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Feminicidios y trata sexual

Mujeres “guardadas” en la morgue de Juárez

Los cuerpos de 22 mujeres reportadas como desaparecidas yacen en la morgue, sin que las autoridades locales notifiquen todavía a sus madres.

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Por Guadalupe Lizárraga

LOS ANGELES.- “Tardaron mucho en decidirse, y en entregarla”, dijo en los pasillos de la fiscalía del Estado, una funcionaria pública para referirse al cuerpo de Adriana Sarmiento Enríquez, desaparecida en Ciudad Juárez, el 18 de enero de 2008. Las autoridades locales habían retenido el cadáver de la joven en las instalaciones del Servicio Médico Forense “desde hace tiempo”, sin informar con precisión cuánto, y porqué no habían informado a sus familiares.

Adriana tenía 15 años cuando fue secuestrada. Ella y su amiga Griselda regresaban de la Preparatoria Allende, con rumbo a su casa, en un autobús de la ruta Juárez-Zaragoza. Griselda bajó dos cuadras antes de llegar al centro de la ciudad, donde aún vive. Adriana continuaba sola, como todos los días, dos cuadras más en el mismo autobús por la avenida Miguel Ahumada, y caminaría una cuadra por la calle Francisco Javier Mina, para tomar un segundo autobús hacia la colonia Mariano Escobedo, donde vivía con sus padres. A su casa nunca llegó. Y en ese tramo, donde habría estado sola unos 12 minutos antes de tomar el segundo transporte, desaparecieron otras tres jóvenes en diferentes fechas, dos de ellas asesinadas y retenidas en la morgue, y otra identificada en una audiencia de televisión en Los Ángeles, California, sin dar con su paradero.

La madre de Sarmiento publicó en diferentes sitios digitales la desaparición de su hija y la ayudaron a pegar miles de pesquisas por el centro de la ciudad. Sin embargo, estaba totalmente destrozada por el dolor, y no pudo continuar con el resto de las madres que se han organizado para seguir buscando a sus hijas.

Adriana Sarmiento

Cadáveres guardados por años

 “El cuerpo de Adriana Sarmiento pudo haber sido retenido en la morgue por un año o más”, señaló una fuente a Los Ángels Press, y guardamos su anonimato por seguridad. Así fue el caso de Hilda Gabriela Rivas Campos, de 16 años, desaparecida en febrero de 2008 y asesinada ese mismo año. Su cadáver lo encontraron en el Kilómetro 57 del Valle de Juárez, y fue retenido en la morgue durante tres años hasta que las autoridades decidieron notificar a su madre, el 27 de septiembre de 2011, alegando “que tenían que hacer la prueba de ADN y compararlas con las muestras que dan los familiares de las víctimas”.

Carmen Castillo, madre de Mónica Liliana Delgado Castillo, esperó mucho menos para que las autoridades notificaran y entregaran el cadáver de su hija. Mónica desapareció en enero de 2011 y tenía 18 años. Su cuerpo también fue localizado en el Kilómetro 57, a los días de haber sido asesinada y lo entregaron nueve meses después, junto con el de Hilda Gabriela, el mismo 27 de septiembre, en una conferencia de prensa organizada por las autoridades de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, a la que Carmen Castillo prefirió no asistir.

También han sido “guardados” siete cadáveres de mujeres sin identificar y sin informar oficialmente a la opinión pública, que fueron encontrados en Loma Blanca, del Valle de Juárez. Se desconoce el tiempo y las circunstancias por las que las guardan en la morgue, pese a que las madres de las desaparecidas están en constante búsqueda de sus hijas y preguntando a la Fiscalía por los avances de las investigaciones.

El cuerpo de Jazmín Villa Esparza es otro de los que se encuentra en la morgue. Ella desapareció el 3 octubre de 2010, de 13 años de edad. Fue encontrada sin vida en el poblado de San Agustín, según afirmó la fuente a Los Ángeles Press, sin que sepa con precisión cuándo la encontraron muerta, por qué sigue en las instalaciones del servicio forense y por qué no ha sido entregada a sus familaires.

Su madre, Isela Esparza Morales, reclamaba a la Fiscalía del Estado, en febrero de 2011, que “a su hija no la buscaban”, que “a nadie le importaba, porque no se había hecho un solo rastreo”. Sin embargo, no recibió ayuda ni información alguna sobre el avance de la investigación, y el cuerpo de su hija podría haber estado ya desde entonces en la morgue.

15 cadáveres más

 Recientemente, encontraron otros quince cadáveres de mujeres, enterrados en una misma fosa, en el Valle de Juárez. Esta información tampoco la han querido dar oficialmente las autoridades y todavía se desconoce el lugar exacto donde fueron  encontrados. Los cuerpos, retenidos en el Servicio Médico Forense, algunos se encuentran con ropa y otros completamente desnudos. Las edades oscilan entre los 17 y los 20 años. Son cuerpos con rastros de violencia, de sadismo, algunos mutilados.

“Van a buscar la manera de cómo entregarlos”, señala la fuente, “pero parecería que retienen los cadáveres con dolo, como si no quisieran entregarlos. Quizá por no sembrar el terror, pero es la misma historia desde 1993, nada ha cambiado”, lamenta.

De 26 cadáveres de mujeres que han sido retenidos en la morgue, incluyendo el de Adriana Sarmiento, ya han sido identificados y entregados dos a sus familiares, el de Hilda Gabriela Rivas y el de Mónica Liliana Delgado, encontrados en el Kilómetro 75. Otro cadáver ha sido identificado como Jazmín Villa Esparza, encontrado en San Agustín, y no ha sido notificado a su madre.  Hay siete cadáveres sin identificar que fueron encontrados en Loma Blanca, y otros 15 más, también sin identificar, encontrados en el Valle de Juárez, sin precisar el poblado.

La Fiscalía General del Estado tiene muchas respuestas que dar a las madres de Juárez. Por lo pronto, las preguntas se quedan en el aire, ¿dónde las encontraron? ¿Cuánto tiempo llevaban enterradas? ¿Cuánto tiempo llevan en la morgue? ¿Por qué ocultan las autoridades la información? ¿Por qué desaparecen pistas? ¿Quiénes eran en vida estos cuerpos masacrados?

Feminicidios y trata sexual

Policía de Cancún reprime y agrede a periodistas y activistas durante protesta por feminicidio

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Por Ignacio García 

Elementos de la policía de Cancún, Quintana Roo, reprimieron con balazos una manifestación de activistas feministas que protestaban por el feminicidio de Bianca Alejandrina Lorenzana Alvarado, por lo que resultaron dos periodistas que cubrían la movilización.

Alrededor de 400 mujeres activistas que se manifestaron a las afueras de la Fiscalía General de Justicia del Estado fueron repelidas por parte de elementos de la policía de Cancún, por lo que la periodista Cecilia Solís y el reportero Roberto Becerril resultaron lesionados.

La comunicadora fue herida en el pie izquierdo, mientras que Roberto Becerril fue lesionado en el hombro, aunque también la reportera Selene Hidrogo fue agredida, por lo que los tres periodistas fueron trasladados a la Cruz Roja mexicana, pero las dos primeras fueron internadas en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Las manifestantes exigían justicia por el feminicidio de Bianca Alejandrina Lorenzana, cuyo cuerpo descuartizado fue localizado en un basurero, por lo que pintaron algunas paredes del ayuntamiento de Cancún, situación que provocó que los policías dispersaran la protesta con balas.

Los policías locales detuvieron a 20 personas supuestamente involucradas con las pintas al ayuntamiento y a la fiscalía estatal, mientras que el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, se comprometió a esclarecer el feminicidio de Bianca Alejandrina, pese a las acciones de violencia contra las manifestantes.

Tras las agresiones contra los periodistas que cubrían la movilización, alrededor de cien comunicadores de distintas regiones de esa entidad se manifestaron sobre la Glorieta de Ceviche para exigir justicia por la violencia que sufren los reporteros en México diariamente.

Según las autoridades estatales, el director la Policía Municipal de Benito Juárez en Cancún, Eduardo Santamaría, ordenó disparar a los manifestantes, pese a que los uniformados no portaban armas de salva, por lo que este día fue destituido por su responsabilidad en las agresiones a los periodistas y manifestantes.

 

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Feminicidios y trata sexual

Asesinan a Marielle Franco, política y activista brasileña crítica con la intervención militar en Río de Janeiro

Activista de DDHH y concejala del Partido Socialismo y Libertad, Marielle Franco era crítica de la intervención del ejército en Río de Janeiro

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Desalambre

La activista de los derechos humanos y concejala del Partido Socialismo y Libertad (PSOL, oposición) Marielle Franco, convertida en una dura crítica de la intervención del Ejército en la seguridad de Río de Janeiro, fue asesinada a balazos este miércoles en el centro de esta ciudad brasileña, informaron fuentes oficiales.

Marielle Franco, conocida activista de los derechos humanos que fue la quinta más votada en las elecciones de 2016 para el Concejo de Río de Janeiro, regresaba anoche del acto político “Jóvenes negras: moviendo las estructuras”, centrado en la lucha afrofeminista, cuando fue tiroteada mientras transitaba en su vehículo por una calle del centro de la ciudad.

En el ataque también murió el conductor de su vehículo mientras que una asesora de la política identificada como Fernanda Chaves sufrió heridas sin gravedad.

La Policía Civil de Río de Janeiro informó de que el ataque lo efectuaron pistoleros que estaban en otro vehículo y que, tras disparar, huyeron sin robar nada.

El ataque se produjo un día después de que la concejala volviera a criticar la intervención en la seguridad de Río de Janeiro en un mensaje en las redes sociales. “¿Cuántos más tienen que morir para que esta guerra acabe?”, se preguntó Franco.

Franco, que se caracterizó en la carrera política por su trabajo en defensa de los derechos humanos, especialmente de las mujeres negras como ella, ya había publicado otros mensajes cuestionando la violencia de la Policía en Río de Janeiro.

La legisladora, una socióloga de 38 años procedente de las favelas de Maré, una de las áreas más violentas de Río de Janeiro, era la relatora de la comisión del Concejo creada para fiscalizar las operaciones policiales en el marco de la intervención militar.

El crimen ocurrió casi un mes después de que el presidente brasileño, Michel Temer, decretara una intervención federal en la seguridad de Río de Janeiro para combatir la ola de violencia que afecta al estado más emblemático de Brasil desde los Juegos Olímpicos de 2016.

La decisión cede a los militares el control de la seguridad en Río hasta finales de 2018 tras la ola de violencia que el año pasado causó 6.731 muertes, entre las que se cuentan las de más de 100 policías y diez niños alcanzados por “balas perdidas”.

El PSOL, uno de los partidos más críticos de la intervención, presentó esta semana un recurso en el que le solicitó a la Corte Suprema que declare la medida como inconstitucional.

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Con voz propia

Calcetitas rojas, investigación de Frida Guerrera sobre el asesinato de una niña

La activista contra los feminicidios, Frida Guerrera, investigó y reveló la identidad de una niña asesinada y tirada en un lote baldío en Netzahualcóyotl, Estado de México.

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ESTADO DE MÉXICO.- A finales de abril de 2017, la activista contra los feminicidios en Estado de México, Frida Guerrera, su avatar en las redes, emprendió una campaña después de conocer la noticia de que una niña de cuatro años había sido violada, golpeada y asesinada, y su cuerpo tirado en un lote baldío. En nueve meses de campaña, con transmisiones y dibujos del rostro de la niña, buscaba su identidad, hasta que encontró quién era aquella niña que había sido tirada como un desperdicio a la calle.

Frida Guerrera

Calcetitas rojas, así le pusimos. Era lo único que le dejaron puesto junto con su sudadera color verde agua. Unas botas negras arrojadas despectivamente junto a su cuerpo y una cobijita de ositos en su cabeza. Fue dejada ahí, en un terreno donde ahora, a casi diez meses, fue ocupado por montones de tierra como pretendiendo sepultar el terrible crimen de a quien cariñosamente llamé mi niña.

Aquel 18 de marzo de 2017 documenté cómo encontré esa imagen que desgarró mi ser, como madre y persona, y quienes me han seguido desde aquel 26 de abril de 2017, mis transmisiones diarias de #FeminicidioEmergenciaNacional donde solicitaba ante la falta de un rostro datos que me llevaran a encontrar quién era esta pequeña. Día tras día, requiriendo el apoyo de algunos miles de personas que nos han visto durante ocho meses, en octubre 27 por fin logramos sacar ese primer rostro después de una ardua tarea. Alguien se unió a la petición y llegó primero una imagen dolorosa que mostraba el rostro severamente lastimado de mi niña.

Muchos me hacían saber que era imposible, que no iban a encontrar ni a su familia, ni su identidad y mucho menos a quienes se habían atrevido a asesinarla, violarla, morderla y dejarla ahí tirada como basura.

El 01 de noviembre de 2017, luego de dar a conocer la primera video-columna y el rostro de la niña Calcetitas rojas, un feminicidio donde el dolor no cede supe que había sido sepultada por la Fiscalía del Estado de México en un panteón privado. Qué bien, pensé, pero nuevamente oculta, invisible, como si no hubiera existido, así como legalmente nunca constó.

La artista forense Rosa Alejandra Arce, se unió a esta necesidad de darle rostro e identidad a la niña. Fue así que el 15 de noviembre de 2017 dimos a conocer la segunda imagen. Después, todo fue como una ola, me llegaban decenas de mensajes diciéndome que tal vez era una niña vista en tal lugar, otros de una chica que vio el cadáver de la pequeña en el Servicio Médico Forense (SEMEFO) en Nezahualcóyotl. Cuando buscaba a su sobrina, afortunadamente para ella, no era la niña, pero estaba segura de que era mi niña. Después alguien más que me decía que era muy parecida a su sobrina, a donde me llamaban acudía en esta necesidad por conocerla.

El 25 de noviembre de 2017 recibo un mensaje vía Facebook, alguien me solicitaba hablar conmigo respecto a la niña, le pedí un número telefónico y llamé, fue el 27 de noviembre de 2017 que me comuniqué, era su tía Marina.

Todo ha pasado rápidamente desde entonces, ir a verlas, platicar con las dos tías que sospechaban que podría tratarse de la niña, finalmente estaban más que convencidas de que era la niña. El 14 de diciembre de 2017 recibí nuevamente un mensaje vía Facebook, en esta ocasión de un joven, Alberto (por seguridad le cambiamos el nombre), quién me pedía nuevamente me comunicara con él, que quería hablarme de la niña. Acudí a verlo el 15 de diciembre, una foto y un video de la niña en vida me convencieron. Era ella en esa fotografía, tenía puestas las botitas que fueron dejadas cerca de su lastimado cuerpecito. Para el 18 de diciembre todo se concretó. No tiene caso decirle de que toda la investigación se la entregué a la Fiscalía del Estado de México.

Imagen proporcionada por familiares que la identificaron.

Lo que parecía imposible

Lupita nació el 16 de enero de 2013 en Nezahualcóyotl, Estado de México. Era la cuarta hija de “Monse”. La historia de la pequeña es como la de muchas de nuestras niñas en este país, proveniente de una madre con problemas de drogadicción en un mundo donde la pobreza y la dejadez Institucional se palpan a diario, sin buscar realmente la manera de atender tan grave problema. Jeremy Guadalupe, como la conocían personas cercanas a ella, no fue registrada cuando nació, fue con una partera aquellas que socorren a miles de mujeres que no cuentan con un servicio de salud.

Lupita nació bajo una protección no otorgada, mucha gente intentó hacerse cargo de ella, pero por alguna razón nadie lo pudo concretar. Lupita, como el resto de los hijos de Monse, estaba en un lugar, después en otro. Quienes intentaban ayudar eran rechazados por la madre de la niña. Sin buscar justificar a Monse, la madre de Lupita, nada se podía esperar de ella. Fue educada de la misma manera por una madre que solo buscaba su satisfacción personal sin pensar que los hijos no son animales o que se crían solos.

El 2 de diciembre de 2013, Monse fue recluida en el Reclusorio por robo, y Lupita fue dejada en la casa de “alguien” de donde más tarde fue rescatada por la familia materna. Estaba llena de piojos, sufrió de pediculosis, durante dos años la pequeña estaba entre la casa de su abuela y “personas que la cuidaban”. Sin embargo, en esos tiempos, sus tías Marina y Luz, su abuela materna y personas que la conocían intentaban rescatar a la niña. La inocente fue entregada a su madre el 2 de abril de 2016, cuando salió del penal.

Nuevamente Lupita deambulaba en la calle y entre basureros a lado de su mamá en diciembre de 2016, Lupita llegó a casa de Doña Rufina (nombre ficticio para proteger su identidad) en Lago Cuitzeo, muy cerca de la vecindad donde vivía con Karla, quien, dicho por la niña, la quemaba con cigarrillos.

“Abuelita tengo hambre”, expresó Lupita, al abrazar las piernas de Doña Rufina que se encontraba parada en el lavadero como acostumbra, una mujer igual de humilde que ella pero con un corazón gigante. Alberto la vio y escuchó. Doña Rufina es abuela del joven, la niña vestía un pantalón azul verdoso lleno de hoyos, una playera rosa, y zapatos negros, eran aproximadamente las cinco de la tarde de ese 20 de diciembre de 2016.

Alberto le dio una moneda para que comprara sus papas y su “Coca-cola”. Lupita regresó a la casa de Doña Rufina, desde entonces ya no quiso irse. Durante 15 días nadie fue a buscar a la pequeña. Rufina, Alondra y Alberto, fueron quienes se convirtieron en su abuela, madre y padre, dicho por la niña, trataron de educarla. Lupita buscaba en los botes de basura comida para degustarla.

Con lágrimas en los ojos, Doña Rufina me hace saber que escondía los botes de basura para que la niña no hurgara la mugre. Trataron de establecer horarios de comida, pero era imposible. La pequeña quería comer todo el tiempo, y cuando menos lo imaginaba Rufina la niña ya estaba comiendo con algunas de sus tías o su “papá”

“Sólo es un taco abuelita, ¿quieres taco?”, expresaba la pequeña.

Mi niña, tú niña, nuestra niña fue arrebatada de la familia de Doña Rufina y Alberto a mediados de febrero de 2017 por Monse, su madre biológica y Pablo, su padrastro. Fueron por ella, y solo le informaron a Rufina que se llevarían a la niña.

“¿Yo qué podía hacer?, ella era su mamá”, me dice Rufina. Desde entonces nadie volvió a verla, solo la madre de Pablo el 17 de marzo y acudió al DIF en el municipio de Nezahualcóyotl para denunciar que la niña había sido severamente golpeada por su madre y Pablo.

El 18 de marzo, su cuerpo fue encontrado muy temprano por la mañana. Fue reportada, ahí estaba Lupita, Yolloxochitzin, nuestra niña, violada, asesinada y dejada como un pedazo de nada, de nadie, quien permaneció en el anonimato casi nueve meses.

Imagen de la fiscalía.

Las autoridades poco hicieron por encontrarla o buscar quién era. La fiscal Irma Millán no me contestó mi intento de colaborar con ellos el 26 de abril de 2017 para ayudar a buscarla, y expresó con cierto orgullo “Yo la sepulté, le hice su misa y no hice un video para que se supiera”.

Ni la fiscal de feminicidios Irma Millán, ni el fiscal general del estado Alejandro Gómez, ni más nadie hizo algo por saber quién era esta pequeña. Cuando Marina y Luz María fueron aquel 27 de noviembre a preguntar a la Fiscalía de Nezahualcóyotl, primeramente, les dijeron que la niña ya había sido reclamada por sus abuelos y que ya era un caso cerrado. “Hasta me mostraron fotos de los abuelos”, detalla Marina.

Cuando ya iban de salida de la fiscalía, las increparon, cuestionándoles por qué no habían ido antes a reclamar el cuerpo de la niña, por qué antes no la buscaron, y la respuesta fue:No habíamos visto nada, ni nadie nos buscó, hasta que lo vimos con Frida”.

Abrazar a Lupita

El diario vivir con la familia de la niña me ha dado la oportunidad de conocer el contexto en que creció esos cuatro años. Conocí a sus dos hermanitos que afortunadamente están con una familia que los ama y los protege, a su hermana mayor que está con su tía y que hace todo y mucho para vencer cientos de problemas que se le han conjuntado después de hacer la denuncia.

El seis de enero de 2018 conocí a su hermana, una nena que sólo le llevaba un año a Lupita, cuando la tuve frente a mí, me desarmé. Era ella, su misma cara, su misma voz, salió en su patín del diablo, ahí en Neza, tenía puesta una pijama rayada, rosa con azul y blanco, su carita era la misma, salió y cuando me vio sonrió. No pude más que arrodillarme ante ella, abrí mis brazos, para recibirla gritando un ¡hola hermosa!, ella me abrazó, solté un par de lágrimas, no podía soltarme a llorar frente a ella. Con su vocecita me dijo “Monse mató a Lupita, yo no quiero sentir feo aquí dentro, (tocándose el corazón), sólo quiero que Lupita, perdone a Monse, ella ahora está en el cielo, pero le he pedido a los Reyes su muñeco Casimerito”.

La sensación aún permanece en mis brazos, en mi cabeza, sus brazos rodeándome el cuello, recostada en mi hombro, no quería soltarla era como abrazar a Lupita, a Yolloxochitzin, a mi niña que por meses busqué, a una niña que está muerta, que no conocí viva, pero que la convicción personal me llevó a encontrarla, así a buscarla como una aguja en un pajar.

Cuando detuvieron a Monse y Pablo, no pude más que ver el rostro de Lupita que por meses busqué.

Te dije, mi niña, no podían sólo dejarte ahí y no pagar por tanto dolor que te habían causado.

Enero 2018

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