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Con voz propia

La traición de los periodistas

Los periodistas en México están dando la espalda a las víctimas de derechos humanos y al pueblo que demanda la información como derecho y no como mercancía

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Guadalupe Lizárraga

Los periodistas de México están cada vez más dispuestos a traicionar todo aquello que su formación intelectual y los códigos éticos de la profesión representan. Lejos de mantener una función social en la que la información es un derecho y no una mercancía, les ha resultado muy fácil contaminar las mentes de sus audiencias.

En general, la traición al pueblo mexicano se ha convertido en una práctica distintiva de la clase política y de los intelectuales que los secundan por acomodarse en el círculo del poder. Aún así, se mantenía cierta esperanza y credibilidad en el periodismo crítico, aunque muchos de estos profesionales que hoy lo ejercen fueran impulsados desde las campañas salinistas con la etiqueta de “objetivos” y desde entonces no han dejado de encarecerse en el mercado de las influencias.

El escritor checo Karel Capek publicó un artículo periodístico en 1934 sobre el papel de los intelectuales en el contexto del ascenso al poder de los nazis en Alemania. Que en el contexto del PRI actual, en México, cobra mucho sentido.

“Allí donde la violencia es ejercida contra la humanidad civilizada nos encontramos con intelectuales que están ampliamente implicados en ello, e incluso hacen ostentación de argumentos ideológicos para justificarla. Ya no se trata de una crisis o de una enfermedad de la clase intelectual, sino de su tácita y general complicidad con el caos moral y político de la Europa actual […] Ningún valor civilizado puede ser obsoleto hasta que se abandona […] La decadencia de la clase intelectual es el camino hacia la barbarie de todo.” (The Spirit of Praga, 1990).

El periodismo en México se ha convertido en la reproducción sistemática de boletines gubernamentales y en entrevistas a políticos hechas a modo para imprimir en la audiencia la percepción de “señor indispensable” para la vida pública. Pero también, es un arma sicológica que vuelve invisibles a las verdaderas víctimas, y a los victimarios los convierte seres humanizados, al grado de suscitar solidaridad con éstos e indiferencia con aquellas.

Podemos identificar por grupos a los portadores de estas armas en México. Hay un grupo de periodistas que ha estado embelesado en legitimar, por ejemplo, el fraude electoral, y con la demagogia del PRI han justificado todo cuanto ha sucedido en el país respecto a violaciones de derechos humanos: terror, asesinatos, persecución política y encarcelamiento de inocentes sólo engrosan las tímidas denuncias de los familiares de las víctimas.

En estos últimos años, la violencia no ha dejado de ser la respuesta del poder contra toda esta energía en movimiento por intentar al menos una endeble democracia en la vida pública. Desde las desapariciones forzadas, presos políticos en Chiapas, atentados contra Agustín Estrada (expareja homosexual de Enrique Peña Nieto), violaciones en Atenco, masacres en Guerrero y el Noreste, feminicidios y los asesinatos despiadados de los periodistas en Veracruz, Tamaulipas y Nuevo León (territorio Zeta), entre otras miles de atrocidades, forma parte del silencio de los periodistas mediáticos.

Estos periodistas favorecen de forma directa el narcopoder para consumar la imposición de Enrique Peña Nieto, y son los que moldean las mentes dóciles de la audiencia masiva, por televisión. Los nombres y sus caricaturas grotescas circulan en las redes sociales, con una lista, mejor conocida como “Los prostitutos del poder”.

Pero hay otro grupo de periodistas que si bien no expresaron su apoyo al narcopoder, han tolerado sin ninguna objeción la violación sistemática de derechos humanos y abusos en contra del pueblo mexicano. Pueden identificarse por niveles, en cada entidad, en cada ciudad, en cada medio de comunicación. Su silencio es completamente funcional a la corrupción y al abuso de los políticos. Y un tercer grupo más exclusivo por su nivel de influencia, que es identificado con la etiqueta de objetividad e impulsa la agenda de la vida mediática mexicana.

Es comprensible que los periodistas honestos no critiquen de forma explícita el terror del estado, porque en ello va su vida y la de sus familias. Sin embargo, no todos estos periodistas quedan relegados a un segundo plano, marginados, en su silencio. Sino que se suman a la elite del régimen con cargos y condecoraciones, en algunos casos, o ayudan a la enajenación de las audiencias respecto a la tragedia que vive México. Y esto es lo más difícil de comprender cuando vemos estas imágenes absurdas de quienes identificamos con un periodismo “objetivo”.

El asesinato del hijo de Moreira es un buen ejemplo que cómo se trató en los medios y de cómo el nombre de un criminal en voz de un periodista con reconocimiento, puede cambiar la percepción en un giro de 180 grados. Este reportaje fue recomendado por Jenaro Villamil, de su casa editorial Proceso.

@jenarovillamil  «Reportaje muy recomendable de @ArturoRodríguez sobre la tragedia de Moreira y la desgracia de Coahuila http://fb.me/1jYwqUXcz«

 

Se puede entender que su promoción responde a un intento de solidaridad con su colega. Lo que no se puede entender es porqué favorecer un velo mediático ante una situación de corrupción y crimen.

Sacerdote consuela a Humberto Moreira. Foto: EFE

El autor dice “Como gobernador –en referencia a Moreira– solía confrontarse con Felipe Calderón: varias veces le recriminó la militarización exacerbada del país. Desde Coahuila ayudó a varios de sus compañeros de partido a ser gobernadores, entre ellos a su hermano Rubén, quien lo sucedió.”

La forma de plantear el conflicto, por parte del reportero, favorece a quien ha cometido crímenes peores. Cualquier crítico de la militarización, no lo hace reivindicador de los derechos humanos ni lo exime de sus propias violaciones. Moreira era crítico de la militarización, pero por su desplazamiento como jefe tribal que controla el tráfico de influencias en la región.

Los militares protegen a un cártel y Moreira a otro. La militarización comandada desde la PGR, abre la competencia en el tráfico y esto genera enfrentamientos. Así me lo hizo saber una fuente confidencial, que antes de recurrir a Los Ángeles Press para revelar parte de esta información, recorrió varios medios en México. Ningún medio digital ni impreso quiso investigar más allá de la versión oficial. Se trata del pago que hacen periódicamente los Zetas a militares como Avigaí Vargas Tirado, director del centro de espionaje de la PGR, por dar información. Ésta es la “confrontación” de Moreira con Calderón, su desplazamiento a fuerza de balas en la que le tocó al hijo.

El reportero de Proceso, Arturo Rodríguez, escribe que Moreira es “crítico de la militarización”, y que “se convirtió en víctima de la violencia que azota al país y en estos días sobre todo al norte de Coahuila. En sus palabras, padece “en carne propia” el saldo de la “guerra absurda” declarada por Calderón al inicio de su mandato”.

Se insiste, Moreira no es víctima de la violencia y sus críticas no responden a los mismos motivos que de los defensores de derechos humanos.

El periodista no lo puede ubicar en el mismo plano de las niñas secuestradas de Juárez para su depredación sexual y venta de órganos, por ejemplo, sin perder rigor analítico. O de los miles de “daños colaterales” de los que cínicamente se deslindó Felipe Calderón. Moreira no está en desgracia, como lo califica el reportero, compite claramente en el mundo del narcotráfico y su deuda al estado de Coahuila sólo representa uno de tantos crímenes que se pueden cometer en México en completa impunidad, si se pertenece a la clase política.

Llevar a Moreira a juicio es imposible, y meterlo a la cárcel por dos o tres decenios, inimaginable. Y de igual manera resulta para cualquier político del narcopoder. La forma en que sólo pueden aplacarlos, cuando su avaricia está desbordada es afectando a sus propios intereses: “su carne propia”. El ejército y la PGR aparentan estar al mando de Calderón, pero hoy más que nada necesitan demostrar que aún son los pilares del control del tráfico, aun cuando sea con ayuda de los rivales de Moreira y compañía, porque se juegan los mandos burocráticos en este par de meses con sueldos onerosos.

Si el periodista pierde vista el contexto político de esta ejecución, nos presenta, en efecto, una víctima más. Y termina contaminado la mente de sus lectores, motivándolos a inclinarse hacia un criminal. Mientras que las verdaderas víctimas siguen en el anonimato y la injusticia.

Otro ejemplo complicado de entender es la entrevista de Carmen Aristegui a Aleph Jiménez, quien fue reportado por desaparición forzada. Aristegui termina acorralando a un hombre de 32 años que le explica, aún amedrentado, el contexto de la privación de su libertad o el porqué se vio obligado a esconderse. Como quiera que sea, hubo un móvil. La periodista hace abstracción de ello y caricaturiza una grave violación de derechos humanos contra este hombre e ignora el resto.

Aristegui no se preocupa por la represión en Ensenada que dio motivo a las denuncias públicas de Jiménez. Tampoco se preocupa por el ejercicio cabal de la libertad de expresión del activista. No pregunta cómo el senador Blázquez Salinas, usurpador de la izquierda, colaborador de Jorge Hank Rhon, aparece en la escena como su “protector”. Ni tampoco Aristegui creó en su agenda un espacio para entrevistar al presidente municipal de Ensenada, Enrique Pelayo Torres, responsable de la represión el 15 de septiembre, con 19 detenidos, dos heridos y la situación no clara de Jiménez.

Tampoco se preocupó Aristegui, en su presunto papel de periodista, por qué los homicidios en torno a los científicos del CICESE, o porqué los dos feminicidios que fueron perpetrados a principios de septiembre no han sido investigados, pese a las alertas que ha mandado Tijuana. Por qué la ejecución del consuegro del presidente municipal que cultivaba marihuana en su domicilio. Mucho menos el acoso de paramilitares encapuchados a las comunidades indígenas, que denunciaba #YoSoy132 Ensenada. Todos estos hechos, que en total fueron nueve homicidios en una semana, no pueden extraerse del contexto y sólo “regañar” públicamente a un hombre que buscaba salvar su vida, después de que su delito fue denunciar violaciones de derechos humanos.

#Yosoy132 Ensenada Foto: red

Son hechos que en voz de periodistas reconocidos por sus medios o por sus trayectorias, fácilmente son manipulables y mal entendidos en términos de valores y principios por las audiencias. Imágenes absurdas que trivializan la violación de derechos y libertades en México, y muestran cómo una víctima puede terminar desintegrada ante los ojos de la opinión pública o un victimario atraer la solidaridad del pueblo por una baja en su familia.

En el caso de Aleph Jiménez, incluso, Aristegui incita al coraje de sus radioescuchas contra la víctima, al mencionarle directamente sin fuentes ni referencias precisas que “dicen que hiciste el ridículo” ante la movilización de redes sociales y medios para alertar sobre el riesgo que corría. Una asociación lingüística muy grave, en voz de Aristegui, porque lleva a desarticular completamente el drama que vivió la víctima y, por ende, la solidaridad popular.

Se requiere mucha fuerza moral, pues, para resistir al narcorégimen. Sin embargo, no se justifica ninguna de estas acciones que hacen invisibles a las víctimas. Hacerlo, es traicionarlas a ellas y al pueblo de México.

Y en este contexto, desde luego que es posible ser vocero del PRI o de cualquier otro partido cómplice de sus violaciones, después de los feminicidios en Ciudad Juárez donde por veinte años no ha habido un solo culpable. Es posible cerrar los ojos, después de las masacres y fosas comunes en cada entidad donde entra el ejército y se enfrenta con los controles locales peleando por lo mismo.

Es posible seguir volteando al lado opuesto donde degüellan, mutilan y torturan a los colegas por hacer su trabajo cabalmente. Sí, es posible sacudirse el pudor y legitimar la versión oficial con cada crimen perpetrado contra el pueblo sin poder, y desde luego es posible difundir rutinariamente la versión oficial de que el narcotráfico es un ente aparte de los gobiernos locales y de la misma presidencia.

Pero lo que no es posible, es seguir siendo periodista, con los mismos principios y códigos éticos, que requiere la profesión.

 

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Acapulco: morir en tierra de nadie

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El más triste recuerdo de Acapulco dejó marcados a muchos acapulqueños que optaron por migrar a otros lugares del país para ponerse a salvo, y es que en Acapulco pasa de todo, balaceras, extorsiones, militarización y muertos a pleno luz del día

Por Kau Sirenio

Twitter: @kausirenio

Muy lejos quedaron esas cumbias acapulqueñas que daban vida a la ansiada Bahía de Santa Lucía, de esa playa que combina con la buena música, pero perdió el glamour cuando llegaron los militares a la costera para replegar a hombres civiles armados que disputan el trasiego de la droga en el puerto. Ahora, todo ha cambiado, en lugar del Amor Eterno que Juan Gabriel le cantaba al más triste recuerdo de Acapulco, se escuchan el chiflido de las balas, las ráfagas eternas, los gritos a los lejos, y las palabras altisonante que militares repiten cada vez que dan órdenes.

En los años 80, el grupo regional La Luz verde de Acapulco le cantaba a las playas de lo que años atrás era el paraíso para los extranjeros, la rola que ellos inmortalizaron en los cabarets sonaba así: “Vamos a Acapulco a gozar la vida/ Vamos a Acapulco a gozar la vida/ me voy a la playa con mi consentida/ allá en Caletilla tengo una güerita…” mientras que los paisanos que venían de otra regiones se contoneaban bailando en los brazos de una morena.

Así transcurrían las noches en las cantinas y centros nocturnos en los años 70 y 80, de cuando los campesinos llegaban a Acapulco a emplearse en la construcción de hoteles, después de la jornada se iban a beber con los suyos en la zona de tolerancia “zona Rosa” mientras que los turistas nacionales e internacionales se hospedaban en los hoteles de lujo que los macuarros construyeron por unos míseros pesos.

Esa tranquilidad le daba confianza a los vacacionistas que llegaban a la playa cada periodo vacacional a disfrutar el sol y la arena. Hasta finales de los 90, el consorcio televisivo (Televisa) llevaba artistas a la tocada en playa Tamarindo y centro de convenciones a presentar sus nuevas rolas en el llamado “Festival Acapulco”, pero pronto dejó de existir.

En esos escenarios se le cantaba a Acapulco: “Obscura soledad estoy viviendo yo/ la misma soledad de tu sepulcro mamá/ y es que tú eres, es que tú eres/ el amor de cual yo tengo/ el más triste recuerdo de Acapulco…”.

El más triste recuerdo de Acapulco dejó marcado a muchos acapulqueños que optaron por migrar a otros estados del país para ponerse a salvo, y es que en Acapulco pasa de todo, balaceras, extorsiones, militarización y muertos a pleno luz del día.

Desde que policías municipales le marcaron el alto a la camioneta Liberty, donde viajaban los hombres armados el 27 de enero de 2006, cerca la colonia La Garita, desde ese día el paraíso tuvo cambio kafkiano, se convirtió en un verdadero infierno.

Meses después de esa balacera aparecieron las cabezas de un comandante y un oficial de la Policía Preventiva Municipal (PPM) de Acapulco, que fueron levantados. Las cabezas estaban  clavadas en una reja metálica de la coordinación administrativa Costa Chica y Costa Grande de la Secretaría de Finanzas del gobierno de Guerrero, con el mensaje «Para que aprendan a respetar».

Las balaceras siguieron días, meses, años después y fue creciendo en espiral hasta perder la noción del tiempo por tantos muertos que han caído, diario la prensa local da a conocer números de muertos. No ha habido un día en que no amanezca con uno o diez muertos.

No paró ahí, las balaceras se hicieron costumbres, el pánico pasó a la normalidad para los acapulqueños, los muertos se convirtieron en la imagen de la pobreza, cuando las fuerzas militares replegaron la violencia de la costera hacia la periferia.

Los balazos primero fueron en la costera, sobre todo en los barrios históricos hasta 2008, pero después de que Manuel Añorve Baño ganó la presidencia municipal de Acapulco, en un operativo conjunto con la policía federal, replegaron las balaceras a las colonias populares.

Así fue, Acapulco era el puerto que todos deseaban conocer. Desde la  Montaña y la Sierra bajaban hombres y mujeres a emplearse en restaurantes y servicios de transportes o comercios. Pero la tragedia que empezó en 2006 arrasó con todo. Del 27 de enero de 2006 a la fecha, Acapulco y Guerrero lo han gobernado: El tricolor, el amarillo y ahora el guinda, aún así nadie ha encontrado la formula para regresar la paz a los acapulqueños.

De asesinatos en la Costera Miguel Alemán, a las calles de las colonias populares de la periferia  vino una metamorfosis, pero no para bien, sino más doloroso aún. Jóvenes en su mayoría, hombres y mujeres han desaparecido. De ahí, las familias se organizaron para crear colectivos  de búsquedas de hijos e hijas, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, tíos y tías, esposos y esposas, abuelos y abuelas, y vecinos o vecinas que aún no regresan del mandando al que fueron.

Los desaparecidos no tendrán tumbas ni flores, porque Guerrero es tierra de nadie, aquí los desaparecidos se convirtieron en estadísticas. Aunque a veces los cláxones rompen los tímpanos de los pasajeros; sin embargo, ahí adentro de esa lata rodante convertido en disco móvil, alguien pregunta “Si le viste, dile que lo o la estoy buscando”.

La militarización de la Costera trajo otro conflicto. En decenas de ocasiones, comerciantes semifijos y transportistas paralizan el puerto, con sus carteles garabateados: “Saquen a los militares de las calles”, en otro retazo de papel se lee “Los militares violan los derechos humanos”.

Con la detención de siete integrantes de la Unión de  Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), en Marquelia, Costa Chica de Guerrero, Acapulco quedó sin arterias, de nuevo comerciantes y transportistas cerraron las principales avenidas del puerto, para que elementos del Ejército mexicano y Guardia Nacional liberaran a los detenidos.

Así las cosas en Guerrero. La migración aumenta, mientras que la política pública no despega,  las consecuencias son enormes: los bloqueos en las carreteras de Guerrero y vialidades de Acapulco se hicieron costumbre. Esto convierte a Guerrero en tierra de nadie.

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Fuente: piedepagina.mx

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Más de 500 niños indígenas asesinados por el Gobierno de Estados Unidos entre 1819 y 1969

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 Por Alberto Farfán

En el país que se autoproclama defensor de la libertad y de los derechos humanos en todo el mundo, además de guardián de la democracia, la paz y la igualdad en todos los rincones de la Tierra, surge la noticia de que en su propio territorio cientos de niños, desde los cuatro años a la adolescencia, fueron asesinados por su origen étnico, con el objetivo de asimilarlos a la forma de vida norteamericana.

Todo indica que a raíz de que se descubrieran centenares de tumbas de niños y adolescentes asesinados en internados para indígenas en Canadá, de lo cual dimos constancia en este medio (Los Ángeles Press, 26/07/21), el Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.)  inició una investigación para tratar de esclarecer qué habría ocurrido en este sentido en su país.

La indagatoria a cargo del Departamento del Interior, cuya titular es de origen indígena, Deb Haaland, ha revelado datos realmente estremecedores. De hecho, para la funcionaria ─quien es la que encabeza el informe─ las cifras podrían ascender a miles o decenas de miles de indígenas muertos. Sobre todo si se considera que sólo se han identificado 53 fosas con cadáveres de los 19 internados federales escrutados, de los 408 ubicados en 37 estados de la Unión Americana, entre 1819 y 1969. Y si se toma en cuenta que existen 98 millones de páginas de registro acerca de los abusos en esas mal llamadas instituciones, además de que ─como lo asevera Deb Haaland para evitar equívocos─ fue el Gobierno de EE. UU. el que administró directamente algunos de esos internados bajo la protección de leyes y políticas nacionales para “civilizar” a los niños y adolescentes nativoamericanos.

Con base a un procedimiento militarizado radical y a la imposición en extremo violenta de una visión ajena a su identidad, las víctimas padecían la separación obligada de sus familias, internamiento y trabajo forzados, castigos corporales de toda índole, como el aislamiento, la flagelación, la privación de alimentos, azotes, bofetadas, nula atención médica y aunado a ello les impedían hablar su propio idioma.

Apunta Haaland en conferencia de prensa: “Las consecuencias de las políticas federales de internado indígena, incluyendo el trauma intergeneracional causado por la separación de la familia y la erradicación cultural infligida a generaciones de niños desde tan sólo cuatro años, son desgarradoras e innegables».

Y subraya a manera de conclusión: «Procedo de antepasados que sobrevivieron los horrores de las políticas de asimilación llevadas a cabo por el mismo departamento que ahora dirijo… Cada uno de esos niños es un familiar desaparecido, una persona que no pudo cumplir su propósito en esta Tierra porque perdió la vida como parte de este terrible sistema».

Crimen de lesa humanidad en las entrañas de EE. UU. que debe ser investigado a fondo para poner en evidencia a los responsables y sobre todo para dar a conocer los nombres de todas aquellas que fueron las víctimas de tan terrible política de Estado, para que nunca más se repita o quede impune.

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Con voz propia

La crisis nos une

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

En el sector turístico hay la emoción de pensar que los nubarrones de poca productividad, aumento de inseguridad, disminución de beneficios –trabajo, vivienda, liquidez, salud, vida- a los cuales nos habíamos acostumbrado, serán remontados debido a que se inicia “la temporada alta”. Debido a la desaparición de procesos de evaluación poco se dice del abandono escolar, del bajísimo rendimiento en el campo -por los escases de agua, el alto costo de los fertilizantes, la migración de los agricultores jóvenes- el temor colectivo como resultado de muertes derivadas de una salud sin atención adecuada y la desbordada maldad de los criminales; este periodo de vacaciones no parece ser el espacio que todos necesitamos para alcanzar la felicidad. Los peligros de una juventud que tiene derecho a divertirse ¿son culpa de los padres, los maestros, o la propaganda desbordada? ¿Se logrará que los jóvenes regresen sanos y salvos a sus hogares después de una fiesta?

Aun sin la infraestructura para realizar estudios que permitan establecer metas con sustento, el pueblo sabio -no el safio- se da cuenta que aumentan los riesgos para adultos jóvenes que acuden a una “cita de trabajo” Las instituciones educativas públicas están quedando sin espacio para aumentar la preparación de quienes serían los promotores de un México más competitivo ¿De verdad la juventud ha perdido el ánimo de vencer obstáculos pues se le ha convencido que solo con dinero para asistir a una universidad costosa podrá triunfar? ¿Quién promueve la participación esencial en politiquería de los estudiantes de Facultades públicas? ¿Por qué se ve a estos alumnos únicamente como consumidores de becas, limosneros del “bienestar” en suma fracasados en camino al suicidio?

A los pequeños en sus clase de catecismo, la escuela dominical o la escuelita bíblica de vacaciones, se les motivaba a ser como ese hombre chaparrito, dedicado a trabajar con los gobernantes de la época quien se trepó en un árbol para aprovechar la única ocasión que vislumbró Zaqueo de ver pasar a Jesús de Nazaret, rumbo a Jerusalén ¿tienen hoy alguna motivación para trascender las personas que se ufanan de no creer en Dios, pero vencen su voluntad ante el dictado irracional de un líder que usa las estructuras religiosas para manipular y causar daños a los feligreses? ¿Quiénes han abundado más al crecimiento de los ateos, los pederastas de las iglesias católicas o los defraudadores y abusadores de las pseudo evangélicas[1][1]? ¿En qué parte ocultan la sabiduría expresada en la biblia que, en nuestro país, dio como resultado la educación laica o los límites de participación en política a los dirigentes religiosos? El Dalái Lama –cuya divinidad parece ir en declive- ¿recibe algún beneficio de los miles de negocio de moda que enseñan la práctica del yoga y la meditación como único camino para la reencarnación? ¿De verdad este octogenario religioso budista se ha desempeñado como agente de la CIA contra China?

Los misioneros que llegaron a México con la aprobación de Lázaro Cárdenas, para enseñar el nuevo testamento en las lenguas originales de 62 grupos autóctonas de este maravilloso país, dejaron como beneficio no solo el interés por tales grupos sino la traducción del himno nacional y la constitución de entonces ¿De verdad había espías extranjeros, entre los misioneros del inglés que se convirtió en amigo de la familia entonces presidencial? ¿Por qué Echeverría empezó a caminar por la senda de desconocer los convenios firmados a 100 años antes de que el plazo se cumpliera? ¿Cómo es que aquel “maestro de políticos” -algunos de ellos muy jóvenes- siendo abogado privilegió una justicia casi arrabalera sobre el cumplimiento de la ley? ¿Cuántos alumnos de entonces siguen medrando en los círculos de poder explotando a la población rural? La suma de todas estas no respuestas es lo que en realidad nos mantiene en la actual crisis.

Así como aquel personaje bíblico mencionado en el evangelio de Lucas se esforzó y buscó la manera de vencer obstáculos, la humanidad de hoy debiera encontrar la forma para no caer en la manipulación que confronta a miembros de distintos partidos o diversas religiones. Debiéramos, por ejemplo, aplicar el ecumenismo para alzar unidos la voz ante el reciente homicidio de dos sacerdotes jesuitas en el estado de Chihuahua ¿Alguien se preocupa por la lamentable definición con que nos califica el jefe del estado vaticano?

Desde siempre los indígenas del norponiente del país han sido explotados. Porfirio Díaz los persiguió y asesinó; los presidentes del priísmo tenían en sus actos de campaña y gobierno el recibirlos, reconocer su autonomía; pero a la hora de la verdad, así como hoy se hace, simplemente les mienten y ellos usan el único camino que ese les ha enseñado para ser escuchados; la protesta, la marcha, el cierre de carreteras y hasta la amenaza o el chisme mediático que no va más allá de la manipulación en todo su apogeo. ¿Quiénes sabían de la humilde pero efectiva labor misionera de los jesuitas asesinados y la impunidad de un conocido delincuente?

Conciliar de manera universal, procurando beneficios generales que trasciendan al plano internacional, es el único camino para iniciar la salida de la crisis que nos abruma. Seamos ecuménicos en todos los planos, en todos los territorios, en todo México.

+++++

[1][1] Los de la llamada Luz del mundo, cuyo líder se encuentra encarcelado en los Estados Unidos o los miembros de La casa sobre la roca, AC –de origen colombiano- que consideran la participación política como único camino de ir por el mundo a predicar el evangelio aun cuando con sabiduría el salvador cristiano señaló la importancia de dar a César lo del César y a Dios lo que es de Dios.

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