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Europa

Para entender lo que pasa en Ucrania

El periodista independiente Oleg Yasinsky presenta un análisis sobre Ucrania y de cómo se gestó la rebelión ciudadana que provocó la caída del gobierno

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Ciudadanos contra el autoritarismo del gobierno de Ucrania. Foto: hispantv

Ucrania, el peligro del retorno del fascismo

Oleg Yasinsky*

En agosto de 1991, Ucrania, la segunda república de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) por su población y potencial económico, declaró su independencia. Se convirtió así en el segundo país europeo después de Rusia por su tamaño. Durante el siglo XX, por la fertilidad de sus tierras, Ucrania se conoció como “el Granero de Europa” y fue el principal productor de acero en la región.

La gestión de los pasados gobiernos se refleja en los datos demográficos. En los últimos 25 años, la población de Ucrania bajó de 52 a 44 millones de habitantes. Durante todo el año 2011, en 11 mil localidades del país no se registró ni un solo nacimiento y solamente en cinco de las 25 regiones la natalidad superó la mortalidad. En sus índices de mortalidad por cada mil habitantes, Ucrania se encuentra en el quinto lugar del mundo, detrás de los países más pobres de África.

En los últimos años, la prensa de Europa Occidental habló mucho de la ex primer ministra Yulia Timoshenko, injustamente presa por el actual gobierno, acusada de cometer delitos económicos -que son la práctica diaria de todas las últimas autoridades, incluyendo la actual. Lo injusto no es que ella esté presa, sino que los demás estén libres, incluyendo a sus jueces, que al condenarla obedecieron órdenes políticas.

La prensa alternativa, en las últimas semanas, escribió ampliamente sobre el rol de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EEUU) en la crisis ucraniana y el manejo de la situación de acuerdo a sus intereses. No hay duda que una gran parte de estas afirmaciones es correcta, pero no podemos explicar los complejos procesos políticos en Ucranias sólo hablando de la intervención de países occidentales. Siempre están presentes y también conocemos sus intereses. Por eso, omití este tema. Hablaré de hablar de aspectos más internos y menos conocidos fuera de sus fronteras.

Los últimos sucesos en Ucrania me tomaron por sorpresa. Hace seis meses, cuando estuve en las calles de la capital Kiev, destruidas por las inmobiliarias, me sentí en una permanente despedida del cuerpo de una ciudad que no existe más. En un ambiente de apatía y resignación, nada dio señales de una cercana tormenta social.

Recuerdo nuestras semidisidentes disputas estudiantiles, hace un cuarto de siglo, cuando con tanta facilidad nacieron tantos sueños que nunca se hicieron realidad. El mito de la “Perestroika” nos llegó en un solo paquete con las ideas de “la integración europea” y una gran oportunidad de unirnos a ese tan cercano y escurridizo “mundo civilizado”.

La restauración del capitalismo en la ex Unión Soviética golpeó no sólo los bolsillos de la mayoría de nuestros compatriotas, sino también nuestras mentes. El desmontaje de uno de los mejores sistemas de la educación mundial fue de la mano con una brutal campaña anticomunista en la prensa, lo que anuló la memoria histórica de nuestro pueblo.

Cuando los medios nos convencieron a todos -o a casi todos- de que nuestro país era uno de los más atrasados ​​y peores del planeta y que este mundo no se mueve por los idealistas, sino por los pragmáticos; y cuando nuestros estudiantes, en lugar de médicos o astronautas, comenzaron a soñar con convertirse en millonarios y las chicas, con casarse con los oligarcas, en nuestra historia pasó algo irreversible y el camino a las “reformas democráticas” quedó despejado.

Mientras en el poder se turnaron personajes más o menos siniestros, el Estado gradualmente se despojó de sus obligaciones, y mientras más celebrábamos el Día de la Independencia, más dependiente se volvió el país. Cuando ya nos pareció que estar peor era simplemente imposible, nuestras autoridades -con su habilidad de siempre- se encargaron de demostrarnos lo contrario. Como es sabido, este sistema se llama capitalismo, pero los medios de comunicación postsoviéticos todavía consideran de mal gusto el uso de un término tan “comunista”.

La tragedia actual de Ucrania surge desde el actual duopolio en el poder de los partidos políticos tradicionales – los del “poder” versus los de la “oposición”-, donde una parte sirve a los intereses de los grupos económicos de Rusia y la otra a los grupos occidentales, pero ambas son hermanas gemelas. Por eso, las valientes y, sin duda, sinceras movilizaciones de cientos de miles de ucranianos bajo banderas que no son de ellos, lamentablemente sólo fortalecen el actual estado de cosas.

Por otra parte, la población desesperada por la injusticia y totalmente manipulada por los medios todavía no ve la amenaza del fascismo, la única fuerza política en Ucrania que actualmente crece y gana terreno gracias a su joven energía, su perfecta organización y una claridad ideológica. Y el nombre de este peor monstruo del zoológico político ucraniano es La Unión Panucraniana “Svoboda” (“Libertad”).

Describamos las caracteristicas de algunos fragmentos del rompecabezas ucraniano.

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Cuidadanos exigieron la renuncia del presidente de Ucrania Viktor Yanukovich. Foto: 20minutos.es

La gente

Como sea que termine, la experiencia de la protesta masiva, la autoorganización, la solidaridad y el solo hecho de que un millón de personas salgan a las calles de Kiev es un ejercicio necesario para los músculos de la futura sociedad civil; es una lección y advertencia para el poder (cualquiera que sea), que destruye el mito de la apatía “natural” y la pasividad del pueblo ucraniano.

Todo empezó cuando, en una de las plazas centrales de la capital, las fuerzas especiales de la policía ucraniana agredieron brutalmente a un grupo de jóvenes universitarios que, con valentía y pacíficamente, defendían su punto de vista. La ciudad entera se alzó para protegerlos, y como suele ocurrir en este tipo de situaciones, la gente mostró sus mejores cualidades.

Este invierno (el del calendario y el otro) pasará. La gente volverá a su vida normal, en sus televisores cambiarán de las noticias a las series y se olvidarán los nombres de los políticos de hoy. Pero estas noches de la resistencia al poder para quienes las vivieron en las frías calles de Kiev, quedarán con todos y dentro de cada uno. Como y cuando sea que termine.

Pueblo, tal vez, es la última palabra del vocabulario de los siglos pasados que hasta hoy sigue absoluta, límpida, sagrada. ¿Qué puede hacer el pueblo cuando se equivoca?

El poder

Dentro de la repugnante pirámide del poder del mundo actual, es injusto culpar sólo al presidente ucraniano Víctor Yanukovich. Los delincuentes, sobre todo políticos, nunca actúan sin cómplices. Su hermano mayor, Vladimir Putin -que lo desprecia profundamente-; el supuesto opositor de Putin, Barak Obama; y la Unión Europea hoy colapsada -aparentemente creada como un contrapeso al poderío de los Estados Unidos de América-, operan bajo la misma lógica: la lucha total por el poder y el dominio económico a toda costa y en todas las latitudes.

A las declaraciones sobre “derechos humanos” que “preocupan” a la Unión Europea, hay que colgarlas en el árbol de navidad en la plaza recién reconquistada por los manifestantes, junto a la figura de Santa Claus, en quien también alguna vez creímos. Al actuar contra el régimen de Yanukovich, es bueno recordar los nombres de todos aquellos que con su gobierno antipopular e incompetente, aseguraron el triunfo en la anterior elección presidencial.

Mientras el ciudadano común de Ucrania no participe en la toma de decisiones de estado, todo el actual debate sobre la democracia y la independencia se hace para extraterrestres, para idiotas, para los mentirosos o incluso para aquellos que se las arreglaron para combinar las tres características anteriores.

Sin excepción, todos los líderes políticos del actual gobierno ucraniano y de la “oposición” son personas no sólo interesadas, sino publicitadas y financiadas sólo para ser garantes del continuismo del actual sistema económico. Todo lo demás no es más que el arte de actuación y el trabajo de los asesores de imagen.

La estructura del poder en Ucrania, establecida mucho antes de la llegada al poder de su actual elenco, se convirtió en un filtro que no permite a la gente honesta elevarse más allá de un cierto nivel o hasta el de la toma de decisiones, que se realiza sin el pueblo y por lo general de modo totalmente contrario a sus intereses. Por esto, no es cierto que la violencia en Ucrania comenzó en la noche del 30 de noviembre: nunca se detuvo y ocurre en todas partes.

Vladimir Lenin, cuyo monumento en Kiev intentaron demoler los “demócratas” de turno, propuso que para comprender cualquier acontecimiento político complejo, primero hay que buscar a quién le favorece. Si intentamos este simple ejercicio, nos damos cuenta de que la represión del campamento estudiantil pacífico en el centro de Kiev, la noche del 30 de noviembre, en un momento en que el movimiento ciudadano “pro-europeo” claramente se debilitó, fue muy inconveniente para el Gobierno y completamente beneficioso para la “oposición”.

Después de que la gente salió a las calles, no tanto por la “opción europea”, sino en protesta contra la brutalidad policial y la burda interferencia de Putin en los asuntos de Ucrania, en el primer plano aparecieron los vociferantes “opositores”, los antiguos funcionarios “rupturistas con el régimen” y, lo más importante, la autodenominada “vanguardia” de grupos de choque de la “oposición pro-europea”: la Unión Panucraniana Svoboda. Sí, Europa, pero con un tufillo a la Alemania de 1933.

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Entre las víctimas de la represión policial, 42 periodistas. Foto: red

El fascismo

Si yo fuera Ministro de Cultura de Ucrania y tuviera algunos poderes dictatoriales, obligaría a todos los compatriotas a ver el viejo documental del gran director soviético Mikhail Romm, “Fascismo Común”. Resulta que los fascistas de verdad no sólo son los estúpidos Fritz que sólo saben escuchar los gritos del Führer y marchar por las ciudades capturadas; entre los nazis también existieron pensadores destacados, artistas, empresarios y estrategas.

El lema de Svoboda: “Ucrania sobre todo”, es una copia exacta de la consigna nazi “Alemania por encima de todo”. En una sociedad engañada, empobrecida y confundida, que espera soluciones simples e inmediatas, el fascismo es eficiente y fructífero, especialmente cuando los medios de comunicación reemplazan la educación y, junto a la memoria histórica, borran nuestro sagrado sentimiento de gratitud y orgullo por nuestros abuelos, que vencieron una vez (y ellos creyeron que para siempre) al fascismo en Europa. Que bien que casi todos ya se fueron y no verán en nuestras calles, con actitud prepotente y vencedora, a aquellos contra quienes lucharon.

Hoy, al inicio de la temporada de la descomposición del miope y corrupto poder político ucraniano, sube al proscenio de nuestra historia -con entusiasmo- un hasta ahora poco conocido pero joven y temerario depredador, cuyo nombre es “fascismo ucraniano”. Es lo suficientemente inteligente y educado, tiene mucha más imaginación y sentido del humor que sus patéticos oponentes, y en sus ojos, como en los ojos de cualquier fascismo, se ve la muerte.

La historia

La elite política postsoviética, bajo consignas de independencia y democracia, usurpó el poder en los principados autónomos. En aras de mantenerlo, creó nuevos mitos fundacionales de la historia nacional; para ello fue necesario destruir los mitos anteriores. Así, los luchadores contra la historia oficial y la censura, con el entusiasmo de un neófito, se convirtieron en los nuevos censores e historiadores oficiales.

La historia de la humanidad en su conjunto es compleja, trágica y controvertida, y Ucrania -ubicada en el cruce de las rutas estratégicas que unen Rusia, Europa Central y el Mediterráneo- no es una excepción.

Los grandes logros y los grandes crímenes de la época soviética requieren un análisis crítico y equilibrado desde el contexto de su época, con sus valores, creencias y realidades. En vez de esto, nos entregan en un folclórico platito azul y amarillo (colores de la bandera ucraniana) un improvisado producto sucedáneo llamado “historia de Ucrania”.

Los gritos más fuertes sobre la tragedia de Holodomor (hambruna en el campo ucraniano en 1932-33) son precisamente los de los autores de delitos económicos contra el pueblo ucraniano, cometidos ya en el período postsoviético.

Sobre la “ocupación comunista” suelen hablar los políticos de Ucrania occidental, hermosa y desafortunada tierra saqueada por sus nuevas autoridades inmediatamente después de su “liberación”.

En los Cárpatos vi aldeas enteras sin gente, porque todos sus habitantes fueron a buscar trabajo a Polonia, Italia o Rusia. En las paredes de las casas vacías habían consignas como: “Ucrania para los ucranianos”. Es la zona en la que, en los años cuarenta, actuó el Ejército Insurgente Ucraniano, los más que dudosos nuevos héroes oficiales destacados no tanto en operaciones militares contra los “ocupantes”, como en masacres contra la población civil. Y basta con ir a cualquier librería de Lviv para ver una total ausencia de diferentes opiniones.

La nueva historia oficial de Ucrania independiente no es más que un negativo de las fotos en blanco y negro de la historia de Ucrania Soviética.

La revolución

Entiendo que las revoluciones, si no conducen al cambio de un sistema socioeconómico por otro, simplemente no lo son. Si es así, hay que reconocer que la Revolución Naranja, aparte de transferir el poder de un grupo económico a otro, no cambió nada. ¿Por qué una no revolución sigue llamándose así?

Las enciclopedias definen la democracia como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. ¿No será justamente esto una pesadilla para cualquiera de los políticos ucranianos? ¿Solamente para los ucranianos? Ahora su codicia y la miopía transformaron a los partidos políticos tradicionales en enormes y frágiles edificios a punto de colapsar y enterrar a sus fieles bajo los escombros. Por lo tanto, la única revolución posible en la actual Ucrania es una democrática toma del poder por parte de los nazis.

El mundo

¿Qué pasó con la famosa cortina de hierro y el muro de Berlín? Desaparecidos física y políticamente, todavía operan en la conciencia de los habitantes del mundo postsovietico, que parecen vivir en una isla. Incluso la gente más educada y admirable en la antigua URSS está tan atrapada por su mundo inmediato, que no quiere ver la profundidad de la actual crisis sistémica de la civilización.

Los paradigmas del siglo pasado, desde hace por lo menos un par de décadas ya no son aplicables. La “orientación europea” no es más que uno de estos extintos paradigmas. El modelo económico neoliberal fue el arquitecto y sepulturero de la UE, no le dejó a los pueblos de Europa la posibilidad de tener un desarrollo propio (no uniforme, no lineal, pero realmente nacional) y en la actualidad revienta por toda la periferia del continente. Los estados miembros desde hace rato son rehenes del sistema bancario mundial, y millones de europeos pierden en unos pocos días las conquistas sociales de siglos. ¿Qué tan claro es esto para los heraldos oficiales de la “casa común europea” para Ucrania? ¿Qué es? ¿Un ingenuo deseo de escapar del abrazo sofocante de la rancia Rusia de Putin, para terminar en los brazos de cualquiera? ¿Entregarse, si no por amor, por un cálculo? ¿Venderse más caro? ¿Alcanzar a pronunciar en las altas tribunas internacionales algunas frases acerca de la independencia nacional, la democracia y el derecho a elegir?

Ni siquiera eso. La crisis en Europa es sólo la parte más visible de la crisis de la civilización tal como la conocemos, construida sobre la subordinación del espíritu a la materia, cristiana en su forma y tecnocrática en su escencia. La espiritualidad humana fue reemplazada por diversos dispositivos dogmáticos de los aparatos eclesiásticos, así como la actividad social de los ciudadanos fue sometida a los pesados mecanismos ​​de los partidos políticos.

Prácticamente todos los Estados conocidos del siglo XX se desarrollaron en la dirección del llamado “progreso” -los avances en la producción y el consumo de bienes materiales, convertidos en un fin en sí mismo. Esto convirtió la historia humana en una carrera mercantilista, y de paso eclipsó lo más valioso que tenemos, los mundos infinitos de nuestro mundo interior, de sus sueños, aspiraciones, búsqueda de unidad, la armonía con el mundo y la humanidad. De este modo, hoy se construye una cultura de consumismo, soledad, violencia y pérdida del sentido de la vida. La actual globalización resultó ser el grado más alto de esta absurda civilización.

Por suerte este modelo va aceleradamente hacia su colapso global, y los síntomas -desde el cambio climático global hasta el aumento de los problemas de salud mental en la sociedad- son obvios. Posiblemente, tendremos que definir hacia dónde irá la historia humana después del colapso del “capitalismo real”; por supuesto, tomando a Ucrania como parte de la historia de la humanidad.

La alternativa que no existe

Los complejos desafíos que enfrenta Ucrania actual no tienen solución en las estructuras de poder tradicionales. Los “pragmáticos ejecutivos de negocios”, “jóvenes y talentosos economistas”, los “independientes de la política partidista” y otros personajes propuestos al teleespectador son un déjà vu de las promesas de la Perestroika de “vuelta a los valores universales”.

El país no necesita tecnócratas independientes, listos para servir con eficacia a los intereses de uno u otro grupo del poder, sino un proyecto nacional real que implique una ruptura decisiva con la lógica de las décadas anteriores. La independencia de Ucrania debe comenzar no con programas televisivos, con danzas folclóricas ni con nuevas banderas o escudos nacionales, sino retomando el control estatal sobre los recursos naturales y las industrias de importancia estratégica. Hoy, la economía de Ucrania casi en su totalidad se encuentra bajo el control de grupos económicos pro-rusos y pro-occidentales, que convirtieron la crisis permanente del país en fuente de máxima rentabilidad para sus negocios.

La sociedad ucraniana, víctima de las reformas de derecha, hoy sufre el síndrome de Estocolmo: la mayoría de los ciudadanos socialmente activos miran sólo hacia la derecha, igual que al principio de la perestroika, a diferencia de Europa, en la que están tan ansiosos por entrar, y que desde hace rato mira hacia la izquierda.

¿Donde está hoy la izquierda ucraniana? Sin contar la del Partido Comunistas (PC) y del Partido Socialista (PS) ucranianos, cuyo “izquierdismo” quedó desde su fundación solamente en el nombre y en la ingenuidad de las antiguas generaciones. Ucrania es hoy uno de los países más de derecha del mundo, y la mayor parte del debate ideológico se lleva desde la derecha hacia la derecha.

La izquierda de Ucrania es una minoría que practica su habitual forma de vida dogmática y sectaria, en una eterna lucha por el liderazgo de un hasta ahora inexistente movimiento, con discusiones infantiles sobre los ismos y disputas teóricas de principios del siglo pasado. La ofensiva de la ultraderecha ucraniana no es sólo mérito del gobierno y la oposición, sino también de su infantil izquierda.

El provincianismo de la izquierda y la derecha ucraniana es comparable, pero la segunda es, lamentablemente, mucho más numerosa y tiene a su disposición, a diferencia de la primera, todos los medios.

Mientras el mundo gira hacia la izquierda, Ucrania sigue siendo una cápsula del tiempo que retrocede lentamente. ¿Queda sólo esperar hasta que sus finas paredes estallen bajo la presión del viento de la historia? No lo sabemos.

*Periodista independiente, originario de Ucrania.

@Oleg Yasinsky

Fuente: Desinformemonos.org

 

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Europa

Cas Mudde: “Hemos permitido que la extrema derecha determine de qué hablamos y cómo hablamos”

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Por María Ramirez/eldiario.es

@mariaramirezNY

Cas Mudde es profesor de políticas en la escuela de Asuntos Internacionales, de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos. Es especialista en la extrema derecha europea desde su ascenso en Países Bajos. Acaba de publicar en España su último libro, La ultraderecha hoy (Paidós), que refleja los patrones que se han repetido en América y Europa, incluido España.

En su libro explica que “ningún país es inmune a la extrema derecha” y la razón por la que algunos países como España durante años no tuvieron un partido exitoso de extrema derecha fue “más debido a cuestiones del lado de la oferta más que del lado de la demanda”. Mudde describe a Vox como “derecha radical populista, que combina nacionalismo, autoritarismo y populismo”, y cree que este partido se benefició de “la tormenta perfecta” por los efectos de la crisis económica, los escándalos de corrupción del PP y, sobre todo, en su opinión, la crisis en Cataluña.

“No quiere decir que cualquier partido de extrema derecha se hubiera beneficiado de esto. Otros políticos, como los que España ha tenido en las últimas décadas, no habrían recibido votos porque la gente los habría percibido como demasiado extremos o poco profesionales. Pero sin el tema catalán tampoco lo habrían conseguido”, explica. También le llama la atención la bandera de Vox contra el feminismo y los derechos de las mujeres, que considera un rasgo nuevo de los partidos extremistas que no se suele ver tanto en el norte de Europa.

¿Qué efecto ha tenido la pandemia para los partidos de extrema derecha? 

Casi todo lo que pensábamos sobre el efecto de la pandemia para la extrema derecha al principio de la pandemia era incorrecto. Realmente no han tenido mucha pérdida en general en términos de apoyo. Los que están en el poder han respondido peor que los gobiernos no populistas o que no son de extrema derecha. Pero lo más notable para mí de la pandemia es el poco efecto que ha tenido en el apoyo electoral. Sí, hay algunos partidos que se han beneficiado del ‘efecto bandera’, por ejemplo, en Alemania. Pero en muchos países apenas ha cambiado nada. Todos los partidos se han quedado prácticamente estables, también en la izquierda.

Hay algunas implosiones, pero muchas veces tienen que ver con motivos internos, como en el caso de Alemania. También Matteo Salvini ha perdido el foco de atención. Pero, en general, la pandemia ha tenido muy poco efecto. Y creo que se debe en parte a que la pandemia se ha normalizado: a pesar de que nuestra vida haya cambiado por completo, hemos encontrado una nueva normalidad. Hay un pequeño grupo que está polarizado en torno a este asunto, pero es pequeño.

Creo que eso se ve mucho en las elecciones donde se habla de otros problemas. En el contexto catalán, en este momento, el debate ha girado alrededor de la independencia con o sin pandemia. Así que cabría esperar algo parecido en la mayor parte de España y en las próximas elecciones en diferentes países: creo que la extrema derecha va a tener aproximadamente los mismos resultados que sin una pandemia, lo que no significa que les vaya a ir tan bien como en 2016 ó 2017. Pero eso no se debe tanto a la pandemia. Entonces había una obsesión con la llamada crisis de refugiados que hizo que sus temas fueran clave. Cuanto más tiempo dure esto y más unidos estén todos los demás partidos en torno a las medidas de control de la pandemia hay más oportunidades para los partidos populistas, en particular si pueden ser el único partido en contra. Pueden ir contra el consenso de la ciencia, pero curiosamente eso no les da mucha ventaja hasta ahora. A pesar de todo el debate que tenemos en muchos países, las políticas de confinamiento han sido apoyadas por una gran mayoría de personas. No hay muchas alternativas.

¿Cómo se imagina la próxima década, tal vez con una situación económica y social mejor pospandemia, para los partidos de extrema derecha?  

Los sentimientos antisistema han aumentado en las últimas décadas y permanecerán por varias razones. El autoritarismo siempre ha estado ahí. Y el nacionalismo no solo está vinculado a la inmigración, sino también a la existencia de una sociedad más diversa. Y nuestras sociedades van a ser cada vez más diversas, por lo que tendremos partidos de extrema derecha. ¿Serán tan fuertes como lo han sido? Eso depende en gran medida de cómo respondan los demás. Durante la última década hemos permitido que la extrema derecha establezca la agenda para determinar de qué hablamos y, lo que es más importante, cómo hablamos de ello, por lo que hemos hablado de la inmigración como una amenaza a la identidad y seguridad nacional.

Creo que en unos 10 ó 20 años hablaremos de la inmigración como un proceso necesario para revitalizar las sociedades y mantener a flote el Estado del bienestar. Ese es el relato del que no sacarán provecho los partidos de extrema derecha. De hecho, demográficamente, las sociedades se están volviendo más prodiversidad, más tolerantes hacia los derechos LGTBQ+ y la igualdad de género y sociedades multiétnicas. Pero siempre habrá una parte considerable que se resista a aceptar una sociedad multicultural de verdad, la que no se basa en el dominio de un grupo étnico, y una verdadera igualdad de género en la que, como las mujeres, no solo cobran lo mismo que los hombres, sino que también ocupan las posiciones más poderosas. Todavía no estamos cerca de eso. Y así, durante décadas, todavía podemos tener resistencia a acercarnos a la verdadera igualdad, cosa que explota la extrema derecha como defensora del estatus de los hombres blancos.

¿Qué puede hacer hoy un partido tradicional conservador como el PP en España para recuperar espacio frente a la extrema derecha? 

No lo que está haciendo. Lo que está haciendo es ir tan hacia la derecha como Vox y luego asumir que pueden volver atrás. Esto no funciona y lo sabemos por las investigaciones realizadas durante décadas. E incluso si funciona, funciona temporalmente. Funcionó un poco en Austria y Francia. Pero después la extrema derecha regresó con más fuerza. Y la razón es que la mayoría de las personas que votan por la extrema derecha no sólo lo hacen por ideología nacionalista. También se debe al populismo, a un sentimiento antisistema. En España hay nacionalistas que están molestos por Cataluña pero que no votarían al PP aunque fueran más nacionalistas que Vox porque ven al PP como un partido corrupto. Y eso no lo puedes cambiar con algunos lemas.

Es más difícil ser menos corrupto que cambiar las consignas.

Luego, lo que deberían hacer es desarrollar su propia agenda conservadora y decidir qué es lo más importante desde esa perspectiva para España en lugar de simplemente replicar a la extrema derecha. Emular a la extrema derecha enfatiza su importancia, enfatiza la importancia de sus asuntos. Y, como consecuencia, quien saca provecho es Vox. Sin duda tendrán escándalos, pero los líderes ahora son políticos que conocen las reglas del juego y que todavía no son corruptos, aunque lo puedan ser porque ya están lo suficientemente cerca del poder. También creo que la subestimación es una de las peores cosas que hemos visto. Y en muchos países se ha subestimado a la extrema derecha. Tampoco funciona la idea de marginarlos, estos partidos de extrema derecha son cada vez más profesionales.

Así que una de las cosas más esenciales es concentrarse en lo que se considera importante en lugar de concentrarse siempre en lo que quiere la extrema derecha. Y esto es algo muy difícil para los partidos políticos, pero también para los medios. A menudo los medios sólo hablan sobre la extrema derecha por lo que consideran sus temas. Se les incluye para hablar del crimen, la corrupción o la inmigración. Pero si se habla de vivienda o educación, no se les tiene en cuenta. A veces no tienen opiniones particularmente fuertes al respecto o tienen opiniones que no son populares dentro de la base de su partido porque social y económicamente a menudo están mucho más a la derecha que su electorado. Esto es un poco diferente en España porque el electorado de Vox también es más joven, tiene más educación que la mayoría de los electorados de la extrema derecha en otros países y probablemente es un poco más conservador económicamente. En cualquier caso, no ayuda hablar solo con ellos sobre lo que se consideran sus problemas.

Entonces, ¿cómo deberíamos cubrirlos? ¿deberíamos preguntarles por otros temas?

Personalmente, pienso que los medios deben ser el perro guardián de la democracia, algunos ya lo son. Si se trata solo de ganar dinero, entonces funciona cubrirlos para escandalizar. Pero si un medio es un perro guardián de la democracia, entonces debe tratar a los partidos que la amenazan de manera distinta. Eso significa que no debes hacer entrevistas blandas (aunque nunca deberían serlo) y que no deberías darles todo el tiempo y la atención. Tampoco creo que ayude decir continuamente que son fascistas y cosas así. Puedes escribir críticamente sobre ellos. Les puedes dar menos plataforma que a otros políticos, pero es importante hacer una descripción precisa de lo que hacen.

Tampoco es útil enfocarse solo en los márgenes, en las personas más extremas o en las personas menos competentes del partido. Si los líderes son inteligentes o competentes, se debe contar. Porque si queremos defender nuestra democracia liberal, necesitamos saber a qué nos enfrentamos. Pero la atención debe ser proporcional. No darles más, incluso darles menos. Sí, Vox tuvo buenos resultados en las elecciones catalanas, pero ¿cuál es su papel en la política catalana? ¿Tienen poder? ¿Es tan notable el ritmo de crecimiento? Y lo que ha pasado en Cataluña no tiene por qué ser extensible.

¿Y dónde está la línea de lo que debemos cubrir? ¿Por ejemplo, la concentración de un grupo muy pequeño falangista con mensajes antisemitas? ¿Se debería ignorar esto?

Qué es noticia siempre es algo subjetivo. Puede que tuviera más impacto porque coincidió con un momento electoral. Pero en sí mismo, no fue un evento relevante. Incluso si se trata de unos pocos cientos de personas, unos cientos de personas haciendo lo que sea que hagan, siempre que no dañen físicamente a nadie, no es particularmente relevante.

Todo el mundo debería saber ya en España que hay varios miles de neonazis o de ufólogos. Entonces, no hay nada nuevo. Lo nuevo es que fueron contra algunos de Vox. Puede ser una historia, pero no necesitas grandes fotografías de este tipo de personas para hacer esa historia en este momento. Tenemos que ser más honestos sobre las fotografías de células neonazis. Esto ha sucedido durante cuatro décadas y todavía me enfurece. Por qué hay que poner fotos de neonazis que no tienen valor.

La verdadera amenaza para las democracias liberales proviene de personas con formación universitaria, que llevan traje y tienen una apariencia como la de cualquier político. En cambio, crear esas imágenes de la extrema derecha no da la impresión correcta de lo que son. Por un lado, haces las cosas mucho más grandes de lo que son. Por otro lado, creas la imagen incorrecta.

Las fotografías y los titulares, creo, son dos de las cosas en las que los medios de comunicación no piensan lo suficiente. La mayoría de las personas, particularmente en la era de las redes sociales, no leen los artículos. Sí que leen titulares y ven imágenes. Pero demasiado a menudo tanto las imágenes como los titulares son la peor parte de un artículo. Y tienen el mayor impacto.

¿Qué responsabilidad tienen las redes? ¿Deberían tomar medidas como la suspensión de la cuenta de Trump?

Tengo mi propio debate interno con esto. Realmente no lo sé. Yo soy firme defensor de la libertad de expresión. Es cierto que la libertad de expresión se refiere a la libertad frente al Estado. Se habla de las infracciones de un Estado, no se trata de empresas privadas. Y en ese sentido combinar los dos aspectos es problemático.

Dicho esto, Facebook y Twitter son una parte tan grande del espacio público donde sucede el debate que ejercen funciones públicas, lo que significa que el Estado debe regularlas. Pero no lo tengo claro. Por un lado, veo el efecto de las redes sociales y cómo se radicaliza el mensaje. Por otro, si se prohíbe a un político o un partido en Twitter o en Facebook ya no están compitiendo al mismo nivel y eso para la democracia supone una gran infracción. Y si crees que son tan peligrosos, ¿no deberías simplemente prohibirlos? Por ejemplo, si crees que un partido es una amenaza para la democracia liberal, ¿por qué simplemente prohibirlo en Twitter y Facebook? ¿No deberías prohibirlo como Estado también? Y entonces no lo sé. Me preocupa que se convierta en una pendiente resbaladiza que empezamos a doblar cada vez más. Y al final, simplemente no puedes controlar la libre expresión.

Creo que tenemos que lidiar con esto de una manera diferente. Nuestra democracia debería ser lo suficientemente fuerte como para permitir que sus enemigos, sean quienes sean, de izquierda, derecha, laicos, religiosos, se movilicen abiertamente por su causa y se sientan aislados. Si solo podemos sostener una democracia prohibiendo las alternativas, es que tenemos una democracia muy débil.

Y ahora que Trump no está, ¿eso podría tener algún impacto también en la extrema derecha en Europa?

No lo creo, porque en general, la mayoría de los partidos europeos no estaban muy cerca de Trump. Por supuesto, la mayoría fue anterior a Trump, pero también tuvieron su aliento, principalmente porque ganó contra las expectativas y contra las encuestas, lo que permitió a la extrema derecha argumentar que no les iba tan mal y que la élite trataba de quitarles importancia. Eso fue increíblemente poderoso. Lo que también fue poderoso fue decir, “mira, no somos un grupo marginal. La persona más poderosa del mundo dice cosas similares”. Pero eso ya lo tienen. Incluso aunque ahora Joe Biden sea el presidente. Trump lo fue.

Pero Trump no dijo nada que fuera copiado por otros y no brindó ningún apoyo a nadie. Así que no creo que haya mucha diferencia.

Además de eso, no perdió por tanto. Si hubiera sido completamente destruido en las elecciones entonces sí podría haber habido un efecto. Trump ha hecho su trabajo por la extrema derecha mostrando lo que es posible.

¿Cree que existe el peligro de que los partidos de extrema derecha en Europa usen los mismos argumentos falsos de Trump si pierden las elecciones diciendo que hubo irregularidades? 

No es necesario que se te ocurra una teoría de la conspiración: tendremos elecciones en marzo en Países Bajos, y ahí algunos ya están hablando de George Soros. Pero no he oído muchos así de momento. Algunos utilizaban esta táctica en los 80 y los 90, pero entonces estaban marginados y nadie les escuchaba. Eso es una gran diferencia. Ahora que están tan normalizados, podrían decir este tipo de cosas y los medios lo cubrirían. Igual que los medios habitualmente cubren las conspiraciones locas sobre la pandemia aunque sea para desmentirlas. A veces el fact-checking sirve para darles espacio.

 

Fuente origina: eldiario.es

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Europa

México recibirá 24 millones de vacunas Sputnik V

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Por Ignacio García

El subsecretario de Salud federal (SSa), Hugo López Gatell, informó que México recibirá más de 24 millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V, luego de haber firmado un acuerdo con el gobierno de Rusia para la obtención de ese inmunizante.

El funcionario federal dijo que la vacuna ha mostrado una eficacia del 90 por ciento entre las personas a las que se les ha aplicado, por lo cual incluso ha sido reportado por la revista científica médica The Lancet, misma que dio a conocer los avances de la misma.

De acuerdo con el vocero del sector salud en el país, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) avaló la aplicación de la vacuna a las personas que se encuentran en riesgo, por lo que esta semana recibirán el calendario del suministro de las dosis específicas.

Agregó que también están por recibir más cargamentos de la vacuna Pfizer para continuar con el esquema de vacunación entre la población más vulnerable, mientras que al final de este mes y principios de marzo podrían comenzar a producirse las primeras vacunas de AstraZeneca que destinarán a la población en riesgo.

Asimismo, enfatizó que también el gobierno federal continuará con el proceso de vacunación para la población en condición de riesgo, por lo que estiman que continuarán con este esquema permanente para el personal de salud del país como los médicos y enfermeras que atienden a los pacientes de Covid-19.

Además, enfatizó que deben continuar las medidas sanitarias preventivas correspondientes para evitar nuevos padecimientos de Covid-19, por lo que esperarán a que se determinen las condiciones para el inicio de este tipo de procedimientos.

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Europa

Vacuna AstraZeneca debe aplicarse a menores de 65 años, recomienda expertos de Alemania

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Por Ignacio García

El Comité de Vacunas de Alemania recomendó que se apliquen vacunas contra Covid-19 de la empresa AstraZeneca a menores de 65 años de edad, tras demostrar su eficacia en ese segmento de la población, mientras que en las personas mayores no se ha comprobado su eficiencia.

De acuerdo con el grupo de expertos, no existen datos contundentes que demuestren que efectividad en personas mayores de 65 años de edad, por lo que esperan que sea aplicado a grupos de menor edad.

El grupo interdisciplinario consideró que actualmente no existen datos disponibles para evaluar la eficacia de la vacuna a partir de los 65 años de edad, por lo que manifestó que se debe aplicar a personas de entre 18 y 64 años de edad hasta que exista más información al respecto.

Esa información fue replicada por el Ministerio de Salud de Alemania que envió esos dictámenes a la Agencia Europea de Medicamentos para que determine si la vacuna será aplicada en el continente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que no se deben retirar las restricciones sanitarias en la mayor parte del mundo, debido a que las nuevas variantes del coronavirus pueden provocar más infecciones entre el personal dañado por las condiciones actuales.

La vacuna AstraZeneca fue elaborada con el apoyo de la Universidad de Oxford, por lo que comenzará a ser producida en México para su aplicación en la población de América Latina durante el primer trimestre de este año.

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