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Con voz propia

Segunda tortura, en Islas Marías: acusada del falso secuestro Wallace

Testimonio de Brenda Quevedo Cruz sobre su segunda tortura aplicada por agentes ministeriales para que se incriminara por el falso secuestro de Hugo Wallace

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Segunda y última parte

Testimonio

El martes 12 de octubre de 2010, aproximadamente como a las 9 de la noche, llegó un grupo de marines y custodias, dirigidos por el comandante Javier Jiménez Santana y la directora María Teresa López Avoites, a realizar una revisión en el campamento donde me encontraba. Era Zacatal, un campamento de población de sentenciadas en Islas Marías. Yo no he sido sentenciada, mi proceso sigue abierto, y sin embargo me enviaron a ese lugar.

Aquel 12 de octubre, yo estaba fuera del dormitorio. Conversaba con una interna cerca de una cancha de básquetbol. Los custodios llegaron y nos ordenaron que nos formáramos cada una afuera de sus dormitorios. Hicieron una revisión de los cuartos y fue cuando la custodia Verónica Chávez Rojas encontró supuestamente debajo de mi cama unas pastillas –que de hecho no estaban ahí cuando yo hice mi cama en la mañana de ese mismo día–, y me dijo que eran unas pastillas controladas. Cuando me trasladaron a Islas Marías, en el avión me hicieron una revisión exhaustiva; y cuando bajé del avión, me revisaron de nuevo para entrar al campamento. No me encontraron nada, ni en mi cuerpo ni en mis cosas, era imposible que yo hubiera metido unas pastillas al cuarto donde recién me internaban, claramente me las estaban “plantando”.

La custodia lo reportó al comandante Santana. Después entró la directora del penal y me llamaron para preguntarme dónde había conseguido esas pastillas. Yo respondí lo que sabía: no eran mías, nadie me las había dado y desconocía qué tipo de pastillas eran. Me pidieron que me uniformara y me bajaron a la guardia, antes de esto pasamos al hospital a certificarme y después me llevaron a la guardia de Seguridad del campamento Valleto, al que le llaman la “Borracha”, donde están los castigados.

La persona que estaba encargada en ese lugar de nombre Eisa Aguilar Cárcamo me recibió como a las 9:45 pm., y estuve ahí hasta 3 de la madrugada del 13 de octubre. Me sacaron de ahí y me subieron a una camioneta pick-up blanca. Iban las custodias Verónica Chávez Rojas y Eneyda Pérez Tiquet, y al volante iba el comandante Javier Jiménez Santana. Me sentaron entre las dos custodias y yo les pregunté que a dónde me llevaban. Pero no respondieron, sólo me dijeron que no hablara. Pasaron por la Marina y cuatro marines subieron unas sillas y una mesa de plástico y luego se montaron ellos en la parte de atrás de la camioneta.

Estuvimos en la carretera una media hora o quizá cuarenta minutos, yo alcanzaba a ver alrededor cómo rodeábamos la isla, esto lo sé porque escuchaba y veía los destellos del mar, aunque estaba demasiado obscuro. Entonces me empecé a poner muy nerviosa y les pedí por favor me dijeran a dónde me llevaban, porque yo tenía mucho miedo, ya tenía la experiencia del Penal de Santiaguito, en donde me habían golpeado y temía por mi vida y mi integridad física. Empecé a temblar y a sentir que me faltaba aire. El comandante intentó calmarme, me dijo que él no iba a permitir que me golpearan, que unas personas sólo querían hablar conmigo, que sabía que mi caso era muy delicado. Yo empecé a llorar, le pregunté por qué me llevaban tan lejos y de noche. Me dijeron que por mi bien cooperara y guardara silencio. Ya no dijeron nada más.

Llegamos a una zona cerca de un despeñadero al lado del mar. Había mucha vegetación, sin casas, hasta que llegamos a una casita abandonada de color blanco. Me bajaron ahí, y el comandante me dijo:

–Si llegas a lastimar a alguna de las custodias te las vas a ver conmigo.

–¡Ésa no es mi intención! Sólo les pido que no me dejen sola –y el comandante me respondió con estas palabras textuales:

–¡Te prometo que no dejaré que te toquen ni un chingado cabello!

Me metieron a la casa. Todo estaba obscuro, no había luz eléctrica, me metieron a un pequeño cuarto y me dijeron que iban a cerrar, que descansara, que ahí había una cobija vieja en el piso. La casa estaba como en obra negra, los apagadores, y otros detalles todavía ni siquiera estaban instalados. De nuevo les pedí que por favor me dijeran de qué se trataba todo eso, pero no me respondieron y se marcharon. Alcancé a escuchar cómo se secreteaban afuera de la casa con el comandante, y después él sólo se fue en la camioneta.

Me quedé dormida en esa cobija en el suelo, y cuando desperté ya era de día y escuché que llegaba una camioneta. Era de nuevo el comandante, lo vi por una ventana pero no me dejaban salir, vi que de la ventana del otro lado donde había un baño mal terminado se veía el mar y una pequeña Isla con una piedra grande. En eso me hablaron para decirme si quería comer algo, y se volvió a arrancar la camioneta, ya no pude hablar con el comandante. Las dos custodias me abrieron la puerta y me dieron un plato con huevo y frijoles y había una bolsa con manzanas, naranjas y alegrías. También me dieron una bolsa de plástico con agua de horchata, yo no comí más que una manzana. Les insistí a las custodias que me dijeran por favor porqué estaba yo allí, que me dijeran si era un castigo o qué, pero ellas dijeron que no sabían tampoco que ya no hiciera más preguntas porque la orden era que no hablaran conmigo. Les pedí llorando que si pasaba algo que por favor no me dejaran sola, que tenía mucho miedo. Ellas me dijeron que no me iba a pasar nada, que no me podían dejar sola, pero que me metiera de nuevo al cuarto y no saliera. Así pasaron las horas, era como la una de la tarde cuando escuché una camioneta que se estacionó fuera de la casa. Me asomé a la ventana y alcancé a ver una Van color blanco con los vidrios polarizados. Entró la custodia Eneyda Pérez Tiquel y me dijo que me sentara en el suelo y cerró de nuevo.

Mientras yo estaba ahí sentada, rezando porque no fuera nada malo, abrieron la puerta y entraron cinco o seis hombres encapuchados. Vestían pantalón de mezclilla, zapatos negros y playeras de tirantes blancas. Uno de ellos, él que llegó primero me empezó a gritar.

–¡Ahora sí, ya chingaste a tu madre! ¿Te acuerdas de nosotros? ¡Por más que grites, ahora nadie te va a oír!

Yo empecé a llorar. Les supliqué que no me lastimaran. En eso me vendaron los ojos y me envolvieron en una cobija todo el cuerpo sujetada con cinta canela. Me mojaron toda. Me quitaron los zapatos y los calcetines.

–¡Ya no vamos a aguantar tus pendejadas! –me dijeron– ¡ahora sí, vas a ver lo que es bueno!

Me acostaron en el suelo y me echaron agua en la nariz y en la boca para intentar ahogarme. Cuando vomitaba el agua me volteaban hacia abajo.

–¡Ya estamos cansados de tus chingaderas! –repetían– ¿no te da lástima que tu mamá la pague por tus chingaderas? ¿No es cierto que la acaban de operar de los ojos?

–¡Pobrecita! –dijo otro hombre– ¡qué mal y fea se veía con esos lentes tan feos!

–¡La íbamos a matar el día de la operación o a dejarla ciega, pero luego pensamos que ella no tiene la culpa!

–Ya te dejó sola también tu esposo Fernando, ya anda con otra más guapa. Así todos te van a ir dejando sola.

Me pegaron en la cabeza con la mano abierta, eran dos los que hablaban siempre. A uno de ellos le reconocí los ojos de color café claro, al otro, que se me montaba encima, alcancé a verlo que era de complexión robusta y muy velludo hasta en los hombros, tenía vellos muy negros y también le alcancé a ver los ojos. Esto fue porque con el agua que me echaban se me resbalaba la venda. Me golpearon en diferentes partes del cuerpo, a veces ya no sabía con qué era, no distinguía si era con el puño o el codo o las rodillas. Uno de ellos me metió varias veces la mano cerrada entre las piernas, muy fuerte, lastimándome hasta sangrarme.

–¿Qué se siente? –me preguntaba, mientras seguía haciéndolo.

–Quien te viera así, ¡una puta edecán de cuarta! ¡Toda meada y greñuda! ¡Vales para pura madre!

–¿Ahora sí ya sabes de parte quién venimos?

–Sí –respondí como pude– de la señora Isabel Miranda… –y siguieron golpeándome en la cabeza y en el torso.

–¿Por qué estamos aquí? ¿Sabes por qué estamos aquí?

Yo les dije que por favor pararan, que yo iba a cooperar, pero sus golpes siguieron.

–¡¿Sabes por qué tú estás aquí?!

–Por el secuestro de Hugo…

En eso, uno de los hombres me golpeó tan fuerte en la cabeza que pensé que me había reventado el oído, porque ya no oí bien de ese lado, solo un zumbido doloroso, y me gritó:

–¡Del señor Hugo, para ti!

Continuaron insultándome y golpeándome. Dijeron que ahora ya tenían a Jacobo (Tagle), que “el pendejo pensó que nunca iba a salir de su bunker”, pero que ya lo habían agarrado, y que por mi bien yo tenía que decir lo que ellos querían oír. Encendieron una grabadora y me sentaron. Un hombre me amarró un alambre en el dedo gordo del pie derecho y otro me echaba más agua. Me preguntaron que si yo le había escrito una carta a César (Freyre). Dijeron que ellos tenían esa carta, y que César ya había hablado todo, porque “lo amenazaron con el Ruso, que ahí fue cuando ya no aguantó más”, y que Jacobo también había hablado, que más me valía a mí también hablar y decir que habíamos sido nosotros los que secuestramos y matamos a Hugo Alberto Wallace.

Empezaron a ahogarme con el agua otra vez, y les pedí que por favor ya iba a hacer lo que ellos quisieran, pero que por favor pararan. Todos ellos me sentaron y luego de nuevo me acostaron y volvieron a ahogarme y a sentarme. Lo repitieron una y otra vez. Yo ya no podía hablar porque me estaba ahogando, así que me dejaron sentada y me dieron toques en los pies. Les grité que por favor ya no podía, qué era lo que tenía que hacer. Me dijeron que tenía que decir que llevamos a Hugo al departamento de Perugino, y de ahí lo matamos y sacamos en bolsas de plástico su cuerpo, y manejamos en mi coche hasta botarlas.

Apagaban y prendían la grabadora, y me repetían lo que yo tenía qué decir, que lo dejamos en un acueducto y unas maletas en un terreno… Uno de ellos me dijo:

–¡Y más te vale no ir de nuevo a hacer tus pinches desmadres de derechos humanos! ¡Date cuenta del poder que tienen para ir hasta ese lugar y entrar hasta ahí, ellos tienen mucho poder, y tú te metiste con la persona que no debías!

–¡Eso te pasa por molestar a la señora y a su esposo y a su familia!

–Ellos saben perfectamente en donde está tu hermano, y que tu mamá está muy enferma por tus mamadas. Ellos van a hacer los siguientes, y así como estás tú ahora, te vamos a traer fotos de tu mamá hasta que aceptes todo.

Yo empecé a llorar más fuerte, y les supliqué que por favor no le hicieran nada a ella, que no le hicieran nada a mi familia… Me dijeron que tenía que decir que había tomado fotos del cuerpo de Hugo, y volvían a encender la grabadora, y me gritaron que yo tenía que decir que después de las fotos fuimos a tirar el cuerpo. Después de los golpes y los insultos me dijo uno:

–¡Ahora fíjate qué poder tenemos! ¡Vamos a seguir hasta que hagas lo que te decimos! ¡Aquí vamos a estar toda la semana! Vas a pedir hablar con el juez y le vas a decir que te arrepientes de todo el mal que has hecho, y que es cierto todo lo que dijo Juana Hilda y que tú aceptas tu responsabilidad. Le vas a pedir perdón a la señora Isabel Miranda y le vas decir que tiraron el cuerpo de Hugo a un canal en bolsas de plástico. Si no lo haces, y le quieres echar más huevos o le platicas a alguien de esto, se van a ir en contra de tu mamá. La van a levantar, la van a torturar y a desaparecerla. Y así van a hacer lo mismo con tu hermano, y de todos modos vamos a regresar a verte…

–¡Yo no voy a decir nada! ¡Mejor mátenme! –grité desesperada.

–Ah, y eso también te lo vamos a cumplir pero luego, de hecho vas a ver pronto a Jacobito aquí contigo, bueno no aquí, bien encerrado, y si haces todo lo que te decimos, te vamos a regresar a Santa Martha, así de grande es nuestro poder.

Empezaron a desatarme y a quitarme la cinta canela. Uno que gritaba mucho, me dio una fuerte cachetada y me dijo:

–¡Pobre de ti sí le dices esto a alguien! ¡Sobre tu puta madre nos vamos y no estamos jugando, no vas a comentar de esto a nadie!

Yo les dije que no iba a decir nada, pero que no lastimaran a mi familia. Cuando me sentaron se oyó cómo empezaron a salir, y el último me quitó la venda. Me dijo que me agachara, que pobre de mí si volteaba, y se fue. Luego entró la custodia Verónica Chávez Rojas y me preguntó qué había pasado. Yo empecé a llorar y le dije que por qué me habían dejado sola que se los había pedido. Ella dijo que los señores habían dicho que eran mis abogados, y que iban a hablar conmigo y que a ellas las metieron a una camioneta a preguntarles cosas de mí, les grité que las iba a demandar por prestarse a esto.

Me encerraron de nuevo en el cuarto, estuve ahí hasta las cuatro de la mañana, cuando llegó la camioneta del comandante Santana. Me subieron, y nadie me dijo nada, yo no podía caminar y tuvieron que ayudarme. Me dejaron en la comandancia de nuevo, en la “Borracha” de castigo. Allí se encontraba la custodia Eisa Aguilar de encargada. Estuve hasta las seis de la mañana del 14 de octubre. Después me sacaron de ahí y me llevaron a una comandancia del campamento “Bellavista”. Me pusieron sola en un cuarto, y la orden a los custodios era “que nadie hablara conmigo” y que yo no podía salir de ese cuarto.

Cuando llegué, me recibió la custodia Janet Mijangos Sánchez. Ella estuvo a cargo durante una hora y yo le comenté que necesitaba ir al doctor. Respondió que iba a consultarlo, y llamó por radio pero le dijeron “negativo”, que yo no podía salir. Después, como a las ocho de la mañana llegó la custodia María Teresa Velázquez Avilés, cuando llegó me encontró llorando y me preguntó si estaba bien. Le dije que no, me dijo que le platicara por qué no podía caminar y estaba manchado de sangre mi pantalón. Le dije que tenía miedo de decirle algo, porque me habían advertido de que no dijera nada, porque me iría peor. Ante su insistencia, le conté todo. Se quedó sorprendida, y me dijo que me tranquilizara, que iba a tratar de ayudarme para que me llevaran al hospital.

Al medio día llegó el guardia Medardo Alegría Muñoz, me vio lastimada. Me preguntó si estaba bien, me dijo que él era el encargado del campamento. A él yo ya lo había visto antes, me preguntó qué estaba haciendo ahí. Le dije que me sentía muy mal, que por favor me llevara al doctor y le preguntó a la custodia si me habían revisado cuando llegué, que si tenía golpes o algo. Ella dijo que no, y el oficial Medardo le dijo que entrara y me revisara por si tenía algún golpe lo anotara porque él no se iba “a aventar la bronca de las tonterías que andaba haciendo esa gente”.

Cuando me revisó la oficial, tenía una hematoma a la altura de la cadera del lado derecho, no sé si lo apuntó o no, pero le pedí ir al doctor, pero cada que hablaba el custodio, solamente le decían que ellos le iban a avisar. Así estuve hasta el viernes 15 de octubre, cuando me trasladaron al Jurídico con la custodia Mónica Limas Martínez y Medardo Alegría. Me metieron a hablar con la directora del penal María Teresa López Avoites, y le comentaron que me habían golpeado y que necesitaba ir al doctor. Ella respondió que después, que yo estaba ahí para otra cosa, para que le dijera lo de las pastillas, para ver cuánto tiempo iba a estar castigada por el Consejo. Volví a decirle que las pastillas no eran mías, que yo acababa de llegar a la Isla, no podía haberlas conseguido; le insistí que me habían golpeado, y ella sin hacer ni un gesto me pregunto “¿quién?”. No lo sé, le dije, eran unos hombres encapuchados. Pero vi que ella no estaba impresionada ni mostraba ninguna sorpresa con lo que estaba diciendo. Le dije que mejor lo olvidara, me levanté de la silla y le dije:

–Solamente quiero hacer una llamada, y hablar con Derechos Humanos.

–¡Tú estás castigada! No puedes hacer ninguna llamada hasta que me digan cuánto tiempo vas a estar castigada y se te acabe el castigo.

Al día siguiente, sábado en la noche, le insistí al oficial que me sentía muy mal y me llevó a Urgencias, donde me detectaron un absceso en un seno por los golpes y no pude explicarle a la doctora lo que me había pasado, porque entre con la custodia Mónica y me dijo que “no podía hablar con nadie”.

Brenda Quevedo Cruz, incriminada por un falso secuestro.

Brenda Quevedo Cruz, incriminada por un falso secuestro.

Así fue como me tuvieron aislada. Fue hasta un mes después que me dejaron hablar por teléfono. No querían devolverme mi agenda de teléfonos, solamente me dejaron copiar unos números y se la volvieron a llevar. Después me pidieron copia de esos números.

He estado segregada del resto de las demás internas. La orden de “no tener contacto con nadie”, sigue hasta ahora, y no puedo hablar ni con las custodias que me cuidan, que no salga de donde estoy con nadie y ahora dicen que porque soy “procesada” y no puedo estar con las demás. No me han dejado ir al Ministerio Publico, entre otras cosas; no me permiten comprar en la tienda, todo lo tengo que pedir por medio de Trabajo Social que viene muy esporádicamente.

Así fue mi segunda tortura en Islas Marías. Ratifico que todo es verdad y pido ayuda a todas las instancias de derechos humanos. Temo por mi vida y la de mi familia, si no me echo la culpa.

Para leer Primera parte

Con voz propia

Funcionario mexicano ocupa oficinas para hacer “Fiesta COVID”

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En un video compartido por esta redacción, se aprecia cómo el secretario de Cultura de Hidalgo (Méx), José Olaf Hernández Sánchez, usa las oficinas gubernamentales para realizar convivios e incluso causar destrozos junto con sus acompañantes, mismos que posteriormente fueron pagados con dinero del erario

Por Emmanuel Ameth

Mobiliario de las oficinas de José Olaf Hernández Sánchez, secretario de Cultura en Hidalgo (Méx), resultó dañado luego de que al funcionario en compañía de sus subalternos, ocupara el espacio público para realizar un “convivio” durante la pandemia causada por COVID el pasado 30 de octubre (2020), cuando Hidalgo estaba en riesgo de regresar al semáforo epidemiológico rojo.

Cabe señalar que en la actual administración del gobernador Omar Fayad Meneses al menos una funcionaria que se desempeñaba como subsecretaria de Salud perdió su empleo luego de que difundiera un video donde usaba las instalaciones oficiales para celebrar su cumpleaños, obligando a otros burócratas a participar.

En el video se aprecia a 6 individuos acompañando a Olaf Hernández, quien a sus espaldas tiene enmarcado el retrato de Omar Fayad Meneses como en toda dependencia gubernamental.

Entre los asistentes se encontraban A. G. M., asistente del secretario que también es encargada de organizar eventos; R. O. L., encargada de prensa así como D. R., auxiliar también en el área de prensa.

Aparecen también el secretario Olaf Hernández, Goretti y O. E. C., identificado como su particular. Todos ellos estaban en las oficinas de la cultura ubicadas en El Ferrocarril (Pachuca).

Como saldo del convivio, al menos una mesa resultó rota, misma que posteriormente fue arreglada con presupuesto del erario.

Otros señalamientos

En 2018 este medio documentó desvíos con motivo de la supuesta compra de 300 Instrumentos musicales así como la financiación de 450 Actividades culturales, para lo que la Secretaría de Cultura del Gobierno de Hidalgo presupuestó un total de 77 millones 962 mil 500 pesos según el Programa Anual de Adquisiciones, Arrendamientos, Servicios y Obra Pública (PAAASOP); sin embargo en el Centro Cultural de las Artes de Hidalgo, los trabajadores allí presentes negaron tales adquisiciones pese a estar presupuestadas según la Función Pública.

Un año después, este medio documentó el asunto de la “Compañía de Teatro del Estado de Hidalgo: timo, fracasos y corruptelas de Olaf Hernández”, dado que lo que se vendió a los actores como uno de los proyectos de mayor envergadura para la entidad, terminó en engaños, penar, desvíos y abandono por parte del funcionario.

Días después, alrededor de 200 artistas hidalguenses pidieron mediante una carta al gobernador Omar Fayad Meneses la renuncia del secretario Olaf Hernández Sánchez “ante los múltiples señalamientos de funcionamiento irregular por parte del organismo que dirige y pone en riesgo el desarrollo de la política cultural del Estado”.

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Arteleaks

El Estado español encarcela al rapero Pablo Hasél por críticas al sistema

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

El español Pablo Rivadulla Duró (1988), conocido en el ambiente musical como Pablo Hasél, es un rapero de izquierda que se asume antifascista y ha adoptado el compromiso con sus composiciones en video y mensajes a través de la red social Twitter en denunciar y poner en tela de juicio a los poderes monárquicos, políticos, jurídicos y policiacos de su país.

Y debido a 64 tuits (de 2014 a 2016) y una canción (publicada en YouTube), en donde pone de manifiesto su rechazo a los excesos del poder, ha sido sentenciado a prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo e injurias contra la Corona y contra las instituciones del Estado, por lo que deberá someterse a nueve meses de prisión, seis años de inhabilitación y al pago de casi 30,000 euros de multa (es decir, más de 700 mil pesos mexicanos).

Por ello, más de 200 personalidades del cine, la televisión, el teatro y la música, entre ellos Joan Manuel Serrat, Javier Bardem y Pedro Almodóvar, emitieron un manifiesto en favor de Hasél, rechazando de manera tajante su reclusión en prisión y planteando la solicitud de eliminar del Código Penal ese tipo de delitos, “que no hacen sino cercenar el derecho, no sólo de libertad de expresión, sino de libertad ideológica y artística”, tal y como sucede en países como Turquía o Marruecos

Pero van más allá los firmantes al argumentar lo evidente bajo un Estado autoritario:  “el encarcelamiento de Pablo Hasél hace que la espada de Damocles que cuelga sobre la cabeza de todos los personajes públicos que osemos criticar públicamente la actuación de alguna de las instituciones del Estado se haga aún más evidente. Es necesario que se difunda esta situación a nivel internacional, para poner de relieve en qué situación nos encontramos. Somos conscientes de que, si dejamos que Pablo sea encarcelado, mañana pueden ir a por cualquiera de nosotros, así hasta conseguir acallar cualquier suspiro disidente”.

Más aún, la organización Amnistía Internacional se ha pronunciado en el sentido de que el encarcelamiento de Hasél por sus expresiones artísticas es una injusticia, y hace un enérgico llamado al Estado español para que realice una reforma al Código Penal con respecto a ciertos artículos que vulneran el derecho a la libertad de expresión.

“Nadie debería ser procesado penalmente sólo por expresarse en redes sociales o por cantar algo que pueda ser desagradable o escandaloso. No se pueden penalizar expresiones que no incitan de manera clara y directa a la violencia. Si no se modifican estos artículos se seguirá silenciando la libertad de expresión y coartando las manifestaciones artísticas”, subraya Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Incluso en favor del cantante y también poeta se expresó asimismo la diputada del Parlamento Europeo para Dublín, Clare Daly: “Mañana, el rapero catalán Pablo Hasél irá a la cárcel por sus letras. ¿Dónde está el llamado a sancionar a España?” Todo lo cual en el marco de la discusión por amonestar a Rusia debido al arresto de un disidente de ese país, en donde Daly evidencia la hipocresía de los congresistas de ser rígidos contra Rusia pero blandos con países como España o Estados Unidos al violar los derechos humanos de sus ciudadanos.

En definitiva, Pablo Hasél no es más que una víctima del autoritarismo de Estado que rige en España, en donde los excesos del poder son públicos y evidentes, basta revisar algunos medios de comunicación para corroborarlo. Él no miente, sólo dice la verdad de manera visceral.

Y este martes, 16 de febrero, ha sido consumada la ignominia. Ha sido aprehendido por los Mossos d’Esquadra (la policía autonómica catalana) en la Universidad de Lleida, en donde se resguardó acompañado de un centenar de simpatizantes, quienes fueron dispersados con gases.

 

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Con voz propia

En Materia de Justicia, en México, estamos en la Edad Media

Ramses Ancira

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Historias para armar la Historia

Ramsés Ancira

A pesar de todas las dificultades, el gobierno de López Obrador está haciendo lo que puede y donde puede para conseguir vacunas para atender el problema del COVID, pero hay otro gran tema en el que no se ha avanzado un ápice en la administración de Olga Sánchez Cordero, éste es el de la corrupción en los reclusorios federales y locales de todo el país, algunos de los cuales, tal y como sucede en Estados Unidos han sido concesionados a particulares.

Y mencionamos a la carismática, aunque despistada Secretaria de Gobernación, porque como ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ella sabe que como responsable de la seguridad interna, de lo que pase en los centros de detención del país, ella es la última responsable. En el libro Reportero Encubierto, que me valió el premio Bellas Artes de Literatura testimonial, escribía en 2016, que las cárceles en México se parecen a las encomiendas que se daban en La Nueva España a los conquistadores. Estos hacían una especie de redadas, se apoderaban de los indios y los obligaban a trabajar para ellos, muchas veces de por vida, sobre todo si los llevaban a las minas, donde vivían muy poco tiempo, por eso iniciaron con la trata de esclavos africanos.

Sólo por poner un ejemplo de lo que ocurre en todo el país, vamos a citar el Centro Federal de Reclusión Social de Buena Vista, Tomatlán, en Michoacán. Aunque lo dirige un militar de la Secretaría de la Defensa Nacional, los dueños de la prisión le cobran al gobierno más de 5 mil pesos al día por cada interno.

A este precio, el gobierno se ahorraría varios cientos de millones de pesos, si en lugar de tener a los presos en la cárcel los mantuviera retenidos en un hotel de cinco estrellas; pero ése no es el punto. El tema es que no es suficiente, además los reclusos tienen que pagar una renta de mil 500 pesos mensuales para poder adquirir en la tienda, galletas, café, agua potable, jabón o pasta de dientes. No es opcional, porque el director de la prisión les cierra las llaves para que no puedan tomar agua y obligarlos a comprarla embotellada.

Algunos de los detenidos ya han obtenido el beneficio de la libertad anticipada por buen comportamiento o por haber cumplido la mayor parte de su sentencia, sin embargo no la obtienen porque cada uno de ellos que salga en libertad, conforme a derecho, representa una pérdida económica de por lo menos 150 mil pesos mensuales para la empresa PRODEMEX, que tiene el negocio y para los custodios que extorsionan a los familiares, no solo con la renta mensual, sino con los materiales que tienen que comprarles para que puedan trabajar dentro de la prisión.

No todos los presos, por supuesto, son personas de bajo nivel adquisitivo. Hay otros casos muy mediáticos como George Khoury Layón, víctimas de Isabel Miranda, a quien además el mismo director del CEFEESO le intentó extorsionar con 500 mil pesos para “protección” y dejar de ser acosado y golpeado en prisión.

Este personaje es de especial mención porque la Organización de las Naciones Unidas recomendó al Estado Mexicano su liberación en el año 2017. La propia Secretaría de Gobernación, ya durante la administración de López Obrador le dio calidad de preso político en reconocimiento a su inocencia, el 1 de noviembre de 2019, con el oficio número UASJ/MJ/094/2019.

Sin embargo, Khoury Layón no ha obtenido el dinero necesario para que se cumpla la decisión que le otorga la libertad.

Según la versión de Khoury, la periodista Anabel Hernández, autora del libro Los señores del Narco, se entrevistó con él, le pidió disculpas por las calumnias, y le dijo que la jueza Hermelinda Silva Meléndez había recibido instrucciones del entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera para sentenciarlo por el homicidio de Hugo Alberto Wallace. Este crimen no fue probado, existen todas las evidencias de violación al debido proceso, entre las cuales figura: el hecho de que se hayan expedido dos actas de defunción para la misma persona; un peritaje que asegura que la víctima fue asfixiada, aunque nunca se encontró el cadáver, una gota de sangre misteriosamente encontrada meses después del supuesto crimen, cuando se sabe que por más que se lave con cloro o lejía una escena del crimen, los peritos disponen de químicos que pueden revelar presencia hemática, sobre todo cuando se trata de litros de sangre como debe ocurrir cuando un cuerpo es descuartizado.

A esto se agrega que la gota de sangre tenía el ADN, la huella genética, de Isabel Miranda Torres y Enrique Wallace Díaz, que no era padre biológico de la supuesta víctima, por lo tanto, no tenía ninguna razón para portar ese Ácido Desoxirribonucleico, que es la molécula que identifica entre sí todos los seres vivos, e incluso a algunos virus como el que provoca el COVID-19. Ésa es la razón de que casi todas las vacunas que se han producido hasta ahora para atacar la pandemia tengan como objetivo evitar la replicación de ese virus en particular.

Para colmo, el ADN de la gota de sangre encontrada era de mujer. Para dar una idea al lector de la enorme diferencia que hace el Acido Desoxirribonucleico, femenino o masculino, o de una y otra persona, es como si quisieran prevenir el coronavirus, aplicando vacunas contra la polio, la viruela o el tétanos.

Sin embargo, Khoury era propietario de negocios. Ha recabado 70 testimonios de otros tantos presos del CEFERESO de Michoacán, que atestiguan las extorsiones que ha sufrido para que lo dejen usar tenis que permitan la transpiración o para no ser golpeado por otros presos. Para los demás, culpables inventados o reales, pero que ya cumplieron su sentencia o los requisitos para obtener su libertad, las condiciones son mucho peores.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, literalmente sirve, como dice el refrán mexicano, “para lo que se le unta al queso”, es decir, para nada. Cuando se le concedió el beneficio de la libertad, a uno de los detenidos, cuyo nombre nos reservamos para evitarle represalias, sus familiares acudieron a esta. De ahí los enviaron a la Comisión del Estado de México, debido a que ahí se encuentra el juzgado, aquí declinaron y les dijeron que acudieran a la Comisión de Derechos Humanos de Michoacán, porque ahí estaba el prisionero y de ahí los enviaron de vuelta a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, porque se trata de un asunto federal. En la CNDH la titular también tiene el mismo valor que un florero porque la señora Rosario Piedra Ibarra no tiene idea de cómo trabajar.

Prueba de ello es que hace unas semanas convocó a un concurso que hubiera significado mucho si se hubiera tratado de exponer videos sobre las violaciones de derechos humanos que ocurren en México, pero en lugar de eso se pedía a los participantes que presentaran guiones que hablaran bien de la CNDH, y solo si era así les darían 20 mil pesos para producir los cortometrajes, pero además con la vigilancia de un censor de la propia Comisión.

Si la ciencia y el arte tienen un valor tan pobre en la 4T. Si las leyes que emitió el Estado para conceder la libertad a presos políticos y personas que ya cumplieron con los requisitos, no son respetadas por el poder judicial, y el gobierno hace caso omiso. ¿Cómo vamos a resolver los problemas de injusticia en México? ¿Cuándo va a haber 4ta transformación en materia de Derechos Humanos?

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