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Al filo de la navaja

La épica batalla en Mexicali por el derecho al agua

Activistas por el derecho al agua del colectivo Mexicali Resiste al intentar evitar la entrada de maquinaria para la construcción de Constellation Brands fueron reprimidos por la Policía estatal enviada por el gobernador panista Kiko Vega

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A un año de la más importante movilización popular observada en el norte del país en enero de 2017, desarrollada en Mexicali tras el gasolinazo y la aprobación de la Ley Estatal de Agua de Baja California, el martes 16 de enero de 2018 se llevó a cabo una histórica batalla en el Ejido El Choropo del Valle de Mexicali, entre el movimiento de resistencia popular y las policías estatal, ministerial y municipal.

Fue una lucha que duró horas (tomándose ambos bandos una tregua para comer). En un principio, los policías municipales y estatales soportaron estoicamente el baño de tierra que a cubetazos les lanzaban los manifestantes, así como el baño de agua, los palos a los escudos de los agentes y los vanos discursos y reclamos a los agentes. Llegado el momento, los policías irrumpieron en el Rancho Mena del ejido El Choropo para que la maquinaria pesada colocara el tubo de agua de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Mexicali (CESPM), que conectará a la tubería de la trasnacional Constellation Brand para surtir los millones de litros de agua que alimentarán a sus gigantescos contenedores. Y ahí se agudizaron las hostilidades.

Los propietarios del Rancho aseguraban haber sido engañados por las autoridades y, con el apoyo las y los activistas, intentaban impedir el ingreso de la maquinaria y de los agentes policíacos que, sin orden judicial, allanaron la propiedad para proteger la inversión de la trasnacional cervecera y para detener a personas.

Los agentes estatales y municipales llegaron temprano al lugar de los hechos, con equipo antimotines, lo que demuestra que iban preparados para enfrentar y reprimir a los integrantes del plantón permanente apostado desde hace varios días en las inmediaciones de la planta cervecera, para impedir la construcción de las instalaciones, ejerciendo su legítimo derecho a la protesta social pacífica.

El uso excesivo de la fuerza policial

Llegado el momento del forcejeo en el que el movimiento de resistencia intentaba impedir el ingreso de la maquinaria pesada al Rancho Mena, la policía, que mostraba una falta de capacitación y de pericia en el control de conflictos y de multitudes, arremetió de manera desorganizada y violenta contra quienes se oponían a la acción. Las piedras comenzaron a cruzar de un lado a otro. En este punto, el caos total, la polvareda, donde los agentes del orden, en lugar de ser la solución eran ya parte del conflicto.

La transmisión por Facebook de varios manifestantes, con celular en mano, evidenció que los policías arremetieron contra quien fuera; se contaban grupos de 5 o 6 policías para asegurar a un activista, con lujo de violencia, sometiéndolos en el piso con las rodillas aplastándoles la cabeza, el cuello y la espalda, el brazo como candado alrededor del cuello o jalándolos de las extremidades, con peligro de provocar una lesión grave o asfixia a los activistas sometidos. La policía, descontrolada y sin orden ni táctica, devolviendo piedras en lo que era ya una batalla campal. En este punto se dejó de lado toda la capacitación y la formación policial sobre los principios básicos y código de conducta en el uso de la fuerza.

Las policías, al intervenir y asegurar a las personas bajo su resguardo, tienen una grave responsabilidad en su integridad física, su vida, su patrimonio, sus libertades y su seguridad jurídica, y lo que les llegue a suceder corre a su cargo como servidores públicos que son.

La icónica foto de Tania Gallaga, tomada por un fotógrafo del periódico La Crónica, en la que se retrata su rostro ensangrentado tras recibir una pedrada proveniente del frente policial, es la viva muestra de las armas con las que contaban la valiente activista mexicalense y sus compañeras y compañeros para enfrentar la ofensiva oficial: la indignación, el coraje, una piedra en una mano y un celular en la otra, para defender el derecho al agua contra los intereses de la empresa cervecera, apoyados por los gobiernos federal, estatal y municipal y las cúpulas empresariales.

El agua como moneda de cambio, no como derecho fundamental

En una jugada de tres bandas, el gobierno estatal de Baja California, con el aval de la legislatura local y del gobierno de Peña Nieto, ha promovido cuantiosas inversiones privadas en la zona costa del estado a pagar con recursos públicos, para instalar dos plantas desalinizadoras al amparo de la Ley Estatal de Asociaciones Público Privadas, provocando un endeudamiento estatal de 82 mil millones de pesos a pagar en 37 años. Dichas plantas servirán, según la versión oficial, para surtir de agua potable al municipio de Ensenada, que enfrenta una grave escasez del vital líquido, existiendo evidencias de planes para enviar agua al Condado de San Diego, CA.

Esta inversión multimillonaria justifica la entrega de agua a la Constellation Brand en Mexicali proveniente de las cuotas del Río Colorado y de pozos, en lugar de cuidar y racionalizar las fuentes de aprovisionamiento bajo el principio de sustentabilidad y de construir un acueducto de Mexicali a Ensenada, o represas, inversiones mucho más baratas, para evitar el endeudamiento, la sobreexplotación y el agotamiento del líquido, además de colocar en riesgo el abasto a la producción agricultura del Valle de Mexicali.

Esto y más es lo que justamente reclama el movimiento de resistencia de Baja California.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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  1. Pingback: Juez ordena la liberación de León Fierro, activista de Mexicali Resiste | Los Ángeles Press

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Al filo de la navaja

Erráticas políticas migratorias de México y Estados Unidos

México y Estados Unidos no han comprendido el origen de la migración centroamericana y de otros países, pese a que ambos se han beneficiado de ésta

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Raúl Ramírez Baena

Además del rechazo de algunos sectores de la sociedad –sobre todo tijuanense- a los refugiados centroamericanos, que en caravanas llegan a la frontera norte del país en busca de asilo en los Estados Unidos, tal parece que las autoridades de este país y de México no han terminado de entender la historia, origen, dinámica y perfil de la migración hacia el país del norte, a partir del Programa Bracero, hasta la fecha.  

La política migratoria de Donald Trump utiliza el tema antiinmigrante como bandera de su campaña presidencial (ahora, en búsqueda de su reelección), que muchos votos le arrojaron en 2016 al criminalizar a los inmigrantes indocumentados, mexicanos incluidos.

Esta política xenófoba se le ha revertido ahora a Trump, acarreándole serios tropiezos, como la derrota en la Cámara de Representantes para la obtención de recursos para construir su muro en la frontera con México, bajo el argumento de que en esta región los EU viven una “crisis humanitaria y de seguridad”, que pocos creen, incluso, legisladores de su partido.

A consecuencia de su política de “Tolerancia Cero” a la inmigración indocumentada, Trump ha sido evidenciado por la separación de menores de sus padres, lo que –eso si- ha generado una crisis internacional. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha intervenido a petición de las defensorías públicas de México, Colombia, Ecuador, Honduras, El Salvador y Guatemala, dictando medidas cautelares en favor de 572 menores detenidos en jaulas del Servicio de Inmigración y control de Aduanas (ICE), en condiciones inhumanas, afectando su integridad física y psicológica.

Escribe Pablo Jiménez de Sandoval en El País: “Un número aún desconocido de niños fueron separados de sus padres. El Gobierno ha reconocido 2.816. Al menos 471 padres fueron deportados sin sus hijos (…). Nadie registró quién era quién o dónde estaban. Han sido las ONG las que los han ido a buscar, en ocasiones a pueblos perdidos de Centroamérica.

Esta crisis obligó a la administración federal a admitir el ingreso a los EU, en calidad de solicitantes de asilo, a los padres de 29 menores encontrados por las ONG “Al Otro Lado”, de Tijuana, y “Families Belong Together”, de Los Ángeles. Un triunfo.

Por su parte, el Condado de Los Ángeles reta a la administración Trump al declararse oficialmente en febrero “Santuario de Inmigrantes”. El Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) no ejercerá más funciones de control de inmigración, restringiendo su ayuda a las autoridades migratorias federales. Otro triunfo.

El caso México

Ante el arribo masivo de miles de centroamericanos desde el año pasado, a través de las caravanas que ingresan por la frontera sur como solicitantes de asilo a los EU, la administración de López Obrador sorprendió al inicio de su gestión anunciando un giro de 180 grados en la política migratoria: no criminalización y persecución de indocumentados, respeto a sus derechos humanos, emisión de visas humanitarias, reconocimiento del estatus de refugiados,  creación de fuentes de trabajo y negativa a convertir a México en “Tercer País Seguro” (TPS), según deseos del Sr. Trump.

Con el paso de los días las cosas han cambiado, sobre todo en Tijuana y Mexicali, y la realidad es otra:

1.- Como consecuencia de la nueva política social federal y ante la quiebra financiera del Gobierno de Baja California y la posición xenófoba del alcalde de Tijuana, los albergues de apoyo a migrantes ya no reciben recursos públicos, por lo tanto, tienen serias dificultades para ofrecer comida, medicamentos y asistencia a miles de centroamericanos y de otras nacionalidades que llegan todos los días, atraídos por el boom del asilo en los Estados Unidos.

2.- La Comisión de Ayuda a Refugiados (COMAR), de la Segob, dejó de prestar asistencia a las ONG y a los inmigrantes para la tramitación de refugio en México, en tanto se decide su situación migratoria en el país y el asilo en los Estados Unidos.

3.- A partir de enero pasado y a pesar de que siguen ingresando al país, México cerró la expedición de visas humanitarias, complicando la situación legal de los inmigrantes, que están en calidad de indocumentados, acrecentando su vulnerabilidad al quedar expuestos a las autoridades locales.

4.- Ante el arribo diario a Tijuana y Mexicali de ciudadanos centroamericanos y de otras nacionalidades, el gobierno federal y los locales no han dispuesto, como en octubre pasado, de albergues provisionales con servicios humanitarios, sanitarios y legales básicos y suficientes.

5.- México ha declarado que no será “Tercer País Seguro” de los Estados Unidos para alojar a inmigrantes mientras se resuelven sus solicitudes de asilo, pero en los hechos ha abierto sus puertas para ello, favoreciendo los deseos de Trump, violentando así las normas del Derecho Humanitario Internacional.

6.- Haciendo el trabajo sucio a Trump, las autoridades del Instituto Nacional de Migración han impedido el acceso a México a abogados y periodistas estadounidenses en aeropuertos nacionales, que trabajan en colaboración con miembros de la caravana en Tijuana, al estar “fichados” por autoridades de los Estados Unidos.

7.- Como corolario, sin conocimiento y asesoría sobre el origen y la dinámica migratoria, la titular de la Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, culpa a “Pueblo sin Fronteras” de organizar las caravanas.

Así las cosas, sólo esperamos que el proceso electoral de Baja California de este año no se contamine del discurso antiinmigrante de Trump, como recurso para ganar votos. Ya veremos.

Fotografía: Yerson Martínez.

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Al filo de la navaja

Impunidad de la tortura en México: el caso de Baja California

Hay un alto grado de impunidad en el castigo a la tortura en México. En Baja California, esta impunidad está marcada por el nombre de Julián Leyzaola Pérez

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Raúl Ramírez Baena

“Yo sigo insistiendo, lo decimos en este informe de seguimiento,
q
ue la tortura (en México) es generalizada”

Juan E. Méndez, Relator sobre Tortura de la ONU, 2017

Los años 2008 al 2012 fueron la época negra para Baja California, en particular para la ciudad de Tijuana. En estos años, en el marco de la “guerra al narco”, se cometieron a la vista de la ciudadanía múltiples crímenes entre bandas del narco y autoridades, con sus respectivos “daños colaterales” que provocaron miedo y terror entre la población.

Entre los años 2008 al 2010, bajo el mando del Tte. Cor. Julián Leyzaola Pérez, entonces Secretario de Seguridad Pública Municipal, murieron en enfrentamientos más de 50 policías municipales de Tijuana y se documentaron y probaron decenas de quejas y denuncias por tortura, delitos cometidos por el propio Leyzaola, por agentes municipales bajo su mando y por elementos del ejército. Además, se registró el arraigo de decenas de personas en los cuarteles militares de Tijuana, todas, sometidas a actos de tortura.

Tan sólo la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste (CCDH) documentó en esos años 30 casos que arrojaron a más de 100 víctimas directas de tortura, incluyendo a policías municipales de Tijuana, acusados de pertenecer a la delincuencia organizada, en el marco de la fracasada y simulada “depuración policial” ordenada por Felipe Calderón (hoy, todos en libertad y absueltos por la justicia federal), casos presentados en 2014 por la CCDH, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos y la Federación Internacional de Derechos Humanos a la Corte Penal Internacional de La Haya. Aparte, las múltiples quejas por tortura que recibieron la CNDH y la CEDH local, que continúan a la fecha.

Lo más sorprendente es que, con esos antecedentes, en el año 2012, el gobierno federal, el estatal y el municipal, presumieron a Tijuana como “modelo exitoso en seguridad”, basado en un esquema de Mando Único militar.

Los crímenes bajaron de 844 muertes violentas en 2008 a casi la mitad para el año 2012, baja atribuida por los analistas a la detención de Teodoro Simental, “El Teo”, que había declarado la guerra al cártel de los Hnos. Arellano Félix en favor del Cártel de Sinaloa, y a una especie de pax narca acordada para enfriar la plaza en el marco del Plan Mérida, más que a la eficiencia oficial.

Evidentemente, ese modelo de seguridad nunca tuvo entre sus objetivos abatir los altos índices de tortura (método que ocurre desde la detención hasta la puesta a disposición de la justicia, con fines de castigo e “investigación”) y otras violaciones a los derechos humanos cometidos por autoridades civiles y militares, en la modalidad de detenciones arbitrarias, allanamientos y cateos, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales en Tijuana y el resto de los municipios de la entidad, al contrario, la estrategia se basaba en la fabricación de culpables.

Negadas las autoridades, obviamente, a desarrollar la estrategia de seguridad –hasta la fecha-con un enfoque de derechos humanos.

A pesar de que México cuenta con una “Ley General para Prevenir, Investigar y Sancionar la Tortura y otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes”, de que es Estado Parte de la “Convención contra la Tortura y otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes” de la ONU, y de su Protocolo Facultativo, que crea un Mecanismo Nacional para la Prevención de la Tortura bajo la administración de la CNDH, destacamos dos cosas:

1) El alto grado de impunidad en el castigo a la tortura en Baja California y en todo el país. La CCDH conoce sólo dos casos en que los agentes torturadores han sido sometidos a proceso penal (ningún militar), y

2) No hay en el estado de Baja California una política integral para prevenir y sancionar la tortura que contemple la armonización de la legislación local en la materia, la instalación de la Fiscalía Especializada en Investigación del Delito de Tortura y la debida y permanente capacitación para su prevención, dirigida a los agentes estatales y municipales, preventivos e investigadores, de seguridad y de custodia penitenciaria, así como a los integrantes del Poder Judicial local para la debida sanción de este flagelo.

Posdata: El Instituto Estatal Electoral de Baja California (IEEBC) tiene la oportunidad de hacer historia, de abonar a la democracia y asumir el interés general y el bien común por sobre los intereses del capital. ¿Renuncian a ello?

Ilustración: Lorenzo Mattotti/The New Yorker

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Al filo de la navaja

Esa sociedad civil conservadora que refiere AMLO

AMLO califica de “conservadora” a la sociedad civil que advierte de los riesgos de la militarización y de las consecuencias ambientales de megaproyectos depredadores para las comunidades indígenas, la misma sociedad civil que votó por él.

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Raúl Ramírez Baena*

 “Todo lo que tiene que ver con la sociedad civil tiene que ver con el conservadurismo…”

Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México

En el marco del devastador sismo de la Ciudad de México del año 1985, la respuesta de la población ante la emergencia rebasó al gobierno de Miguel de la Madrid, arrojándose a la acción solidaria espontánea, de la que surgieron organizaciones populares y vecinales como la “Unión Popular Nueva Tenochtitlán”, el personaje enmascarado “Superbarrio Gómez”, las brigadas de rescate de estudiantes de la UNAM y la “Coordinadora Unificada de Damnificados” (CUD) formada por cerca de 40 organizaciones que demandaban al gobierno la reconstrucción y dotación de viviendas.

En mayo de 1985 se firma entre las organizaciones de damnificados y el entonces Regente Manuel Camacho Solís, el Convenio de Concertación Democrática para la Reconstrucción, decretándose de facto la pérdida del control corporativo de las organizaciones populares por el PRI en la Ciudad de México.

Este fue el germen del posterior triunfo electoral del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas en 1997 a la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, seguido en el año 2000 de la victoria de Andrés Manuel López Obrador al mismo cargo. Ambos triunfos electorales fueron la base social del PRD, sostenidos por un fortalecido movimiento urbano popular de izquierda surgido de los sismos de 1985.

Más tarde, a principios de los años 90 y ante el gradual abandono del gobierno neoliberal de los derechos sociales, culturales y laborales de la población, se formó una coalición de organismos no gubernamentales en torno a la “Convergencia de Organismos Civiles por la Democracia” (una de cuyas principales dirigentes, Ernestina Godoy, es hoy la Procuradora de Justicia de la CdMx), el “Foro de Apoyo Mutuo”, el “Centro Mexicano para la Filantropía”, la “Fundación Miguel Alemán” y la Universidad Iberoamericana, que aglutinaron un importante movimiento plural de sociedad civil.

Estas organizaciones empujaron en el Congreso la “Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil” y sus correspondientes en las entidades federativas, creadas para regular y financiar las actividades civiles filantrópicas, asistencialistas, de desarrollo social y de protección de los derechos humanos.

El espíritu de estas normas consiste en el fomento y el apoyo financiero a las actividades de la sociedad civil organizada, previo proyecto evaluado mediante estándares previamente establecidos a Convocatoria pública, y la creación de un Consejo Ciudadano de Fomento a nivel nacional y en cada estado, como vigilante de estos procesos de apoyo oficial para el desarrollo de actividades en favor de personas en condición de vulnerabilidad.

Lamentablemente, la ley federal y las estatales, y los Consejos, fueron cooptados por los gobiernos en turno, y su estructura terminó siendo un mecanismo más de control corporativo, por lo que urge reformarlas.

Una de las pioneras del campo de los derechos humanos en México, doña Rosario Ibarra de Piedra, madre del –hasta hoy- desaparecido Jesús Piedra Ibarra, reconocida por la Cámara de Diputados el pasado 12 de febrero con la medalla al mérito cívico “Eduardo Neri, Legisladores de 1913”, fundó en 1977 el “Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México”, más tarde denominado Comité ¡Eureka!

Posteriormente, en 1988, se creó el Centro de Derechos Humanos “Miguel Agustín Pro Juárez”, A.C. y, en 1989, la “Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos”, A.C. y el Centro de Derechos Humanos “Fray Francisco de Vitoria”, A.C.  Tres organizaciones civiles pioneras en la promoción y defensa de los derechos humanos en México.

Hoy, la “Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos Para Todas y Todos” (RED TDT), creada en los años 80, aglutina a más de 80 ONG de todo el país.

Tradicional es la lucha y resistencia de comunidades y pueblos originarios contra gobiernos y empresas trasnacionales que desarrollan macroproyectos, como la Termoeléctrica de Huexca y la planta cervecera Constellation Brands en Mexicali, en defensa de sus derechos culturales, sus territorios, su hábitat, el medio ambiente y el agua.

Tras los efectos de la “Guerra al narco” de Felipe Calderón, al calor de las desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones extrajudiciales, bajo la iniciativa de Javier Sicilia, se formaron de manera espontánea y urgente diversos colectivos de víctimas en busca de la justicia, la verdad y la paz, y para buscar la justa reparación integral del daño sufrido.

Ahora, la acción concertada de ONG, académicos, juristas y especialistas en derechos humanos y seguridad pública, aglutinados en el colectivo #SeguridadSinGuerra, apoyados por el Derecho Internacional de Derechos Humanos, la ONU-DH, los órganos de tratados y mecanismos de derechos humanos de la ONU y las jurisprudencias emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, más una firme posición de los partidos de oposición en el Senado, lograron lo que parecía imposible: revertir el carácter militar de la Guardia Nacional a un mando civil, estableciendo una temporalidad de 5 años para el retiro de los militares. 

Advertir por la sociedad civil sobre los riesgos de elevar a rango constitucional la militarización de la seguridad y la acción de grupos comunitarios y pueblos indígenas contra macroproyectos depredadores, no pueden ser argumentos para calificarlos de “conservadores”, ni para frenar el subsidio oficial a proyectos auténticos de ONG en favor de personas en condición de vulnerabilidad. Además, la mayoría de ellos votó por el actual Mandatario.

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