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Con voz propia

¿Por qué los trabajadores estadounidenses apoyaron a Trump?

El autor apunta el significado político del apoyo de millones de trabajadores estadounidenses a Donald Trump para que fuera presidente de EEUU

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El triunfo de Trump. Foto: MUndo Sputnik

El triunfo de Trump. Foto: MUndo Sputnik

Thomas Frank *

Nos adentramos en uno de los mayores misterios de Estados Unidos en este momento: ¿qué es lo que motiva a los seguidores de Donald Trump? Lo llamo misterio porque las personas blancas de clase trabajadora que forman la base de seguidores de Trump se juntan en cifras sorprendentes a favor del candidato, llenan estadios, hangares de aeropuertos, pero sus puntos de vista no suelen aparecer en los periódicos de prestigio.

En sus páginas de opinión, estos rotativos se preocupan por representar a casi todos los estatus sociales pero el de los trabajadores de ‘cuello azul’ suele pasarse por alto. Los puntos de vista de la clase trabajadora son tan ajenos a este universo que cuando el columnista de The New York Times Nick Kristof quiso incluir una conversación con un seguidor de Trump,  se lo tuvo que inventar, así como las respuestas que esta persona imaginaria daba a sus preguntas.

Cuando los individuos de la clase profesional desean entender a la clase trabajadora, normalmente consultan a los expertos en esa materia. Y cuando piden a estas fuentes de autoridad que expliquen el movimiento a favor de Trump, ellos siempre se centran en un aspecto: la intolerancia. Solo el racismo, explican, es capaz de dar alas a un movimiento como el de Trump, que gana fuerza dentro del partido republicano igual que un tornado atraviesa casas de lujo de mala calidad.

El propio Trump es la prueba de todo esto. Este hombre es un payaso con tendencia a insultar, que ha cargado sistemáticamente contra los diferentes grupos étnicos de América, ofendiéndoles uno a uno. Quiere deportar a los millones y millones de inmigrantes indocumentados. Quiere prohibir a los musulmanes visitar Estados Unidos. Es fiel admirador de varios dirigentes poderosos y dictadores, incluso en Twitter ha llegado a compartir una cita de Mussolini. Este bufón chapado en oro recibe el apoyo entusiasta de conocidos racistas que forman un mosaico fastuoso de fanáticos, que tiembla de emoción ante la posibilidad de conseguir a un verdadero y honesto fanático dentro de la Casa Blanca.

Todo esto es tan alocado, tan salvajemente extravagante, que los analistas políticos se plantean que pueda tratarse de una estrategia propia de la campaña de Trump. Trump parece ser un racista por lo que se puede intuir que el racismo debe ser una de las motivaciones de sus legiones de seguidores. Y por eso, el sábado, el columnista de  The New York Times Timothy Egan culpó a la gente por el racismo de su líder: “Los seguidores de Donald Trump saben exactamente lo que apoya: odio a los inmigrantes, superioridad racial, una indiferencia cómica hacia el civismo básico que cohesiona a la sociedad”.

Todos los días se publican historias maravillosas sobre la estupidez de los votantes de Trump. Los artículos que tachan a los seguidores de Trump de intolerantes se cuentan por cientos o por miles. Los firman los conservadores, los progresistas o los profesionales imparciales. El titular de una columna del  Huffington Post lo dijo clara y llanamente: “Trump ganó el supermartes porque Estados Unidos es racista”.

Por poner otro ejemplo, un reportero de  The New York Times demostró que los fanáticos de Trump eran intolerantes a través de juntar un mapa con los apoyos a Trump con otro sobre la búsqueda de términos racistas en Google. Todo el mundo lo sabe: las pasiones de los seguidores de Trump no son más que los tintineos ignorantes del hombre blanco americano, que ha llegado a la locura por la presencia de un hombre negro en la Casa Blanca. El movimiento Trump es un fenómeno de una sola cara, una gran oleada que relaciona odio y raza. Sus partidarios no solo son incomprensibles sino que realmente no vale la pena llegar a comprenderlos.

La importancia del libre comercio

O eso es lo que nos dicen. La semana pasada, decidí ver varias horas de diferentes discursos de Trump. Vi al hombre que divaga, cuenta, amenaza e incluso se regodea cuando algunos de sus detractores son expulsados de sus mítines. Yo estaba indignado por esas cosas, del mismo modo que Trump me ha desagradado durante los últimos 20 años. Pero también me di cuenta de algo sorprendente. En cada uno de los discursos que vi, Trump pasó una buena parte de su tiempo hablando de una preocupación puramente legítima, un asunto que podríamos considerar de izquierdas.

Sí, Donald Trump habló de comercio. De hecho, teniendo en cuenta la cantidad de tiempo que pasó repasando este tema, es muy posible que el comercio sea su única y gran preocupación, y no la supremacía blanca. Ni siquiera su plan para construir un muro en la frontera con México, aquel controvertido tema que le dio fama política. Durante el debate del 3 de marzo lo volvió a hacer: cuando le preguntaron sobre su excomunión política por Mitt Romney, Trump regateó el envite y empezó a hablar de…comercio.

Parece estar obsesionado con eso: los tratados de libre comercio que han firmado nuestros líderes, las numerosas empresas que han trasladado sus centros de producción a otros lugares, las llamadas que hará a los presidentes de esas empresas para amenazarlos con elevar los aranceles si no vuelven a Estados Unidos.

Trump adorna esta visión con otra de sus ideas de izquierda: bajo su dirección, el Gobierno podría “empezar a hacer una oferta competitiva en la industria farmacéutica” (para reducir el precio de los fármacos). “¡No tenemos una oferta competitiva!”, exclamaba asombrado y habla de otro asunto real, el despilfarro legendario que se produjo bajo el Gobierno de George W. Bush. Trump extiende sus críticas al ámbito militar, describiendo cómo el Gobierno está obligado a comprar aviones pésimos pero muy caros gracias a la influencia que ejercen los grupos de presión de la industria.

De este modo llegó su curiosa propuesta: como él mismo es tan rico, detalle del que suele presumir, no se va a ver afectado por estos grupos de presión empresariales ni por las donaciones. Debido a que está libre del poder corruptor de la financiación de campañas, el famoso negociador Trump puede hacer ofertas en nuestro nombre que serán “buenas” en vez de “malas”. La posibilidad de que en realidad lo consiga, por supuesto, es pequeña. Él parece ser un hipócrita en este tema, igual que en otros muchos. Pero al menos Trump habla de estas cosas.

La clave para entender su éxito

Todo esto me sorprendió porque, en todos los artículos que había leído de Trump en los últimos meses, no recordaba que el comercio entrase a colación muy a menudo. Aparentemente Trump abandera una sola cruzada relacionada con los blancos. ¿Cabe la posibilidad de que el comercio sea una clave para la comprensión del fenómeno Trump?

El comercio es un tema que divide a los estadounidenses en función de su estatus económico. Para la clase media, que incluye a la amplia mayoría de estrellas mediáticas, los economistas, los altos cargos federales y los demócratas poderosos, lo que denominan ‘libre comercio’ es algo tan obviamente bueno e incluso noble que no requiere explicación o consulta, ni siquiera que se piense mucho en ello. Los líderes republicanos y demócratas están de acuerdo en esto a partes iguales, y nada puede hacerles salir de su modelo económico soñado.

Para el resto, el 80% o el 90% de Estados Unidos, el comercio significa algo muy diferente. Hay un vídeo que recorre Internet en los últimos días que muestra una sala lleno de trabajadores en una fábrica de aparatos de aire acondicionado en Indiana a la que informan de que la fábrica se va a trasladar a Monterrey, México, y que todos van a perder sus puestos de trabajo.

Mientras lo veía, pensé en todos los debates sobre comercio que hemos tenido en este país desde el principio de los 90, todas las dulces palabras que nuestros economistas han dedicado a las delicias del libre comercio, todas las formas en que la prensa se burla de quienes dicen que acuerdos como el Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte permiten que las empresas se lleven el empleo a México.

“Que te jodan”

Bueno, ahí está el vídeo de la empresa que se muda a México, cortesía de NAFTA (siglas en inglés del Tratado de Libre Comercio de América del Norte). Esto es lo que aparece. Uno de los ejecutivos de Carrier habla en un tono familiar y profesional sobre la necesidad de “ser competitivo” y “de ser extremadamente sensible con los precios de mercado”. Un trabajador grita “que te jodan” al directivo. Tras esto, el directivo pide que estén callados para poder “compartir” su “información”. Su información es que todos ellos perderán su empleo.

No tengo ninguna razón especial para dudar de que Donald Trump es un racista. O lo es o, como el cómico John Oliver dice, pretende hacerse pasar por ello, lo que viene a ser lo mismo. Pero hay otra manera de interpretar el fenómeno Trump. El mapa de sus apoyos combinado con búsquedas racistas también se puede cruzar mejor con la desindustrialización y la desesperación, con zonas de miseria económica provocadas por 30 años de libre mercado dictado por Washington.

Hay que destacar que a Trump no le falta razón en sus ataques a esa empresa de aire acondicionado de Indiana que aparece en el vídeo de sus mítines. Eso sugiere que se está refiriendo tanto a la indignación por la economía como al racismo. Muchos de sus seguidores son fanáticos, no hay duda, pero muchos más probablemente están entusiasmados con la perspectiva de un presidente que parece decir lo que piensa cuando critica nuestros acuerdos comerciales y promete acabar con el empresario que te despidió y que destrozó tu ciudad, no como Barack Obama y Hillary Clinton

Este es el hecho más relevante sobre sus seguidores: cuando hablamos de gente blanca, de la clase trabajadora que le apoya, en vez de imaginar simplemente todo aquello que ellos quizá dicen, nos encontramos con que lo que más les preocupa a estas personas es la economía y el lugar que ellos ocupan en la misma. Esto es lo que sacó a la luz un estudio publicado por Working America, una organización política dependiente de la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), que entrevistó a 1.600 votantes blancos de clase trabajadora de los suburbios de Cleveland y Pittsburgh en diciembre y enero.

“Más miedo que odio”

El estudio reveló que el apoyo a Donald Trump es alto entre esas personas, incluso en los que se identificaban a sí mismos como demócratas, y no porque todos deseen que un racista ocupe la Casa Blanca. Lo que hace que Trump se convierta en el líder favorito es “su actitud”, su contundencia y su forma directa de hablar. En cuanto a las cuestiones que suele referirse, “la inmigración” se sitúa en el tercer puesto de sus preocupaciones, muy por detrás de la preocupación número uno de estos estadounidenses: “buenos puestos de trabajo y economía”.

“La gente tiene más miedo que odio”, es la descripción del estudio que me hace  Karen Nussbaum, directora de  Working America. La encuesta “confirma lo que escuchamos siempre. La gente está harta, la gente sufre, están descontentos por el hecho de que sus hijos no tienen futuro” y “porque no ha habido una recuperación tras la recesión, porque todas las familias sufren de una manera u otra”.

Tom Lewandowski, presidente del Consejo del Trabajo del Noreste de Indiana, lo dejó aún más claro cuando le pregunté por los partidarios de Trump de clase trabajadora. “Esta gente no es racista, no más que el resto”, dice de los seguidores de Trump que conoce. “Cuando Trump habla de comercio, pensamos en el Gobierno de (Bill) Clinton, primero con NAFTA y luego con China (los acuerdos comerciales con Pekín), y aquí en el noreste de Indiana eso supuso una hemorragia de empleos”.

“Ven todo eso, y aquí aparece Trump hablando de comercio de forma muy extraña, pero al menos representa sus sentimientos. Tenemos a todos los políticos apoyando todos los acuerdos comerciales, y apoyamos a esa gente, y luego tenemos que luchar contra ellos para conseguir que nos representen”.

Y ahora, paremos un momento y examinemos esta perversidad. Los partidos de izquierda en todo el mundo se fundaron para mejorar el destino de los trabajadores. Pero el partido de izquierdas en EEUU –uno de los dos del duopolio– eligió hace tiempo dar la espalda a las preocupaciones de estas personas, convirtiéndose en el estandarte de la clase profesional ilustrada, una “clase creativa” que hace cosas innovadoras como los derivados financieros y aplicaciones para smartphones. Los trabajadores por los que el partido se preocupaba antes no tienen otro sitio dónde ir, piensan los demócratas, por usar la famosa expresión de los años de Clinton. El partido ya no cree que deba escucharlos más.

Lo que  Lewandowski y Nussbaum están diciendo debería ser obvio para cualquiera que se haya atrevido a mirar más allá de los prósperos enclaves de las costas Este y Oeste. Los acuerdos comerciales mal diseñados, los generosos rescates de bancos, los beneficios garantizados para las empresas de seguros, pero sin una recuperación económica real para la gente corriente… todas estas políticas están dejando su sello. Como dice Trump, “hemos reconstruido China y por el contrario nuestro país se cae a trozos. Nuestras infraestructuras se están cayendo a trozos. Nuestros aeropuertos parecen del Tercer Mundo”.

Los mensajes de Trump dan forma al contraataque populista contra el liberalismo que ha ido cobrando forma lentamente durante décadas y podría llegar a ocupar la Casa Blanca, cuando todo el mundo se verá obligado a tomar en serio sus locas ideas.

Sin embargo, aún no podemos afrontar esta realidad. No sabemos admitir que nosotros, los de ideas progresistas, tenemos alguna responsabilidad en el ascenso de Trump, a causa de la frustración de millones de personas de clase trabajadora, de sus ciudades arruinadas y sus vidas en caída libre. Es mucho más fácil burlarse de ellos por sus almas retorcidas y racistas, y cerrar los ojos ante la evidente realidad de la que el trumpismo es sólo una expresión vulgar y cruda: que el neoliberalismo ha fracasado por completo.

* Nota de Correspondencia de Prensa: Thomas Frank es uno de los más destacados comentaristas políticos de Estados Unidos y autor del libro de referencia ¿Qué pasa con Kansas?, en el que explica que el rechazo a los acuerdos de libre comercio y el empobrecimiento de la clase trabajadora son los hechos más relevantes. En su texto ¿Por qué los pobres votan a la derecha? (Agone, 2013), regresa a su Kansas natal para tratar de entender lo que él llama “la gran reacción”, el desplazamiento a la derecha del electorado y su compromiso con un movimiento vituperante, focalizado en cuestiones de la sociedad, tales como el aborto, a expensas de las cuestiones económicas. En su más reciente ensayo, Listen, Liberal (Metropolitan Books, que se tradujo en Agone,) culpa al Partido Demócrata, “esta izquierda en limusina”, por no hacer nada para reducir la desigualdad.

 

Con voz propia

Las coincidencias de dos casos en paralelo en las manos del fiscal de México: Isabel Miranda y el General Cienfuegos

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Guadalupe Lizárraga

La Fiscalía General de la República, bajo la administración de Alejandro Gertz Manero, ha llevado los casos judiciales del general Salvador Cienfuegos, acusado por la DEA en Estados Unidos de narcotráfico en octubre de 2020, y el de Isabel Miranda Torres, señalada por la investigación periodística El falso caso Wallace, desde diciembre de 2018.

Dos casos en paralelo en las manos del fiscal, que presentan ciertas coincidencias.

  1. Con el proceso de Cienfuegos, el fiscal se sintió “linchado” por la prensa, mientras que con el de Isabel Miranda ni asomó la cabeza. En ambos, la FGR determinó el no ejercicio de la acción penal. La supuesta investigación judicial sobre el General duró dos meses. La de Miranda, dos años.
  2. En el primero, la DEA entregó parte de conversaciones que involucraban al General con el narcotraficante H2, del Cártel de los Beltrán Leyva, en un seguimiento de hace diez años; con la segunda le entregué una investigación que me ha llevado seis años de mi vida bajo riesgo, y una serie de hallazgos.
  3. Por una parte, en el caso Wallace, estos hallazgos revelaban que las personas privadas de su libertad eran inocentes; y por otra, las relaciones de Miranda y su hijo con el mismo cártel. En ningún de los dos casos, hubo un seguimiento riguroso a manera de investigación por parte de la FGR.
  4. Dos hechos relevantes a mi mirada: En febrero de 2017, el general Dauahare, asesor de Cienfuegos, visitó el Reclusorio Oriente para visitar a un miembro del Cártel de los Beltrán, en el dormitorio VIP, testigos de por medio. A la semana extraditaron al interno, y ejecutan en Nayarit al H2.El otro suceso, ocurrió en julio de 2019, cuando informé al fiscal Gertz Manero que el narcotraficante Héctor Huerta Ríos, alias “La Burra”, líder de una facción del mismo cártel, había confesado en su celda que él personalmente había asesinado a Hugo Alberto Wallace Miranda.
  1. Esto habría pasado tiempo después de que Hugo Wallace se negara a entregar cargamento de droga al mismo cártel, con el que se relacionaba en términos de tráfico y consumo. El día que yo hablé con Gertz fue el 4 julio 2019, por las 2 pm. Seis horas más tarde, Huerta Ríos era acribillado.
  1. Al día siguiente, a las 7hrs, me enviaron fotos a mi celular de Huerta acribillado en su auto. Fue cuando decidí regresar a California ese mismo día sin concluir mi trabajo en CDMX.
  1. Ahora, el Gral. Dauahare está en la Segob, el narcotraficante que podía aclarar lo de la supuesta muerte de Hugo Wallace está muerto, y Cienfuegos y Miranda, protegidos por la fiscalía. Todos con vínculos al mismo cártel.
  1. De acuerdo con el testimonio del narcotraficante Huerta Ríos, el cuerpo de Hugo Wallace habría sido enterrado en Nayarit. Y quien habría operado como intermediario del cártel de los Beltrán Leyva para que se lo entregaran a Isabel Miranda era el exfiscal Edgar Veytia, alias “El Diablo”.
  1. El exfiscal Veytia, actualmente en prisión estadounidense por narcotráfico, mantenía una relación muy cercana con Isabel Miranda, quien lo reconoció públicamente cuando estaba en funciones por su supuesta eficiencia en la disminución del secuestro en Nayarit.
  1. En entrevista para Aristegui, el fiscal Gertz Manero dijo con respecto a Cienfuegos, “que argumenten lo que les dé la gana, es una primera acción del proceso y es absolutamente combatible”. Refiriéndose a que podía ser impugnado.
  1. Lo que no dijo el fiscal es que el lapso de impugnación es de 10 días, si no dan por cerrado el caso. Con Miranda lo hice, pero entre Navidad y la pandemia, el proceso está detenido, igual que los amparos de las víctimas en busca de que se hagan valer sus derechos, mientras siguen sufriendo el maltrato, amenazas y extorsiones de los directores de penales.
  1. También señaló el fiscal que deben de impugnar con pruebas legales. De las pruebas de Isabel Miranda ninguna era legal, todas fueron fabricadas. En mayo de 2019, Gertz habló delante de mí con el padre biológico de Hugo, y yo le entregué el peritaje original de ADN femenino coincidente con José Enrique Wallace Díaz.
  2. También entregué los videos y documentos apócrifos que me presentaron agentes de la SEIDO cuando me quisieron secuestrar en noviembre 2016 y febrero 2018, bajo órdenes de Miranda por difundir una versión del caso “diferente a la oficial”.
  3. De la recopilación de evidencias por la DEA sobre Cienfuegos, entre otros diez generales, la FGR determinó que no había responsabilidad del General. De Miranda se determinó lo mismo. Lo curioso son las aparentes coincidencias: torturadores, con vínculos al mismo cártel.
  4. Gertz dijo que recurriría a instancias internacionales para que analicen la legitimidad, juridicidad, y el respeto a los derechos humanos con el caso de Cienfuegos, porque se cree que la fiscalía actuó de manera parcial. Y ese linchamiento no lo va a permitir, así lo advirtió.
  5. Sin embargo, en el caso de las víctimas de Isabel Miranda, Gertz no reparó en los factores que hoy menciona, mucho menos en la legalidad de las pruebas. Ni aludió a La Haya ni a CIDH, pese a 8 personas sobrevivientes de tortura, violencia sexual y encarcelamiento injusto.
  6. Concluye Gertz: “Todos somos inocentes hasta que se nos demuestre que somos culpables”. Frase elocuente, cuando las víctimas de Miranda no han tenido la misma suerte que el general Cienfuegos, traducido en un debido proceso y en el respeto a sus garantías constitucionales.
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Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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