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Con voz propia

Periodista Ramsés Ancira, Premio Bellas Artes de Testimonio en México

El periodista independiente y colaborador de Los Ángeles Press, Ramsés Ancira, galardona con el Premio Bellas Artes de Testimonio Carlos Montemayor 2016

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El periodista Ramsés Ancira, Premio Bellas Artes de Testimonio.

El periodista Ramsés Ancira, Premio Bellas Artes de Testimonio.

Guadalupe Lizárraga

Ramsés Ancira*, periodista independiente y escritor multimedia, colaborador de Los Ángeles Press, ha sido galardonado con el Premio Bellas Artes de Testimonio Carlos Montemayor 2016 por su texto “Reportero encubierto”. Él fue encarcelado el 12 de abril de 2016, sin juicio ni sentencia. Al estilo de los agentes ministeriales torturadores de la PGR, dos hombres vestidos de civil lo “levantaron” y lo llevaron directamente al Reclusorio Oriente de la Ciudad de México. Después supo que se trataba de una acusación de fraude procesal de un bien inmobiliario desde hacía más de cuatro años del que incluso desconocía a su acusadora.

“No fue sino hasta el 12 de abril de 2016, alrededor de las 19:00 cuando se me obligó a introducirme en un automóvil sin identificaciones ni rótulos de autoridad alguna, que me enteré de que se había librado una orden de aprehensión en mi contra y que fui conducido al Reclusorio Oriente, sin que se me hubiera permitido hablar antes con un Ministerio Público o representante de la parte acusadora.”

A partir de ahí, Ramsés y su familia han vivido una pesadilla como todos las víctimas de delitos fabricados. Sin embargo, en su tiempo de reclusión nunca dejó de ejercer el periodismo, y creó la columna Diario de un reportero que periódicamente publicamos en este medio donde narra espeluznantes casos de injusticia dentro del penal. Este ejercicio es el que titula “Reportero encubierto” que dio pie al Premio Bellas Artes.

250 metros a la libertad

–Sé que muchos de ustedes van a sentir el impulso de incendiar la ropa beige para no recordar su tiempo en prisión. Yo les voy a dar un consejo. Mejor rocíense gasolina y préndanse fuego ustedes. Eso es lo único que les garantiza no volver a prisión.

Son las tres de la madrugada, hora en que empiezan las liberaciones en el Reclusorio Oriente de la Ciudad de México.

Antes, el hombre de negro que se dirige a los 11 hombres a punto de alcanzar la libertad, les amenaza.

–La institución ha decidido que no se pueden ir hasta las siete de la mañana, cuando haya el primer metro. Lo hace no por su seguridad, sino para impedirles la tentación de pasar a la primera tienda a robar.

Cuando esto ocurre, los pre- liberados ya han permanecido tres horas de pie y superado cuatro interrogatorios idénticos. Siete horas antes, en promedio, un funcionario del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal les ha entregado una cédula donde dice el juzgado, el delito que se les imputa y la forma en que obtienen su libertad: por haber compurgado la pena completa; libertad provisional o absueltos.

Cuando el funcionario del Tribunal se retira, deja al preliberado en compañía de otros presos, quienes amablemente le informan que datos se tiene que aprender de memoria. Antes de llegar a esta zona, a 50 metros de las celdas de ingreso, le han pedido 10 pesos para cooperar con otro reo que le ha acompañado los primeros 30 metros mientras le daba la feliz noticia

“Vas a tener que cooperar para la cena de los jefes”. Es el aviso de los amables reos que han aleccionado por los datos que habrá que repetir en las siguientes exclusas. El segundo desembolso en 10 minutos.

Regreso a la celda. En algunos casos compartida hasta con 30 personas, de las cuales sólo cuatro tiene derecho a litera de metal, ocho personas más duermen en el piso y el resto normalmente se mantiene de pie, amarrado a los excusados, o duerme en los corredores.

A la media noche empiezan a trasladar la remesa de los primeros 11 inculpados que saldrán de prisión.

¿Nombre de los padres?

¿Edad?

¿Fecha de Ingreso?

¿Juzgado?

¿De qué manera obtiene su libertad?

¿Religión?

¿Habla algún dialecto?

(…)

Si alguien duda, la primera vez sólo hay una advertencia, “si vuelves a equivocarte, cachetadón”.

–¿Quieres salir rápido? Con 100 pesos te lo arreglamos

–Ya di todo lo que tenía, ¿pueden pedirle a mis familiares que están afuera?

–No, pues ya te jodiste, no se puede.

La tercera ocasión los pre- liberados son interrogados por trabajadoras sociales, la cuarta por un solo policía medio dormido, que tarda al menos 15 minutos en cada interrogatorio. Para entonces ya superamos las 3 horas de pie, si alguien quiere colocarse en cuclillas o sentarse, lo amenazan a gritos.

El quinto guardia, el que ha sugerido a los detenidos quemarse como bonzos, ha gritado fuerte, bastardo. Alguien se puso nervioso y no supo decir libertad provisional.

En fila india caminamos por un túnel. Ahora sí nos ordenan sentarnos. El guardia de humor negro, revuelve las cédulas de liberación. Quienes tenían la esperanza de ser liberados primero, quedan al final. Uno a uno son llamados a recorrer otros 30 metros de un laberinto.

Piden sentarse en otra área, ubicada 20 metros más adelante. Ahora es obligatorio sentarse, si se levanta la cabeza, hay amenaza de golpes.

En esa última sección, otro policía, compasivo, nos dice. Ya nada más que venga la jefa. 10 minutos.

En lo que esperamos, un hombre y su cuñado me cuentan su historia. Venían una noche por Avenida Revolución. Retén. Les colocaron armas de alto poder en su coche y docenas de tarjetas de crédito. Luego les retiraron las armas, pero les dejaron el cargo de tarjetas clonadas. Les revelo quién soy.

–¿Un reportero encubierto?

Me llevo un dedo a los labios.

–Si me descubren me van a inventar cualquier cosa

Me relatan que ya han pasado ocho meses antes de esta noche, desde el retén y atraco policiaco. Se van absueltos. De entre miles de presos, pertenecieron a los 25 internos de toda la cárcel que menos sufrieron. El costo: mil pesos por semana, con derecho a litera de metal, sin colchón, y una mesita en el corredor de 20 metros, colocada afuera de la celda.

De la forma en que se producen nueve millones de pesos a la semana en el reclusorio oriente no hay que entrar en detalles. Hay cosas que se pueden cambiar y otras que no. Descubrirlas empeoraría el descenso a los círculos del infierno carcelario: Ser indígena, inocente, ignorante, indigente o pobre, todas estas características las tienen a la vez los presos de los pueblos originarios. Además de ser humildes. Ellos, los que lavan gratis los tenis, y las ropas de los presos por delitos contra la salud, son prácticamente esclavos.

Una semana antes, la situación de Víctor Manuel Cervantes, un joven oaxaqueño, con estudios de preparatoria, que vino a trabajar preparando tacos para mandar dinero a sus abuelos de 84 años, fue conocida por el subdirector del reclusorio.

– Yo también tengo sangre indígena, me dijo, y no lo voy a tolerar.

Veinte minutos después, otros reos preguntaron quién es Cervantes. “Ya no vas a hacer fajina”, le dijeron, lo que significa, no tener que recoger con las manos la basura depositada en los canales donde los reos orinan; o arrastrar 20 metros una cobija para absorber el agua antes de llegar a la coladera donde la exprimen.

Los nueve millones recabados a la semana en el Reclusorio Oriente, son por conceptos como 50 pesos por visita de los familiares, a cargo del detenido; otros 450 pesos les sustrajeron a los familiares por ingresar una bolsa con comida; 500 por desocupar una celda para permitir un encuentro íntimo entre detenidos y sus parejas visitantes; 50 pesos por alquiler de una mesa en el patio con cuatro sillas; o 15 pesos por sentarse en una cobija en el piso son sólo una ínfima  parte del negocio carcelario.

Entrar al único baño con dos cuadros de papel higiénico cuesta 5 pesos. Bañarse en las regaderas de presión con agua fría, también

Un negocio que es claramente similar a las encomiendas que daba el rey de España en el Siglo XVI. Esta vez los internos hacen el papel de los indígenas y los reos de confianza, llevan la administración de las vidas y bienes de los reclusos.

Los derechos humanos de esta gente, mejorarían en más del 70 por ciento, con sólo hacer circular el agua en los bebederos eternamente secos. En la tienda de la prisión, litro y medio, vale 23 pesos. Otra mejora si no existiera un solo excusado funcionando para más de 600 personas. Al menos un 10 por ciento de los internos en el área de ingreso defecan de pie en las coladeras.

De las 5 a las 7 de la mañana, la tos no se interrumpe un segundo, pasando de garganta en garganta hasta alcanzar 500 o más escupitajos.

En la tienda de la prisión hay precios marcados, ocho pesos por un refresco de lata, 100 pesos por una tarjeta para llamar por teléfono. El precio real es de 20 pesos por el refresco y 125 por la tarjeta, más 10 pesos por cada día que se introduce la tarjeta en la ranura del teléfono.

Cuando un rumano acusado de clonar tarjetas me dijo que el 80 por ciento de los detenidos son inocentes, pensé que exageraba. En el recorrido de 250 metros de la celda a la calle, conocí que uno de los 10 preliberados había pasado 8 años preso por una acusación de robo de 80 pesos, otro reconocía haber pasado 2 años por robar 30 acumuladores; uno más era un joven de 20 años, visiblemente afectado mentalmente a consecuencia de una temprana adicción a la marihuana. Los ocho restantes consideraban que su tiempo en prisión fue consecuencia de la venganza de una mujer a la que una vez amaron, pero que los acusó de no pagar pensión alimenticia, o de tocamientos sexuales a las hijas para no dividir los departamentos y automóviles que eran parte de lo comprado durante su matrimonio, o simplemente porque les sembraron algo en sus automóviles, aunque finalmente no pudieron comprobarles nada.

De las historias inventadas por las procuradurías para encarcelar inocentes, habría material para 100 libros. Será para otro tiempo. Ahora escucho los aplausos de 100 personas que me dan la bienvenida por ser el primer liberado de la noche tras recorrer unos 250 metros en un lapso de 5 horas.

La obra cumbre de la literatura en castellano se llama el Quijote, la obra cumbre de la Procuraduría General de la República, “basurero de Cocula”, pero hay miles de ficciones más, tantas como presos en los reclusorios mexicanos.

*Ramsés Ancira es autor del blog Paradigma TV y director del documental Halconazo!

Con voz propia

Las coincidencias de dos casos en paralelo en las manos del fiscal de México: Isabel Miranda y el General Cienfuegos

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Guadalupe Lizárraga

La Fiscalía General de la República, bajo la administración de Alejandro Gertz Manero, ha llevado los casos judiciales del general Salvador Cienfuegos, acusado por la DEA en Estados Unidos de narcotráfico en octubre de 2020, y el de Isabel Miranda Torres, señalada por la investigación periodística El falso caso Wallace, desde diciembre de 2018.

Dos casos en paralelo en las manos del fiscal, que presentan ciertas coincidencias.

  1. Con el proceso de Cienfuegos, el fiscal se sintió “linchado” por la prensa, mientras que con el de Isabel Miranda ni asomó la cabeza. En ambos, la FGR determinó el no ejercicio de la acción penal. La supuesta investigación judicial sobre el General duró dos meses. La de Miranda, dos años.
  2. En el primero, la DEA entregó parte de conversaciones que involucraban al General con el narcotraficante H2, del Cártel de los Beltrán Leyva, en un seguimiento de hace diez años; con la segunda le entregué una investigación que me ha llevado seis años de mi vida bajo riesgo, y una serie de hallazgos.
  3. Por una parte, en el caso Wallace, estos hallazgos revelaban que las personas privadas de su libertad eran inocentes; y por otra, las relaciones de Miranda y su hijo con el mismo cártel. En ningún de los dos casos, hubo un seguimiento riguroso a manera de investigación por parte de la FGR.
  4. Dos hechos relevantes a mi mirada: En febrero de 2017, el general Dauahare, asesor de Cienfuegos, visitó el Reclusorio Oriente para visitar a un miembro del Cártel de los Beltrán, en el dormitorio VIP, testigos de por medio. A la semana extraditaron al interno, y ejecutan en Nayarit al H2.El otro suceso, ocurrió en julio de 2019, cuando informé al fiscal Gertz Manero que el narcotraficante Héctor Huerta Ríos, alias “La Burra”, líder de una facción del mismo cártel, había confesado en su celda que él personalmente había asesinado a Hugo Alberto Wallace Miranda.
  1. Esto habría pasado tiempo después de que Hugo Wallace se negara a entregar cargamento de droga al mismo cártel, con el que se relacionaba en términos de tráfico y consumo. El día que yo hablé con Gertz fue el 4 julio 2019, por las 2 pm. Seis horas más tarde, Huerta Ríos era acribillado.
  1. Al día siguiente, a las 7hrs, me enviaron fotos a mi celular de Huerta acribillado en su auto. Fue cuando decidí regresar a California ese mismo día sin concluir mi trabajo en CDMX.
  1. Ahora, el Gral. Dauahare está en la Segob, el narcotraficante que podía aclarar lo de la supuesta muerte de Hugo Wallace está muerto, y Cienfuegos y Miranda, protegidos por la fiscalía. Todos con vínculos al mismo cártel.
  1. De acuerdo con el testimonio del narcotraficante Huerta Ríos, el cuerpo de Hugo Wallace habría sido enterrado en Nayarit. Y quien habría operado como intermediario del cártel de los Beltrán Leyva para que se lo entregaran a Isabel Miranda era el exfiscal Edgar Veytia, alias “El Diablo”.
  1. El exfiscal Veytia, actualmente en prisión estadounidense por narcotráfico, mantenía una relación muy cercana con Isabel Miranda, quien lo reconoció públicamente cuando estaba en funciones por su supuesta eficiencia en la disminución del secuestro en Nayarit.
  1. En entrevista para Aristegui, el fiscal Gertz Manero dijo con respecto a Cienfuegos, “que argumenten lo que les dé la gana, es una primera acción del proceso y es absolutamente combatible”. Refiriéndose a que podía ser impugnado.
  1. Lo que no dijo el fiscal es que el lapso de impugnación es de 10 días, si no dan por cerrado el caso. Con Miranda lo hice, pero entre Navidad y la pandemia, el proceso está detenido, igual que los amparos de las víctimas en busca de que se hagan valer sus derechos, mientras siguen sufriendo el maltrato, amenazas y extorsiones de los directores de penales.
  1. También señaló el fiscal que deben de impugnar con pruebas legales. De las pruebas de Isabel Miranda ninguna era legal, todas fueron fabricadas. En mayo de 2019, Gertz habló delante de mí con el padre biológico de Hugo, y yo le entregué el peritaje original de ADN femenino coincidente con José Enrique Wallace Díaz.
  2. También entregué los videos y documentos apócrifos que me presentaron agentes de la SEIDO cuando me quisieron secuestrar en noviembre 2016 y febrero 2018, bajo órdenes de Miranda por difundir una versión del caso “diferente a la oficial”.
  3. De la recopilación de evidencias por la DEA sobre Cienfuegos, entre otros diez generales, la FGR determinó que no había responsabilidad del General. De Miranda se determinó lo mismo. Lo curioso son las aparentes coincidencias: torturadores, con vínculos al mismo cártel.
  4. Gertz dijo que recurriría a instancias internacionales para que analicen la legitimidad, juridicidad, y el respeto a los derechos humanos con el caso de Cienfuegos, porque se cree que la fiscalía actuó de manera parcial. Y ese linchamiento no lo va a permitir, así lo advirtió.
  5. Sin embargo, en el caso de las víctimas de Isabel Miranda, Gertz no reparó en los factores que hoy menciona, mucho menos en la legalidad de las pruebas. Ni aludió a La Haya ni a CIDH, pese a 8 personas sobrevivientes de tortura, violencia sexual y encarcelamiento injusto.
  6. Concluye Gertz: “Todos somos inocentes hasta que se nos demuestre que somos culpables”. Frase elocuente, cuando las víctimas de Miranda no han tenido la misma suerte que el general Cienfuegos, traducido en un debido proceso y en el respeto a sus garantías constitucionales.
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Arteleaks

Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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