López Obrador despierta recelos con carta al Rey de España por La Conquista

Por José Pedro Martínez

LOS ÁNGELES.- “Que España pidiera perdón significaría mostrar respeto a nuestra cultura y a nuestros ancestros. Un acto que dignificaría la cultura por la que nos hicieron avergonzarnos, en un país donde ser de tez morena y rasgos indígenas aún sigue siendo motivos de discriminación”. Habla Victoria González, fotógrafa maya que vivió y estudió durante un tiempo en España. “Crecí en una comunidad rural de Yucatán, Buctzotz, donde toda mi vida escuché las historias de todo lo que mi pueblo pasó antes, durante y después de la Conquista”, lamenta.

A dos años para que se cumpla el bicentenario de la caída de Tenochtitlán (la antigua capital del Imperio Mexica), el gobierno de México ha decidido iniciar su preparación para la conmemoración acercando posturas con las corrientes indigenistas de todo el país. Andrés Manuel López Obrador ha asegurado que la corona española debe pedir perdón por los crímenes cometidos hace 500 años en la conquista del territorio que hoy es mexicano.

Como reconoce Victoria, “aún hay sentimientos encontrados en muchos de nosotros. Queremos ese perdón o disculpa, pues hay un pasado que siempre se recuerda”, explica. “El gesto del presidente es una oportunidad histórica de entender que hay una herida que subyace en el inconsciente de muchos mexicanos, y a la mínima despierta como un monstruo hambriento e iracundo”, concluye.

Kau Sirenio, periodista de origen na savii (mixteco) ha documentado la forma de vida de diversas comunidades indígenas en todo México y Estados Unidos. Algunos de sus trabajos han sido publicados en Los Ángeles Press. “Las comunidades indígenas tienen derecho a exigir que les pidan perdón. Su historia quedó enterrada hace 500 años”. Orgulloso de su linaje étnico y lingüístico, señala las consecuencias que aún padecen los pueblos nativos de México tras aquella conquista. “Es necesario pedir perdón en un país que padece de un problema heredado de clasismo de forma crónica”, argumenta. “Incluso a mí, algunos compañeros me siguen tratando con reservas por mi origen indígena”.

Sin embargo, pese al gesto de López Obrador de lograr una reparación moral a las comunidades indígenas mediante la solicitud de perdón a la corona española, la realidad para numerosos pueblos nativos es la necesidad de que sean atendidas las demandas que mantienen frente al propio gobierno mexicano. “Yo no quiero que la corona española me pida perdón por sus crímenes, quiero que el Estado mexicano respete la autonomía y la libre determinación de los pueblos y que cesen la entrega de concesiones mineras en territorio indígenas”, escribió Kau Sirenio en redes sociales. “Cuando esto ocurra entonces habrá justicia después de más de 500 años de oprobio”.

En este sentido, Yunyx Torres, una joven perteneciente a la comunidad purépecha de Cherán K’ eri (Michoacán), no está de acuerdo con la actitud del presidente y ve innecesaria la petición de perdón a la corona española en este momento. “Andrés Manuel está utilizando a los pueblos indígenas. Se está apropiando de ceremonias tradicionales, de nuestra simbología y de parte de nuestro discurso para simular que trabaja con nosotros. Pero en realidad, no cuenta con la opinión de los pueblos originarios y trata de justificar los megaproyectos con esas acciones. Es un sentir de muchos compañeros de organizaciones de otros lugares del país que las cosas con este gobierno no han cambiado con respecto al anterior”.

El presidente mexicano ha celebrado frente a las cámaras de los medios algunos rituales tradicionales y llegó incluso a realizar una “petición a la Pacha Mama”, en Chiapas, para el desarrollo del Tren Maya, un “megaproyecto” turístico con el que pretende construir un tren que circule por toda la península de Yucatán.

El pueblo purépecha cuenta con orgullo el haber sido el único que resistió la invasión de los conquistadores. En 2011, esta comunidad aguacatera de la montaña michoacana se declaró independiente de partidos políticos y de la tutela del gobierno federal. Lo hicieron en respuesta a los años de olvido gubernamental, ante el asedio que soportaban por parte de las mafias de la industria maderera ligadas al narcotráfico. Desde entonces, el municipio se rige por un sistema asambleísta compuesto por representantes de varios consejos.

“Aunque nuestra historia es algo distinta a la de otros pueblos nativos (porque sobrevivimos a la conquista), somos conscientes de que no podemos exigir responsabilidades por los errores de nuestros ancestros. El momento de cambiar las cosas es ahora”. El caso de Cherán es un ejemplo de cómo la democracia directa y la organización de los pueblos indígenas en base a sus usos y costumbres pueden lograr la pacificación y la prosperidad en lugares donde el Estado mexicano no lo ha conseguido.

Por su parte, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y hasta una cincuentena de organizaciones vinculadas al Concejo Indígena de Gobierno (CIG) tejen una red de resistencia ante los numerosos proyectos que empresas multinacionales proyectan en diversas partes de México.

Foto: José Pedro Martínez/Los Ángeles Press

Ser indígena en México

De los casi 15 millones de personas de origen indígena que viven en México, aproximadamente el 72% lo hacen en condiciones de pobreza. El último informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONVEAL, 2018), confirma la existencia de brechas sociales en lo referente a la alfabetización, la salud infantil y el acceso a servicios, entre otros rubros. Pero más allá de las cifras y la fotografía del indígena pobre y de comunidad rural a la que podemos recurrir con facilidad en nuestro imaginario, en México se evidencia el problema de la marginación racial de formas diversas y muy cercanas.

“Ser indígena en la Ciudad de México es condenarte a la exclusión y al desprecio desde el propio gobierno”, opina el youtuber Alberto Lerner. “Son los excluidos de los excluidos”. En la urbe mexicana viven casi un millón de personas pertenecientes a alguna de las más de 50 etnias nativas del país. Durante esta semana, Lerner ha publicado el caso de algunas familias de origen Mazahua que ocupaban el edifico abandonado de la antigua embajada española fueron desahuciadas por las autoridades capitalinas.

“Son personas que se quedaron sin casa durante el terremoto de 2017 y nunca obtuvieron ayuda del Estado. Ocupaban este inmueble que durante el franquismo albergó a exiliados y ahora lo van a demoler sin darles ninguna solución”, explica. “La gente del Concejo Nacional Indígena los ha apoyado. El gobierno, ni madres”.

Jose Pedro Martinez

Fotoperiodista titulado por la Universidad Miguel Hernández (Elche, España). Especializado en materia de derechos humanos, ha trabajado durante siete años en la frontera de México y documentado las condiciones de vida de los deportados y migrantes. Es colaborador de Los Ángeles Press, eldiario.es o AlJazeera, entre otros. Opensociety Foundation difundió parte de su obra y su cobertura de los migrantes haitianos fue portada de la revista Newsweek. Su trabajo le ha merecido varias exposiciones tanto en Alicante como en México, donde reside actualmente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *