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Con voz propia

Presidenciales mexicanas: la tradición del fraude

Cada seis años, México se ha visto marcado por la sombra del fraude electoral, y ahora en 2012, quedó claro que se ha quedado como tradición

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Foto: Morena Chiapas

Antonio Hermosa Andújar*

Puntualmente, como tras cada elección presidencial en México luego de que en las de 2000 el PRI perdiera su auto-arrogado derecho a la omnipotencia, y como en algunas ocasiones anteriores a tan magno acontecimiento, como en las que en 1994 Ernesto Zedillo venció a Cuauhtémoc Cárdenas, la opinión pública mexicana asiste al doble y simultáneo espectáculo del resultado de las mismas y de las sospechas de fraude, que le acompañan como su sombra. También en las del pasado día 1 ha pervivido la tradición.

No deja de resultar llamativo, como nos recuerda con insistencia los historiadores mexicanos, que mientras el poder presidencial pierde gas y, de consecuencia, ganan fuerza los demás poderes constitucionales; que mientras se ha resquebrajado la unicidad del poder central y la antaño mayestática figura presidencial se vea hogaño contestada por un Congreso y una Corte Suprema más independientes, unos poderes regionales más libres y un Banco de México más autónomo, etc., el espectro de la corrupción en cada elección del máximo mandatario del país cobre cuerpo al punto de darse por descontada. Con el durísimo peaje en prestigio internacional que ello supone para el país. ¿Qué es México? ¿Por qué a pesar de los avances democráticos que pasito a pasito, como se diría allí, se dan, perviven sin embargo todos los grados de la desconfianza personal e institucional, desde los simples tics hasta las posiciones anti-sistema?

Quizá una primera respuesta provenga del hecho de que los efectos del presidencialismo no desaparezcan, ni al unísono ni, a veces, en absoluto con la causa. El Presidente, cierto, se halla algo más maniatado en su acción, y su voluntad no es la del monarca absoluto de siempre. Su figura se reprodujo en cada ámbito, por insignificante o ínfimo que fuera, en el que había una relación vertical entre quienes lo componían. Y, en especial, en el gobierno de los Estados o en la alcaldía capitalina, quizá la segunda magistratura del país –pese a lo cual, y como recuerda el politólogo Samuel Schmidt, salvo en el caso de López Obrador, nunca ha servido de trampolín para la presidencia-, donde los correspondientes números 1 adquirían la vitola presidencial sin mayor esfuerzo, como si se tratara de una derivada ley natural de la política mexicana. (Quizá no fuera una consecuencia demasiado atrevida empezar a pensar a partir de aquí las necesarias reformas del sistema electoral, que lleve a una transformación radical de los poderes de los gobernadores y les impida de hecho lo que les prohíbe de derecho: la acumulación de poderes. Un cambio hacia un sistema político parlamentario, ya sea en los Estados o en el gobierno central quizá no sea una solución descabellada, pues el mayor reparto del poder facilita el control de su ejercicio).

Peña Nieto un PRI-ligro para México Foto: Morena Chiapas

Esto, o no ha cambiado, o lo ha hecho a un ritmo infinitamente menor que en la política central, razón por la cual los vicios del sistema continúan reproduciéndose a su aire y el clientelismo, por señalar al más corruptor, ha aumentado en la periferia mientras se erradica en el centro. La compra de votos, o la instalación de muchas más mesas electorales en las zonas rurales por parte del IFE al tiempo que disminuía la población en las mismas y aumentaba en las ciudades, resultan fenómenos no sólo lógicamente contradictorios con las tendencias sociológicas poblacionales y con las consecuencias electorales derivadas de las mismas, como el aumento del precio del voto del diputado de la ciudad en relación con el del campo, sino sospechosamente significativos cuando se recuerda que fue el PRI el vencedor en dichas zonas durante las pasadas elecciones.

Cierto, lo anterior no prejuzga lo actual, pero -aparte de que estamos en México- las tendencias no cambian de la noche a la mañana, máxime cuando allí la influencia del poder político es más clara y directa sobre la población y las encuestas, en su interesada neutralidad muchas de ellas, van mostrando la permanente dirección del acontecimiento.

Otra respuesta procede de que la compra de votos es una práctica habitual de todos los partidos políticos mexicanos, aunque naturalmente sus modalidades difieren y, por otro lado, la capacidad de corromper es mayor donde más dinero hay, y en las elecciones del 1 de julio el PRI parece haber casi triplicado el gasto legalmente permitido. No es una operación lógicamente complicada intuir a donde ha podido ir parte de ese gasto ilegal, cuya denuncia harto probablemente concluirá con una multa al partido, pero sin anular los presuntos efectos electorales, a no ser que López Obrador muestre las pruebas que dice tener del chantaje, esto es, demuestre fehacientemente que el viejo ogro ahora supuestamente renovado ha comprado los cinco millones de votos de que le acusa.

Un factor explicativo más, quizá presente en el interior de la respuesta anterior, es que la opinión de la izquierda mexicana, proclive a decantarse por el reconocimiento del clientelismo cuando lo practica la derecha, cierra con fuerza los ojos, los de la mente tanto como los del alma, cuando lo ejecuta la izquierda: ¿cuántos de los miles y miles de ciudadanos que se han manifestado día tras día contra Peña Nieto habrían siquiera admitido algo similar de haber sido su candidato el triunfador y el PRI el denunciante, y ello aunque afirmara poseer pruebas irrebatibles?

El fraude de la democracia Foto: Morena Chiapas

Las consecuencias de una creencia semejante son devastadoras: presupone un maniqueísmo que reparte el bien y el mal en dos frentes antagónicos, que separa a los buenos de los malos por una sima, esto es: crea dos Méxicos imposibles de conjuntar salvo por el patrioterismo de pacotilla que siempre hallará ocasión de mostrarse en la vida pública o en los sentimientos privados. Pero la realidad que de ahí se desprende es la existencia de dos Méxicos: y ambos pre-democráticos. Si a ello unimos la cultura política clientelista que antes nos apareció observaremos que el trecho por recorrer hacia la democracia en México es aún bastante largo.

Otro factor que amplía la sima entre la política democrática y la oficialmente llevada a cabo en México es la naturaleza profundamente egoísta y gremial, vale decir, anti-institucional, de sus partidos políticos, la cultura de la confrontación que les relaciona en lugar de la búsqueda de la negociación, vista como una debilidad y, en cualquier caso, un lugar común cuando la verdad cae de un lado y la mentira o el vicio de otro. Kant diría aquí que, pese a todo, la naturaleza quiere algo distinto de lo que ha votado el electorado mexicano, incluso aunque cambiaran los candidatos pero se mantuvieran los porcentajes.

El supuesto triunfo del PRI fue en la presidencia, pero es minoritario en el Congreso y la voluntad del Presidente ya no es la absoluta del monarca del Ancien Règime que ha prevalecido durante casi todo el siglo XX; es decir, y por continuar con Kant, la naturaleza quiere el cambio en el sistema político mexicano, empezando por la práctica cotidiana de la política, situándolo en un contexto, en unas circunstancias, en las que la cooperación es obligada para impedir el retroceso económico y el estancamiento político, que conduciría al mismo lugar.

Y el aprendizaje de la cooperación política es probablemente la summa política del sistema, el mecanismo que antes o después va engranando y armonizando todas sus partes, sin excluir el cambio de valores.

Observemos que cuanto llevamos dicho hasta aquí se da, por así decir, antes incluso de entrar en el detalle de los programas electorales de cada candidato presidencial y de sus respectivos partidos. En cualquier caso, y aunque no creo que la naturaleza kantiana haya llevado su plan mexicano tan lejos como para exigir la formación de un gobierno nacional ampliamente mayoritario, no es menos cierto que los grandes problemas sociales, como el del desempleo juvenil, y las grandes lacras del sistema como la corrupción, la pobreza y la violencia terrorista del narcotráfico sí exigen para su erradicación una estrecha cooperación entre todas las fuerzas políticas, además de mucha limpieza en el interior de las mismas.

Por todo ello, además, es urgente resolver la cuestión del fraude y reconocer la justeza del legítimo ganador. Y si para ello hubieran de repetirse las elecciones, pues que se repitan o que se anulen. En bien de la democracia mexicana, su futuro debe partir de un grado cero democrático, sin que las sombras del fraude puedan servir como un chantaje permanente para el resto de la legislatura.

 

*El autor es escritor español, académico de la Universidad de Sevilla.

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Claudia Sheinbaum, entre la demagogia electoral y la violación a derechos laborales

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claudia sheinbaum en campaña

Por Alberto Farfán

En agosto pasado cuando la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, acudió a Tabasco por sus actividades proselitistas para posicionarse como representante de su partido para las elecciones presidenciales del 2024, lo cual debe ser cuestionado. fue recibida por algunos grupúsculos y unos cuantos funcionarios con el grito de ¡presidenta, presidenta!

Días después, seis de esos servidores públicos fueron cesados de sus funciones. Ante ello, la gobernante indicó a la prensa: “No creo que esté bien, la verdad, yo creo que no está bien dentro del movimiento”. Pues según ella, se deben respetar los derechos políticos y de libertad de expresión de todos, porque la mandataria, además, actúa bajo esos principios.

En este contexto, el gobernador interino, Carlos Manuel Merino, explicó que “los despidos fueron simultáneos por coincidencia y pidió no hacer una novela por este caso”. Tal y como hubiera querido la viajera capitalina. Para ocultar lo que en realidad lleva a cabo con los empleados bajo su cargo en el gobierno de la capital, cuando no le son afines.

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Ficción o no, para el último día del mes en cuestión, una funcionaria del gobierno de la ciudad en su cuenta de Twitter acusa que ha sido despedida por su apoyo y aprecio a Marcelo Ebrard, otro de los posibles candidatos de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) a la Presidencia. Luz María Rodríguez, adscrita a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (Sectei), prácticamente dijo lo mismo que Sheinbaum, indica: “Nuestras preferencias no deberían ser motivo de división, al contrario, son tiempos de unidad…”

Y al igual que Merino, la Sectei se deslinda de asuntos político-electoreros en sus acciones, respondiendo que fue una confusión, un error. Pero para fortuna de esta mujer influyente le indicaron que el cargo quedaba a su disposición si así lo decidía. Y no cabe duda de que el poder de Ebrard logró que se echara abajo el despido de la funcionaria Rodríguez. Y si esto no forma parte del amiguismo de las mejores épocas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no sé qué pueda ser.

Lamentablemente, decenas de servidores públicos que carecen de influencias han perdido sus empleos por los operadores de Sheinbaum en beneficio de su precampaña política.

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Ha habido decenas de despidos injustificados, acoso laboral, acoso sexual, casos de nepotismo, intimidación, amenazas directas, uso de la fuerza pública, tanto en el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de esta ciudad con la imposición de Rebeca Olivia Sánchez Sandín, como en la Procuraduría Social de esta capital (Prosoc), con la hoy procuradora Claudia Ivonne Galaviz Sánchez, por citar sólo algunas dependencias, argumentando las déspotas nuevas titulares que tienen bastantes compromisos con mucha gente que deben incluir en las vacantes que exigen queden libres.

Y aunque todos estos exempleados de ambos sexos han acudido a las instancias correspondientes no han recibido respuesta favorable alguna, debido en definitiva a que ningún funcionario desea quedar mal con la jefa de Gobierno, no obstante que sus obligaciones radiquen en defender a los trabajadores frente al patrón o a los servidores públicos frente a su jefe, que en este caso su máximo patrón o jefe es una política a quien le deben pleitesía y su lugar de labores.

¿Y las nuevas ofertas de trabajo, el apoyo a la mujer y a las personas de la tercera edad, la cero tolerancia a acciones de acoso sexual o laboral, el rechazo al nepotismo y al amiguismo, y un largo etcétera con que nos bombardea diariamente? Todo esto se va al bote de la basura con las decenas y decenas de personas que han quedado literalmente en la calle gracias a la mayor responsable de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum.

 

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Con voz propia

Foro Público: Caso Ayotzinapa, la imborrable huella del Estado homicida

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Lo único real del caso Ayotzinapa es que el ejército y Guerreros Unidos se coludieron para cometer el crimen

Foro Público

Este día se cumplen ocho años de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y lo único real es que el Estado fue el ejecutor de este crimen en colusión con el cártel de “Guerreros Unidos” y la impunidad permanece como resultado de los uno de los episodios más trágicos en la historia reciente del país.

Hace unos días, el presidente de la comisión de la Verdad, Alejandro Encinas, dio a conocer los resultados de la nueva investigación que desarrollan por el caso Ayotzinapa, misma que evidenció que la versión oficial de la “verdad histórica” impuesta por el ex titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, fue fabricada para tratar de silenciar los reclamos de la opinión pública.

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Las nuevas investigaciones mostraron que hubo participación del Ejército mexicano, pues los integrantes de la 27 Zona Militar de Iguala colaboraron para desaparecer a los estudiantes, situación que confirma lo que los padres de las víctimas y diferentes organizaciones defensoras de los derechos humanos habían señalado, los militares sí sabían sobre la operación delictiva e incluso colaboraron en la misma.

No sólo eso, sino que también se confirmó que seis de los estudiantes desaparecidos estuvieron en algún momento en el cuartel militar de Iguala, por lo cual participaron los agentes del Estado para beneficiar a un grupo del crimen organizado que supuestamente había actuado bajo las órdenes del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca, quien era al mismo tiempo líder de “Guerreros Unidos”.

Las nuevas investigaciones indican que Abarca habría ordenado la detención de los normalistas que presuntamente intentaban boicotear un evento público en donde participaba su esposa, María de los Ángeles Pineda, quien era presunta integrante del crimen organizado, pero en el proceso de captura, los narcotraficantes habrían considerado que entre los estudiantes se encontraban miembros de la banda rival “Los Rojos”, por lo cual fueron asesinados y desaparecidos.

A través del nuevo informe de la comisión de la verdad se constató que uno de los 43 estudiantes era un soldado infiltrado que tenía la misión de conocer el comportamiento de los normalistas, y una vez que el gobierno federal se enteró de los hechos habría ordenado la salida de Abarca del gobierno municipal y comenzar a fabricar la denominada “verdad histórica”.

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Aunque diferentes columnistas cercanos al gobierno de Enrique Peña Nieto negaron que hubiera responsabilidad del Ejército mexicano, las nuevas pruebas confirman que hubo presencia significativa del personal castrense, lo que daña la imagen de la institución por su colusión tan evidente con el crimen organizado.

Ayotzinapa indudablemente es un crimen de Estado, en el que la policía municipal de Iguala, el Ejército y el gobierno federal participaron tanto en la desaparición de los estudiantes normalistas como en la presentación de la versión oficial para tratar de cerrar el caso que a ocho años sigue abierto y sigue doliendo a la sociedad.

Los estudiantes normalistas de Ayotzinapa fueron desaparecidos por la sinergia entre el crimen organizado y el Estado, por lo cual las autoridades federales trataron de encubrir la verdad con diferentes mensajes divulgados en medios de comunicación sobre documentales, reportajes, libros y hasta series que trataron de reforzar esa visión.

Ayotzinapa se ubica en la misma dimensión de tragedia que lo fue la matanza del 2 de octubre de 1968, donde los agentes del Estado también causaron la muerte de jóvenes en Tlatelolco.

Nota aparte: Aunque se han evidenciado los elementos que participaron en la desaparición de los estudiantes normalistas, no significa que habrá justicia, pues es algo que no vivido México.

 

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Con voz propia

¿Quiénes fabricaron los delitos? Desde la prisión Santa Martha Acatitla, la columna del periodista Héctor Valdez

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hector valdez periodista en santa martha

Por Héctor Valdez

A todos mis amigos y a cualquiera que pudiera importar leer y compartir este texto, si le es posible.

Me acerco a la Ciudad de México a los dos años de estar recluido en prisión por un delito que jamás cometí y que fue ordenado en su fabricación, según abundantes evidencias, por personajes del poder del estado de Quintana Roo.

Como casi todos ustedes amigos y conocidos saben, salí de Tulum desde mayo del 2019, en medio de amenazas de todo tipo y luego del asesinato a balazos de dos amigos periodistas. Primero, José “El Güero”, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto; y luego, el de Rubén Pardo, en Playa del Carmen, municipio de Solidaridad. Ambos vecinos de Tulum. En esos años de violencia y sangre sin freno, denuncié periodísticamente la coalición de mafias y bandas criminales con los más altos niveles del poder político.

Entre las muchas amenazas que recibí, una incluso fue muy cordial, pues mientras un dirigente político me invitaba un café, me dejó saber que el jefe de ese político estaba harto de mí y me aconsejaba que aprendiera de aquellos amigos periodistas muertos, porque de hecho los que acabaron con ellos, me aseguró, se habían «saltado a Tulum donde estaba el que seguía», refiriéndose por supuesto a mí. Y agregó con desparpajo que precisamente por ser mi amigo, era que transmitía el peligro de no ser dócil con el gobernador y su gente, y que podían ser muy generosos conmigo si yo fuera su amigo.

Para saber más del tema: Periodista preso Héctor Valdez, trasladado con tratos crueles y aislado en Santa Martha Acatitla por revelar corrupción

También me dijo que el entonces presidente municipal de Tulum, Víctor Mas Tah, era uno de los más cercanos al gobernador, «era su gente». Después de esa amenaza -y por no suspender mi trabajo periodístico de denuncia sustentada y sin esbozo-, recibí un atentado a mi vida y otros más a mi patrimonio. Entre algunas bombas incendiarias a mi casa y a mis vehículos e incluso mi más cercano círculo familiar se vio afectado.

Por supuesto, en todos los casos interpuse denuncias formales tanto en la fiscalía de Quintana Roo, donde varias veces intentaron negarme su recepción, incluso cerrando las puertas de la fiscalía. Como después las interpuse ante la Procuraduría General de la República, que así era entonces, a través de la Fiscalía Especializada en la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión, denuncias que sumaron en esos tiempos, quizá una docena, y en las que, por supuesto, no hubo avance ni esclarecimiento de ningún tipo.

De todos es sabido el clima de terror que invadió a Quintana Roo, en el gobierno de Carlos Joaquín González, que está por terminar; y a Tulum, sobre todo durante la presidencia del jefe de criminales Víctor Mas Tah, quien comandó por esos años a su banda familiar llamada “Los Cebúes”, también con otros grupos delincuenciales asociados a su banda.

No me arrepiento ni de los riesgos a los que me expuse entonces ni a los de ahora. Ni de las consecuencias a mis denuncias periodísticas que siempre han sido frontales, pero también siempre han sido responsables y fundamentadas y además firmadas con mi nombre.

No me arrepentiré nunca porque con ese trabajo y con el de otros libres periodistas, algunos acallados triste e impunemente a balazos, una gran parte de la sociedad de Tulum y de Quintana Roo abrió los ojos y en las elecciones pasadas pudo sacudirse parcialmente de esos personajes.

Aunque el posible retorno de ese nefasto poder continuar vigente, ya que la próxima gobernadora mantiene una cercanía muy estrecha con el todavía gobernador, que en la realidad siempre la impulsó. Y políticos como Víctor Mas Tah saltaron del partido que se hunde en su descrédito, al Partido Acción Nacional donde militaban a las nuevas banderas políticas de la llamada 4T.

Nada de qué sorprenderse, ya que antes el gobernador Carlos Joaquín González, como el presidente municipal Víctor Mas Tah, habían saltado del PRI donde militaron casi toda su vida al PRD, y luego de ahí rápidamente al PAN, donde Carlos Joaquín González fue incluso presidente nacional de la convención de gobernadores.

Para leer más sobre el autor: Una voz que no se silencia, la del periodista preso Héctor Valdez Hernández en CDMX

Ahora como el símil de las ratas que, para no ahogarse abandonan el barco que se hunde y se suben al que flota, esos y muchos otros políticos han de inocular su miseria a los partidos de la llamada ‘Cuarta transformación’, que por eso no llegará a hacerlo, no llegará a ser transformación. Pues con esas nuevas militancias a revista empezará demasiado pronto su descomposición, para desgracia de quienes creímos y votamos siempre por esas opciones políticas con la esperanza de que el país pudiera cambiar.

El teatro de la humanidad y su pretensión de poder es la historia del hombre y quizás sobre todo en lo que al género se refiere.

En estos casi 22 meses en prisión, he podido confirmar que la mayor reserva de humanidad que tiene el hombre está depositada en las mujeres, cuyo aprecio y respaldo he recibido en abundancia.

No me detendré en los detalles del delito que me imputaron falsamente y por el que me condenaron sin pruebas verdaderas, excluyendo además prácticamente todas las pruebas presentadas por mi defensa, entre ellas testimonios de los vigilantes de mi departamento, señores de la tercera edad, un hombre y una mujer que afirmaron nunca haber percibido ningún disturbio en ese departamento.

Y durante más de dos semanas, en referencia al supuesto delito que me imputaron, aseguraron haber visto todos los días entrar y salir a la supuesta víctima sin ninguna asomo de aflicción, e incluso dieron testimonio que en dos ocasiones esta supuesta víctima les ofreció dinero por ser sus testigos en un ataque que les aseguró había ocurrido semanas atrás de cuando les pidió que fueran sus testigos. Ellos se negaron, por supuesto, y en cambio declararon posteriormente ese intento de cohecho ante la Fiscalía de la Ciudad de México y en referencia a mi acusación y a mi caso.

En el proceso que duró casi un año para condenarme, la juez del caso no tomó en cuenta esos testimonios, pero además excluyó dos peritajes uno médico y otro criminalístico que concluían varias incongruencias entre las declaraciones de la supuesta víctima y las evidencias que más bien apuntaban a falsedad de declaraciones.

En el colmo de la evidente juez de consigna para declararme culpable, ésta permitió que la parte acusadora jamás se presentara las audiencias del caso y no sólo eso, sino que validó el argumento de esa falsa víctima y del Ministerio Público de que yo era “muy poderoso política y económicamente” y que por eso podía mantener agentes en Tulum -donde afirmó- se refugiaba a escondida, pues por mis órdenes amenazaban su vida.

La aceptación de tan burdo como falso argumento por parte de la juzgadora me dejó en absoluta vulnerabilidad legal, al no poder rebatir ni contrastar en nada mi defensa ante una juez que decidió por supuesta perspectiva de género, condenarme sin prácticamente atender a ninguna prueba, más que a la fe ciega de una falsa acusación que decidió hacer verdadera para ella.

La fe, la creencia ciega, la fe sin pruebas y dogmáticas alumbró hace siglos el nacimiento de la inquisición que condenaba igual y sin defensa posible a muchos acusados. Hoy, algunos jueces y juezas aprovechan la coyuntura necesaria de la justa lucha del feminismo y la perspectiva de género para cumplir consignas, para castigar inocentes, para subir índices de castigo y los acusados son pobres en su mayoría o personas que tenían consigna en contra de ellos, porque una defensa adecuada cuesta demasiado dinero, y a veces ni con eso es suficiente para lograr justicia donde debía imponerse al menos la duda razonable.

La muerte me ha rondado mucho en estos últimos años, pues además de los dos amigos periodistas que mencioné, habían matado antes de salir de Quintana Roo un tercer periodista también amigo mío. Fue muerto a balazos en Playa del Carmen, apenas unos días después de que yo abandonara el estado para salvar mi vida. Más de un año después de esto y ya prisionero con la ominosa figura de prisión preventiva que tanto daño hace a miles de gentes.

Apenas al comenzar mi proceso, mataron también a balazos a mi abogado defensor titular. Lo mataron el 1 de julio del 2021, por supuesto no hay ningún avance en su investigación. Es terrible y debilita mucho el alma un clima tan sangriento.

Apenas en marzo pasado, ya en medio de otros peligros en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México, donde positivamente terco sigo siendo periodista y lo seguiré siendo así, una trifulca campal dio inicio con la versión circulada entre algunos reclusos de que mi persona supuestamente protegida -desde hace poco antes por las autoridades penitenciarias, pero en realidad duramente segregada por la autoridad penal-, había regresado a mi antiguo dormitorio y con facilidades de elementos policíacos fungiendo como custodios penitenciarios, un grupo de internos que forman parte de la mafia local de “Los Duques”, del dormitorio anexo 7, intentó tomar por asalto al dormitorio 3, donde antes yo estuve y donde el rumor era que yo había regresado.

Por eso empezó ese caos que se sofocó horas después y que en medios de comunicación se calificó como ‘intento de motín’ con un saldo, un triste saldo, de dos fallecidos.

Queridos amigos, estoy seguro de que muchos pueden aterrorizarse, no desgraciadamente para quienes idearon y operaron mi entrada a la cárcel. Quizá tenían previsto que mucho antes de finalizar mi proceso, yo habría muerto en prisión donde muere tanta gente, tanta gente, incluso por constantes y extraños suicidios en los que quien supuestamente se quita la vida parece amordazado y maniatado, tal vez ésa podría ser su previsión que muriera en esas condiciones u otras completando así el asesinato civil que me impusieron abundantemente en decenas de medios de comunicación, tanto nacionales como estatales, y voy a citar algunos ejemplos: “Resultó un violador el reportero que intentó desacreditar en la mañanera de AMLO al tolerante y respetuoso buen gobierno de Carlos Joaquín en Quintana Roo”, eso podía leerse en un medio digital de Guerrero. Otro ejemplo: “Periodismo criminal: el caso del reportero Héctor Valdés”, eso pudo leerse en el periódico Excélsior, de circulación nacional, uno de los más antiguos del país, pero también de los más desprestigiados y reconocidos como conservadores.

Hace unos momentos decía que la mayor reserva de la humanidad son las mujeres, y tengo sobrados motivos para confirmarlo. Ni el aberrante delito que me causaron con falsedad y por el que ahora estoy prisionero, incluso siendo inocente, ha hecho dudar a tantas mujeres amigas a quienes ahora debo tanto y a quienes no quiero dejar de mencionar.

Nunca tendré con qué compensar el aprecio, la calidez, la ayuda emocional, las charlas larguísimas por teléfono y la ayuda de todo tipo incluso económica que muchas veces recibí en estos casi dos años de parte de tantas mujeres valiosas.

Gracias a Nancy mi admirada y brillante, intelectual y profesional amiga que me ha regalado tanto tiempo y tanto cariño; gracias a Laura, que como Nancy, me mostró un inacabable afecto y que -incluso sabiendo mi imposibilidad de devolver-, me ayudó económicamente por muchos meses en los que benefició a otros ocho reos que vieron cambiar completamente sus condiciones de reclusión, pues la celda comunal en la que entonces el Reclusorio Oriente, estaba terrible, ruinosa, ominosa y opresiva, pudo renovarse y equiparse por esas posibilidades. Uno de los compañeros internos siempre me decía “tu amiga es una santa, dile que Dios la bendiga”… en realidad mi querida Laura es una empresaria exitosa y una política íntegra y de verdadera convicción social.

Gracias a otra amiga Laura que también, como Neus y como Karina, no dudaron ni un poco en enviar cartas de buena referencia y de confianza dirigidas a un juez de encauzamiento en el caso inicial, en el que narraban una constante convivencia conmigo, competencia que siempre fue de respeto hacia ellas, y a muchas mujeres. Y la seguridad -decían ellos- de que lo que se me trataba un día con mi persona.

Gracias a Gaby, a mi amiga y ex jefa que tanto me ha animado y también tanto me ha rogado que evite los riesgos de seguir siendo periodista en la prisión.

Gracias a Liliana, una corresponsal extranjera, por el ánimo. Gracias a América por sus palabras, gracias a Gabriel las mayores muestras de aprecio que tanto le costaron y que nunca podría pagar con nada, también gracias a su madre de quien recibí por su intermedio muchas oraciones que, seguro estoy pudo con varios males y demonios. Gracias a varios amigos que, pese al señalamiento del que fui objeto, del que soy víctima, pese a eso, durante los meses previos a mi detención y todavía en libertad, me visitaron para hacerme sentir su afecto y su confianza me visitaron directamente al departamento.

Gracias incluso a dos amigas que pude conocer en esos días, los últimos meses en que estuve libre y que igual conociendo la infamia que se me achacó profusamente en medios de comunicación, decidieron regalarme su amistad y su confianza durante varios meses.

Gracias a quienes más dulcemente quiero y a quienes por las dudas callo. Gracias finalmente a muchas mujeres y hombres de la CNDH, específicamente del Mecanismo contra la Tortura, que hace meses ya se enfrascan en conservar intacta mi vida de prisionero.

Pero sobre todo gracias a una de las mejores periodistas y luchadoras de derechos humanos de México que trabaja desde los Estados Unidos. A quien ahora le debo varias veces la vida, a Guadalupe Lizárraga, quien no sólo en los primeros días de mi encierro y sin que yo lo esperara, me hizo llegar hasta aquella celda de 12 metros cuadrados que estuvimos más de 20 días 22 prisioneros, hasta allí me hizo llegar un milagroso paquete de sobrevivencia que consistió en ropa, en libros, en artículos de higiene, en dinero, en una tarjeta telefónica.

Y aquí de verdad quiero hacer mención esto porque es necesario, sin eso no hubiera yo podido sobrevivir, porque es necesario decir que las cárceles de México son no sólo de las más corruptas en el mundo, sino también de las más salvajes, de las más sorpresivas, y créanlo en esas cárceles mucho menos las de la Ciudad de México, no mejoran en nada; tristemente empeoran en estos tiempos de supuesta transformación del país.

A Lupita, (Guadalupe Lizárraga) pues que desde aquellos días asumió una defensa mediática al contemplar la injusticia terrible de la que soy objeto, defensa que hasta ahora continúa, junto con la de otros inocentes cuya causa enarbola.

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A mis amigos hombres, la fortuna es que son muy pocos por mencionar y en el infortunio he aprendido que los hombres somos poco empáticos y pocos solidarios. Gracias Carlos B., ese catalán formidable que además de brillante académico es un comprometido con sus amigos. Gracias a él por sus muchos libros, por la ropa, los insumos en sus visitas. Gracias también en su memoria a dos grandes amigos fallecidos, víctimas del Covid, que tanto me mostraron aprecio fuera y luego en prisión. Al doctor Juan Mena Ramos, de Tulum, Quintana Roo, que en vida trató de interceder por mí con algún otro amigo que pudo ayudar en aquel momento.

Gracias también a la memoria de Luis, un amigo a quien conocía en la Ciudad de México y que en pocos meses se convirtió en leal amigo, falleciendo el año pasado en Playa del Carmen. Gracias a Francisco Canul, periodista y antiguo colaborador de mi portal de noticias “Tulum en Red”. Gracias por recibirme algunas llamadas y también gracias por aconsejarme, buscar y rogar por mi libertad al gobernador Carlos Joaquín y al nefasto Víctor Mas Tah. Gracias por ese consejo que tuvo sus fundamentos, tristemente, porque él mismo también estuvo en prisión en Playa del Carmen, acusado falsamente también de esos delitos que les gusta fabricar el gobierno de Quintana Roo, de un delito incluso más ominoso que el que se me fabricó.

Francisco tuvo rogar por su libertad a esos terribles señores del poder y fabricantes de delitos, a quienes tuvo que prometer sometimiento y servicio. No me lo contó nadie, lo sé por él mismo, pues solo así logró -con la intervención de estos señores- que un juez lo exonerara después de seis meses de prisión.

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¿Quién puede criticar? ¿Quién busca salvar su vida, conseguir su libertad y reparar su honra lastimada? ¿Quién puede criticar a esas personas? Yo no podría. Pero espero que tampoco se me critique por ejemplificar fehacientemente lo que pueden hacer y el grado de daño que pueden lograr impunemente los hombres del poder en México.

Después de todo ya lo dijo Don Quijote de la Mancha: “solo hay dos cosas por las que sin dudar deben exponerse la vida, una es la libertad y la otra la honra, no lo olvides nunca Sancho”, decía Don Quijote. Creo que todos debemos ser Sanchos. Sigo luchando por salvar al menos mi honra, que es mi dignidad, sobre todo ante ustedes queridos amigos a quienes va dirigido este mensaje de la penitenciaría de la Ciudad de México en Santa Martha Acatitla, en los días de septiembre.

***

Gracias a la periodista Joselaine Gutiérrez por la asistencia en edición.

 

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