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Con voz propia

Instituciones de Justicia en Guerrero, botín de funcionarios

Funcionarios al servicio del sistema de Justicia en Guerrero usan a discreción presupuesto público y se valen de sus cargos para cometer abuso de poder

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Fiscalia de Guerrero en  días recientes a la desaparició forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Foto; impacto.com.mx

Fiscalia de Guerrero en días recientes a la desaparició forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Foto; impacto.com.mx

Sergio Ulises Ferrer

Tras meses de peticiones legales a nivel internacional para que se respeten los derechos humanos y el debido proceso de Nestora Salgado García, comandante regional de la Policía Comunitaria de Olinalá, vuelve a darse un limbo de información, como ocurrió en los primeros días de su detención arbitraria. Esta vez en cuanto a la situación del traslado de la defensora de derechos humanos del Cefero 4 en Nayarit a una cárcel de la Ciudad de México, como respuesta mínima del Estado mexicano a una serie de medidas cautelares enviadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en febrero de este año para salvaguardar su vida.

Si bien son muchas aristas en las cuales se debe precisar respecto al caso de la Policía Comunitaria y en específico el caso de los presos políticos de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias Policía Comunitaria CRAC-PC, cuyo ejercicio de seguridad y justicia comunitaria lleva casi 20 años, esta ocasión les hablaré del antecedente de algunos de los funcionarios de Guerrero que han tenido a su cargo, desde la relación y diálogo con autoridades comunitarias hasta decisiones o investigaciones adecuadas a un marco de respeto a los derechos de los pueblos indígenas y de la ciudadanía en general.

Antes, hay que recordar como contexto que en 2011 hubo dos ejecuciones extrajudiciales cometidas contra normalistas de Ayotzinapa por elementos policiacos, durante el recién llegado gobierno de Ángel Aguirre Rivero, cuyos responsables aún no han sido castigados. Para los dos años posteriores hubo más de una decena de asesinatos y desapariciones de luchadores y luchadores sociales en Guerrero que permanecen en la impunidad.

En julio de 2013 fue colocado el ex magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia, Jesús Martínez Garnelo como secretario general de gobierno de Aguirre Rivero y a Iñaki Blanco Cabrera como procurador de Justicia, figuras que estarían permanentemente en contra de la policía comunitaria llegando incluso a emitir declaraciones discriminatorias descritas gracias a una grabación filtrada a una persona reportera de la fuente.

En una comparecencia ante diputados locales en septiembre del mismo año, Martínez Garnelo, diría que los indígenas aplicaban una “justicia del siglo XV”, por su parte Blanco Cabrera dijo que “Nestora Salgado no obstante que tiene estudios de secundaria incompleta y no pertenece a ningún grupo indígena, tiene la posibilidad de entender el carácter antijurídico de sus acciones”, en relación a la detención arbitraria de la líder el 21 de agosto, efectuada por militares del 93 Batallón de Infantería, marinos de la Armada de México, enviada a una prisión de máxima seguridad bajo un oficio emitido el mismo día de su privación de la libertad por el entonces secretario de Seguridad Pública y Protección Civil, el ex almirante Sergio Lara Montellanos, quien salió en una fotografía aun como comandante de la VIII Región Naval recibiendo un regalo del alcalde de Olinalá durante una visita del gobernador a la cabecera municipal después del levantamiento armado de pobladores contra la delincuencia organizada iniciado el 27 de octubre de 2012.

Hay varios nombres de políticos y funcionarios que no pudieron tener una respuesta adecuada a los problemas de seguridad que se presentaron en Olinalá, además del alcalde y síndico procurador de dicho municipio, como ocurrió a nivel estatal con Rosana Mora Patiño que le dejaría el cargo a Misael Medrano Baza en la Subsecretaría de Asuntos Políticos, ambos faltos preparación para comprender la función de la Policía Comunitaria, también el secretario de Gobernación Moisés Alcaraz, quien tendría oídos sordos a las denuncias debidamente acreditadas con documentos de lo que aconteció en el municipio. Sobra decir que hubo denuncias y pruebas que nunca se consideraron para efectuar una investigación de lo ocurrido en Olinalá, ¿o hay un informe público de los hechos ocurridos en dicha cabecera de la Montaña?

Se le ha ido la justicia a Guerrero, sin peritajes adecuados, ni respeto al sistema comunitario, sin diálogo, ni acatamiento constitucional a la autonomía de los pueblos indígenas, y los funcionarios han hecho y deshecho a discreción de lo que es hoy la Fiscalía General del Estado.

Desde la falta de trabajo coordinado con el sistema comunitario que rige a la CRAC-PC a la que está integrada la Policía Comunitaria de Olinalá en aquellos diálogos en los que se hablaba del protegido del alcalde priísta Eusebio González Rodríguez, Eugenio Sánchez González, un sujeto que se encontraba en reducación por comprobársele el delito de abigeato -de quien algunos familiares están presos por pertenecer a una banda de secuestradores dirigida por un ex presidente priísta e Olinalá, actualmente preso, hasta el desdén del gobernador y la actual insensatez del fiscal actual, han pasado casi dos años en los que Salgado García ha sufrido tortura y una condena anticipada confinada en una celda como forma de represión de Estado.

Pero siguiendo con la situación de los funcionarios, tras dejar el cargo Blanco Cabrera después de que ocurrieran las 43 detenciones desapariciones de jóvenes normalistas de Ayotzinapa en Iguala, quien fuera testigo de cargo en el caso Wallace, cuya promotora Isabel Miranda generó una campaña de odio y desinformación contra Salgado García y la Policía Comunitaria, tomaría protesta Miguel Ángel Godínez Muñoz.

Funcionario que contrató 190 personas en su gestión, entre éstos decenas de familaires y conocidos. Foto: cortesía

Funcionario que contrató 190 personas en su gestión, entre éstos decenas de familaires y conocidos. Foto: cortesía

Diversas notas periodísticas dan un boceto de la persona que está llevando las riendas de la justicia en el estado. Miguel Badillo en su columna Oficio de papel, narró que la mañana del jueves 16 de abril de 2015, a Godínez Muñoz se le acercó el reportero Mauricio Romero para preguntarle cuántos de sus familiares trabajaban en la Fiscalía a lo que se negaría a declarar.

El columnista recuerda más adelante que buscó al funcionario para preguntarle sobre las denuncias por presuntos abuso de poder y nepotismo en especial de los nombramientos de sus primos hermanos Alaín Godínez Abarca y Alí Esmain Rodríguez González como subsecretarios de Despacho Estatal, de su tía Ángela Varela Gómez como directora general, de su cuñado Gildardo Álvarez Silva como director general de administración y como directora de área a la novia de su primo Alí, Lenika Rocío Ponce Juárez, pero no tuvo respuesta.

En su corto periodo en el cargo, Godínez Muñoz contrató 190 servidores públicos, muchos de ellos sin las condiciones necesarias del perfil obligatorio, aumentando 10 por ciento la nómina. El fiscal no ha tomado en cuenta denuncias contra el personal, en otra nota publicada en El Despertar de la Costa del 24 de febrero pasado, da cuenta de que al menos cuatro víctimas del caso de los cuerpos encontrados en “Crematorios del Pacífico” denunciaron tardanza en dar a conocer los resultados de los estudios de pruebas de ADN, en tanto que otra persona le habló del presunto acoso y amenazas de la agente del Ministerio Público adscrita a la agencia de Asuntos Especiales, María de Carmen González Gaytán, quien según la versión de un abogado que pidió que la SIEDO investigara el caso, fue privado de su libertad por unas horas por gente enviada por la funcionaria, así como denuncias contra otros funcionarios a lo que el fiscal se limitó a tomar nota.

La Fiscalía encontrará en lo posterior un problema en el desempeño de sus funciones, en cuanto al presupuesto de la Fiscalía es de 520 millones de pesos al año, los cuales 504 son para nómina, eso sin contar posibles fondos de la Federación o internacionales a los que podría acceder en un proceso de gestión, pero, ésta no tiene recursos para equipamiento técnico y de inteligencia según lo afirmado por el propio fiscal en una visita a Novedades Acapulco, el 6 de febrero de 2015. Para el 2016, el panorama indica que Guerrero estará lejos de establecer el nuevo sistema de justicia penal acusatorio cuya homologación en el país está pactada para ese año.

Godínez Muñoz quien según un currículum público en Internet menciona que tiene experiencia en seguros y que ha sido Policía Federal, Agente Federal Investigador, Agente de Interpol,  Abogado y experto en las Naciones Unidas contra la impunidad en Centroamérica, Fiscal Especial para la Investigación de la Delincuencia Organizada, Director de la Fiscalía Especializada para la Investigación de Delitos Cometidos por Servidores Públicos, desconoce a fondo la situación de Guerrero y la tradición de seguridad y justicia de los pueblos no tolerada, sino avalada por leyes y tratados internacionales.

En su libro El Orgullo de ser policía, el actual funcionario de Guerrero, aunque habla de policías de otras partes del mundo, acota como antecedente histórico de éstos en el territorio nacional “a aquellos que en la época prehispánica se dedicaban a preservar el orden, cuidaban a sujetos de mala conducta o antecedentes criminales, la figura de los topílli, según su cita del diccionario de la lengua náhuatl, eran especie de alguaciles, de oficial de justicia, el que guarda el palo, a los que actualmente se les llamaría fiscales, luego escribe en dos líneas como ejemplo de la policía rural de Ríoverde en San Luis Potosí y por otra parte, señala el antecedente histórico de cómo el Ejército ha tenido que ocupar funciones de policía.

Es decir, el libro compendio El orgullo de ser policía no menciona entonces, conocimiento alguno en el tema de policías comunitarias que pudiera utilizar el funcionario para entender el contexto y los procesos desarrollados por dos décadas en la Montaña de Guerrero.

Recientemente, el 13 de mayo, el fiscal aseguró que no había en Guerrero presos políticos, “Yo ya estudié el caso. A mí me pidieron que desistiera de la acción penal, pero no me puedo desistir porque hay víctimas a las que no se les ha reparado el daño. Me hablaron de la Embajada de Estados Unidos, me hablaron de la CIDH, pero jurídicamente no procede. Si la señora cometió una injusticia debe aclararse en el proceso. Aquí no estamos cometiendo ninguna injusticia”, argumentó Godínez Muñoz al ser entrevistado del caso de Nestora Salgado García.

Las declaraciones han ido en aumento, y sin reconocer que el anterior gobierno aceptó e incluso invirtió en el trabajo de desestabilización de Eliseo Villar Castillo dentro de la CRAC-PC, el fiscal dijo a Milenio en relación a la refriega entre estatales y personas armadas auto identificadas como policía comunitaria dirigidas por Villar Castillo y Adelaida Hernández que derivó en al menos seis personas muertas que “los hechos ocurridos ayer fue un hasta aquí, fue un mensaje claro que no se va a permitir que no se rebase la línea de tolerancia y la del Estado de derecho…” ¿Cuál es ese mensaje claro? ¿Muerte antes de diálogo? ¿Muerte antes de investigación? ¿Represión?

Guerrero tiene cientos de desafíos y vemos con descontento que en cuanto a la Justicia las instituciones en lugar de servir como botones de cambio y credibilidad están siendo ocupadas para reprimir u omitir la garantía del ejercicio de los derechos humanos en el Estado. Un ejemplo es Nestora Salgado García, quien después de 19 días de huelga de hambre ha dejado de tomar líquidos iniciando una huelga de sed al saberse acorralada por un sistema de Estado que se rehúsa a hacer valer sus derechos como mexicana y como ser humano, un Estado que altera y manipula la verdad de los hechos para darle una apariencia de “sustento legítimo” a las acciones ilegales de funcionarios relacionados con la Justicia en Guerrero.

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Arteleaks

Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Arteleaks

Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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