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La política, el periodismo, los libros, las mujeres…

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Juego de ojos

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

El jueves tres de marzo de 1983, la trabajadora doméstica Amelia Marino se presentó como cada día en el número 8 de Montpelier Square en el barrio Knightsbridge de Londres.

La casa estaba en silencio total. Sobre la mesilla de la entrada encontró una nota manuscrita: “Por favor, no suba a la planta alta. Comuníquese con la policía y pida que venga una patrulla”.

Así lo hizo. Llegaron los bobbies. En la sala de estar encontraron los cadáveres de Cynthia Jeffries y Arthur Koestler en vestimenta formal, él con traje de tweed y un vaso de whisky en la mano. 

Dos copas de vino con restos de un polvo blanco y un frasco de miel estaban sobre la mesa. Se habían suicidado 36 horas antes, el martes en la tarde. 

En un cuaderno Koestler escribió: “El propósito de esta nota es dejar inequívocamente claro que tengo la intención de suicidarme tomando una sobredosis de drogas sin el conocimiento o la ayuda de ninguna otra persona. Las drogas han sido obtenidas legalmente y guardadas durante un tiempo considerable.”

Después se supo que antes de quitarse la vida llevaron al veterinario a su perro, David, para dormirlo.

El New York Times del día siguiente recordó que “en su agitado viaje por la historia del siglo veinte, con frecuencia el señor Koestler parecía ir delante de su tiempo”.

Así terminaron los días de uno de los autores más influyentes de la posguerra y la guerra fría. Sus epígonos dijeron que murió como vivió, sin aceptar interferencias en su destino. Para sus detractores el suicidio fue la consecuencia natural de una vida extraviada.

Lo que nadie atinó a explicar fue por qué Cynthia, un cuarto de siglo menor que Arthur y en perfecta salud, hubiese decidido acompañar a su esposo, enfermo de leucemia y Parkinson. 

“Le guardaba una sumisión patológica” fue el comentario de un conocido de la pareja.

En momentos santificado y en otros denunciado como agente de la reacción, criticado por advenedizo a la comunidad intelectual y ridiculizado por sus investigaciones parapsicológicas, Koestler fue sin embargo una de las mentes más originales del siglo. Fenómenos como la caída de la cortina de hierro y la globalización, fueron anticipados por él desde los años cuarenta.

En una reseña en Letras Libres, Daniel Gascón dice que “Tony Judt lo definió como un intelectual ejemplar; Christopher Hitchens lo describió como un fanático. Alguien señalaba que tenía la facultad de defender sus posiciones de la manera más irritante para su interlocutor. La poeta Regina Ullmann le dijo: ‘Pareces tan convencido de tus ideas que eres incapaz de comprender a quienes no las comparten’. ‘Como alguien que habla de ética todo el día -le dijo sobre Koestler Cyril Connolly al crítico Edmund Wilson-, no se te ocurriría dejarlo solo con tu mujer media hora’”.

Su obra es de un diversidad asombrosa. Si hay libros que no se pueden leer impunemente, Koestler fue autor de varios de ellos. Textos políticos como Oscuridad al mediodía, novelas como Ladrones en la noche y volúmenes autobiográficos como Flecha en el azul y La escritura invisible, marcaron a muchas generaciones. 

Los sonámbulos y El espíritu en la máquina siguen siendo textos obligados en las facultades de ciencias.

Su vida estuvo marcada por relaciones neuróticas con las mujeres, con los amigos, con la política, con los gobiernos, con el dinero, con su judaísmo y con su sionismo militante. Mas produjo un notable y profundo testimonio del siglo con el que creció.

Difuminó sus orígenes en una autobiografía cuidadosamente hilvanada para resaltar sus facetas de luchador social, intelectual, novelista y pensador y ocultar su misoginia, su misantropía, su inseguridad y su maltrato a mujeres y amigos, al grado de que uno de sus biógrafos asegura que lo único que se sabe de él con precisión fue que nació las 8:30 de la mañana del 5 de septiembre de 1905 y pesó 4.8 kilos. 

Arthur fue hijo único del ingeniero y lingüista aficionado húngaro Henrik Koestler y de Adele Zeiteles, una mujer voluble y no muy joven a quien la quiebra de su padre parecía haber condenado a la soltería hasta que apareció en escena el guapo -y pobre- Henrik. 

En su vida adulta, Arthur descargó su hostilidad hacia su madre con todas las mujeres que tuvieron la mala fortuna de cruzarse en su camino. Fue un Don Juan que tuvo tres esposas: Dorothy Ascher, Mamaine Paget y Cynthia Jeffries, ésta originalmente su secretaria, quien, según sus conocidos, era de una “tolerancia enfermiza” con un Koestler legendariamente infiel y abusivo. 

Estos orígenes, combinados con su baja estatura y su búsqueda infructuosa de una patria, le allegaron un complejo de inferioridad que él calificaba como “el más grande y mejor de todos”.

Arthur fue educado según la tradición victoriana en una familia judía de la pequeña burguesía. Su ambivalencia con respecto a su condición de judío y los tiempos marcados por los conflictos y la zozobra previa a la primera gran guerra, lo llevaron a una vida agitada. 

Sus primeros pasos profesionales fueron en el periodismo en Europa y en el Medio Oriente, principalmente Palestina. De esas experiencias nacieron libros, entre ellos Ladrones en la noche y Testamento español, y forjó la pasión neurótica que lo ató toda su vida al Estado israelí. 

A los 22 años ya se le consideraba uno de los reporteros sobresalientes del siglo XX. Fue un hombre profundamente comprometido en lo político. Militó en el Partido Comunista, fue encarcelado y estuvo a punto de ser fusilado en España.

Vislumbró las dimensiones y el terror de la “solución final” nazi y durante años se dedicó a organizar y financiar movimientos para el rescate de judíos, en un tiempo en que las élites políticas en América y Europa cerraban los ojos al holocausto que se anunciaba, ya para no incomodar a una Alemania fuerte y agresiva, ya por suponer que la “persecución” antisemita era una maniobra propagandística del sionismo. 

Encarcelado en una prisión española durante la guerra civil y condenado al paredón, Koestler tiene una epifanía. Comprende que todas las consignas y toda la militancia para aniquilar a los “enemigos de clase” pierden sentido al pasar de militante a víctima. 

Se libró de la ejecución y experimentó lo que después llamaría la “sensación oceánica” (Oceanic Feeling), algo semejante a una visión cósmica que subyace a toda su obra. 

De su desencuentro con el comunismo nació Oscuridad al mediodía, libro de enorme influencia en donde el paraíso de los trabajadores es expuesto como un infierno a través del protagonista de la novela. Rubashov (basado en el dirigente bolchevique Bugarín), víctima de las purgas estalinistas, es arrestado por la policía secreta y obligado a confesar crímenes ajenos.

Koestler fue un judío errante en el sentido literal de la palabra. Vivió en Inglaterra, Francia, Austria, Suiza, Hungría, Palestina, Israel y Estados Unidos. Fue un sionista convencido y comprometido, un escritor profundo en unos temas y superficial en otros a quien alguna vez se acusó de ser “gran sintetizador de ideas ajenas” y “pobre productor de ideas propias … un plagiario”. 

La originalidad y lo atractivo de su pensamiento se refleja en una idea tomada de sus memorias: para él en lo político, primero tenía lugar un compromiso emotivo y sólo posteriormente se insertaba la racionalidad de este: “Todas las evidencias tienden a demostrar que la libido política es esencialmente tan irracional como el impulso sexual, y condicionada, como este, por experiencias tempranas parcialmente inconscientes”.

En Euforia y utopía, Koestler define este rasgo de su personalidad: “Uno aprende a pensar a través de los libros y aprende a vivir a través de las mujeres”.

Algunos rasgos del Dr. Jekyll y Mr. Hide hay en esta asombrosa personalidad. Pero no crea el lector que describo a un hombre lúgubre, retraído, circunspecto y confinado a las sombras y rincones. No. 

Koestler tenía fama de anfitrión generoso y divertido, muy dispuesto a beber y conversar horas y días… siempre y cuando una de sus mujeres estuviese a mano para guisar, atender, limpiar y servir de pareja en la parranda. 

Habría que decir en su descargo que no las obligaba a manejar. Esa era su tarea y acumuló la más extensa relación de accidentes automovilísticos de que se tenga memoria en la República las Letras. En más de una oportunidad fue confinado a la comisaría por manejar en estado de ebriedad.

Hay a lo largo de su obra, como corresponde a un hombre inteligente, una línea conductora de humor. Tomo otro ejemplo de Euforia y utopía en el que Arthur atribuye los hechos a un amigo cuyo nombre se le ha escapado y sonaba algo así como “Ehrendorf” … aunque me inclino a pensar que en realidad el protagonista de la historia es el propio Koestler. 

Sucedió durante el carnaval de 1932 en Berlín. Ehrendorf-Koestler conoce a una belleza de 19 años, alegre y desenvuelta, en cuya blusa destaca en rojo una cruz gamada. La convence de acudir a su departamento en donde ella accede a todos los requerimientos eróticos que es capaz de imaginar un hombre joven, sano y fantasioso. 

En el momento de la culminación, sudorosos y desnudos en una cama vieja y ruidosa, “la muchacha se levantó sobre un codo, extendió el brazo derecho a la manera del saludo de Roma y, en medio de un suspiro y con voz desfalleciente, pronunció un fervoroso: ¡Heil Hitler!”. 

La excitación de Ehrendorf-Koestler es bruscamente interrumpida por el gesto y el deseo lo comienza a abandonar aceleradamente. 

“Cuando se recobró, la rubia le explicó que ella y un grupo de jóvenes amigas habían hecho el voto solemne de recordar al Führer cada vez que se encontraran en el momento más sagrado en la vida de la mujer”.

Hoy en día Koestler ya no es un autor leído. Al grado de que durante las reflexiones posteriores al derrumbe de la URSS su nombre no figuró, habiendo sido instrumental con su obra Oscuridad al mediodía, en la corriente de pensamiento crítico anticomunista.

Es posible que ello se deba a ese rasgo de su personalidad descrito líneas arriba como judío errante. No sólo vivió permanentemente cambiando de lugar: sus intereses intelectuales también fueron, por decirlo de alguna manera, volátiles. 

En un momento de su vida dejó de lado los temas políticos y sociológicos para incursionar en los terrenos científicos y después se entregó a lo oculto y a la parapsicología. 

Llegó al extremo de mandar instalar en su casa de Londres una compleja báscula electrónica y ofreció recompensas en efectivo a quien pudiese demostrar capacidad de levitación medida por el instrumento. Para ser justos, Koestler no exigía nada extraordinario, sino tan sólo, digamos, una elevación de medio metro… o la perdida de unos gramos de peso, debidamente registrada en la báscula. De cientos de concurrentes, Arthur pudo consignar solo un “caso exitoso”.

Esta y otras excentricidades minaron su prestigio, le dieron fama de charlatán y opacaron su obra anterior. Esto no le resta a Koestler un ápice de consistencia como uno de los más importantes pensadores de su tiempo. 

Tanto así que incluso sus investigaciones sobre lo material y no material hoy no parecen tan descabelladas, en un mundo en donde es ya moneda corriente el análisis serio de la relación entre la biología y la ética y cuando hay una corriente de hombres de ciencia entregados seriamente al estudio de la astrología.

17 de julio de 2022

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Un amigo del Mahatma

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Gandhi y Fisher

 

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

Hace dos semanas se cumplieron 53 años de la muerte de Louis Fischer, el periodista que dio a la profesión uno de sus momentos esplendentes el siglo pasado. 

Quienes son aficionados al cine, sin duda, identificarán el nombre con la extraordinaria película de Richard Attenborough, Gandhi (1982), basada en el libro homónimo de este hijo de un vendedor de pescado y fruta nacido el 29 de febrero del bisiesto 1896 en Filadelfia, Estados Unidos.

En un tiempo de gigantes del periodismo y la literatura, Fischer fue una cumbre. Al igual que Jack Reed, Arthur Koestler y George Orwell -por mencionar a sólo tres- fue arrastrado por la ola de entusiasmo que la revolución soviética levantó en el mundo. 

Y como otros de sus contemporáneos un día abrió los ojos al terror estalinista y puso distancia con el paraíso de los trabajadores.

Su desencanto se vertió en uno de los capítulos de El Dios que fracasó, en donde André Gide, Ignazio Silone, Stephen Spender, Richard Wright y Arthur Koestler, también plasmaron sus reflexiones sobre el eclipse del sueño socialista.

El abrir el corazón y la mente a la realidad del horror pergeñado por el padrecito Stalin debió ser para Fischer algo profundamente doloroso. Había viajado a Ucrania en octubre y noviembre de 1932, como corresponsal de The Nation, y aunque fue alarmado por lo que vio, escribió: […] “Creo que no hay hambre en ningún lugar de Ucrania, por ahora. Después de todo sólo acaba de recogerse la cosecha, aunque fue una mala cosecha.”

Por si es de tu interés: Invasión de Rusia a Ucrania desencadenará la peor hambruna mundial de la historia, advierte ONU – Los Ángeles Press (losangelespress.org)

 

Y si bien críticó la política soviética de compras de grano, en febrero de 1933 avaló la política que responsabilizaba de la hambruna a nacionalistas ucranianos, contrarrevolucionarios y “saboteadores”. 

Escribió que “pueblos enteros” habían sido “contaminados” por esos traidores, lo que había forzado la mano de Moscú para deportarlos a campos de explotación forestal y a zonas mineras en áreas lejanas. 

El Kremlin se vio obligado a tomar estas medidas”, escribió Fischer, “aunque los soviéticos estaban aprendiendo a gobernar sabiamente”.

Fischer estaba dando una gira de conferencias por Estados Unidos cuando se publicaron noticias verídicas sobre la hambruna, pero las negó ante sus públicos universitarios y pasó la primavera de 1933 haciendo campaña por el reconocimiento diplomático yanqui de la Unión Soviética.

El desengaño llegó inevitablemente y Fischer colaboró en El dios que fracasó de 1949. Hasta su muerte, se vio a sí mismo como “un liberal de centro-izquierda, antiimperialista y promotor del cambio social”.

La de Fischer fue una compleja personalidad. Hiperactivo, con aspecto de niño malcriado y pasión por el trabajo, fue al mismo tiempo un hombre generoso que regaló los derechos cinematográficos de su obra e intervino a favor de Eisenstein en la disputa con Upton Sinclair sobre el costo de Tormenta sobre México, que el cineasta ruso filmó en 1933.

A lo largo de su vida escribió más de 20 libros y fue un reportero incansable que se involucró activamente en las corrientes que estaban modelando la historia del mundo. Tan sólo sus cartas ocupan 68 archiveros en la Universidad de Princeton, donde impartió cátedra al final de su vida. 

Principalmente en inglés, pero también en alemán, ruso, hebreo y francés, las cartas dan cuenta del abanico de intereses que tuvo y la influencia que ejerció a lo largo de su carrera. 

Josip Tito, Sukarno, Robert Oppenheimer, Eleanor Roosevelt, Robert Kennedy, Jawaharlal Nehru, Gandhi, George Chicherin, Franklin Roosevelt, John F. Kennedy, Dwight D. Eisenhower, Dag Hammarskjöld, Henri Spaak y Anthony Eden, entre muchos otros políticos y estadistas, compartieron con Fischer su visión del mundo a vuelta de correo

Gran parte de su correspondencia se refiere a la India, país que visitó en 1942. De sus encuentros con el padre de la independencia habría de escribir Una semana con Gandhi y La vida de Mahatma Gandhi, el alucinante volumen que en lo particular considero lo mejor que se ha escrito sobre esa gran figura. Es uno de esos libros por cuya autoría yo habría dado el brazo izquierdo. 

En él, Fischer despliega, desde el párrafo inicial y a lo largo de 50 capítulos y más de 500 páginas, el estilo sobrio y directo que logran muy pocos de quienes se dedican a este oficio: 

“A las cuatro y media de la tarde, Abha se presentó con la última comida que habría de tomar: leche de cabra, verduras crudas y cocidas, naranjas y una infusión de jengibre, limón agrio, mantequilla y jugo de áloe. Sentado en el piso de su cuarto en la parte posterior de Birla House en Nueva Delhi, Gandhi comió mientras conversaba con Sardar Vallabhbhai, primer ministro adjunto del nuevo gobierno de la India independiente.”

Al igual que Arthur Koestler, Fischer fue un errante que buscó encontrarse y conciliarse con sus herencia étnica. Después de estudiar pedagogía y dar clases, se enlistó como voluntario en la Legión Judía organizada por el ejército inglés y sirvió en Palestina durante 15 meses, entre 1919 y 1920. 

Más información: Amnistía Internacional pide a UE responsabilizar a Israel por ‘crimen apartheid’ vs población Palestina (losangelespress.org)

Luego vivió en la URSS y sirvió al partido. En 1936 viajó a España como corresponsal de guerra y participó en las Brigadas Internacionales, en donde supongo habrá conocido a Orwell y a Hemingway.

Fischer murió de un infarto en Hackensack, Nueva Jersey, el 16 de enero de 1970. La noticia de su muerte ocupó pequeños espacios en páginas interiores de periódicos gringos.

29 de enero de 2023

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Paloma Saiz, 40 años en la promoción de la cultura en CDMX

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Paloma Saiz promovió actividades culturales en Nezahualcóyotl

 

  • Durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, iniciamos un proyecto llamado “Artes por todas partes”.

  • “Letras en guardia” es un programa de lectura para policías que se implementó con éxito en Netzahualcóyotl

Por Zavianny Torres Baltazar.

Paloma Saiz estudió en la misma universidad y carrera que el afamado escritor Paco Ignacio Taibo II, sin embargo, nunca se conocieron ahí. Quien los presentó fue el escritor y promotor cultural Belarmino Fernández (quien recientemente se nos adelantó. Un abrazo fraternal a donde quiera que esté). A los seis meses de conocerse Paloma y su pareja empezaron a vivir juntos. Desde entonces han pasado 51 años.

La promotora cultural independiente tiene una trayectoria de más de 40 años aportando a nuestra metrópoli programas culturales emblemáticos y reconocidos allende nuestras fronteras. Programas y proyectos enfocados al acceso democrático a las diversas manifestaciones culturales, a la adquisición de libros a bajo costo y sobre todo el fomento a la lectura.

Paloma Saiz también fue parte importante del equipo que organizaba año con años “La semana negra de Gijón”, que llegaba a recibir a más de un millón de visitantes.

En retrospectiva, hace treinta años visité por primera vez su casa -todavía vivían en Benjamín Hill–  el novelista de apellido Mahojo iniciaba su exitosa carrera, por entonces concursaba para el Premio Planeta con su novela “La lejanía del tesoro” ¿Qué ocurría en esos años en el quehacer profesional de Paloma Saiz?

Cuando nos fuimos a vivir juntos militábamos en la izquierda y hacíamos trabajo de asesoría a sindicatos independientes. Vivíamos de trabajitos esporádicos, él de pronto escribía para algún periódico, hacía crónica o cosas así. Yo aplicaba encuestas o cualquier cosa que me llegara y nos diera para sobrevivir.

Para leer más del autor: Ministerio Público de Cuatitlán Izcalli dispensa a automovilista ebrio, responsable de homicidio

Y dedicábamos mucho tiempo a la militancia.

Después nos fuimos a vivir dos años a España porque él quería escribir sobre la revolución de octubre del 34 de Asturias. Ya de regreso a México me puse a trabajar en el programa cultural de las fronteras, haciendo el “Festival de la Raza” y el “Festival del Caribe”. Estuve dos o tres años haciendo cosas ligadas a la cultura. Al mismo tiempo hacía algo de fotografía e ilustración para la SEP.

En el 97, cuando gana Cuauhtémoc Cárdenas, me voy a trabajar a la delegación Cuauhtémoc, primero en la subdelegación Roma-Condesa y después dirigí las casas de la cultura. También por esos años inicié en la secretaría de cultura del gobierno de la CDMX. En donde iniciamos un proyecto llamado “Artes por todas partes”.

El antecedente del proyecto “Para leer de boleto en el metro”, se da cuando tenía a mi cargo la subdirección de literatura de la secretaría de cultura. Fue y es un programa de gran impacto y muy ambicioso. En sus inicios parecía muy arriesgado. Sin embargo, a la fecha ha sido el programa de fomento a la lectura más reconocido. No sólo a nivel nacional.

El programa “Para leer de boleto en el metro” no sólo ha sido reconocido en México, sino en  muchos otros países. En primer lugar, porque fue un proyecto que impactaba a mucha gente, un programa masivo. Basado en la confianza hacia la gente.

Lee también: Nueva agenda de la Embajada de México en Colombia incluirá acuerdos de pacificación con las FARC y comunidades indígenas

Después de un receso, regresé a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, y realizamos un proyecto más amplio de fomento a la lectura, en total nueve con policías, con bomberos, en hospitales, con los jóvenes, para ciegos y débiles visuales, el tianguis del libro y el libro club.

Casi al mismo tiempo, tuvimos la Feria del Libro del Zócalo y el Remate de Libros.

Paco Ignacio y Paloma al frente. Foto: especial

Paco Ignacio y Paloma al frente. Foto: cortesía.

¿Qué experiencia tuvieron con el programa “Letras en Guardia”, llevado a cabo en Nezahualcóyotl?

Ese programa quien lo coordinó fue el escritor Juan Hernández Luna, porque cuando nos lo vinieron a proponer el presidente municipal, yo estaba en la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y no podía hacerlo desde ese espacio. Y fue que le pedimos a Juan que se encargara del programa.

Fue entonces que se diseñó un programa para que todos los policías de Neza se incorporaran. Primero, se hizo una antología que se repartió a todos, y cada quince días o cada semana se reunían para discutir sobre el libro o sobre temas relacionados con la lectura y la literatura. Fue un programa tan reconocido en otros países, porque fue el año en el que se cumplieron 500 años de El Quijote de La Mancha.

Entonces, a un grupo de policías de Neza se les ocurrió una cosa innovadora. Y en una de las reuniones nos dijo: ¿Puedo leerles una cosa? Y lo que hizo fue convertir el primer capítulo del “El Quijote de La Mancha” a lenguaje policial: En un lugar 23 de cuyo 48 no quiero …

Incluso recibió un reconocimiento en España por ese motivo.

La idea de ese programa era quitar la imagen de policía represor, del policía corrupto, del policía gandalla -que se los habían ganado a pulso- y que a través de este programa queríamos darles herramientas culturales. Fue en ese contexto que el jefe de policía de nombre Jorge Amador -mis respetos para esta persona- quien cambió radicalmente el concepto y proceder de los elementos de la Policía de Nezahualcóyotl.

Actualmente Jorge Amador da conferencias y fue gracias a que él se empeñó a que no solamente leyeran, sino les cambió los uniformes, les dio armamento nuevo, hizo cosas innovadoras que provocó grandes cambios. Y por eso funcionó el programa.

Era muy motivante, porque las actividades que llevábamos a cabo a través del programa, llegabas algún auditorio con conferencistas y la mitad del auditorio eran “azules” y la otra mitad de estudiantes de preparatoria. ¿cuándo se ha visto un auditorio con estas características?

En Nezahualcóyotl hemos repetido esta experiencia con Juan Hugo de la Rosa y actualmente con Adolfo Cerqueda. Y sabemos que se lo propondrán a Delfina para que sea una propuesta de campaña para el tema de seguridad y capacitación de las policías municipales y estatales.

***

 

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Ricardo Garibay y su necesaria vigencia, a 100 años de su nacimiento

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Alberto Farfán habla sobre el escritor Ricardo Garibay a casi 100 años de su nacimiento

 

Por Alberto Farfán 

Nacido un 18 de enero, pero de 1923 en Tulancingo, Hidalgo, el excelente escritor Ricardo Garibay nos dejó como legado más de una decena de libros, que abarcan novela, cuento, dramaturgia, guion cinematográfico, reportaje, crónica, memorias y ensayo, entre otros. Todo lo cual bajo una extraordinaria factura tanto en contenido como en estructura.

Resaltemos que Garibay (1923-1999) estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero optó por dedicarse a la literatura. Y por cierto que intentar destacar lo mejor de su obra en todos los géneros en que incursionó no es tarea fácil, por lo que sólo mencionaremos parte de lo realizado en la esfera novelística. Así, tenemos que nos brinda grandes novelas como Beber un cáliz (1965), La casa que arde de noche (1971), Taíb (1989), Triste domingo (1991) y Trío (1993), entre otras más; obteniendo galardones como el Premio Mazatlán en 1992, por la primera aquí enlistada; premio al mejor libro extranjero publicado en Francia en 1975 por la segunda y por Taíb le otorgarían el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada en 1989. Sin dejar de mencionar que fue laureado con el Premio Nacional de Periodismo en 1987.

Para leer más del autor: Claudia Sheinbaum: la explotación laboral de los promotores culturales

Nuestro autor, cabe destacar, también incursionó en otros ámbitos, por ejemplo, en la televisión cultural con programas como Calidoscopio: Temas de Garibay, como jefe de prensa de la Secretaría de Educación Pública, como colaborador de la Revista de la Universidad de México, del semanario Proceso, de los periódicos Novedades y Excélsior, y fue presidente del Colegio de Ciencias y Artes de Hidalgo, en Pachuca. Intelectual y periodista versátil como pocos, Garibay, no obstante, llamó además poderosamente la atención por su fuerte y peculiar personalidad.

Para el escritor Adolfo Castañón, por ejemplo, «Ricardo Garibay aparece como un artesano riguroso de la palabra eclipsado por la fuerza de una personalidad malhumorada, a veces estrepitosa, orgullosa hasta el enfado. Algo en él recuerda a Ernest Hemingway: el culto del hombre rudo, la devoción machista, aparejada a un deportivo virtuosismo del cuento real” (El País Semanal Blogs 27/01/14). Se habla de que era altivo, arrebatado, tosco, gran bebedor y demás, al grado de que le fascinaba no hacer amigos, sino enemigos. Y era directo y visceral en sus aseveraciones.

En virtud de lo cual resultará interesante retomar algunas de sus observaciones y aforismos más célebres. Y más ahora que vivimos bajo la era de la estupidez, de la corrección política, de la ideología de género, etc. En el terreno literario dijo sobre la británica Agatha Christie “¿Qué me importa a mí quién mató al idiota de la primera página? La novela policiaca es la forma literaria de la estupidez”. Y acerca del mexicano autor de Pedro Páramo, Juan Rulfo, vaca sagrada de infinidad de intelectuales y académicos con los que quien esto escribe no concuerda, Garibay arremetió señalando que era un “estreñido y (que por lo tanto) escribió sólo dos libros folclóricos” (MásCultura 09/08/16).

No te pierdas: Martha Robles en un monólogo catártico revelador, la columna de Alberto Farfán

Y abundando sobre la vida, el poder y otros tópicos nos encontraremos con lo siguiente (frasesypensamientos s/f). Escribe sobre la vida en general: “La vida es una porquería, pero tenemos el sentido del misterio para poder vestirla y hacerla soportable. El alcohólico tiene el alcohol para probarla con algo más que la piel de los días”.

Con respecto a la relación del poder y el intelectual, y me atrevo a añadir al periodista, nuestro autor es contundente aseverando: “Frente al Poder, el intelectual tiene un único papel natural: poner en entredicho las acciones del Estado, echar por delante la crítica, hacer ver el error o el desvío antes que los aciertos y aun de propósito pasar por alto los aciertos y alejarse de toda forma de aplauso. Ésta es la crítica dentro de un sistema democrático, y es también la autocrítica, vista la trascendencia que tiene forzosamente el juicio de los ciudadanos que entregan la vida ‘más a saber que a vivir’”. Palabras de gran envergadura, no obstante cierto vínculo que sostuvo con quien fuera presidente de la República en esa época, Luis Echeverría Álvarez, del nefasto Partido Revolucionario Institucional.

Y acaso escrita hoy mismo imaginando el México en que vivimos, su frase más lapidaria y conocida: “Amo a mi patria casi infinitamente, como se podría amar a un hijo imbécil o malvado”. A 100 años de su nacimiento, estimado lector, conmemoremos a Ricardo Garibay leyendo su obra que logrará conmoverlo y hacerlo reflexionar.

 

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