enfrentar la pobreza con medidas paliativas, lejos de los marcos institucionales y se permitió así el crecimiento desordenado de la vivienda, del comercio, del subempleo, del tráfico de enseres y personas.

Así México se montó en el populismo. Permitió, por ejemplo, los asentamientos irregulares, el comercio ilegal, la subcontratación sin garantías. Todo, presuntamente para tratar de dar salida a las exigencias de la población.

Sin embargo, las instituciones se han visto superadas, el Estado empezó a perder capacidad de respuesta en muchas materias como seguridad, educación, salud, comercio, transporte, trabajo, convivencia social.

Además, estos partidos descubrieron que esa permisividad, esa laxitud, también generaba grandes ganancias, y les permitía financiar proyectos personales antes que satisfactores sociales.

Los grupos políticos han obtenido así inmensas bolsas de dinero, con el cobro de permisos ilegales para vender, comerciar, sin enterar nada al fisco. Dentro de la sociedad, se formaron también grupos de control y corrupción.

Ese es el verdadero origen del crimen organizado, que creció a la sombra del narcotráfico; y ambos, al cobijo de los partidos políticos en México, principalmente PRI, PAN, PRD, MORENA, PT y PVEM. Los otros, por jóvenes, son inexpertos.

La lupa de los EEUU sobre MORENA

La escuela priista permeó en los demás partidos. Hoy, ninguno de los arriba mencionados ha estado libre de presuntos nexos con bandas del narcotráfico y del crimen organizado.

En Sinaloa, por ejemplo, es un secreto a voces, que importantes narcotraficantes se reunían con políticos de diversos partidos, en fiestas familiares en las que departían sin ningún pudor.

El caso de “El cejagüera” es uno de los más esparcidos con respecto a las relaciones prohibidas que mantuvo el PAN con distribuidores de droga. De ello puede hablar Manuel Espino, hoy miembro de Morena.

Así, en estos días ha pasado inadvertida la información sobre investigaciones que realiza el departamento del Tesoro de los Estados Unidos, en torno al partido en el poder en México: MORENA.

Se dice que el gobierno y el Congreso del vecino país dan seguimiento a las revelaciones de Julio Carmona Angulo, hermano de Sergio Carmona Angulo, famoso huachicolero asesinado a fines del año pasado en Nuevo León.

Julio solicitó protección del gobierno estadounidense como “informante y testigo protegido”, un día después del asesinato de su hermano. Se dice que ha revelado presunto financiamiento a campañas políticas.

Revisan en particular, las campañas en Tamaulipas, Sinaloa, Nayarit y Michoacán, Baja California y Baja California Sur. Al menos tres organismos gubernamentales investigan las transferencias en efectivo que hizo Carmona Angulo.

Sergio tenía ingresos diarios hasta por 1.5 millones de dólares. El departamento de Estado solicitó al Homeland Security y a la FinCen (Finantial Crimes Enforcement Network), que investiguen al menos a cinco políticos de Morena en Tamaulipas.

Según la investigación, “Sergio se había convertido en una especie de bróker para los principales cárteles” y ofrecía sus servicios como mediador y pacificador entre los capos del narcotráfico…”

A través de él se buscaba “evitar disputas y guerras en los estados y plazas, con el apoyo de gobernadores, alcaldes y políticos clave. Algo parecido a lo que hoy López Obrador acusa al PAN con Genaro García Luna.

LIBERAR A OVIDIO, EL PUNTO DE QUIEBRE DE AMLO 

Todo esto viene a cuento, porque desde el inicio de su mandato, AMLO aseguró que de inmediato los narcotraficantes se convertirían en hombres de bien; depondrían las armas por el arado. Como si existiera ya un acuerdo.

Un pacto, como desde su origen armó el PRI con los productores de la droga y que se formalizó en 1945, cuando Estados Unidos enfrentaba una guerra mundial y necesitaba droga para dopar a sus soldados y paliar sus dolores y mutilaciones.

A la vuelta de tres años de gobierno, López Obrador no ha logrado apaciguar a los diversos cárteles, y la violencia en México se ha convertido en “un río de sangre”, como dijo el Episcopado Mexicano tras el asesinato de dos sacerdotes jesuitas.

“México salpica sangre por tanta violencia, muertos y desaparecidos, los índices del crimen se desbordaron”, dijo Monseñor Ramón Castro Castro, al parafrasear al Papa Francisco: “Cuántos asesinatos en México”.

La “estrategia” de López Obrador reventó. El presidente está rebasado y ya es un hecho, para el mundo, que México es un Estado fallido, debido a su descomposición a todos los niveles.

El punto de quiebre fue el “Culiacanazo”, cuando el propio presidente ordenó la liberación de Ovidio Guzmán, pactando un armisticio entre las Fuerzas Armadas y el Cártel de Sinaloa, para evitar un mayor derramamiento de sangre.

Esa fue la asonada, fue el punto de arranque con el que los capos supieron que le tenían tomada la medida. El argumento: evitar el derramamiento de sangre tuvo como resultado: más violencia y ejecuciones.

Andrés Manuel López Obrador soltó a Ovidio y después ya nunca lo persiguió. De hecho, no hay ni orden de aprehensión en su contra. Sin embargo, el mandatario hoy acusa de “hipócritas” y “ruines” a sus detractores.

Responde algo parecido al “y yo por qué” de Vicente Fox. Dice que no es culpable de los dos asesinatos. Sin embargo, de la guerra desatada por Felipe Calderón, hoy pasamos al baño de sangre de López Obrador.

¿Por qué hipócritas, señor Presidente? Usted fue quien lo prometió, como un sinfín de cosas que no ha cumplido: reapertura de la Línea 12 del metro en un año; conversión del sistema de salud a primer mundo, reforma energética, educativa…

Y ahora dice que “viene lo mejor”, cuando ha desatado otra guerra intestina en su propio partido, por adelantar la sucesión presidencial y convertir a sus militantes en marionetas o “corcholatas” desechables, sin vergüenza ni dignidad.

Hoy, muchos dicen que Morena tiene ganada la presidencia, pero hacen mal sus cálculos. También insisten en la presunta alianza del PRI, PAN y PRD como única posibilidad para vencer al nuevo aparato electoral que usted ha creado.

Pero se equivoca: ni sus “corcholatas” le garantizan todo, ni la única alianza puede ser con esos tres de oposición. Quizá, en la ruta crítica, PRI, PAN y PRD tengan que plegarse con otro partido y un solo candidato.

Incluso, podría ser uno de los defenestrados en Morena. Puede perder la presidencia, y de nuevo quedar debilitado en el Congreso de la Unión. No, no haga cuentas alegres señor presidente, la suerte no está echada.

Usted tiene casi 9 meses… para hacer las cosas peor.

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