#NoEstásSolaPriscila y la revictimización repugnante

Por Edgar López Octavio
Fotografía: Misael Valtierra/Cuartoscuro

Si no están prevenidos ante los medios de comunicación, les harán amar al opresor y odiar al oprimido.
Malcolm X, activista estadounidense

#NoEstásSolaPriscila

Entre las páginas y los titulares del día a día, el protagonismo suelen ocuparlo los mismos poderosos de siempre. Políticos, magnates, celebridades; personajes todos con el suficiente poder económico y popularidad, como para pagar desplegados, solicitar entrevistas a modo o hasta repartir “chayote” a diestra y siniestra. En cambio, las historias de las personas de a pie se pierden inexorablemente en las lagunas grises de la cotidianidad que nos ahoga, en el vaivén informativo que nos aturde y nos arrastra entre las olas de la efimeridad. En caso de ser víctima de linchamiento mediático, la persona no puede defenderse, a menos que el medio tenga la suficiente ética para darle derecho de réplica; cosa que no suele ser frecuente.

En el periodismo hay infamias tan grandes, que no existen palabras para nombrarlas. Y resulta aún más triste y doloroso, cuando esas bajezas se dan contra una joven estudiante de Periodismo. Una mujer cuyos sueños de ejercer un periodismo ético y noble se han visto interrumpidos por una nube negra, que amenazó con envolverla y destruir sus proyectos.

La historia que voy a contarle es la de una chica que cree en el valor de la denuncia pública, pero se está enfrentando a un entorno que minimiza, desprecia y hasta ridiculiza el dolor de las víctimas. Así también funciona la doble moral de algunos medios: Mientras victimizan y dan todos los reflectores a figuras sumamente cuestionables (#ElFalsoCasoWallace es el ejemplo más claro de ello), por otro lado invisibilizan o atacan a las verdaderas víctimas de nuestro país. Es el caso de Priscila Alvarado.

El pasado domingo 24 de marzo, en medio del maremoto de denuncias por acoso sexual plasmadas a través del hashtag y movimiento feminista #MeTooPeriodistasMexicanos, sonaron nombres muy conocidos como el de Pascal Beltrán del Río (director editorial del periódico Excélsior​), Amador Narcia (de Noticieros Televisa), Carlos Marín (ex director editorial del diario Milenio​y aún colaborador), Pablo Hiriart (director general de ​El Financiero) e incluso una mujer, Fernanda Tapia (conductora en MVS Televisión).

Y entre los oleajes de denuncias en su mayoría anónimas, surgió la de una estudiante universitaria que decidió contar su historia identificándose públicamente, con todos los riesgos que ello conlleva.

Armándose de valor ante la avalancha de denuncias e historias desgarradoras que leyó del movimiento #MeToo, Priscila Alvarado saltó al vacío del escrutinio público de las redes sociales acompañada solo de la verdad que la había estado estrujando desde hacía tres años. En silencio, guardando las lágrimas para ella. Tan solo una de sus amigas conocía parte de lo sucedido. Algunos de los amigos y maestros con los que convive diariamente, ignoraban completamente la rabia, el miedo y la tristeza que la quemaban por dentro cada vez que se encontraba con su victimario, cosa que era bastante frecuente dado el pequeño edificio que alberga su escuela, la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, el mítico semillero de periodistas mexicanos ubicado en la zona centro de la Ciudad de México.

Priscila Alvarado llorando, durante la conferencia del 5 de abril. Foto: Misael Valtierra/Cuartoscuro

Sin imaginar la magnitud de la explosión que causaría la bomba que soltaría, tres tuits de ese 24 de marzo bastaron para cimbrar los cimientos de las autoridades de la Escuela de Periodismo. Priscila Alvarado, 24 años, estudiante de periodismo en sexto semestre, denunció que el director académico de la escuela (y maestro en algunas materias), Enrique Mandujano Sandoval, la había acosado hace tres años. Entonces Priscila era una estudiante de 21 años de primer semestre, temerosa del poder y la autoridad que él ejercía en la escuela, vulnerable no solo por su género, edad y posición, sino también porque en aquella época la joven periodista se enfrentaba al dolor de la muerte de un amigo y el cáncer de su madre.

El hostigamiento se desarrolló tanto de forma presencial como vía Facebook y Whatsapp, con mensajes e insinuaciones varias, hasta que llegó al nivel físico, cuando la tocó y besó por la fuerza, dentro de su oficina. El asco que la invadió fue tal que sintió ganas de vomitar. “Pasé al baño y me lavé con jabón aromático. Mucha agua… recuerdo que me eché mucha agua en el rostro. Quería limpiarme hasta el último poro. Quería que la parte superior de mis labios dejara de estar roja por el roce de su bigote. Quería arrancarme la lengua”, narra Priscila en una carta que escribió y leyó la mañana de este viernes 5 de abril durante una conferencia de prensa a pie de calle, que ella y un grupo de compañeros ofrecieron fuera de las instalaciones de su Alma Mater.

Salvo por lo que contó a una amiga, Priscila hizo su primera denuncia pública hasta hace dos años, durante una de las sesiones de un optativo taller de género impartido por el director general y también docente del plantel, Víctor Hugo Villalva Jiménez. Sin embargo su denuncia fue minimizada por algunos de los compañeros que la presenciaron, mientras quienes la apoyaron desde ese momento, se toparon con la negligencia y la incomprensión de las autoridades escolares, y la indiferencia o el desconocimiento absoluto del resto de plantel. Otros alumnos y docentes, aunque apoyan la causa, hasta la fecha no se atreven a expresar públicamente su apoyo por miedo a represalias académicas o laborales, de acuerdo con testimonios que piden resguardar su identidad.

Priscila se decepcionó de la manera en que la dirección intentó canalizar su denuncia: Le ofrecieron un protocolo, que consistía en carearse con el acusado. Y si bien el personal de la escuela empezó a ofrecer y recibir talleres con perspectiva de género, no hubo más allá.

Tras su segunda denuncia, esta vez a la vista de cualquier internauta de las redes, el calvario reinició. El primer “infierno”, declara Alvarado en una entrevista para María Fernanda Ruíz, en el medio Pie de Página, fue el acoso mismo; el segundo, la denuncia pública y el tercero, el actual, que ha sido el escarnio público.

Si bien es cierto, la escuela ya separó de su cargo como director académico al presunto victimario, aún no queda del todo claro para el alumnado si el profesor ya fue o será separado definitivamente también como docente. Ni tampoco si Mandujano Sandoval pertenece o no a la Asociación Cultural Carlos Septién; sociedad que dirige y administra el Centro de estudios.

Por ello, en un pliego petitorio elaborado por estudiantes de diferentes grupos, la comunidad estudiantil solicita en diez puntos que se hagan públicas las investigaciones de denuncias por acoso sexual existentes; que se den a conocer los nombres de los miembros de la Asociación Cultural Carlos Septién; que el protocolo de atención a acoso sexual se someta a consulta de la comunidad escolar; que implementen atención psicológica con perspectiva de género; que se suspenda o despidan a profesores que violenten a alumnos, y que se cree la figura de un tutor electo por los estudiantes para que les acompañe en situaciones de vulnerabilidad.

La revictimización no se ha hecho esperar. En la web, si bien han sido numerosas las muestras de apoyo a la estudiante, también han empezado a circular ataques de posibles cuentas bots o trolls.

Uno de estos anónimos ​bulliesdigitales, el más constante quizás, es la cuenta de Twitter nombrada “Heridos.com” que opera como @metooarmoshow; cuenta de un usuario sin identificación real que, a juzgar por su timeline, se dedica a denostar a todas las denunciantes del movimiento #MeToo, y a todos aquellos que las apoyen. En los últimos días esta cuenta ha enfocado sus ataques en Priscila, con tuits como:

 “Patética, curándote en salud. A temblar. Todos en la escuela saben que te ofreces a cambio de favores, algunos hasta te dicen La Maga Septién”

 “Resulta que no son tan inocentes, como esta pobre damita, indefensa y revoltosa y desequilibrada” 

 “Hacen feminismo para llamar la atención. Cogen y luego se quejan #MeTOO”

 

La escala de la revictimización en los medios  

Enrique Mandujano cuestionado por Patricia Alvarado, madre de la denunciante. Foto: Víctor Camacho/La Jornada

Ejemplo de ello es la atropellada conferencia de prensa, también a pie de calle, que el profesor Mandujano ofreció fuera de las instalaciones de la escuela el domingo 7 de abril. Alvarado decidió acudir a desmentirlo, con un grupo de compañeros, amigos y familiares.

En el comunicado de prensa que Mandujano leyó durante el evento, aceptó el intercambio de mensajes entre ambos (que él presumió “consensuado”), aunque rechazó las acusaciones de “presuntos actos de abuso, acoso, hostigamiento y violencia sexual, así como de abuso de poder”. Ante los acompañantes de la periodista que lo increpaban sobre si la había besado, el exdirectivo reconoció el beso pero dijo que fue “en la mejilla” y advirtió que demandará a la joven, aunque hasta el momento no haya registro sobre ello. Asimismo, Mandujano Sandoval alegó que Alvarado le confesó que había recibido “tratamiento psiquiátrico” entonces, tratando con ello de descartar la acusación de la joven.

Enrique Mandujano, durante la conferencia del domingo 7 de abril. Foto: Especial

Tres de los reporteros interrogaron con dureza a la joven, con preguntas y juicios de valor que soltaron a gritos y de forma ininterrumpida, como: “¿Tienes pruebas? ¿Eres alcohólica? ¿Padeces bipolaridad, esquizofrenia o paranoia? ¿Por qué montarte en conferencia citada por otra persona? ¿Por qué no denunciaste en su momento (2016) y ahora te montas en un movimiento como MeToo? No veo que le hayas puesto un alto”. Incluso, algunos reporteros intervenían ante las protestas de los acompañantes de Priscila:

– ¿Cuántos años tenía usted?- le gritó una acompañante de la joven al exdocente.

–  ¡Pero ella ya no era una niña!- inquirió uno de los tres reporteros, transgrediendo su papel como comunicador.

–  ¿Cuántos años tiene Mandujano?- volvió a plantear la misma joven.

–  ¿Y eso qué importa?- se quejó molesto, el mismo reportero.

Cuando los acompañantes de Priscila les señalaron a dichos reporteros (del “periódico digital México Nueva Era”) que estaban relacionados con la empresa consultora de imagen pública que contrató Mandujano para el control de daños, ​Codics Consultores, el mismo reportero lanzó con insistencia y agresividad a la misma mujer: “¿Te consta? A ver, presenta pruebas… Es lo que queremos, como medios queremos pruebas. ¿Tienes pruebas? ¿Tienes pruebas?”

Sin embargo, en una búsqueda rápida de la que también se hizo eco en las redes, se puede notar que tanto ​Periodismo México Nueva Eracomo ​Codics Consultoresestán ubicados dentro del mismo edificio en Tehuantepec 102 colonia Roma Sur, aunque en diferentes pisos. Si bien esto no sería un elemento determinante, sí es un factor a considerar.

Y he aquí lo que más indigna de este caso (como si no fuera terrible por sí mismo): La revictimización y el linchamiento mediático del que ha sido objeto la presunta víctima. ¿Cuál debería ser el papel de los medios en una situación como ésta? ¿No debería prevalecer la empatía con la presunta víctima, o al menos la neutralidad? ¿No debería evitarse la estigmatización y la revictimización, aún más cuando se trata de un tema de género? ¿No debería cuidarse especialmente la redacción de las notas, la edición de los vídeos?

Llama la atención que algunos medios reportaron que Mandujano mostró los mensajes de ambos como muestra del acto consensuado. Pero en el comunicado que el ex académico leyó y ofreció a la opinión pública, con el logotipo de la consultoría ​Codics, solo se ven los mensajes de Priscila Alvarado.

Otra actitud condenable que se ha mostrado, es el intentar convertir el problema en una mera rivalidad laboral entre el director general Víctor Villalva y el exdirector académico, Enrique Mandujano. A esta teoría se prestaron los medios ​Latitud Megalópolis, Página Ciudadanay el columnista de ​Sin Embargo a través de sus redes sociales, Martín Moreno. Escribe ​Latitud Megalópolisen un texto titulado ​Pugna en Carlos Septien”:

“(…) algunos alumnos consideran que las acusaciones de acoso que han filtrado a través de algunas redes de manera anónima en contra de un trabajador llevan jiribilla, y están promovidas por Víctor Villalva, pues comentan que, Enrique Mandujano, es el que reúne el perfil para ser director ”

Más allá de que el anonimato de dichos alumnos puede ser o no justificable en ciertos trabajos periodísticos por preservar la seguridad de la fuente, habría que preguntarse porque razón la nota asegura que las acusaciones de acoso se “filtraron” de “manera anónima” en la red, cuando Priscila Alvarado denunció públicamente a través de sus redes sociales.

¿Es desconocimiento del reportero, o lleva intención de restar legitimidad a la denuncia, a ojos del lector? ¿Por qué se menciona que las acusaciones son “en contra de un trabajador”, y no se dice que fueron contra Enrique Mandujano? Nuevamente nos preguntamos, ¿desconocimiento del reportero, error de redacción o intento de desacreditar la denuncia? Si es desconocimiento del reportero, ello indicaría incapacidad o negligencia para buscar y contrastar información en el nivel más básico (aptitud necesaria para cualquier periodista, por más principiante o improvisado que pudiera ser), ya que el reportero no hubiera tenido más que entrar a redes sociales o leer las notas que diferentes medios han publicado sobre el caso Priscila Alvarado. Si es error de redacción, eso habla de la carencia de una aptitud fundamental para cualquier periodista. Y si es un intento de desacreditar a la denunciante, no solo es grave sino que atenta contra toda ética periodística; esa misma que, como sabemos, muchos medios se pasan por el arco del triunfo.

Por otro lado el texto que quizás debería pasar a la historia como todo lo que no se puede, ni debe hacer en periodismo sobre temas de acoso, es la nota de J.L. Palacios Islas en Página Ciudadana. Desde su título ​Guión para telenovela, “dedocracia” método para denunciar acoso, el texto entero es un diamante de las alcantarillas de la comunicación; una grotesca joya de la revictimización, estigmatización y otras ligerezas que no deberían permitirse los comunicadores mexicanos en temas de acoso.

Independientemente de que la nota está redactada con los pies y tiene varios tropiezos ortográficos y sintácticos a grado tal que apenas se puede entender, la nota no solo mantiene la teoría de la intriga laboral sino que revictimiza al insinuar que Priscila mantiene relaciones similares a la que, en esta nota asumen, con Mandujano:

“dicen que Priscila tiene comunicación con él así como con otros profesores de la escuela, en el mismo sentido de la acusación contra Mandujano.”

Es decir, el reportero no solo da por hecho que fue consensuado sino que parece buscar desacreditarla porque “dicen” que tenía relaciones así con otros docentes. La pregunta sería, ¿quiénes, cuales? De ser cierto, ¿la carga de responsabilidad sólo debe recaer en Priscila? ¿Es un dato sin mayor intencionalidad, o estamos ante el viejo truco de intentar presentar a una mujer como promiscua, para minimizar a los ojos del lector, la violencia que vive? ¿Es una nota del siglo XVIII, o del siglo XXI?

Pero el reportero parece no ser consciente de la revictimización, o no importarle. Por el contrario, no quiere dejar de “deleitarnos” con su ingeniosa prosa mordaz e irónica:

“Lloraba pero leía su escrito, bien preparado, que traía en su celular.

Buena historia para hacer quizá, siempre el quizá, la primera telenovela de acoso entre periodistas o relaciones periodistas (sic)​indebidas.”

¿Bien preparado? ¿No sería lógico pensar que una víctima de acoso se siente tan nerviosa ante su presunto agresor, que redacta para no equivocarse, para no quebrarse ante lo que considera necesario decir? ¿Por qué el reportero considera en ella que el que prepare su discurso es síntoma de una farsa, pero no considera igual el comunicado que leyó Mandujano Sandoval? ¿Es válido sobreponer el juicio de valor del reportero? ¿Misoginia inconsciente o intencionalidad maliciosa?

A la misma teoría de la disputa laboral se sumó el periodista Martín Moreno, a través de su cuenta de Twitter:

¿Qué hay detrás de acusaciones de acoso vs Enrique Mandujano? Una pugna de @CarlosSeptienG. ​VH Villalba (director), pretende apoderarse de la escuela y Mandujano le estorba. La campaña en su contra inició hace algunos meses, por cuestiones académicas, vía correos.

-Martín Moreno (@_martinmoreno) ​8 de abril de 2019

Si la teoría de Martín Moreno sobre el director “Villalba” (sic) es cierta, sería bueno preguntarnos: ¿Por qué el director Víctor Villalva no separó al director académico, de su cargo, desde la primera denuncia, mucho antes que esto traspasara los muros de la escuela? ¿No hubiera sido más sencillo, para lograr el propósito que arguye Moreno? Si esta pugna existe, ¿por qué hasta el momento Víctor Villalva se niega a dar declaraciones fuera de los comunicados institucionales? ¿No sería más lógico que aprovechara el momento para destruir a su enemigo? Si existe o existió una campaña contra Mandujano Sandoval, ¿dónde están las pruebas científicas o testimonios que así lo confirmen?

Desde este espacio esperamos que Martín Moreno haya hecho esta afirmación con las pruebas suficientes que brinda la investigación periodística y no solamente desde la especulación. De lo contrario solo estaría revictimizando a Priscila Alvarado, quien en redes ha expuesto por igual el presunto abuso de uno, como la negligente tibieza del otro.

Quede claro aquí que no se defiende a Víctor Villalva pero tampoco podemos prestarnos a sostener la teoría del pleito laboral. Porque de confirmarse las declaraciones de Priscila, la actitud omisa de Villalva es reprobable y francamente, las actitudes de Villalva y Mandujano serían difícilmente defendibles, y si muy repudiables.

Y en medio de esta avalancha de la basura propia de los dimes y diretes, queda la protagonista, Priscila Alvarado, quien se vio rebasada y agotada. Ha contado con el apoyo de su familia y amigos, así como de InMujeres, Periodistas Mexicanas Unidas y del abogado Víctor Caballero, que preside el colectivo promotor y defensor de Derechos Humanos, Aequus.

En redes circularon mensajes de apoyo, pero también burlas y críticas para la joven, incluso amenazas de diferentes cuentas no identificables. Mensajes y memes que van desde los que la tachan de promiscua, alcohólica o enferma mental hasta otras formas de intimidación.

De acuerdo a testimonios que piden resguardar su identidad, en la escuela llegó a respirarse un ambiente de relativa tensión, entre quienes apoyan a Priscila Alvarado, quienes apoyan al exdirectivo y quienes se protegen de manifestar sus opiniones. Otro amplio sector del estudiantado y del personal, es indiferente y permanece al margen del hecho.

Ojalá lo sucedido sirva a la Escuela de Periodismo Carlos Septién García para reflexionar sobre la violencia de género y actuar con mayor prontitud ante casos como éste. Ojalá la institución esté haciendo lo suficiente y lo necesario ya no solo para esclarecer este caso, sino para ofrecer un espacio seguro a todos sus estudiantes, en especial a Priscila Alvarado, que se encuentra en una situación de riesgo no solo por la denuncia misma, sino por la exposición mediática y cibernética. Ojalá la institución detecte y detenga cualquier posible revictimización dentro de la escuela. Y ojalá los medios de comunicación aprendan a profesionalizarse y sensibilizarse en temas de violencia sexual, para no cometer las bajezas que le acabo de mostrar.

Cierto es que la Escuela de Periodismo Carlos Septién García no es la primera ni la única en que se presentan casos como el de Priscila Alvarado. Los hay por cientos sino es que miles, en diferentes instituciones escolares y laborales, de todos los niveles. No solo de México, sino de América Latina y del mundo en general. Igualmente es cierto que hay casos más violentos y autoridades escolares más negligentes, pero el hecho de que estas historias sean comunes no significa que deban trivializarse, ni que el #CasoPriscilaAlvarado deba tomarse con menos seriedad que otros, solo porque no llegó a más.

Analizar y reconocer el machismo, la misoginia y la falta de consciencia sobre las relaciones de poder que vivimos en México, nos sirve para entender porque se desarrollaron así los hechos. Explica también porque algunos de los compañeros fueron indiferentes e incluso trivializaron la primera denuncia; al grado que muchos se mantienen en la misma postura. Pero no debemos justificar ni mucho menos trivializar lo sucedido, y en cambio si debemos preguntarnos si la escuela está haciendo lo necesario para sensibilizar en temas de género a los futuros periodistas, los mismos que pronto se convertirán en informantes y formadores de opinión. ¿Qué periodistas está formando México no solo en esta escuela, sino en las facultades de Comunicación?

Curiosamente fue el mismo Mandujano quien, en su comunicado de prensa, exhortó a la sociedad a parar los linchamientos en redes sociales, porque “provocan muertes físicas, morales y familiares”. Pero olvidó u omitió que la parte acusadora también ha estado expuesta a ese linchamiento, considerando que vivimos en uno de los países más violentos no solo contra las mujeres, sino contra todo lo femenino.

Mientras se aclara esta historia, esperamos pronto Priscila Alvarado pueda seguir adelante y por lo pronto, contra toda esa repugnante chatarra mediática y cibernética que revictimiza y criminaliza las denuncias de las mujeres, lo invito a decir desde donde esté #NoEstásSolaPriscila, por cada mujer que ha sido acosada, humillada y violentada en este país.

#NoEstásSolaPriscila

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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