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Violencia contra las mujeres

Niñas son desaparecidas en Juárez al amparo de autoridades

El libro de Javier Juárez sobre las desaparecidas en Ciudad Juárez es un homenaje a las madres por su dolorosa labor de buscar a sus hijas

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Periodista Javier Juárez entregó un ejemplar de su investigación a la ONU en México Foto: JJ/FB

 Entrevista a Javier Juárez, autor de “Las desaparecidas en Ciudad Juárez”

Por Alberto Buitre

MÉXICO, DF.- El periodista español Javier Juárez pasó tres años buscando con vida a la niña Adriana Sarmiento Enriquez de 15 años, secuestrada en el centro de Ciudad Juárez, Chihuahua, el 18 de enero de 2008. Junto a Ernestina Enríquez, mamá de la desaparecida, recorrieron cinco estados de México buscándola entre antros y centros donde tiene lugar la trata de personas, sospechando que Adriana se encontraría víctima de una red similar, sufriendo, pero viva. Pero a finales del 2011, una investigación paralela de la periodista Guadalupe Lizárraga le dio un vuelco a su búsqueda: la niña, no solamente no estaba viva, sino que su cuerpo yacía en la morgue desde hacía 16 días después a la fecha de su desaparición.

Una cloaca de corrupción se destapó entonces, tanto, que las autoridades buscaron deshacerse del cuerpo de Adriana para desmentir la versión de su paradero. Sin embargo, la movilización inmediata de Javier, Ernestina, Guadalupe y la organización “Nuestras Hijas de Regreso a Casa” y el Comité de Madres y Familiares de Desaparecidas de Ciudad Juárez, evitó una injusticia más sobre el cadáver de Adriana Sarmiento Enríquez, asesinada con impunidad como las más de 700 mujeres que en similares circunstancias han caído desde hace 20 años en esta ciudad fronteriza, 30 de las cuales han sucedido en el mismo lugar, casi a la misma hora y en la misma forma que Adriana, tan sólo en lo que va del 2012. Y a la fecha, no existen culpables para las autoridades, el Estado mexicano simula que nada está sucediendo en Ciudad Juárez, y la propia población, poco o nada sabe acerca de lo que está ocurriendo.

A partir de esta investigación y la documentación de otros casos similares, Javier Juárez regresa a Madrid y publica “Desaparecidas de Ciudad Juárez”. Hoy está en México para presentar el libro, el cual “es un reconocimiento a las madres que en Juárez, como en México y en todo el mundo han puesto en riesgo sus vidas buscando a sus hijas”.

Impacto brutal

En entrevista, Javier Juárez detalla que llegó a la ciudad fronteriza que por destino manifiesto parecería llevar su propio apellido, con la sola intención de realizar una investigación para su tesis universitaria. Pero al darse cuenta de lo que ahí estaba pasando, el impacto “fue brutal”.

“Mi impacto fue brutal, porque vi que todo lo que podían decir, artículos, reportajes, se quedaba pequeño con relación a lo que estaba sucediendo en realidad. El presente era mucho más dramático, porque ya no eran nombres o foto, eran mujeres, personas, madres con mucho dolor y mucha sensación de injusticia. Y yo no podía irme de Ciudad Juárez como si nada hubiera pasado, con un artículo y dándome la vuelta.

“Aquello fue a finales de 2007 y principios de 2008. A partir de entonces comencé a hacer un trabajo con las familias, con las mamás. Mantuve el contacto con ellas y fuimos a hacer un seguimiento de caso de las niñas desaparecidas. Veíamos sí, como decían las autoridades, habían bajado los índices de asesinatos con móvil sexual de las mujeres, algo que ya había sido denunciado en Ciudad Juárez años antes; pero se estaban multiplicando, en algunos casos hasta en 400 por ciento los casos de niñas desaparecidas. Fue entonces cuando empezamos a hacer ese estudio paralelo al oficial. De cuantas niñas estaban desapareciendo, cómo eran los perfiles de esas niñas, viendo la red de mentiras que había de las autoridades que acusaban, como sucedía en antaño, a las propias niñas de lo que estaba ocurriendo; que eran niñas vagas, que eran niñas de familias desestructuradas, y toda esa red de manipulación para tratar de justificar lo injustificable que es la inacción de las autoridades.

“Fue así como empezamos este trabajo que, por desgracia, nos ha llevado también a ser amenazados, a sufrir acoso, a sufrir un intento de secuestro en el centro de Juárez, pero que, como digo en el libro, ha merecido la pena, porque gracias a éstel (el libro) hemos denunciado esta red de poder e impunidad y todo lo que hay detrás de estos casos que, en realidad, no son las desaparecidas de Ciudad Juárez, son las secuestradas de Ciudad Juárez”.

Presentación con Norma Andrade, activista y madre de víctima, Javier Juárez, autor del libro y Humberto Robles, activista de derechos humanos Foto: HR/FB

“Nada es casualidad en Juárez”

– Han pasado más de diez años desde que salieron a la luz los casos sobre mujeres asesinadas en Ciudad Juárez ¿Qué crees que haya cambiado desde entonces?

Cuando empecé este trabajo, nos enfrentábamos a un capítulo nuevo, porque eran desaparecidas. Había un halo de que no sabíamos exactamente lo que estaba pasando, y en cierto modo aunque éramos conscientes que las autoridades no eran garantes de decir la verdad, sí que dudábamos: ‘¿Y sí es verdad?’ ‘¿y si es verdad que las niñas se han ido por su voluntad?’, ‘¿y si es cierto que son niñas con problemas y deciden irse de casa sin avisar y no decir a donde van?’; pero con el paso de los meses nos fuimos dando cuenta que todo era mentira, que todo obedece a una estructurada campaña. Nada es casualidad en Juárez.

Vimos que las autoridades tienen un argumentario sólido. Decir que esas niñas eran problemáticas, o cómo nos dijeron en algún caso ‘Esa niña anda de vaga’, y con eso justificaban que no se les buscara. Pero nos dimos cuenta que en Juárez, cada semana estaba desapareciendo una niña con un mismo perfil. Eran niñas entre 13 y 18 años, de cabellos largos y oscuros, guapas, delgadas; es decir, obedecían a un mismo perfil y desaparecían en una zona muy concreta de Ciudad Juárez, y eso es algo que estaban ocultando las autoridades: casi todas (desaparecen) en el centro de Ciudad Juárez, en la zona comprendida entre el monumento y la Catedral, una zona donde actúa el crimen organizado. Nos dimos cuenta que muchas de ellas vivían en las mismas colonias, lo cual nos hacía pensar que había un hilo conductor, que no eran casos aislados sino que había algo común entre las niñas. Entonces fue cuando empezamos este trabajo de investigación.

En un principio estábamos siguiendo los datos que nos daban las autoridades, que eran niñas que eran captadas por una red de trata. Según decían ellos, las podían tener una red con bases en Puebla o en Ciudad de México. Por eso durante estos años hemos callado, haciendo un trabajo silencioso, hemos recorrido más de 15 mil kilómetros por todo México, hemos visitado cinco Estados, decenas de municipios, hemos estado en sitios, suburbios, antros que ni en las películas se reflejan; donde hay niñas de apenas 13 o 14 años ofreciendo servicios sexuales, siendo vigiladas por sus lenones; es decir, la realidad superaba la ficción, todo ese submundo que hay de prostitución de mujeres. Pero nos dimos cuenta que las niñas que buscábamos de Ciudad Juárez, no estaban en esos sitios donde nos habían dicho que habían sido llevadas.

Adriana Sarmiento Enríquez

El caso de la niña Adriana Sarmiento Enriquez mueve particularmente las entrañas de las historias documentadas por Javier Juárez. La lucha del periodista y la madre por encontrarla a través de más de 15 mil kilómetros en cinco estados de la República mexicana. Hasta que las terribles coincidencias del trabajo periodístico, sobre los casos que a pesar de su magnitud sobre 700 muertes impunes, siempre hay un tejido que las une: la búsqueda insaciable por saber la verdad.

Así, Javier Juárez explica sobre su libro que, tras pasar la introducción sobre los antecedentes de los feminicidios en Ciudad Juárez previos al año 2007, año en el cual comienza su trabajo, todo el enlistado de “negligencias brutales y esa red de complicidad y con amparo gubernamental para garantizar a impunidad”, caen, finalmente, en los casos de las niñas desaparecidas de Juárez:

“Y en este caso es el de la niña Adriana Sarmiento Enríquez. Ella tenía 15 años cuando fue secuestrada en el centro de Juárez el 18 de enero de 2008. Ella desaparece un viernes. Su mamá Ernestina pone la denuncia 48 horas después y a los tres días la conocí personalmente. Y ví que el perfil de esa niña encajaba perfectamente con el de las niñas en la década de los noventas. Sus circunstancias eran muy claras porque la niña salió de la preparatoria y ahí desapareció. No llevaba ni ropa, ni dinero ni documentación; es decir, todo hacía indicar que no era una huida voluntaria., algo que las autoridades también lo barajaban.

“Con el tiempo fui haciendo seguimiento del caso, siguiendo todas las pistas, ganándome la confianza de de la mamá. La mamá estuvo más de un año en silencio ya que las autoridades le dijeron –que es otra de sus estrategias-, que no denunciara el caso públicamente, no hablar con los periodistas porque, dicen, lucran con el dolor de las madres porque sólo buscan dinero, y tenía mucho miedo la mamá. Hasta que al cabo de dos años, ella misma me pidió ayuda para intentar saber dónde estaba su hija, con la esperanza de encontrarla con vida. Y fue ahí donde fuimos a muchísimas sitios en muchos Estados tras supuestas pistas de Adriana, de ella y de muchas otras niñas. Porque estábamos convencidos que si hubiéramos encontrado a Adriana con vida, detrás de ella habría muchas niñas desaparecidas. Estábamos seguros que había una cadena, no un caso aislado. “

Uno de los murales en Ciudad Juárez sobre desaparecidas Foto: Javier Juárez

“Esta niña tiene que estar viva”

“Todo esto se desbordó a finales de 2011, cuando una periodista, la editora de Los Ángeles Press, Guadalupe Lizárraga, con la que yo colaboraba y teníamos contacto permanente porque había algo que nos unía al ella hacer seguimiento de casos de feminicidos, de niñas muertas y yo en cambio al seguirlas vivas, el destino quiso que nuestros caminos se cruzaran. Algo que yo nunca hubiera querido. Porque Guadalupe descubrió y denunció que las autoridades de Ciudad Juárez estaban ocultando decenas de cuerpos de niñas tomadas como desaparecidas. Y que entre los cuerpos de esas niñas asesinadas ocultas por la propia autoridad, estaba el de una niña de 15 años llamada Adriana Sarmiento Enriquez. Yo sentí un impacto brutal. Traté de buscar excusas. Yo le decía a Guadalupe ‘no puede ser, tiene que haber un error, esta niña tiene que estar viva’, pero ella me fue dando datos, pruebas y en efecto, era Adriana la que estaba ahí.

“Cuando soltó la noticia, yo llamé a la mamá pensando que las autoridades ya se lo habían dicho a ella que su hija estaba muerta. Pero cuando me descolgó el teléfono Ernestina me di cuenta que ella no sabía nada. O sea que la mamá no sabía que su hija estaba muerta, que estaba guardada en la morgue desde hace años. Entonces sentí un desasosiega, una sensación brutal de impotencia. Fue cuando se me notó y me preguntó que qué pasaba, que yo sabía y le estaba ocultando algo, y le dije que no, que estaba cansado y le colgué. Pero acto seguido le envié a su otra hija la documentación, la noticia en sí para que ella se la diera a su mamá. Que ella le contara lo que había descubierto Guadalupe. Y a las pocas horas le volví a llamar. Hablamos. La mujer estaba destrozada. Yo siempre trataba de darle una luz de esperanza. Le decía ‘a lo mejor hay algún error, un dato que no encaja’, pero yo sabía que era Adriana.

“Fue en ese lapso en el que se publica y las autoridades no lo admiten, Guadalupe Lizárraga y yo sufrimos una campaña tremenda de acoso. Nos llamaron mentirosos, que nos estábamos aprovechando del dolor de una madre para vender una noticia, que estábamos mintiendo. Hasta que finalmente, otra llamada de Juárez, el papá de otra desaparecida, es la que me confirma que gente de la propia autoridad está filtrando la información y diciendo que sí, que ahí estaba Adriana. Y lo filtran porque también dentro de la autoridad hay gente que intenta ayudar. Y lo filtran por una situación muy grave: que las autoridades están intentando deshacerse del cuerpo de Adriana, es decir, querían desaparecer totalmente ese cuerpo para que nunca hubiera noticia, para que esos periodistas queden como mentirosos, desacreditarles totalmente y que siga la impunidad. Pero la presión fue tal durante ese lapso de horas por parte de organizaciones civiles como “Nuestras Hijas de Regreso a Casa” y de las propias familias, ante la incertidumbre que había más cuerpos de niñas, hasta que las autoridades acabaron por llamar a la mamá y admitirle que el cuerpo de Adriana estaba en la morgue.”

Desierto de Juárez Foto: JJ/FB

La situación es más atroz que en los noventas

– ¿Por qué pasan casos como los de Adriana en Ciudad Juárez? ¿Quiénes, por qué?

– Yo creo que el primer culpable es la impunidad. La impunidad por la impunidad. Es decir, ellos lo hacen porque saben que no va a pasar nada. Tienen garantía de impunidad. Porque la propia impunidad es garante de esa impunidad. Es decir, los que deben defenderte de las injusticias o de los crímenes son los mismos que amparan este sistema. Un sistema fallido. Y es el momento de cambiar el propio sistema.

“En estos años, y lo certificamos en el libro con documentos, que hay funcionarios y altos cargos que han sido cuanto menos negligentes. Esa negligencia les convierte en cómplices por acción o por omisión. Pero esta situación favorece que esto pueda ocurrir en Ciudad Juárez.

“En segundo lugar, yo creo que es también la situación de Juárez. O sea, Juárez es una ciudad sin ley ahora mismo. Es una ciudad militarizada sobre todo cuando ha ocurrido este trabajo, donde nosotros mismos hemos buscado a las niñas en el Valle de Juárez en una zona totalmente militarizada. Cada pocos kilómetros hay un retén militar que te baja, te inspecciona, te pide documentación, te pregunta… Pero ahora sabemos que las niñas fueron secuestradas en el centro de Juárez, fueron retenidas en casas de seguridad en Juárez, fueron llevadas al Valle de Juárez, y después de ser retenidas, ultrajadas y abandonadas, algunas, incluso, en fosas comunes.

“Es decir, situación de hoy en Juárez, resulta duro decirlo pero es más atroz que en la década de los noventas o de los dos mil, cuando fue visualizado internacionalmente. Estamos hablando de un genocidio. Un feminicidio bestial. Asesinatos de mujeres adolescentes por el mero hecho de ser mujeres. Una situación atroz amparada por las fuerzas de seguridad. Nosotros lo denunciamos haciendo un punteo de donde han sido localizadas las fosas comunes, que incluso ya han sido admitidas por la propia autoridad.

«Vemos que esas zonas están muy cercanas a retenes militares. Es decir, es imposible que una persona normal y corriente que no tenga apoyo de una estructura secuestre niñas, las lleve en su coche, las retenga, las viole, las maltrate durante días, incluso algunas semanas, que abandone sus cuerpos y lleve esos cuerpos en su coche, pasando por retenes militares y que les entierren en fosas comunes sin que nadie vea nada ni sepa nada. Es imposible. Sería absurdo pensar que esto lo hace una persona aislada. Es decir, nosotros estamos convencidos que hay personas con vínculos dentro de las propias fuerzas de seguridad, policías federales, militares, que tienen implicación y cuando no participación directa en esta estructura.»

Se les mata por ser mujeres, por ser pobres, por ser guapas, porque no pasa nada.

“En Juárez si eres mujer, pobre y guapa, estás en peligro de muerte”, sentencia Javier Juárez a sabiendas de lo que ha sido testigo durante su investigación. Y asoma algunas conclusiones: “Yo creo que esta estructura, esta gente ven en ellas un producto. Ellas son una demanda que es ofrecida a un hombre que quiere a una niña joven, cuanto más joven mejor, guapa, cuanto más guapa mejor, y vulnerable, cuanto más vulnerable mejor. Porque sabe que eso es garantía de que no va a pasar nada.

«Yo antes pensaba que era un negocio de trata. Nos aferrábamos a esa idea porque subconscientemente tu piensas que están vivas, te agarras a eso. Piensas ‘es cierto, están sufriendo, siendo maltratadas pero están vivas’. Y crees tener posibilidad todavía de encontrarlas vivas. Pero estamos hablando de algo aún más grave: una estructura que ojea, que tiene ojeadores, halcones, que ve los movimientos de las niñas en el centro, vulnerables, pobres, que en muchos casos van a buscar trabajo al centro, otras salían de la escuela, otras volvían a sus casas después de trabajar, niñas entre 14 y 16 años que eran capturadas o secuestradas por alguien. Tenemos constancia que ha habido un hombre entre 40 y 55 años que ha captado a esas niñas ofreciéndoles dinero, trabajo, y que fueron captadas en la misma zona: en el centro de Ciudad Juárez, cerca de la Catedral. Ofreciendo dinero a niñas que son muy vulnerables porque son muy pobres, ofreciéndoles ganar dólares y ellas acceden. Las capturan y se las llevan.

“Entonces yo creo que estamos ante un capítulo gravísimo. Y a través de este trabajo pedimos a instancias internacionales como la Organización de Naciones Uunidas o el Tribunal Penal Internacional que entre de lleno a juzgar a estos funcionarios que han amparado y amparan esta impunidad. Porque en lo que llevamos del 2012, van más de 30 niñas desaparecidas. Niñas que muy probablemente, algunas, estén ya sin vida y otras seguramente están retenidas.

La información no llega a Ciudad Juárez.

Y a pesar de existir muchos documentales, libros, reportajes, ediciones especiales y hasta películas relacionadas con los feminicidios en Ciudad Juárez, la gente de la ciudad poco o nada sabe acerca del problema. Y más aún, explica Javier Juárez, las madres no están enteradas que en el centro de la ciudad han desaparecido más de 100 niñas en los últimos años. El periodista aún se sorprende e insiste ante la incredulidad: “¡Es que no lo saben!”.

“Cuando una madre acaba de perder a su hija, yo me presento, le hablo de mi trabajo, y ella me dice donde es que ha perdido contacto con su hija o a donde se dirigía, muchas de ellas van a parar a el centro. Son niñas de un perfil de riesgo. Y yo les digo: ‘Señora ¿no sabe que los últimos años han desaparecido más de 100 niñas en el centro de Ciudad Juárez?’. Y la mamá se asusta. Porque pasan a ser conscientes que su hija ahora es una desaparecida de Ciudad Juárez o en una muerta de Ciudad Juárez. Y se asusta muchísimo, pero es que no lo saben. No hay campañas informativas. Ser mujer, ser niña adolescente y estar sola en el centro de Juárez es exponerte a esta gente, a estar en peligro de muerte. Y la gente no lo sabe.

– ¿Y cómo juzgas el papel de los medios de comunicación al respecto?

– Cuanto menos, insuficiente. En Juárez hay seguimiento de los casos, pero es un seguimiento superficial. Sólo el diario El Norte que hace seguimiento o hace recordatorio cuando se cumple un año o meses de la desaparición de las niñas, pero falta mucho más. Yo entiendo que es un trabajo peligroso. Porque incluso ha habido periodistas asesinados en Ciudad Juárez en los últimos meses y años. Yo entiendo que es un trabajo riesgoso, pero es necesario. Es que la gente no sabe lo que está pasando en Ciudad Juárez.

“Y yo entiendo que la gente quiera a su ciudad, pero es que denunciar el genocidio de mujeres no es hablar mal de Ciudad Juárez. Es lo que yo trato de decir también en este libro. Yo no denuncio ni digo nada malo de la gente de Ciudad Juárez ni de Ciudad Juárez en sí. Yo hablo de esos políticos corruptos, funcionarios ineptos que callan por mantener su puesto o no meterse en problemas. Y que también hay fuerzas de seguridad implicadas en estos capítulos.

“Pero yo apoyo y reivindico totalmente el papel de la mujer en Ciudad Juárez. Es gente trabajadora, gente humilde. Y que no traten de manipular los medios. Yo creo que labores de los medios, en algunos de los casos, por lo menos es deficiente”.

 

El libro, un homenaje a las madres de Ciudad Juárez

Para Javier Juárez, “Desaparecidas en Ciudad Juárez”, es un libro en reconocimiento a las madres que en Ciudad Juárez, como en todo México y en el mundo, exponen sus propias vidas en búsqueda de sus hijas.

“Un momento de gritar por esas madres que muchas veces han tenido que mirar hacia abajo, que han tenido que aguantar insultos de la propia autoridad, no sólo ahora, sino en el pasado también, cuando les dicen que las niñas son prostitutas o llevan una doble vida ¡y es toda una mentira! Una red de mentiras permanente que abarca desde el escalafón más bajo hasta la autoridad más alta del Estado de Chihuahua.

“Entonces yo creo que este libro debe suponer un reconocimiento a las madres que, no solo en Juárez sino en todo México y en el mundo, ante la pasividad de las autoridades, ellas mismas han ido a los puntos conflictivos para buscar a sus hijas poniendo en riesgo sus vidas. Yo he sido testigo como en algunos casos las madres compran paletas o gomas de mascar y se van ellas mismas a vender dulces al centro de Juárez, a los antros, y se meten a la cueva del lobo sin importar el peligro que corren, todo por saber dónde está su hija. Y eso es por la falta de vergüenza de las autoridades que no hacen absolutamente nada por encontrar a las niñas.

“Este libro es un homenaje a las madres porque creo que ya es momento que sea reconocido, que se sepa y se reconozca su labor. Ha sido un trabajo duro, periodística y humanamente. Porque sientes mucha impotencia. Y esa mirada de las madres, ese llanto pidiéndote ayuda es lo que me ha impulsado a hacer éste trabajo, no de ahora sino de cuatro años, yendo prácticamente por todo México, a sitios indeseables, viendo a gente que nunca te hubieras imaginado que pudiera existir, sin escrúpulos. Y precisamente por ellas no nos ha importado meternos a esos sitios que son como un infierno.”

Y aun cuando el objetivo siempre ha sido encontrarlas vivas y devolverlas vivas a su casa “este libro puede ayudar a que esto se frene y sobre todo, que los culpables y los asesinos de estas niñas paguen por lo que hicieron”, concluye el periodista.

 

 

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Feminicidios y trata sexual

Feminicidios: fiscalías corrompen investigaciones y encubren responsables para ‘maquillar’ resultados en México

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Las fiscalías corrompen investigaciones en los casos de feminicidio para evitar escarnio público.

Nueva necropsia a Ariadna López revela que su muerte fue por traumatismo múltiple y no por congestión alcohólica como señaló Fiscalía de Morelos

Por Rosario Martínez De la Vega

Ariadna López desapareció en la Ciudad de México la noche del domingo 30 de octubre.  El martes 1 de noviembre su cuerpo fue localizado bajo de un puente en Tepoztlán, Morelos, con marcas de moretones en el cuello, brazos y piernas. Tres días después del hallazgo, el fiscal del Estado de Morelos, Uriel Carmona, señaló que Ariadna había fallecido debido a una broncoaspiración a causa de una congestión alcohólica.

En una nueva necropsia a cargo de la Fiscalía de la Ciudad de México, realizada a petición de la familia de Ariadna, se dio a conocer que la causa de su muerte no era ‘congestión alcohólica’, sino a consecuencia de un traumatismo múltiple.  Ariadna fue víctima de feminicidio.

En un adelanto de las investigaciones por parte del gobierno de la Ciudad de México, fueron revelados los videos en los que se aprecia a Ariadna departir con sus presuntos asesinos, Vanessa “N” y Rautel “N” -amiga y novio de esta respectivamente- y otras personas en un restaurante, para después arribar a un departamento en la colonia Condesa.

Para saber más del caso: Juez vincula a proceso a ex candidato a la gubernatura de Puebla y a ex delegado de la SRE por presunto feminicidio de activista

Los victimarios señalaron que Ariadna había abandonado esa misma noche el departamento y abordado un taxi. No obstante, las imágenes proporcionadas por la Fiscalía de la CDMX, dan cuenta de cómo la mañana siguiente, su cuerpo fue subido a una camioneta por Rautel “N” para ser abandonado en el estado de Morelos, lugar donde fue localizada al día siguiente por unos ciclistas. Hasta el momento se presume una relación entre Rautel “N” y la Fiscalía de Morelos, motivo por el cual éste, habría abandonado el cuerpo de Ariadna en dicho estado. No se ha revelado el móvil o las causas del crimen.

Resulta escabroso que los presuntos responsables del crimen también manifestaron sus condolencias e incluso se presentaran al funeral de su víctima y brindaron entrevistas a los medios. Actualmente se encuentran detenidos y el caso será atraído por el área especializada en feminicidios de la Fiscalía General de la República.

Sin embargo, existen similitudes entre el caso de Ariadna y otras muertes violentas de mujeres, que apuntan indicios de cómo las fiscalías investigadoras son parte de la violencia machista que vive México. Tan sólo este año 2022, se encuentran los siguientes casos:

  • Debanhi Escobar. 18 años, desapareció el 9 de abril en Monterrey Nuevo León, tras acudir a una fiesta, fue hallada el 21 de abril en una cisterna del Motel Nueva Castilla a unos metros del lugar donde fue vista con vida por última vez; fue revictimizada debido a que se señaló se encontraba alcoholizada al momento de caer por sí misma en la cisterna en la que fue localizada dos semanas después de su desaparición. Tras la realización de tres necropsias se determinó que murió por asfixia por sofocación, entre tres y cinco días antes del hallazgo y que su cuerpo había sido sembrado en el lugar donde se encontró. No hay ningún detenido y su caso no ha sido judicializado pese a haber sido atraído por la FGR.
  • Yolanda Martínez. 26 años, desapareció tras salir de su domicilio el 31 de marzo en San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Fue localizada sin vida el 8 de mayo, investigaciones de la Fiscalía General del estado de Nuevo León, señalaron de que se trató de un suicidó debido a que en el lugar de los hechos se encontró una nota póstuma escrita en un vaso desechable y dos recipientes con veneno. Con el apoyo de instancias internacionales se le practicó una segunda autopsia que arrojó que Yolanda había sido víctima de feminicidio y que su cuerpo había sido exhumado y colocado finalmente en el lugar donde fue localizado.
  • Luz Raquel Padilla. 35 años, Zapopan Jalisco, había denunciado desde mayo ante las autoridades locales las agresiones y amenazas por parte de uno de sus vecinos, fue quemada viva el 16 de julio por un grupo de personas que la atacaron en un parque cerca de su domicilio. Murió tres días después a causa de las heridas. El 26 de julio, una semana después de su fallecimiento, el fiscal de Jalisco Luis Joaquín Méndez Ruiz, dijo en conferencia de prensa que las quemaduras habrían sido ocasionadas por ella misma y mencionó un “autoataque” como una de las líneas de investigación.

Lee más: México sumó más de mil feminicidios en 2021; el año más violento contra las mujeres

Por décadas, investigaciones periodísticas han revelado que las fiscalías en México desvirtúan las investigaciones y maquillan las cifras para evitar aumentar las estadísticas y optan por clasificar la mayoría de los asesinatos de mujeres como «homicidios», y en algunos casos como suicidios, ya que de ser asumidos como feminicidios se tendría un alto costo político, lo cual contribuye a seguir repitiendo patrones de impunidad y corrupción.

Según el último reporte del INEGI realizado en 2020, en México mueren asesinadas 11 mujeres diariamente, no obstante, de acuerdo a las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) tan solo aparecen reportados 946 feminicidios en 2020 y 978 durante 2021, esto significa menos de tres feminicidios en promedio al día durante dos años.

 

Al corte de septiembre de este 2022, el SESNSP contemplaba 695 feminicidios, lo cual registra una baja estadística en el número de feminicidios con relación al año anterior, sin embargo, en conferencia matutina del presidente el pasado 9 de noviembre, Ricardo Mejía Berdeja señaló que el delito de feminicidio tuvo un repunte en los meses de agosto y septiembre, con 70 y 78 casos, respectivamente.

 

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Violencia contra las mujeres

Reeducar a un maltratador: ¿se puede cambiar la mentalidad machista?

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Las personas acusadas de violencia de género son sometidas a programas de reeducación contra la violencia machista

Programas de reeducación para agresores machistas dentro de las prisiones españolas

Por Martha Borraz

“Porque si no ¿qué?”. Es la respuesta que da la socióloga experta en políticas de género Bakea Alonso cuando se le pregunta por qué son importantes los cursos de reeducación para agresores machistas. España lleva casi dos décadas impartiéndolos, aunque fue con la ley de 2004 contra la violencia de género cuando comenzaron a desarrollarse con mayor intensidad. Varios estudios apuntan a que la reincidencia entre quienes pasan por ellos es menor y ya casi nadie cuestiona su necesidad, pero hay quienes reclaman que la apuesta del trabajo con agresores debe ir más allá: “La violencia no va a desaparecer hasta que ellos no dejen de violentar”, asume la también coordinadora del Área de Igualdad de la Fundación Cepaim.

Los programas de intervención con hombres que ejercen violencia de género son variados, pero fundamentalmente pueden diferenciarse tres tipos: por un lado, está el Programa de Intervención para Agresores de Violencia de Género (PRIA) dentro de las prisiones y el mismo (PRIA-MA) como medida alternativa a la cárcel impuesta por un juez. Estos dos dependen de Instituciones Penitenciarias, son para hombres ya condenados y son los más extendidos, pero además existen otros normalmente desarrollados por entidades sociales a los que pueden acudir hombres agresores no necesariamente denunciados de forma voluntaria.

“El objetivo es la reinserción, reeducarles, van a seguir formando parte de la sociedad y van a volver a tener pareja, así que lo que intentamos es que no vuelvan a replicar la violencia. Es intentar poner ahí un cortafuegos o un cortocircuito”, esgrime el psicólogo Felipe Martín, que imparte el PRIA-MA desde la asociación R-Inicia-T. Estos cursos los suele dar directamente personal de Instituciones Penitenciarias o, en su mayoría, organizaciones con las que se firman convenios. La intervención dura aproximadamente un año en una treintena de sesiones y a ella acceden hombres sin antecedentes, condenados a menos de dos años de prisión.

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El trabajo con ellos está enfocado a distintas cuestiones: desde la expresión de las emociones, al autocontrol, la gestión de la ira, la deconstrucción de esquemas mentales que tienen que ver con roles y estereotipos de género, la dependencia emocional, los celos, los estilos de apego, el establecimiento de relaciones saludables, cómo afrontar una ruptura, la mejora de las habilidades personales o el desarrollo de estrategias para resolver conflictos por una vía alternativa a la violenta. Según Instituciones Penitenciarias, el año pasado 7.800 penados hicieron el programa como medida alternativa a la cárcel. El mismo año, 21 mil hombres fueron condenados por violencia de género.

“Al final se ve evolución”

La experiencia de Martín en cuanto a los resultados que observan es positiva. “Lo que vemos es bastante esperanzador. Evidentemente entran con resistencias, pero al final hay evolución”, dice por teléfono al tiempo que acude a un centro educativo de Murcia a impartir un taller de sensibilización. “De hecho, empezamos a hacer estas dinámicas en colegios porque muchos agresores nos comentaban que si hubieran tenido toda esta información antes, les hubiera ayudado a tomar otro camino”, añade el psicólogo.

«Cambian, reducen la culpabilización a la víctima, que es algo muy importante que ellos traen al principio, disminuye la expresión de la ira, hay un mejor manejo emocional y el sexismo se ve reducido»

Elena Terreros — Subdirectora del programa Contexto

En la Comunitat Valenciana es referente el programa Contexto, que nació en 2006 como respuesta a la carencia de recursos y profesionales habilitados para poner en marcha las intervenciones con agresores que dos años antes había establecido la Ley Integral contra la Violencia de Género. Además, desde este equipo de investigación e intervención de la Universitat de València se imparten también programas voluntarios con agresores. “Es un proceso y es verdad que cambiar creencias y actitudes lleva tiempo, por lo que no se pueden hacer programas muy cortos, pero la eficacia se demostró hace bastantes años”, avanza Elena Terreros, subdirectora del programa.

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La doctora en Psicología reconoce que “obviamente no vale para el 100%” de los agresores, “como ningún tipo de intervención”, pero asegura que hay cifras “que avalan” que funciona. Datos de Instituciones Penitenciarias apuntan a que la reincidencia de quienes pasan por los programas es baja: un 4,6% volvió a ser denunciado al año de haber participado y el 6,8% a los cinco años. Según las cifras que maneja Contexto, que estudia las nuevas denuncias hacia los agresores que trata y que figuran en el sistema VioGén, a los 12 meses, un agresor que abandonó el programa reincide en un 8,2% mientras que el 4,4% de los que lo finalizan, vuelven a ser denunciados.

Terreros asegura que la experiencia que observan también avala la efectividad de las intervenciones. “Cambian en variables de actitud, reducen la culpabilización a la víctima sobre la conducta violenta, que es algo muy importante que ellos traen al principio, disminuye la expresión de la ira, hay un mejor manejo emocional y el sexismo se ve reducido”, ejemplifica la experta.

El desafío de la falta de motivación

Aún así, todas las voces reconocen que los obstáculos no son pequeños. “El principal son las resistencias a la intervención, hay una falta de reconocimiento, de responsabilización y de motivación para cambiar”, explica Heinrich Geldschläger, psicólogo de Conexus, un programa de intervención con agresores no condenados en Barcelona. El experto afirma que existe “una triada” de ideas en el discurso con el que suelen acudir estos hombres, que consiste en “la negación o minimización de la violencia, la justificación y la culpabilización de la víctima o el sistema”. Son, asegura, “los típicos comentarios de ‘me ha denunciado falsamente’ o ‘es que la ley es injusta’ que tenemos que ayudar a deshacer”.

Por esta falta de motivación que identifican todos los expertos, y que no en pocos casos lleva al abandono de los programas, Contexto diseñó en 2013 un plan motivacional individualizado. “Lo clave e que entiendan la importancia y comprendan por qué usar la violencia como forma de resolver conflictos produce daño a sus parejas o exparejas y a ellos mismos”, cree Terreros. Por su parte, el psicólogo Jesús Pérez, que ha trabajado durante años coordinando equipos e impartiendo el PRIA-MA en Madrid, se muestra más escéptico: “Existe la posibilidad de que algunos hombres cambien, pero probablemente no sea muy generalizado, pocas veces hay un proceso de motivación personal”, cree.

«Tenemos mucho ganado si interiorizan para qué utilizan la violencia, que no es que pierdan el control, como dicen, sino que la usan para controlar y mantener el dominio de la pareja y, muchas veces, también de ellos mismos»

Heinrich Geldschläger — Psicólogo de Conexus

“Son más eficaces de lo que dice mucha gente y menos de lo que nos gustaría”, opina sobre las intervenciones Geldschläger. En el caso de Conexus, se trata de hombres que acuden voluntariamente, aunque “la voluntariedad es relativa para la mayoría, ya que suelen venir porque alguien, normalmente su pareja o una tercera persona les empuja”. El programa se desarrolla en una veintena de sesiones semanales, se hace seguimiento al año y a los dos años y sus resultados son “alentadores”: dos de cada tres hombres, no vuelven a ejercer violencia física o sexual y la psicológica “se reduce”. Eso de los que terminan, porque la tasa de abandono se sitúa entre el 30 y el 50%.

“Tenemos mucho ganado si interiorizan para qué utilizan la violencia, que no es que pierdan el control, como dicen, sino que la usan para controlar y mantener el dominio de la pareja y, muchas veces, también de ellos mismos”, esgrime el experto. El enfoque con el que trabajan en Conexus intentar aunar “lo psicológico y lo social”. “Hay factores que juegan un papel, entre ellos la historia, el aprendizaje, su manera de autorregularse, pero hay que ponerle perspectiva de género. Por ejemplo, la dificultad de control de impulsos, que se trabaja mucho desde la psicología, en la mayoría de los hombres es muy selectiva porque normalmente no pegan a su jefe o a sus amigos”, afirma el experto.

 

¿Son suficientes?

Por su parte, Pérez considera que las intervenciones con agresores “son positivas y muy necesarias” y que incluso deberían hacerse obligatorias para todos los condenados, pero considera que “aún falta una respuesta social mucho más contundente y coordinada, en la que los programas sean una pata más de su reeducación”. Y pone un ejemplo: “A una persona que está deprimida porque tiene una mala situación económica no le sirve solo con ir al psicólogo, habrá que mejorar las condiciones estructurales de vivienda o empleo”.

En el ámbito del trabajo con agresores en violencia de género, “al final la pregunta importante es si es posible cambiar toda la educación o mentalidad machista con un programa de este tipo, si son suficientes unas sesiones durante unos meses o un año”, cuestiona el experto. “Y me explico: al final la construcción de un machista requiere muchos años, pensemos en cuántas horas tarda un hombre de 50 años en hacerse machista, o sea la construcción de la masculinidad hegemónica es tal que ningún programa sería suficientemente potente ni duradero como para compensarlo por sí mismo, lo que no quiere decir que los que se están implementando no sean efectivos”.

¿Y cuál es la solución? Pérez aboga por una respuesta más global y mira hacia el machismo estructural que sigue minimizando y normalizando la violencia hacia las mujeres. “Los programas necesitan de la sociedad y de la condena absoluta de cualquier forma de violencia porque si no lo que tenemos son psicólogos y psicólogas partiéndose la cara con los agresores para que luego salgan a la calle y se encuentren con el negacionismo de la violencia machista”, cree el psicólogo.

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Además, en lo concreto, hay quienes consideran que los programas impartidos por Instituciones Penitenciarias deberían mejorar en algunos puntos, sobre todo en la evaluación. Así lo sostiene Geldschläger, para el que la revisión de su eficacia debe ir más allá de la reincidencia en número de denuncias. “Es un dato muy importante y significativo, pero no suficiente”. El psicólogo piensa que la evaluación debe ser “más profunda” y tener en cuenta qué pasa después con las mujeres, parejas o exparejas de los agresores, y sus hijos e hijas, porque “la reincidencia real queda oculta, sabemos que es mucho mayor que la cifra de denuncias”.

Por eso, un elemento diferencial de Conexus es que establecen contacto con ellas tanto al inicio del programa como en los seguimientos. “Las mujeres pueden tener expectativas no necesariamente realistas porque tienen la esperanza de que cambien y ellos se lo han prometido. Por eso les contactamos, les decimos que su pareja ha empezado a venir y puede ser un primer paso, pero que no hay ninguna garantía de éxito, por lo que es importante que sigan tomando las decisiones y actuando como si no vinieran”, explica Geldschläger.

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Fuente: eldiario.es

 

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Mexico Violento

Por intereses económicos, hijos atentan contra la integridad de su madre, adulta mayor

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María Rodríguez Lemus sufre el maltrato y abandono de dos de sus hijos; es un adulta mayor, con problemas auditivos

Juan Gabriel y Roberta Torres Rodríguez dan testimonio falso en la fiscalía en contra de sus hermanos acusándolos de secuestro de su madre

Por Zavianny Torres Baltazar

Hace 25 años, doña María Rodríguez Lemus se jubiló tras tres décadas de trabajo constante y asiduo. Servidora pública, laboró en la Secretaría de Recursos Hidráulicos y en la Semarnat, y durante los últimos 25 años vivió en su casa ubicada en la delegación Tlalpan en la Ciudad de México, al cuidado de sus hijos Juan Gabriel Torres Rodríguez y su hija Roberta Torres Rodríguez.

Sus hijos tienen locales comerciales en el domicilio de doña María, espacios que están exentos de pago de renta. En esos 25 años todo transcurrió con “normalidad”, sus hijos menores, Marlein Torres Rodríguez y Marcos Javier Torres Rodríguez, podían visitarla con la frecuencia que desearan y estar al tanto de los cuidados de su mamá.

Con el paso de los años los hijos menores conformaron sus propias familias y dejaron el hogar materno. Doña María Rodríguez quedó al cuidado de los hermanos mayores Juan Gabriel y Roberta. Sin embargo, hace 7 años la situación se tornó dramática y preocupante, debido a que sus hijos Marlein y Marcos Javier empezaron a notar que a su madre la tenían en un estado de abandono total – por parte de sus hermanos Juan Gabriel y Roberta – pues el departamento donde vivía doña María estaba en completo abandono y en condiciones de insalubridad. Rodeada de decenas de gatos y perros.

Previo a la pandemia del Covid 19 que a todos nos obligó a resguardarnos en nuestras casas, sus hijos menores -Marlein y Marcos- ya habían tomado en sus manos el cuidado de su madre. Es cuando los hermanos mayores -Juan Gabriel y Roberta- empiezan a restringir el libre acceso a la casa de doña María y da inicio un conflicto intrafamiliar con repercusiones de tipo jurídico, que al día de hoy continúan en los juzgados del estado de Morelos- y que tienen acusados de manera dolosa (con testimonios y declaraciones falsas) a los hermanos menores.

En este proceso, Juan Gabriel y Roberta, han levantado denuncias de secuestro en contra de los dos hermanos menores. Acusan que se llevaron a su madre sin su conocimiento y por la fuerza. En el estado de Morelos levantaron una denuncia con carpeta de investigación FEDFPM/101/2021. Entre las acusaciones más delicadas están la de tener secuestrada a su madre y en contra de su voluntad, vivir con los hijos menores en sus domicilios en Temixco, Morelos.

Considerando que las acusaciones son muy serias, Marlein y Marcos Javier tuvieron que contratar los servicios profesionales de un abogado defensor, ya que en diversas ocasiones han sido asediados por elementos de la fiscalía del estado y agentes del Ministerio Público. Del mismo modo, personas que se identifican como representantes del poder judicial, han tratado de ingresar de forma ilegal al fraccionamiento donde habitan Marlein con su hijo menor de edad y Marcos Javier, sin contar con alguna orden de aprensión o presentación a los acusados.

En junio de 2021, la fiscalía general del estado de Morelos emitió una alerta para localizar a la María Rodríguez Lemus, en la que solicita la ayuda para encontrar a la supuesta extraviada. Ante estas circunstancias ajenas a una buena impartición de justicia por parte de las autoridades a las que corresponde esta responsabilidad, es que solicitamos el testimonio de Marlein Torres Rodríguez por estas falsas acusaciones y en entrevista nos narra.

Testimonio

“Mi mamá desde muy niña perdió el oído. A los ocho años inició un trabajo, a su corta edad fue muy trabajadora, y a pesar de su discapacidad pudo ser independiente, hasta incluso separarse de mi papá y hacerse cargo de sus cuatro hijos. A los 25 años de laborar se jubiló. Desde entonces, mis hermanos – Juan y Roberta- administraron todo lo correspondiente a sus ingresos. Aproximadamente al año que mi mamá se jubiló adquiere un terreno, pero le faltó dinero para completar su pago. Es ante esta circunstancia que nos percatamos que no tenía dinero para adquirirlo. En ese tiempo les pedimos a los hermanos mayores que explicaran el por qué mi mamá no tenía dinero, ambos se negaron rotundamente a responder.

Me asesoré legalmente, pero no pude hacer algo en ese momento porque mi mamá estaba en condiciones de decidir, me pidió respetar su decisión, que ella estaba consciente de lo que estaban haciendo. En ese momento respeté su decisión y salí de su casa. Mi hermano y yo no tenemos la libertad de visitar a mi mamá cuando nosotros lo deseamos, y mucho menos intervenir en el arreglo de su casa. Cuando se daban cuenta de que mi mamá nos daba llaves de su casa, con diferentes excusas ellos cambiaban la combinación. Hace siete años aproximadamente, era evidente el deterioro y el descuido en el que se encontraba la casa.

Por otro lado, mi mamá tenía problemas severos de circulación, colesterol, triglicéridos altos, retención de líquidos, hipertensión, sin que tuviera tratamiento médico alguno, además tenía problemas con mis hermanos y con mi mamá porque decían que ella estaba bien de salud. Tenía también mala alimentación, no tenía comida en su casa. En varias ocasiones me percaté que no tenía dinero, le dejaba yo dinero y se le perdía o se lo daba a mis hermanos. No tenía un super o despensa en su casa, su lavadora y boiler estaban oxidados en su caja, no se los habían instalado porque no tenía dinero; artículos o prendas que le regalábamos no las usaba, las regalaba o se le perdían. Vivía entre basura, con demasiadas cosas acumuladas, las paredes con bastante humedad, no tenía luz porque la misma humedad había provocado un corto en toda la instalación.

Vivía con 22 gatos y perros que adoptaba de la calle, viviendo en una situación inhabitable e inhumana. Después de algún tiempo se nos empiezan a negar las visitas a casa de mi mamá, poniendo excusas y diciendo que no quería ver a nadie, en ocasiones los vecinos le permitían brincarse la barda para poder verla. En agosto del 2020 mi hermano menor logra visitar a mi mamá. Roberta le comenta que mi mamá presenta comportamientos y actitudes extrañas, le dicen que no la ven bien y consideran internarla en una clínica psiquiátrica o en un asilo. Posterior a eso, uno de mis hermanos le llama a mi hermano Marcos para que vaya por ella y se la lleve unos días mientras acondicionan su casa.

Mientras mi mamá está con nosotros en Temixco, Morelos, inicia tratamiento médico, jamás presentó problemas de alimentación o que algo le hiciera daño, tampoco presentó cuadros depresivos, se adaptó inmediatamente a la rutina y hábitos que teníamos en casa. Nos quedó claro que lo que necesitaba era atención, compañía, amor y convivir con personas. En octubre del 2020 mi mamá regresa a su casa, Marcos y yo exponemos nuestras observaciones al convivir con mi mamá, proponemos estar al pendiente todos, que se contrate una persona para que conserve su casa ordenada, le tenga comida y ella pueda comer cuando lo disponga. Les preguntamos quién es el encargado de cobrar las pensiones de mi mamá y cuánto es lo que percibe.

Roberta y Juan se niegan a contestar y se ponen a la defensiva, rechazan el medicamento que mi mamá llevaba porque dicen que ella tenía a sus médicos, también se niegan a que una persona extraña entre a la casa de mi mamá y nos dicen que ejerzamos nuestro derecho de hijos e investiguemos cuánto cobra mi mamá. Dejamos que mi mamá se quede en su casa porque ella así lo quería, a pesar de que Marcos y yo no estábamos muy convencidos, dejándoles en claro que para tomar una decisión de internar a mi mamá debían consultarlo con nosotros, situación que no considerábamos fuera necesario, ya que nosotros estábamos dispuestos a cuidar de ella. En diciembre mi madre se enfermó de COVID, al hacerlo de su conocimiento, ella pidió que nos la trajéramos, ya que consideraba que mis hermanos mayores no le tenían paciencia ni empatía.

Actualmente está a nuestro cuidado, está sana, anímicamente se ve bien, se muestra más segura, ya se siente merecedora de recibir afecto, acepta abrazos y está sonriente, ya se preocupa por su aseo y su aspecto personal. Lo único que solicitamos es que nos dejen cuidar a mi señora madre. Que desistan de sus falsas acusaciones. Y respeten nuestros derechos a la privacidad. Finalmente, debo decir que hacemos responsables a mis hermanos Juan Gabriel y Roberta, ambos de apellido, Torres Rodríguez, de cualquier agresión o atentado físico y/o psicológico en contra de mi hijo menor, de mi mamá o de mi hermano Marcos, denuncia que hice pública en las redes sociales a través de Instagram«.

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