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Con voz propia

Pandemia y libertad de expresión, una historia conocida

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Ponencia en la Semana del Periodismo en Hidalgo

Por Gilberto Meza

Quiero empezar este texto parodiando al poeta Xavier Villaurrutia diciendo “yo también hablo del Covid”. Que me perdone el gran poeta del movimiento de los Contemporáneos por tergiversar así su hermoso verso que literalmente dice: Yo también hablo de la rosa/pero mi rosa no es la rosa fría…

Luego de esta breve digresión, empezaré por lo obvio: la pandemia que vivimos ha afectado gravemente a las empresas de comunicación, sean periódicos, revistas, radio y televisión, así como a los que utilizan internet como plataforma. También que si bien esto ha afectado a este giro en todo el planeta, hay diferencias notables sobre las afectaciones en cada país. Y una tercera, que dicha afectación se relaciona directamente con los apoyos que han tenido en cada nación.

Empezaré por el tercer punto y trataré de evitar lo más que pueda los datos para no distraerlos demasiado del punto central. Desde el inicio del nuevo gobierno (es un decir), los recortes a la publicidad oficial a los medios ha sido draconiana, con la sola excepción de Televisa, TV Azteca y, entre los diarios, La Jornada, considerados hasta hace apenas tres años como parte de la llamada Mafia del Poder, a la que se incorporó ese diario sin demasiados remilgos, al menos no conocidos. Estos acaparan, de acuerdo con información de FUNDAR y Artículo 19, así como la del propio gobierno, el 28.6%, y si se suman otros siete de los más favorecidos el porcentaje llega hasta el 52% del presupuesto destinado a publicidad. El resto, es decir mil 71.8 millones de pesos, se destinan al resto, 447 medios. Esto se complica cuando sabemos que el gasto destinado se redujo a una quinta parte del ejercido durante el gobierno pasado. Esto significa 2 mil 248 millones, contra los 11 mil 398 millones que ejercicio Peña Nieto. Se puede discutir, es cierto, que un gasto como ése, el de Peña Nieto, pudo haber sido un exceso, pero es un tema de discusión que no forma parte de este texto. Resumiendo, los medios de comunicación reciben hoy, con excepción de los 10 favoritos, apenas el 48% de la quinta parte de lo que se les destinaba hasta el final del gobierno previo, más allá de discusiones sobre si había corrupción o no pues no existen denuncias ni, tampoco, juicios al respecto, como no los hay en ningún campo de las políticas públicas. Es decir, vamos 0 a 0 en lo que a combate a la corrupción se refiere.

Visto así, se pueden entender los despidos ocurridos en los últimos tres años, así como los problemas en cadena que han suscitado, lo que es evidente en el descuido de sus ediciones y en la caída de la calidad de sus contenidos. La pandemia, se entiende, sólo vino a complicar más las cosas, pues afectó además sus ventas. No hay estudios claros sobre este tema, pero hay testigos, principalmente los voceadores, que han debido cerrar puestos y quioscos debido no sólo a la pandemia, sino también a la severa crisis económica que vivimos y que todos conocemos de primera mano, así que no abundaré en ello, sobre todo ahora que la inflación ha venido a descomponer todavía más la crisis económica.

Guillermo Gasanini, y cito a El Economista en un artículo sobre el tema bajo la pluma de José Soto Galindo del 29 de noviembre de 2020. Gasino es director de circulación del despacho Arredondo e Hijos Distribuidora, quien le declaró al articulista: “No hay el poder adquisitivo suficiente para comprar periódicos y revistas. Por ejemplo, un ¡Hola! vale 60 pesos, y ¿tú qué prefieres: tener una revista quincenal o comprarte tres litros de leche? La gente así lo vive. Si nos remontamos a años atrás, la gente compraba uno, dos, tres periódicos y compraban dos, tres revistas. Ahora no”.

Hasta aquí la cita. Y por último, por lo que se refiere a este punto, es que la pandemia vacío las redacciones y provocó la muerte de muchos, demasiado, periodistas, sin contar con la amenaza y la inseguridad con que deben desempeñar su labor y que ha costado la vida a por lo menos 53 periodistas (de acuerdo al subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas) en lo que va de este sexenio, en una cuenta que no parece que terminará. Más las amenazas vertidas directamente por el propio López Obrador, que aumenta el riesgo de muerte de todos los periodistas a los que acusa de conservadores. Si el presidente culpa a los periodistas de todos los males del país, entonces deben desaparecer, es la conclusión, el resultado de sus peroratas. Se entiende como una orden, y se está cumpliendo.

Así se podría resumir la crisis de ingresos y ventas, pero también en términos de calidad, empleo, variedad de géneros, investigación e inversión en tecnología para poder ser más competitivos. Todos estos índices, a la baja.

Veamos ahora el segundo punto, es decir cómo ha afectado la pandemia a los medios en el mundo, lo cual nos puede servir como contrapunto con lo que pasa en nuestro país.

Cito a Ulises Castellanos, quien en su columna de este 13 de enero en La Silla Rota, señala: “El virus Sars-Cov-2 también le ha pegado significativamente a la viabilidad económica de los medios de comunicación tradicionales y nativos digitales, poniendo en riesgo absoluto su existencia”.

Ulises hace luego un recuento desgarrador. Entre marzo y junio de 2020, es decir en la primera etapa de la pandemia, las audiencias mostraban un mayor interés en el periodismo independiente, que buscaba información sobre la pandemia, pero el colapso de sus ingresos publicitarios, por la misma causa, provocó una explosión de fack news y los consecuentes ataques a la libertad de expresión promovidos desde el poder. Los ejemplos clásicos son los gobernantes populistas, como Trump, Bolsonaro, Putin, Erdogan, Johnson, Ortega y, como no, López Obrador, gobernantes que sienten que sólo ellos encarnan el pensamiento de los pueblos que gobiernan y, cómo no, la patria, la nación y el pueblo.

Me atrevería a decir que hoy no sólo los medios de comunicación están en riesgo: también la libertad de expresión, la primera condición para la democracia.

La pandemia, insiste Ulises, había impulsado la digitalización de los medios, pero para mediados de ese mismo año (2020) decenas de medios colapsaron. Y cita una investigación de la Universidad de Columbia y expertos europeos, con entrevistas a mil 400 periodistas de todo el planeta. El trabajo a distancia derivó en el abandono presencial de la información, como el reporteo en vivo o la consulta de documentos y fuentes. Muchos medios decidieron entonces migrar al universo digital, fenómenos que por cierto no ha concluido y que deja cientos de periodistas, editores y fotógrafos en el desempleo. Ello sin dejar de lado que otros tantos debieron cerrar ante la caída de sus ingresos. Y si a estos agregamos la derrota de las televisoras frente a las nuevas plataformas de streaming, como Netflix, Amazon, Disney, HBO, Paramount y otras que siguen surgiendo, la más reciente la anunciada por la fusión TelevisaUnivisión. El streaming les ha hecho perder audiencias, y relevancia. Sólo la radio parece estar sorteando con cierto éxito esta crisis.

El centro del problema que vienen arrastrando los medios desde hace ya más de una década es, sí, adivinaron, el modelo de negocios que mantienen los medios desde hace más de un siglo, y que le fue arrebatado por las grandes plataformas que hoy pretenden arrastrarnos al multiuniverso digital. Una historia que reseñé ya alguna vez y que ahora intento resumir para ustedes.

La pregunta que subsiste en el fondo de esto es ¿cómo es que Google, Facebook y el centenar de empresas como ellas se hacen de los recursos que les corresponderían a los diarios? En 2009, Andrew Neil, ex director de The Sunday Times de Londres, aguerrido defensor del acceso gratuito en sus orígenes, y quien refleja el gran desengaño que sufren hoy los grandes diarios, y los periodistas, señaló: “La tecnología era nueva y no la entendíamos. Nos dijeron que si conseguíamos muchos lectores el dinero vendría después. Pues los conseguimos y el dinero no llegó”. Y eso fue el principio del fin.

Algunos datos como los siguientes ilustran las consecuencias de este fenómeno. En julio de 2017, el día 10 para ser exactos, News Media Alliance, asociación integrada por unos dos mil grupos de medios, entre los que se cuentan los influyentes The New York Times y The Wall Street Journal, acusó en un comunicado que frente a Google y Facebook se ven forzados “a entregar sus contenidos y jugar bajo sus normas sobre cómo presentar, priorizar y monetizar las noticias y la información”, toda vez que dichas plataformas “distorsionan el valor económico que se obtiene haciendo buen periodismo”, y puntualizó que sólo estas dos empresas se llevaron más del 70% de los 73 mil millones de dólares que se gastan actualmente en publicidad en la Web.

“Pero estos dos gigantes digitales no emplean reporteros. No hurgan en los archivos públicos para descubrir corrupción, ni envían corresponsales a zonas de guerra ni cubren el juego de anoche. Ellos esperan que la económicamente exprimida industria de noticias haga por ellos ese costoso trabajo”, escribió en el WSJ el director ejecutivo de la News Media Alliance, David Chavern.

En Estados Unidos, donde es posible seguir desde sus inicios este fenómeno, entre 2001 y 2016 se perdieron 328 mil empleos: de 9,310 empresas de medios que existían en ese primer año, sólo sobrevivieron 7,623 al concluir el segundo, es decir 18% menos. Los empleos en el sector cayeron 57.8%, y esta situación se repite con sus particularidades en prácticamente todo el mundo Occidental, excepto en los llamados países emergentes, donde el periodismo cobra fuerza, quizás por el hecho de que estas naciones llegaron tarde al proceso de mundialización y sus efectos todavía no se dejan ver en toda su crudeza.

En México, por ejemplo, de acuerdo con una investigación del periodista Roberto Fuentes Vivar (en su columna Diario Ejecutivo), de 2008 a diciembre de 2017 (no hay cifras previas en el sector), el número de periodistas, diarios y revistas se habría reducido apena 15.1% y 18.2%, números que sorprenderían si no fuera porque ahora cada periodista empleado realiza el trabajo de cuatro, en una sobreexplotación tolerada por todos ante la creciente falta de opciones. Todo ello en un país, México, con 875 diarios reportados en 2014, 328 revistas, 53 empresas televisivas y 857 radiofónicas, pero donde el tiraje sumado de todos sus periódicos no alcanza el millón, y bajando, como escribió Jenaro Villamil en Proceso en 2017.

La respuesta, entonces, tendría que llegar desde ese centro, es decir cómo modificar, o cambiar, le modelo de negocios vigente, que les ha sido escamoteado por las empresas tecnológicas, y que no parece que se los quieran devolver.

Me gustaría poder ofrecer una, o unas respuestas a tan peliagudo asunto, pero mis capacidades personales no dan para tanto. Hay que decir que las mentes más brillantes de esta industria, si le podemos llamar así, están empeñadas desde hace ya muchos años en ello sin que hasta el momento hayan podido ofrecer una solución, mientras vemos fracasar todos los días el trabajo de los periodistas, más indispensable que nunca, no sólo en las crisis sociales sino también en medio de la pandemia. Todos los datos apuntan a que los lectores siguen buscando un periodismo independiente que les ofrezca respuestas puntuales a sus dudas. Los ciudadanos dudan cada vez más de las respuestas oficiales, por eso buscan en la web otras más apegadas a la realidad. Y es quizás aquí donde se abre una oportunidad. La Universidad de Guadalajara, en un estudio citado por el mismo Ulises Castellanos, advierte que los cambios ocurridos en los últimos años, como la dinámica de coberturas, formatos innovadores de trabajo remoto y colaborativo, así como las nuevas herramientas del mundo digital pueden abrir el camino hacia un nuevo modelo de negocios, que de este modo podrán librar con éxito no sólo la pandemia sino también las diversas crisis que enfrentan.

No obstante, me gustaría hacer un apunte. Lo que no pudieron ver entonces los directivos de los medios a los que hice referencia, al inicio de la ola de las empresas tecnológicas, es algo que también todos hemos acabado por comprender: que el Internet, o la Web, como quieran llamarlo, es más que las empresas tecnológicas, y que hoy ofrece oportunidades incalculables, con cientos de millones de internautas que emigraron a la Web y que demandan un periodismo independiente, crítico y veraz. Existen ya los intentos de hollar este camino. Un síntoma es el nacimientos de miles de páginas o portales que buscan atraer a este ingente número de posibles lectores, y el camino hasta el momento ha sido YouTube (sí, parte de las empresas tecnológicas pero que ahora recorre el camino inverso, es decir asociarse con los creadores de contenido atractivo, bien ejecutado y original que pueda monetizarse y pagarle a sus creadores por ello), pero es seguro que otras se unirán pronto pues el modelo es si no justo por lo menos más redistributivo.

Éste es el modelo que se está imponiendo en las sociedades más desarrolladas y que ha logrado capitalizar la decepción de millones de internautas (que no leen periódicos ni revistas y que tampoco ven televisión) decepcionados de los medios impresos, de la radio o de la televisión, pero que están informados y dispuestos a pagar por la calidad, y que se decantan también por nuevas plataformas como el podcast, el video o el documental, predispuestos a reportajes escritos, bien documentados y atractivos. De hecho, como intenté bosquejar más arriba, es desde allí desde donde se origina el nuevo reportaje independiente que tanto molesta al poder, y contra el que no puede combatir, ni censurar, ni siquiera amenazar con cortarles la publicidad. Y que en un instante son capaces de colocar tales contenidos en todo el planeta, lo que los empodera. Me hago cargo de que no es una tarea fácil ni inmediata, pero es un camino al futuro y a buscar romper el cerco que se nos ha impuesto. Al menos como yo lo veo, ese es uno de los posibles futuros de los medios impresos. No debemos olvidar que la generación de lectores de periódicos y revistas va de salida, y en menos de 20 años, o menos, esos lectores habremos muerto, y no necesariamente por la pandemia. Los que quedarán son los jóvenes, que ya no son lectores de impresos y que, por cierto, se han mudado ya de ese hogar que a nosotros nos resultaba tan confortable. Lo que estamos viviendo, hay que enfatizarlo, es un cambio de paradigma, que muchos de entre nosotros han entendido también y que se afanan en encontrar su lugar en ese enorme universo de la Web, bajo ensayo y error, que es la forma clásica en que se arriba a alguna verdad.

Los grandes perdedores, si me preguntan, serán otra vez los medios tradicionales. Es sencillo apreciarlo en nuestro país, donde el reportaje abandonó los diarios en papel para ubicarse en la Web, desde donde transmite mensajes poderosos. Los medios se quedaron con la nota informativa, que inunda la Web. Ya no es necesario comprar el diario de mañana para saber qué pasó. Lo sabemos desde hoy, casi en el momento en que ocurrió, y con fotos, videos y comentarios directos desde el lugar de los hechos. El resto de los géneros, con la sola excepción de los artículos de análisis, han desaparecido, porque apostaron, en mi opinión equívocamente, a recortar gastos para sortear la crisis, y se equivocaron al pensar que donde había que cortar era en reporteros, editores, fotógrafos, correctores, diseñadores, y contenidos. En una palabra, en calidad, en lo que hacía atractiva la lectura, donde era posible leer no sólo un reportaje sino también una crónica, una reseña o cualquier otro género de entre los que lograban atrapar al lector al ofrecerle posibilidades de entendimiento de una sociedad cambiante, crítica y analítica; hoy inclusos eso han perdido, y lo que nos ofrecen son notas informativas que ya conocemos, editadas en papel corriente y llenas de faltas de ortografía y descuidos imperdonables en cada página. La apuesta era por mayor calidad, con la publicación de materiales atractivos, que son los que importan no sólo en la Web sino en las ediciones en papel.

Es cierto que emprender esa ruta no se mira fácil, pero si algo es cierto es que por primera vez en su historia existe una clara amenaza contra la subsistencia de nuestro oficio, y que la ruta de la recuperación pasa por una mayor calidad de sus formatos, y por la creación de otro nuevos que puedan responder a la exigente demanda de una nueva generación de lectores, televidentes y radioescuchas. Habrá que empezar a escucharlos, a definir sus demandas y a esmerarnos en la calidad de nuestros contenidos, y a invertir.

Se equivocan quienes creen que si disminuyen su plantilla de editores, correctores o fotógrafos se librarán de la crisis. Los hechos han demostrado que es todo lo contrario, que sólo la calidad, variedad de géneros y calidad en su presentación nos sacará de la crisis, y que hay que empezar a pensar también en la socialización de los medios, aunque de esta manera se pueda perder su control vertical, como ha sido hasta ahora. Esa era ha pasado, es historia. Lo que sigue son medios incrustados en el capital social, la diversidad y la calidad. Quizás entonces podamos responder a la demanda de Andrew Neil en 2009 y recuperar un oficio en peligro. A mí, por lo menos, me queda claro que de poco vale la posesión de un cien por ciento de las acciones de una empresa de medios si su valor es cero. Sucede lo mismo que con el modelo de negocios al que nos hemos aferrado, porque no se pueden obtener resultados positivos con modelos que han mostrado ya su agotamiento y obsolescencia. De nosotros depende que acabemos como la última generación de periodistas o como una que intentó recuperarla con arrojo e imaginación. La historia está llena de esos casos.

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Acapulco: morir en tierra de nadie

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El más triste recuerdo de Acapulco dejó marcados a muchos acapulqueños que optaron por migrar a otros lugares del país para ponerse a salvo, y es que en Acapulco pasa de todo, balaceras, extorsiones, militarización y muertos a pleno luz del día

Por Kau Sirenio

Twitter: @kausirenio

Muy lejos quedaron esas cumbias acapulqueñas que daban vida a la ansiada Bahía de Santa Lucía, de esa playa que combina con la buena música, pero perdió el glamour cuando llegaron los militares a la costera para replegar a hombres civiles armados que disputan el trasiego de la droga en el puerto. Ahora, todo ha cambiado, en lugar del Amor Eterno que Juan Gabriel le cantaba al más triste recuerdo de Acapulco, se escuchan el chiflido de las balas, las ráfagas eternas, los gritos a los lejos, y las palabras altisonante que militares repiten cada vez que dan órdenes.

En los años 80, el grupo regional La Luz verde de Acapulco le cantaba a las playas de lo que años atrás era el paraíso para los extranjeros, la rola que ellos inmortalizaron en los cabarets sonaba así: “Vamos a Acapulco a gozar la vida/ Vamos a Acapulco a gozar la vida/ me voy a la playa con mi consentida/ allá en Caletilla tengo una güerita…” mientras que los paisanos que venían de otra regiones se contoneaban bailando en los brazos de una morena.

Así transcurrían las noches en las cantinas y centros nocturnos en los años 70 y 80, de cuando los campesinos llegaban a Acapulco a emplearse en la construcción de hoteles, después de la jornada se iban a beber con los suyos en la zona de tolerancia “zona Rosa” mientras que los turistas nacionales e internacionales se hospedaban en los hoteles de lujo que los macuarros construyeron por unos míseros pesos.

Esa tranquilidad le daba confianza a los vacacionistas que llegaban a la playa cada periodo vacacional a disfrutar el sol y la arena. Hasta finales de los 90, el consorcio televisivo (Televisa) llevaba artistas a la tocada en playa Tamarindo y centro de convenciones a presentar sus nuevas rolas en el llamado “Festival Acapulco”, pero pronto dejó de existir.

En esos escenarios se le cantaba a Acapulco: “Obscura soledad estoy viviendo yo/ la misma soledad de tu sepulcro mamá/ y es que tú eres, es que tú eres/ el amor de cual yo tengo/ el más triste recuerdo de Acapulco…”.

El más triste recuerdo de Acapulco dejó marcado a muchos acapulqueños que optaron por migrar a otros estados del país para ponerse a salvo, y es que en Acapulco pasa de todo, balaceras, extorsiones, militarización y muertos a pleno luz del día.

Desde que policías municipales le marcaron el alto a la camioneta Liberty, donde viajaban los hombres armados el 27 de enero de 2006, cerca la colonia La Garita, desde ese día el paraíso tuvo cambio kafkiano, se convirtió en un verdadero infierno.

Meses después de esa balacera aparecieron las cabezas de un comandante y un oficial de la Policía Preventiva Municipal (PPM) de Acapulco, que fueron levantados. Las cabezas estaban  clavadas en una reja metálica de la coordinación administrativa Costa Chica y Costa Grande de la Secretaría de Finanzas del gobierno de Guerrero, con el mensaje «Para que aprendan a respetar».

Las balaceras siguieron días, meses, años después y fue creciendo en espiral hasta perder la noción del tiempo por tantos muertos que han caído, diario la prensa local da a conocer números de muertos. No ha habido un día en que no amanezca con uno o diez muertos.

No paró ahí, las balaceras se hicieron costumbres, el pánico pasó a la normalidad para los acapulqueños, los muertos se convirtieron en la imagen de la pobreza, cuando las fuerzas militares replegaron la violencia de la costera hacia la periferia.

Los balazos primero fueron en la costera, sobre todo en los barrios históricos hasta 2008, pero después de que Manuel Añorve Baño ganó la presidencia municipal de Acapulco, en un operativo conjunto con la policía federal, replegaron las balaceras a las colonias populares.

Así fue, Acapulco era el puerto que todos deseaban conocer. Desde la  Montaña y la Sierra bajaban hombres y mujeres a emplearse en restaurantes y servicios de transportes o comercios. Pero la tragedia que empezó en 2006 arrasó con todo. Del 27 de enero de 2006 a la fecha, Acapulco y Guerrero lo han gobernado: El tricolor, el amarillo y ahora el guinda, aún así nadie ha encontrado la formula para regresar la paz a los acapulqueños.

De asesinatos en la Costera Miguel Alemán, a las calles de las colonias populares de la periferia  vino una metamorfosis, pero no para bien, sino más doloroso aún. Jóvenes en su mayoría, hombres y mujeres han desaparecido. De ahí, las familias se organizaron para crear colectivos  de búsquedas de hijos e hijas, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, tíos y tías, esposos y esposas, abuelos y abuelas, y vecinos o vecinas que aún no regresan del mandando al que fueron.

Los desaparecidos no tendrán tumbas ni flores, porque Guerrero es tierra de nadie, aquí los desaparecidos se convirtieron en estadísticas. Aunque a veces los cláxones rompen los tímpanos de los pasajeros; sin embargo, ahí adentro de esa lata rodante convertido en disco móvil, alguien pregunta “Si le viste, dile que lo o la estoy buscando”.

La militarización de la Costera trajo otro conflicto. En decenas de ocasiones, comerciantes semifijos y transportistas paralizan el puerto, con sus carteles garabateados: “Saquen a los militares de las calles”, en otro retazo de papel se lee “Los militares violan los derechos humanos”.

Con la detención de siete integrantes de la Unión de  Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), en Marquelia, Costa Chica de Guerrero, Acapulco quedó sin arterias, de nuevo comerciantes y transportistas cerraron las principales avenidas del puerto, para que elementos del Ejército mexicano y Guardia Nacional liberaran a los detenidos.

Así las cosas en Guerrero. La migración aumenta, mientras que la política pública no despega,  las consecuencias son enormes: los bloqueos en las carreteras de Guerrero y vialidades de Acapulco se hicieron costumbre. Esto convierte a Guerrero en tierra de nadie.

***

Fuente: piedepagina.mx

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Con voz propia

Más de 500 niños indígenas asesinados por el Gobierno de Estados Unidos entre 1819 y 1969

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 Por Alberto Farfán

En el país que se autoproclama defensor de la libertad y de los derechos humanos en todo el mundo, además de guardián de la democracia, la paz y la igualdad en todos los rincones de la Tierra, surge la noticia de que en su propio territorio cientos de niños, desde los cuatro años a la adolescencia, fueron asesinados por su origen étnico, con el objetivo de asimilarlos a la forma de vida norteamericana.

Todo indica que a raíz de que se descubrieran centenares de tumbas de niños y adolescentes asesinados en internados para indígenas en Canadá, de lo cual dimos constancia en este medio (Los Ángeles Press, 26/07/21), el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.)  inició una investigación para tratar de esclarecer qué habría ocurrido en este sentido en su país.

La indagatoria a cargo del Departamento del Interior, cuya titular es de origen indígena, Deb Haaland, ha revelado datos realmente estremecedores. De hecho, para la funcionaria ─quien es la que encabeza el informe─ las cifras podrían ascender a miles o decenas de miles de indígenas muertos. Sobre todo si se considera que sólo se han identificado 53 fosas con cadáveres de los 19 internados federales escrutados, de los 408 ubicados en 37 estados de la Unión Americana, entre 1819 y 1969. Y si se toma en cuenta que existen 98 millones de páginas de registro acerca de los abusos en esas mal llamadas instituciones, además de que ─como lo asevera Deb Haaland para evitar equívocos─ fue el Gobierno de EE. UU. el que administró directamente algunos de esos internados bajo la protección de leyes y políticas nacionales para “civilizar” a los niños y adolescentes nativoamericanos.

Con base a un procedimiento militarizado radical y a la imposición en extremo violenta de una visión ajena a su identidad, las víctimas padecían la separación obligada de sus familias, internamiento y trabajo forzados, castigos corporales de toda índole, como el aislamiento, la flagelación, la privación de alimentos, azotes, bofetadas, nula atención médica y aunado a ello les impedían hablar su propio idioma.

Apunta Haaland en conferencia de prensa: “Las consecuencias de las políticas federales de internado indígena, incluyendo el trauma intergeneracional causado por la separación de la familia y la erradicación cultural infligida a generaciones de niños desde tan sólo cuatro años, son desgarradoras e innegables».

Y subraya a manera de conclusión: «Procedo de antepasados que sobrevivieron los horrores de las políticas de asimilación llevadas a cabo por el mismo departamento que ahora dirijo… Cada uno de esos niños es un familiar desaparecido, una persona que no pudo cumplir su propósito en esta Tierra porque perdió la vida como parte de este terrible sistema».

Crimen de lesa humanidad en las entrañas de EE. UU. que debe ser investigado a fondo para poner en evidencia a los responsables y sobre todo para dar a conocer los nombres de todas aquellas que fueron las víctimas de tan terrible política de Estado, para que nunca más se repita o quede impune.

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La crisis nos une

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

En el sector turístico hay la emoción de pensar que los nubarrones de poca productividad, aumento de inseguridad, disminución de beneficios –trabajo, vivienda, liquidez, salud, vida- a los cuales nos habíamos acostumbrado, serán remontados debido a que se inicia “la temporada alta”. Debido a la desaparición de procesos de evaluación poco se dice del abandono escolar, del bajísimo rendimiento en el campo -por los escases de agua, el alto costo de los fertilizantes, la migración de los agricultores jóvenes- el temor colectivo como resultado de muertes derivadas de una salud sin atención adecuada y la desbordada maldad de los criminales; este periodo de vacaciones no parece ser el espacio que todos necesitamos para alcanzar la felicidad. Los peligros de una juventud que tiene derecho a divertirse ¿son culpa de los padres, los maestros, o la propaganda desbordada? ¿Se logrará que los jóvenes regresen sanos y salvos a sus hogares después de una fiesta?

Aun sin la infraestructura para realizar estudios que permitan establecer metas con sustento, el pueblo sabio -no el safio- se da cuenta que aumentan los riesgos para adultos jóvenes que acuden a una “cita de trabajo” Las instituciones educativas públicas están quedando sin espacio para aumentar la preparación de quienes serían los promotores de un México más competitivo ¿De verdad la juventud ha perdido el ánimo de vencer obstáculos pues se le ha convencido que solo con dinero para asistir a una universidad costosa podrá triunfar? ¿Quién promueve la participación esencial en politiquería de los estudiantes de Facultades públicas? ¿Por qué se ve a estos alumnos únicamente como consumidores de becas, limosneros del “bienestar” en suma fracasados en camino al suicidio?

A los pequeños en sus clase de catecismo, la escuela dominical o la escuelita bíblica de vacaciones, se les motivaba a ser como ese hombre chaparrito, dedicado a trabajar con los gobernantes de la época quien se trepó en un árbol para aprovechar la única ocasión que vislumbró Zaqueo de ver pasar a Jesús de Nazaret, rumbo a Jerusalén ¿tienen hoy alguna motivación para trascender las personas que se ufanan de no creer en Dios, pero vencen su voluntad ante el dictado irracional de un líder que usa las estructuras religiosas para manipular y causar daños a los feligreses? ¿Quiénes han abundado más al crecimiento de los ateos, los pederastas de las iglesias católicas o los defraudadores y abusadores de las pseudo evangélicas[1][1]? ¿En qué parte ocultan la sabiduría expresada en la biblia que, en nuestro país, dio como resultado la educación laica o los límites de participación en política a los dirigentes religiosos? El Dalái Lama –cuya divinidad parece ir en declive- ¿recibe algún beneficio de los miles de negocio de moda que enseñan la práctica del yoga y la meditación como único camino para la reencarnación? ¿De verdad este octogenario religioso budista se ha desempeñado como agente de la CIA contra China?

Los misioneros que llegaron a México con la aprobación de Lázaro Cárdenas, para enseñar el nuevo testamento en las lenguas originales de 62 grupos autóctonas de este maravilloso país, dejaron como beneficio no solo el interés por tales grupos sino la traducción del himno nacional y la constitución de entonces ¿De verdad había espías extranjeros, entre los misioneros del inglés que se convirtió en amigo de la familia entonces presidencial? ¿Por qué Echeverría empezó a caminar por la senda de desconocer los convenios firmados a 100 años antes de que el plazo se cumpliera? ¿Cómo es que aquel “maestro de políticos” -algunos de ellos muy jóvenes- siendo abogado privilegió una justicia casi arrabalera sobre el cumplimiento de la ley? ¿Cuántos alumnos de entonces siguen medrando en los círculos de poder explotando a la población rural? La suma de todas estas no respuestas es lo que en realidad nos mantiene en la actual crisis.

Así como aquel personaje bíblico mencionado en el evangelio de Lucas se esforzó y buscó la manera de vencer obstáculos, la humanidad de hoy debiera encontrar la forma para no caer en la manipulación que confronta a miembros de distintos partidos o diversas religiones. Debiéramos, por ejemplo, aplicar el ecumenismo para alzar unidos la voz ante el reciente homicidio de dos sacerdotes jesuitas en el estado de Chihuahua ¿Alguien se preocupa por la lamentable definición con que nos califica el jefe del estado vaticano?

Desde siempre los indígenas del norponiente del país han sido explotados. Porfirio Díaz los persiguió y asesinó; los presidentes del priísmo tenían en sus actos de campaña y gobierno el recibirlos, reconocer su autonomía; pero a la hora de la verdad, así como hoy se hace, simplemente les mienten y ellos usan el único camino que ese les ha enseñado para ser escuchados; la protesta, la marcha, el cierre de carreteras y hasta la amenaza o el chisme mediático que no va más allá de la manipulación en todo su apogeo. ¿Quiénes sabían de la humilde pero efectiva labor misionera de los jesuitas asesinados y la impunidad de un conocido delincuente?

Conciliar de manera universal, procurando beneficios generales que trasciendan al plano internacional, es el único camino para iniciar la salida de la crisis que nos abruma. Seamos ecuménicos en todos los planos, en todos los territorios, en todo México.

+++++

[1][1] Los de la llamada Luz del mundo, cuyo líder se encuentra encarcelado en los Estados Unidos o los miembros de La casa sobre la roca, AC –de origen colombiano- que consideran la participación política como único camino de ir por el mundo a predicar el evangelio aun cuando con sabiduría el salvador cristiano señaló la importancia de dar a César lo del César y a Dios lo que es de Dios.

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