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Con voz propia

Los tweets de Calderón que incitan al odio

Los tweets del presidente Felipe Calderón incitan al odio de los mexicanos, por el grado de cinismo que muestran. Un artículo de opinión de Guadalupe Lizárraga.

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Guadalupe Lizárraga

Las bromas del presidente Felipe Calderón en Twitter nos producen un dolor extraño a periodistas y a muchos mexicanos, porque no entendemos cómo puede llegar a esos grados de cinismo. Leer sus tweets nos incitan a odiarlo y a desearle que tenga la oportunidad de experimentar al menos un poco el dolor que han padecido las familias mexicanas por su mala gestión pública. Ahora con motivo del 95 aniversario de la Constitución, sus palabras fueron: “cada día ponemos nuestro empeño en hacerla valer (la Constitución) para todos los mexicanos”.

Y odiarlo es inevitable. Las amenazas permanentes a las libertades y derechos fundamentales de periodistas y activistas de derechos humanos parecerían ser un asunto que finge desconocer. Sin embargo, claramente es un acto de cinismo y burla no sólo a la Constitución mexicana, sino a las familias que han sido víctimas de la corrupción y la violencia de su gestión, porque no hay manera de desconocer el daño que él mismo y sus funcionarios han causado a los ciudadanos mexicanos.

Son miles las denuncias en los informes de organismos nacionales e internacionales de derechos humanos que documentan las graves violaciones, como desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, homicidios, tortura, amenazas de muerte, malos tratos y detenciones arbitrarias, perpetradas por miembros del ejército, por policías federales, por funcionarios federales y estatales y por policías en los estados.

Decenas de miles, no son unos cuantos casos aislados, por allá en una sierra perdida. Las violaciones de derechos humanos, desde Baja California hasta Chiapas, han sido constantes y sistemáticas en el gobierno de Felipe Calderón. Cada vez somos más los periodistas amenazados de muerte, golpeados o asesinados por ejercer nuestra profesión y denunciar hechos de corrupción de su gobierno. Los activistas que buscan justicia para las víctimas terminan asesinados o exiliados. No hay manera de desconocer qué es lo que está pasando en nuestro país, cada día.

Calderón lanza un tweet a la red, como si fuera un asistente de una oficina de comunicación de bajo presupuesto, repitiendo titulares de boletines en 140 caracteres que les escriben sobre la ficción de su gestión pública. Su cinismo “online” va directo al corazón real de las víctimas de quienes fueron violados sus derechos constitucionales, de los familiares de quienes el estado no pudo garantizarles la vida, de quienes no se les respetaron sus libertades y ahora vivimos expulsados de nuestro seno familiar y de nuestro país. Lanza un tweet, y el odio se desata viralmente hacia su persona y hacia sus funcionarios.

Vivimos los años más violentos e inseguros de la historia de México, en la que los principales agresores son las propias autoridades; pero el presidente, en 140 caracteres, nos dice que se empeña todos los días en garantizar nuestros derechos y libertades fundamentales. Me pregunto si sabrá realmente lo que significa ello. Me pregunto cuántos tweets se necesitarían para regresarle su odio y su cinismo para que llegaran hasta su corazón provocándole movimientos arrítmicos que le robaran el aire cada que leyera: “no finjas @felipecalderon, eres el presidente de un país que hundiste, no un twitero de comunicación del partido oficial”.

Y recordarle, así en tweets y en su cara, que en el 2011, cada 40 minutos, una persona fue asesinada, en incidentes relacionados con el crimen organizado. Que el narcotráfico, lo sabe muy bien Calderón, no sólo deja muerte y dolor, también deja más de 40 mil millones de dólares cada año a la elite de cómplices de la que él mismo forma parte.

Tampoco ignora que nuestros niños mexicanos tienen derecho a vivir una vida sin violencia y digna. Y aunque en 140 caracteres, él asegura que se empeña todos los días en hacer valer estos derechos, la realidad no cabe en un tweet ni es para sonreír frente a su Blackberry. Según los pocos y temerosos seguimientos de los organismos de derechos humanos mexicanos, hay más de 43 mil menores de edad en las filas del crimen organizado. Niños, a quienes el estado mexicano no pudo garantizarles el derecho a vivir en un ambiente de paz con la oportunidad de ir felizmente a la escuela. Ello, sin contar las decenas de miles de niños que van quedando huérfanos por la guerra parcial contra el narcotráfico.

Si seguimos las cifras de informes y análisis publicados en la materia, nos encontramos que cada día son secuestrados unos 60 migrantes, que en estos secuestros participan los “coyotes”, narcotraficantes, agentes policíacos y funcionarios del gobierno mexicano. Que sucede lo mismo en las desapariciones de mujeres jóvenes y feminicidos, como en los asesinatos de periodistas y defensores de derechos humanos. No hay un crimen de este tamaño, en los que no estén involucrados también funcionarios de gobierno de diferentes niveles y sus policías.

Calderón y sus empeños ante la libertad de expresión

La periodista Olga Wornat fue amenazada con lujo de violencia verbal por un libro que aún no publica sobre la administración de Felipe Calderón. Por las amenazas constantes se vio obligada a dejar con urgencia el país para salvar la vida, ella, su familia y su colaborador. Le mandaban amenazas de muerte e insultos hasta en el celular de su joven hija. Un trabajo profesional de análisis sobre el desempeño del gobierno que realiza cada sexenio, se convirtió con Calderón en una pesadilla sin que fuesen respetados sus derechos más elementales, como la libertad de expresión.

Lidya Cacho, con sus investigaciones ya publicadas, sobre corrupción, tráfico sexual y pederastia de políticos y sacerdotes mexicanos, es otro blanco de amenazas y su vida corre grave peligro. Pese a las campañas de solidaridad internacional, sus derechos constitucionales han sido afectados. Incluso ha denunciado en varias ocasiones que es vigilada y perseguida, pero sería un suicidio aceptar la protección de las autoridades.

También hay otros periodistas en el exilio que han tenido menos atención mediática, pero con problemas no menos graves en los que las autoridades son las protagonistas de las amenazas. Es el caso de Karla Lotinni, seudónimo de la periodista Karla García Ramírez, quien denunció, en formato de novela, la corrupción de Conaculta, institución encargada de promover la cultura en el país.

Varios periodistas provenientes de Acapulco, Ciudad Juárez y Veracruz a quienes recientemente han sido aprobados sus asilos políticos en Estados Unidos, después de demostrar a las autoridades de migración las amenazas y tortura física por ejercer el periodismo en sus ciudades de origen. Y, por medio, aún después del asilo piden discreción para su identidad.

La autora de esta misma entrega, fue amenazada de muerte a través de su celular, en Los Ángeles, California, a raíz de una serie de reportajes publicados sobre los cadáveres retenidos en la morgue de Ciudad Juárez y la corrupción de la fiscal Rosa María Sandoval, responsable de las investigaciones de feminicidios.

El contundente fracaso del estado mexicano para dar garantía constitucional a la libertad de expresión, pues, ha quedado de manifiesto cada año con el asesinato de varias decenas de periodistas, aunque esté formalmente escrito en nuestra Constitución. Ni siquiera los medios de comunicación coinciden en las cifras de los asesinatos de periodistas, pero es evidente que no reflejan el verdadero número de estas graves violaciones.

Los casos más difundidos son los que llegan a los medios por denuncias de los familiares con el deseo de que se haga justicia a las víctimas. Sin embargo, no son pocos los casos de periodistas agredidos que se quedan en la oscuridad de un escritorio en algún Ministerio Público, o que son incriminados y desprestigiados por las mismas autoridades declarándolos después de muertos como miembros de bandas criminales.

Están los casos de periodistas agredidos y activistas que llegan hasta organismos de derechos humanos internacionales, con las denuncias sólidamente documentadas. Pero, con frecuencia, las autoridades mexicanas no investigan estos informes de forma inmediata, imparcial y eficaz para garantizar que los responsables de las violaciones de derechos humanos sean puestos a disposición judicial, y se hagan valer los derechos de las víctimas.

Éstos son algunos casos de periodistas. Pero hay casos de impunidad avalados por Felipe Calderón que despiertan un gran odio, como es el de la Guardería ABC o el de los feminicidios de Juárez, en los que están involucrados funcionarios federales. ¿De qué empeño Calderón se habla a los tuiteros? Es inevitable el odio.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es un documento pisoteado principalmente por Felipe Calderón. Él sabe perfectamente que con su guerra a los cárteles rivales de su cártel protegido, no sólo mueren los criminales, sino también inocentes. Y ello es una violación de derechos humanos. Calderón sabe que cada periodista que es amenazado, golpeado o asesinado es porque estaba en el camino correcto para revelar una verdad y su agresión es una violación a la Constitución mexicana. Calderón sabe que como cabeza del estado mexicano es incapaz de proteger la vida de las personas y de hacer que se respeten las garantías constitucionales. Y ello es una grave ineptitud, por la que debería haber renunciado hace años.

Calderón lo sabe. Por eso sus tweets que sólo muestran testarudez y cinismo, incitan al odio. Pero por mucho que su partido y sus funcionarios se empeñen en camuflar y trastocar las evidencias de sus crímenes, nuestra conciencia se hace cada vez más concreta y más presente, y el país deberá recordar en el interior de sí mismo que no todo pasa con el tiempo, y que en 140 caracteres también hay una memoria viva.

 

Con voz propia

Andrés Manuel López Obrador, analfabetismo en Comunicación y las nuevas autodefensas.

Ramses Ancira

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Diario de un Reportero

Ramsés Ancira

La definición clásica de Comunicación es un intercambio de mensajes entre un emisor y un receptor. Con una conferencia diaria de más de dos horas parecería que Andrés Manuel López Obrador sería un excelente comunicador, pero como sólo habla y no escucha, en realidad es el peor, al menos desde que este reportero tiene memoria; y no es una memoria corta, porque he cubierto ocasional o con cierta permanencia las administraciones desde José López Portillo hasta Enrique Peña Nieto, e incluso ésta.

Incluso cuando el PRI mataba periodistas, como sucedió con Manuel Buendía, (cien por ciento un crimen de Estado) yo tenía una estrategia que nunca me fallaba: cuando acreditación en mano el Estado Mayor Presidencial no me dejaba pasar a un evento, quizá porque me habían comisionado de último momento o no era el reportero de la fuente, yo me ponía a gritar “¡Están agrediendo a la prensa! Evitar escándalos era prioritario, así que como mí única arma visible era mi gafete de periodista, siempre acababan cediéndome el paso, con tal de que me callara.

La ocasión más reciente fue con Enrique Peña Nieto, en un evento en Los Pinos al que me pidieron acudir como corresponsal de Hispan TV. Si el lector me juzga un irrespetuoso de la autoridad o un abusivo del “cuarto poder”, está en todo su derecho, pero se lo cuento tal como ocurrió.

Estaba alzando la voz cuando llegó el entonces gobernador de Guerrero, René Juárez Cisneros y me llamó a la tolerancia. Yo estaba tan enojado que no sé exactamente lo que le contesté, pero fue algo así como que a nadie le interesaba lo que dijera el presidente y que yo estaba ahí para cubrir una orden y no por gusto. Finalmente pasé.

En otras dos ocasiones, cuando Andrés Manuel López Obrador estaba en su segunda campaña presidencial me pidieron solicitarle una entrevista exclusiva. La primera vez en un evento en Coyoacán, su jefe de prensa, César Yáñez, al que conocía desde que López Obrador era jefe de gobierno de la Ciudad de México, me invitó a acercarme personalmente a pedírsela.

Como el entonces candidato estaba sentado en primera fila en un evento de proselitismo, cuando me le acerqué de frente para hablar con él, noté que tapaba la visión de las personas que se encontraban en las sillas de atrás, así que me puse en cuclillas. De inmediato López Obrador me extendió el brazo para ayudarme a levantar y pidió que me cedieran una silla junto a él. “Póngase de acuerdo con César” me dijo amable, pero pasaron meses sin que recibiera respuesta.

Finalmente, un día me llamó César Yáñez para decirme que había una oportunidad durante una gira por Puebla y Veracruz. Lo perseguí todo el día en carreteras y mítines, pero siempre se retrasaba en sus actos de campaña y salía corriendo al siguiente. Esa noche mi equipo de producción y yo pernoctamos en el puerto y seguimos yendo a enormes mítines sin poder hablar con él. Finalmente, mi asistente, jugándose la vida al volante condujo al aeropuerto de Veracruz.

Mi camarógrafo y yo lo sorprendimos al bajar de su auto en carril de descenso y mientras salía su avión, él y su entonces compañero Dante Delgado me concedieron la anhelada exclusiva.

¡Ah, pero ése era otro López Obrador y no el más presidencialista de los presidentes que ha tenido México en el último medio siglo!

Todos estos antecedentes vienen a cuento porque el empresario y activista de Quintana Roo Carlos Mimenza Novelo dijo en una conferencia de prensa celebrada el 28 de octubre,  (ignorada por casi todos los grandes medios de información)  que está cansado de mandarle a Jesús Ramírez Cuevas, vocero de López Obrador, información sobre los asesinatos y desapariciones que ocurren a diario en su estado, detrás de los cuáles se encuentra la policía, misma que fue integrada con  el cártel morelense de Los Rojos y  ataviada con uniformes, por lo que ahora pueden secuestrar, violar y matar, con placas y toletes que les proporciona el mismo gobierno estatal.

El actual gobernador de Quintana Roo, Carlos Manuel Joaquín González, medio hermano del ex secretario de Energía, de Enrique Peña Nieto, y ex presidente del PRI, Pedro Joaquín Cadwell.

Mimenza Novelo dice que Joaquín González es “asesino, extorsionador e invasor de terrenos, involucrado con el narco”, y las pruebas fueron entregadas tanto a Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad Pública (actualmente en fuga para convertirse en candidato a la gubernatura de Sonora) como a Jesús Ramírez Cuevas, vocero del presidente Andrés Manuel López Obrador, por lo que es imposible que el presidente las ignore.

El empresario es también activista por los derechos humanos, sostiene una fundación para la atención de niñas violadas y sujetas al comercio sexual, situación en la que, según Mimenza, Quintana Roo ocupa el primer lugar nacional.

Entre muchas acusaciones, asegura que una persona de Tulum, llamada Héctor Valdez fue amenazado de muerte por el gobernador, y luego golpeado policía enfrente del director de Seguridad Pública de Quintana Roo, Alberto Capella.

En ese estado todos los días se padecen extorsiones, secuestros y desapariciones forzadas, pero no se habla de esto porque los medios “están siendo callados a punta de billetazos”, dijo Mimenza, quien agregó que el 95 por ciento de los informativos locales están al servicio del gobernador” y los medios nacionales tampoco atienden el problema.

El cobro de piso a los empresarios y los pequeños comerciantes, dice el empresario y activista, es realizado en su mayoría por gente de Seguridad Pública de Quintana Roo.

Capella, agrega el denunciante, llegó al estado precedido de acusaciones de corrupción en Tijuana y Morelos. El propio gobernador de este estado, Cuauhtémoc Blanco, le advirtió a Carlos Manuel Joaquín los riesgos de darle ese puesto. Sus advertencias fueron desoídas.

Como consecuencia Capella importó de Morelos a integrantes de la organización delictiva “Los Rojos”, involucrada en la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, y los vistió de policías que se dedican al secuestro, entre otros del comisario ejidal de Playa del Carmen por quien pidieron un cuantioso rescate.

Según el denunciante, también ha llegado a Quintana Roo, desde la Ciudad de México, la banda criminal llamada Unión Tepito. Además, acusó al gobernador de tener como secretario particular a Óscar Montes de Oca, quien antes fue Secretario de Turismo y despojó de sus tierras a varias personas en Tulum, acusándolos falsamente de distintos delitos, que los mantienen en la cárcel.

Tulum, será una de las estaciones más representativas del Tren Maya, por lo que algunos de los principales beneficiarios serán los que inventaron falsos culpables, para apoderarse de sus tierras.

Toda esta información le ha sido proporcionada a López Obrador, sin que se haya actuado al respecto durante más de dos años. De manera que hace dos semanas decidieron formar un grupo de autodefensas en Tulum, que ya tuvo su primer éxito, la captura de un falso guardia nacional que se dedicaba al cobro de piso.

Si el presidente López Obrador no hace nada para detener los delitos atribuidos al gobernador y a su secretario de Seguridad Pública, varios empresarios, que ya antes habían apoyado al doctor José Manuel Mireles en Michoacán, están dispuestos a financiar autodefensas en los once municipios de Quintana Roo.

Así que además de los gobernadores del PRD, PAN, Movimiento Ciudadano y el independiente de Nuevo León, quienes integran la alianza federalista, mayoritariamente en el Norte del país, el presidente tendrá que sumar la inconformidad de empresarios organizados en el sureste, indignados por las mujeres violadas y las personas despojadas de sus tierras, que además de tener que pagar para que les reciban denuncias en el Ministerio Público, no tienen seguimiento de sus demandas.

¿Se acordará el presidente López Obrador que, en 1847, Zacatecas, ¿uno de los estados con más recursos económicos y militares se negó a participar en la defensa de la Nación durante la invasión de Estados Unidos?

Hoy el gobernador de Durango dice que: “El diálogo deberá ser el único instrumento que nos ayude a resolver puntos de vista distintos. Coincidimos en que a México y a nuestra entidad les vaya mejor. Confiamos en la sensibilidad del presidente”.

El problema es que para dialogar se necesitan al menos dos; pero como el nuevo personaje de López Obrador solo sabe hablar, y no escuchar, porque, según él, solo se trata de maniobras electoreras, los ciudadanos tenemos que rezar para que “sus datos” sean ciertos y   la 4a transformación no consista en una nueva fragmentación, como empezó sucediéndonos  con Texas, antes de perder dos millones de kilómetros cuadrados que hoy ocupan California, Nevada, Utah y Nuevo México.

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Arteleaks

Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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