Haz patria: rechazo social a los corruptos

Collage de algunos de los personajes más corruptos de  México.
Collage de algunos de los personajes más corruptos de México.

Sergio O. Saldaña Zorrilla

Si en México los corruptos se pasean como los grandes señores, la culpa es de nosotros como ciudadanía. La culpa es nuestra porque en vez de sonreírles curiosa, sumisa y/o temerosamente a su paso, debemos enfrentarlos y al menos condenarlos con la mirada; idealmente con palabras y actos judiciales.

La justicia mexicana es selectiva. La clase política se encuentra exenta de cumplir con la ley. Existe una especie de acuerdo de no rajar entre políticos, autoridades y los principales criminales del país a fin de que no pise la cárcel nadie de ellos en caso de cometer un delito (el pacto de impunidad del que habla Edgardo Buscaglia).

En México tenemos una justicia selectiva porque sólo se aplica la ley cuando se cumplen los siguientes requisitos: 1) que el culpable no sea un miembro de ese acuerdo entre políticos, autoridades y criminales; 2) que la aplicación de la ley no toque los intereses de la autoridad correspondiente; 3) que la autoridad no se encuentre bajo amenaza; 4) que la autoridad correspondiente tenga ganas de trabajar.

Así pues, a pesar de las abrumadoras pruebas de corrupción y/o de crímenes en su contra, en tanto siga gobernando esta misma clase política, existe muy poca probabilidad de que se someta a investigación y a juicio a Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, Javier Duarte, Humberto Moreira, Juan Sabines Guerrero, José Murat, Fidel Herrera, Rodrigo Medina, Roberto Borge, Felipe Calderón, Vicente Fox, Francisco Gil Díaz, Emilio Lozoya Austin, Carlos Morales Gil, Ángel Aguirre, Salvador Cienfuegos, Alfredo Castillo, Isabel Miranda de Wallace y otros cientos de personajes públicos de cada entidad federativa.

La lista de políticos y personajes públicos mexicanos de los que estamos seguros que son delincuentes y siguen impunes es larguísima. Esa lista incluye también a la gran mayoría de –actuales y anteriores- diputados federales y locales, senadores, presidentes municipales, regidores, magistrados locales y federales del poder judicial, jueces, agentes del ministerio público, procuradores estatales y de la república, consejeros electorales, secretarios y subsecretarios de Estado del gobierno federal y de los gobiernos estatales, generales del ejército, dirigentes de partidos políticos, mandos altos y medios de corporaciones policiacas, etc. A estos casi seguros delincuentes hay que sumarles a sus familiares, amigos, hampones y empresarios beneficiados con sus actos de corrupción y crímenes.

Si sabemos que –al menos por ahora- la justicia no va a tocar a estos políticos delincuentes, ¿qué podemos hacer al respecto? Lo mínimo que podemos hacer en su contra es el rechazo social. Las demandas en tribunales no los tocan. La crítica en redes sociales ni les incomoda. Tal vez sólo nos quede el rechazarlos cuando nos los encontremos.

El rechazo social incluye no aplaudirles en sus eventos públicos, dejarlos con la mano estirada cuando hipócritamente dan la mano a la gente ante las cámaras. Si los tenemos de frente o cerca, contestarles con la verdad cuando pronuncien falsos discursos o den muestras de cinismo, reclamarles el incumplimiento de sus promesas de campaña, cuestionarles el origen de sus fortunas en los casos en que estas se tornen inexplicables, cuestionarles el incumplimiento de sus funciones y reclamarles cualquier violación a los derechos humanos que hayan cometido.

No importa si nos los encontramos en un evento público o privado, en la calle o en una reunión en casa de alguien, nuestro deber es encarar a los corruptos en la medida de nuestras posibilidades. Pacíficamente y sin malas palabras, pero enfrentarlos. Al encararlos, procuremos que alguien nos filme con su celular, ello ayudará a dejar evidencia a fin de que circule por las redes sociales y medios no comprados; ello ayudará a que más gente se entere de sus cuentas pendientes y a que otros más se atrevan a enfrentarlos. Ellos tampoco pueden ser amigos nuestros ni de nuestros seres queridos. Tenemos que aislarlos socialmente. No debemos permitir que haya un solo espacio público donde estén tranquilos.

Estos delincuentes no pueden habernos estafado y encima gozar de un buen trato. Están muy acostumbrados a que los miserables se arrodillen a su paso, a que la gente se les ponga de tapete, a que les pidan la foto; están acostumbrados a que le tiemble la voz y las piernas a quienes saben los delitos que han cometido pero no se atreven a decirles nada al respecto. Están acostumbrados al miedo y a la miseria mental de los mexicanos.

Quienes en realidad no deberían tener cara para andar en público son ellos. Estos corruptos no merecen ni nuestro saludo. Que los adule su séquito de arrastrados; que los elogien sus mujeres pagadas y sus hombres a modo; que hablen bien de ellos los medios de comunicación que han comprado. Pero de nosotros, ciudadanos con dignidad, no tendrán más que hostilidad.

Tenemos que investigar:

  1. A) ¿Quién es nuestro diputado local, nuestro diputado federal, nuestro senador, nuestro presidente municipal y nuestro gobernador?
  2. B) ¿A qué se comprometieron en campaña?
  3. C) ¿Qué han cumplido de lo prometido y qué no han cumplido?
  4. D) ¿Votaron a favor de las reformas estructurales?
  5. E) ¿Qué delitos han cometido y/o encubierto?

Tenemos todo el derecho para reclamarles cualquier incumplimiento y cualquier delito cometido. Tenemos la obligación de investigar, de exigirles resultados y de rechazarlos si han cometido algún delito potencial. Tenemos que socializar esto con nuestros vecinos y amigos a fin de hacer las exigencias tanto más acompañados como sea posible. Apoyémonos en Facebook, Twitter, YouTube, Periscope, blogs, grupos de WhatsAppp y demás medios a nuestro alcance. Si los tribunales son suyos, las redes y las calles son nuestras.

Si estos delincuentes, si estos corruptos, si estos asesinos siguen impunes, ello tal vez no sea del todo culpa nuestra; pero si reciben trato de reyes, ahí sí, la culpa seguirá siendo enteramente nuestra.

Siguientes pasos

  1. Desde hoy, debemos implementar el rechazo social en los casos correspondientes (si bien no podemos acusar injustamente a nadie, pero tampoco podemos dejar pasar crímenes ni actos de corrupción).
  2. Organicemos una movilización histórica para presionar a que dejen el poder los delincuentes.
  • Debemos presionar para que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instale una Comisión de la Verdad y la Justicia en México con facultades para investigar y juzgar a los responsables, caiga quien caiga. Si la ONU se negara a hacerlo, sembraría un desprestigio sobre sí misma sin precedentes. Si la ONU no respondiera favorablemente al clamor de un pueblo desesperado por el esclarecimiento de tantos crímenes y actos de corrupción, estaría demostrándole al mundo que no es un interlocutor capaz de actuar para prevenir más crímenes, para reducir la violencia y, en caso de seguir sin intervenir, abriría la puerta a incluso un mayor conflicto armado en México. Me pregunto si la ONU y el multilateralismo global estarían dispuestos a cargar con esto en sus conciencias.

@SergioSaldanaZ

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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