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Con voz propia

México: dignidad y transformación

México se juega su dignidad en esta elección, que aún está por calificar el Tribunal Electoral. Aún así ya hay ganancias y pérdidas

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Toma de calles en Tijuana contra fraude electoral Foto: Tomás Rojas

Síntesis de la elección en México (Tercera de tres partes)

Primera parte

Segunda parte

Por Ricardo V. Santes Álvarez*

Las circunstancias ponen a prueba, una vez más, al representante más conspicuo de la lucha social en el México actual. Mediante acusaciones y escarnios, los adversarios políticos de Andrés Manuel López Obrador, que ya difícilmente se distinguen de enemigos personales, han pretendido despojarle de sus bienes y manchar su historial. Le han vituperado de innumerables maneras, esperando reacciones que sirvan para desacreditarlo y deslegitimar su lucha. Inclusive le han escatimado ¡su título universitario obtenido en la UNAM! Sin embargo, los años y golpes de la vida no han pasado sin dejar factura (está “aflojado en terracería”, dijo en el segundo debate); con madurez, aunque no sin tropiezos, AMLO ha sorteado el temporal.

La prueba más reciente es la contienda presidencial de este 2012. Desde su etapa preparatoria, en el mismo día de la jornada electoral, y hasta ahora, se ha anunciando una nueva derrota de López Obrador por vía de “la voluntad popular”; o al menos de una voluntad que se presumió fácil de forjar por diversas rutas, entre ellas, la distribución de recursos (públicos y de procedencia desconocida); la mediatización de caras bonitas y romances novelescos; el trabajo inmoral de seudo-comunicadores de lengua rápida y larga; y la difusión de encuestas “serias” que semana tras semana acondicionaron el imaginario social.

Qué mejor estrategia para vencer al odiado enemigo que construir a lo largo de varios años la figura de un muñeco, de un Ken que hiciera las delicias de las mentes lábiles y sirviera de punta de lanza para el retorno del añorado monstruo, ese que arropa todo lo que toca con dinero, mentira, y autoritarismo. Qué mejor que imbuir en los ciudadanos la necesidad de abrazar al dinosaurio, quien luego de un merecido descanso de doce años retomaría el hilo de aquellos más de setenta de ininterrumpido reinado. Qué mejor que presentar a “la prole” un Ken, con todo y Barbie, construidos al capricho de la televisora más influyente del país.

¿Por qué alguien como López Obrador tendría que venir a romper ese fantástico México donde unos cuantos viven en la opulencia a costa de los muchos? ¿Acaso AMLO se cree capaz de venir a quitar del pedestal a los privilegiados de toda la vida? Esa debía ser una lucha perdida para el “pejeindio de pelos parados”, como algunos le llaman, revelando con ello el reprobable racismo que aún permea lo más profundo del mexicano, que divide y debilita dolorosamente un país carente de identidad.

Bajar los sueldos de los altos funcionarios, conminar a las grandes empresas a pagar impuestos, combatir la corrupción, dar mayores oportunidades de educación y empleo son, entre otras, iniciativas del proyecto lopezobradorista que se tornaron en afrentas para los poderosos. Por eso las altas dirigencias azules y tricolores, televisoras incluidas, se unieron en un sólo yo, y con un sólo propósito: imponer al “Peje” un “no pasarás”.

El proyecto de las cúpulas del PRI y el PAN (PRIAN) se consumó en una primera etapa la misma noche del 1 de julio, cuando desde el Instituto Federal Electoral (IFE), y principalmente la presidencia de la República, se levantó la mano al candidato Peña Nieto. Aunque muchos no lo crean todavía, el PRI recibió visa para retornar al poder de manos de su otrora crítico acérrimo, el PAN.

Pero la voluntad popular no significa solamente esa masa sumisa que soporta a los soberbios gobernantes y que mediante “billetazos” vota por sus siguientes verdugos. También es patrimonio de un amplísimo sector que desea ver a su país trascender hacia una etapa superior de desarrollo social y político. Y da la casualidad que, como hace seis años, en este 2012 esos anhelos de cambio nuevamente fueron depositados mayoritariamente en la persona de Andrés Manuel López Obrador.

Cierto es que buen número confió en Josefina Vázquez Mota para liderar un proyecto alterno, pero, como comenté en mi anterior, la señora nunca estuvo al nivel de sus seguidores.

López Obrador ha estado a la altura de las demandas y esperanzas ciudadanas; pero la empresa no ha sido ni es sencilla. Las cúpulas del PRIAN, y sin duda uno que otro “izquierdista”, le juegan por enésima ocasión una mala pasada. Sin embargo, lo que no admiten es que esta afrenta no sólo toca al político tabasqueño sino que lastima una sociedad que ya no está dispuesta a permanecer callada. Contra todo pronóstico, esta vez AMLO está más acompañado que nunca. Simpatizantes de las causas de la izquierda, pero también panistas y priístas, reconocen ahora que el Peje representa la opción de un México mejor. Esta amalgama de posiciones ideológicas encontradas establece sinergias en la búsqueda del objetivo común y constituye un frente que los grupos de poder ven con recelo y tratan de dividir, de atomizar. La “Ola cívica” de Vázquez Mota tiene, indudablemente, ese propósito.

Cuando un ser humano es despojado de sus haberes materiales, cuando sus títulos son retirados y deja de interesar a falsos seguidores, y cuando los demás pretenden lincharlo simplemente por ser distinto y no comulgar con sus ambiciones, lo que le queda es su dignidad. Esta reflexión aplica tanto para López Obrador como para los millones que optaron por una metamorfosis. La dignidad de los mexicanos es un valor esencial para superar los execrables intereses de soberbios y zalameros. En estas horas de desasosiego, cuando el espíritu democrático es amenazado, si se pierde la dignidad, se pierde todo.

Quienes buscan la transformación del país se manifiestan de diferentes maneras. Miles salen a las calles a expresar su profunda indignación. En las marchas que se extienden por todo el territorio es común ver estudiantes, obreros, profesionales, ancianos, amas de casa, niños, bebés, e incluso embarazadas, quienes con gran valor e inquebrantable voluntad tratan de sacudir conciencias: “¡A ti que estás mirando también te están chingando!”, “¡Únete pueblo, únete!”, son algunas de las arengas. El propósito es impedir el retroceso hacia etapas que ya se creían superadas.

Esos mexicanos aguardan a que los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tengan la altura de miras que el caso demanda. Si, como ha aseverado el magistrado Pedro Esteban Penagos, ni marchas ni manifestaciones influirán en la resolución, ha de pensarse que tampoco las elites del poder y su derroche de recursos harán olvidar a esos jurisconsultos su obligación. Lo mínimo que se espera de los magistrados es que cumplan con su responsabilidad para, en un marco de legalidad y justicia, poner los objetivos nacionales por encima de cualquier interés personal y/o partidista.

En este escenario de incertidumbre por causa de una elección presidencial inconclusa, me animo a plantear que ya se asoman perdedores y ganadores:

Perdedores:

1. Las cúpulas partidistas.

a) La Izquierda, por mantener posiciones descoordinadas en su interior, que se manifiestan en tres partidos políticos y se maximizan en el carácter tribal del PRD.

b) La Derecha, por haber dilapidado la oportunidad de consolidar avances democráticos luego de doce años de gobierno; ni falta hace nombrar a esos dirigentes azules que, con su soterrado apoyo al PRI, traicionaron a los auténticos panistas; aunque parezca un contrasentido, ganando por apostar al “triunfador oficial”, las elites panistas pierden miserablemente.

c) El PRI, porque su alejamiento como gobierno federal por 12 años de nada sirvió; no hay duda que las malas prácticas siguen siendo su forma de vida.

2. Diversos medios y sus voceros. Pierden su credibilidad quienes pensaron que acallarían voces disonantes por vía del bombardeo infame del largamente anunciado triunfo de su candidato Peña Nieto. Destaca por sobre todos la empresa Televisa, la que, por otro lado continuará cautivando a un público escasamente interesado en el desarrollo nacional.

3. El Estado mexicano, al evidenciar lamentables fallas en sus órganos operativos. Con honrosas excepciones, ha habido instancias burocráticas responsables, así como gobernadores, alcaldes, cuerpos policíacos, y otro cúmulo de servidores públicos, federales y locales, que han faltado a su misión de salvaguardar los preceptos constitucionales para la realización de elecciones libres, auténticas, y creíbles.

4. La autoridad electoral, por ahora en las figuras del IFE y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, al incumplir con su responsabilidad de velar por un proceso electoral limpio.

5. Los ciudadanos, por sostener instancias electorales tan costosas que en los momentos importantes demuestran su poca eficacia y que, en el extremo, son utilizadas precisamente para socavar la decisión soberana de quienes las mantienen. Toca el turno al TEPJF; esperemos que sea quien reivindique la existencia de la institución electoral y que esto que ubico como pérdida se convierta en ganancia.

Ganadores:

1. La conciencia de la transformación, que es de jóvenes y de otros no tan jóvenes. Es patente que la indignación ciudadana no es por la “derrota oficial” de AMLO, sino por la pretensión de los poderosos de aplastar el derecho a elegir en libertad. Aseverar que todas esas expresiones en las calles son atribuibles a López Obrador es una posición de avestruz, simplista y convenenciera.

2. Los favorecedores de la democracia, porque saben que en ese ánimo no son minoría. Los resultados dejan en claro que millones votaron rechazando el retorno de un PRI estancado en vergonzoso pasado, así como una repetición panista que no auguraba la modificación requerida. Porque finalmente se reconocen como ciudadanos y no como parte de una clase social, económica o política excluyente. Porque parece que, luego de tantos enfrentamientos intestinos, comprenden que la iniciativa para que ocurra la transformación social debe ser acordada por todos y abanderada por quien no se preste a la simulación ni a la traición.

3. López Obrador, por ser principal contribuyente a este momento histórico. Muchos lo reconocen finalmente como el único que aseguraba una opción promisoria para este atribulado presente. No obstante, está claro que su pensamiento y movimiento no lo son todo. Sin demeritar su bien ganada calidad de líder social y político, AMLO es ahora una pieza más del mosaico de la rebelde transición política mexicana… y esa es una buena noticia. Seguramente por el ejemplo de Andrés Manuel, las expresiones del anhelado cambio retumban en todos los rincones y marcan el inicio de algo mayor, cada vez más consolidado, que motiva a seguir adelante.

4. La reflexión sobre México y el mexicano, porque a diferencia de quienes aún piensan en muchos Méxicos, la experiencia reciente parece apuntar a la existencia de únicamente dos.

a) Uno (sin distingos de posición social o económica), conformado por quienes prefieren seguir en la sumisión y la complicidad; algunos por miedo e ignorancia mientras otros por el interés de mantener los privilegios que el poder les ha otorgado. Creo que es el México de quienes se congratulan con el retorno del dinosaurio.

b) Otro (sin distingos de posición social o económica), compuesto por quienes desean un desarrollo integral, el avance hacia una sociedad de primer nivel, impregnada por la libertad, la tolerancia, y el bienestar general. Pienso que este es el México de la esperanza y la transformación, que en este tiempo ha crecido, que preocupa y ocupa a más y más ciudadanos.

Como todo, al tiempo.

 Twitter: @RicSantes

*El autor es investigador mexicano del Colegio de la Frontera Norte.

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Lo populista se revierte

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

Parece consecuencia inexorable, que algún líder político que inicia con altos puntos de populismo, termine siendo muy impopular. Sin que se pueda llegar a lo genérico, ése parece ser el destino de quienes, a fuerza de retórica, llegan al poder con altísimos márgenes de aceptación –tal cual ocurrió con Nerón en la antigua Roma, Hitler o Franco en Europa- siendo su final el rechazo popular casi siempre por su imposibilidad de reconocer con cierto grado de humildad sus imperfecciones.

En América podemos escoger de entre varios gobernantes populistas, que terminaron agredidos o quizá odiados por el mismo pueblo que en un principio les aduló; y el cuestionamiento es simple ¿Qué es lo que espera la gente que ellos realicen? ¿Por qué en Colombia es casi seguro el triunfo de un guerrillero amigo de narcotraficantes, autodefinido como de izquierda?

En nuestro país, son muchos los enunciados de campaña que emocionaron a los votantes en diversas etapas de “cambio” –en el caso del actual primer mandatario no solo los pobres- aunque la mayoría de ellos suponen un cierto grado de inclusión en términos laborales o económicos ¿En el ámbito emocional tiene algún peso la posibilidad de “cobrársela” a quien recientemente nos excluyó o dejó de considerarnos en sus planes? ¿Por ello es relativamente fácil allegarnos la voluntad de los desempleados, resentidos, temerosos o empobrecidos? No hay que tropezarse con la misma piedra, decían las abuelas, pero si alguien tiene propensión de hacerlo son justamente los seres humanos.

En esta fase de desarrollo gubernamental más que análisis cuasi académico, es pertinente pensar en cosas especiales que nos llevan al punto de justificar en la mitad de actual gobierno las bondades del PRI y hasta del PAN ¿Conoces gente que teniendo hasta maestrías no han sido convocadas a ser parte en gobiernos del cambio? ¿Sabes de personas convocadas que a la hora de la verdad son “corridas” sin que se les liquide o cuando menos se les den las gracias por el trabajo prestado?

En el ambiente impuesto por la pandemia y reforzado por el temor producido por el relato continuo de muertos, secuestrados, extorsionados, asaltados y hasta quemados, salvo el uso de la herramienta electrónica que sustituye la emoción de tener enfrente a un ser vivo que nos abrace y converse, la realidad universal se denomina soledad. A quienes están en el sexto piso y más de la vida, la televisión sirve de murmullo para imaginar que alguien les acompaña, los más jóvenes ponen su música estridente –con audífonos o al natural- y casi todos esperan con ansia el zumbido del celular, a fin de comprobar que estamos en la mente de alguien que nos ha enviado un mensaje. Los que tienen un gran espacio físico ocupado por casetes o diskettes, no encuentran como hacer funcionar su viejo y anticuado reproductor de tales materiales viviendo entonces la ironía de una opulencia que ni siquiera pueden escuchar menos disfrutar. Y así es como mucha riqueza se arroja a la basura.

A finales de los ochenta, con el acompañamiento de mexicanos sobresalientes[1][1], logramos llamar la atención acerca de un problema de salud que por sus números parecía no importar al sector ¡hasta construimos un hospital en Querétaro! A escasos metros de donde se terminó atendiendo un niño al que compañeros de la tele-secundaria, quemaron al parecer de forma intencional. ¿Saben cómo influyó un ex jefe de gobierno para atacar a esta OSC en favor de los niños quemados en la ciudad de México? ¿Qué hicieron los diversos gobiernos del cambio para defender esa obra de la sociedad civil en el bajío? ¿Cómo es posible que todavía hoy después de tanto esfuerzo por difundir medidas de prevención haya una maestra que recomiende ponerle cebolla en las heridas al infante víctima?

Quemar –bosques, coches, locales, ciudades o personas- como una forma de presión y hasta venganza, debiera ser entendida por los populistas como un aviso de que se está llegando al límite de la tolerancia. Ocurre por la impotencia de ser verdaderos agentes de cambio sobre todo a imprudentes votantes que lo hicieron con las vísceras y no con la cabeza ¿quiénes facilitaron la llegada de personas notables en algunos casos que a la hora de gobernar no la hacen, sienten culpa? ¿De que sirvió a los ciudadanos guiados por Nerón su poesía y gusto por la música? ¿Qué suponen elecciones de una minoría movida por la compra del voto? ¿El abstencionismo es solo un aviso o una verdadera tragedia democrática? Han escrito los entendidos que en el declive populista la abstención es hoy rey de reyes, que domina procesos electorales derrotando la democracia misma al permitir que déspotas y dictadores triunfen mediante la corrupción de los ciudadanos.

El desempleo, el hambre, el miedo al castigo y sobre todo el mal ejemplo –como pedir diezmos a trabajadores, no pagar a empleados o proveedores, mentir, proteger a los infractores o delincuentes- son aspectos que toman en cuenta los que tienen la inteligencia, y la humildad para reconocer que se equivocan al encumbrar a alguien que no lo merecía. Una vez reconocido el error “democrático” lo pertinente es actuar, dejando de promover, aun con críticas, al populista y sobre todo acercándose a la gente capaz, ¡que si la hay y México está pletórico de buenos mexicanos!

____________

[1][1] El paido-psiquiatra Eduardo Dallal y su alumna Patricia Romano, el epidemiólogo José Carrillo Coromina, el maestro en salud pública Rodolfo Gracia Robles, el Dr. Andrés de Witt Green, Fernando Ortiz Monasterio, entre muchos otros que son extraños para los actuales funcionarios.

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Con voz propia

Verdad, justicia, reparación de daño y no repetición, un largo y tortuoso camino en México

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Cuando los mexicanos lleguemos a la verdad, la justicia, la reparación del daño y la no repetición, habrá paz en cada corazón de las familias mexicanas, mientras eso no ocurra seguiremos caminando al lado de las víctimas para buscar a los desaparecidos

Twitter: @kausirenio 

La Guerra Sucia empezó en Guerrero por miembros del Ejército mexicano en contra de la población civil en la década de los años 50, 60 y 70. En esa época hubo desaparecidos y pueblos arrasados para restarle la base social a la guerrilla de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos. Investigar los excesos por militares para llegar a la verdad y justicia.

Si bien es cierto que el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), reconoció que los militares participaron directamente en contra de la población, y eso es un avance, hay que esperar la apertura del archivo militar en poder de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Además de investigar a los autores intelectuales de estos crímenes: Caballero Aburto, Alarcón, Figueroa… así como rastrear fosas y cárceles clandestinas donde fueron torturados y asesinados estudiantes, campesinos y colonos.

La participación directa de tropas del Ejército mexicano en la masacre de 17 personas en Chilpancingo, Guerrero, el 31 de diciembre de 1960.  El 18 de Mayo de 1967, en un mitin que convocó la Sociedad de Padres de Familia de la escuela primaria “Juan N. Álvarez, la Policía judicial del estado de Guerrero incursiona en el plantel y abre fuego en contra de la multitud, asesinando a 11 personas. Ese día Lucio Cabañas se refugió en la Sierra.

Las masacres fueron las formas de hacer política en Guerrero. En Acapulco, durante la asamblea de cada domingo, en las oficinas de la Copra, fueron asesinados 38 copreros a manos de pistoleros, El Chante Luna, El Zanatón, Pay Radilla y El Animal, el 20 de agosto;  años después, los asesinos fueron homenajeados con corridos por el valor prestado a la tiranía. Ellos no actuaron por sí solos, sino por órdenes de personajes oscuros del PRI-gobierno de entonces, que pronto escalaron como espuma en lo más altos niveles políticos. Rigoberto Pano Arciniega fue premiado como magistrado y después procurador de Justicia del estado; otro que premiado fue Orbelín Soberanis Núñez, quien llegó a ser diputado local.

Cuando se creía que el talante represor había desaparecido en Guerrero, el 28 de junio de 1995, en el Vado de Aguas Blancas, fueron asesinados 17 campesinos e hirieron a 23 más. Los responsables: policías judiciales, antimotines y la Policía Motorizada, al mando del mayor Manuel Moreno González.

La madrugada del 7 de junio de 1998, un operativo contrainsurgente cercó la Escuela Primaria Caritino Maldonado Pérez, ubicada en las faldas de los cerros antes de llegar a la  comunidad Ñuu Savi de El Charco, municipio de Ayutla. Al mando iba el comandante de la 27 Zona Militar, el general Alfredo Oropeza Garnica. La balacera duró una hora y media. Ahí fueron asesinados 11 personas y cinco resultaron heridas –un niño de 13 años de edad, entre las víctimas–  pero en el comunicado oficial solo se supo de la detención de 22 personas.

Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús, estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, fueron asesinados por policías federales,  estatales y agentes ministeriales, durante el violento desalojo en la Autopista del Sol México-Acapulco, el 12 de diciembre de 2011, en Chilpancingo.

En Iguala, el viernes 26 de septiembre de 2014, policías municipales, estatales y federales desaparecieron a 43 normalistas de Ayotzinapa con la complacencia del Ejército mexicano, y el saldo de ese día fue de seis personas asesinadas.

En todos estos hechos de violencia sistemática en contra de la población civil, el Ejército mexicano, la Marina, la Policía Federal y Estatal de Guerrero, actúan como escuadrón de la muerte, con total impunidad. Las autoridades civiles, lejos de investigar y sancionar, se han encargado de opacar y ocultar la información.

Cuando los mexicanos lleguemos a la verdad, justicia, reparación de daño y la no repetición, ese día habrá paz en cada el corazón de la familia mexicana, mientras esto no ocurra seguiremos caminando a lado de las víctimas para buscar a los desaparecidos.

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Eliminación de hospitales psiquiátricos, una orden del presidente López Obrador

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Por Alberto Farfán

La ansiedad y la depresión como algunos de los factores desencadenantes del suicidio, y asimismo, la imperativa necesidad de que los hombres y mujeres con algunas de estas condiciones mentales deben ser tratados de inmediato en hospitales psiquiátricos para preservar su vida, fue parte de lo que apuntamos en El suicidio en México con índices de gravedad. Ahora es importante resaltar lo que ha ocurrido desde el Gobierno federal con relación a la orden del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de eliminar dichos nosocomios.

Y sin dejar de lado el galimatías  seudolegal u oficioso ─lo digo como lingüista─, del decreto en el que hubo cambios a la Ley General de Salud en materia de Salud Mental y Adicciones, texto que provoca ambigüedad, confusión, contradicciones, aspiraciones vanas y hasta demagogia, tratemos de entender qué es lo que en realidad nos intentan decir en lo medular.

De entrada, en el Diario Oficial de la Federación (DOF) del 16 de mayo del año en curso se pontifica lo siguiente en el artículo 74 de la Ley General de Salud: “Asimismo, para eliminar el modelo psiquiátrico asilar, no se deberán construir más hospitales monoespecializados en psiquiatría; y los actuales hospitales psiquiátricos deberán, progresivamente, convertirse en centros ambulatorios o en hospitales generales dentro de la red integrada de servicios de salud”.

Esto quiere decir que los centros de internamiento psiquiátrico ─o sea, los monoespecializados, en los cuales el paciente es atendido por el tiempo que sea necesario bajo el modelo asilar; cuyo significado es dar asilo o albergar─ deben ser eliminados para dar paso a lugares en donde sólo se otorgue atención momentánea y transitoria ─los propiamente psiquiátricos que a partir de ahora serán ambulatorios u hospitales generales─, sin considerar en modo alguno a los sujetos afectados psicoemocionalmente, que requieren de ser ingresados por la gravedad que puedan presentar, como en los casos de intentos de suicidio, por ejemplo. Y en suma, no sólo se habla de ya no construir más nosocomios, cuando los actuales no se dan abasto para todos los solicitantes, sino de eliminar los ya existentes.

Más claro aún, el subordinado del presidente AMLO, el secretario de Salud, Dr. Jorge Alcocer, semanas previas al decreto, fue quien justificó en la conferencia matutina del jefe del Ejecutivo, del 24 de abril de este año, la desaparición de los hospitales psiquiátricos por la sencilla razón de que no era una situación propia de nuestro país, sino que era una tendencia en otras latitudes, la cual tiene a su favor que el aquejado con problemas de salud mental al no encontrarse internado podrá recibir toda la atención por parte de su familia y amigos. Y esto es francamente una estupidez, por más que en dicho decreto se diga que a los familiares se les va a informar y capacitar para la pertinente atención del allegado. Si médicos especializados suelen cometer errores, ¿qué va a ocurrir con aquéllos que son ajenos a conocimientos de esta índole? Nada bueno.

No vamos a negar que históricamente en los hospitales psiquiátricos de nuestro país por la irresponsabilidad de las autoridades competentes se suele abusar, agredir y hasta torturar a los pacientes que se encuentran ingresados indefinidamente. Pero eliminar per se a dichas instituciones no resuelve el problema y menos si nos prometen que con cursos de capacitación y sensibilización a médicos generales, auxiliares y familias la situación va a cambiar. En este sentido, los resultados positivos si es que se dan se podrán palpar en décadas. Por lo tanto, la demagogia es la que habla por sí sola.

Además del término asilar hay otro que repiten hasta el cansancio, el de voluntad anticipada. El cual significa en sentido llano que el individuo será quien determinará cómo, cuándo y dónde recibirá tratamiento médico, o negarse a él. ¿Ahora el afectado diagnosticará al especialista? Pero nótese lo que indica el artículo 75 Bis: “La persona con trastornos mentales… es quien ostenta el derecho a consentir o denegar el permiso para cualquier tratamiento o internamiento, por lo que deberá presumirse que todos los pacientes tienen capacidad de discernir y deberán agotarse los esfuerzos para permitir que una persona acepte voluntariamente el tratamiento o el internamiento”.

Por fin, es el indispuesto quien decide o no arguyendo su voluntad anticipada, cuando al final lo van a internar, pero además, ¿en dónde? Si ya no va a haber hospitales monoespecializados. Aunado a ello, un afectado con trastorno bipolar, esquizofrenia, con trastorno depresivo mayor o trastorno de ansiedad generalizada en plena crisis, ¿podrá tomar la decisión más adecuada? Me temo que no. Lo interesante del caso es que en el artículo 51 Bis 2, leemos: “No se entenderá que la persona no puede dar su consentimiento cuando se estime que está en un error o que no tiene conciencia de lo que hace”. ¿Si no tiene conciencia de lo que hace es prudente que él decida su tratamiento?

En conclusión, debo añadir que aún me pregunto cuál es el objetivo de todo esto. Pues la población que mayoritariamente requiere de estos servicios es de escasos recursos, y si mal no recuerdo AMLO ha dicho que “primero los pobres”, ¿entonces?

Contexto

En México existen 51 centros integrales de salud mental; 32 hospitales psiquiátricos para la atención asilar de 4 mil pacientes, y 54 villas de transición hospitalaria.

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