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Guerrero, la insistencia electoral en medio de la guerra

Los ciudadanos de Guerrero ven en la Policía comunitaria la única salida para poner restablecer la paz en sus comunidades y poner un alto a la violencia

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La Policía comunitaria, la única esperanza para los ciudadanos de Guerrero. Foto; Ramsés Ancira

La Policía comunitaria, la única esperanza para los ciudadanos de Guerrero. Foto; Ramsés Ancira

Ramsés Ancira

Diario de un reportero: Policía comunitaria

Al gobernador interino le dan el beneficio de la duda pero del gobierno federal desconfían totalmente, por no decir que lo detestan. Ésta es la impresión que tengo del contacto con la Policía comunitaria luego de que sin preguntarles nada les escucho entablar conversación con el camarógrafo con el que me encuentro en la Costa Chica de Guerrero, filmando el documental Genaro.

–Con perdón de la señorita, no lo puedo decir, pero Nestora Salgado, cómo decirle… se comportó como una tonta al permitir que Ángel Aguirre le pusiera una guarura. Era una espía que la denunció.

La señorita a la que se refiere no es de la zona y pregunta:

–¿Qué es una guarura?

–Una escolta – le explican.

–Yo tampoco tengo estudios, sólo llegué al segundo de secundaria, pero tenemos procedimientos, le preguntamos a los mayores, a la gente con experiencia. Si Nestora hubiera actuado conforme a su orientación y consejo no estaría presa.

El narrador es un joven moreno, de 1.60 de estatura. El rifle que carga al hombro es para mí idéntico al que se usa en las ferias para derribar estrellitas de plomo. Le preguntan por su alcance y da una referencia a la torre de una iglesia, a más de 70 metros de distancia.

–Pero si tengo que disparar una segunda vez, a ver a qué distancia estoy porque no hay una segunda oportunidad, tengo un solo tiro y no sé si haya tiempo de recargar.

Después lo vuelvo a encontrar platicando en náhuatl con sus compañeros. Como él me ha dicho sólo tiene estudios de segundo de secundaria. No es como los policías federales a los que les piden mínimo, preparatoria, no tiene rifles de alto poder como ellos o como los elementos del ejército.

Entonces me pregunto en la madrugada del 9 de febrero, mientras preparo la escritura de esta página de mi diario ¿Cómo es posible que en Cocula, que debería ser el centro del operativo Tierra Caliente haya sido la Policía comunitaria la que rescatara a las víctimas de un secuestro? ¿A qué están jugando entonces las fuerzas federales?

“Durante la comunicación no cesaron los reclamos a los militares. Casi al llanto, una mujer les gritó que alguna vez creyó que los soldados eran buenas personas, pero no más, porque nada hacen para evitar los crímenes y atropellos”.

Tomo el párrafo anterior de la crónica que hizo un periódico local El Sur, del 3 de febrero de 2015, sobre el enfrentamiento sin armas entre pobladores de petaquillas y elementos del ejército. Estos últimos intentaron desarmar a la Policía comunitaria y los ciudadanos se opusieron.

Se informó que un día antes de la entrada de la policía comunitaria encontraron a una joven de 29 años asesinada en Petaquillas, junto a ella dejaron abandonado y con golpes a su hijo de dos años de edad.

Una maestra añadió que a las 11 de la mañana pasaban carros con personas armadas matando a cualquiera en la calle, “¿No cree que causa temor en los niños?, y ahora dice el gobierno que les demos un voto de confianza, ¿Ahora que está la comunitaria se vienen a plantar aquí?”.

Me ha costado encontrar esta información en los diarios “nacionales”. De hecho fracasé, sólo la tiene El Sur.

Lo sucedido en Petaquillas, y en Cocula, el primer fin de semana de febrero de 2015 es una muestra de un botón que indica que el operativo Tierra Caliente es una forma de tapar pozos cada vez que se ahoga un niño. Le han preguntado al gobernador interino y ha respondido que la Policía comunitaria tiene el deber de presentar a las autoridades a todo el que detengan, ¿pero cómo si no tienen ninguna confianza en ninguna autoridad estatal o federal?

No encuentro ninguna concertación entre el gobierno federal y el local, no veo ningún plan conjunto, ningún proyecto legislativo para resolver problemas puntuales en Guerrero. Sólo la machacona insistencia del Instituto Nacional Electoral, del gobernador interino y del PRD, sobre todo para que haya elecciones. ¿Para qué, para que todo siga igual? Dijo Einstein que si fallas en los resultados es porque estás usando los mismos datos equivocados. Pretender que con elecciones se va a resolver el problema de Guerrero es insistir en el fracaso. ¿Por qué no se forma ya una mesa de concertación política para Guerrero en lugar de seguir profundizando las divisiones de la guerra electoral?

En el recorrido de más de 500 kilómetros por el Estado de Guerrero la única presencia federal que destaca es el programa Sin Hambre de la Secretaría de Desarrollo Social y la reducción en el costo de las casetas de la carretera principal. Fuera de eso no hay ningún otro indicio de que la entidad sea parte de un pacto federal.

El otro Vázquez

Lo que voy descubriendo de Genaro Vázquez Rojas me ha sorprendido favorablemente. Cuando era alumno de la Normal de Maestros (Mentira que haya estudiado en Ayotzinapa) en las vacaciones rentaba dos películas y las exhibía gratis en San Luis Acatlán. Aquí en el Distrito Federal removió la centralización con la que se manejaba la Normal y logró que la cocina, los dormitorios y otras actividades de los alumnos las organizaran los estudiantes de los estados; a los de la Ciudad de México sólo les dejó las actividades deportivas.

El maestro Rafael Solana, dramaturgo, autor de Debiera haber Obispas, crítico teatral y taurino me enseñó que si no tenía nada bueno qué decir, mejor escribiera de otra cosa. Por eso del otro Vázquez, de Mario, cacique del Comité Olímpico sólo diré que en 35 años de trabajo periodístico, sólo en una ocasión permití ser mano de obra esclava. Trabajaba siete días a la semana y me pagaban seis. La guardia nocturna me forzaba a pagar 50 pesos de taxi, cuando mi sueldo era de 30. Cuando le preguntaron por qué pagaba tan mal, cínicamente respondió que el salario sólo era una ayuda, y a los reporteros de El Sol de México les daban una charola y con eso debería ser suficiente.

El periodismo mexicano al fin se libera de uno de sus más grandes lastres, y el presupuesto de comunicación social de los estados debería hacerlo también.

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Censura en la era de la estupidez: el caso de Charles M. Blow

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Todo pareciera indicar que estamos viviendo bajo el manto de la era de la estupidez. Basta con observar que frente al importante margen de libertad en que nos vemos inmersos nos comportamos de manera peculiar –por decirlo de una manera menos drástica–, pues esa misma libertad la utilizamos para censurar, prohibir, cancelar, eliminar aquello que se considera políticamente incorrecto.

En los últimos días a través de los medios de comunicación hemos podido conocer que incluso las caricaturas que todos hemos visto alguna vez van a ser objeto de censura porque afectan supuestamente a las nuevas perspectivas de integración y/o cohesión social.

Así, Pepe Le Pew, Speedy Gonzales, The Flintstones, Pucca, Betty Boop, Johnny Bravo, entre otros dibujos animados, han sido puestos en tela de juicio tanto por la industria del entretenimiento como por diversas voces, pero sobre todo por los ya inevitables usuarios de redes sociales, siendo ellos una parte importante de la llamada generación de cristal, pues todo les molesta. Considerando por lo tanto que deben suprimirse por completo tales cartoons.

Es conveniente agregar que esta polémica se debe al columnista de The New York Times, Charles M. Blow, quien escribió, entre otras cosas, que a su parecer el actuar del personaje Pepe Le Pew contribuye a la “cultura de la violación”. Recordemos que Pepe Le Pew es un zorrillo con muy mal olor, quien se encuentra enamorado de Penélope, que es una gatita de color negro, que accidentalmente le cayó pintura blanca en su lomo, dándole apariencia de un zorrillo. Ella lo rechaza una y otra vez tanto por su olor como porque no son de la misma especie. Pero él como buen enamorado insistirá siempre en conquistarla. ¿Realmente esto nos llevaría a cometer una violación? Yo no lo creo.

A su vez, Blow asevera que la caricatura del ratón Speedy Gonzales fomenta los pensamientos racistas sobre los mexicanos. A este respecto, conviene evocar que las aventuras del “ratón más veloz de todo México” consistían en enfrentar a sus némesis, el gato Silvestre y el pato Lucas, pues ellos agredían a los demás ratones y Speedy intervenía exitosamente para salvarlos. Si bien este dibujo animado se encuentra estructurado con ciertos estereotipos, ¿el que un ratón siempre gane la batalla nos conduce al racismo?

Desafortunadamente el columnista nunca ofrece elementos de juicio objetivos para sustentar sus tesis y con ello poder responder punto a punto a su postura. De modo que, por consiguiente, cualquiera puede afirmar lo mismo que él. Todo en aras de la corrección  política. ¿Pero quién le concedió a este tipo de periodistas el carácter de juez, jurado y verdugo para decidir sobre lo que es “políticamente correcto” para todos?

Peor aún, he notado que estos personajes que se constituyen en el nuevo Santo Oficio del siglo XXI suelen caer en una especie de doble moral, pues lo que les llamó la atención desde una óptica totalmente subjetiva lo critican y piden su censura, pero cuando se trata de otras expresiones “artísticas” evidentemente objetables no dicen nada.

Como por ejemplo –aclarando que el que esto escribe no es un mojigato–, el baile que llaman los jóvenes “perreo”, en el cual las mujeres se frotan a los varones en posición cánida simulando tener relaciones sexuales. Otro ejemplo, las letras de las canciones del género reguetón, en donde el afán de obtener un coito es explícito, empleando un lenguaje totalmente soez.

De este modo, tenemos a los miembros de la corrección política de doble moral y por otro lado a los jóvenes de la generación de cristal, los cuales en círculo vicioso se conjugan y alimentan unos con otros, fomentando lo que nos indica la Real Academia Española respecto a la estupidez: “Torpeza notable en comprender las cosas”.

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Stephen King y el escapismo literario

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

No cabe duda de que en ocasiones en una entrevista el personaje a interrogar desliza involuntariamente ciertas verdades que lo colocan en el sitio que mejor le corresponde. O quizás al contrario, se define tal y como considera que es en realidad, sin importarle las críticas que puedan surgir por ello.

Acaso el best seller número uno de la Unión Americana, Stephen King es un prolífico escritor que ha publicado alrededor de 61 novelas, siete libros de no ficción y cerca de 200 relatos y novelas cortas. Y por toda su obra se estima que ha vendido más de 350 millones de copias.

Generalmente se le sitúa como un autor de historias de terror. Pero en entrevista concedida a The Associated Press (25/02/21), no rechaza abiertamente tal indicación, sin embargo, responde diciendo que lo pueden encasillar como quieran.  “Mi idea es contar una buena historia, y si cruza ciertos límites y no encaja en un género particular, está bien”. Y resulta interesante que él mismo lo afirme pues en realidad al analizar con detenimiento sus obras más representativas sólo se observa eso, que nos relata una simple historia, no una ficción de terror.

Pensemos en Carrie, The Shining y en Misery, la estructura de estas tres novelas es lineal, el discurso narrativo es sumamente elemental y en lo absoluto complejo, los personajes obedecen a estereotipos, se exagera en las historias –sin fortuna alguna– para anular las escenas previsibles y no hay profundidad acerca del entorno de los personajes ni sobre sí mismos. Todo lo cual, en suma, nos entrega tres libros de factura puramente comercial para un público nada exigente y conformista. No por nada los críticos y académicos estadounidenses de notoriedad omiten a King de la alta literatura.

No obstante, hay que mencionar que estas obras en formato cinematográfico sufren una metamorfosis por demás inquietante y plausible. Es decir, como películas son bastante aceptables y dignas de verse. ¿Cuáles serían las razones? En el caso de Carrie, que el director fue el enorme Brian De Palma y por las extraordinarias actuaciones de Sissy Spacek (Carrie White) y Piper Laurie (Margaret White), madre e hija, respectivamente.

The Shining cobra relevancia por su director, el magistral Stanley Kubrick, y la incomparable interpretación del inigualable Jack Nicholson como protagonista. Y en Misery, sin duda alguna, la participación de la actriz Kathy Bates, quien como personaje principal realiza un trabajo perversamente perfecto.

De este modo, podríamos afirmar que al rehacer las obras de mediano nivel literario de King por verdaderos creadores de historias visuales y por excelentes actores de personajes memorables, todo cambia de manera favorable para un público más exigente y difícilmente condescendiente.

De ahí que sea sumamente revelador que Stephen King en el marco de la entrevista sobre sus pasiones como la política y sucesos de actualidad, pero sobre todo al referirse a la literatura y la política, estime lo siguiente: La ficción ha sido un “escape” de la política, no un foro. Y claro, si es sólo un escape, ¿por qué no seguir escribiendo pésimos best sellers? ¿Por qué no continuar enriqueciéndose sin aportar nada para el pensamiento reflexivo de sus lectores? Una posición apolítica siempre es política.

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Los sobrevivientes de la milenaria lengua Tu’un savi

Kau Sirenio

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La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes tu’un savi escribir, transcribir y divulgar su literatura, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística

Por Kau Sirenio

En el fondo de la montaña de Puebla, Oaxaca y Guerrero se pinta el arcoíris con la lluvia que sopla el viento del sur. Ahí, entre el colorido de la vestimenta de las mujeres Ñuu Savi (mixteca) y la música tradicional se forma el espiral de la lengua tu’un savi de un pueblo que se niega a morir. A pesar de los años, aún sobreviven los hablantes de esta lengua milenaria que resisten en todas las trincheras para no desaparecer ni quedarse en el olvido.

Durante muchos años, era impensable que las comunidades indígenas usaran su usanza en fiestas o que desfilaran en las calles para celebrar el día internacional de lengua materna, así ha sido siempre, maestros bilingües tratan de recuperar la memoria cultural de sus comunidades, sin embargo, no todos lo hacen, el miedo al rechazo aún es mayor.

En 2019, se celebró en San Luis Acatlán el encuentro de hablantes de tu’un savi, ese día, cientos de niños y jóvenes salieron a las calles para gritar que ahí están y que su lengua materna aún vive y que pueden cantar y gritarlo, durante el recorrido los muchachos bailaron al compás de las bandas tradicionales que no pararon en tocar piezas Ñuu Savi.

La fiesta era emotiva, sin embargo, algo faltaba en la pachanga Ñuu savi, a pesar de que los directivos permitieron que sus alumnos desfilaran, pero solo fue para los hablantes, mientras que los niños y jóvenes mestizos no tuvieron la oportunidad de convivir con sus compañeros que negaban su identidad en salón de clase.

Esta ciudad fundada por el español Pedro de Alvarado en 1522, de inmediato se convirtió en el sexto ayuntamiento de la Nueva España. De ese linaje “español” San Luis Acatlán cargó con sus prejuicios durante años sin reconocer a la población indígenas que la compone: Ñuu Savi, Me´phaa (tlapaneco) y nahua, a los que siempre llamaron como “huanco”, “indio”, “montañeros”, entre otros motes que les ponían a los indígenas que bajaban a mercar cada domingo.

La carga racista en este municipio no ha cambiado en lo absoluto, los partidos políticos se opusieron para que los pueblos indígenas eligieran a sus autoridades por usos y costumbres, es más hicieron contra labor a la consulta que el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Guerrero (IEPC-Guerrero), llegaron al grado de usar a los líderes indígenas para desinformar a la población los pros y los contras de la elección por uso y costumbres.

A pesar de todo, el IEPC-Guerrero, encontró que hay un 65.2 por ciento de población indígenas y sobreviven las lenguas maternas en barrios y colonias de la cabecera municipal. A pesar de los datos duros que se tienen, el ayuntamiento no cuenta con información en lengua materna y mucho menos espacios culturales que promuevan la identidad cultural lingüística.

Los funcionarios de la alcaldía dan por hecho que no necesitan intérpretes o difusión de información en lengua materna porque tienen trabajadores que hablan su lengua madre, sin embargo, nada está resuelto porque en San Luis Acatlán, lo que menos quieren los indígenas es aceptarse como tal para no ser discriminados.

Lo que debe de preocuparse que, en diez años, la lengua pierde portadores o los padres de familia prefieren enseñar a sus hijos a hablar el español, lo triste de todo es que de 6.6% hablantes de lenguas indígenas en 2010 bajó a 6.1% en 2020.

Así las cosas, a 21 años de que la Unesco declaró el Día Internacional de la Lengua Materna, no ha cambiado nada, no hubo cambio de fondo en el sistema educativo, la educación intercultural bilingüe, en nivel básica continúa con el mismo esquema “castellanizante”, porque solo se enseña la lengua materna en el aula por unas cuantas horas, aún peor, los profesores son analfabetos de su propia lengua.

El activismo lingüístico debe continuar desde todas las trincheras, porque es necesario repensar la política pública dirigida a las poblaciones indígenas. Porque no basta con celebrar cada 21 de febrero, para desempolvar la ropa tradicional, pero al día siguiente se guardan y los hablantes se enmudecen para no dar explicaciones si hablan una lengua o un dialecto como se educó durante años para enterrar las lenguas maternas que aún florecen en las comunidades indígenas.

Por lo pronto, los maestros Ñuu Savi deben reclamar el espacio para hablar y escribir tu’un savi, y generar condiciones para que la música, la poesía, el teatro, el periodismo, la literatura y el discurso ceremonial se repitan en tu’un savi.

La tarea es enorme, pero es el deber de los hablantes escribir, transcribir y divulgar la literatura en tu’un savi, porque de lo contrario solo vivirán en la constante victimización sin aportar nada que ayude a reforzar la construcción de una identidad lingüística.

Fuente original: piedepagina.mx

 

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