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Europa

La Nuit debout se enfrenta a la ‘terapia del shock’

El movimiento de contestación a la reforma laboral francesa, aprobada en estado de excepción tras los atentados, cumple dos meses en las plazas

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Concentración en la Plaza de la República, en París, epicentro de 'Nuit Debout' / FOTO: Olivier Ortelpa

Concentración en la Plaza de la República, en París, epicentro de ‘Nuit Debout’ / FOTO: Olivier Ortelpa

Tomás Muñoz

PARÍS, Francia.-  Francia está viviendo una ola de protestas contra la nueva legislación laboral que pretende imponer el Go­bierno de Hollande. La movilización popular contra la llamada Ley El Khomri se está produciendo con el trasfondo del estado de excepción tras los graves atentados de noviembre.

París tiene en su zona céntrica un urbanismo muy orientado al consumo, con bulevares llenos de tiendas y espacios destinados al turismo. Pasear estos días una tarde por la irreductible e intermitente aldea gala de Place de la Republique supone descubrir una anomalía. El movimiento Nuit debout lleva más de un mes regresando cada tarde y desmontando a las 12 de la noche, resignificando este espacio público con un sentido político.

Esta presencia de gente organizándose, protestando, conociéndose y cooperando entre sí con alegría contrarresta una importante carga de luto que impregna la plaza. A los pies de la imponente figura de Marianne, alegoría de la República, conviven con las proclamas del movimiento cientos de flores, velas y carteles que homenajean a los muertos en los atentados de Charlie Hebdo y los de la sala Bataclán.

La ciudad y sus habitantes sufrieron un shock con aquellas matanzas y ése fue el epicentro de la muestra colectiva de dolor. “Desde los atentados estábamos todos como con una oscuridad interior. Se te contagia el miedo, la sensación de que todo está mal”, dice Ioana, participante en Nuit debout. “Para curar esa tristeza colectiva sólo había una medicina posible y era esto”, sentencia.

*Video: Represión policial el pasado 26 de mayo

Doctrina del shock

En su ensayo La doctrina del shock, la canadiense Naomi Klein sostiene la hipótesis de que el neoliberalismo aprovecha las crisis para generar cambios sociales. Tal vez sea mera coincidencia temporal, pero el Gobierno de Hollande, que acaba de prorrogar el estado de excepción hasta julio, no ha dudado en sacar adelante la reforma más dura para los trabajadores justamente en este periodo.

Probablemente Hollande daba por descontada la oposición de los sindicatos. Alguna huelga, protestas callejeras, interrupciones de tráfico. Pero no podía prever el desborde ciudadano. Para el activista de Attac Frédéric Lemaire, el germen del movimiento fue laapropiación por parte de la gente de las campañas llamando a la movilización planteadas por los sindicatos. “Más de un millón de personas firmaron en pocos días en internet contra esta ley y muchísima gente empezó a elaborar sus propios memes y vídeos llamando a la protesta”.

Un grupo reducido de activistas, la mayor parte agrupados en torno a Convergence des Luttes (convergencia de luchas), planificó quedarse a pasar la noche del 31 de marzo, día de la gran movilización sindical. “Necesitábamos comunicar que no íbamos a volver a casa, que íbamos a seguir en pie, sin detener la protesta”, relata Marion, que participa en la comisión de Internacional. El llamamiento funcionó, y en los primeros días la asistencia creció de forma exponencial. Marzo nunca acabó, y el movimiento se extendió al mes de abril y ahora al de mayo.

“Existía una necesidad de expresarse, de compartir los pensamientos críticos hacia la situación social que estamos viviendo”, explica Marion. Para el observador externo llama la atención el clima festivo que reina en la plaza. Se hacen conciertos, haymúsica, se bebe, se baila. Hay una alegría colectiva que se percibe, la gente sonríe todo el tiempo.
Francia es un país con una fuerte tradición política y organizativa, con una izquierda relativamente numerosa, al menos en cuanto a siglas. Hasta ahora, sin embargo, el descontento social provocado por las políticas gubernamentales había
sido capitalizado en mayor medida por el Front National de Marine Le Pen.

El activista Frédéric Lemaire apunta como posible explicación al lenguaje. Cuenta el ejemplo de un cuadro del Partido Comunista Francés (PCF) que visitó una fábrica de Rennes y le preguntó a un muchacho por su voto. El joven le dijo que siempre había votado PCF, pero que en las últimas había votado a Le Pen. “¿Por qué?”, le preguntó el político. “Marine Le Pen habla como no­sotros”. “Los cuadros de la izquierda dicen a la gente que harán cosas por ellos, Le Pen dice: la gente somos nosotros”, aclara Lemaire.

Manifestantes en la Plaza de la República de París, en uno de los primeros días de Nuit Debout / FOTO: Maya Anaïs Yataghène

Manifestantes en la Plaza de la República de París, en uno de los primeros días de Nuit Debout / FOTO: Maya Anaïs Yataghène

Numerosos retos

El movimiento se enfrenta a numerosos retos internos y externos. En su interior conviven diferentes estrategias, tácticas y concepciones muy diversas de la hoja de ruta a seguir. Precisamente el encuentro y la confrontación de estas diferentes visiones suponen para la activista Marion “el ingrediente principal del movimiento que viene”. Porque está en permanente construcción. La Euro­co­pa de fútbol empieza en junio, y la plaza de la República es un espacio que las autoridades necesitarán usar para sus ceremonias. “Da igual si no vamos a estar en la plaza en un mes, las comisiones que existen ahora van a seguir el trabajo”, dice Marion.

También es bastante evidente que la composición étnica no refleja la misma proporción que componen “los de abajo” en la sociedad francesa. Que todavía está por ver si conseguirán llevar la movilización a las periferias. El movimiento tampoco es tan masivo como lo han sido otras tomas públicas de las plazas. Los tiempos de la movilización, además, parecen marcarlos más los actores previamente existentes, como sindicatos y colectivos de izquierda.

A nivel externo, parece francamente imposible que la gobernanza neoliberal cambie su estrategia de disciplinamiento laboral en un país que ya ha puesto la velocidad de crucero hacia su nuevo paradigma social. Sin embargo, es inevitable recordar la reflexión que hacía Gramsci sobre la Revolución Fran­cesa. El sardo explicaba que no se ganó con el asalto a la Bastilla, sino que se había empezado a ganar 30 años antes, con la Ilustración y la Enciclopedia.

Las personas que participan en el movimiento han convertido la plaza de la República en un ágora polivalente donde se pueden encontrar proyecciones, arte en muy variadas formas, bibliotecas, comedores gratis y muchos stands en apoyo a diferentes causas. A su alrededor es fácil ver reunida a alguna de las 80 comisiones y grupos de trabajo que se han creado, así como la cita diaria con la asamblea general.

El 76 de marzo, 15 de mayo en el resto del mundo, la plaza registra una asistencia espectacular. Desde la megafonía de la asamblea general se pide que todo el mundo se siente. Como si fuera la ola en un estadio de fútbol, a una señal, la gente empieza a levantarse y estalla en gritos de alegría y aplausos. En los ojos de los participantes se nota la ilusión de estar haciendo algo grande y se puede leer aquel microrrelato de Jean Cocteau: “Lo consiguieron porque no sabían que era imposible”.

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Europa

Inteligencia de Ucrania asegura que Putin sufrió un intento de atentado

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Kiev, 24 may (EFE).- El presidente ruso, Vladimir Putin, sufrió un intento de atentado poco después de ordenar la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero, aseguró Kyrylo Budanov, jefe de la dirección general de Inteligencia del Ministerio ucraniano de Defensa.

«Hubo un intento de asesinar a Putin… Incluso se dice que fue atacado, no hace mucho tiempo, por representantes del Cáucaso», precisó Budanov en una entrevista que publica este martes el medio ucraniano Ukrainska Pravda.

El jefe del inteligencia ucraniana indicó que se trata de «una información no pública. (Fue un) intento absolutamente fallido, pero realmente pasó… Fue hace como dos meses», pero no concreta quien podría estar detrás de la autoría de ese supuesto ataque.

«Repito, este intento no tuvo éxito. No hubo publicidad sobre este evento, pero se llevó a cabo», reiteró Budanov.

La información ofrecida por los servicios de inteligencia ucranianos, que también han señalado estos días que se estaba preparando un golpe de estado en Rusia contra Putin, no han podido ser contrastadas con una fuente independiente.

(c) Agencia EFE

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Europa

Tras 90 días de la invasión de Rusia, Járkov, la segunda mayor ciudad de Ucrania, intenta recuperarse

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Por Luis Ángel Reglero, enviado especial

Járkov (Ucrania), 24 may (EFE).- La ciudad de Járkov, la segunda mayor de Ucrania, intenta recuperarse tras noventa días de guerra, durante los que ha sido una de las más castigadas, situada cerca de la frontera con Rusia.

Este martes reabrió el Metro, por primera vez desde que comenzó la invasión rusa el pasado 24 de febrero, en una ciudad en la que reina el silencio, con poca gente por la calle, muchos negocios cerrados y donde a veces se escuchan a lo lejos explosiones procedentes del frente de guerra.

Las estaciones de metro fueron el refugio de muchos habitantes de Járkov, en cuyo área metropolitana viven unos dos millones de personas.

Ludmyla Prokopenko estuvo aquí con sus hijos y su madre, hasta que pudo regresar a su casa.

Para esta mujer de 37 años, ver el metro funcionar de nuevo es una bendición, aseguró. Cuando era posible salir, iba a su trabajo en autobús, pero los pocos que circulaban iban llenos y tardaban en llegar.

La reapertura del Metro es un signo de que poco a poco la ciudad intenta recuperar cierta normalidad, comenta.

Aunque por ahora la frecuencia será cada media hora, en vez de los dos minutos con que pasaba cada tren antes de la guerra, al menos durante dos semanas será gratis.

Luvob, una empleada del Metro, se lo comenta a cada pasajero que llega, para que no compre el billete ni use su tarjeta de varios viajes, en la estación junto al estadio del club de fútbol Metalist.

El servicio comenzó a las siete de la mañana hora local, con poca gente para lo que era habitual antes de la guerra, señala a Efe.

Pero al menos vuelve a funcionar y le hizo feliz solo el ver los días previos los trenes vacíos en viajes de prueba.

Una señal de vuelta a la normalidad

Algunas estaciones seguirán un tiempo cerradas por seguridad, en zonas de la ciudad más castigadas durante los combates y por el impacto de proyectiles rusos.

Muchos de quienes se refugiaron en el metro no pueden volver a sus viviendas destrozadas, pero fueron acogidos en hostales y otros alojamientos.

Esta trabajadora de 62 años asegura que hasta hace una semana las autoridades aún estaban buscando alojamiento para gente que seguía refugiada en el subterráneo.

Confiada en que en los próximas días vaya viniendo más gente, afirma que muchos conocidos la llaman para saber si la ciudad está tranquila y si el metro está funcionando de nuevo, porque es una buena señal de que Járkov es segura para volver.

Vira Ivanivna, una pasajera de 61 años, declara en una estación cercana, la de Metrobudvykiv, que es bueno recuperar servicios como éste, pues ayudará a que la gente regrese.

Ella tiene que ir a una oficina postal a por unos documentos y para llegar a la estación del subterráneo tuvo que tomar un taxi porque los autobuses aún no han recuperado las frecuencias habituales de antes de la guerra.

En una zona residencial a las afueras de la ciudad, donde la mayoría de los edificios tienen serios daños tras los combates, este pasado lunes aún se escuchaban explosiones a lo lejos, donde las fuerzas ucranianas intentan que los militares rusos no vuelvan a avanzar hacía Járkov.

Según el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Ucrania, los rusos intentan afianzar posiciones en zonas rurales cerca de la ciudad después de que las tropas ucranianas lograran expulsarlos de Járkov.

La segunda mayor ciudad de Ucrania intenta recuperarse tras 90 días de guerra

© Proporcionado por Agencia EFE. La segunda mayor ciudad de Ucrania intenta recuperarse tras 90 días de guerra

(c) Agencia EFE

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Europa

Del sótano a Suiza: el último niño de Járkov en ruinas sale de su refugio después de 87 días

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The Guardian en español

Por Daniel Boffey y Kostyantyn Andriyuk

El último niño de un pueblo en ruinas del noreste de Ucrania ha sido evacuado junto a su familia del sótano en el que han vivido durante los últimos tres meses gracias a la acción de un lector de The Guardian que conoció su historia por el artículo publicado en este medio.

Tymofiy Seidov, de ocho años, no quería salir de su casa subterránea en Kutuzivka, al este de Járkov, debido a los ataques rusos, pero su madre, Rita Sotnikova, y una segunda mujer que vivía en el sótano, Alla Lisnenko, de 59 años, le convencieron amablemente para que saliera.

“Cuando sacamos a Tymofiy del refugio antibombas, no dejaba de cogerme de la mano”, dice Rita. “No paraba de decirme: ‘Mamá, volvamos dentro; mamá, escondámonos; mamá, no estemos a la intemperie’”.

Kutuzivka, a 19 kilómetros al este de Járkov, la segunda ciudad de Ucrania, ha estado en la línea del frente de la guerra desde el 24 de febrero y fue recuperada por las fuerzas ucranianas hace tres semanas, con un alto precio para los que viven entre sus ruinas.

El pueblo fue bombardeado en su totalidad y de las 1.500 personas que vivían allí, sólo quedan unas 50, la mayoría de las cuales vivían junto a Tymofiy en el oscuro y polvoriento sótano donde el joven pasaba gran parte de su tiempo dibujando monstruos, tanques y recordando playas y días más felices bajo el sol.

Junto con Rita, su tía Yana, de 33 años, su abuela Lyudmyla, de 57 años, y su abuelo Mykola, de 62 años, Tymofiy se dirige ahora a la relativa seguridad del oeste de Ucrania, pero el destino final de la familia es Zúrich, en Suiza, donde más de 40.000 refugiados ucranianos han establecido su hogar desde el comienzo de la guerra.

Su futuro sigue estando lleno de incertidumbre mientras buscan reasentarse en un país extraño, sin dinero ni capacidad para hablar las lenguas locales, pero Rita dice que la familia no tuvo otra opción que huir de los combates.

“Al principio, Tymofiy no quería dejar Kutuzivka”, cuenta. “Se enfadó mucho cuando le dijimos que nos íbamos. Creo que ahora tiene miedo de viajar. Lloraba. Tenía miedo de los bombardeos cuando nos llevaron de Kutuzivka a Járkov.

“Tiene miedo de los bombardeos en toda Ucrania. Alla, como madre, y todos nosotros hablamos con él y le convencimos de que íbamos a un lugar donde no dispararían y donde todo estaría tranquilo”.

Rita dice que la salud de su hijo había empezado a decaer después de vivir durante 87 días con otras 23 personas en el sótano de 40 por cinco metros, casi en la oscuridad absoluta, bajo las ruinas de la guardería y el centro médico de dos plantas.

“Un médico examinó a Tymofiy y le diagnosticó una alergia al polvo del sótano”, señala Rita. “Este polvo de las paredes del sótano, que Tymofiy respiraba todo el tiempo, había empezado a provocar una reacción alérgica”.

La evacuación de la familia fue posible después de que un lector de The Guardian con conexiones con Ukraine Now, una organización sin ánimo de lucro, se pusiera en contacto para ofrecer ayuda logística, mientras que el ejército ucraniano aceptó proporcionar un pasaje seguro. El lector no ha querido ser identificado, pero ha dicho que espera que otros donen fondos para ayudar a Tymofiy y su familia y ha pedido un mayor esfuerzo político en Occidente para “evitar el sufrimiento de millones de personas causado por la locura de unos pocos”.

Rita cuenta que tomar la decisión de abandonar Kutuzivka había sido difícil, aunque se confirmó como la decisión correcta cuando salieron del sótano para ver la magnitud de los daños causados en su pueblo.

“Mi madre lloró todo el tiempo, todos estos días cuando estábamos haciendo las maletas lloraba. Lloró todo el camino desde Kutuzivka hasta la estación de tren de Járkov. Cuando empezamos a salir de Kutuzivka vimos cómo nuestro pueblo estaba destruido. Vimos que Kutuzivka estaba en ruinas”, dice Rita.

“Era la primera vez que veíamos nuestro pueblo porque todos estos días hemos estado constantemente en el sótano. Y cuando salimos y vimos la magnitud de la destrucción, se me hizo un nudo en la garganta de dolor y tristeza. Habíamos vivido en nuestro pacífico pueblo durante mucho tiempo y en un momento ha sido destruido. Ha sido muy doloroso para nosotros verlo”, cuenta.

“Mis padres no querían irse. No querían dejar su hogar. Pero les convencí porque no sabemos qué pasará mañana. Tenemos miedo de que mañana la guerra vuelva a nuestro pueblo. Les dije a mis padres que era seguro. No vamos a estar constantemente bajo el fuego y teníamos que irnos”, añade.

Rita dice que espera en el futuro ayudar a otros a escapar, y que nunca olvidará la ayuda que le prestaron los lectores de The Guardian. “Si pudiera, también ayudaría a la gente: los llevaría a lugares seguros, les ayudaría a establecerse”, asegura. “Después de vivir todo este horror en Kutuzivka, me di cuenta de lo importante que es la evacuación de la gente de lugares peligrosos”.

***

Traducido por Javier Biosca

Fuente: eldiario.es

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