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Con voz propia

Policía Federal: corrupción, desorden y maltrato de los mandos

Los mandos de la Policía Federal en México destacan por corrupción, tráfico de influencias, nepotismo y acoso laboral, en un momento de profunda crisis de seguridad, denuncian policías operativos

Tomas Borges

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Tomás Borges

“Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.”

Napoleón Bonaparte

A días de que acabe uno de los gobiernos más impopulares de la historia reciente de México, tras el fiasco de la llamada transición, aquella burda simulación que orquestó Vicente Fox Quezada y sus dos sucesores, llega a su fin la presidencia de Enrique Peña Nieto (2012-2018), cuyo mandato dejó muchos puntos sin resolver y que a modo de una telenovela, gobernó el destino de un país que atraviesa la mayor crisis de inseguridad de la época moderna, al grado de tener el honroso segundo lugar de desapariciones forzadas, precedido por Siria.

La presidencia de Enrique Peña, señalada por algunos periodistas como una “Telecracia”, llega a su fin en un país que cada sexenio ve rotas las promesas de campaña y bajo el mentado mantra “de que la historia me lo demande”, los mandatarios mexicanos, hacen y deshacen a su antojo.

La nación del ya merito y que en algún momento de su historia fue líder a nivel latinoamericano y con un status diplomático a nivel internacional, donde los postulados de la “Doctrina Juárez”, Doctrina Carranza y Doctrina Estrada, que moldearon el quehacer político de una nación boyante con una gran estatura internacional, hoy es un enano y palidece de un cáncer que, utilizando la teoría organicista, está matando a un ser llamado México.

El cáncer en comento es la seguridad, el cual fue acelerado por una guerra absurda y mal planeada, tal como lo manifesté en El arte de la guerra para narcos (Planeta, Temas de Hoy 2013).

Peña Nieto prometió (y falló) en su promesa de recuperar “la seguridad, la justicia y paz”, pero en su último informe a la nación, señaló que “el gobierno de la república disminuyó las capacidades y dimensiones de esas organizaciones, con eso se logró importantes reducciones en el índice de violencia”. Añadiendo; “Estamos conscientes de que no alcanzamos el objetivo de alcanzar la paz y la seguridad para los mexicanos, para hacer realidad este anhélalo requerirá de un esfuerzo por lago tiempo”. 

Con esas palabras tan lacónicas, el mandatario saliente nos advierte de que la tarea de tener seguridad requerirá de un esfuerzo, pero como verá querido lector, una de las ´pareas torales para tal encomienda, la POLICIA FEDERA (PF), adolece de un cáncer que está enquistado en todos los aparatos del gobierno, y ese cáncer que llegó a la metástasis es la corrupción, tal como señaló el presidente entrante.

Policía Federal…o la cueva de Alí Baba

Gran parte del fracaso del Peñismo en materia de seguridad y que en campaña supo aglutinar para alcanzar la Presidencia de la República, tras fracasos sonados como el Caso Polet y las agresiones en San Martín Atenco, fue a que tras no poder crear su gendarmería como estaba previsto, creo una división con ese nombre, la cual desde su inicio ha sido un fiasco, por poner mandos ineptos y a que los gendarmes no han tenido la capacidad para resolver la encomienda que le asignaron, pese a presumir sus mandos y algunos elementos cursos en el extranjero (hasta en China), sólo para realizar funciones similares a las Fuerzas Federales de Apoyo, quienes son vistos como lo más bajo en la institución.

Las fuerzas federales, creadas por Wilfrido Robledo, en ese entonces contralmirante, con personal proveniente de las fuerzas armadas, quienes tuvieron su bautismo de fuego y mediático en el 2000, cuando liberaron a la máxima casa de estudios de un grupo que llevaba más de un año parada las actividades de dicho centro de estudios.

Pese a las críticas en ese entonces, el operativo fue quirúrgico y se logró restablecer el orden en una de las universidades más emblemáticas de Latinoamérica, pero como en México, cada sexenio reinventa el país y lo que se hizo en su momento es denostado por los sucesores, las Fuerzas Federales dejaron de cumplir sus funciones y se les dio un trato vejatorio que existe hasta hoy a la fecha, gracias a que los mandos en turno, han hecho de cada una de sus divisiones, sus cotos de poder, utilizando los recursos humanos y financieros como de su propiedad, tal como lo hizo el denostado Genaro García Luna.

Para muestra, el caso del subinspector Salvador Olascoaga, quien cada vez que un elemento de la escala básica solicita un permiso, amenaza al elemento con darlo de baja, bajo el añejo argumento de “primero está el interés institucional, sobre el interés personal”, sin que sepan estos sujetos llamados mandos (jefes) y cobran como tal, gracias al sacrificio de los de abajo.

En una carta abierta dirigida al Alfonso Durazo Montaño, futuro encargado de la seguridad del país bajo la égida de López Obrador, los que suscriben, denuncian abuso y acoso laboral por partes de mandos coludidos con el crimen organizado, quienes desde CONTEL (Centro de Mando de Iztapalapa, al oriente de la Ciudad de México) y Constituyentes (al Poniente), mandos prepotentes e incompetentes, han ejercido sus reales a base de dominio e intimidación.

En la misiva en comento, denuncian a los mandos José Hernández Gabiña, Gustavo Reyes Domínguez y al Suboficial José Idelfonso Rojas, quienes temen firmar las puestas a disposición, haciendo que el personal que estuvo en el operativo hasta más de 24 horas, tenga que hacer una puesta a disposición en su mayoría mal hecha, con los resultados por todos conocidos.

En la denuncia se menciona que Santiago Yáñez González, fue quitado de ser escribiente por vender información sobre los operativos, además de acusar a la Subinspectora María Esther Alvarado quienes en todo momento humillan y vejan al personal a su cargo, impidiendo en todo momento cualquier brote de inconformidad y critica.

También los elementos del 21 Agrupamiento de Apoyo a Operativos Conjuntos de la Coordinación de Reacción Inmediata de las fuerzas federales (el patito feo de la PF) manifestaron a este medio, vía mail “estar hasta la madre”, en virtud de “que no acaban los abusos por parte de los comandantes de agrupamiento y de compañía hacia el personal”, específicamente en Ciudad Victoria, Tamaulipas, donde los 5 descansos obligatorios ordenados por la superioridad, tras haber laborado 25 días ininterrumpidos, les son condicionados al personal por el Suboficial José de Jesús Sánchez Morgan, quien condiciona los descansos a que tienen derecho el personal, sólo a aquellos que hayan realizado puestas a disposición.

El exigir puestas a disposición sin ton ni son, sólo acarrea que los elementos se dediquen a molestar a la ciudadanía con tal de complacer los números de tan flamante mando, quien en caso de exigir el elemento el merecido descanso, es amenazado con el despido.

Aunado a lo anterior, las condiciones donde se encuentran los elementos asignados a las fuerzas federales (Fuercitas como se les dice despectivamente), han hecho que sea el área de castigo para personal non grato de otras divisiones, por lo que se ha convertido esta área operativa en el vertedero de basura de la institución.

Contrario a la gendarmería, considerada como los niños mimados de la institución, quienes en realidad hacen las mismas funciones que las fuerzas federales, éstos últimos viven en barracas construidas con tabla roca, como en Ciudad Victoria, Tamaulipas, donde la temperatura alcanza hasta los 40 grados centígrados en verano, mientras el mando, pernocta en un hotel con todas las comodidades dignas de su grado y cargo.

Pese a que el hotel para el mando y sus escoltas los paga el gobierno del Estado, el personal operativo no tiene derecho a pernoctar en las habitaciones, ya que, de acuerdo con el mando, “los cuartos son para el mando y no para los gatos”.

A través de un audio, una persona que solicita el anonimato por obvias razones denuncia que en el 7 y 8 Agrupamiento de la Coordinación de Restablecimiento del Orden Público (CROP) hay muchos aviadores, denunciando al Comandante Mendoza, quien utilizó el año de Hidalgo para quedarse con el dinero.

Con respecto a la operatividad (10 mil pesos al mes como estímulo a cada elemento desplegado) éste sujeto ya se quedó con el dinero, sin que hasta el momento de escribir la presente nota (6 de septiembre) no han recibido su dinero, cantidad que no es nada irrisoria si tomamos en cuenta que son un aproximado de 14 mil elementos, haciendo mención que la operatividad sólo la cobra la División de las Fuerzas Federales.

Por otra parte, Diana Peña Galindo Directora General de Recursos Humanos de la Policía Federal, está acomodando a su gente y a sus aviadores, tal como informaron a este medio, personal conocedor de las corruptelas al interior de la institución.

Tal es el caso de Luis Jiménez Cortez quien le llegó su cambio a la CROP y no fue cambiado por ser gente allegada de Dinorah Carrasco, Directora del Enlace Administrativo de la División, pues junto con Ricardo Barajas, jefe de rotación de personal, cobran hasta 20 mil pesos por cambiar a un elemento al lugar de su preferencia.

“La corrupción está tan arraigada en la institución, que se cobra por todo y si no pagas, simplemente no sales y no te asignan agrupamiento, para que estés prácticamente sin hacer nada y ser presa del acoso y hostigamiento del personal allegado a Peña Galindo, hasta que desertas”, nos dice una fuente consultada.

Los descansos los cobran los mandos como Ricardo Barajas, quien pide a cada elemento la cantidad de 200 pesos por cada día que quiera faltar, sin que medie un documento oficial para tal efecto, habiendo casos como el del Policía Tercero, Luis “N” quien, pese a que pagó una semana por adelantado, se le dio de baja por faltas injustificadas.

Este sujeto, de apellido Barajas, cada semana mandaba una unidad por barbacoa al estado de Hidalgo, utilizando para ello los recursos materiales y humanos, sólo para cumplir el capricho gastronómico de este semi dios, como le gustaba hacerse llamar entre la tropa.

Para cumplir su antojo por la barbacoa hidalguense, éste sujeto dispone del Suboficial Juan José Rivera adscrito al servicio de la SEGOB en la calle de Lucerna de la Ciudad de México.

Los inconformes también señalan al Comandante de agrupamiento de apellido Mendoza, quien además de pedir cuota a cada elemento por estar comisionado, metió a su hija con una plaza PF 10 (Dirección de área) sin hacer nada, siendo la gota que derramó el vaso, la detención de unos elementos en Cocacalco, Estado de México, que se dedicaban al secuestro y le pasaban su cuota o moche al comandante referido, quienes al momento de su detención se identificaron como José D” de 30 años, “Ricardo M” de la misma edad y “Gabriel M” de 24 años, mismos que fueron detenidos en pleno intento de robar un comercio y por secuestrar a una persona.

De acuerdo a medios locales, los presuntos secuestradores portaban, chamarras e insignias de la Policía Federal y dijeron pertenecer a dicha corporación. Se les decomisó automóvil Jetta color gris plata con placas de circulación MYF-9198 y un arma de fuego calibre 25 mm con un cargador y 6 cartuchos útiles.

Como sucede en estos casos, ahora todos los mandos se ostentan como conocidos e incluso amigos del presidente López Obrador, quien de la mano de la llamada “Hermandad policiaca”, llevará los destinos de la seguridad de la nación.

La operatividad que consta de 10 mil pesos mensuales para el personal desplegado, se la otorga a sus 15 escoltas y al personal que él considera pertinente sin siquiera dejar las instalaciones de CONTEL, sin contar con el cobro de 200 pesos que hace por solicitar el cambio de uniformes.

ASUNTOS INTERNOS

La unidad encargada de investigar y sancionar los malos actos de los mandos es la Coordinación de Asuntos Internos, la cual está infestada por gente proveniente del Sistema de Administración Tributaria (SAT y del Instituto Nacional Electoral (INE), lo que es lo mismo, puro tecnócrata o Godínez, quienes se encargan de sancionar y de velar por los intereses de los elementos que integran la institución.

Asuntos Internos son quienes ostentan los mejores salarios y prestaciones, sin importar grados y sin siquiera tener el conocimiento básico de uso y manejo de un arma de fuego. De acuerdo a las fuentes consultadas, para un mejor desempeño, se crearon 4 sedes, las cuales, a decir de los entrevistados, son una “farsa”; debido a “que no tienen ninguna función real” y fueron creadas para darle cobijo a gente allegada a la titular María Luisa Saucedo, quien, por ser de Tabasco, dice que es recomendada del “Hombre López Obrador”.

Las sedes en cuestión no operan más que en el papel, ya que las funciones propias de Asuntos Internos son realizadas en la Ciudad de México, pero la gente desplegada no tiene una sede en el buen sentido de la palabra, sino que tiene que mendigar un lugar en los destacamentos de la Policía Federal para realizar sus tan pomposas labores.

Las sedes creadas para una mejor labor en la defensa de las labores policiales y la sanción a malos mandos y viejas prácticas están en Hermosillo, Sonora, Matehuala, SLP, Aguascalientes y Chetumal, Quintana Roo, donde el personal de Asuntos Internos realiza sus labores sin ningún tipo de apoyo por parte de la coordinación.

“Estamos conscientes de que no alcanzamos el objetivo de alcanzar la paz y la seguridad para los mexicanos, para hacer realidad este proyecto anhelado requerirá de un esfuerzo por lago tiempo”, tal como dijo EPN a los mexicanos, pero con una corporación lacerada por la corrupción, donde la amnistía ofrecida por el mandatario entrante da pie a la impunidad, no esperemos que la seguridad sea una realidad, sino una quimera y sin duda, un buen discurso de campaña para las próximas elecciones. Como dijo François de la Rochefoucauld; “Muchas veces se hace el bien para poder hacer impunemente el mal.”

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Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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