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Con voz propia

México: indignación, silencio, y el origen de los acuerdos ocultos

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Por Jorge Octavio Ochoa

Luego de otro fin de semana por demás violento, es previsible que el lunes, nos recetarán el mismo sermón de que todo se debe a la monstruosidad heredada en “la época neoliberal”. Como slogan publicitario, ha sido el “detente” de un mandatario que no tiene argumentos verídicos, académicos, científicos, ni de investigación para sostener dicha afirmación.

Los sucesos ocurridos en Silao y Chilpancingo ponen el relieve el nivel de descontrol e inefectividad que prevalecen en los gobiernos federal, estatales y más aún, los municipales. No hay orden, no hay concierto, ni estrategia alguna para frenar lo que, más que una guerra, se ha vuelto una carnicería desalmada, con mensajes que sólo logran recrudecer la ferocidad de los cárteles.

Pero no se trata sólo del enfrentamiento entre bandas. Hay también represión contra luchadores sociales, que protestaron contra los feminicidios, el acoso sexual o los abusos de poder, ya sea en Morelos o Veracruz. Lejos de armar una respuesta estructurada, el presidente de México inició una campaña de defensa de los suyos:

Delfina, López Gatell; Pedro Salmerón, Cuitláhuac, Cuauhtémoc, Bonilla, Rosario Piedra. Como si fueran, todos ellos, funcionarios honorables, rescatables por la profundidad de sus conocimientos, por su nivel de experiencia o por el calado de sus conceptos para guiar a un país.

México vive actualmente, uno de sus momentos más patéticos de la historia, con una polarización y división que quizá sólo podrían contarnos nuestros abuelos, que vivieron la Revolución.

Esta semana que pasó, también fue asesinada, a sangre fría, a quema ropa, la activista Ana Luisa Garduño Juárez, en el municipio de Temixco, en el estado de Morelos.

Un hombre le disparó en tres ocasiones, todo por denunciar y crear un movimiento tras el asesinato de su hija, presuntamente a manos de su novio, en diciembre de 2012, cuando tenía 17 años. Van 7 activistas asesinados en Morelos.

Esto, nos hizo recordar que justo en el arranque del actual gobierno federal, fue asesinado Samir Flores, un conocido activista de 35 años, que en 2019 se había manifestado en contra de la puesta en marcha de una termoeléctrica. Fue baleado cuando salía de su casa en el pueblo de Amilcingo, tres días antes de una consulta a la que el presidente Andrés Manuel López Obrador convocó.

Un régimen marcado por la muerte

Y no hablemos de los asesinatos y el acoso que han sufrido los periodistas, que tuvo de colofón lo ocurrido en Baja California, en tan sólo un fin de semana: El asesinato del fotógrafo Margarito Martínez Esquivel y de la reportera Lourdes Maldonado López.

Ya al arranque de este año, había sido asesinado José Luis Gamboa, apuñalado en el puerto de Veracruz el 10 de enero. Ya se vio que no basta con pedir ayuda al mismísimo presidente de la República. sólo uno de cada 10 casos de crímenes contra periodistas, son resueltos positivamente.

“Temo por mi vida”, le dijo en una “mañanera” Lourdes Maldonado desde 2019. Ahora está muerta, la mataron afuera de su casa en Tijuana. Ella había señalado de amenazas de muerte al ex gobernador Jaime Bonilla.

Hoy, ese exmandatario podría incorporarse al gabinete del gobierno Federal bajo la tesis de que no hay que hacer “politiquería”, ni adelantar juicios. El presidente ha encontrado una respuesta “genial” y un pretexto que, como muchas de sus afirmaciones, está cimentada en la mentira. El nuevo slogan de gobierno (que funcionarios y militantes de MORENA repiten como autómatas), es que vivimos una monstruosidad heredada en “la época neoliberal”. En lo que se refiere a la inseguridad y la violencia desatada por el narcotráfico, esto es una mentira.

Desde antes de la Revolución y más aún en los años posteriores a ella, México ya vivía este ambiente de corrupción y colusión de políticos y militares con las bandas criminales.

El verdadero origen de la violencia 

En 1916, un agente especial de Estados Unidos, a cargo de la aduana de Los Ángeles, envió un reporte a Washington: Existía una organización de narcotraficantes chino-mexicanos, que contrabandeaban opio de Tijuana a California.

En Los Ángeles vendían el opio a un chino llamado Wang Si Fee, quien también tenía conexiones en San Francisco. Uno de los primeros involucrados fue el gobernador de Baja California, el coronel Felipe Cantú. Fue quizá el primer político-militar que no sólo vendía protección a narcotraficantes; creó su propio nicho criminal: Vendía opio decomisado, a través de un distribuidor chino de Mexicali.

Los chinos no sólo han sido parte de este fenómeno, sino que incluso fueron objeto de una especie de exterminio en tierras mexicanas, por parte de cárteles de las drogas en Sinaloa y Baja California, que los sacaron del mercado de opio.

En la década de los treinta, los chinos fueron expulsados de la producción y exportación del opio para que quedara controlado en su totalidad por productores mexicanos. Fue una brutal campaña racista, comparable con la discriminación ejercida por los estadounidenses en contra de los campesinos mexicanos residentes en su país, “por ser mexicanos y marihuanos”.

Esto es relatado por el ex director del CISEN, Guillermo Valdés Castellanos, en su libro Historia del narcotráfico en México, que echa por tierra el argumento sobre el pasado “neoliberal” como causa y efecto de la violencia que vive el país.

Esa época fue brutal, la turba recorría las calles cazando chinos. Una vez encontradas las víctimas los arrastraban hasta una cárcel clandestina en casas tapiadas y los mantenían prisioneros con piernas y brazos atados. Los sinaloenses se quedaron con las propiedades y casas de los chinos. La limpieza étnica en Sinaloa coincidió en el tiempo con la persecución nazi de los judíos en Europa, relata el libro del ex director del CISEN.

El acuerdo secreto con USA

Estados Unidos y México guardan también secretos sobre el tema, pero existen varias versiones documentadas:

“Cuando Estados Unidos se involucró en la Segunda Guerra Mundial, su industria farmacéutica tuvo necesidad de producir grandes cantidades de morfina para atender a los soldados heridos.

“…enfrentaba un problema grave: las importaciones de goma de opio (materia prima para elaborar la morfina) se habían reducido drásticamente debido al mismo conflicto bélico, ya que los países productores (Turquía, Afganistán, China, India) estaban en guerra o las rutas de exportación no eran seguras y los cargamentos no llegaban a tiempo”

“…Estados Unidos, mediante un acuerdo, solicitó a México —su vecino que ya producía amapola y además tenía la ventaja de la cercanía, lo que facilitaría su transporte seguro y a tiempo— incrementar los sembradíos de amapola y la producción de goma de opio.

El trato debía ser secreto, pues al tratarse de una sustancia prohibida por las leyes de ambos países, no sería bien visto que después de reclamarle a México que frenara la producción de amapola, ahora le solicitara lo contrario”.

Simple debate ideológico

El presidente de México ha tratado de reducir el tema de la violencia e inseguridad, que rebasa ya los límites de lo tolerable, a un mero debate ideológico sobre el tipo de economía que debe prevalecer.

La pobreza sí ha sido factor de crecimiento de la narcoeconomía y el narcoestado. Los pueblos han tenido que moverse en ese margen de ilegalidad so pena de sufrir la misma suerte que los chinos: ser desplazados de sus tierras y perderlo todo. Sin embargo, no hay en las afirmaciones del mandatario, un solo sustento académico de sus ataques al neoliberalismo per se. Es un fenómeno que va más allá de una corriente económica. Es parte de la humanidad en convulsión.

No hay pues, rigor académico, intelectual, ni de investigación. La misma brutalidad ramplona adopta el presidente, cuando le dicen que el cadáver de un bebé exhumado sirvió para el tráfico de droga en un penal.

O para defender a su subsecretario de salud, cuando cuestionan el pésimo manejo y orientación en medio de la pandemia. Todo es herencia del neoliberalismo y de los gobiernos anteriores.

¿De cuál de todos, señor Presidente? ¿Desde 1910? La pobreza es la misma, no se resolvió, y los políticos de antes, como los de ahora, se beneficiaron del prohibicionismo que les ha dado tantas ganancias. Aun así, este régimen habla de una nueva transformación educativa, cuando no ha sido capaz de meter al orden a las dos principales organizaciones del magisterio: el SNTE y la CNTE.

Intenta intervenir la autonomía universitaria para “socializar” la educación, cuando no fue capaz ni de implementar la educación a distancia en medio de la pandemia. Es obvia la deficiencia y el bajísimo nivel académico de quien nos representa en el Ejecutivo Federal: mal estudiante, mal presidente. No hay vuelta de hoja.

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Con voz propia

Foro Público: Todos los caminos llevan a Calderón

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Foro Público

En la recta final del juicio que se desarrolla en contra del ex secretario de Seguridad Pública federal (SSP), Genaro García Luna, en Nueva York, el ex fiscal de Justicia de Nayarit, Edgar Veytia, implicó por primera vez al ex presidente de México, Felipe Calderón, quien presuntamente ordenó proteger al líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Aunque el ex mandatario federal rechazó cualquier tipo de vínculo con el crimen organizado, es evidente que tenía que conocer que existían relaciones cercanas entre uno de sus principales colaboradores con el narcotráfico, pues se trataba de la persona que representaba al Estado mexicano.

Por primera vez se nombró a Felipe Calderón como el responsable de fortalecer al Cártel de Sinaloa durante ese sexenio, cuestión que más allá de tratarse de la declaración de un narco fiscal tiene elementos razonables por el crecimiento de esa organización criminal cuando el panista estuvo al frente del Poder Ejecutivo.

Los datos de la Agencia Anti Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) muestran que en el sexenio de Calderón creció de forma constante el Cártel de Sinaloa, mientras que sus principales adversarios fueron combatidos por el gobierno federal como “Los Zetas”, grupo armado escindido del Cártel de Golfo, así como el grupo de los Beltrán Leyva tras el rompimiento con la agrupación encabezada por el Chapo Guzmán.

El súper secretario del sexenio de Calderón fue Genaro García Luna, quien se encargó de la seguridad pública del país en el inicio de la denominada guerra contra el narcotráfico, quien ahora es procesado penalmente por sus presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa que pagó millones de dólares al ex funcionario federal para permitir su operación.

La fiscalía norteamericana acusó a García Luna de permitir el crecimiento de las organizaciones delictivas en uno de los momentos de mayor violencia que ha padecido México en la etapa contemporánea, con lo cual las especulaciones cada vez giran más hacia su entonces jefe, Felipe Calderón, quien al ser el presidente del país debía saber sobre cualquier relación con el narcotráfico.

Resulta conveniente para la organización delictiva encabezada por el Chapo Guzmán que en el sexenio calderonista, los Beltrán Leyva se convirtieron de aliados a enemigos y en esa segunda etapa fueron combatidos frontalmente por el gobierno federal, misma situación que ocurrió contra Los Zetas y el Cártel del Golfo, así como La Familia Michoacana.

Aunque la fiscalía norteamericana no ha acusado formalmente a Calderón de nexos con el crimen organizado, evidentemente cualquier tipo de acusación a Genaro García Luna lo relaciona directamente, específicamente por la gran cercanía que tenía con el entonces mandatario federal y era uno de los hombres de mayor confianza para el michoacano en los seis años del gobierno.

Felipe Calderón llegó a la presidencia de México en 2006 en medio de una crisis política electoral por los resultados de los comicios de ese año y para legitimar su administración inició la denominada guerra contra las drogas, que provocó miles de muertos, desaparecidos, violaciones, secuestros y manchó al país de sangre.

La estrategia no sólo fue fallida, sino carente de un planteamiento de inteligencia sobre cómo combatir de forma eficaz al crimen organizado, pues sólo causó una avalancha general de violencia que ha durado 13 años y que probablemente seguirá por varios años más sin que se observe a la brevedad una resolución.

Ahora los señalamientos se encaminarán directamente contra Calderón y dependerá de la sentencia que se emita contra García Luna para que la presión de la opinión pública incremente en el país contra el ex presidente, debido a que se trata de un problema de justicia que también puede beneficiar al actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

García Luna ha sido responsable de las violaciones a derechos humanos que se presentaron entre 2006 y 2012, pero este personaje también creció en el sexenio de Vicente Fox, cuando fue titular de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI), con lo cual fue también responsable del montaje de Israel Vallarta.

Nota aparte: Desde hace unas semanas Felipe Calderón convenientemente vive en España, país donde ha sido cobijado por representantes de las oligarquías de la derecha española que fueron beneficiados en el sexenio del panista.

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Con voz propia

MORENA y los «dados cargados» para un fin

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AMLO y Adan Augusto

Franja Sur
Por René Alberto López

Tienen toda la razón Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, dos de las llamadas «corcholatas», cuando advierten con sutileza sobre la falta de «piso parejo» en la competencia en Morena por la candidatura presidencial.

Y es que se aprecia a todas luces que hay «dados cargados» desde Palacio Nacional a favor de Adán Augusto, secretario de Gobernación pues el presidente López Obrador le está dando toda la cancha para alcanzar un número aceptable, no penoso, a la hora de las encuestas.

El moverlo por todo el país para encabezar actos políticos o inauguraciones de obras, algunas que no son competencia de la Secretaría de Gobernación, tiene su explicación. Se trata de una estrategia presidencial para que lo conozcan en la mayor parte del territorio nacional y, como parte de la táctica, lo están inflando en encuestas de dudosa credibilidad para crear una percepción de crecimiento que está lejos de alcanzar.

Leer más: Estallido social y suspensión de elecciones en el 2024  – Los Ángeles Press

 

Hoy en las encuestas reales, las que conocen los otros contendientes y en Palacio Nacional, Adán Augusto no rebasa los diez puntos. Por eso, ni Monreal ni Ebrard ni Claudia Sheinbaum se quejan en voz alta. Apenas lanzan tímidos mensaje sobre que «debe haber piso parejo«.

En el fondo, saben que la intención real del presidente López Obrador es que su «corcholata paisanera» para la fecha de las encuestas reales, después de mediado de este año, no haga el ridículo y suba un poco más, que alcance un porcentaje aceptable. No se pueden dar el lujo en el poder que, por ejemplo, Gerardo Fernández Noroña termine arriba del secretario de Gobernación.

De este modo, al momento de ser usado Adán Augusto para reconocer los resultados de las encuestas contratadas por Morena para designar a su candidato presidencial, pueda darle legitimidad a la encuesta «ganadora».

Ése es el papel que le toca jugar al paisa Adán Augusto en la competencia, será el aspirante que levantará sin chistar la mano, ya sea a Claudia Sheinbaum o Marcelo Ebrard, los morenistas que realmente traen los números para que en el 2024 el oficialismo presente un candidato realmente competitivo.

Hasta el momento de escribir esta columna la gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, sigue siendo la «corcholata» preferida en el Palacio Nacional, a pesar del raspón que le han causado los accidentes en la línea del metro. El plan B del presidente López Obrador es el canciller Marcelo Ebrard.

Claro, los partidos que integran la Alianza va por México (PAN, PRI, PRD) saltarían de gusto que de Palacio Nacional impusieran al tabasqueño Adán Augusto, pero si de algo conoce López Obrador es de elecciones. Por supuesto que sería darse un balazo en el pie y, no lo hará.

Ahora bien, para los tabasqueños que apuestan por don Adán Augusto, no hacen mal en apoyar al paisano, sino todo lo contrario. El hoy secretario de Gobernación seguirá jugando en las ligas mayores de la política nacional, pero no será en la presidencia de México. Al tiempo.

Ahí se las dejo.

Twitter: @ralopez22 @el_papiro

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Arteleaks

De plagios, invenciones, literatura y periodismo

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janet cooke

El plagio no sólo se ha dado en México, hay casos célebres en otros países

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

El plagio es un tópico de moda. No hablo sólo de la barahúnda en curso entre nosotros -cuyo desenlace es más esperado que la ceremonia de los Oscar-, sino de una tendencia que se antoja tan universal y variada como la gastronomía.

Acá tenemos, entre otros casos conocidos -y a no dudar muchos que no han salido a luz-, a un expresidente, a profesores de la UNAM, del ColMex, de universidades estatales y desde luego el affaire de la FES, que no por cacofónico es menos penoso.

Pero los mexicanos no tenemos el monopolio de las trampas académicas. Un recorrido por el mundo revela un ramillete de mujeres y hombres públicos que a la manera vergonzosa del caballero del partido en el poder que ocupa una curul en nuestra Cámara de Diputados, también creyeron que las tesis son esquivos pergeños de la decadencia intelectual.

Un ministro de Defensa alemán, un presidente -en funciones- de Rusia, un ex primer ministro rumano, políticos gringos, un expresidente húngaro, estadistas españoles y una ex ministra de Educación eslovena, entre muchos otros, están en la lista de la pena ajena.

No debe extrañar que muchas de estas añagazas monográficas hayan sido descubiertas por académicos que ven con alarma el deterioro del clima en los centros de estudio. Acá tenemos a Guillermo Sheridan, de todos conocido 

En Alemania el profesor Martin Heidingsfelder es conocido como el cazador de plagiarios. Una de sus hazañas fue dar a conocer un trabajo recepcional plagiado y presentado en la Universidad de Ratisbona por un político que 25 años después se sentía muy seguro de su lugar en el espacio público. ¿Suena conocido?

No incurriré en la majareta de analizar las expresiones con que los (y las, para ser políticamente correcto) tramposos(as) han querido justificarse y que deben tener a Orwell revolcándose en su tumba, pero hay una que no tiene desperdicio.

El honor corresponde al peruano César Acuña, propietario de un consorcio de universidades, fundador de la Alianza para el Progreso y excandidato a la presidencia de su país.

Cuando se descubrieron las picardías y diabluras con las que obtuvo el doctorado por la Complutense, dijo muy serio: “No es plagio … es copia”.

Pero este choro mareador comenzó cuando comencé un repaso de las manchas que en el terreno del plagio adornan a mi profesión y que echamos bajo la alfombra con el eufemismo de “voladas”. 

Para leer más: Quiénes han sido denunciados por plagio en México: casos que crearon controversia (losangelespress.org)

 

Hay algunas burdas y tontas y otras que provocan hilaridad. Pero como muchos de los autores de las que conozco todavía andan penando por ahí y saben en dónde vivo, no las puedo citar. 

Así que compartiré dos del periodismo gringo, que al cabo están bien documentadas y tienen la ventaja de que puedo alzar el dedo y citar a FDR cuando se enteró de que Cárdenas había roto relaciones con la pérfida Albión: “What a peach!”

Se trata de los episodios de Janet Cooke de The Washington Post y de Jason Blair de The New York Times.

“Janet Cooke es una hermosa y vital negra con aire dramático y un extraordinario talento para escribir. También es la cruz que el periodismo -especialmente el Washington Post […] A los 26 años escribió una vívida y dolorosa historia sobre un heroinómano de ocho años a quien el concubino de la madre inyectaba periódicamente. La información se publicó en primera plana el domingo 28 de septiembre de 1980 y tuvo en vilo a la ciudad durante semanas. El 13 de abril de 1981 Cooke ganó el Premio Pulitzer.

“En las primeras horas del 15 de abril de 1981, Janet Cooke confesó que era una invención: Jimmy no existía, y tampoco el concubino. Desde ese momento la expresión ‘Janet Cooke’ se hizo sinónimo de lo peor en el periodismo estadounidense, tal como la palabra ‘Watergate’ significó lo mejor.”

Así inicia Ben Bradlee, el legendario director del Washington Post, el capítulo de su autobiografía dedicado a uno de los grandes escándalos periodísticos del siglo.

William Faulkner dijo que el novelista puede ser amoral y no vacilar ante nada que le impida completar su obra, pues en la literatura el fin justifica los medios. Mas en el periodismo ni el mejor de los fines justifica la inmoralidad en los medios. Evidentemente, la Cooke no sabía de Faulkner.

Ella fue, en palabras de Bradlee, “el sueño del periódico”: una negra con inigualables credenciales académicas, inteligente, audaz, gran reportera, políglota, vital y elegante. 

En sus primeros ocho meses en el Post firmó 55 notas, hazaña no menor. Pero sus falsificaciones eran más largas que la cuaresma: no se había graduado en Vassar, no había estudiado en La Sorbona, no era políglota … lo único cierto de su currículo fue que era negra, atractiva y que escribía muy bien.

¿Qué sucedió? En 1982 en una entrevista dijo que había inventado a Jimmy como consecuencia de la terrible presión interna del Washington Post, en cuya redacción se seguía viviendo el ambiente de competencia generado a principios de la década anterior con los éxitos del affaire Watergate

Al parecer oyó rumores de niños  drogadictos, pero como no dio con uno decidió inventar a Jimmy para aplacar a los editores del periódico que la presionaban para escribir sobre esos casos. 

Janet se equivocó. El dramático artículo sí merecía el Pulitzer, pero de literatura. Tiempo después de que la verdad quedara al descubierto para la eterna vergüenza del diario y de su director, Janet se casó con un diplomático y se mudó a París. En 1996 vendió su historia a la revista GQ y los derechos cinematográficos por un millón y medio de dólares. 

El Post ordenó una investigación interna que se publicó con entrada en primera y cuatro planas interiores. En su libro, Bradlee recuerda que tomó la decisión de que nadie revelaría más del asunto que el propio periódico. “De mis años en la marina aprendí que para salvar a un buque lo más importante es el control de daños.” Y el único control de daños era decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Quince años después apareció el testimonio de Jayson Blair, el reportero del New York Times que protagonizó uno de los grandes escándalos de la profesión al ser evidenciado como un contumaz y talentoso plagiario.

Fue un caso alucinante. A los 27 años se decía que iba en camino de convertirse en la versión negra de George Polk. En breve tiempo transitó de la escuela de comunicación al periodismo estudiantil, a las prácticas profesionales, al trabajo en medios, al ascenso rutilante y al despeñadero. 

Bastó que una colega detectara sospechosas similitudes entre un reportaje suyo y otro de Jason para sacar a luz una pasmosa historia de decepciones, mitomanía, artificios, embustes, enredos e invenciones que aniquiló las exitosas carreras de sus mentores y puso un ojo negro al legendario periódico que publicó los expedientes del Pentágono.

Desde el desorden de su pequeño departamento neoyorquino, Blair escribió reportajes y artículos sobre lugares que no visitó, con declaraciones de personas a las que nunca entrevistó y descripciones de paisajes que jamás vio, para las páginas de uno de los más influyentes rotativos del mundo. 

Por si te lo perdiste: SCJN desecha petición de renuncia de Yasmín Esquivel por plagio de tesis

 

¿El mayor fraude periodístico desde el escándalo de Janet Cooke? Sí y no. Jason se convirtió en el protagonista de la nota roja del oficio y levantó una ola que aún no pierde del todo su fuerza. 

La zarabanda obligó al Times a ofrecer disculpas a sus lectores y conducir una extensa pesquisa sobre las prácticas y conductas de la compañía para aplicar correctivos de fondo. Además fue una amarga lección para la arrogante empresa periodística cuyo lema es “All the News That’s Fit to Print” (“Todas las noticias que merecen ser publicadas”).

Blair pertenece simultáneamente a varias minorías: es negro, espléndido redactor, mitómano, drogadicto y alcohólico. Pero también es un enfermo bipolar a quien no se le diagnosticó a tiempo el cuadro maniaco-depresivo que se fue agravando bajo la presión de la brutal competencia profesional y las exigencias del diario, hasta que reventó.

En los periodos de euforia podía trabajar día y noche, viajar por el país y producir literalmente docenas de reportajes. Cuando lo atrapaba la depresión sus jornadas eran igualmente largas pero dedicadas al consumo de alcohol y cocaína, a la fiesta y al escándalo. 

Un día inventó el nombre de un entrevistado y de ahí en caída libre. Notas de otros diarios, reportes radiofónicos o de televisión y el archivo histórico del mismo Times, fueron los cotos en donde cotidianamente plagiaba para historias que hilaba y presentaba con su firma. 

Pero no había maldad en su conducta. Blair es bipolar. Cuando los editores del Times lo interrogaron, él sostuvo que, como es común en el oficio, citaba otras fuentes. Y realmente no tenía conciencia de las dimensiones de su desvío ético. 

“Engañé a las mentes más brillantes”, diría en una entrevista poco después de su desafuero. Y así fue. También humilló y desilusionó a amigos, colegas y conocidos que lo apoyaron cuando era investigado porque supusieron que se trataba de un caso de discriminación racial. En palabras de uno de los ofendidos, puso en peligro los logros profesionales de las minorías en el periodismo yanqui.

Blair no pretende justificarse. Su memoria del episodio, Incendiar la casa de mi amo, no es una diatriba contra el establishment blanco, anglosajón y protestante confabulado contra el negro que lo desafió. No. Jason acepta que él mismo destruyó “la morada de su amo” -es decir, su propia vida, en parodia del versículo bíblico. 

Además, como lo hiciera el novelista William Styron en su conmovedor Memoria de la locura, da una voz de alerta contra la amenaza de una enfermedad silenciosa que, como el cáncer, puede matar si no es tratada a tiempo: la depresión.

Reseña: Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

 

Tal vez sin proponérselo, el libro también arroja luz sobre un territorio por definición oscuro: la vida interna de los medios. Las empresas de noticias son las más agresivas militantes a favor de la transparencia para el resto del mundo y los demás mortales, mas pídaseles reciprocidad y brincarán como demonios y denunciarán ataques “a la libertad de expresión”. 

Esto pasa en todas partes, pero el libro de Jason y el caso de Cooke permiten una comparación interesante: acá es muy fácil plagiar, mentir, calumniar y difamar con impunidad. Allá, la presión del mercado obliga, por lo menos, a un fariseico mea culpa.

Amén. 

5 de febrero de 2023

 

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

 

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