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Estados Unidos

Los 200 mil migrantes que Trump necesita

Cada año, EEUU otorga unas 200 mil visas de trabajo temporal a jornaleros mexicanos que realizan el trabajo precario que los estadounidenses no quieren.

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Pescadores en Topalobampo, Sinaloa / Foto: Greta Rico

Por José Ignacio De Alba

TOPOLOBAMPO, Sinaloa.- Cientos de familias sinaloenses viajan con visas de trabajo temporal a Estados Unidos cada año. Los hombres y mujeres se enlistan en empresas pesqueras donde capturan y procesan productos del mar. A ellos, la llegada de Donald Trump no los mortifica porque saben que son indispensables para el esquema de la economía americana. Los peligros que corren, más bien, vienen de México, donde su gobierno los abandonó desde hace mucho tiempo.

Desde hace 20 años los habitantes de Topolobambo, Sinaloa, pescan con redes ajenas. Sus empleos en el mar mexicano se perdieron cuando el gobierno construyó un puerto marítimo en las playas del lugar. Luego, la contaminación portuaria provocó escasez de animales marinos. Desde entonces los topolobampenses se van a Luisinana, Estados Unidos, donde empresarios locales les pagan el salario mínimo a cambio de su trabajo y del conocimiento que tienen de la pesca.

“Apuntarse en la lista para trabajar allá tiene un costo de 500, mil, dos mil pesos. Eso implica una violación a la Ley General del Trabajo […] deberían de ser contratados por una agencia de reclutación por medio de la Secretaría del Trabajo”, explica Elena Villafuerte integrante del área de justicia transnacional de ProDesc, una organización que da acompañamiento jurídico a las pescadoras.

La cadena de abusos nació en México. El único empleo con el que los pescadores pueden mantener una familia está en el estado de Luisiana. El 60 por ciento de la población de Topolobambo depende de los trabajos temporales en Estados Unidos. Las visas de trabajo (H-2) que otorga el gobierno estadounidense les permite a los topolobampenses trabajar en Estados Unidos por temporadas de hasta nueve meses.

“Lo que debería de ser un programa bilateral es un programa unilateral, donde Estados Unidos controla las visas. No hay políticas de protección del gobierno mexicano cuando los pescadores son reclutados” dice Villafuerte.

¿Esos empleos corren peligro con la llegada de Trump?

“Los necesitan, para los empresarios es comodísimo tener un sistema de visas H-2. No necesitan contratos colectivos, además los derechos de los empleados están muy castigados […] las personas duermen hacinadas en lugares donde meten hasta 12 personas”.

Desde la campaña a la presidencia de Estados Unidos Donald Trump ha generado polémicas por sus advertencias de que va a aseverar las deportaciones de migrantes. Lo cierto es que el esquema de de la economía norteamericana los migrantes forman un eslabón fundamental.

Los migrantes en la industria pesquera de Luisiana, por ejemplo, están en todos lados. Desde los astilleros donde los soldadores de Sinaloa hacen barcos, luego en las tripulaciones de las embarcaciones los mexicanos ponen trampas y tienden redes. Después, en las plantas procesadoras de mariscos y pescados las mujeres limpian, destripan y alistan el producto final. La mercancía finalmente es vendida en grandes cadenas de supermercado como Sam’s y Wal-Mart.

Y si los mexicanos no hicieran ese trabajo, ¿quién lo haría?

“Nadie. Porque una familia, sobre todo madres solteras, no se sostiene con lo que nosotros ganamos ahí. Una familia americana con lo que nosotros ganamos ahí no podría vivir. Por eso a los chinos no les gusta, ellos dicen “mucho trabajo poco dinero”. Nosotros nos llevamos el dinero a México y ahí nos rinde, por eso nos aguantamos”, dice Olivia Guzmán, una de las migrantes temporales que viaja de Sinaloa a Luisiana con visa H-2.

Ella trabaja entre 12 y 16 horas diarias cuando vive en Luisiana. “Nunca nos pagan overtime (tiempo extra)”, explica la mujer, que ha viajado a Estados Unidos los últimos 20 años.

Cada año, Estados Unidos otorga unas 200 mil visas de trabajo temporal a jornaleros mexicanos que van a hacer el trabajo precario que los ciudadanos estadunidenses no quieren. Muchos, como Olivia Guzmán, aceptan esas jornadas exhaustivas porque hace mucho tiempo que el gobierno de México los abandonó.

– ¿Qué camarones son mejores, los de Topolobampo o los de Luisiana?- le pregunto.

– Allá nunca he probado un marisco bueno, nosotros decimos fuchi ¿qué es esto? Camarones transparentes, no tiene nada que ver nada el color, allá son blancos. Aquí (Sinaloa) lo sacan azules y grandotes- dice la mujer.

Con voz propia

Nueva York en la pandemia: Un cónsul de batalla

Francisco Ramírez

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Por Francisco Ramírez

A poco más de un año de la pandemia, entre desolación, muerte y tristeza en la ciudad de Nueva York, se podrían rescatar varios puntos positivos y favorables. Para muchos, la pandemia nos tocó las fibras más profundas del humanismo, y entre periodos de tragedia y zozobra, fue el amor al próximo, la hermandad, la buena fe y el corazón, a través de la comunidad mexicana migrante activa para hacerle frente a la crisis. Y es que las autoridades de Estados Unidos y de México nos dejaron a la deriva. Sí, descobijados.

Pero vimos desfilar –multiplicándose y hasta la fecha– a diferentes grupos e individuos recaudando ropa, medicina y víveres para darles a los más necesitados, a quienes estaban desprotegidos y eran los más afectados del área triestatal de Nueva York, que incluye Connecticut y Nueva Jersey. Lo hicieron sin esperar nada a cambio, un trabajo solidario, de apoyo a la comunidad a la que pertenecen. Bajo estas acciones se apostó a la humanidad sin bandera, color, religión o partido político.

En este contexto, se dio por primera vez un hecho histórico en la ciudad de Nueva York: la interacción y el trabajo en unidad entre consulado y comunidad. Tuvo lugar en el denominado Caracol Brunswick, en Brooklyn, y la historia se tejió de manera única y peculiar, primero por medio del acercamiento de la cónsul de Asuntos políticos, Ana Flores. Después, se tuvo la presencia física del cónsul general Jorge Islas López para escuchar y discutir la situación de aquejaba a la comunidad.

El diálogo surgió directo, honesto y consciente, y se lograron acuerdos de buena voluntad para el beneficio de nuestra comunidad de migrantes. Acuerdos que se han cumplido puntalmente transformando en hechos esas palabras. El primero de éstos, por urgencia, fue de manera literal por manos del propio cónsul y su equipo, la entrega de 100 despensas la comunidad. También se acordó apoyar semanalmente con el refrigerador comunitario ubicado en el mismo barrio de Bushwick, y lo último será concretado este verano, con la lectura de cuentos para niños en la banca librería urbana.

Con el espíritu de catedrático que no lo abandona, el cónsul está comprometido en fomentar la lectura para los niños, y darle cabida a la cultura en el futuro de la humanidad. El acercamiento y trabajo del cónsul Jorge Islas fue replicado en otras comunidades y con diversos compañeros que tienen liderazgo y relevancia, como Felipe Santos en Poughkeepsie, Nueva York, Erika Velázquez en Connecticut, Aracely Mendoza en Newburgh, y otros líderes más en Nueva Jersey.

El doctor Jorge Islas nos demostró que no es un cónsul de escritorio, escondido en la burocracia gubernamental. Hasta ahora ha sido un cónsul de batalla, que da la cara en medio de la crisis.
Con opiniones adversas, críticas, y con actitudes a veces ásperas en diferentes reuniones, medios y redes se logró que –por primera vez– el titular del Consulado mexicano volteara a vernos a los migrantes y a nuestras familias, y pusiera atención y acción a la problemática que enfrentamos.

Entre comunidad y consulado, a manera terapéutica y obedeciendo este proceso, primeramente, se tuvieron que hacer críticas por parte de algunos de nosotros como parte de la comunidad. Entre éstas críticas, el que estaba siendo nula la intervención del consulado durante el primer mes y medio de la pandemia, los momentos más críticos y difíciles del Coronavirus en la historia mundial. Posteriormente, se hablaron los descontentos y luego –en sano diálogo– se pusieron las ideas y propuestas en la mesa para llevarlas a hechos concretos que hoy ya son reales y palpables.

Cabe señalar que las críticas y protestas se tenían que señalar al consulado, ya que no tenemos otro lugar dónde hacerlo, es nuestra representación y gobierno inmediato. Pero sobre todo nuestra comunicación más directa con los responsables principales que están en México, desde donde se toman las decisiones y que muchas veces no saben nada de la forma de vivir del migrante ni de sus necesidades y a veces nos perjudiquen.

Nadie se esperaba esta crisis como bien lo señaló el cónsul en una de las conversaciones con la comunidad. Los recursos que se tenían que destinar para la ayuda a los connacionales no los había. Ésa es la razón principal del ausentismo que no solo ocurrió con el gobierno de México, si no con el de Estados Unidos también, y así fue con todos los gobiernos del mundo, ya que crudamente en lo que menos se piensa es prever un desastre a la sociedad civil; los ciudadanos somos los últimos en ser tomados en cuenta en la agenda del gobierno, y no se le dedica tiempo y esfuerzo a planear ayuda o a diseñar estrategias para hacerle frente a una desgracia de esta magnitud.

Un trabajo de valientes

En muchos años como comunidad migrante hemos visto el trabajo de varios cónsules y, desafortunadamente, muchos de ellos fueron cónsules de escritorio que pasaron a la historia desapercibidos. Pocos se escapan a esta descripción, y un ejemplo de excepción fue el cónsul Carlos M. Sada, buen servidor público, pero gestionó sin pandemia.

Hoy damos reconocimiento a su trabajo, y también compartimos su visión con sus propias palabras al decir que este trabajo es de valientes, por eso decimos que el cónsul Jorge Islas se ha ganado a pulso este adjetivo. Su trabajo en el campo de batalla y con la comunidad es que lo hemos visto, empaparse de la situación y poner en riesgo su salud, integridad física y moral, ya que se ha expuesto a contraer coronavirus, deterioro físico y también ha sido víctima injustamente de despiadados ataques verbales sin sentido y por grupos y personas malsanas, plenamente identificados que bajo grilla traen una agenda propia pero que son incapaces a abrirse al sano diálogo o, mucho menos, poner en la mesa una solución para todos. Lo más que han propuesto es la irracional medida de remover a todos los trabajadores y consulares de la institución en Nueva York.

También acusan al cónsul de situaciones que no le competen por sus facultades de funcionario consular, por ejemplo, culparlo de que las citas son insuficientes y que el Call center es obsoleto y no funciona. Temas que son directamente responsabilidad de los funcionarios y del sistema en México. Otra acusación es que no toma acciones como activista en la reciente muerte del joven mexicano repartidor de comida, asesinado a balazos de manera cobarde y ruin, y tan absurdo como casi casi acusarlo de no intervenir para impedir ese crimen.

Para los que nos hemos dado la oportunidad de escuchar y tratar al cónsul Islas, en esa interacción nos podemos dar cuenta de sus virtudes, y unas de ellas destacable es su educación académica y su humanismo, su sabiduría y temple en emociones ya que jamás se ha alterado o quebrantado, pese a las críticas, gritos violentos y reclamos que se le han hecho muchas veces sin responsabilidad.

Y es que su formación profesional viene de las filas del activismo de los derechos civiles, de la lucha por la educación y los derechos humanos.
Las estadísticas generales durante la pandemia en su gestión dan testimonio de su trabajo a favor de la comunidad. Siendo uno de los consulados en toda la ciudad de NY y USA que más ha estado activamente al frente para apoyar personalmente a los connacionales.

En conclusión, como dato histórico, este ejemplo de trabajo en equipo entre institución y comunidad quedará como registro en la historia en todos los consulados de los Estados Unidos, más ahora por la situación de la pandemia.

Quien escribe es un migrante albañil, con casi 30 años en NY, considerado por muchos radical y uno de los más contundentes críticos del sistema. Jamás vendido, incorruptible e insobornable.

Francisco Ramírez
Caracol Bushwick
Brooklyn NY
13 Abril 2021

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Estados Unidos

Biden logra acuerdo para aumentar seguridad fronteriza con México, Guatemala y Honduras

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El gobierno del presidente Joe Biden logró que las administraciones de México, Guatemala y Honduras aumentaran la vigilancia en sus fronteras para evitar el cruce de inmigrantes hacia Estados Unidos.

“Ha habido una serie de discusiones bilaterales entre nuestro liderazgo y los gobiernos regionales de México, Honduras y Guatemala. A través de esas discusiones, hubo un compromiso… de aumentar la seguridad fronteriza”, confirmó la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki.

Agregó que las discusiones “ocurrieron a distintos niveles”, pero proporcionó el número de militares y policías que serían desplegados.

“México tomó la decisión de mantener 10,000 soldados en su frontera sur, lo que resultó en el doble de interdicciones diarias de migrantes”, expuso.

En tanto, agregó, Guatemala envió a 1,500 policías y militares a su frontera sur con Honduras y acordó establecer 12 puestos de control a lo largo de la ruta migratoria.

“Honduras incrementó a 7,000 policías y militares para dispersar un gran contingente de migrantes”, acotó.

Entre los funcionarios que abonaron a estas negociaciones Psaki mencionó a la asesora de la Casa Blanca para atender la frontera, Roberta Jacobson.

“Hemos tenido a Roberta Jacobson trabajando… para ayudar a tener estas discusiones con la región sobre los pasos que se pueden tomar para ayudar a reducir la cantidad de migrantes que llegan a la frontera entre Estados Unidos y México”, precisó.

La portavoz dijo que estos acuerdos son recientes, aunque algunas negociaciones podrían haber llevado varias semanas, además de desconocer otros detalles del despliegue, pero enfatizó que será para volver más complicado el viaje hacia el norte.

“Tendría que hablar con estos países sobre cómo se implementarán. Creo que el objetivo es hacer más difícil el viaje y hacer más difícil cruzar las fronteras”, justificó.

La Administración Biden ha buscado salir de lo que llama “una emergencia” en la frontera sur con el arribo de miles de inmigrantes, muchos de los cuales son niños no acompañados.

Las recientes estadísticas mostraron un incremento del 100% del arribo de niños solos y de 71% de adultos.

La oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) indicó se deportó al 60% de las personas, de las cuales el 29% ya habían sido expulsadas del país.

Se reportó que los oficiales de CBP encontraron a 18,890 niños en marzo, los cuales son procesados en centros de retención provisional, para luego enviarlos a instalaciones del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

A la par, la vicepresidenta Kamala Harris continúa armando su plan para atender las raíces de lo que origina la inmigración desde Centroamérica.

 

Fuente original: el diarioNY.com

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Estados Unidos

Ken Salazar podría ser el embajador de EEUU en México

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Por José Díaz Briseño

WASHINGTON.- El equipo del Presidente Joe Biden ha iniciado con el análisis de la potencial nominación de Ken Salazar, ex senador por Colorado, como nuevo Embajador de Estados Unidos en México, aseguró este lunes el portal de noticias Axios citando fuentes anónimas.

De llegarse a concretar, la nominación de Salazar -ex Secretario del Interior durante la era de Barack Obama- significaría la primera nominación de un hispano como Embajador en México desde Tony Garza, quien fuera nominado en 2002.

Salazar, de 66 años, es un político demócrata nacido en el sur del Estado de Colorado, justo en la frontera con Nuevo México, donde su familia ha estado establecida por siglos, aún antes de que dicho territorio estuviera bajo la soberanía estadounidense.

Desde que Chris Landau dejara el cargo en enero de este año, la representación estadounidense en la Ciudad de México ha estado guiada por el Encargado de Negocios, John Creamer. Hasta el momento no se conocen otros nombre de potenciales nominados.

Conocido en inglés como “vetting”, el examen de un candidato a Embajador es un periodo durante el cual las administraciones estadounidenses en turno revisan los antecedentes, potenciales conflictos de interés y cualidades de los potenciales nominados.

El nombramiento deberá ser ratificado por el Senado.

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