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Feminicidios y trata sexual

Mujeres “guardadas” en la morgue de Juárez

Los cuerpos de 22 mujeres reportadas como desaparecidas yacen en la morgue, sin que las autoridades locales notifiquen todavía a sus madres.

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Por Guadalupe Lizárraga

LOS ANGELES.- “Tardaron mucho en decidirse, y en entregarla”, dijo en los pasillos de la fiscalía del Estado, una funcionaria pública para referirse al cuerpo de Adriana Sarmiento Enríquez, desaparecida en Ciudad Juárez, el 18 de enero de 2008. Las autoridades locales habían retenido el cadáver de la joven en las instalaciones del Servicio Médico Forense “desde hace tiempo”, sin informar con precisión cuánto, y porqué no habían informado a sus familiares.

Adriana tenía 15 años cuando fue secuestrada. Ella y su amiga Griselda regresaban de la Preparatoria Allende, con rumbo a su casa, en un autobús de la ruta Juárez-Zaragoza. Griselda bajó dos cuadras antes de llegar al centro de la ciudad, donde aún vive. Adriana continuaba sola, como todos los días, dos cuadras más en el mismo autobús por la avenida Miguel Ahumada, y caminaría una cuadra por la calle Francisco Javier Mina, para tomar un segundo autobús hacia la colonia Mariano Escobedo, donde vivía con sus padres. A su casa nunca llegó. Y en ese tramo, donde habría estado sola unos 12 minutos antes de tomar el segundo transporte, desaparecieron otras tres jóvenes en diferentes fechas, dos de ellas asesinadas y retenidas en la morgue, y otra identificada en una audiencia de televisión en Los Ángeles, California, sin dar con su paradero.

La madre de Sarmiento publicó en diferentes sitios digitales la desaparición de su hija y la ayudaron a pegar miles de pesquisas por el centro de la ciudad. Sin embargo, estaba totalmente destrozada por el dolor, y no pudo continuar con el resto de las madres que se han organizado para seguir buscando a sus hijas.

Adriana Sarmiento

Cadáveres guardados por años

 “El cuerpo de Adriana Sarmiento pudo haber sido retenido en la morgue por un año o más”, señaló una fuente a Los Ángels Press, y guardamos su anonimato por seguridad. Así fue el caso de Hilda Gabriela Rivas Campos, de 16 años, desaparecida en febrero de 2008 y asesinada ese mismo año. Su cadáver lo encontraron en el Kilómetro 57 del Valle de Juárez, y fue retenido en la morgue durante tres años hasta que las autoridades decidieron notificar a su madre, el 27 de septiembre de 2011, alegando “que tenían que hacer la prueba de ADN y compararlas con las muestras que dan los familiares de las víctimas”.

Carmen Castillo, madre de Mónica Liliana Delgado Castillo, esperó mucho menos para que las autoridades notificaran y entregaran el cadáver de su hija. Mónica desapareció en enero de 2011 y tenía 18 años. Su cuerpo también fue localizado en el Kilómetro 57, a los días de haber sido asesinada y lo entregaron nueve meses después, junto con el de Hilda Gabriela, el mismo 27 de septiembre, en una conferencia de prensa organizada por las autoridades de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, a la que Carmen Castillo prefirió no asistir.

También han sido “guardados” siete cadáveres de mujeres sin identificar y sin informar oficialmente a la opinión pública, que fueron encontrados en Loma Blanca, del Valle de Juárez. Se desconoce el tiempo y las circunstancias por las que las guardan en la morgue, pese a que las madres de las desaparecidas están en constante búsqueda de sus hijas y preguntando a la Fiscalía por los avances de las investigaciones.

El cuerpo de Jazmín Villa Esparza es otro de los que se encuentra en la morgue. Ella desapareció el 3 octubre de 2010, de 13 años de edad. Fue encontrada sin vida en el poblado de San Agustín, según afirmó la fuente a Los Ángeles Press, sin que sepa con precisión cuándo la encontraron muerta, por qué sigue en las instalaciones del servicio forense y por qué no ha sido entregada a sus familaires.

Su madre, Isela Esparza Morales, reclamaba a la Fiscalía del Estado, en febrero de 2011, que “a su hija no la buscaban”, que “a nadie le importaba, porque no se había hecho un solo rastreo”. Sin embargo, no recibió ayuda ni información alguna sobre el avance de la investigación, y el cuerpo de su hija podría haber estado ya desde entonces en la morgue.

15 cadáveres más

 Recientemente, encontraron otros quince cadáveres de mujeres, enterrados en una misma fosa, en el Valle de Juárez. Esta información tampoco la han querido dar oficialmente las autoridades y todavía se desconoce el lugar exacto donde fueron  encontrados. Los cuerpos, retenidos en el Servicio Médico Forense, algunos se encuentran con ropa y otros completamente desnudos. Las edades oscilan entre los 17 y los 20 años. Son cuerpos con rastros de violencia, de sadismo, algunos mutilados.

“Van a buscar la manera de cómo entregarlos”, señala la fuente, “pero parecería que retienen los cadáveres con dolo, como si no quisieran entregarlos. Quizá por no sembrar el terror, pero es la misma historia desde 1993, nada ha cambiado”, lamenta.

De 26 cadáveres de mujeres que han sido retenidos en la morgue, incluyendo el de Adriana Sarmiento, ya han sido identificados y entregados dos a sus familiares, el de Hilda Gabriela Rivas y el de Mónica Liliana Delgado, encontrados en el Kilómetro 75. Otro cadáver ha sido identificado como Jazmín Villa Esparza, encontrado en San Agustín, y no ha sido notificado a su madre.  Hay siete cadáveres sin identificar que fueron encontrados en Loma Blanca, y otros 15 más, también sin identificar, encontrados en el Valle de Juárez, sin precisar el poblado.

La Fiscalía General del Estado tiene muchas respuestas que dar a las madres de Juárez. Por lo pronto, las preguntas se quedan en el aire, ¿dónde las encontraron? ¿Cuánto tiempo llevaban enterradas? ¿Cuánto tiempo llevan en la morgue? ¿Por qué ocultan las autoridades la información? ¿Por qué desaparecen pistas? ¿Quiénes eran en vida estos cuerpos masacrados?

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Feminicidios y trata sexual

Asesinan a Marielle Franco, política y activista brasileña crítica con la intervención militar en Río de Janeiro

Activista de DDHH y concejala del Partido Socialismo y Libertad, Marielle Franco era crítica de la intervención del ejército en Río de Janeiro

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Desalambre

La activista de los derechos humanos y concejala del Partido Socialismo y Libertad (PSOL, oposición) Marielle Franco, convertida en una dura crítica de la intervención del Ejército en la seguridad de Río de Janeiro, fue asesinada a balazos este miércoles en el centro de esta ciudad brasileña, informaron fuentes oficiales.

Marielle Franco, conocida activista de los derechos humanos que fue la quinta más votada en las elecciones de 2016 para el Concejo de Río de Janeiro, regresaba anoche del acto político “Jóvenes negras: moviendo las estructuras”, centrado en la lucha afrofeminista, cuando fue tiroteada mientras transitaba en su vehículo por una calle del centro de la ciudad.

En el ataque también murió el conductor de su vehículo mientras que una asesora de la política identificada como Fernanda Chaves sufrió heridas sin gravedad.

La Policía Civil de Río de Janeiro informó de que el ataque lo efectuaron pistoleros que estaban en otro vehículo y que, tras disparar, huyeron sin robar nada.

El ataque se produjo un día después de que la concejala volviera a criticar la intervención en la seguridad de Río de Janeiro en un mensaje en las redes sociales. “¿Cuántos más tienen que morir para que esta guerra acabe?”, se preguntó Franco.

Franco, que se caracterizó en la carrera política por su trabajo en defensa de los derechos humanos, especialmente de las mujeres negras como ella, ya había publicado otros mensajes cuestionando la violencia de la Policía en Río de Janeiro.

La legisladora, una socióloga de 38 años procedente de las favelas de Maré, una de las áreas más violentas de Río de Janeiro, era la relatora de la comisión del Concejo creada para fiscalizar las operaciones policiales en el marco de la intervención militar.

El crimen ocurrió casi un mes después de que el presidente brasileño, Michel Temer, decretara una intervención federal en la seguridad de Río de Janeiro para combatir la ola de violencia que afecta al estado más emblemático de Brasil desde los Juegos Olímpicos de 2016.

La decisión cede a los militares el control de la seguridad en Río hasta finales de 2018 tras la ola de violencia que el año pasado causó 6.731 muertes, entre las que se cuentan las de más de 100 policías y diez niños alcanzados por “balas perdidas”.

El PSOL, uno de los partidos más críticos de la intervención, presentó esta semana un recurso en el que le solicitó a la Corte Suprema que declare la medida como inconstitucional.

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Con voz propia

Calcetitas rojas, investigación de Frida Guerrera sobre el asesinato de una niña

La activista contra los feminicidios, Frida Guerrera, investigó y reveló la identidad de una niña asesinada y tirada en un lote baldío en Netzahualcóyotl, Estado de México.

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ESTADO DE MÉXICO.- A finales de abril de 2017, la activista contra los feminicidios en Estado de México, Frida Guerrera, su avatar en las redes, emprendió una campaña después de conocer la noticia de que una niña de cuatro años había sido violada, golpeada y asesinada, y su cuerpo tirado en un lote baldío. En nueve meses de campaña, con transmisiones y dibujos del rostro de la niña, buscaba su identidad, hasta que encontró quién era aquella niña que había sido tirada como un desperdicio a la calle.

Frida Guerrera

Calcetitas rojas, así le pusimos. Era lo único que le dejaron puesto junto con su sudadera color verde agua. Unas botas negras arrojadas despectivamente junto a su cuerpo y una cobijita de ositos en su cabeza. Fue dejada ahí, en un terreno donde ahora, a casi diez meses, fue ocupado por montones de tierra como pretendiendo sepultar el terrible crimen de a quien cariñosamente llamé mi niña.

Aquel 18 de marzo de 2017 documenté cómo encontré esa imagen que desgarró mi ser, como madre y persona, y quienes me han seguido desde aquel 26 de abril de 2017, mis transmisiones diarias de #FeminicidioEmergenciaNacional donde solicitaba ante la falta de un rostro datos que me llevaran a encontrar quién era esta pequeña. Día tras día, requiriendo el apoyo de algunos miles de personas que nos han visto durante ocho meses, en octubre 27 por fin logramos sacar ese primer rostro después de una ardua tarea. Alguien se unió a la petición y llegó primero una imagen dolorosa que mostraba el rostro severamente lastimado de mi niña.

Muchos me hacían saber que era imposible, que no iban a encontrar ni a su familia, ni su identidad y mucho menos a quienes se habían atrevido a asesinarla, violarla, morderla y dejarla ahí tirada como basura.

El 01 de noviembre de 2017, luego de dar a conocer la primera video-columna y el rostro de la niña Calcetitas rojas, un feminicidio donde el dolor no cede supe que había sido sepultada por la Fiscalía del Estado de México en un panteón privado. Qué bien, pensé, pero nuevamente oculta, invisible, como si no hubiera existido, así como legalmente nunca constó.

La artista forense Rosa Alejandra Arce, se unió a esta necesidad de darle rostro e identidad a la niña. Fue así que el 15 de noviembre de 2017 dimos a conocer la segunda imagen. Después, todo fue como una ola, me llegaban decenas de mensajes diciéndome que tal vez era una niña vista en tal lugar, otros de una chica que vio el cadáver de la pequeña en el Servicio Médico Forense (SEMEFO) en Nezahualcóyotl. Cuando buscaba a su sobrina, afortunadamente para ella, no era la niña, pero estaba segura de que era mi niña. Después alguien más que me decía que era muy parecida a su sobrina, a donde me llamaban acudía en esta necesidad por conocerla.

El 25 de noviembre de 2017 recibo un mensaje vía Facebook, alguien me solicitaba hablar conmigo respecto a la niña, le pedí un número telefónico y llamé, fue el 27 de noviembre de 2017 que me comuniqué, era su tía Marina.

Todo ha pasado rápidamente desde entonces, ir a verlas, platicar con las dos tías que sospechaban que podría tratarse de la niña, finalmente estaban más que convencidas de que era la niña. El 14 de diciembre de 2017 recibí nuevamente un mensaje vía Facebook, en esta ocasión de un joven, Alberto (por seguridad le cambiamos el nombre), quién me pedía nuevamente me comunicara con él, que quería hablarme de la niña. Acudí a verlo el 15 de diciembre, una foto y un video de la niña en vida me convencieron. Era ella en esa fotografía, tenía puestas las botitas que fueron dejadas cerca de su lastimado cuerpecito. Para el 18 de diciembre todo se concretó. No tiene caso decirle de que toda la investigación se la entregué a la Fiscalía del Estado de México.

Imagen proporcionada por familiares que la identificaron.

Lo que parecía imposible

Lupita nació el 16 de enero de 2013 en Nezahualcóyotl, Estado de México. Era la cuarta hija de “Monse”. La historia de la pequeña es como la de muchas de nuestras niñas en este país, proveniente de una madre con problemas de drogadicción en un mundo donde la pobreza y la dejadez Institucional se palpan a diario, sin buscar realmente la manera de atender tan grave problema. Jeremy Guadalupe, como la conocían personas cercanas a ella, no fue registrada cuando nació, fue con una partera aquellas que socorren a miles de mujeres que no cuentan con un servicio de salud.

Lupita nació bajo una protección no otorgada, mucha gente intentó hacerse cargo de ella, pero por alguna razón nadie lo pudo concretar. Lupita, como el resto de los hijos de Monse, estaba en un lugar, después en otro. Quienes intentaban ayudar eran rechazados por la madre de la niña. Sin buscar justificar a Monse, la madre de Lupita, nada se podía esperar de ella. Fue educada de la misma manera por una madre que solo buscaba su satisfacción personal sin pensar que los hijos no son animales o que se crían solos.

El 2 de diciembre de 2013, Monse fue recluida en el Reclusorio por robo, y Lupita fue dejada en la casa de “alguien” de donde más tarde fue rescatada por la familia materna. Estaba llena de piojos, sufrió de pediculosis, durante dos años la pequeña estaba entre la casa de su abuela y “personas que la cuidaban”. Sin embargo, en esos tiempos, sus tías Marina y Luz, su abuela materna y personas que la conocían intentaban rescatar a la niña. La inocente fue entregada a su madre el 2 de abril de 2016, cuando salió del penal.

Nuevamente Lupita deambulaba en la calle y entre basureros a lado de su mamá en diciembre de 2016, Lupita llegó a casa de Doña Rufina (nombre ficticio para proteger su identidad) en Lago Cuitzeo, muy cerca de la vecindad donde vivía con Karla, quien, dicho por la niña, la quemaba con cigarrillos.

“Abuelita tengo hambre”, expresó Lupita, al abrazar las piernas de Doña Rufina que se encontraba parada en el lavadero como acostumbra, una mujer igual de humilde que ella pero con un corazón gigante. Alberto la vio y escuchó. Doña Rufina es abuela del joven, la niña vestía un pantalón azul verdoso lleno de hoyos, una playera rosa, y zapatos negros, eran aproximadamente las cinco de la tarde de ese 20 de diciembre de 2016.

Alberto le dio una moneda para que comprara sus papas y su “Coca-cola”. Lupita regresó a la casa de Doña Rufina, desde entonces ya no quiso irse. Durante 15 días nadie fue a buscar a la pequeña. Rufina, Alondra y Alberto, fueron quienes se convirtieron en su abuela, madre y padre, dicho por la niña, trataron de educarla. Lupita buscaba en los botes de basura comida para degustarla.

Con lágrimas en los ojos, Doña Rufina me hace saber que escondía los botes de basura para que la niña no hurgara la mugre. Trataron de establecer horarios de comida, pero era imposible. La pequeña quería comer todo el tiempo, y cuando menos lo imaginaba Rufina la niña ya estaba comiendo con algunas de sus tías o su “papá”

“Sólo es un taco abuelita, ¿quieres taco?”, expresaba la pequeña.

Mi niña, tú niña, nuestra niña fue arrebatada de la familia de Doña Rufina y Alberto a mediados de febrero de 2017 por Monse, su madre biológica y Pablo, su padrastro. Fueron por ella, y solo le informaron a Rufina que se llevarían a la niña.

“¿Yo qué podía hacer?, ella era su mamá”, me dice Rufina. Desde entonces nadie volvió a verla, solo la madre de Pablo el 17 de marzo y acudió al DIF en el municipio de Nezahualcóyotl para denunciar que la niña había sido severamente golpeada por su madre y Pablo.

El 18 de marzo, su cuerpo fue encontrado muy temprano por la mañana. Fue reportada, ahí estaba Lupita, Yolloxochitzin, nuestra niña, violada, asesinada y dejada como un pedazo de nada, de nadie, quien permaneció en el anonimato casi nueve meses.

Imagen de la fiscalía.

Las autoridades poco hicieron por encontrarla o buscar quién era. La fiscal Irma Millán no me contestó mi intento de colaborar con ellos el 26 de abril de 2017 para ayudar a buscarla, y expresó con cierto orgullo “Yo la sepulté, le hice su misa y no hice un video para que se supiera”.

Ni la fiscal de feminicidios Irma Millán, ni el fiscal general del estado Alejandro Gómez, ni más nadie hizo algo por saber quién era esta pequeña. Cuando Marina y Luz María fueron aquel 27 de noviembre a preguntar a la Fiscalía de Nezahualcóyotl, primeramente, les dijeron que la niña ya había sido reclamada por sus abuelos y que ya era un caso cerrado. “Hasta me mostraron fotos de los abuelos”, detalla Marina.

Cuando ya iban de salida de la fiscalía, las increparon, cuestionándoles por qué no habían ido antes a reclamar el cuerpo de la niña, por qué antes no la buscaron, y la respuesta fue:No habíamos visto nada, ni nadie nos buscó, hasta que lo vimos con Frida”.

Abrazar a Lupita

El diario vivir con la familia de la niña me ha dado la oportunidad de conocer el contexto en que creció esos cuatro años. Conocí a sus dos hermanitos que afortunadamente están con una familia que los ama y los protege, a su hermana mayor que está con su tía y que hace todo y mucho para vencer cientos de problemas que se le han conjuntado después de hacer la denuncia.

El seis de enero de 2018 conocí a su hermana, una nena que sólo le llevaba un año a Lupita, cuando la tuve frente a mí, me desarmé. Era ella, su misma cara, su misma voz, salió en su patín del diablo, ahí en Neza, tenía puesta una pijama rayada, rosa con azul y blanco, su carita era la misma, salió y cuando me vio sonrió. No pude más que arrodillarme ante ella, abrí mis brazos, para recibirla gritando un ¡hola hermosa!, ella me abrazó, solté un par de lágrimas, no podía soltarme a llorar frente a ella. Con su vocecita me dijo “Monse mató a Lupita, yo no quiero sentir feo aquí dentro, (tocándose el corazón), sólo quiero que Lupita, perdone a Monse, ella ahora está en el cielo, pero le he pedido a los Reyes su muñeco Casimerito”.

La sensación aún permanece en mis brazos, en mi cabeza, sus brazos rodeándome el cuello, recostada en mi hombro, no quería soltarla era como abrazar a Lupita, a Yolloxochitzin, a mi niña que por meses busqué, a una niña que está muerta, que no conocí viva, pero que la convicción personal me llevó a encontrarla, así a buscarla como una aguja en un pajar.

Cuando detuvieron a Monse y Pablo, no pude más que ver el rostro de Lupita que por meses busqué.

Te dije, mi niña, no podían sólo dejarte ahí y no pagar por tanto dolor que te habían causado.

Enero 2018

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Feminicidios y trata sexual

Marlen Amox, la dieron por muerta pese a rastros de vida en Juárez

Marlen Amox fue reportada como desaparecida y en menos del mes la fiscalía la presentó a los medios como restos óseos, aún con evidencia de estar viva

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Por Guadalupe Lizárraga

CIUDAD JUÁREZ, México.- Marlen Amox Fernández fue desaparecida el 30 de julio de 2012 en Ciudad Juárez. Con veinte años de edad y un hijo de un año, su caso sin embargo no es igual a los más de 200 feminicidios sin resolver y más de 300 reportes de desaparecidas en el último año en esta región fronteriza. La diferencia es que su madre, Emilia Fernández, presentó evidencias contundentes ante la fiscalía de que su hija estaba viva y las autoridades insistieron en darla por muerta con la completa obediencia de los medios de comunicación.

La Fiscalía del Estado activó el protocolo Alba, después de que le negara a la madre levantar el reporte de desaparecida porque su hija “era mayor de edad”. La Fiscalía de Género confirmó “el hallazgo” de unos siete restos óseos junto con objetos personales de mujer, que desconoció con firmeza la madre como propiedad de su hija, y aún así la fiscalía presentó el caso ante los medios de comunicación como un feminicidio más ahora con el nombre de Marlen Amox Fernández.

La desaparición de Marlene

Marlene salió de su casa con una amiga, y dijo a su madre que “iba a ir a un mandado”, la tarde del 30 de julio. Ya no regresó a su casa para dormir, y su madre empezó a buscarla. La amiga dijo que se la habían llevado dos personas, un hombre y una mujer, que le habían ofrecido trabajo en un puesto de hamburguesas.

Fue a levantar un reporte a la fiscalía y le dijeron que no procedía por ser mayor de edad. Hasta el quinto día, el 4 de agosto, a insistencia de la madre a las autoridades fue que levantaron el reporte de la desaparición de su hija ante el Ministerio Público.

Antes, el 2 de agosto, la madre tenía una llamada perdida en su teléfono y se lo dio a la fiscalía para que rastreara el número. Ese mismo día la vecina, amiga muy cercana de Marlen, recibió dos llamadas, una no alcanzó a contestar y en la segunda vez pudo reconocer la voz de Marlen en un gemido lastimoso.

En un lapso de dos horas, de diez a doce de la mañana de ese mismo día, la vieron en la colonia tres personas conocidas de la familia. Una de ellas escuchó a Marlen muy nerviosa que decía por teléfono: “No venga, porque está mi mamá en la casa”, según el testimonio dado a la madre.

La fiscalía publicó en los medios que se activó el protocolo Alba el seis de agosto en busca de Marlen. Pero ignoraron a la madre sobre la información que aportó de los vecinos que la vieron cuatro días antes y de las llamadas que hicieron a su teléfono.

Otro vecino, el siete de agosto, incluso habló con ella, y después la vio que se fue con una mujer morena con aspecto de “chola”, especifica. Según, el testigo, Marlen le preguntó si tenía una casa de renta, y mientras respondía caminaron juntos del parque hacia su tienda. Después, Marlen se fue a hablar con la mujer de aspecto de “chola”, y el testigo ya no la vio más.

La última persona que la vio fue el 14 de agosto. Le dijo a la madre que había visto a Marlen de muy cerca, la saludó, pero la vio “muy rara, como si estuviera drogada”.  Dijo Emilia que cuando la vieron los vecinos no sabían que Marlen estaba desaparecida, “hasta que se enteraron por las noticias de la televisión”.

La noticia de la muerte

El 12 de septiembre, Emilia Fernández recibió una llamada de la fiscalía. Era la psicóloga María Guadalupe Torres para preguntarle cómo se sentía, si podía aguantar una mala noticia. Emilia sorprendida y haciéndose fuerte, preguntó porqué. La funcionaria dijo que “había salido positivo el examen de ADN de su hija en uno de los restos óseos”.

A partir del caso de Adriana Sarmiento, desaparecida a los 15 años de edad, en 2008, que estuvo guardada en la morgue por tres años con evidencias manipuladas por las propias autoridades, la fiscalía pide muestras de ADN a los padres que reportan a sus hijas como desaparecidas. A los cuerpos o restos óseos que van reportando como “encontrados”, les realizan el examen y dan aviso a los padres si corresponden a su hija. En estas tareas han pasado varios años por cada caso y aún se encuentran en la morgue varias decenas de cadáveres sin identificar. Sin embargo, en el caso de Marlen la situación no cumplió con la rutina de indiferencia y largo tiempo, y sorprendieron a Emilia dándole la noticia de su hija, 44 días después de que fue desaparecida.

Emilia, al escuchar a la psicóloga, quedó estupefacta y fue otra funcionaria responsable de la investigación, Aidé Guzmán, a quien correspondió ratificar por teléfono la noticia de la muerte de Marlen Amox Fernández. Incrédula, la madre da cuenta de nuevo de los detalles sobre las personas que vieron a su hija, las fechas y las circunstancias. Pero ya nadie escuchó del otro lado del auricular. Para las autoridades, Marlen ya era un grupo de restos óseos.

Ernesto Jáuregui Venegas, titular de la Fiscalía de Género. Foto: El Monitor Parral

La versión de la fiscalía

La Fiscalía de Género afirmó haber encontrado los restos óseos de Marlen el 26 de agosto. La madre dijo que “no era creíble su versión, porque a su hija la habían visto los días 2, 7 y 14 de agosto, no podía quedar sólo en siete restos óseos en tan sólo doce días”.

Un comandante de la policía estatal le preguntó porqué no creía que fuera Marlen y ella respondió que esa información ya se la había dado a la licenciada Aidé Guzmán, de la fiscalía. “Me enteré de que vinieron a hablar con los vecinos y ellos les dijeron lo mismo que me habían dicho a mí”, explicó Emilia, “hasta el número de teléfono que se registró en mi celular el 2 de agosto, se los dí y dijeron que ellos no podían rastrear el número porque no estaban autorizados”.

El titular de la Fiscalía de Género, Ernesto Jáuregui Venegas, declaró a los medios el 5 de septiembre que no había avances en las investigaciones de feminicidios.  Jáuregui señaló: “los peritos están investigando y al momento no hay alguna información nueva de los casos de feminicidios”. Pero siete días después, el 12 de septiembre le dieron la noticia a Emilia Fernández que estaba prácticamente resuelto el feminicidio de su hija.

Según lo publicado por los medios locales, la fiscalía encontró restos óseos que corresponden a Marlen, en dos partes: el 26 de agosto y el 10 de octubre. Un boletín de prensa con imprecisiones e inconsistencias lógicas reproducido por los medios es la prueba de la fiscalía para sostener que los restos son de la joven Amox.

El 11 de octubre a las 3 de la tarde llamaron por teléfono a la madre para que se reuniera con el genetista Elmer Castañón, la antropóloga Liliana Dorantes, la psicóloga María Guadalupe Torres y la licenciada Aidé Guzmán. “Ellos querían presentarme el reporte de ADN supuestamente de mi hija y de cómo encontraron las evidencias, pero me los mostraban en fotografías, la ropa, el cráneo con pelo, y los demás restos”, señaló la madre.

Emilia no aceptó sólo ver las fotografías y después de insistir mucho en ver las evidencias directamente, la funcionaria Aidé Guzmán le dijo que “por respeto al difunto no le podía enseñar los restos óseos”. Emilia respondió ya enérgica: “precisamente por respeto a mi hija déme esa oportunidad, porque soy su madre, y ella hubiera querido que la buscara. No se molesten, pero es mi hija y quiero estar segura”.

¿Por qué no puede ser Marlene?

Para el lunes 15 de octubre, Emilia Fernández se presentó en la morgue a las siete de la tarde con los empleados de la fiscalía a excepción de Aidé Guzmán, quien fue la funcionaria que ocultó información. También se opuso a la madre a que viera las evidencias directamente y colaboró para dar la noticia en los medios de comunicación. En ese día la sustituyó el agente Eduardo Villarreal. A Emilia la acompañaron su esposo, su hija mayor y la representante jurídica del Comité de Madres con hijas desaparecidas de Ciudad Juárez, la abogada Francisca Galván Segura.

“Toda la ropa se parecía mucho a la de mi hija”, dijo Emilia Fernández, “pero no coincidía en la talla”. La hija de Emilia es talla L, y la ropa que le presentó la fiscalía era talla más grande, 2XL. La talla de sus zapatos era 4.5 o 5, y la fiscalía presentó un par de tenis de número 3. La ropa, dice Emilia, “estaba como nueva, limpia, junto a la ropa de otras víctimas que tenían sangre o estaban amarillentas y sucias”.

Un collar de fantasía que traía Marlen estaba en excelente estado, “brillaba todavía”, dijo uno de los acompañantes de Emilia, cuando por la supuesta descomposición del cuerpo tendría que haberse deteriorado. “La pantalonera también era una talla diferente a la de Marlen, no coincidía con su estatrura”.

Tampoco coincidía el pelo, de acuerdo a la identificación de la madre, quien tocó y revisó el grosor del cabello, y revisó el cráneo y la dentadura. “Estoy cien por ciento segura que no es mi hija”, dijo Emilia, “mi hija no tiene esa forma de cráneo, el de ella es muy redondo y sus dientes son muy peculiares, no son los que están ahí”.

Cuando salió Emilia de la morgue con sus acompañantes, la psicóloga Guadalupe Torres le dijo: “señora, hasta le cambió el semblante”. Y Emilia respondió: “Claro que sí, porque no es mi hija. Se equivocaron”.

Emilia Fernández dijo que todos se habían quedado “calladitos”, reiteró: “no dijeron nada”, sólo se despidieron.

Antropóloga física Liliana Dorantes en el SEMEFO de Ciudad Juárez Foto: antropologiafisicaparaque.blogspot.com

Inconsistencias también en el análisis forense de ADN

Emilia se basó en el conocimiento de su hija y de sus objetos personales para identificarla. Sin embargo, cualquier análisis forense de ADN pasa por un proceso científico que de acuerdo a la Guía de prácticas idóneas forenses de Naciones Unidas, el análisis de ADN para identificar restos humanos es un proceso que comprende al menos cinco pasos y conlleva una serie de precauciones y comparaciones, en condiciones estables, es decir, teniendo todos los elementos para la práctica que determinan su fiabilidad.

El tiempo promedio para un análisis forense es quince días a tres meses, de acuerdo al antropólogo Fredy Peccerelli, autoridad en la materia por su trabajo destacado en Guatemala en la identificación de restos humanos y evidencias de la dictadura. Ya en entrevista para Los Ángeles Press, Peccerelli había dicho que en estos casos de Ciudad Juárez “era más importante revisar que los procedimientos de análisis de ADN fueran acreditados de acuerdo a las normas de calidad internacional y las autoridades tenían que considerar las angustias familiares”.

Pero la fiscalía no consideró ninguna de esas sugerencias. En el caso de Marlen Amox, además de lo dicho por la madre respecto a la forma del cráneo, tipo de cabello, dentadura y talla de ropa que no coincide con los datos de la fiscalía, el último día que la vieron los vecinos fue el 14 de agosto, y la fiscalía dijo haber encontrado restos óseos el 26 de agosto y el 10 de octubre.

Los primeros restos fueron supuestamente encontrados el 26 de agosto, y según la fiscalía realizó el examen de ADN y fue muy puntual en dar el resultado a los quince días, el 10 de septiembre. Sin tener todos los elementos de prueba, la fiscalía informó a la madre que se trataba de los restos de su hijael 12 de septiembre.

El segundo “hallazgo” de restos óseos ubicados en área cercana a la maquiladora Electrolux, según la fiscalía, fue el 10 de octubre. Para el 25 de octubre, siendo eficientes y rápidos, estarían los resultados del ADN, “en condiciones estables” como sugiere antropólogo Peccerelli. Pero a la madre le informaron siete días después del supuesto hallazgo. Esto es que no cumple el tiempo estándar para la práctica de un análisis forense.

Otra inconsistencia es que los restos óseos son presentados con una degradación total del tejido blando que no corresponde al tiempo de muerta que dice tener la fiscalía. Los restos óseos están limpios. La respuesta que da a ello la fiscalía, es que la fauna del desierto se ha devorado todo el tejido blando, dejando sólo fragmentos de la estructura ósea y cráneo en una sombra de grasa sobre el suelo.

Ciudad Juárez es una ciudad donde sus autoridades forenses se han caracterizado por tardar años en el análisis de ADN, y con un proceso poco fiable porque no son pocas las madres que han solicitado un segundo dictamen sobre los restos de sus hijas, aunque la mayoría no denuncia por miedo a las mismas autoridades.

La complicidad de los medios

El 17 de octubre, la Fiscalía del estado de Chihuahua dio la noticia de la muerte de Marlen Amox Fernández en los medios de comunicación, pese a que dos días antes la madre negó que fueran los restos de su hija. Ninguno de los medios que recibieron el boletín con la información se dio a la tarea de preguntar la versión de la madre, menos de investigar si los fragmentos óseos podían ser de otra víctima.

Periódicos impresos y digitales, como La Jornada, OEM, Noticinco, Canal 44, Televisa, fueron algunos de los medios mexicanos que reprodujeron la versión completa de la fiscalía. “Yo nunca autoricé para que se diera esa información”, dijo la madre. Tampoco la fiscalía le avisó que lo haría. Y la madre se enteró de lo publicado por los medios porque llegaron vecinos, familiares y amigos a darle el pésame a su casa.

“Tengo miedo de empeorar las cosas, porque pienso que si está viva, ahora me la vayan a matar a propósito”, dijo Emilia Fernández.

 

 

 

Un “ola” se escribió desde el perfil de Marlen Amox, después de que los medios anunciaron su muerte Foto: LAPress

Después de anunciar su muerte, hubo actividad en su Facebook

El 18 de octubre, poco antes de la cinco y media de la tarde, en el perfil de Facebook de Marlen Amox Fernández se dejó un mensaje desde su cuenta. Sólo fue una palabra que dice “ola” y unos gráficos identificados como coreanos o chinos que representan signos de admiración. El hermano de Marlen, Jaciel Amox, respondió el mensaje, diciendo que la quería mucho. Pero ya no hubo respuesta.

La familia de Marlen ha interpretado este mensaje como un indicio de que está viva, y que lo hizo de esta manera para no poner en riesgo a más personas, porque seguramente se enteró de la noticia de la fiscalía al darla por muerta. De cualquier manera, la fiscalía ha ignorado esta actividad en la popular red social que aún se puede constatar en su perfil de Facebook.

Para la madre de Marlen los restos óseos que tiene la fiscalía no son de su hija, y así lo ha hecho público. Ha rechazado aceptar los restos ante los medios, y seguirá buscando a su hija.

Las falacias de los medios de comunicación 

Aquí se muestra un par de ejemplos de los errores que han cometido en la cobertura periodística del caso de Marlen Amox Fernández. Se trata de medios de reconocido prestigio, y que sin importar el dolor de la familia, incurren en imprecisiones e inconsistencias en favor de la fiscalía.

El Norte digital dio la noticia del hallazgo de restos óseos sobre la información aportada de la Fiscalía de Género el 17 de octubre. Pero no indagó otra versión ni preguntó a la familia. Fue hasta el 8 de noviembre que publicó una entrevista con la abogada Francisca Galván dando la versión de la familia y del rechazo de los restos óseos.

Televisa regional publicó:

“De forma preliminar se sabe que los restos son de la jovencita Marlen Amox Fernández, desaparecida el 30 de junio de este año. En su perfil de una red social, indica que desde el día 18 de agosto esa página web no muestra movimientos o cambios, pero ahí mismo se indica también que esa joven seria originaria del estado de Oaxaca.”

La fecha de desaparición es incorrecta y respecto a la red social a la que alude el medio, tuvo actividad el 18 de octubre, después de dar a conocer su muerte.

El diario La Jornada, en una nota firmada por dos corresponsales, Rubén Villalpando y Silvia Chávez, publica el 19 de octubre una inconsistencia lógica en las fechas y destaca que la fiscalía tiene una certeza del 99 por ciento. Un porcentaje, por demás, imposible en las condiciones en que se encontraron sólo siete piezas óseas. Otro error es la edad de la joven, a la que le atribuyen 18 años, cuando tiene 20 años. El diario publicó:

“Parte del cuerpo fue encontrada el 26 de agosto en un rastreo efectuado por 61 policías el 11 de octubre. Se identificaron siete piezas.”

Si el rastreo fue el 11 de octubre, cómo pudo encontrarse el “cuerpo” el 26 de agosto. Y porqué otros medios publicaron la fecha del “hallazgo” el 10 de octubre. Los corresponsales de La Jornada se refieren a un “cuerpo”, pero en la misma línea dice que son “siete piezas”, lo que ya no es un cuerpo, sino restos óseos sin nada de tejido blando.

El siguiente párrafo del diario mexicano La Jornada dice:

“El sábado anterior, la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género notificó a la mamá de la joven que los restos son de su hija y que las pruebas tienen una certeza de 99 por ciento.”

Los corresponsales de La Jornada dan la versión oficial atribuyéndole a la fiscalía la veracidad absoluta de los hechos, pese a las graves inconsistencias en este caso. No obstante, La Jornada no es un diario que desconozca que en los miles de casos de feminicidios perpetrados en 19 años, ninguno se haya cerrado judicialmente de manera satisfactoria y convincente para los padres de las víctimas, abonando a la justicia.

 

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