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Con voz propia

La segunda fuga del Chapo Guzmán, una historia prevista

La fuga del Chapo Guzmán por segunda ocasión ha revelado la grave corrupción del sistema político y judicial en México

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Fotografía de la entrada del túnel por el que escapó el Chapo Guzmán de acuerdo a la versión oficial. Foto: AP/Marco Ugarte

Por Tomás Borges

Cuando Joaquín Guzmán Loera fue capturado por las autoridades mexicanas en febrero del 2014, la administración de Enrique Peña Nieto, acusada de ser un vil instrumento de la oligarquía dirigida por las televisoras, se anotó un acierto que su predecesor, el panista Felipe Calderón no pudo anotar pese a su supuesta ofensiva frontal contra el narcotráfico.

A diferencia de su predecesor, Peña rompió el mito de que El Chapo había pactado con los priistas como lo habían hecho los panistas, llegando incluso a señalar a este líder criminal, como el Capo del Panismo, debido en parte que se fugó del penal de máxima seguridad en los albores de la llamada alternancia, al huir del Penal de Puente Grande en enero del 2001.

La captura fue la joya de la corona para una administración cuestionada que buscaba a como diera lugar “Mover a México”, llegando incluso a iniciar una larga campaña mediática para catapultar las iniciativas del también llamado “Pacto Por México”.

La administración peñista buscaba sacar al país del marasmo del panismo, cuya alternancia sumió a México en una crisis de institucionalidad, derivada del desgasto de la figura presidencial iniciada por Vicente Fox y por Felipe Calderón, quienes quisieron construir su legitimidad (cuestionada) en base a una lucha frontal contra el crimen organizado, creando para ello una mega secretaría liderada por el súper policía Genaro García Luna. Hau que recordar que fue Luna quien gastó millones de dólares en crear una imagen de modernidad de los aparatos de seguridad con las consecuencias por todos conocidos, de fracaso y corrupción.

Cuando se capturó al Chapo Guzmán, se habló del éxito de la estrategia peñista, cuyo secretario de Gobernación, Osorio Chong, legitimó esa estrategia al mostrar éxito tras éxito a través de su gabinete de Seguridad, con la captura de capos no tan notorios como el Chapo pero que en el sexenio blanquiazul se les consideró “escurridizos”.

Fin de fiesta… cruda realidad

La fiesta orgiástica de los medios tuvo su primer revés cuando desaparecieron 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en septiembre del 2014, mostrando que el narco (realidad innegable) seguía rigiendo los destinos de miles de mexicanos bajo su égida, mostrando cómo la impunidad solapada por los tres niveles de gobierno podía desaparecer de la faz de la tierra a 43 personas que hasta la fecha no se ha sabido nada de ellos y que su desaparición forzada llegó a causar -además del cansancio y cese del procurador Murillo Karam, quien cayó junto con su verdad histórica y su célebre frase “Ya me Cansé”- el hartazgo ciudadano, haciendo que los 43 de Ayotzinapa, fueran no sólo una bandera de derechos humanos, sino un detonante similar a la primavera árabe.

Tras los escándalos de la llamada “Casa Blanca” que provocaron una lucha mediática entre la defenestrada periodista Carmen Aristeguí y la Presidencia, mostrando el alto grado de corrupción e impunidad que impera en la actual administración, el clavo mortuorio lo acaba de poner el Chapo Guzmán, quien tras su captura mostró una docilidad ante sus captores, al grado de que se llegó a cuestionar su identidad y su captura bajo el nombre clave de “Operación Gárgola”, llevada a cabo por la Marina Armada de México sin disparar un solo tiro de una manera quirúrgica.

La fuga del Chapo, realizada a las 20:52 horas del sábado 11 de julio, vuelve a mostrar la punta del iceberg del grado de corrupción que permea en las instituciones, haciendo que la “Máxima Seguridad” en México sea un eufemismo.

Además, la segunda fuga del Chapo (quien se fugó de una lavandería en el 2001, en una tina en Culiacán horas antes de su captura en Mazatlán) se suscitó en el área de regaderas, muestran el grado  de ineficiencia del actual gabinete de seguridad en turno.

Reingeniería… nuevo nombre viejas practicas

Pese a que el Gobierno Federal sigue pidiendo a los ciudadanos de a pié a que se “aprieten el cinturón” ante el panorama económico incierto y volátil, ellos siguen viviendo sin carencia alguna, teniendo un aparato burocrático en materia de seguridad, caro e ineficaz.

Prueba de ello es que siguen en sus cargos personas tan ineficaces como Vidal Diazleal, ex encargado del Operativo Conjunto en Chihuahua con Calderón, ex titular de la Policía Federal Ministerial (antes AFI), quien ahora asesora a Tomás Zerón de Lucio en las oficinas centrales de la PGR ubicadas en el 211 de la cosmopolita Paseo de la Reforma.

Respecto a Tomás Zerón, se puede decir que su Agencia de Investigación Criminal (anunciada con bombo y platillo como la panacea), sólo existe en el papel, porque en la realidad trabajan los mismos AFIS  y gente del CENAPI, el elefante blanco de la Procuraduría hoy Fiscalía, siendo el área de secuestros, el área insignia, la cual cuenta con sólo 70 elementos, quienes buscan no erradicar el flagelo del secuestro, sino superar a la Coordinación homologa de la PF (encabezada por Gustavo Luna Govea, vinculado a García Luna), que cuenta con más de 700 elementos sin que hasta el momento hayan podido erradicar dicho mal, pese a los incontables recursos que se le otorgan año con año a esots burócratas que lucran con el dolor humano.

También tenemos viviendo del erario a la flamante cónsul Marisela Morales Ibañez, ex procuradora y principal artífice de la debacle en seguridad y de los aparatos de justicia, aparatos que en junio del año pasado otorgaron la libertad a Rogelio González Pizaña “El Kelín”, brazo derecho de Osiel Cárdenas Guillén, quien tras su liberación ya opera en Tamaulipas bajo el mote del Z2.

¿Qué decir de la Gendarmería, encabezada por Manelich Castilla Cravioto, cuestionado por su ineficacia como Delegado Regional de la PF en San Luis Potosí y que en un arranque mediático, encabezó la búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos “puerta por puerta” con los resultados por todos conocidos?

La fuga

Si en el 2001 decían que El Chapo entraba y salía como “Pedro por su casa” y que realizaba sus visitas íntimas en las oficinas del Director del Penal (bajo su nómina), ahora la fuga se hizo con la complicidad de empleados internos y externos, quienes ayudaron a adquirir el terreno aledaño donde terminaba el túnel que se construyó a lo largo de kilómetro y medio del área de regaderas hacia la libertad.

La fuga, fue planificada y como ex integrante del Grupo Colegiado de Supervisión de CEFERESOS instaurado tras la fuga del Chapo en el 2001 puedo constatar que para huir, se necesita ayuda interna y externa (huelga a decir que muchos cañonazos de miles de millones de dólares), ya que los internos federales se encuentran en completa observación las 24 horas del día a través del Centro de Control y Monitoreo.

Dicho centro, se ubica cerca de las oficinas del Director del Penal, y está integrado por elementos (monitoristas) de la PF y gente del CISEN, quienes reportan cada pase de lista y cualquier eventualidad (ingresos, egresos, eventos y traslados) de los centros federales.

Los pases de lista se dan a las 07:00, 14:00 y 23:00 horas, lo que infiere que a las 23:00 horas ya sabían de la fuga del capo. Además el penal se cierra literalmente a las 02:00 horas, impidiendo el ingreso y salida de los custodios.

La construcción del Penal, ideado por en forma de diamantes interconectados para evitar la orientación del interno, donde las puertas se abren y se cierran eléctricamente a través de custodios puestos exprofeso en los accesos. No se abre una puerta, sino se cierra la que la precedió.

Es estúpido creer que a pesar de contar con personal avalado y certificado por el Centro Nacional de Control de Confianza y de haber ingresado por convocatoria abierta y escoger sólo a los mejores, persistan las mismas prácticas, ya que los custodios (ahora llamados Fuerzas Federales Penitenciarias) se encargan dela seguridad interna del Penal, mientras que la externa (periferia y garita de entrada y aduana de personas) es realizada por elementos de las Fuerzas Federales de la PF.

Además de contar con aparatos de punta, como bloqueadores de señales de celular y centros de escucha de inteligencia táctica pasiva para intercepción y monitoreo de comunicaciones de llamadas de voz (PTT) Presionar para hablar (Nextel), SMS (mensajes de texto) y multimedia, no hayan podido detectar llamadas, mismas que  son monitoreadas en el área de locutorios. También cuentan con sensores de monitoreo geofísicos que detectan cualquier golpe debajo de la tierra, con la finalidad obvia de evitar excavaciones como la realizada por gente del Chapo.

A manera de corolario

La fuga del Chapo se ideó en el área de locutorios, donde dio instrucciones a su cuerpo de abogados, emulando lo realizado por Osiel, quien gobernaba desde ese mísero penal y ordenaba las muertes de los rivales, como sucedió con el Pollo Guzmán (hermano del Chapo) asesinado en el área de locutorios en diciembre del 2004, donde curiosamente no funcionaban las cámaras de seguridad.

Como inicio, en lugar de ver y dictaminar medidas y costos del túnel, deberían de investigarse los cardex de visita, ver las cuentas de los abogados, quienes fueron el enlace entre el capo y sus libertadores.

Sin duda, el grado de corrupción del Capo alcanzó la oficina de la Presidencia de México, ya que aprovechó la visita del presidente y del secretario de Gobernación a Francia para cometer la fuga, agarrando a un gabinete en un marasmo, lo que infiere que alguien le dijo el momento adecuado para cometer la fuga, además de abrir la cloaca, que humilló a una nación entera en materia de Seguridad.

No cabe duda que esto trajo a la luz la corrupción en en sistema judicial, lo cual nos cuesta a nosotros los mexicanos miles de millones de pesos diarios (entre viáticos, bonos de riesgo y sueldos exorbitantes tan sólo en la procuración de Justicia (120 mil pesos mensuales un coordinador y sólo en la Federal hay más de 20), así como un aparato burocrático encargado de salvaguardar la integridad de todos los mexicanos.

Hay una simulación en materia de Seguridad pública y en la procuración de Justicia, hay un cáncer en el gabinete, el cual está gangrenado hasta la médula, mostrando a medios afines (Televisa, Azteca y Canal 40, entre los más visibles) con sus supuestos logros e iniciativas, como mandar a elementos de la Gendarmería y PF a desfilar en las calles de París o servir de séquito al actual comisionado Galindo Ceballos (quien dejó una inseguridad rampante en su natal San Luis Potosí donde fue Secretario de Seguridad) para recibir una condecoración en España en octubre del 2014.

El Chapo no tiene la culpa… el Chapo es el resultado de un sistema corrupto donde todo se puede hacer con inteligencia y dinero, en un gobierno que carece de ella y que peca de soberbio y fatuo.

Es necesario que haya una investigación seria y multidisciplinaria e internacional para dar con los responsables en todos los niveles, porque mientras escribo esto, fueron detenidos los custodios y empleados administrativos de un penal, donde de nueva cuenta, el Chapo se sintió en casa.

Viene la prueba de fuego para un gabinete rebasado. Parece ser que el Chapo hará ajustes de cuentas y de nuevo el mapa delincuencial se reconfigurará.

Lo que no hicieron 43, lo hará una sola persona…su nombre El Chapo.

Twitter del autor: @borgestom

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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