Karl Marx, de la poesía y el amor

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Por Alberto Farfán

Cantos para Jenny y otros poemas

El más influyente pensador de todos los tiempos, sin objeción alguna, es y será el filósofo alemán Karl Marx (1818-1883), creador y precursor de la más trascendental concepción del mundo, misma que resquebrajara los cimientos de la cosmovisión ideológica imperante en Occidente, en aras de acceder al desarrollo integral del ser humano.

Y no obstante que las múltiples y diversas obras del también historiador, economista y político nacido en Tréveris, Alemania, se difundieron por todo el globo terráqueo, existe una serie de escritos de corte literario difícilmente asequibles para su lectura y análisis. Los cuales no sólo revelarían sus facultades en el terreno de la creación estética, sino fundamentalmente su ostensible y elevada sensibilidad humana.

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Acaso prohibidos precisamente porque se conocería el rostro subjetivo del fundador del socialismo científico, estos textos sin embargo no se sustraen del principio rector de Karl Marx, pues su mayor cualidad reside, justamente, en que se preserva la directriz principal que sustenta la objetividad teórico-conceptual marxista, es decir, la dialéctica.

En Cantos para Jenny y otros poemas (diversas ediciones), además de la perfecta armonía entre la aspiración y la sensación, objetividad y subjetividad, se observará la cristalización de una poesía lírica amorosa en donde subyacerá el espíritu estoico y vigoroso del autor, que se desprende y forma parte del legado de Marx en su perenne empeño por transformar el mundo. Lo cual no significa que su poesía pertenezca en lo absoluto al rubro panfletario.

Paradoja singular esta negativa que evitó el acercamiento a la poesía de Marx, pues en ella encontraríamos, en última instancia, el mejor ejemplo concreto de la aplicación de las distintas leyes dialéctico-marxistas: el amor en la relación de pareja; amén de que se evidenciarían aquellos que corrompieron la cálida y emancipadora luz revolucionaria, colocándose todo en su justa dimensión.

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Esto es, el poeta rompe con una de las vértebras más importantes del contexto cultural romántico a que él pertenecía: la idealización de la mujer; deificación que confería al hombre, por su parte, el papel de doliente inexorable, que gira en torno a su desgarramiento interior, cuyo fatalismo habría de consolidar la errónea concepción del amor: a ambos se les anula, enajenándolos en el dolor emocional,bajo la premisa de que el amor es dolor, y que aún continúa vigente.

Para Marx, en cambio, los dos amantes configuran la unidad que se conjuga y confirma en virtud del amor, que es armonía plena:

A la vista del hombre, el amor se enredó ardiente,

en él te disolviste, y él en mí.

 

La tarea del hombre consistiría en transformar la realidad, batalla colosal que lo orillaría a buscarse en alguien para no perder su propia esencia en juego. Le escribe Marx a Jenny Von Westphalen, su esposa y gran amor:

Entonces brilló tu fulgor

la más pura luz del alma

donde en un paso de danza,

en torno a la tierra, los cielos hizo girar.

De este modo, Karl Marx en estos Cantos para Jenny y otros poemas se nos re-descubre cálido y diáfano, sin diluirse su regia personalidad y firmeza, que no niega su afán universal. Y en estos tiempos tan absurdos que vivimos la poesía debería ser de obligada lectura para recuperar la esencia humana que se está perdiendo.

 

 

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