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Con voz propia

México: dignidad y transformación

México se juega su dignidad en esta elección, que aún está por calificar el Tribunal Electoral. Aún así ya hay ganancias y pérdidas

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Toma de calles en Tijuana contra fraude electoral Foto: Tomás Rojas

Síntesis de la elección en México (Tercera de tres partes)

Primera parte

Segunda parte

Por Ricardo V. Santes Álvarez*

Las circunstancias ponen a prueba, una vez más, al representante más conspicuo de la lucha social en el México actual. Mediante acusaciones y escarnios, los adversarios políticos de Andrés Manuel López Obrador, que ya difícilmente se distinguen de enemigos personales, han pretendido despojarle de sus bienes y manchar su historial. Le han vituperado de innumerables maneras, esperando reacciones que sirvan para desacreditarlo y deslegitimar su lucha. Inclusive le han escatimado ¡su título universitario obtenido en la UNAM! Sin embargo, los años y golpes de la vida no han pasado sin dejar factura (está “aflojado en terracería”, dijo en el segundo debate); con madurez, aunque no sin tropiezos, AMLO ha sorteado el temporal.

La prueba más reciente es la contienda presidencial de este 2012. Desde su etapa preparatoria, en el mismo día de la jornada electoral, y hasta ahora, se ha anunciando una nueva derrota de López Obrador por vía de “la voluntad popular”; o al menos de una voluntad que se presumió fácil de forjar por diversas rutas, entre ellas, la distribución de recursos (públicos y de procedencia desconocida); la mediatización de caras bonitas y romances novelescos; el trabajo inmoral de seudo-comunicadores de lengua rápida y larga; y la difusión de encuestas “serias” que semana tras semana acondicionaron el imaginario social.

Qué mejor estrategia para vencer al odiado enemigo que construir a lo largo de varios años la figura de un muñeco, de un Ken que hiciera las delicias de las mentes lábiles y sirviera de punta de lanza para el retorno del añorado monstruo, ese que arropa todo lo que toca con dinero, mentira, y autoritarismo. Qué mejor que imbuir en los ciudadanos la necesidad de abrazar al dinosaurio, quien luego de un merecido descanso de doce años retomaría el hilo de aquellos más de setenta de ininterrumpido reinado. Qué mejor que presentar a “la prole” un Ken, con todo y Barbie, construidos al capricho de la televisora más influyente del país.

¿Por qué alguien como López Obrador tendría que venir a romper ese fantástico México donde unos cuantos viven en la opulencia a costa de los muchos? ¿Acaso AMLO se cree capaz de venir a quitar del pedestal a los privilegiados de toda la vida? Esa debía ser una lucha perdida para el “pejeindio de pelos parados”, como algunos le llaman, revelando con ello el reprobable racismo que aún permea lo más profundo del mexicano, que divide y debilita dolorosamente un país carente de identidad.

Bajar los sueldos de los altos funcionarios, conminar a las grandes empresas a pagar impuestos, combatir la corrupción, dar mayores oportunidades de educación y empleo son, entre otras, iniciativas del proyecto lopezobradorista que se tornaron en afrentas para los poderosos. Por eso las altas dirigencias azules y tricolores, televisoras incluidas, se unieron en un sólo yo, y con un sólo propósito: imponer al “Peje” un “no pasarás”.

El proyecto de las cúpulas del PRI y el PAN (PRIAN) se consumó en una primera etapa la misma noche del 1 de julio, cuando desde el Instituto Federal Electoral (IFE), y principalmente la presidencia de la República, se levantó la mano al candidato Peña Nieto. Aunque muchos no lo crean todavía, el PRI recibió visa para retornar al poder de manos de su otrora crítico acérrimo, el PAN.

Pero la voluntad popular no significa solamente esa masa sumisa que soporta a los soberbios gobernantes y que mediante “billetazos” vota por sus siguientes verdugos. También es patrimonio de un amplísimo sector que desea ver a su país trascender hacia una etapa superior de desarrollo social y político. Y da la casualidad que, como hace seis años, en este 2012 esos anhelos de cambio nuevamente fueron depositados mayoritariamente en la persona de Andrés Manuel López Obrador.

Cierto es que buen número confió en Josefina Vázquez Mota para liderar un proyecto alterno, pero, como comenté en mi anterior, la señora nunca estuvo al nivel de sus seguidores.

López Obrador ha estado a la altura de las demandas y esperanzas ciudadanas; pero la empresa no ha sido ni es sencilla. Las cúpulas del PRIAN, y sin duda uno que otro “izquierdista”, le juegan por enésima ocasión una mala pasada. Sin embargo, lo que no admiten es que esta afrenta no sólo toca al político tabasqueño sino que lastima una sociedad que ya no está dispuesta a permanecer callada. Contra todo pronóstico, esta vez AMLO está más acompañado que nunca. Simpatizantes de las causas de la izquierda, pero también panistas y priístas, reconocen ahora que el Peje representa la opción de un México mejor. Esta amalgama de posiciones ideológicas encontradas establece sinergias en la búsqueda del objetivo común y constituye un frente que los grupos de poder ven con recelo y tratan de dividir, de atomizar. La “Ola cívica” de Vázquez Mota tiene, indudablemente, ese propósito.

Cuando un ser humano es despojado de sus haberes materiales, cuando sus títulos son retirados y deja de interesar a falsos seguidores, y cuando los demás pretenden lincharlo simplemente por ser distinto y no comulgar con sus ambiciones, lo que le queda es su dignidad. Esta reflexión aplica tanto para López Obrador como para los millones que optaron por una metamorfosis. La dignidad de los mexicanos es un valor esencial para superar los execrables intereses de soberbios y zalameros. En estas horas de desasosiego, cuando el espíritu democrático es amenazado, si se pierde la dignidad, se pierde todo.

Quienes buscan la transformación del país se manifiestan de diferentes maneras. Miles salen a las calles a expresar su profunda indignación. En las marchas que se extienden por todo el territorio es común ver estudiantes, obreros, profesionales, ancianos, amas de casa, niños, bebés, e incluso embarazadas, quienes con gran valor e inquebrantable voluntad tratan de sacudir conciencias: “¡A ti que estás mirando también te están chingando!”, “¡Únete pueblo, únete!”, son algunas de las arengas. El propósito es impedir el retroceso hacia etapas que ya se creían superadas.

Esos mexicanos aguardan a que los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tengan la altura de miras que el caso demanda. Si, como ha aseverado el magistrado Pedro Esteban Penagos, ni marchas ni manifestaciones influirán en la resolución, ha de pensarse que tampoco las elites del poder y su derroche de recursos harán olvidar a esos jurisconsultos su obligación. Lo mínimo que se espera de los magistrados es que cumplan con su responsabilidad para, en un marco de legalidad y justicia, poner los objetivos nacionales por encima de cualquier interés personal y/o partidista.

En este escenario de incertidumbre por causa de una elección presidencial inconclusa, me animo a plantear que ya se asoman perdedores y ganadores:

Perdedores:

1. Las cúpulas partidistas.

a) La Izquierda, por mantener posiciones descoordinadas en su interior, que se manifiestan en tres partidos políticos y se maximizan en el carácter tribal del PRD.

b) La Derecha, por haber dilapidado la oportunidad de consolidar avances democráticos luego de doce años de gobierno; ni falta hace nombrar a esos dirigentes azules que, con su soterrado apoyo al PRI, traicionaron a los auténticos panistas; aunque parezca un contrasentido, ganando por apostar al “triunfador oficial”, las elites panistas pierden miserablemente.

c) El PRI, porque su alejamiento como gobierno federal por 12 años de nada sirvió; no hay duda que las malas prácticas siguen siendo su forma de vida.

2. Diversos medios y sus voceros. Pierden su credibilidad quienes pensaron que acallarían voces disonantes por vía del bombardeo infame del largamente anunciado triunfo de su candidato Peña Nieto. Destaca por sobre todos la empresa Televisa, la que, por otro lado continuará cautivando a un público escasamente interesado en el desarrollo nacional.

3. El Estado mexicano, al evidenciar lamentables fallas en sus órganos operativos. Con honrosas excepciones, ha habido instancias burocráticas responsables, así como gobernadores, alcaldes, cuerpos policíacos, y otro cúmulo de servidores públicos, federales y locales, que han faltado a su misión de salvaguardar los preceptos constitucionales para la realización de elecciones libres, auténticas, y creíbles.

4. La autoridad electoral, por ahora en las figuras del IFE y la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, al incumplir con su responsabilidad de velar por un proceso electoral limpio.

5. Los ciudadanos, por sostener instancias electorales tan costosas que en los momentos importantes demuestran su poca eficacia y que, en el extremo, son utilizadas precisamente para socavar la decisión soberana de quienes las mantienen. Toca el turno al TEPJF; esperemos que sea quien reivindique la existencia de la institución electoral y que esto que ubico como pérdida se convierta en ganancia.

Ganadores:

1. La conciencia de la transformación, que es de jóvenes y de otros no tan jóvenes. Es patente que la indignación ciudadana no es por la “derrota oficial” de AMLO, sino por la pretensión de los poderosos de aplastar el derecho a elegir en libertad. Aseverar que todas esas expresiones en las calles son atribuibles a López Obrador es una posición de avestruz, simplista y convenenciera.

2. Los favorecedores de la democracia, porque saben que en ese ánimo no son minoría. Los resultados dejan en claro que millones votaron rechazando el retorno de un PRI estancado en vergonzoso pasado, así como una repetición panista que no auguraba la modificación requerida. Porque finalmente se reconocen como ciudadanos y no como parte de una clase social, económica o política excluyente. Porque parece que, luego de tantos enfrentamientos intestinos, comprenden que la iniciativa para que ocurra la transformación social debe ser acordada por todos y abanderada por quien no se preste a la simulación ni a la traición.

3. López Obrador, por ser principal contribuyente a este momento histórico. Muchos lo reconocen finalmente como el único que aseguraba una opción promisoria para este atribulado presente. No obstante, está claro que su pensamiento y movimiento no lo son todo. Sin demeritar su bien ganada calidad de líder social y político, AMLO es ahora una pieza más del mosaico de la rebelde transición política mexicana… y esa es una buena noticia. Seguramente por el ejemplo de Andrés Manuel, las expresiones del anhelado cambio retumban en todos los rincones y marcan el inicio de algo mayor, cada vez más consolidado, que motiva a seguir adelante.

4. La reflexión sobre México y el mexicano, porque a diferencia de quienes aún piensan en muchos Méxicos, la experiencia reciente parece apuntar a la existencia de únicamente dos.

a) Uno (sin distingos de posición social o económica), conformado por quienes prefieren seguir en la sumisión y la complicidad; algunos por miedo e ignorancia mientras otros por el interés de mantener los privilegios que el poder les ha otorgado. Creo que es el México de quienes se congratulan con el retorno del dinosaurio.

b) Otro (sin distingos de posición social o económica), compuesto por quienes desean un desarrollo integral, el avance hacia una sociedad de primer nivel, impregnada por la libertad, la tolerancia, y el bienestar general. Pienso que este es el México de la esperanza y la transformación, que en este tiempo ha crecido, que preocupa y ocupa a más y más ciudadanos.

Como todo, al tiempo.

 Twitter: @RicSantes

*El autor es investigador mexicano del Colegio de la Frontera Norte.

Con voz propia

Andrés Manuel López Obrador, analfabetismo en Comunicación y las nuevas autodefensas.

Ramses Ancira

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Diario de un Reportero

Ramsés Ancira

La definición clásica de Comunicación es un intercambio de mensajes entre un emisor y un receptor. Con una conferencia diaria de más de dos horas parecería que Andrés Manuel López Obrador sería un excelente comunicador, pero como sólo habla y no escucha, en realidad es el peor, al menos desde que este reportero tiene memoria; y no es una memoria corta, porque he cubierto ocasional o con cierta permanencia las administraciones desde José López Portillo hasta Enrique Peña Nieto, e incluso ésta.

Incluso cuando el PRI mataba periodistas, como sucedió con Manuel Buendía, (cien por ciento un crimen de Estado) yo tenía una estrategia que nunca me fallaba: cuando acreditación en mano el Estado Mayor Presidencial no me dejaba pasar a un evento, quizá porque me habían comisionado de último momento o no era el reportero de la fuente, yo me ponía a gritar “¡Están agrediendo a la prensa! Evitar escándalos era prioritario, así que como mí única arma visible era mi gafete de periodista, siempre acababan cediéndome el paso, con tal de que me callara.

La ocasión más reciente fue con Enrique Peña Nieto, en un evento en Los Pinos al que me pidieron acudir como corresponsal de Hispan TV. Si el lector me juzga un irrespetuoso de la autoridad o un abusivo del “cuarto poder”, está en todo su derecho, pero se lo cuento tal como ocurrió.

Estaba alzando la voz cuando llegó el entonces gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros y me llamó a la tolerancia. Yo estaba tan enojado que no sé exactamente lo que le contesté, pero fue algo así como que a nadie le interesaba lo que dijera el presidente y que yo estaba ahí para cubrir una orden y no por gusto. Finalmente pasé.

En otras dos ocasiones, cuando Andrés Manuel López Obrador estaba en su segunda campaña presidencial me pidieron solicitarle una entrevista exclusiva. La primera vez en un evento en Coyoacán, su jefe de prensa, César Yáñez, al que conocía desde que López Obrador era jefe de gobierno de la Ciudad de México, me invitó a acercarme personalmente a pedírsela.

Como el entonces candidato estaba sentado en primera fila en un evento de proselitismo, cuando me le acerqué de frente para hablar con él, noté que tapaba la visión de las personas que se encontraban en las sillas de atrás, así que me puse en cuclillas. De inmediato López Obrador me extendió el brazo para ayudarme a levantar y pidió que me cedieran una silla junto a él. “Póngase de acuerdo con César” me dijo amable, pero pasaron meses sin que recibiera respuesta.

Finalmente, un día me llamó César Yáñez para decirme que había una oportunidad durante una gira por Puebla y Veracruz. Lo perseguí todo el día en carreteras y mítines, pero siempre se retrasaba en sus actos de campaña y salía corriendo al siguiente. Esa noche mi equipo de producción y yo pernoctamos en el puerto y seguimos yendo a enormes mítines sin poder hablar con él. Finalmente, mi asistente, jugándose la vida al volante condujo al aeropuerto de Veracruz.

Mi camarógrafo y yo lo sorprendimos al bajar de su auto en carril de descenso y mientras salía su avión, él y su entonces compañero Dante Delgado me concedieron la anhelada exclusiva.

¡Ah, pero ése era otro López Obrador y no el más presidencialista de los presidentes que ha tenido México en el último medio siglo!

Todos estos antecedentes vienen a cuento porque el empresario y activista de Quintana Roo Carlos Mimenza Novelo dijo en una conferencia de prensa celebrada el 28 de octubre,  (ignorada por casi todos los grandes medios de información)  que está cansado de mandarle a Jesús Ramírez Cuevas, vocero de López Obrador, información sobre los asesinatos y desapariciones que ocurren a diario en su estado, detrás de los cuáles se encuentra la policía, misma que fue integrada con  el cártel morelense de Los Rojos y  ataviada con uniformes, por lo que ahora pueden secuestrar, violar y matar, con placas y toletes que les proporciona el mismo gobierno estatal.

El actual gobernador de Quintana Roo, Carlos Manuel Joaquín González, medio hermano del ex secretario de Energía, de Enrique Peña Nieto, y ex presidente del PRI, Pedro Joaquín Cadwell.

Mimenza Novelo dice que Joaquín González es “asesino, extorsionador e invasor de terrenos, involucrado con el narco”, y las pruebas fueron entregadas tanto a Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad Pública (actualmente en fuga para convertirse en candidato a la gubernatura de Sonora) como a Jesús Ramírez Cuevas, vocero del presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo que es imposible que el presidente las ignore.

El empresario es también activista por los derechos humanos, sostiene una fundación para la atención de niñas violadas y sujetas al comercio sexual, situación en la que, según Mimenza, Quintana Roo ocupa el primer lugar nacional.

Entre muchas acusaciones, asegura que una persona de Tulum, llamada Héctor Valdez fue amenazado de muerte por el gobernador, y luego golpeado policía enfrente del director de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella.

En ese estado todos los días se padecen extorsiones, secuestros y desapariciones forzadas, pero no se habla de esto porque los medios “están siendo callados a punta de billetazos”, dijo Mimenza, quien agregó que el 95 por ciento de los informativos locales están al servicio del gobernador” y los medios nacionales tampoco atienden el problema.

El cobro de piso a los empresarios y los pequeños comerciantes, dice el empresario y activista, es realizado en su mayoría por gente de Seguridad Pública de Quintana Roo.

Capella, agrega el denunciante, llegó al estado precedido de acusaciones de corrupción en Tijuana y Morelos. El propio gobernador de este estado, Cuauhtémoc Blanco, le advirtió a Carlos Manuel Joaquín los riesgos de darle ese puesto. Sus advertencias fueron desoídas.

Como consecuencia Capella importó de Morelos a integrantes de la organización delictiva “Los Rojos”, involucrada en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, y los vistió de policías que se dedican al secuestro, entre otros del comisario ejidal de Playa del Carmen por quien pidieron un cuantioso rescate.

Según el denunciante, también ha llegado a Quintana Roo, desde la Ciudad de México, la banda criminal llamada Unión Tepito. Además, acusó al gobernador de tener como secretario particular a Óscar Montes de Oca, quien antes fue Secretario de Turismo y despojó de sus tierras a varias personas en Tulum, acusándolos falsamente de distintos delitos, que los mantienen en la cárcel.

Tulum, será una de las estaciones más representativas del Tren Maya, por lo que algunos de los principales beneficiarios serán los que inventaron falsos culpables, para apoderarse de sus tierras.

Toda esta información le ha sido proporcionada a López Obrador, sin que se haya actuado al respecto durante más de dos años. De manera que hace dos semanas decidieron formar un grupo de autodefensas en Tulum, que ya tuvo su primer éxito, la captura de un falso guardia nacional que se dedicaba al cobro de piso.

Si el presidente López Obrador no hace nada para detener los delitos atribuidos al gobernador y a su secretario de Seguridad Pública, varios empresarios, que ya antes habían apoyado al doctor José Manuel Mireles en Michoacán, están dispuestos a financiar autodefensas en los once municipios de Quintana Roo.

Así que además de los gobernadores del PRD, PAN, Movimiento Ciudadano y el independiente de Nuevo León, quienes integran la alianza federalista, mayoritariamente en el Norte del país, el presidente tendrá que sumar la inconformidad de empresarios organizados en el sureste, indignados por las mujeres violadas y las personas despojadas de sus tierras, que además de tener que pagar para que les reciban denuncias en el Ministerio Público, no tienen seguimiento de sus demandas.

¿Se acordará el presidente López Obrador que, en 1847, Zacatecas, ¿uno de los estados con más recursos económicos y militares se negó a participar en la defensa de la Nación durante la invasión de Estados Unidos?

Hoy el gobernador de Durango dice que: “El diálogo deberá ser el único instrumento que nos ayude a resolver puntos de vista distintos. Coincidimos en que a México y a nuestra entidad les vaya mejor. Confiamos en la sensibilidad del presidente”.

El problema es que para dialogar se necesitan al menos dos; pero como el nuevo personaje de López Obrador solo sabe hablar, y no escuchar, porque, según él, solo se trata de maniobras electoreras, los ciudadanos tenemos que rezar para que “sus datos” sean ciertos y   la 4a transformación no consista en una nueva fragmentación, como empezó sucediéndonos  con Texas, antes de perder dos millones de kilómetros cuadrados que hoy ocupan California, Nevada, Utah y Nuevo México.

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Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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