Lunes negro en el Ayuntamiento: arrestos, fuerza pública y reacción ciudadana.
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MEXICALI, Baja California.-El lunes 13 de febrero alrededor de las 6 de la mañana, en protesta por la falta de compromiso político e incongruencia de valores por parte del alcalde de la ciudad, Gustavo Sánchez (PAN), miembros de los Campamentos Ciudadanos de Mexicali comenzaron a ocupar parte de las entradas del Ayuntamiento.
Los manifestantes, acampados desde hace un mes en el Centro Cívico del Estado, habían comunicado dichas intenciones desde el viernes 10 de febrero, al salir de su quinta mesa de diálogo con el Cabildo de Mexicali y el alcalde Gustavo Sánchez Vásquez. La intención de volver a bloquear la Casa Municipal se debió a una percibida falta de cooperación de parte de la Institución, ya que en 5 mesas de diálogo, cada una de 4 a 5 horas de duración, el alcalde aún no completaba, por escrito, ninguno de los puntos en el pliego petitorio original.
Para tal efecto, los ciudadanos manifestantes convocaron a una toma simbólica de la Casa Municipal el domingo 12 de febrero, que serviría para reforzar al bloqueo real programado para el día lunes 13.
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12 de febrero
Horas antes del mitin del 12 de febrero, alrededor de las 11 de la mañana, dos camiones escolares llenos de efectivos policiales y dos unidades k9 entraron al estacionamiento subterráneo de la Casa Municipal. También hubo un despliegue de al menos 20 unidades policiales (patrullas, pick-ups y camionetas sin ventanas), incluida una unidad de inteligencia con cámara, una ambulancia y un camión de bomberos, los cuales se posicionaron sobre la Calle Mar Adriático, casi esquina con Ave. De los Pioneros.
13 de febrero
De 6 a 7 de la mañana del lunes 13 de febrero hubo tres transmisiones en vivo por Internet vía Facebook-Live, todas hechas por miembros de los campamentos, y la relación con los agentes de policía que guardaban el perímetro era, como en ocasiones similares, cordial. En este espacio de tiempo, el subsecretario del Ayuntamiento salió personalmente a tomarle fotos a los rostros de las mujeres que resguardaban la puerta principal del edificio, frente a la plaza ubicada sobre la Ave. Independencia; la mayoría de ellas profesoras jubiladas.
Alrededor de las 7:00 horas del mismo día, trabajadores del Ayuntamiento empezaron a ocupar la esquina de la Calle Mar Adriático y Ave. De los Pioneros. Al mismo tiempo, parte de los manifestantes se ubicaron alrededor de las vallas metálicas que la policía había colocado el día anterior. A partir de esta hora, los medios de comunicación locales, tanto tradicionales como independientes, comenzaron a transmitir en vivo.
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Entre 7:00 y 7:30 horas los manifestantes corearon consignas reivindicando consignas de justicia y democracia, y exponían a otros manifestantes, así como a trabajadores del Ayuntamiento, las razones por las cuales se consideraba necesario cerrar las oficinas municipales. En resumidas cuentas: una falta de administración de justicia por parte del xxii Ayuntamiento de Mexicali.
En medio de una clase universitaria de Ciencias Sociales frente a los escalones de la Casa Municipal, y mientras se leía en voz alta la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), decenas de pisadas marchando se escucharon por encima de la voz del alumno que leía y, desde el edificio municipal, fueron saliendo cerca de 50 agentes policiales —sumándose al medio centenar ya desplegado— e hicieron una formación militar de tres filas mirando al este de la plaza, misma que habían hecho el día anterior con el perímetro de vallas.
Inmediatamente después de esta formación, una figura resaltaba entre los policías uniformados; sería clave para el desarrollo de los eventos. Era un hombre de pasados 40 años, moreno, de complexión media, no muy alto, con corte de pelo militar —a ras—, lentes de sol, un traje de dos piezas color café, tenis blancos desgastados y un celular que revisaba constantemente. Se movía con completa soltura dentro de la plaza: su caminar era una mezcla entre militar retirado y figura de acción.
Cuando los policías salieron marchando, algunos manifestantes se alarmaron y les pidieron a gritos que no hicieran nada, que sus hijos los verían, que el país y el futuro los juzgarían. Quien esto escribe se acercó a dos policías mujeres que cuidaban uno de los perímetros y les preguntó su opinión sobre Mexicali Resiste, a lo cual ambas respondieron que estaban “del lado del movimiento”, pero que su trabajo no les permitía estar “del otro lado” de la valla. Se disculparon por limitarse a ser “sólo” policías.
Cerca de las 8 de la mañana comienza a formarse un cuello de botella en la zona más cercana a la banqueta de la avenida De los Pioneros, cuya parte central estaba ocupada por manifestantes. Hasta ese momento, la policía había mantenido su distancia; sin embargo, sin previo aviso ni consenso, agentes de la policía municipal comenzaron a retirar parte de la valla diseñada para proteger el edificio y salieron a presionar a los manifestantes.
Al mismo tiempo, un hombre de entre 50 y 60 años, de apariencia burócrata-empresarial —a quien algunos medios han identificado como José Pablo Angulo, subsecretario del Ayuntamiento—, se abre paso por el cuello de botella a gritos y empujones. Su enojo y desesperación contrastan con la calma del resto de los trabajadores del Ayuntamiento, quienes continúan observando desde el otro lado de la calle. El hombre encara a José Fierro en un debate encendido frente a los medios. Los manifestantes gritan y repiten: “¡No violencia!”. El hombre de apariencia burócrata eleva cada vez más la voz, pero es superado en coro y en número, lo que lo hace rabiar.
Para las 8:05 de la mañana, los policías están ya muy cerca de los manifestantes sin que éstos lo hayan percibido —pues miran hacia “fuera” de la plaza, mientras los policías van “saliendo” de ella—, hasta que el sujeto de aspecto militar, con un par de movimientos, logra que cerca de 30 policías municipales intenten formar dos líneas rectas con dirección a la avenida, con la intención de crear un pasillo de aproximadamente dos metros de ancho que separe y divida a la masa de manifestantes que, segundos antes, controlaba el centro del espacio. Así, una vez controlado el exterior de la valla, los policías comienzan a reprimir.
Durante los primeros minutos de la represión, las fuerzas policiales someten a cinco manifestantes por medio de la fuerza, dos de ellos mujeres. Los manifestantes forcejean con los policías para no ser presa de los ataques explosivos que ejecuta el hombre de figura militar: rompe filas por detrás de los uniformados para sorprender a objetivos fijos —manifestantes específicos— que forcejean ya sea para proteger a alguien o por su propia seguridad. El hombre intenta sus propios sometimientos; entra y sale de las discordias, pero si no logra reducir a una persona en pocos segundos, el resto de los policías ya sabe por quién debe ir.
Cuando un grupo de policías levanta a un par de manifestantes que ya tenían sometidos en el piso, un reportero de Canal 3 Televisa intenta acompañar a uno de los detenidos hasta el edificio municipal. Al percatarse de ello, un oficial vestido de civil y dos uniformados lo interceptan antes de que pueda ingresar al edificio con el detenido. El reportero se sienta inmediatamente en el suelo y logra no ser aprehendido, pero es sacado en ese mismo instante de la plaza —ya vacía—, ahora bajo control policial.
En medio de la represión, varios manifestantes —hombres y mujeres, jóvenes y personas mayores— son golpeados, pateados y sometidos con uso excesivo de la fuerza (como comprueban diversos videos y fotografías), además de ser aprehendidos sin motivo justificado.
Minutos después, en medio de un caos que se interrumpe y avanza por secciones, un vocero de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos decide entrar al edificio del Ayuntamiento, mientras manifestantes, hombres y mujeres, le gritan con voz desesperada: “¡Queremos ver a nuestros compañeros!”, “¡Sáquenlos!”, “¿¡Por qué se los están llevando!?”. Al representante de la CEDH lo acompañan dos mujeres uniformadas con los mismos colores del organismo.
Cerca de las 8:15 de la mañana hay confusión en ambos bandos. Los manifestantes se mueven de un lado a otro, como péndulos, fuera de un perímetro vallado; pero los rostros de los policías también muestran desfiguración. Es evidente que no están entrenados para estos choques: no saben cómo enfrentar a grandes concentraciones de gente. Rompen formaciones, usan fuerza excesiva, golpean costillas, dan patadas, sujetan a manifestantes, pero no logran moverlos uno a uno; por ello se agrupan de tres, cuatro o cinco y, entre todos, intentan levantar al siguiente desafortunado. Los policías sudan, gritan, bufan, miran a ambos lados: están confundidos.
Finalmente logran formar el pasillo completo hacia la calle. Los manifestantes responden creando un perímetro justo fuera de las barreras humanas policiales y vuelven a intentar bloquear el acceso. La mayoría de quienes integran la cadena humana son mujeres, señoras de alrededor de 50 años.
Al otro lado de la calle, observando la confusión y el ruido, empleados del municipio parecen esperar a que todo se resuelva por sí solo. Disimuladamente, agentes ministeriales con pantalón caqui y camisa azul marino también observan, armados con pistola al cinto y esposas colgando bajo la camisa.
Pasadas las 8:20 de la mañana, para estos momentos la policía se ha llevado a nueve manifestantes más. Los nombres de los 12 miembros de los Campamentos Ciudadanos son: Arturo Ramírez, Francisco Javier Pérez, Benjamín Zavala Méndez, Filiberto Sánchez Gurrola, Jorge Hugo Bravo, Jorge Benítez López, Ignacio Gastélum Ruiz, Santa Cecilia Hernández Osorio, Mario Sotelo Rodríguez, María Guadalupe Mora Quiñónez, Verónica Jiménez Orta, Jorge Hugo Brambila Valdés, José Guadalupe Montoya y Luis Miguel Ocampo.
El licenciado Salinas toma un megáfono y afirma, alzando la voz, que se ha violentado la Constitución, específicamente los artículos 1 y 9. Lo repite una y otra vez y, en algún momento, también él se ve envuelto en un forcejeo con dos policías. José Fierro y León Fierro toman igualmente el megáfono y tratan de evidenciar aún más los maltratos de la policía y del Ayuntamiento, las provocaciones de los personajes que ya no están en la escena, los arrestos predeterminados de miembros de las Mesas de Diálogo y, detrás de todo esto, la administración del recién jurado alcalde Gustavo Sánchez.
A las 8:40 de la mañana se escuchan sonidos de una patrulla desde la rampa que lleva al subterráneo del edificio municipal. Veinte policías que cuidan esa entrada se movilizan y comienzan a empujar a manifestantes y periodistas por igual. Vuelven el forcejeo y los gritos: “¡Suéltame!”, “¡No me toques!”, “¡Asesinos!”, “¡Cómplices!”.
Mientras algunas personas caen al piso, manifestantes y policías, de la rampa emerge a toda velocidad una patrulla-camioneta sin vidrios. Un manifestante se para frente a ella y la obliga a detenerse. “¡Se los están llevando!”, “¡No dejen que se los lleven!”, “¡Pónganse enfrente!”. Pero hay demasiados policías y, por un momento, logran despejar suficiente espacio para que pase la camioneta; ésta arranca a toda velocidad y se va.
A las 9:08 de la mañana, Abril Rodríguez tiene una llamada con Carmen Aristegui, en la cual relata parte de lo sucedido para el programa en directo. Sobre las personas sometidas y arrestadas: “Casualmente los eligieron bien —dice—, porque son aquellas personas que forman parte de la mesa de trabajo con el palacio municipal”.
Ahora mismo, gracias a la presión ciudadana y a los rápidos amparos de los abogados, están saliendo los 12 manifestantes que se llevaron a la comandancia. Los manifestantes fueron privados de su libertad por 10 horas. Da la casualidad de que Gustavo Sánchez acaba de terminar de dar un discurso transmitido por radio FM, en donde apenas menciona los eventos de hoy.
Comentario:
Las doce personas que hoy han perdido y recuperado su libertad han sido los primeros presos políticos de este movimiento. Pero no queremos mártires, queremos justicia y libertad.
A pesar de los comentarios de Gustavo Sánchez la tarde de ayer, en los que observaba que el Ayuntamiento sigue apostando por el diálogo, hasta el momento no hemos tenido ningún contacto o invitación a reanudarlo.
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