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Con voz propia

La democracia mexicana, una mera ilusión

Ha quedado al descubierto la ilusión de lo que es difundido como democracia mexicana por el propio gobierno federal y el INE en estas elecciones intermedia

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Voto nulo en Guerrero. Foto: Associated Press

Voto nulo en Guerrero. Foto: Associated Press

El abstencionismo no es el gran mal de la democracia mexicana, pues el número absoluto de votantes no parece afectar las proporciones de sus preferencias según se observa en iteraciones markovianas sobre el voto indeciso. Por otro lado, para poder aspirar a mayor número de alternancias, es imprescindible cambiar la cantidad de competidores por calidad en los mismos, puesto que además, a mayor número de participantes, menores son las probabilidades de vencer las estructuras hegemónicas partidistas regionales. Sobre las candidaturas independientes hay que señalar que parten de la desigualdad, por lo que su real eficacia solamente podrá ser observada en la medida que se reduzcan –o desaparezcan- los partidos políticos: hasta no conseguir esto, lo único que tenemos es una pobre simulación de democracia.

Por Emmanuel Ameth

Bajo el sistema de participación ciudadana actual para la elección de representantes populares, donde no existe diferencia sustancial alguna entre el abanico de opciones que se nos presentan en la boleta electoral y sobre todo, estando a merced de unos pocos que controlan un sistema que corrompe y tergiversa la reglas del juego, no hay utilidad alguna en haber emitido o no un sufragio, visto esto desde distintos escenarios que nos plantean herramientas matemáticas, así como tampoco las llamadas candidaturas independientes son suficientes para poder aspirar a mejorar la democracia mexicana.

Porque los que forman parte del sistema, en su perversión, nos inducen a creer que la democracia es la simple libertad de decidir nuestro voto, sí, pero omitiendo el hecho de que se limita a la baraja de aspirantes que nos es impuesta. Estos grupos de poder que controlan los partidos políticos no sólo restringieron a los ciudadanos el derecho sobre estas que son sus instituciones, sino que acostumbraron a su propia militancia a asentir sin preguntar y a resistir sin protestar.

Las llamadas candidaturas independientes no son suficientes para revitalizar la democracia mexicana, toda vez que parten siempre de una condición natural de desigualdad en contra de quienes son los verdaderos enemigos del país, a saber, los partidos políticos.

La Paradoja del mexicano

Los partidos políticos compiten en condiciones desiguales pues sus recursos dependen de los sufragios inmediatos anteriores, si bien los ‘nuevos’ parten de una asignación mínima que puede o no corresponder con la proporción de simpatizantes que requirieron cubrir para formalizar su registro.

Cada partido observa como componente de sus votos una proporción de ‘voto duro’, es decir, aquel mínimo que le brindan sus estructuras, además de una proporción complementaria que decidió apoyarle en ese momento, independientemente de si lo hizo por convicción, castigo o bien, como estrategia para impedir la victoria de otro partido cuya opción considere excluyente.

La composición del ‘voto duro’ es tan grande que casi siempre garantiza la victoria de un partido hegemónico, pero no lo suficiente como para impedir transiciones. Por ello el PRI ha ganado 13 elecciones presidenciales y perdido 2 bajo esquemas de mayoría simple.

Tomemos por válida la encuesta realizada por Parametría y promediemos la identidad partidista del primer trimestre de 2015 para estimar cuál es el voto duro de cada partido:

El PRI observa un 24%, el PAN 16%, el PRD un 6% y el conjunto de los demás partidos, 9%. Lo anterior destaca que la jornada podría cerrar con resultados globales del 29, 24, 10 de acuerdo con dichas proyecciones. Después de que las mismas tuvieron lugar, se puede notar que la variación fue mínima y que solamente cambió para el PAN con 19 puntos.

Quienes están en contra de la anulación del voto suponen que los votantes que no se acercan a las urnas, en caso de ser convencidos, preferirán impulsar los partidos chicos y/o distribuirán su voto casi uniformemente, lo cual es un error. Ciertamente, por analogía, los partidos chicos saldrían más beneficiados si se distribuye de dicha forma y no de una forma cuasi proporcional, aunue para su mala fortuna, son tan diversas las causas por las que existe el abstencionismo y tan variadas las personas que optan por dicha vía que, incluso si pudieran ser ‘obligados’ a emitir su sufragio, lo más probable es que la distribución de sus preferencias no difiriera de aquella que sí dirigió su voto a una opción de la papeleta.

De hecho, si a partir del gráfico anterior observamos las preferencias de julio de 2012 y las comparamos con las votaciones que se tuvieron al final de la jornada, las probabilidades de que los electores indecisos se fijen en los partidos chicos siguen jugando en contra de estos, ocupando para ello iteraciones markovianas suficientes para apreciar estacionalidad, es decir, que ni siquiera en un teórico largo plazo representarían beneficios.

En la siguiente imagen puede apreciarse una matriz de transición que destaca la composición del voto complementario cuyas preferencias siguen beneficiando al partido hegemónico. Es de destacar que mientras mayor sea el número de partidos, las distancias entre las proporciones de los sufragios obtenidos entre el ganador y el resto de ellos se incrementan.

Así, y por analogía matemática –no intuitiva, como suele hacerse-, aumentar el número de partidos es lo que en realidad beneficia la hegemonía de un solo dominante, afirmación que coincide, incluso, con los procesos democráticos de años y/o décadas anteriores donde una mayor cantidad de participantes nunca resultó en una mejor democracia. Por si fuera poco, tener mayor número de partidos tampoco supone una mayor participación de los ciudadanos en las elecciones y más importante aún, de ninguna forma abre las puertas a la participación de los mismos en las decisiones que estos toman.

Respecto del voto nulo, como bien señaló Roberto Duque Roquero, un aumento de éste da la apariencia de incrementar la ‘fuerza electoral’ de los llamados partidos grandes, perjudicando a los pequeños por añadidura, pero como recién se señaló, también es cierto que ese mismo efecto de buscar la permanencia de los partidos chicos aumenta los márgenes de ventaja entre el ganador y el resto de participantes, desincentivando una verdadera competencia, único instrumento que podría –siendo optimistas- cambiar las estrategias actuales de los partidos políticos. En otras palabras, independientemente del número de votantes en una elección, el factor que posibilita una competencia real o no en una elección es el número de opciones que se tengan: con dos competidores la moneda está en el aire y con tres hay un poco de variabilidad… pero esta desciende a medida que se incrementan los competidores.

Así, asegurar que una baja participación ciudadana lastima particularmente a los partidos chicos es cierto, pero paradójicamente, este mayor número de ‘opciones’ tiende a dificultar las transiciones hacia las alternancias.

Algún asesor de Osorio Chong lo ha comprendido bien y por ello le recomendó impulsar otro partido político, a saber Encuentro Social. Porque no es que ganara una decena de curules en el Congreso sino que en donde se percibían elecciones más apretadas, inclinó la balanza a favor del PRI.

El investigador de la UNAM también dijo que “mientras no cambien las reglas, que no van a cambiar por ahora, votar nulo, no es buena idea”, pero ¿votar por un partido político sí lo es? Cuando se es experto en las reglas del juego, se conoce quien las elabora así como sus últimas consecuencias, parece extraña la invitación a participar en una simulación donde los que ganan, no son los ciudadanos.

A los partidos ni siquiera les conviene competir

Los partidos no suelen tener los estímulos suficientes para modificar sus estrategias dado el juego en el que se ven inmersos, es decir, los equilibrios que se presentan no se harían para buscar un mayor pago, o en este caso la victoria, sino que para la mayoría de estos, su estrategia se centraría no perder su poder político actual como veremos en un planteamiento auxiliándonos ahora en la Teoría de Juegos.

Planteemos un esquema sencillo muy parecido a las tendencias que se presentan en el marco de elecciones actual. Existe un jugador al que llamaremos dominante puesto que de no existir estrategia alguna, así como en la mayor parte de las combinaciones de las mismas, resulta ganador, por lo que es en este jugador sobre el que se centran las estrategias de los otros dos competidores. Así, los jugadores, que tienen deseo por ganar, saben que deben buscar una forma de restarle preferencias para aspirar a que, con una combinación determinada, puedan llevarse la victoria. El único inconveniente es que para restar un punto a un competidor, perderán uno propio frente a la opinión pública –como sucede con la mal llamada guerra sucia-. Nótese también que es infructífero que un partido no dominante centre su estrategia en otro no dominante.

Suponiendo que las decisiones se toman al mismo tiempo y que como de hecho sucede, todos cuentan con la información suficiente para denunciar al otro, solamente hay dos estrategias convenientes (porque no sólo se trata de obtener una mayor puntuación sino que esta supere la de los contrincantes). La primera es que ninguno denuncie al otro por temor –un equilibrio de Nash- y la segunda, que busque convencer al rival de enfrascarse en una guerra contra el partido dominante.

Así, incluso para la matemática, los partidos políticos de manera natural están destinados a callar sobre los otros –para no ser denunciados a su vez-, así como a buscar siempre la forma de engañar a los demás. Los comportamientos descritos son consecuencia del sistema político actual y deriva en una condición irreversible de inequidad que es fomentada por las reglas que los partidos dominantes plantean y autorizan. Una elección en desigualdad de circunstancias para los jugadores es injusta; por lo tanto, no puede tomarse por legítima en ningún caso.

En las votaciones no dominan las convicciones sino el miedo, un criterio Maxi-Min donde se cree que votar por “el menos dañino” representa una verdadera opción, siendo esta resignación la causante de que el país guarde una condición miserable.

Sobre las candidaturas ciudadanas independientes, aquellos que resultaron ganadores tuvieron detrás de sí una estructura partidista operando para ellos como fue el caso de Jaime Rodríguez Calderón y César Valdés Martínez que en Nuevo León tuvieron a su servicio maquinaria de extracción priista; por su parte Manuel Jesús Clouthier Carrillo, Alfonso Martínez Alcázar y Alberto Méndez Pérez también gozaron de estructuras panistas.

Así, de los seis ganadores, solamente Pedro Kumamoto Aguilar llegó a una representación popular sin filiación ni estructura partidista alguna, aunque para que ello sucediera, tuvo que concentrarse la estructura de una organización estatal en un solo distrito además de existir el escenario más negativo del que se tuviera memoria para los partidos políticos hegemónicos. En otras palabras, para contar con más Kumamotos en el país, la respuesta sigue siendo la de minimizar y/o desaparecer la influencia de los partidos políticos.

La propuesta de candidatos ciudadanos independientes en el esquema actual no hace otra cosa que legitimar un sistema de elecciones viciado. Si tenemos en cuenta que fuera de las estructuras de los partidos y de los grupos de poder solamente una propuesta ‘libre’ resultó ganadora, en realidad, es mayor el beneficio que recibió el Sistema al refrescarse que aquello que en la realidad pueda resultar beneficioso para nuestra democracia.

La alternativa

Quien insista en que la única alternativa con la que se cuenta para mejorar las condiciones actuales es elegir entre las opciones electorales que se nos presentan, está faltando a la verdad.

Ciertamente una sociedad necesita de representantes y de administradores para la realización de ciertas funciones, pero ello no quiere decir que necesite de gobernantes, pues son figuras distintas. Para aspirar a un proceso democrático aceptable, las consultas deben ser realizadas a las mayorías.

Si en el país, para poder votar basta con alcanzar una mayoría de edad, entendida esta como la etapa en la que se cuenta con madurez suficiente para hacer pleno uso de nuestras facultades así como de poder decidir sobre nosotros mismos y nuestros destinos, en realidad, no hay impedimento alguno para poder ser capaces de votar directamente las reformas de mayor trascendencia.

Pero como funciona el sistema ‘democrático’ mexicano, los partidos son responsables de formular las leyes que les rigen como instituciones. Por ridículo que parezca, siendo representantes de grupos de poder –no de nosotros-, son los únicos que deciden la forma en la que se asignan presupuestos, sueldos, derechos y hasta deciden qué sanciones imponerse a través del Congreso.

Así, los partidos, por más innecesarios que sean bajo su esquema actual, no desaparecerán mediante sufragio. Votar en la autodenominada democracia mexicana es aceitar un automóvil, viejo y descompuesto, con la esperanza de que este vuele, cuando ello va contra su propia naturaleza. No hay forma de cambiar al sistema partidista que no sea mediante un giro radical en la estructura de poder en un periodo de tiempo muy corto… o resignarnos a que los más de 90 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza y vulnerabilidad sigan padeciendo para beneficio de una muy pequeña minoría.

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Con voz propia

Las travesías y vicisitudes de una persona con condiciones psiquiátricas en el México de hoy

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Por Alberto Farfán

Conversando en mi calidad de periodista con varias personas desde la madrugada en una de las largas filas para solicitar atención en la Clínica de Medicina Familiar (CMF) “Guadalupe” del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ubicada en la zona norte de la Ciudad de México, se me acercó un hombre de mediana edad entre tímido y curioso, a quien llamaremos Mario “N”. Pero al percatarse de mi interés por conocer particularmente acerca de los hombres y mujeres con afecciones psiquiátricas me llamó a parte para contarme un poco de su historia.

Esta persona derechohabiente del ISSSTE por parte de su esposa de quien se encuentra separado desde hace más de diez años, que vive solo, que tiene una hija menor de edad viviendo con la aún esposa, que tiene estudios universitarios, un coeficiente intelectual arriba del promedio, pero sin empleo fijo, “he hecho de todo”, me comenta. Inicia al principio con cierta suspicacia con respecto a hablar sobre la serie de condiciones psiquiátricas que padece, afortunadamente conforme avanza la conversación empieza a explayarse a detalle sobre esto y más.

Para empezar, le comento acerca de la depresión y la ansiedad que llevan al suicidio, pero también de la eliminación de los psiquiátricos ordenada por el presidente de la República para conocer su opinión (temas que he abordado en mis últimas dos entregas más recientes en Los Ángeles Press). Sonríe de manera peculiar. Pues dice que la serie de medicamentos que él necesita mensualmente para la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, el insomnio y las ideas delirantes, entre otros males que le aquejan, nunca se los entregan completos, y en ocasiones él debe hacer un gran esfuerzo para comprarlos con sus exiguos ingresos, pues como no es del todo funcional por falta de una profesional atención psiquiátrica y por la falta de medicamentos suele ser despedido y debe optar por tomar cualquier tipo de trabajo.

Y me platica que por protocolo él sólo una vez al año puede acudir con pase autorizado de su CMF a la Clínica de Especialidades de Neuropsiquiatría del ISSSTE, en Tlatelolco, que carece de área de urgencias, para ser revalorado. Aclarando que pueden pasar meses para que ese pase surta efecto y le otorguen atención. Y el psiquiatra por regla general sólo le pregunta cómo se siente, y ya, lo regresan a su clínica familiar. Y aunque en la “contrarreferencia” de Neuropsiquiatría, que no alta, indica que si se siente mal puede volver a acudir, en realidad es letra muerta, por los pretextos burocráticos de la CMF como por el tiempo para obtener cita.

Ya en una ocasión experimentó una fuerte crisis derivada de sus ideas delirantes al no haber ingerido sus medicamentos porque no se los proporcionó su clínica, y le suplicó al psiquiatra en su cita anual que lo canalizara de urgencias a algún nosocomio, éste le dijo que fuera al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez. Como pudo acudió a dicho hospital al día siguiente pero para que le dijeran que como era derechohabiente del ISSSTE no lo iban a ingresar, por más que fue de madrugada para alcanzar ficha y ser atendido.

En otra ocasión, también por falta de sus medicamentos tuvo una crisis con alto grado de paranoia afectándolo gravemente. Ya no fue al Fray Bernardino por la pésima experiencia anterior, sino que decidió ir al Hospital Regional 1° de Octubre del lSSSTE, que tiene área de urgencias y que es el que le corresponde, por la colonia Lindavista. Fue peor. El médico de urgencias ─no psiquiatra─ se centró en las altas cantidades de todos los medicamentos que toma (antidepresivos, antipsicóticos, benzodiazepinas, anticonvulsivantes), concluyendo que eso debía ser la razón de su malestar. Y como aceptó que él no era especialista en la materia que fuera al día siguiente para ser auscultado por el área de psiquiatría. Se presentó en muy mal estado, y todo para que le dijeran que sólo lo aceptarían si traía un pase de su CMF. Explicó lo del día anterior y ni así lo recibieron. Fue a su clínica y ahí le dijeron que acudiera al 1° de Octubre, pero les explicó con documento en mano que de ahí venía y que no lo ayudaron. Entonces le dijeron que fuera al Fray Bernardino y volvió a explicar lo de tiempo atrás, que no lo iban a tratar. Así, tanto en el caso anterior como en éste tuvo que confinarse solo en el cuarto de azotea en que vive, cerrando puertas y ventanas por el miedo irracional que lo torturaba, sin poder acudir a trabajar, sin comer ni dormir y con sensaciones e ideas compulsivas horribles que dominaban su mente.

Por su formación universitaria Mario “N” estaba al tanto de la información relativa a los temas con los que lo abordé. Y comprendí su inicial sonrisa peculiar. Para él todo consiste en un fracasado proyecto desde su origen. “Los programas de actualización y sensibilización del personal psiquiátrico y general si no han funcionado a la fecha, ¿por qué debían hacerlo ahora? Por decreto nada se modifica. Por decreto la corrupción es un delito y aún continúa”, subraya. “¿La familia debe atendernos? Si muchas veces nosotros sin quererlo la enfermamos, ¿entonces? Transformar los hospitales asilares por ambulatorios, o eliminarlos, llamábanse psiquiátricos o no, es cambiar todo para que nada cambie”. Y ya lo dijo Guiseppe Tomasi en El gato pardo, concluye: “si queremos que todo siga igual como está, es preciso que todo cambie”. ¿O no, señor periodista?, me dijo al despedirse.

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Con voz propia

México, baño de sangre 

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TRAS BAMBALINAS

Por Jorge Octavio Ochoa

La guerra fratricida que viven actualmente los principales partidos políticos en México, son la punta del iceberg de la descomposición política y social que vive el país.

Las crisis intestinas del PRI, PAN, MORENA y PRD reflejan la avaricia que siempre ha movido a los líderes políticos, que todo lo reducen a la disyuntiva de estar “con, o contra el partido”; “con, o contra el movimiento”.

La palabra “Pueblo” ha sido, motor del discurso de todos ellos, y pretexto para consolidar élites que después se han transformado en burocracias políticas difíciles de desterrar y que se han alimentado de diversas formas de corrupción.

Hoy asistimos a los últimos días del imperio PRIISTA, y su dirigente, Alejandro Moreno, se aferra a la presidencia, como última tablita de salvación para no ser encarcelado por desvío de recursos y posible lavado de dinero.

Escuela de cuadros en México durante más de 60 años, el PRI enfrenta así sus últimos días, en una agonía lacerante, porque muchos de sus líderes saben que su destino podría ser el mismo: la cárcel por enriquecimiento ilícito.

Sin embargo, MORENA, PAN y PRD, no son mejores. Menos PVEM y PT, cuyas dirigencias han estado ancladas a dos familias que se han beneficiado también del tráfico de influencias, venta de voluntades, acarreo de votantes, para enriquecerse.

Tiene razón López Obrador cuando dice que la violencia no es de ahora, deviene del momento mismo en que esos partidos, sobre todo los de la mal llamada izquierda, optaron por torcer consuetudinariamente la ley.

Poco a poco, se empezó a enfrentar la pobreza con medidas paliativas, lejos de los marcos institucionales y se permitió así el crecimiento desordenado de la vivienda, del comercio, del subempleo, del tráfico de enseres y personas.

Así México se montó en el populismo. Permitió, por ejemplo, los asentamientos irregulares, el comercio ilegal, la subcontratación sin garantías. Todo, presuntamente para tratar de dar salida a las exigencias de la población.

Sin embargo, las instituciones se han visto superadas, el Estado empezó a perder capacidad de respuesta en muchas materias como seguridad, educación, salud, comercio, transporte, trabajo, convivencia social.

Además, estos partidos descubrieron que esa permisividad, esa laxitud, también generaba grandes ganancias, y les permitía financiar proyectos personales antes que satisfactores sociales.

Los grupos políticos han obtenido así inmensas bolsas de dinero, con el cobro de permisos ilegales para vender, comerciar, sin enterar nada al fisco. Dentro de la sociedad, se formaron también grupos de control y corrupción.

Ese es el verdadero origen del crimen organizado, que creció a la sombra del narcotráfico; y ambos, al cobijo de los partidos políticos en México, principalmente PRI, PAN, PRD, MORENA, PT y PVEM. Los otros, por jóvenes, son inexpertos.

La lupa de los EEUU sobre MORENA

La escuela priista permeó en los demás partidos. Hoy, ninguno de los arriba mencionados ha estado libre de presuntos nexos con bandas del narcotráfico y del crimen organizado.

En Sinaloa, por ejemplo, es un secreto a voces, que importantes narcotraficantes se reunían con políticos de diversos partidos, en fiestas familiares en las que departían sin ningún pudor.

El caso de “El cejagüera” es uno de los más esparcidos con respecto a las relaciones prohibidas que mantuvo el PAN con distribuidores de droga. De ello puede hablar Manuel Espino, hoy miembro de Morena.

Así, en estos días ha pasado inadvertida la información sobre investigaciones que realiza el departamento del Tesoro de los Estados Unidos, en torno al partido en el poder en México: MORENA.

Se dice que el gobierno y el Congreso del vecino país dan seguimiento a las revelaciones de Julio Carmona Angulo, hermano de Sergio Carmona Angulo, famoso huachicolero asesinado a fines del año pasado en Nuevo León.

Julio solicitó protección del gobierno estadounidense como “informante y testigo protegido”, un día después del asesinato de su hermano. Se dice que ha revelado presunto financiamiento a campañas políticas.

Revisan en particular, las campañas en Tamaulipas, Sinaloa, Nayarit y Michoacán, Baja California y Baja California Sur. Al menos tres organismos gubernamentales investigan las transferencias en efectivo que hizo Carmona Angulo.

Sergio tenía ingresos diarios hasta por 1.5 millones de dólares. El departamento de Estado solicitó al Homeland Security y a la FinCen (Finantial Crimes Enforcement Network), que investiguen al menos a cinco políticos de Morena en Tamaulipas.

Según la investigación, “Sergio se había convertido en una especie de bróker para los principales cárteles” y ofrecía sus servicios como mediador y pacificador entre los capos del narcotráfico…”

A través de él se buscaba “evitar disputas y guerras en los estados y plazas, con el apoyo de gobernadores, alcaldes y políticos clave. Algo parecido a lo que hoy López Obrador acusa al PAN con Genaro García Luna.

LIBERAR A OVIDIO, EL PUNTO DE QUIEBRE DE AMLO 

Todo esto viene a cuento, porque desde el inicio de su mandato, AMLO aseguró que de inmediato los narcotraficantes se convertirían en hombres de bien; depondrían las armas por el arado. Como si existiera ya un acuerdo.

Un pacto, como desde su origen armó el PRI con los productores de la droga y que se formalizó en 1945, cuando Estados Unidos enfrentaba una guerra mundial y necesitaba droga para dopar a sus soldados y paliar sus dolores y mutilaciones.

A la vuelta de tres años de gobierno, López Obrador no ha logrado apaciguar a los diversos cárteles, y la violencia en México se ha convertido en “un río de sangre”, como dijo el Episcopado Mexicano tras el asesinato de dos sacerdotes jesuitas.

“México salpica sangre por tanta violencia, muertos y desaparecidos, los índices del crimen se desbordaron”, dijo Monseñor Ramón Castro Castro, al parafrasear al Papa Francisco: “Cuántos asesinatos en México”.

La “estrategia” de López Obrador reventó. El presidente está rebasado y ya es un hecho, para el mundo, que México es un Estado fallido, debido a su descomposición a todos los niveles.

El punto de quiebre fue el “Culiacanazo”, cuando el propio presidente ordenó la liberación de Ovidio Guzmán, pactando un armisticio entre las Fuerzas Armadas y el Cártel de Sinaloa, para evitar un mayor derramamiento de sangre.

Esa fue la asonada, fue el punto de arranque con el que los capos supieron que le tenían tomada la medida. El argumento: evitar el derramamiento de sangre tuvo como resultado: más violencia y ejecuciones.

Andrés Manuel López Obrador soltó a Ovidio y después ya nunca lo persiguió. De hecho, no hay ni orden de aprehensión en su contra. Sin embargo, el mandatario hoy acusa de “hipócritas” y “ruines” a sus detractores.

Responde algo parecido al “y yo por qué” de Vicente Fox. Dice que no es culpable de los dos asesinatos. Sin embargo, de la guerra desatada por Felipe Calderón, hoy pasamos al baño de sangre de López Obrador.

¿Por qué hipócritas, señor Presidente? Usted fue quien lo prometió, como un sinfín de cosas que no ha cumplido: reapertura de la Línea 12 del metro en un año; conversión del sistema de salud a primer mundo, reforma energética, educativa…

Y ahora dice que “viene lo mejor”, cuando ha desatado otra guerra intestina en su propio partido, por adelantar la sucesión presidencial y convertir a sus militantes en marionetas o “corcholatas” desechables, sin vergüenza ni dignidad.

Hoy, muchos dicen que Morena tiene ganada la presidencia, pero hacen mal sus cálculos. También insisten en la presunta alianza del PRI, PAN y PRD como única posibilidad para vencer al nuevo aparato electoral que usted ha creado.

Pero se equivoca: ni sus “corcholatas” le garantizan todo, ni la única alianza puede ser con esos tres de oposición. Quizá, en la ruta crítica, PRI, PAN y PRD tengan que plegarse con otro partido y un solo candidato.

Incluso, podría ser uno de los defenestrados en Morena. Puede perder la presidencia, y de nuevo quedar debilitado en el Congreso de la Unión. No, no haga cuentas alegres señor presidente, la suerte no está echada.

Usted tiene casi 9 meses… para hacer las cosas peor.

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Lo populista se revierte

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Una Colorada (vale más que cien descoloridas) 

Por Lilia Cisneros Luján

Parece consecuencia inexorable, que algún líder político que inicia con altos puntos de populismo, termine siendo muy impopular. Sin que se pueda llegar a lo genérico, ése parece ser el destino de quienes, a fuerza de retórica, llegan al poder con altísimos márgenes de aceptación –tal cual ocurrió con Nerón en la antigua Roma, Hitler o Franco en Europa- siendo su final el rechazo popular casi siempre por su imposibilidad de reconocer con cierto grado de humildad sus imperfecciones.

En América podemos escoger de entre varios gobernantes populistas, que terminaron agredidos o quizá odiados por el mismo pueblo que en un principio les aduló; y el cuestionamiento es simple ¿Qué es lo que espera la gente que ellos realicen? ¿Por qué en Colombia es casi seguro el triunfo de un guerrillero amigo de narcotraficantes, autodefinido como de izquierda?

En nuestro país, son muchos los enunciados de campaña que emocionaron a los votantes en diversas etapas de “cambio” –en el caso del actual primer mandatario no solo los pobres- aunque la mayoría de ellos suponen un cierto grado de inclusión en términos laborales o económicos ¿En el ámbito emocional tiene algún peso la posibilidad de “cobrársela” a quien recientemente nos excluyó o dejó de considerarnos en sus planes? ¿Por ello es relativamente fácil allegarnos la voluntad de los desempleados, resentidos, temerosos o empobrecidos? No hay que tropezarse con la misma piedra, decían las abuelas, pero si alguien tiene propensión de hacerlo son justamente los seres humanos.

En esta fase de desarrollo gubernamental más que análisis cuasi académico, es pertinente pensar en cosas especiales que nos llevan al punto de justificar en la mitad de actual gobierno las bondades del PRI y hasta del PAN ¿Conoces gente que teniendo hasta maestrías no han sido convocadas a ser parte en gobiernos del cambio? ¿Sabes de personas convocadas que a la hora de la verdad son “corridas” sin que se les liquide o cuando menos se les den las gracias por el trabajo prestado?

En el ambiente impuesto por la pandemia y reforzado por el temor producido por el relato continuo de muertos, secuestrados, extorsionados, asaltados y hasta quemados, salvo el uso de la herramienta electrónica que sustituye la emoción de tener enfrente a un ser vivo que nos abrace y converse, la realidad universal se denomina soledad. A quienes están en el sexto piso y más de la vida, la televisión sirve de murmullo para imaginar que alguien les acompaña, los más jóvenes ponen su música estridente –con audífonos o al natural- y casi todos esperan con ansia el zumbido del celular, a fin de comprobar que estamos en la mente de alguien que nos ha enviado un mensaje. Los que tienen un gran espacio físico ocupado por casetes o diskettes, no encuentran como hacer funcionar su viejo y anticuado reproductor de tales materiales viviendo entonces la ironía de una opulencia que ni siquiera pueden escuchar menos disfrutar. Y así es como mucha riqueza se arroja a la basura.

A finales de los ochenta, con el acompañamiento de mexicanos sobresalientes[1][1], logramos llamar la atención acerca de un problema de salud que por sus números parecía no importar al sector ¡hasta construimos un hospital en Querétaro! A escasos metros de donde se terminó atendiendo un niño al que compañeros de la tele-secundaria, quemaron al parecer de forma intencional. ¿Saben cómo influyó un ex jefe de gobierno para atacar a esta OSC en favor de los niños quemados en la ciudad de México? ¿Qué hicieron los diversos gobiernos del cambio para defender esa obra de la sociedad civil en el bajío? ¿Cómo es posible que todavía hoy después de tanto esfuerzo por difundir medidas de prevención haya una maestra que recomiende ponerle cebolla en las heridas al infante víctima?

Quemar –bosques, coches, locales, ciudades o personas- como una forma de presión y hasta venganza, debiera ser entendida por los populistas como un aviso de que se está llegando al límite de la tolerancia. Ocurre por la impotencia de ser verdaderos agentes de cambio sobre todo a imprudentes votantes que lo hicieron con las vísceras y no con la cabeza ¿quiénes facilitaron la llegada de personas notables en algunos casos que a la hora de gobernar no la hacen, sienten culpa? ¿De que sirvió a los ciudadanos guiados por Nerón su poesía y gusto por la música? ¿Qué suponen elecciones de una minoría movida por la compra del voto? ¿El abstencionismo es solo un aviso o una verdadera tragedia democrática? Han escrito los entendidos que en el declive populista la abstención es hoy rey de reyes, que domina procesos electorales derrotando la democracia misma al permitir que déspotas y dictadores triunfen mediante la corrupción de los ciudadanos.

El desempleo, el hambre, el miedo al castigo y sobre todo el mal ejemplo –como pedir diezmos a trabajadores, no pagar a empleados o proveedores, mentir, proteger a los infractores o delincuentes- son aspectos que toman en cuenta los que tienen la inteligencia, y la humildad para reconocer que se equivocan al encumbrar a alguien que no lo merecía. Una vez reconocido el error “democrático” lo pertinente es actuar, dejando de promover, aun con críticas, al populista y sobre todo acercándose a la gente capaz, ¡que si la hay y México está pletórico de buenos mexicanos!

____________

[1][1] El paido-psiquiatra Eduardo Dallal y su alumna Patricia Romano, el epidemiólogo José Carrillo Coromina, el maestro en salud pública Rodolfo Gracia Robles, el Dr. Andrés de Witt Green, Fernando Ortiz Monasterio, entre muchos otros que son extraños para los actuales funcionarios.

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