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La Partida de un cronista natural de Culiacán

El cronista Felipe Ayala, en su partida, dejó memorias inolvidables del pueblo convertido en ciudad violenta: Culiacán

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El último adiós a don Felipe. Foto: Miguel Alonso Rivera

El último adiós a don Felipe. Foto: Miguel Alonso Rivera

Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez

(Cuarta Parte)

Nos vimos ocasionalmente durante un año. Siempre lo vi en la hora del desayuno acompañado de la más sabrosa charla con café humeante y aromático que jamás he probado. Generalmente en sábado o domingo. José Felipe Ayala Medina acariciaba el siglo disfrutando las cosas simples y saludaba fuerte con sus manos tibias.

Sentado a la mesa era un hombre genial, mágico, pero humilde. Cuando me hizo cerrar los ojos para imaginar el pasado, me fascinaron sus palabras. Maravillado, amé los detalles de sus historias tan humanas, que contaba con entusiasmo, y la forma como sonreía con la picardía a flor de labios.

Cada vez que narraba una anécdota se emocionaba como si la estuviera volviendo a vivir. En cada frase viajaba al pasado. Su expresión cambiaba si era una injusticia o se desternillaba de risa si era un chiste.

Sin embargo, de las aventuras de su existencia errante, lo que más conmovía su corazón eran las mujeres. Si el tema incluía el ingrediente femenino lo abordaba con vehemencia, sobre todo si se trataba de las nalgadas cariñosas que había repartido entre tantas féminas y que le regocijaba recordar.

 

Por supuesto, los horizontes del mar, la cerveza y los amigos, también fueron parte de la biografía de un bohemio.

En una de las primeras entrevistas que le hice a Don Felipe, cuando se percató de la presencia del fotógrafo Moisés Juárez Iribe, dijo:

– Espera, no me tomes la foto todavía. Deja que me traigan mi cachucha del Partido Sinaloense.

Solamente después de que la traía puesta, el legendario padre del Gerente del PAS, se dejó fotografiar.

Felipe tenía un especial cariño a Héctor Melesio Cuén Ojeda y su Señora esposa Angélica Díaz de Cuén. En la entrada de su casa están algunas fotos de Don Felipe con el presidente fundador del PAS y la Secretaria de Activismo Social, al lado de su Credencial de Afiliado al Partido Sinaloense.

 

Una despedida emotiva. Foto: Miguel Alonso Rivera

Una despedida emotiva. Foto: Miguel Alonso Rivera

José Felipe Ayala Medina, el cronista natural

(14 de febrero de 1924 – 15 de octubre de 2014)

Felipe era un caudal de historia viva que se debió plasmar en una película. José Luis sabía que se acercaba el final y hacía planes para honrar a su padre. Para amarlo todavía más. Lamentablemente ese proyecto ya no se pudo realizar.

Cuando su hijo José Luis me dijo esa noche: -Miguel, acaba de fallecer mi padre.

Después del impacto, y el escalofrío de saber que un amigo se ha ido, solamente atiné a decirle: -Lo siento mucho.

Don Felipe falleció a los 90 años de edad a las cero horas. El tic tac del reloj enmudeció y se detuvo en homenaje a un hombre inmortal.

Sabía todo de Sinaloa, no sólo tenía un admirable conocimiento del pasado, sino pleno sentido del presente. Era lúcido, inteligente, cálido y amable. Hasta el último día de su vida fue un interlocutor informado de los sucesos de Sinaloa y del mundo, e hizo comentarios de ese acontecer.

Incluso pudo despedirse antes de partir.

-Sóbame la panza, dijo Don Felipe con el deseo de sentir el calor de la mano de su hijo que le daba paz. El analgésico natural que lo alejaba de cualquier contrariedad.

José Luis no podía dormir. Fueron horas silenciosas y quietas, de escuchar hasta el rumor del viento. Fue cuando se dio cuenta que su padre estaba muriendo. Que ya se había despedido antes de dormir para no volver a despertar.

Felipe con sabiduría le dio aviso a su hijo, le dijo claramente que la carga ya estaba ladeada y el camino empinado cuesta arriba. Por eso José Luis no luchó más contra el insomnio esa noche. Al ver dormido a su padre sencillamente le deseó buen viaje. Le agradeció la vida y abrazó a un hombre que se fue sin dejar cuentas pendientes.

“Mi Viejo murió a las cero horas”, me dijo.

Su sueño se volvió eterno y su rostro lucía complacido, sereno, aliviado. Quizás porque ya veía otra vez. Probablemente la primera imagen fue la de su amada esposa Esther Díaz Sandoval. Luego volvió a ver a sus padres la revolucionaria Petra Camacho Gaxiola y el aguerrido Teodoro Ayala Camargo “Teodorón”, a su mamá, la amorosa y excelente cocinera, Concepción Ibarra Castro “Conchita”.

Sus crónicas se quedan con la comunidad. Foto: Miguel Alonso Rivera

Sus crónicas se quedan con la comunidad. Foto: Miguel Alonso Rivera

Murió como un gran hombre, íntegro y consciente. Sin deterioro alguno, con su pensamiento claro y sin miedo a la muerte con la que había convivido de cerca toda su vida. Su honestidad fue el mejor legado que heredó a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, a la semilla que dejó plantada, y a un incalculable número de amigas y amigos que lo extrañarán hasta cumplir con la cita obligada para todas y para todos.

Felipe, el hombre lleno de luz, de las coronas de flores, no se ha ido, sigue como la historia viva de la tierra que lo vio nacer, porque aquí está la simiente de su esencia, de su espíritu. El cuerpo físico se va, pero nos acompaña su alma por toda la eternidad, nos deja sus recuerdos y su peregrinar inolvidable en las calles antiguas de Culiacán, incluso nos deja su buen humor.

-No conozco a nadie, solamente vengo a despedirme de este admirable hombre, sin duda, un cronista natural, me confesó el maestro en ciencias Gilberto Javier López Alanís, director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

Tras unas horas de conversación, se puso de pie y acercándose al féretro abierto, lo tocó mientras observaba el rostro sereno y dormido de Don Felipe.  Así lo observamos en un breve espacio y nos transmitió su paz.

En su ataúd seguirá dormido, con una expresión que revela sus sueños felices en un viaje sereno y placentero. Después de ser velado en la funeraria Moreh, su cuerpo fue llevado a su hogar, a la casa de las coronas de flores en la Calle Constitución, y luego de su cita con Dios en la Capilla del Carmen, partió al lugar donde ahora reposan sus restos. Con la partida de Don Felipe no se ha cerrado una parte de nuestra historia. Se ha quedado para siempre.

 

El Culiacán de mis recuerdos

“A mí me gusta comer, no chingaderas”, comentó un día con una tortilla en la mano, una taza de café soluble, un plato de frijoles, machaca y asadera, y una salsa molcajeteada. “¡Cómo extraño el café de jarro de olla, el café de calcetín, ese café colado y preparado tan sabroso!”

“Siempre hemos comido lo mismo pero ahora hemos descubierto platillos de otros países como el sushi, a mí no me gustan esas cosas”.

De la comida “de antes” recordó en la sobremesa los blanquillos, guisados, frijolitos y el irremplazable refresco; machaca, chorizo y chilorio de puerco, calabaza con queso, cazuela, cocido, caldillo, chile verde con queso, chilaquiles, pedazos de pan tostado en caldo de frijol que nadie preparaba como su mamá Conchita, sopa de pasta

El cronista Felipe Ayala con el periodista Miguel Alonso Rivera. Foto: cortesía

El cronista Felipe Ayala con el periodista Miguel Alonso Rivera. Foto: cortesía

, tamales de tlacoyo con panocha, champurrado de olla, capirotada y agua de pinole, las tortillas a mano, las enchiladas del suelo.

De los dulces,  los ponteduros, el muégano, pirulines, melcochas, gaznates, pipitorias, suspiros, turrón de cacahuate, y un montón de menjurjes más que eran golosinas que se vendían en las escuelas. “Yo ya no veo que vendan jericaya ni natillas”, dijo.

“Mi mamá Concha era una excelente cocinera y le guisaba a los ricos de Culiacán”, recordó. “Los más ricos jamoncillos los hacía la familia Blanco, que vivía enfrente de la Comisión Federal de Electricidad”.

Antes, los comerciantes tenían las tiendas en sus casas y parte de muchas tradiciones se fueron perdiendo cuando llegaron los comercios modernos que prácticamente desaparecieron los abarroteros. “Los Oxxo vinieron a remacharlos”, dijo.

De esos tiempos Don Felipe Ayala hace una amplia descripción de los dueños de los comercios y su ubicación: habla de ese comercio tradicional, del transporte y las comunicaciones de la época, de la apertura de Farji en 1945, del nacimiento del Mercado Zaragoza (MZ) y los supermercados Ley. “El Mercado Garmendia sobrevive porque son productos frescos, carne, pescado, blanquillos”, aclaró.

El Mercado Garmendia se construyó en 1917 por el Ingeniero Eliseo Leyzaola, quien también construyó el Estadio de la Universidad Autónoma de Sinaloa donde Don Felipe se enamoró de su esposa.

“La carne la transportaban en carros cerrados, la traían en la tarde, ahí mismo la destazaban y la colgaban. A las cuatro de la mañana el mercado ya se abría y se cerraba entre seis y siete de la tarde. Ya en 1933 y 36 empezaron a poner refrigeración en los puestos. Antes no, pero tampoco se mataba la cantidad de reses que matan hoy.”

“En aquellos años había ya pescaderías, lo que no había era la venta de los pollos bichis. Antes se vendía el pollo vivo, el pollo bichi y muerto fue hasta que entraron los pollos de granja. Los cochis los llevaban vivos también”, recordó antes de tomarse otro sorbo de café, y su suspiro se fue hasta la eternidad.

 

Tercera parte

 

* Periodista miembro de La Crónica de Sinaloa, A.C.

E-mail: correo@miguelalonsorivera.com

Twitter: Miguel_A_Rivera

Fanpage: https://www.facebook.com/licmiguelalonsoriverabojorquez

Miguel Alonso Rivera Bojorquez

Facebook: miguelalonsorb

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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Stephen King y el escapismo literario

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

Kau Sirenio

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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