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Con voz propia

La responsabilidad omitida del gobierno mexicano en Ayotzinapa

El crimen de estado contra normalistas de Ayotzinapa sigue sin resolverse y dejando en impunidad a los verdaderos criminales

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Rabia por Ayotzinapa en el pueblo de San Luis Acatlan, Guerrero. Foto: Sergio Ferrer

Teódulo Pineda Bahena

A pesar de lo que afirme y pregone a través de todos los medios informativos el Procurador General de la República Jesús Murillo Karam, en el sentido de que fueron elementos del crimen organizado quienes sacrificaron a los normalistas de Iguala, Guerrero, los ciudadanos de todo México y quienes se informaron de medios independientes de los sobornos gubernamentales, saben que fueron elementos de Seguridad pública quienes llevaron a cabo esa masacre y que el hecho, sí puede ser tipificado como crimen de estado.

Testimonios obtenidos de personas de Iguala, poco después de haberse registrado la emboscada (que en ningún momento fue enfrentamiento, como lo aseguran medios de México), declararon que cuando se llevó a cabo la dispersión de estudiantes después del segundo atentado, elementos de la policía municipal de Iguala y personas vestidas de civil las persiguieron por varias calles y les disparaban. A los que caían los subían a las camionetas y los que se rendían, eran sometidos y llevados en las mismas camionetas.

Desde ese momento, toda la responsabilidad de lo que les pudiera ocurrir a los jóvenes era de los que los privaron de la libertad y lo que haya sucedido posteriormente es consecuencia del hecho primero que fue consecuencia de la irresponsabilidad de quienes gobiernan en todos los niveles, por eso es un crimen de Estado.

Como primer responsable de este caso está el mismo Procurador General de la República, quien desde tiempo atrás tuvo en bajo su responsabilidad el haber actuado en contra de José Luis Abarca Velázquez y su esposa. No lo hizo y al contrario, pidió a quienes los denunciaron que le aportara pruebas de ello cuando él, con todo el poder y medios para llevar a cabo una investigación no la hizo, por omisión, dejó crecer el problema.

¿Quién en su sano juicio acudiría a cualquier instancia ministerial o de autoridad a denunciar cualquier delito en el estado de Guerrero? El sistema gubernamental, de justicia y político de esta entidad, es desde hace años una cloaca y además de los testimonios de la ciudadanía, están las  observaciones directas de quien escribe.

En el municipio de Cocula, en un poblado llamado Apipilulco el 24 de agosto del 2012 en la madrugada (4:00 horas aproximadamente) un comando de sicarios llegaron a una casa ubicada en la calle Escuadrón 201. Asesinaron a dos personas, padre e hijo y se retiraron del lugar. A los pocos minutos (unos 30 aproximadamente) se presentó un Agente del Ministerio Público con su grupo de policías judiciales. Tomó conocimiento del hecho, levantó las actas respectivas y le indicó a los familiares que velaran los cuerpos y los enterraran el mismo día sin que la hicieran más grande.

Se pasó por el arco del triunfo la necropsia obligatoria para este tipo de decesos y no se llevó a cabo ninguna investigación para que se diera con los responsables o las causas de asesinato. Aunque no era muy necesario porque en esa población toda la población sabía por qué.

El asunto es que, la mayoría de las veces en el caso de atropellados, robos, choques con lesiones graves e inclusos decesos, llamémoslos “comunes”; los Agentes del Ministerio Público tardan horas para acudir a tomar conocimiento. Y a quienes mandan por lo regular son a sus actuarios, en persona los titulares de las fiscalías no van, se dan su importancia.  Y en aquel caso la actuación fue inusitadamente rápida, tanto, que ni en los periódicos se supo esa nota.

En las redes sociales convocan a portestas y movilizaciones nacionales. Foto: red

En las redes sociales convocan a portestas y movilizaciones nacionales. Foto: red

Pero, ¿por qué pasaban esas cosas así?

Nadie podía ir a denunciar algún hecho delictivo relacionado al crimen organizado a ninguna dependencia porque, más tardaba en haber tomado la decisión en acudir, que en recibir en su casa poco tiempo después a sicarios de la organización denunciada quienes aplicaban la lección, o sanción correspondiente a ese acto de valor. Algunas veces, asesinando a un familiar o llevándose con rumbo desconocido a alguno de ellos.

Así creció el problema en Guerrero y los “servicios de inteligencia”  del gobierno lo supieron, pudieron pasar dos cosas con los agentes del CISEN: O no fueron lo suficientemente inteligentes para llevar a cabo sus labores informativas, o también fueron “cautivados” por el poder de las organizaciones criminales porque de todo lo que pasaba en Guerrero toda la población estaba enterada, menos ellos. Y si estuvieron enterados e hicieron los reportes correspondientes, entonces la responsabilidad va directamente a sus superiores dentro del sistema hasta llegar a Miguel Ángel Osorio Chong.

Por otra parte, la situación de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa tampoco era desconocida para todas las instancias del gobierno. En los primeros días de su gestión como Gobernador del Estado, Ángel Aguirre estuvo de visita con los estudiantes quienes le hicieron saber la precaria situación en la que cursaban sus estudios.

Aguirre Rivero se comprometió a ayudarlos y proporcionar medio suficientes para mejorar la situación de los maestros y estudiantes de esa institución aunque la responsabilidad de ello era del gobierno federal. Pero pasado el tiempo no les cumplió.

Por su parte, el gobierno federal, desde que tengo memoria siempre ha sido miserable o mezquino con los estudiantes que cursan la carrera para maestros. Quizá porque saben que los aspirantes provienen de las familias más humildes de la sociedad como jornaleros del campo, campesinos pobres o de la clase obrera y que para poder sostener sus estudios necesitan de apoyos económicos.

Desde los años 60’s en que la educación popular empezó a eliminar de sus enfoques la justicia social y el nacionalismo pos revolucionario, a los internados rurales como Ayotzinapa se les redujo el “pre”, una cantidad (en aquellos tiempos de 30 pesos a la semana por alumnos) que era necesario para la alimentación de los estudiantes. Se les daba ropas de cama, uniformes y calzado.

A los estudiantes de los Centros Regionales se les daba únicamente una beca de 300 pesos para que pagaran la renta de hospedaje y su asistencia alimentaria fuera de los planteles, igual, en la segunda mitad de la década de los 60’s.

Por causa de esta situación era que año tras años los estudiantes pedían, solicitaba y exigían que se incrementaran esas cantidades insuficientes para sobrevivir llegando a veces hasta la huelga. Pero en lugar de que se resolvieran esos problemas, con el paso del tiempo se fueron  agudizando, reduciendo con ello aún más las esperanzas de que jóvenes de extracción humilde lleguen a cursar esa carrera y difícilmente cualquier otra en otro tipo de instituciones.

Esto fue lo que llevó a los jóvenes normalistas de Ayotzinapa a protestar en contra del gobierno el 12 de diciembre de 2012 en la autopista del Sol en donde murieron a manos de Agentes Ministeriales dos de ellos. Los ha orillado a desarrollar plantones, marchas de protesta y denuncia en contra de quienes tienen la responsabilidad de  darles condiciones decorosas de estudio.

En cambio, ven como el Presidente de la República desprende generosamente de las finanzas públicas a prestigiosas universidades privadas premios, reconocimientos, apoyos y financiamientos. Será porque en ellas se preparan jóvenes «de primera» y que debido a su situación social y económica no tienen necesidad de salir a las calles, de hacer denuncias o de pedir nada que consideren que les corresponde.

Por todas las razones anteriores, el Gobierno Federal principalmente, tiene la responsabilidad de las muertes de los estudiantes de Ayotzinapa. Fueron omisos ante la situación que antecedió la tragedia, solaparon la irresponsabilidad de los gobernantes de Guerrero y siguen siendo indiferentes a la corrupción que se da en las instituciones judiciales y ministeriales de toda la entidad. No se atreven a investigar de qué forma es que han acumulado tanta riqueza algunos de sus agentes del ministerio público o sus comandantes de policías judiciales y más aún, parecen hacerse disimulados  ante la inexplicable vida disipada  y de comodidad de algunos de sus agentes de inteligencia.

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Con voz propia

Foro Público: Todos los caminos llevan a Calderón

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Foro Público

En la recta final del juicio que se desarrolla en contra del ex secretario de Seguridad Pública federal (SSP), Genaro García Luna, en Nueva York, el ex fiscal de Justicia de Nayarit, Edgar Veytia, implicó por primera vez al ex presidente de México, Felipe Calderón, quien presuntamente ordenó proteger al líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Aunque el ex mandatario federal rechazó cualquier tipo de vínculo con el crimen organizado, es evidente que tenía que conocer que existían relaciones cercanas entre uno de sus principales colaboradores con el narcotráfico, pues se trataba de la persona que representaba al Estado mexicano.

Por primera vez se nombró a Felipe Calderón como el responsable de fortalecer al Cártel de Sinaloa durante ese sexenio, cuestión que más allá de tratarse de la declaración de un narco fiscal tiene elementos razonables por el crecimiento de esa organización criminal cuando el panista estuvo al frente del Poder Ejecutivo.

Los datos de la Agencia Anti Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) muestran que en el sexenio de Calderón creció de forma constante el Cártel de Sinaloa, mientras que sus principales adversarios fueron combatidos por el gobierno federal como “Los Zetas”, grupo armado escindido del Cártel de Golfo, así como el grupo de los Beltrán Leyva tras el rompimiento con la agrupación encabezada por el Chapo Guzmán.

El súper secretario del sexenio de Calderón fue Genaro García Luna, quien se encargó de la seguridad pública del país en el inicio de la denominada guerra contra el narcotráfico, quien ahora es procesado penalmente por sus presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa que pagó millones de dólares al ex funcionario federal para permitir su operación.

La fiscalía norteamericana acusó a García Luna de permitir el crecimiento de las organizaciones delictivas en uno de los momentos de mayor violencia que ha padecido México en la etapa contemporánea, con lo cual las especulaciones cada vez giran más hacia su entonces jefe, Felipe Calderón, quien al ser el presidente del país debía saber sobre cualquier relación con el narcotráfico.

Resulta conveniente para la organización delictiva encabezada por el Chapo Guzmán que en el sexenio calderonista, los Beltrán Leyva se convirtieron de aliados a enemigos y en esa segunda etapa fueron combatidos frontalmente por el gobierno federal, misma situación que ocurrió contra Los Zetas y el Cártel del Golfo, así como La Familia Michoacana.

Aunque la fiscalía norteamericana no ha acusado formalmente a Calderón de nexos con el crimen organizado, evidentemente cualquier tipo de acusación a Genaro García Luna lo relaciona directamente, específicamente por la gran cercanía que tenía con el entonces mandatario federal y era uno de los hombres de mayor confianza para el michoacano en los seis años del gobierno.

Felipe Calderón llegó a la presidencia de México en 2006 en medio de una crisis política electoral por los resultados de los comicios de ese año y para legitimar su administración inició la denominada guerra contra las drogas, que provocó miles de muertos, desaparecidos, violaciones, secuestros y manchó al país de sangre.

La estrategia no sólo fue fallida, sino carente de un planteamiento de inteligencia sobre cómo combatir de forma eficaz al crimen organizado, pues sólo causó una avalancha general de violencia que ha durado 13 años y que probablemente seguirá por varios años más sin que se observe a la brevedad una resolución.

Ahora los señalamientos se encaminarán directamente contra Calderón y dependerá de la sentencia que se emita contra García Luna para que la presión de la opinión pública incremente en el país contra el ex presidente, debido a que se trata de un problema de justicia que también puede beneficiar al actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

García Luna ha sido responsable de las violaciones a derechos humanos que se presentaron entre 2006 y 2012, pero este personaje también creció en el sexenio de Vicente Fox, cuando fue titular de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI), con lo cual fue también responsable del montaje de Israel Vallarta.

Nota aparte: Desde hace unas semanas Felipe Calderón convenientemente vive en España, país donde ha sido cobijado por representantes de las oligarquías de la derecha española que fueron beneficiados en el sexenio del panista.

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Con voz propia

MORENA y los «dados cargados» para un fin

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AMLO y Adan Augusto

Franja Sur
Por René Alberto López

Tienen toda la razón Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, dos de las llamadas «corcholatas», cuando advierten con sutileza sobre la falta de «piso parejo» en la competencia en Morena por la candidatura presidencial.

Y es que se aprecia a todas luces que hay «dados cargados» desde Palacio Nacional a favor de Adán Augusto, secretario de Gobernación pues el presidente López Obrador le está dando toda la cancha para alcanzar un número aceptable, no penoso, a la hora de las encuestas.

El moverlo por todo el país para encabezar actos políticos o inauguraciones de obras, algunas que no son competencia de la Secretaría de Gobernación, tiene su explicación. Se trata de una estrategia presidencial para que lo conozcan en la mayor parte del territorio nacional y, como parte de la táctica, lo están inflando en encuestas de dudosa credibilidad para crear una percepción de crecimiento que está lejos de alcanzar.

Leer más: Estallido social y suspensión de elecciones en el 2024  – Los Ángeles Press

 

Hoy en las encuestas reales, las que conocen los otros contendientes y en Palacio Nacional, Adán Augusto no rebasa los diez puntos. Por eso, ni Monreal ni Ebrard ni Claudia Sheinbaum se quejan en voz alta. Apenas lanzan tímidos mensaje sobre que «debe haber piso parejo«.

En el fondo, saben que la intención real del presidente López Obrador es que su «corcholata paisanera» para la fecha de las encuestas reales, después de mediado de este año, no haga el ridículo y suba un poco más, que alcance un porcentaje aceptable. No se pueden dar el lujo en el poder que, por ejemplo, Gerardo Fernández Noroña termine arriba del secretario de Gobernación.

De este modo, al momento de ser usado Adán Augusto para reconocer los resultados de las encuestas contratadas por Morena para designar a su candidato presidencial, pueda darle legitimidad a la encuesta «ganadora».

Ése es el papel que le toca jugar al paisa Adán Augusto en la competencia, será el aspirante que levantará sin chistar la mano, ya sea a Claudia Sheinbaum o Marcelo Ebrard, los morenistas que realmente traen los números para que en el 2024 el oficialismo presente un candidato realmente competitivo.

Hasta el momento de escribir esta columna la gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, sigue siendo la «corcholata» preferida en el Palacio Nacional, a pesar del raspón que le han causado los accidentes en la línea del metro. El plan B del presidente López Obrador es el canciller Marcelo Ebrard.

Claro, los partidos que integran la Alianza va por México (PAN, PRI, PRD) saltarían de gusto que de Palacio Nacional impusieran al tabasqueño Adán Augusto, pero si de algo conoce López Obrador es de elecciones. Por supuesto que sería darse un balazo en el pie y, no lo hará.

Ahora bien, para los tabasqueños que apuestan por don Adán Augusto, no hacen mal en apoyar al paisano, sino todo lo contrario. El hoy secretario de Gobernación seguirá jugando en las ligas mayores de la política nacional, pero no será en la presidencia de México. Al tiempo.

Ahí se las dejo.

Twitter: @ralopez22 @el_papiro

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Arteleaks

De plagios, invenciones, literatura y periodismo

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janet cooke

El plagio no sólo se ha dado en México, hay casos célebres en otros países

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

El plagio es un tópico de moda. No hablo sólo de la barahúnda en curso entre nosotros -cuyo desenlace es más esperado que la ceremonia de los Oscar-, sino de una tendencia que se antoja tan universal y variada como la gastronomía.

Acá tenemos, entre otros casos conocidos -y a no dudar muchos que no han salido a luz-, a un expresidente, a profesores de la UNAM, del ColMex, de universidades estatales y desde luego el affaire de la FES, que no por cacofónico es menos penoso.

Pero los mexicanos no tenemos el monopolio de las trampas académicas. Un recorrido por el mundo revela un ramillete de mujeres y hombres públicos que a la manera vergonzosa del caballero del partido en el poder que ocupa una curul en nuestra Cámara de Diputados, también creyeron que las tesis son esquivos pergeños de la decadencia intelectual.

Un ministro de Defensa alemán, un presidente -en funciones- de Rusia, un ex primer ministro rumano, políticos gringos, un expresidente húngaro, estadistas españoles y una ex ministra de Educación eslovena, entre muchos otros, están en la lista de la pena ajena.

No debe extrañar que muchas de estas añagazas monográficas hayan sido descubiertas por académicos que ven con alarma el deterioro del clima en los centros de estudio. Acá tenemos a Guillermo Sheridan, de todos conocido 

En Alemania el profesor Martin Heidingsfelder es conocido como el cazador de plagiarios. Una de sus hazañas fue dar a conocer un trabajo recepcional plagiado y presentado en la Universidad de Ratisbona por un político que 25 años después se sentía muy seguro de su lugar en el espacio público. ¿Suena conocido?

No incurriré en la majareta de analizar las expresiones con que los (y las, para ser políticamente correcto) tramposos(as) han querido justificarse y que deben tener a Orwell revolcándose en su tumba, pero hay una que no tiene desperdicio.

El honor corresponde al peruano César Acuña, propietario de un consorcio de universidades, fundador de la Alianza para el Progreso y excandidato a la presidencia de su país.

Cuando se descubrieron las picardías y diabluras con las que obtuvo el doctorado por la Complutense, dijo muy serio: “No es plagio … es copia”.

Pero este choro mareador comenzó cuando comencé un repaso de las manchas que en el terreno del plagio adornan a mi profesión y que echamos bajo la alfombra con el eufemismo de “voladas”. 

Para leer más: Quiénes han sido denunciados por plagio en México: casos que crearon controversia (losangelespress.org)

 

Hay algunas burdas y tontas y otras que provocan hilaridad. Pero como muchos de los autores de las que conozco todavía andan penando por ahí y saben en dónde vivo, no las puedo citar. 

Así que compartiré dos del periodismo gringo, que al cabo están bien documentadas y tienen la ventaja de que puedo alzar el dedo y citar a FDR cuando se enteró de que Cárdenas había roto relaciones con la pérfida Albión: “What a peach!”

Se trata de los episodios de Janet Cooke de The Washington Post y de Jason Blair de The New York Times.

“Janet Cooke es una hermosa y vital negra con aire dramático y un extraordinario talento para escribir. También es la cruz que el periodismo -especialmente el Washington Post […] A los 26 años escribió una vívida y dolorosa historia sobre un heroinómano de ocho años a quien el concubino de la madre inyectaba periódicamente. La información se publicó en primera plana el domingo 28 de septiembre de 1980 y tuvo en vilo a la ciudad durante semanas. El 13 de abril de 1981 Cooke ganó el Premio Pulitzer.

“En las primeras horas del 15 de abril de 1981, Janet Cooke confesó que era una invención: Jimmy no existía, y tampoco el concubino. Desde ese momento la expresión ‘Janet Cooke’ se hizo sinónimo de lo peor en el periodismo estadounidense, tal como la palabra ‘Watergate’ significó lo mejor.”

Así inicia Ben Bradlee, el legendario director del Washington Post, el capítulo de su autobiografía dedicado a uno de los grandes escándalos periodísticos del siglo.

William Faulkner dijo que el novelista puede ser amoral y no vacilar ante nada que le impida completar su obra, pues en la literatura el fin justifica los medios. Mas en el periodismo ni el mejor de los fines justifica la inmoralidad en los medios. Evidentemente, la Cooke no sabía de Faulkner.

Ella fue, en palabras de Bradlee, “el sueño del periódico”: una negra con inigualables credenciales académicas, inteligente, audaz, gran reportera, políglota, vital y elegante. 

En sus primeros ocho meses en el Post firmó 55 notas, hazaña no menor. Pero sus falsificaciones eran más largas que la cuaresma: no se había graduado en Vassar, no había estudiado en La Sorbona, no era políglota … lo único cierto de su currículo fue que era negra, atractiva y que escribía muy bien.

¿Qué sucedió? En 1982 en una entrevista dijo que había inventado a Jimmy como consecuencia de la terrible presión interna del Washington Post, en cuya redacción se seguía viviendo el ambiente de competencia generado a principios de la década anterior con los éxitos del affaire Watergate

Al parecer oyó rumores de niños  drogadictos, pero como no dio con uno decidió inventar a Jimmy para aplacar a los editores del periódico que la presionaban para escribir sobre esos casos. 

Janet se equivocó. El dramático artículo sí merecía el Pulitzer, pero de literatura. Tiempo después de que la verdad quedara al descubierto para la eterna vergüenza del diario y de su director, Janet se casó con un diplomático y se mudó a París. En 1996 vendió su historia a la revista GQ y los derechos cinematográficos por un millón y medio de dólares. 

El Post ordenó una investigación interna que se publicó con entrada en primera y cuatro planas interiores. En su libro, Bradlee recuerda que tomó la decisión de que nadie revelaría más del asunto que el propio periódico. “De mis años en la marina aprendí que para salvar a un buque lo más importante es el control de daños.” Y el único control de daños era decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Quince años después apareció el testimonio de Jayson Blair, el reportero del New York Times que protagonizó uno de los grandes escándalos de la profesión al ser evidenciado como un contumaz y talentoso plagiario.

Fue un caso alucinante. A los 27 años se decía que iba en camino de convertirse en la versión negra de George Polk. En breve tiempo transitó de la escuela de comunicación al periodismo estudiantil, a las prácticas profesionales, al trabajo en medios, al ascenso rutilante y al despeñadero. 

Bastó que una colega detectara sospechosas similitudes entre un reportaje suyo y otro de Jason para sacar a luz una pasmosa historia de decepciones, mitomanía, artificios, embustes, enredos e invenciones que aniquiló las exitosas carreras de sus mentores y puso un ojo negro al legendario periódico que publicó los expedientes del Pentágono.

Desde el desorden de su pequeño departamento neoyorquino, Blair escribió reportajes y artículos sobre lugares que no visitó, con declaraciones de personas a las que nunca entrevistó y descripciones de paisajes que jamás vio, para las páginas de uno de los más influyentes rotativos del mundo. 

Por si te lo perdiste: SCJN desecha petición de renuncia de Yasmín Esquivel por plagio de tesis

 

¿El mayor fraude periodístico desde el escándalo de Janet Cooke? Sí y no. Jason se convirtió en el protagonista de la nota roja del oficio y levantó una ola que aún no pierde del todo su fuerza. 

La zarabanda obligó al Times a ofrecer disculpas a sus lectores y conducir una extensa pesquisa sobre las prácticas y conductas de la compañía para aplicar correctivos de fondo. Además fue una amarga lección para la arrogante empresa periodística cuyo lema es “All the News That’s Fit to Print” (“Todas las noticias que merecen ser publicadas”).

Blair pertenece simultáneamente a varias minorías: es negro, espléndido redactor, mitómano, drogadicto y alcohólico. Pero también es un enfermo bipolar a quien no se le diagnosticó a tiempo el cuadro maniaco-depresivo que se fue agravando bajo la presión de la brutal competencia profesional y las exigencias del diario, hasta que reventó.

En los periodos de euforia podía trabajar día y noche, viajar por el país y producir literalmente docenas de reportajes. Cuando lo atrapaba la depresión sus jornadas eran igualmente largas pero dedicadas al consumo de alcohol y cocaína, a la fiesta y al escándalo. 

Un día inventó el nombre de un entrevistado y de ahí en caída libre. Notas de otros diarios, reportes radiofónicos o de televisión y el archivo histórico del mismo Times, fueron los cotos en donde cotidianamente plagiaba para historias que hilaba y presentaba con su firma. 

Pero no había maldad en su conducta. Blair es bipolar. Cuando los editores del Times lo interrogaron, él sostuvo que, como es común en el oficio, citaba otras fuentes. Y realmente no tenía conciencia de las dimensiones de su desvío ético. 

“Engañé a las mentes más brillantes”, diría en una entrevista poco después de su desafuero. Y así fue. También humilló y desilusionó a amigos, colegas y conocidos que lo apoyaron cuando era investigado porque supusieron que se trataba de un caso de discriminación racial. En palabras de uno de los ofendidos, puso en peligro los logros profesionales de las minorías en el periodismo yanqui.

Blair no pretende justificarse. Su memoria del episodio, Incendiar la casa de mi amo, no es una diatriba contra el establishment blanco, anglosajón y protestante confabulado contra el negro que lo desafió. No. Jason acepta que él mismo destruyó “la morada de su amo” -es decir, su propia vida, en parodia del versículo bíblico. 

Además, como lo hiciera el novelista William Styron en su conmovedor Memoria de la locura, da una voz de alerta contra la amenaza de una enfermedad silenciosa que, como el cáncer, puede matar si no es tratada a tiempo: la depresión.

Reseña: Esa visible oscuridad: Memoria de la locura, de Styron

 

Tal vez sin proponérselo, el libro también arroja luz sobre un territorio por definición oscuro: la vida interna de los medios. Las empresas de noticias son las más agresivas militantes a favor de la transparencia para el resto del mundo y los demás mortales, mas pídaseles reciprocidad y brincarán como demonios y denunciarán ataques “a la libertad de expresión”. 

Esto pasa en todas partes, pero el libro de Jason y el caso de Cooke permiten una comparación interesante: acá es muy fácil plagiar, mentir, calumniar y difamar con impunidad. Allá, la presión del mercado obliga, por lo menos, a un fariseico mea culpa.

Amén. 

5 de febrero de 2023

 

@juegodeojos  facebook.com/JuegoDeOjos sanchezdearmas.mx

 

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