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Con voz propia

Policía federal, espejo de la mafia: el caso Vega Michaca

La Policía Federal, en México, se ha convertido en un nido de corrupción y extorsionadores con mandos de comisarios. El caso de José Antonio Vega Michaca

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Policía científica en México, corrupción y extorsión. Foto: red

Policía científica en México, corrupción y extorsión. Foto: red

Tomás Borges*

Tras haber informado en Los Ángeles Press, la supuesta venta de la plaza de San Luis Potosí al Cártel de Sinaloa que hizo el hoy defenestrado, Manelich Castilla Cravioto, cesado el pasado 15 de agosto, fui objeto de acoso por parte de personal de la Policía Federal, cuyo lema “Proteger y Servir” debería de cambiarse por “Proteger y Servir al mando en Turno”.

Lo anterior en virtud de que durante casi 15 días fui objeto de acoso por parte de elementos de la Policía Federal (PF) bajo el mando de José Antonio Vega Michaca, quien sin orden de Juez alguna (y sin conocimiento del Comisionado Dr. Mondragón y Kalb, supongo), intervino mis comunicaciones como si fuera un vil delincuente, todo por servir al mando en turno e indagar el paradero de mis fuentes, quienes -so pena de perder su empleo y vida-, mantengo en el anonimato.

Cabe agregar que la flamante Policía Científica, creada desde Felipe Calderón, remozada y remodelada bajo la batuta de Genaro García Luna, no sólo es un nido de corrupción y escuela de delincuentes con charola, quienes bajo el amparo de una institución encargada de salvaguardar y velar por el bien de la nación, se encargan de enriquecerse y ser un espejo de los Barones de la Droga a quienes dicen combatir, pero que emulan siempre bajo el amparo de la ley y de la protección de sus superiores.

Casos de corrupción de la corporación han sido documentados por los medios nacionales e internacionales, y personajes oscuros y grises como Vega Michaca, son los fontaneros de los jefes en turno, los esbirros, quienes utilizan los recursos del Estado, que pagamos con nuestros impuestos, como si de su patrimonio se tratase.

Como un ejemplo de como las áreas de inteligencia de la PF están corrompidas hasta la médula, tenemos el caso de un funcionario quien hoy ostenta el grado de Comisario, y quien engrosa sus cuentas bancarias con 500 mil pesos mensuales, los cuales no se los paga el crimen organizado como suele suceder con los policías corruptos, sino que son pagados religiosamente por los mismos elementos, para que este sujeto, “Les renté los equipos de comunicación e intervención de punta de la corporación”, mismos que fueron adquiridos con dinero del erario público y que son utilizados como propios por el Comisario José Antonio Vega Michaca.

El comisario de la extorsión, José Antonio Vega Michaca. Foto: sinpef.org.br

El comisario de la extorsión. Foto: sinpef.org.br

José Antonio Vega Michaca (27/11/73), perteneció a la extinta Policía Judicial Federal, la cual fue reestructurada por Genaro García Luna, quien la transformó en la AFI, donde laboró en el área de secuestros bajo las órdenes de Benito Roa Barcénas y Facundo Rosas Rosas.

En dicha área realizó actividades de análisis táctico y no fue sino hasta el año 2008 cuando este burócrata llega a la Coordinación de Inteligencia para la Prevención, como subdirector, donde coordinaba tres células de analistas en el tema de secuestros.

En ese entonces sus jefes eran Luis Cárdenas Palomino (quien era el Coordinador de Inteligencia para la Prevención), el Inspector General Israel Zaragoza Rico (entonces Director General de Secuestros y Robo) y Antonio Arias Olguin Director de Análisis Táctico, Jefe inmediato de Vega Michaca.

No fue sino hasta febrero del 2010, cuando Luis Cárdenas Palomino es nombrado Jefe de la División de Seguridad Regional, cuando nuestro protagonista es colocado al mando de Israel Zaragoza Rico quien paso a ser Director General del Área de Operaciones.

De acuerdo con las fuentes consultadas, Vega Michaca era un tipo gris, carente de conocimiento y experiencia en las actividades de investigación de campo y con un conocimiento mediocre en realización de operativos, ya que era un agente de gabinete, pero gracias a esa personalidad oscura y discreta, se ganó la confianza de Israel Zaragoza Rico, quien lo presentó ante el mismo Cárdenas Palomino.

En Agosto de 2011, Michaca es elegido por Cárdenas Palomino para hacerse responsable de la Dirección General de Control Operativo, ante la salida de Israel Zaragoza Rico quien primero va como Coordinador Estatal de la PF a SLP y dos meses después fue nombrado Coordinador Estatal de la PF en Toluca, Estado de México.

Con sus jefes directos en otra encomienda, Vega Michaca se gana la confianza de Cárdenas Palomino, quien lo promueve, pero a la salida de éste, y con la llegada de Manelich Castilla Craviotto (elegido por Cárdenas Palomino para dejarlo de interino ante la nueva administración), a Vega Michaca no le queda más que alinearse, por lo que para congraciarse con la nueva administración, cual émulo de Fouché, dice a diestra y siniestra que “Él no es amigo de corruptos”, negando a su promotor y ex jefe, llegando incluso a dar información de éste a gente cercana a Manuel Mondragón y Kalb, actual Comisionado de Seguridad Pública.

Lambiscón como lo catalogan sus homólogos y traidor, como lo tildan sus otrora superiores, Vega Michaca se dedica a extorsionar a sus subalternos, quienes han manifestado al autor (manteniéndose en el anonimato por obvias razones) que Vega Michaca recibió un millón de pesos por parte de personal de la Dirección de investigación, por conseguir equipo técnico especial y mandárselo a su grupo de investigadores, motivo por el cual “les pide a cambio que por operativo le entreguen para él 500 mil pesos”, cuota que viene manejando desde febrero del año en curso.

En lo que respecta al acoso sufrido hacia mi persona, sé que estuvo orquestado por Vega Michaca, quien al intentar quedar “bien con el mando” y fiel a su costumbre, ordenó a las siguientes personas, ponerme vigilancia e incluso sugerir “darme un levantón y un escarmiento por estar ventilando mamadas”.

La vigilancia técnica y humana en contra del autor del presente artículo estuvo a cargo de:

• Juan Carlos Mancera Hernández, analista.

• Aldo Iván Corona García, quien es el enlace de Michaca para cobrar cuotas a gente de los cárteles de Guerrero Unido y de la Organización de los Beltrán Leyva, quienes cada semana le mandan su cuota al referido para pagar sus servicios y por colgar los teléfonos de la “Contra”.

• Hugo Barroso Fernández, quien es oriundo de Ciudad Nezahualcóyotl y quien de acuerdo a personal entrevistado, es quien proporciona las armas para sembrárselas a los detenidos cuando éstos son asegurados sin armamento alguno.

• Carlos González Capistrán, chofer de Michaca y quien es otro de los encargados de recoger las cuotas a la delincuencia organizada del Cártel de los Beltrán Leyva que operan en Puente de Ixtla, Zacatepec y Cuernavaca en el estado de Morelos.

Las personas antes referidas bajaron el CARDEX del autor, quien como es sabido laboró en esa institución honorable, a pesar de tener en la actualidad a gente deleznable.

Mi función es informar y confirmar lo vertido por los denunciantes y colaboradores, quienes se arriesgan en ventilar las tropelías que hacen con el personal operativo estos mandos.

Como dije, yo informo y compete a la autoridad investigar lo vertido en Los Ángeles Press, mi casa editoral, y pido respetuosamente al Dr. Manuel Mondragón y Kalb, que realice las investigaciones necesarias, que haga una limpieza a fondo, y que instruya a personal bajo su digno cargo a abstenerse a realizar cualquier acoso hacia mi persona, ya que en caso de continuar, tomaré las medidas necesarias a que haya lugar, ya que tal pareciese que la constante de algunos mandos de la PF, es vivir del erario y hacer de esta guerra fallida contra el crimen, un negocio redondo y que el lema “Proteger y Servir a la Comunidad” sea una falacia y que los recursos de una institución sean usados a su libre albedrío sin que rindan las cuentas correspondientes.

Por último, recuerdo a aquellos mandos aludidos que los responsabilizo de cualquier daño hacia mi persona y seres queridos, y que no se les olvide, que “Perro no come Perro” y que como decían en CISEN… «Si no quieren que se sepa. ¡No lo hagan!».

 

*Columnista y coordinador editorial de Los Ángeles Press y autor de varios libros, entre éstos, Maquiavelo para narcos, Editorial Planeta, México.

 

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Con voz propia

Fiesta familiar de gobernador de Hidalgo se hizo con la Sonora Dinamita y Mariana Seoane

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Para la celebración anual de la familia Meneses, el gobernador del Estado habría gastado junto con su familia alrededor de 1.7 millones de pesos en una fiesta privada

Por Emmanuel Ameth

Omar Fayad Meneses, gobernador de Hidalgo (Méx), se puede dar lujos desde el poder que para el resto de los mortales sería imposible. Y es que según se observa en un video en propiedad de este medio, el mandatario contrató a la Sonora Dinamita así como a Mariana Seoane para amenizar la reunión familiar anual de la familia Meneses, misma que tuvo una asistencia de al menos 2 mil 100 invitados.

La reunión, que es llevada cada año, sufrió un salto exponencial en cuanto a los artistas contratados con Omar Fayad en el poder y con su primo, el entonces alcalde de Zempoala Héctor Meneses Arrieta, toda vez que invitaron a artistas de talla internacional.

Durante el video que fue compartido a este medio, se observa al gobernador de la entidad dirigiendo unas palabras a los asistentes:

“Hoy tengo el orgullo y el agrado de presentar un espectáculo maravilloso con dos grandes artistas. Por una parte una sonora muy caliente ¡La Sonora Dinamita! van a pasar para deleitarnos con muchas de sus canciones. También quiero presentarles a una amiga muy querida, una mujer guapísima, actriz… (pausa) ese chiflido se quedó corto… va a estar aquí esta tarde animando a nuestra familia y ella es ¡Mariana Seoane!”, dice Omar Fayad en el video que corresponde a su reunión familiar anual 2019.

Fayad Meneses agradeció también el prestar el recinto (municipal) a su primo el entonces presidente municipal Héctor Meneses Arrieta.

El costo del evento

Si bien el costo de los artistas depende de la agencia que los contrate, el personal que lleve, la producción, la distancia de la Ciudad de México, si el evento es público o privado y sobre todo la fecha en que son contratados, este medio hizo una aproximación del valor pagado a los artistas para su presentación.

De acuerdo con blogs especializados en redes, hace una década, contratar a la cantante y actriz Mariana Seoane costaba unos 350 mil pesos por presentación, cifra que habría subido a por lo menos medio millón de pesos en 2019.

En el caso de la Sonora Dinamita, la revista Proceso reveló que la suma de todos los costos asociados a su presentación, en un día cotidiano -el evento e Fayad fue en fin de año-, supera el millón de pesos.

Es así que entre ambos personajes, independientemente del costo del recinto, la cifra erogada asciende a por lo menos millón y medio de pesos solamente de la presentación, pues también se departió una cena para los más de 2 mil asistentes, lo que añadiría por lo menos otros 200 mil pesos al total.

Y es que aunque en el caso de Fayad Meneses así como el de su esposa Victoria Ruffo, podría existir un precio especial -o incluso ninguno- por parte de los artistas, los costos asociados a su traslado y equipo de producción siguen siendo millonarios.

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Arteleaks

Un amigo de Dios

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JUEGO DE OJOS

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

En esta entrega comenzamos con un acertijo. ¿Podrá el lector adivinar de quién hablo?

Un escritor, nacido alrededor de 1890, es famoso por tres novelas. La primera es corta, elegante, un clásico inmediato. La segunda, su obra maestra, presenta a los mismos personajes, aunque es más larga y compleja, e incorpora en forma creciente elementos míticos y lingüísticos. La tercera es enorme, casi una locura exuberante de la imaginación.

Una pista: no se trata de Joyce.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, denunció la producción masiva, el estruendo del tráfico y el descarno y fealdad de la vida moderna europea, y amó los árboles y la verdura de la campiña inglesa en donde vivió de niño, así como a las pequeñas y delicadas criaturas con las que se topó en las leyendas nórdicas.

Una pista: no se trata de D. H. Lawrence.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, mezcló porciones de literatura antigua con su propia obra maestra, aderezándolas magistralmente conforme avanzaba.

Una pista: no se trata de Ezra Pound.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, se declaró monárquico y católico.

Una pista: no se trata de T.S. Eliot.

Los más antiguos de mis lectores –antiguos en el sentido clásico- quizá hayan adivinado ya de quién hablo.

Y si son mis contemporáneos y fueron como yo vagamundos y en su camino a Damasco se toparon en un callejón con el grafiti “¡Frodo vive!”, entonces ya lo saben de cierto.

Para los más jóvenes, quizá un cuento les ayude:

“Había una vez un cuarentón, profesor de lingüística y filología, que sabía más que nadie en el mundo sobre las antiguas lenguas nórdicas y el Beowulf. El maestro había quedado huérfano muy joven, y el ejército de su país lo mandó a una guerra terrible en donde estuvo a punto de perder la vida.

“Anegado en el lodo sanguinolento de las trincheras y apabullado por el estruendo del cañón y la metralla y los lamentos de amigos y enemigos, quizá haya imaginado el mundo que creó cuando muchos años después interrumpiera por un momento la calificación de un examen para escribir al reverso de la hoja: “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”.

Es claro que el escritor de quien hablo, nacido alrededor de 1890 en África del Sur, es John Ronald Reuel Tolkien, hoy una referencia doméstica gracias a Hollywood, pero en mi adolescencia y primera juventud, vicario de un rito arcano cuyos miembros nos reconocíamos por señas secretas y conjuras pronunciadas en voz baja como la de “¡Frodo vive!”

Me asombra que haya sido hasta fines de los ochenta que encontré en mi propio país con quien hablar sobre la tetralogía de Tolkien y sus asonancias y disonancias con, entre otros, Joyce, Lawrence, Pound y Eliot, de la manera juguetona que se consigna al inicio de este texto y que ojalá fuera mía, pero lo es de Jenny Turner, la espléndida periodista autora de Razones para amar a Tolkien.

He aquí un personaje deslumbrante y paradójico. De él se dice que era aburrido en una sociedad y un siglo de tiesuras, y que su devoción por la filología se percibía anticuada incluso entonces.

Pero la obra de este flemático inglés nacido en Sudáfrica, quien nunca alzaba la voz, vestía siempre en tweed y chaleco y fumaba pipa, despertó una corriente pasional pocas veces vista en la literatura.

Jenny Turner confiesa que le asusta haber pasado “demasiado tiempo” de su adolescencia en compañía del demiurgo de El señor de los anillos y que ya adulta si bien encuentra los libros repetitivos y “ruidosos”, éstos siguen conectándose a su espíritu de manera inquietante.

“Hay una succión, un algo primigenio que se transmite entre ambos, como cuando una nave espacial se enchufa a la nave madre. Es como el seno materno, es un alivio infantil… que también es como un hoyo negro”.

Escalofriante memoria, pero humana y generosa si la comparamos con otros juicios, como el de mi admirado Edmund Wilson: “Hipertrofiado… Un libro infantil que de alguna manera se salió de madre… Una pobreza creativa casi patética…”.

John Heath-Stubbs estima que la obra es “Una mezcla de Wagner y el osito Winnie Pooh, mientras Germaine Greer exclama que fue “su pesadilla”.

Vaya, pues. Supongo que el viejo profesor, tan enemigo de las pasiones terrenas, nunca imaginó que la obra iniciada con la frase, “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”, fuera a despertar tantas y tan opuestas durante tantas generaciones, pues a estas alturas del siglo y mal que me pese gracias al cine, la cofradía tolkiense es ya una muchedumbre.

No escapa a la aguda e inteligente mirada de Jenny Turner la paradoja: si los libros son tan criticables, ¿por qué a tantos millones les han apasionado?

No es una pregunta fácil, pero tengo mi propia experiencia. El Hobbit (1937) me encontró, aún adolescente, en el aeropuerto de Londres, olvidado o escondido por alguien entre el Time, el Newsweek y el Life.

Lo compré por no dejar, por tener algo que leer en el vuelo de interminables horas que me esperaba. ¿Por no dejar? ¿O fue que se cumplió el adagio de Edmundo Valadés sobre los libros que nos están destinados en la vida?

En la sala de espera comencé la lectura y a la mitad del vuelo maldije no haber adquirido los tres tomos de la secuencia, conocida como El Señor de los Anillos (1954).

Caí en la red del viejo profesor, atrapado, de nuevo, en el vicio solitario que nos libra para siempre de la soledad. No descansé hasta que pude fatigar la trilogía con pasión talmúdica y transité los caminos de toda la obra del viejo profesor y de lo que su hijo Christopher editó amorosamente en memoria del demiurgo de la Tierra Media.

Y como dicen los angloparlantes, al final del día lo que me quedó fue una profunda identificación con la obra, una suerte de simbiosis que, ahora lo pienso, tiene en verdad algo de misterio sobrecogedor.

Leo y releo los libros. Sé de memoria pasajes enteros. Y cada vez que los visito descubro algo novedoso. Quizá ahí esté la explicación. Tolkien fue capaz de comunicarse con otros espíritus en un nivel anímico primario que escapa a toda explicación y que tiene como hilo conductor las emociones y sensaciones más humanas.

Desde luego que una mirada crítica, como apunto arriba, descubre inconsistencias en el texto, en los diálogos, en los personajes y en la narrativa.

Yo daría cristiana sepultura a Tom Bombadil, un personaje arbóreo que transcurre cantando tonadillas hueras y que no tiene mayor consecuencia en el resto de la historia, y trabajaría la estructura interna de algunos protagonistas así como la lógica de varios episodios.

Y ya que de utopías hablamos, también sacaría del mercado la horrenda traducción al español de Taurus, con su majadera “castellanización” de nombres que en vez de un Bilbo Baggins nos sirve un “Bilbo Bolsón” amén de otras aberraciones asestadas a la obra del viejo profesor. No ha nacido el argentino que se deje intimidar por los versos aliterativos del Beowulf. ¡No señor!,

Y a todo esto, ¿quién fue este personaje, esa suerte de hobbit mayor?

John Ronald Reuel Tolkien nació el domingo 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, África del Sur, después de un parto difícil y prolongado. Apunto este detalle íntimo porque lo encuentro en la biografía de muchos escritores.

Sus padres fueron Arthur Tolkien y Mabel Suffield. A ese país habían emigrado en busca de fortuna y ahí creció, un niño débil y enfermizo. A la muerte de Arthur en 1896, Mabel regresó a Inglaterra, en 1900 se convirtió al catolicismo y en 1904 murió de diabetes, enfermedad incurable en la época.

La madre es un personaje fascinante por derecho propio y creo que su personalidad impregna a los espíritus etéreos y fuertes de las pocas mujeres en la obra de J.R.R.

Antes de casarse con Arthur a los 21 años, había sido misionera de la Iglesia Unitaria en África y, créalo o no el lector, ¡impartió catecismo en el harén del sultán de Zanzíbar!

Ahora bien, imaginémonos a esta familia de la clase media pobre en la Inglaterra anglicana y victoriana de entonces y las consecuencias que sin duda estos hechos tuvieron sobre la sensible personalidad del niño J.R.R.

¿Recuerda el lector a Shelob, el mefistofélico ser que en forma de tarántula gigante custodia el paso de Cirith Ungol a Mordor por donde deben transitar Bilbo y Samwise merced a las intrigas de Gólum?

Pues en Sudáfrica el niño John tuvo experiencias que aparecerán reflejadas en su obra: un encuentro con una tarántula peluda que lo picó, y con una serpiente.

Y un mozo de la familia “lo tomó prestado” durante varios días para llevarlo a su aldea y presumirlo a su extensa parentela, con las consecuencias que el lector podrá imaginar.

Creo que su niñez africana, su adolescencia en la campiña inglesa, su estancia en las trincheras en la primera guerra mundial -donde el gas mostaza daño su salud para siempre y en donde perdió a la mayoría de sus amigos- , su vida enclaustrada como profesor de filología y sajón antiguo… toda su existencia, pues, está reflejada en la saga de los Baggins, desde la fiesta a la que asisten los enanos sin invitación, hasta la última escena en que Bilbo, Frodo y otros personajes abandonan para siempre la inolvidable Tierra Media.

Pero me estoy saliendo de cauce. Si el viejo profesor pudiera leer estas cuartillas y en particular el anterior párrafo, sin duda las haría confeti, ya que detestaba a los críticos y a los exégetas… ¡y a fe mía que tenía razón! Así que en resumen diré que los cuatro libros de la saga (El Hobbit,  El Señor de los Anillos, Las dos torres y El regreso del rey) con El Silmarilion, integran una república abierta a quien desee pedir la ciudadanía del país mayor del gozo, que es la tierra de la imaginación.

Reuel, el tercer nombre de Tolkien (John Ronald), es un apelativo heredado de padres a hijos en esa familia, y quiere decir, literalmente, “Amigo de Dios”. Sin duda el viejo profesor lo fue.

***

Fuente: juegodeojos.mx

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Samuel García y Mariana Rodríguez, con trastorno de personalidad narcisista: Ernesto Lammoglia

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Por Alberto Farfán

 En ocasiones en México se suelen encontrar en análisis periodísticos de algunos columnistas imberbes y limitados términos propios de la psiquiatría para plantear la personalidad de gobernantes, servidores públicos y otros de este ámbito, en el afán de vituperar tanto sus actividades de Estado como las personales o sociales, aunque también esta práctica puede encontrarse en otros países.

De ahí que sean importantes las observaciones del doctor Ernesto Lammoglia (Veracruz, 1940), connotado médico psiquiatra, criminólogo, escritor y comunicólogo, que desarrolla acerca del gobernador de Nuevo León y su esposa, Samuel García Sepúlveda y Mariana Rodríguez Cantú, respectivamente.

En entrevista, el Dr. Lammoglia, siempre ético y profesional, advierte que el perfil que brindará está sujeto a lo expuesto por los medios de comunicación y redes sociales, lo cual no se podría considerar un diagnóstico objetivo porque para ello el matrimonio regio debería haber sido analizado en su consultorio. Razonamiento que nos parece perfectamente válido e incluso obligado ponerlo sobre la mesa. (Conversación con Julio Hernández en Astillero Informa por YouTube, 13/05/22).

Sin embargo, resulta interesante la caracterización que realiza el doctor si tomamos en cuenta la serie de peculiaridades que García y Rodríguez han mostrado antes, durante y después, ya ubicados en el pináculo del poder en Nuevo León, a través de redes sociales sobre todo. Las cuales no voy a enumerar porque francamente sus sketchs son siempre lo mismo: llamar la atención a costa de quien sea o de lo que sea con un humor que se supone graciosísimo.

Así, para el Dr. Lammoglia, galardonado en múltiples ocasiones por su labor profesional y con más de una docena de libros publicados, ambos personajes padecen del trastorno de personalidad narcisista. Palabras más, palabras menos, desprendemos que dicho trastorno mental implica que las personas padecerán de un sentido desproporcionado de su propia importancia, una necesidad exagerada de atención desmedida, relaciones de explotación emocional y una ausencia profunda de empatía por las personas a su alrededor.

No obstante, esto no es más que una especie de máscara protectora de hierro, pues en realidad su autoestima es rotundamente frágil y vulnerable al comentario crítico más anodino. Y añade el Dr. Lammoglia que “el nivel más alto de esta condición es la psicopatía”.

Y al revisar con detenimiento estas características del narcisismo, pero fundamentalmente al confrontarlas con las curiosidades del matrimonio en redes sociales, no puede uno soslayar que acaso el Dr. Lammoglia no esté equivocado, sino todo lo contrario.

Situación que, en efecto, no tendría ninguna relevancia si Samuel García y Mariana Rodríguez fueran ciudadanos comunes y corrientes, divirtiéndose con sus ocurrencias en videos y demás. Sin embargo no lo son. Más aún, él como gobernador y ella como primera dama detentan un gran poder en la entidad en que viven, con el objeto, se supone, de velar por la ciudadanía en todos sentidos, pero al ser narcisistas me temo que difícilmente se podrán erradicar los feminicidios, el narcotráfico, la trata de personas y otros flagelos sociales que prevalecen impunes. Si otros que no lo son no lo logran, menos ellos.

Finalmente, es evidente que un perfil psicológico o psiquiátrico por más objetivo y exacto que sea no necesariamente indicará que el gobernante diagnosticado con alguna condición mental podrá constituirse en el mejor o el peor, pero estemos de acuerdo o no nos dará una idea sobre a qué atenernos. Y serán los hechos los que hablarán a este respecto. Lamentablemente, ya están hablando con claridad de manera negativa en Nuevo León en torno a los más recientes feminicidios y al cuestionable proceder de los responsables de la fiscalía del estado.

 

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